Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es RMacaroni, yo solo traduzco con su permiso.


Disclaimer: This story is not mine, it belongs to RMacaroni. I'm only translating with her permission. Gracias, Ronnie, por permitirme compartir tu historia en español :)


Inspiración musical: Staind - Outside


Capítulo 12

No Puedes Tener Ambas Cosas

~o~

AHORA

~o~

Departamento en Capitol Hill. Domingo, 9 de junio de 2013.

Bella abre los ojos con un gruñido. Su cabeza y su estómago sirven de recordatorios dolorosos de la noche anterior. Se sienta en la cama, palmeando su frente, apartando el cabello de su rostro. Toca a un lado de la cama, sus dedos deslizándose por las sábanas frías y arrugadas. Edward se fue y lo ha hecho por un rato

La culpa la invade mientras la bilis sube por su garganta. Ella realmente volvió a hacerlo—arrinconarlo hasta que él no pudo ser capaz de decirle que no.

Él no quería una cita —diablos , ella tampoco— pero ella forzó la situación en un esfuerzo por probar que aún podían ser amigos como antes, a pesar de que habían tenido sexo.

Bueno, la historia se repite, y ella probó de nuevo ser incapaz de mantener sus sentimientos al margen, o sus manos lejos de él.

Cuando sale del cuarto, suspira en alivio cuando lo encuentra en el balcón, fumando. Ella sabe que él probablemente está furioso, pero espera que puedan arreglarlo.

El cuerpo de él estaba encorvado sobre el barandal, sus brazos descansando sobre el borde. Ella desliza la puerta y sale. Él no se gira para mirarla.

—Hola. —Ella retuerce el suéter tejido de él, habiéndoselo colocado antes de salir del cuarto.

Él aún observa la ciudad frente a él y toma otra calada de su cigarrillo.

—Lamento lo de anoche —comienza ella. Él se mantiene quieto—. Quiero decir, no me arrepiento de lo que pasó porque fue, bueno... in-increíble. —Ella toma aire profundo antes de continuar. Él no se mueve—. Pero sé que nos deja en la misma situación rara de antes, y por eso, lo siento.

Él toma otra calada y exhala, bajando la mirada.

—Lamento ser horrible, Edward, que no puedo compremeterme contigo... o, bueno, con nada en realidad. Pero con mis genes, los compromisos significan sufrimiento y pérdida y arrepentimiento... Y tú te mereces algo mucho mejor que eso... que esto. —Ella agita una mano en su propia dirección con un suspiro, luchando por encontrar las palabras correctas para decirle.

Él se mantiene callado, estoico, observando a la ciudad mientras fuma.

—Sabes que te amo, ¿cierto? —Ella se para a un metro de él, esperando.

Cuando finalmente gira hacia ella, con el cigarrillo aún colgando de sus labios, sus ojos están enrojecidos y tiene bolsas oscuras debajo de ellos, parece que él no consiguió dormir.

Su estómago da un vuelco. Él luce absolutamente roto.

—Oye. —Se acerca a él, buscando su brazo, pero él se aparta de su tacto.

—No puedo dejar que me sigas haciendo esto, Bella. —Él apaga el cigarrillo en el cenicero frente a él y se endereza.

—Edward... —Ella da un paso más en su dirección.

—No. Lo digo en serio. —Él da un paso hacia atrás, levantando un mano para detenerla—. Ya no puedo soportar esto.

Ella se tensa en su lugar, mirándolo. Sus palabras son finales. Él la fulmina con la mirada. Él jamás le había hablado de esta manera antes.

—Lo entiendo, ¿de acuerdo? Lo... Lo entiendo. —Él lleva una mano hacia su pecho—. Dices que no estás lista para el compromiso y lo respeto. Pero necesitas comprender que no puedo ser las dos cosas para ti. No puedo ser tu mejor amigo y tu juguete sexual. No puedo hacerlo.

—Edward, yo...

—Lo digo en serio, Bella. Si quieres que sea tu amigo sin importar qué, si quieres que sigamos viviendo juntos, entonces no podemos estar así de cerca. Al menos, yo no puedo. Duele demasiado.

Sus palabras la golpean como una cubeta de agua helada lanzada a su rostro. Ella une sus manos por delante de ella, tratando de contener las lágrimas, sus dedos retorciéndose entre sí.

—No puedes venir a mi cama en el medio de la noche después de una cita con otro tipo. No puedes lanzarte sobre mí cada vez que tomamos. No puedes tocarme así, como si me quisieras, como si te importara.

—Pero lo hago, Edward. Te quiero y me importas —ella susurra, levantando la mirada hacia él.

—Así. —Él señala su rostro—. No puedes mirarme así.

—¿Entonces cómo se supone que deba actuar a tu alrededor? —Un vacío comienza a crecer en el fondo del estómago de ella al darse cuenta lo que le ha hecho. Para evitar que sus manos lo buscaran e hicieran más daño, se cruza de brazos a su alrededor.

—No lo sé... —Él esconde su rostro debajo de sus manos—. No lo sé —masculla, dejándose caer sobre la silla.

—Edward... —Ella susurra, deteniéndose a unos pasos mientras que sus manos, y todo en ella, ardían con la necesidad de tocarlo.

—Tampoco puedes decir mi nombre así. —Él desliza sus manos por su rostro, y gruñe, mirándola—. Y tampoco puedes usar mi maldita ropa.

—Tú... tú me diste esto. —Ella baja la mirada hacia su suéter, y sus manos buscan el extremo sobre sus muslos.

—¡No te atrevas a quitártelo ahora! —Él gruñe desde la silla, girándose para mirar por el balcón de nuevo y aferrando el cabello de la parte trasera de su cabeza.

Ella se queda allí parada, al lado de él, sin saber qué decir. Su boca se abre y se cierra con cada palabra que no puede decir. Su mente da vueltas, quedándose en blanco sobre lo que ella podría decir para arreglar esto, hasta que se siente mareada.

Ella se sienta en la silla al lado de la suya, con cuidado de no estar muy cerca.

—¿Cómo puedo arreglar esto?

Con sus codos sobre sus rodillas, su cabeza en sus manos, él se gira para mirarla con una sonrisa triste.

—Creo que debo mudarme.

—¡¿Qué?! —Los ojos de ella se agrandan en sorpresa mientras el mundo a su alrededor de derrumba—. Por favor, no digas cosas así. Yo...

—Bella, soy inmensamente infeliz. —Él dice cada palabra lenta y cuidadosamente, en serio—. Anoche fue la peor y la mejor noche de mi vida. Que me tocaras así. Que gritaras mi nombre en placer de esa manera. Todo sabiendo que no eres mía. Y por lo que parece, jamás lo serás. —Las manos de él se empuñan sobre sus muslos y hace una mueca—. ¡Mierda! —masculla, dejando caer su cabeza mientras mira al suelo—. Cierro los ojos, y aún puedo saborearte en mi boca y en mi alma.

La boca de ella se abre, sus muslos se cierran, pero ninguna palabra se asoma.

—He esperado por tanto tiempo... pero vivimos juntos, y te veo todas las mañanas, cuando das vueltas en solo ropa interior y mis camisetas. Te veo con los imbéciles con los que sales, los que afortunadamente nunca duran, pero siempre parece haber otro esperando en la puta esquina. Te veo entregarte todas las noches, y me destroza. —Él toma aire profundo, en un esfuerzo por calmarse, mientras pasa sus manos por su cabello—. Antes apenas era manejable. Tolerable, como mucho. Pero no puedo volver a eso ahora. No después de haberte tenido en mis manos así. —Deja caer su cabeza y observa sus manos.

Sin su permiso, los ojos de ella se llenan de lágrimas mientras lucha contra la necesidad de acercarse y abrazarlo o besarlo o algo.

Ella lo ha arruinado.

Lo ha arruinado a él.

—Lo siento mucho —susurra, juntando sus manos sobre sus piernas sin mirarlo—. Lo último que quería en el mundo era lastimarte, Edward. Me... me detendré, lo prometo. Todas esas cosas que dijiste. Las dejaré de hacer. Me controlaré. —Ella intenta contener las lágrimas.

Él se para rápidamente a su lado, la silla chilla contra el suelo de cemento. Él respira profundo una vez, inflando sus mejillas al exhalar. Su mano busca la cabeza de ella, pero se detiene antes que sus dedos le toquen el cabello.

—Bueno, no sé si yo pueda ya. —Apenas susurra antes de irse.

~o~

Las horas pasan y Bella observa sin prestar atención al televisor, sus ojos enrojecidos e hinchados por llorar. Ella tiene una manta a su alrededor y un paquete de galletas por la mitad sobre su regazo.

Cuando finalmente escucha las llaves en la puerta, apaga el televisor y sale del sofá. Sacude las migas de la mantas antes de volverla a envolver a su alrededor y da unos pasos hacia la puerta.

Edward entra al departamento, sus ojos apenas conectan con los suyos, antes de dar la vuelta y cerrar la puerta, ambas manos sobre la puerta, de espalda a ella.

—Hola —dice ella tímidamente, sin moverse.

Las palmas de él se estiran sobre la superficie de madera, y toma aire profundo, bajando la mirada, antes de apartarse de la puerta.

Cuando él gira, evita deliberadamente sus ojos mientras camina hacia la cocina. Deja caer su bolso del gimnasio al suelo después de quitar su botella de agua.

Él comienza a rellenar su botella, sus manos unidas al bode del fregadero, mientras mira abajo.

En su camiseta de entrenamiento, ella puede ver los músculos tensándose en sus hombros mientras se aferra a la encimera como si se le fuera la vida en ello. Su cabello gotea, pero ella no puede deducir si es sudor o si se duchó en el gimnasio. Ella se pregunta si él estuvo allí todo este tiempo.

Bella se para allí mientras él da la vuelta alrededor de la encimera, con la botella en la mano, y se retira por el pasillo hacia los cuartos sin decirle una palabra.

Con un suspiro, ella vuelve al sofá. Espera a ver si él dice algo sobre su suéter. El que él le dio la noche anterior y luego dijo que ya no lo usara esta mañana. Ella lo había lavado, y ahora se encontraba doblado sobre la cama de él. Espera y espera, pero él nunca vuelve a salir.

Está oscuro afuera cuando Bella finalmente decide retirarse a su cuarto también. Pasa por el cuarto de él de camino al suyo y echa un vistazo a través de la puerta semi abierta.

Edward se encuentra en su cama, sobre las mantas, aún vistiendo la ropa y las zapatillas con las que llegó. Ella puede escucharlo roncar suavemente, así que cierra su puerta.

~o~

Departamento en Capitol Hill. Lunes, 10 de junio de 2013.

Cuando Bella se despierta la mañana siguiente, lo primero que nota es el suéter de Edward, doblado sobre su vestidor.

Ella sale rápidamente de su cuarto, pasando por el cuarto de él primero. Su cama está hecha y no hay señal de él. Mira el reloj—es demasiado temprano para que él se fuera a su turno en el estudio.

Ve a Jazz en la cocina al salir.

—¿Dónde está?

—No lo sé. —Jazz se encoje de hombros, tomando un sorbo de su té—. ¿Castigando su cuerpo hasta olvidar o cazando pokemones en algún lado?

—Jazz, no es gracioso... —Bella se apresura de vuelta al cuarto de Edward para echar un vistazo de cerca. La mayoría de sus cosas están aquí, pero faltan algunas. Sus dos guitarras, y las gorras de Charlie, por ejemplo, ya no están colgadas en la pared. Ella gira hacia Jazz, la desolación evidente en su rostro.

—¿Se fue? —Sus ojos comienzan a llenarse de lágrimas mientras Jazz camina hacia ella.

—No estoy seguro. No lo dijo. —Jazz aferra su mano y se mueven juntos hacia el sofá—. Sí se llevó algunas cosas.

—No... —Bella solloza, cubriéndose el rostro, hundiéndose en el sofá.

—Y bien, ¿qué pasa, Bella? ¿Necesitas besar algunos sapos antes de darte cuenta que él es el indicado?

—No es así... —Ella se sorbe la nariz—. Ya sé que él es indicado.

—¿Entonces qué pasa? Él adora el suelo por el que caminas, Bella. Él está locamente enamorado de ti. Parece que no puedes mantener tus manos lejos de él, es muy comprensible. Al juzgar por los "panqueques de orgasmo", él es el mejor sexo que has tenido hasta ahora. Entonces, ¿qué es lo que estás esperando?

—¡Tengo miedo, ¿de acuerdo?! Estoy aterrada. —Ella mira a Jazz, las lágrimas caen libremente ahora—. Sé que cuando estemos juntos, eso es todo. Él es el indicado, Jazz. Pero estoy rota. Dañada. No funciono bien. ¿Y si llegamos a la cima demasiado temprano? ¿Y si no puedo conservarlo? ¿Y si lo arruino y lo lastimo o lo pierdo para siempre?

—Lo entiendo, Bella. Confía en mí, sé que es aterrador. Pero todo eso es hipotético. Esto es real. Aquí y ahora.

Ella deja caer su cabeza sobre el sofá y sigue llorando suavemente.

—Cielo, me temo que no puedes tener ambas cosas. Él no puede ser tu mejor amigo y también tu polla intermitente. Lo está rompiendo, Bella. —Jazz pasa una mano por el brazo de ella—. ¿El entrenamiento compulsivo? Aunque aprecio la definición de músculo extra, ¿los biceps, los pectorales, los abdominales? —Jazz mira a Bella, llevando sus yemas hacia sus labios y los besa—. Eso no puede ser saludable, ¿cierto? No sé por cuánto tiempo él puede seguir con esto.

—No puedo perderlo, Jazz. No lo sobreviviré. —Ella lleva su cuerpo hacia adelante, contra el peso de una conciencia culpable que la jala hacia abajo, y aparta su cuerpo del sofá.

Se seca las lágrimas y respira profundo hasta llegar a su habitación. En la mesa de noche, ella toma su teléfono.

El teléfono de Edward da directo al buzón de voz, incluso después de intentarlo tres veces más.

Mira sus llamadas recientes y presiona el botón para llamar.

Suena dos veces antes que él conteste.

—Hola, Bells, ¿cómo estás?

—¿Papá? —dice ella con un susurro ahogado antes de soltar todo.


¿Qué tal? Era necesario esto, supongo, ella necesitaba a darse cuenta de lo que le estaba haciendo. ¿Alguien más en la lista para robarse a este Edward?

Buen viernes :)