Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es RMacaroni, yo solo traduzco con su permiso.
Disclaimer: This story is not mine, it belongs to RMacaroni. I'm only translating with her permission. Gracias, Ronnie, por permitirme compartir tu historia en español :)
Inspiración musical: Plain White T's - Hey There, Delilah
Capítulo 12
Cosas en la Caja
~o~
ENTONCES
~o~
Casa de Charlie. Forks, Washington. Martes, 4 de diciembre de 2007.
Bella estaba sentada en su cama, un desorden de papeles frente a ella, cuando Edward entró por la ventana.
—Eso fue rápido —dijo Bella, sin mirarlo, mientras apilaba los papeles.
—Sí, eso fue algo de una vez. —Él metió su cabello dentro de la gorra después de sacudir su chaqueta mojada. Sopló un poco de aire en sus manos para calentarlas mientras la estudiaba con la mirada.
Bella lucía cálida, sentada de piernas cruzadas sobre su edredón, en pantalones deportivos y la sudadera gris de él. Su cabello había crecido tanto—casi llegaba a sus rodillas por la forma en que estaba sentada.
—¿Qué pasó ahora? ¿Demasiado rubia? —preguntó Bella, trayéndolo de vuelta a la conversación.
Definitivamente, pensó Edward. Pero también: «Demasiado inquieta» fue lo que dijo.
—¿Qué? —Ella rio, mirándolo. Su sonrisa lo acercó a la cama, mientras que los labios de él no pudieron evitar responderle con otra. Él se paró junto a la cama de ella y vació por un momento antes de inclinarse, y con ambas manos debajo de las piernas de ella, la movió a un lado, haciendo lugar para él.
—Ella no podía quedarse quieta. —Se sentó al lado de ella—. Durante toda la cena, ella golpeteaba su dedo o su pie o algo. —Él señaló con sus dedos el movimiento molesto que había presenciado.
—¿Quizás estaba nerviosa? —Bella preguntó, desconcentrada, su atención aún sobre los papeles frente a ella.
—No lo sé. No me importa. —Edward suspiró, disfrutando del calor de Bella y su cama.
—Bueno, aún así fue una cena de dos horas. —Ella arqueó una ceja en dirección a él—. ¿Estoy segura que lo pasaste bien?
—No fue solo una cena, Bella. —Él la observó, parpadeando un par de veces.
—¿Qué?
—Ya sabes... —Él meneó sus cejas.
—¿Con la señorita Solo Una Vez? —Ella giró hacia él, sus ojos agrandándose.
—¡Claro! Quiero decir, si haces a un lado su inquietud, aún era atractiva.
—Agh, eres tan hombre, Edward. —Bella sacudió la cabeza, volviendo su atención a la pila de papeles sobre la cama.
—¿Cómo se supone que me vuelva bueno para cuando nosotros estemos juntos? —Él esperó su reacción con ansias, y por un momento, parecía que el comentario la había afectado.
—¿Debería estar practicando también entonces?
Él pudo sentir su humor evaporarse rápidamente de su rostro, antes de poder recomponer su expresión.
—Si quieres. —Se encogió de hombros—. Conozco a un buen tutor.
Ella lo codeó juguetonamente en su costado.
Él se estiró en busca de la guitarra al lado de ella, en un esfuerzo por distraerse de los pensamientos que se habían asentado en su cerebro.
—No pude sacarme de la cabeza este riff durante toda la cena con Señorita Inquieta. —Él comenzó a rasguear la guitarra, jugando con las notas, y efectivamente cambiando de tema.
—Mmm... —Bella parecía distraída—. ¿Puedes escribirla? Necesito terminar con esto.
Él suspiró, bajando la guitarra, y echando un vistazo a los papeles con lo que ella lidiaba, dándose cuenta rápidamente que eran sus aplicaciones universitarias.
—¿En serio, Universidad de Washington?
—Bueno, es en Seattle.
Cuando los ojos de ella se encontraron con suyos, él sintió un calor en su corazón. Ellos habían hablado sobre Seattle varias veces ya. Es adonde querían ir. Cierto, él la seguiría donde fuera que ella necesitaba ir. Pero Seattle tenía más sentido.
—¿Por qué vamos a la universidad de nuevo? —Él preguntó en voz alta, para nada convencido con la idea aún—. ¿Por qué simplemente no nos mudamos a Seattle y nos concentramos en nuestra música?
En realidad, ir a la universidad era una expensa de más que Edward no había planeado. Él ya le había dicho a Esme que no aceptaría su dinero para la universidad, y aunque había sido capaz de juntar la mayoría del dinero de los trabajos de verano en Construcción McCarty, apenas era suficiente para mantenerlo por unos mese en Seattle hasta que encontrara un trabajo allí, con suerte, en algo relacionado con la música. La universidad no estaba en su mente. Él no tenía suficientes ahorros para ella, y no quería meterse en deudas por ella tampoco.
—Necesitamos algo de respaldo. Por si acaso. ¿Cierto?
Sin embargo, la manera en que ella dijo "necesitamos" —con sus ojos como profundos océanos de chocolate observándolo— lo decidió por él. Iría a la universidad. Simplemente necesitaba encontrar una alternativa más barata cerca de donde ella termine. Para su música, por supuesto, razonó.
—Creo que eso es solo una distracción, una cara, de lo que realmente deberíamos estar haciendo.
—No es una distracción. —Ella llevó su atención de vuelta a sus papeles, su cabello ahora una barrera entre su rostro y los ojos de él—. Es un plan b.
Él observó la ventana, apartando los pensamientos más serios de su mente, y decidiéndose por un tono chistoso en cambio.
—¿Cuál se supone que será mi carrera?
—No lo sé. ¿Letras? Eres bueno con las palabras... y las canciones.
—¿Qué tal Estudios de las Mujeres? —Él meneó sus cejas hacia ella. Él era bueno con eso también, pensó.
Ella puso los ojos en blanco.
—No creo que eso signifique lo que tú crees que significa.
Él gruñó dramáticamente, decidiendo finalmente escanear sus papeles.
—Cielos, Bella, ¿escribiste todos tus ensayos?
—Casi, sí.
Él tomó uno de la pila y lo leyó. Se sintió íntimo, de alguna manera, leer lo que ella había escrito. Era obvio que ella había puesto su corazón y alma en esas palabras.
—Diablos, Bella, esto es bueno. —Él llevó sus piernas a un costado de la cama, acercándose a la lámpara junto a la mesa de noche. De espaldas a ella, él se perdió en sus palabras.
—¿Sí?
Él siguió leyendo, con sus codos sobre sus rodillas y el papel entre sus piernas.
—Sí. —Él se levantó de la cama, girándose hacia ella, el papel en una mano, y la otra frotándose el pecho, el cual se sentía borbotear por ella—. Lo de tu mamá. Gah... eso fue...
—¿Demasiado?
—No. Quiero decir, sí, es mucho, pero está escrito tan maravillosamente, y... —Los ojos de él penetran los de ella desde el otro lado de la cama mientras él luchaba por encontrar las palabras correctas para decir lo que quería decir in decir demasiado.
—¿Qué? —Ella levantó la vista hacia él con preocupación, bajando los papeles.
Él cerró la distancia entre ellos con un par de pasos y se paró frente a ella.
—¿Alguna vez has intentado...? —Él vaciló por un segundo antes de sentarse en la cama frente a ella—. ¿Buscarla? ¿O contactarla de alguna manera?
La expresión de ella cayó ligeramente y él pudo ver el dolor que le traía este tema.
—No en muchos años. —Ella enlazó sus dedos entre sí, bajando la mirada, y Edward envolvió una mano sobre ellos—. Creo que mi papá intentó varias veces. Recuerdo haber sido plantada en un cumpleaños o dos. Pero después de mi séptimo u octavo cumpleaños, dejé de preguntar así que él se rindió, creo.
—Mierda, Bella, eso apesta. —Él envolvió sus brazos alrededor de ella en un abrazo.
—Quiero decir. —Ella se encogió de hombros—. Ni siquiera la recuerdo. Tengo esta imagen de ella en mi cabeza de una foto vieja que robé de Charlie antes que él se deshiciera de todo.
Ella buscó una caja de zapatos debajo de su cama y la colocó entre ellos. La abrió lentamente, con una sonrisa tímida para él, y comenzó a revolver en busca de algo hasta que sacó una fotografía del fondo. Ella le echó un vistazo y entonces se la dio a él.
La fotografía contenía a Charlie, sin bigote, sosteniendo a una bebé en sus brazos —Bella— Edward asumió, y parado junto a un piano verde. Charlie le sonreía a la joven mujer que estaba sentada frente al piano vertical, sus manos sobre las teclas, pies en los pedales, totalmente perdida en la canción.
La madre de Bella, Edward lo supo enseguida.
Él no sabía que también era música.
Suspiró, pero antes que pudiera guardar la foto, algo en la caja llamó su atención.
—¡Oye! —Tomó otra fotografía de la caja—. ¡Ese soy yo!
La foto era de él en la batería, en su primer Festival de Forks. Detrás, abajo de la fecha, ella había escrito todas las canciones que tocaron ese día.
—¡Swan! —Giró hacia ella con una enorme sonrisa en su rostro—. Espera, ¿esto fue cuando...? —Él dio vuelta la foto para inspeccionarla de nuevo, y pudo ver la cubeta al lado de la batería. Su estómago se retorció con el recuerdo.
—Sí, cuando vomitaste después de cada canción durante todo el concierto. —Ella sacudió su cabeza.
—Estabas tan enojada conmigo. —Él se rio sinceramente, aunque su estómago se sintió enfermo de solo pensarlo—. Realmente no sabía cómo iba a conseguirlo. No he sido capaz de beber tequila desde entonces.
—No fue gracioso. Te desmayaste después por deshidratación, y tuvimos que llevarte al hospital. ¡Estaba tan preocupada!
—Sí, no recuerdo mucho de eso. —La risa murió en su garganta. Él no recordaba mucho de ese día o la noche anterior, pero sí recordaba despertarse junto a Bella en su cama—. Oye, al menos logré hacer todo el concierto y gané esa apuesta contra Emmett, que dijo que no podría hacerlo.
—Agh, chicos... —No había molestia en su tono, mientras levantaba la mirada hacia él con mejillas sonrojadas—. No creo que siquiera tuve la posibilidad de agradecerte por haber resistido y tocado toda la serie.
—Pfft... —Él hizo un ademán con la mano—. Era nuestro primer concierto. Me hubiera arrastrado sobre el escenario si tenía que hacerlo.
Los ojos de Edward siguieron echándole un vistazo a la caja, ya que ella seguía teniéndola allí, abierta entre ellos, cuando algo más captó su atención.
—Espera un minuto, ¿eso es...? —Él tomó el brazalete blanco de hospital de la caja antes que ella pudiera quitárselo. Volvió a reírse, leyendo su nombre en la etiqueta—. Swan, rara, ¿qué más hay allí?
Él estiró una mano hacia la caja, pero ella la apartó.
—Ni se te ocurra, Cullen. —Ella cerró la caja y la guardó debajo de su cama.
El pecho de Edward se contrajo ante la mención de su apellido. Ella orgullosamente lo llamaba Cullen, y ella sabía lo que eso significaba para él. A pesar que ya habían pasado tres años desde que Esme lo adoptó —y él cambio su apellido oficialmente— seguía significando todo para él ser llamado por el nombre que más le daba orgullo, especialmente si venía de Bella.
Él exhaló exageradamente, dejándose caer de vuelta sobre la cama de ella con sus manos por detrás de su cuello.
—Puedo morir realizado ahora. ¡Logré entrar en tu caja! —Su risa era fuerte y lo hizo sacudirse desde su interior.
Ella le lanzó una almohada, la cual él tomó y acomodó detrás de su cabeza, cerrando los ojos.
—Quiero saber qué más hay allí. —Su mente daba vueltas con las posibilidades, todos los recuerdos de él que ella apreciaba lo suficiente para guardar pequeños souvenirs allí.
—No lo sabrás.
—Pfft. Solo esperaré a que te duermas y lo veré por mí mismo. —Él esperaba que lo fulminara con la mirada, así que sonrió con anticipación—. Solo bromeo —añadió para tranquilizarla después de un segundo—. ¿Pero un día?
—Quizás... —Ella se recostó a su lado sobre la cama. Ambos mirando al techo.
—¿Alguna vez te preguntas dónde está? ¿Cómo es su vida? —Edward preguntó después de un rato.
Como en autopiloto, cuando ella se le acercó, él movió su brazo por debajo de su cabeza y ella descansó su cabeza sobre su hombro, y entonces la mano de él llegó al cabello de ella.
—A veces... —Ella comenzó—. No tanto como antes. Solía pensar en ello todo el tiempo. ¿Por qué se fue? ¿Por qué odiaba tanto Forks? Hasta que lo entendí, no era Forks lo que ella realmente odiaba.
Edward giró su rostro hacia ella, sintiendo la pesadez de sus palabras. Los ojos de ella brillaban, y lo destrozó.
—Bella, tu mamá no te odiaba. —Trazó con su pulgar la oreja de ella mientras la parte trasera de sus dedos frotaban su mejilla. Su corazón dolía por comprender cómo ella podía siquiera pensar eso.
—¿Por qué no? Arruiné su vida, sus sueños, sus opciones... —Bella esquivó su mirada, su vista centrada en dirección a la ventana.
—¡Bella, eso es ridículo! —Edward no pudo evitar bufar—. Como si tú tuvieras control sobre algo de ello.
—Aún así no cambia el hecho que si no fuera por mí, ella no se hubiera ido. —Los ojos de ella ahora estaban llenos de lágrimas cuando volvió a mirarlo—. Ella no hubiera roto a Charlie.
—Bella, eso no lo sabes. —La voz de él era apenas un susurro mientras la abrazaba hacia él, posando un beso en su frente.
Ella se encogió de hombro, sorbiéndose la nariz contra su pecho. Era exasperando para él que ella se culpara por la partida de su madre. Se le rompía el corazón por ella. Su pecho ardía con la necesidad de consolarla.
—Entonces, si mis padres eran drogadictos y me abandonaron, ¿crees que hubiera sido mi culpa?
—¿Qué? ¡Por supuesto que no! —Ella se sentó en la cama, girándose hacia él, sus ojos bien abiertos mientras secaba las lágrimas.
—Bueno, lo que dices es igual de absurdo. —Él también se sentó, las rodillas de ambos tocándose mientras se miraban.
—Lo siento, no quise insinuar que... —Ella bajó la mirada hacia sus manos.
—¿Realmente te estás disculpando conmigo ahora mismo?
—Yo... —Ella lo miró confundida.
—Bella, deberías disculparte contigo —explicó él suavemente, buscando las manos de ella—. Nada de esto podría ser tu culpa. —Enlazó sus dedos con los de ella, mientras que su otra mano frotaba su brazo.
—¿Eso fue lo que le pasó a tus padres? —Ella preguntó tímidamente, mirándolo.
—Solo estaba mostrando mi punto. No sé lo que le pasó a ellos, si murieron o me abandonaron o qué. Pero sé que nada de ello podría haber sido mi culpa. —Mantuvo su voz baja y controlada. El paradero de sus padres biológicos no era algo en lo que le gustara pensar.
—Oh... —Ella bajó la mirada hacia los dedos de él envueltos alrededor de los suyos.
—Ven aquí... —Él extendió sus brazos y cuando ella dejó caer su cabeza sobre su pecho, los envolvió alrededor de ella, exhalando temblorosamente. Él raramente hablaba sobre sus padres, no solo porque dolía mucho, sino que también no había nada que decir. Él sabía absolutamente nada sobre ellos. Todo lo que él sabía eran los años de miseria que ellos dejaron que él soportara solo, hasta que Charlie trajo a Esme y Bella a su vida.
El pecho de él borboteó con ira. Le sorprendía lo mucho que podía resentir a una persona que ni siquiera conocía. Pero parecía que él solo había rasgado la superficie respecto a las repercusiones de la partida la madre de Bella. Él envolvió sus brazos fuertemente alrededor de ella, esperando que su abrazo de alguna manera aliviara el dolor que ella había estado guardándose para sí misma.
Edward no quería nada más que besarla de nuevo, como él lo había hecho a principios de ese año, pero sabía que los sentimientos de ella por él no estaban a la luz, como la fotografía de ella y Charlie, o el poster de Janis Joplin en su pared. Los sentimientos de ella por él estaban metidos en una caja de zapatos debajo de su cama, así que él se guardó los suyos para más tarde también. Él confiaba que algún día esos sentimientos saldrían a la luz, y ella iba a estar lista para un futuro con él.
Un vistazo al pasado de nuevo...
