Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es RMacaroni, yo solo traduzco con su permiso.


Disclaimer: This story is not mine, it belongs to RMacaroni. I'm only translating with her permission. Gracias, Ronnie, por permitirme compartir tu historia en español :)


Inspiración musical: Chris Cornell - Like a Stone


Capítulo 9

El Acuerdo Entonces

Parte 2

~o~

ENTONCES

~o~

Secundaria de Forks. Forks, Washington. Martes, 1 de mayo de 2007.

Bella esperaba cerca de los casilleros, afuera de la oficina de la directora, donde Edward había estado por más de una hora. Los peores casos pasaban por su cabeza.

Cuando finalmente él salió de la oficina, ella le sonrió hasta que vio su rostro. Fruncía el ceño, sus labios estaban tensos. Ni una pizca de buenas noticias en su expresión.

Él se acercó a ella y tomó su mano sin decir una palabra. Entonces comenzó a caminar por el pasillo.

No se detuvo hasta que se encontraban afuera, debajo de las gradas en el campo de fútbol.

—¿Qué pasó? ¿Qué dijo la directora Cope? —Bella preguntó con ansiedad.

—El Sr. Banner también estuvo allí. —Edward soltó la mano de Bella y se ubicó frente a ella, su rostro aún impenetrable.

—¿Oh?

—¿Le contaste lo que ocurrió ayer? —Edward entrecerró sus ojos con sospecha hacia Bella.

—¿Por qué? ¿Qué dijo?

—Bella, ¿le contaste lo que ocurrió ayer? —Su voz era suave; no había enojo en ella.

—Algo así —confesó Bella—. Él preguntó por qué no estuviste en el examen. Y sabía que necesitabas esa nota final para pasar. Trabajaste tanto, y perderte el examen por mi culpa, simplemente...

—Bella —susurró Edward, dando otro paso hacia ella—. Lo que pasó ayer no fue tu culpa.

—Claro... —bufó Bella, bajando la mirada y pateando un poco de tierra con su pie.

—Lo que ese imbécil hizo el sábado, tampoco fue tu culpa. —Edward buscó su mano y deslizó sus dedos suavemente por el brazo de ella—. El Sr. Banner me dejó rehacer el examen. Eso es lo que estábamos haciendo allí.

Ella levantó la mirada hacia él entonces, sus ojos brillando de emoción.

—¿Y?

—Aprobé. —Sus labios se estiraron en una gran y orgullosa sonrisa.

Bella chilló, saltando sobre él y envolviendo sus brazos a su alrededor.

—Cielos, cuidado. —Él hizo una mueca y se apartó de ella, frotando una mano sobre sus costillas vendadas y lastimadas.

—¡Lo siento! —Ella levantó sus brazos por encima de su cabeza con emoción—. ¡Oh, Edward, felicitaciones! ¡Lo sabía! —Ella hizo un pequeño baile con sus brazos y él se rio.

—¿Quién es el tonto ahora?

Ella se calmó un poco, con un suspiro, jalando de las mangas de su suéter y levantando la mirada hacia él. El sol de la mañana atravesaba las gradas, las cuales ellos se encontraban debajo, haciendo que los ojos de él sean imposiblemente más verdes.

—Estoy tan feliz por ti —dijo ella, sin dejar de mirarlo.

—Yo también —dijo él, y al segundo siguiente, la tomó del rostro y llevó sus labios hacia los de ella.

Al principio, ella estaba sorprendida. Sus brazos yacían quietos a sus costados. Pero pronto, lo envolvieron y él la levantó hacia sus caderas con un gruñido.

—¿Qué es esto? —preguntó ella, jadeando, cuando él abandonó su boca para besar su cuello.

—No lo sé... —Él jadeó contra su cuello—. ¿Está bien? —Apartó su cabeza para mirarla, sus narices casi tocándose.

Ella lo tomó del cabello y asintió, acercando su boca a la suya de nuevo. Estaba más que bien.

~o~

Casa de Charlie. Forks, Washington. Martes, 1 de mayo de 2007.

Cuando Bella llegó a casa de la escuela, subió rápidamente las escaleras, y antes de llegar a la puerta, ya podía escuchar el rasgueo de la guitarra adentro de su cuarto.

Abrió la puerta lentamente y encontró a Edward en su silla, la guitarra de ella en su regazo, su cabeza agachada en concentración y sus ojos cerrados. Él estaba tocando las notas de "Like a Stone" de Chris Cornell.

Ella se mantuvo en la puerta —ya que no parecía que él supiera que estaba allí— y lo observó. La luz de la tarde brillaba a través de la ventana e iluminaba su rostro. Los restos de la pelea con Jacob seguían siendo evidentes en los cortes de su ceja y en su labio así como el moretón debajo de su ojo.

Cuando él comenzó a cantar, Bella se quedó sin aliento.

Ella nunca lo había escuchado cantar así, o cantar en absoluto. Su voz era ronca y profunda, pero con un rango increíble. Derretía todo su interior.

—Has estado escondiéndome eso —susurró desde la puerta.

Él levantó la mirada, sorprendido, pero entonces sonrió cuando la vio. Bajó la guitarra e inmediatamente se acercó a ella.

—¿Cómo entraste aquí? —Su boca se estiró en una sonrisa mientras él se paraba frente a ella.

—Por la ventana. —Los dedos de él buscaron su cabello, apartándolo por detrás de sus orejas y hombros—. Como siempre lo hago. —Deslizó un dedo por su cuello, y luego subió hacia su barbilla, presionándolo suavemente para hacer que ella lo mirara—. Hola. —Él sonrió.

—Hola... —La voz de ella era casi un susurro.

La nariz de él tocó la suya, y la jaló hacia él, estrellando sus labios.

Ella no había dejado de pensar en tener sus labios en ella de nuevo desde que se besaron temprano ese día. Ellos tuvieron que parar y, apurados, volver a clase cuando sonó la campana. Al no tener clases juntos por el resto del día, y como ella debía quedarse más tarde para actividades vespertinas, no lo había visto desde entonces.

Honestamente, ella no había dejado de pensar en besarlo, mucho antes que él la besara.

Recorrió su cuerpo con sus manos, todas las partes que ella por años se había preguntado cómo se sentirían debajo de sus yemas.

Los hombros de él se tensaron debajo de sus manos cuando la alzó hacia él, y con ella sobre sus caderas, la llevó hacia la cama.

Cayeron fuertemente sobre las mantas, y él hizo una mueca cuando una rodilla de ella chocó contra sus costillas.

Él selló la disculpa en sus labios con un beso y se dirigió hacia su cuello y clavícula mientras ella jalaba de su cabello.

Él se arrodilló frente a ella, llevándola con él. Las manos de ella se deslizaron de su cabello hacia el borde de su camiseta, y antes que su cerebro pudiera cuestionar lo que ella estaba haciendo, se la quitó.

Sus ojos nunca dejaron los de él, mientras se arrodillaba sobre la cama, copiando su posición. Los ojos de él se agrandaron ligeramente cuando ella también se quitó la camiseta.

El aire en el cuarto se sintió frío contra la piel de su cuerpo expuesto. Cuando los ojos de él descendieron, ella pudo sentir sus mejillas arder—no podía recordar qué sostén tenía puesto. Sin embargo, no importaba—la manera en que Edward la estaba mirando la había sentirse una supermodelo.

Por un instante, él permaneció allí, quieto a excepción por su pecho que subía y bajaba pesadamente. Pero como imanes, sus cuerpos ansiaban acercarse, hasta que las manos de ella estaban en su cuello, acercándolo, y sus propias manos se encontraban alrededor de la cadera de ella, trayéndola hacia él.

Detente, esto es demasiado rápido.

No te atrevas a parar... ni siquiera es suficiente.

La batalla rugía adentro de la cabeza de Bella mientras la lengua de Edward se deslizaba en su boca.

Su espalda sobre la cama. Él entre sus piernas. Sus brazos atrapándola. Él besó cada milímetro de su piel mientras ella aferraba su cabello.

—¿Realmente haremos esto? —preguntó ella, mirando al techo, sus besos la estaban abrumando. Sus ojos amenazaban con rodar hacia adentro mientras él mordisqueaba su cuello.

—No... No lo sé. —Él se detuvo contra su cuello, antes de levantarse para mirarla—. ¿Tú quieres? —Los ojos de él estaban oscuros, su cabello caía sobre su frente, el corte en su labio hinchado.

—¿Eso... creo? ¿Tal vez?

Sus ojos la analizaron. Su ceño fruncido mientras contemplaba lo que ella había dicho por un segundo. Luego, con otro asentimiento, los ojos de él se suavizaron mientras inhalaba profundo, y sonriéndole dulcemente, se apartó de ella, yendo hacia el borde de la cama.

Ella se cubrió el rostro con las manos, arrepintiéndose inmediatamente por su falta de seguridad, que terminó con él alejándose y sentándose al borde de la cama, sus hombros caídos y cabeza agachada, en vez de estar presionando su cuerpo contra el suyo.

—Oye... —Él buscó sus manos y las apartó de su rostro—. No tenemos que hacer esto ahora mismo, o pronto, hasta que estemos seguros. —Sus ojos la penetraban: verdes, brillantes, y honestos.

Ella se sentó en la cama, buscándolo, envolviendo su cuello con sus manos.

—Pero no creo que quiera detenerme... —Ella miró sus labios, hinchados después de tantos besos; el corte en su labio inferior la llamaba. Ella quería besarlo para que sanara. Ella quería besarlo en todas partes.

Él exhaló fuertemente por la nariz y selló sus labios con los de ella, e inmediatamente después de eso, estaban de vuelta sobre la cama. Él sobre ella, sus brazos encerrándola, mientras que ella deslizaba sus manos por la espalda de él.

—Dios, hueles tan jodidamente bien. —Sus jadeos la hacían estremecer, y cuando presionó más su cuerpo sobre ella, pudo sentirlo entre sus piernas.

¿Bells? ¿Estás en casa? —El sonido de la voz de Charlie viniendo desde abajo los paralizó.

—¡Mierda! —Bella apartó a Edward de ella y buscó sus camisetas entre las sábanas.

Edward bajó rápidamente de la cama, se tambaleó sobre el suelo, justo cuando Bella le lanzó su camiseta. Él logró colocársela y llegar a la silla junto al armario, tomando rápidamente la guitarra.

Bella se puso su camiseta y tomó lo primero que pudo encontrar sobre la mesa de noche antes de que Charlie abriera la puerta después de tocar rápidamente.

—Hola, niños —dijo Charlie desde la puerta, completamente impávido, acostumbrado a verlos juntos en el cuarto de ella—. Esme traerá pescado frito.

—Genial —dijo Bella, tratando de actuar despreocupada, mirando de reojo a Edward, quien luchaba con contener la risa.

Así de rápido como llegó, Charlie se fue, y Edward se rio desde la silla.

—Tu libro está al revés, Swan.

Bella no pudo evitar reírse también mientras veía a Edward con su camiseta al revés. Con una exhalación fuerte, se dejó caer sobre la cama.

~o~

Bella estaba sentada a la mesa del comedor, frente a Charlie. Esme a la derecha. Edward a la izquierda. Y era como si el mundo girara a su alrededor.

Esme empujó un plato de ensalada en dirección a Charlie, pero él agitó una mano en rechazo, tomando más papas fritas en cambio. El rostro de Esme se desencajó ligeramente. Ella se preocupaba por la presión sanguínea de Charlie. Bella también.

Esa fue la noche en que Bella comprendió la relación entre Charlie y Esme.

Ella no podía creer lo inconsciente que había sido. Había sido sutil, pero estaba allí. Se dio cuenta mientras observaba a Esme cernirse sobre Charlie mientras la cena continuaba. Un suave roce de su mano sobre la de él. Una mirada robada aquí y allá. Una sonrisa rápida mientras él bebía su bebida seguido por el sonrojo en la mejillas de Esme en respuesta.

Todas la señales estaban allí—Esme estaba enamorada de Charlie. Y en algún sentido, quizás él también la amaba. Su amistad funcionaba. Ellos estaban allí para el otro y se amaban sin involucrarse románticamente.

En diecisiete años desde que Renée se fue, Charlie jamás había mostrado interés en otra mujer antes. Él le había dicho a Bella muchas veces—esa parte de él estaba muerta. Los amores de Charlie consistían en música, béisbol, y pesca. No tenía tiempo para las damas, él siempre decía. Bella estaba feliz de que al menos él se haya permitido amar a alguien más.

Solo le había llevado diecisiete años recuperarse. Renée realmente le había hecho daño. Bella hizo una mueca por dentro.

Esa noche también Bella se dio cuenta que no podía estar con Edward. Al menos, no entonces. No todavía.

Después de enfriarse de su sesión de besos —y la acción más consensuada que jamás había tenido— ella podía ver las cosas diferentes.

Ella miró a Edward y la sonrisa torcida que le daba mientras masticaba algunas papas fritas. Era tan fácil imaginárselo. Ella podía ver los años pasar. Ella podía ver a Edward siendo su primero—y su último.

Y entonces, el miedo casi la paralizó. Era demasiado pronto. Ellos eran demasiado jóvenes.

Ella sabía en su corazón que amaba completamente a Edward. Ella no podía imaginar amar a alguien más de esa manera. ¿Pero entonces qué? ¿Ella sería su primera y su última también?

El pensar que Edward se conformara con ella era trágico.

Ella no podía lastimarlo; ella no podía hacerle lo que Renée le hizo a Charlie. Más que no poder, ella sabía en lo profundo que no le haría nada—ella no se daría la oportunidad de que fuera una posibilidad. Pero lo que realmente la aterraba era que si estaban juntos y luego él decidía que ella no valía la pena —si él se arrepentía y en cambio decidía hacer lo mismo que Renée— ella sabía sin dudas que nunca lo sobreviviría.

~o~

La noche después de la cena, Esme y Edward volvieron a casa, pero ni bien Esme se dirigió a la cama, Edward se escabulló y trepó hacia el cuarto de Bella.

Esta vez, era Bella la que se encontraba en la silla, tocando una canción, cuando él entró por la ventana.

—¿Una pequeña ayuda, Swan? —gruñó él, meciendo una pierna adentro.

—¡Edward! —Ella tomó su brazo y lo ayudó a entrar—. ¿No se supone que debes descansar tus costillas?

—Sí... —Su risa se volvió una mueca.

Bella se paró frente a él, sus manos en sus caderas.

—Entonces, ¿quieres hablar, jugar, o jugar? —Él le sonrió con un guiño.

—Edward, yo...

—Lo sé. —La sonrisa de él se esfumó y dio un paso hacia ella, su expresión llena de comprensión, exhalando con un suspiro—. Escucha, podía verte pensar mientras cenábamos. Puedo garantizar que sé exactamente lo que dirás ahora mismo. —Él no parecía molesto, lo que reconfortaba a Bella, sino que sonaba como si estuviera resignado.

—Lo dudo. —Bella bajó la mirada y miró sus pies.

—¿Acaso no me dirás que estás volviéndote loca por lo que pasó esta tarde? ¿Lo que casi pasó? ¿Que somos tú y yo y que temes que cambie todo? ¿Que hay demasiado en riesgo y que no estás segura de que funcione?

Ella abrió la boca, pero ninguna palabra salió. De hecho, era un buen resumen de lo que ella planeaba decir.

—Bueno, estoy aquí para decir que lo entiendo. Que también estoy volviéndome loco. Pero que no me iré a ningún lado. No dejaré que cambie todo.

Cuando ella levantó la mirada hacia él, este le dio la sonrisa más honesta que derritió todo su interior. Ella se acercó a él, descansando su cabeza sobre su pecho y soltó el aire que no sabía que estaba conteniendo.

—¿Y bien? ¿Tenía razón? —Él acarició su cabello.

Ella asintió contra su pecho y envolvió sus brazos alrededor de él.

Cuando un sollozo salió de ella, él también la envolvió en sus brazos.

—Oye, está bien.

—Te faltó la parte donde digo que te amo, Edward. —Ella apartó su cabeza y lo miró—. Que eres lo mejor que jamás me ha pasado.

Los ojos de él brillaban, reflejando el amor que ella acababa de decirle que tenía por él.

Ella lo soltó, dando un paso hacia atrás en preparación, y entonces dejó que todo saliera.

—Amo cada parte de ti, Edward. Todo. Amo que siempre estás allí para mí sin importar qué. Lo leal que eres.

Ella dio vueltas frente a él, su cuerpo vibrando de alivio al finalmente decirle todo esto.

—Amo cómo me contradices de las maneras más inspiradoras. Cómo me frustras y me emocionas, todo al mismo tiempo.

Ella se detuvo frente a él, sus ojos llenos de lágrimas.

—Amo la música que hacemos juntos. La conexión que tenemos jamás la sentí con alguien. No quiero eso con nadie más. Quiero tener ese para siempre contigo.

—Bella, siento lo mismo... —Él se acercó a ella, tomándola del rostro.

—Pero esto... —Ella lo interrumpió, señalando entre ellos con una mano—. Nosotros. Es la cosa más preciada que tengo. Y no haré nada que me haga perderte. Así que, esto —Señala un dedo entre sus labios—, tendrá que esperar.

—Entonces, esperamos —dijo él, bajando sus manos de su rostro, deslizándolas por sus brazos. Sus ojos aún suaves. Su sonrisa aún en su lugar. Solo era contradicho por la tensión en sus hombros y su mandíbula apretada. Casi como si él realmente sabía lo que ella iba a decir y se había preparado para ello.

Ella se abrazó a él, respirando profundo.

—Podemos tener un futuro. —Él pasó una mano por el cabello de ella mientras que dejaba caer su rostro contra su cuello—. Cuando estemos listos. —Con su nariz presionada contra el cuello de ella, inhaló profundo, pero rápidamente se tensó, y con ambas manos aferrando los brazos de ella, la apartó de él.

Él volvió a respirar profundo, mirándola, inflando sus mejillas al exhalar. Su sonrisa no vaciló, pero el hecho de que él haya puesto distancia entre ellos deliberadamente no se le pasaba desapercibido.

—Mientras tanto —dijo él con un tono amigable—. Toquemos entonces. —Señaló a la guitarra de ella, soltando sus brazos.

Ambos caminaron en direcciones contrarias del cuarto de ella, cada uno con una guitarra en mano. Bella sobre su cama. Edward sobre la silla junto a su armario.

—Oye, siempre podríamos ser amigos que se besan y hacen cosas a veces, ¿no? —dijo él con un guiño.

Ella puso los ojos en blanco.

—Bueno, mientras esperamos al futuro, tendrás que permitir que algunas chicas me tomen prestado cada cierto tiempo. Quiero decir, tengo necesidades.

Ella le aventó una almohada, la cual él esquivó con una risita.

Pero ella sabía que él tenía razón. Él saldría con otras chicas y ella irracionalmente las odiaría a todas. Ella también tendría citas, y compararía injustamente a todos con Edward. Se sacarían todas esas cosas de adentro, atravesarían todos los hitos, y saldrían de esto como amigos. Y para ese entonces, estarían preparados para el futuro.


¿Qué tal este acuerdo? Ya estamos odiando fuerte por lo que veo jajaja

Buen fin de semana y hasta el próximo :)