Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es RMacaroni, yo solo traduzco con su permiso.
Disclaimer: This story is not mine, it belongs to RMacaroni. I'm only translating with her permission. Gracias, Ronnie, por permitirme compartir tu historia en español :)
Inspiración musical: Arctic Monkeys - Brainstorm, Pink Floyd - Comfortably Numb
Capítulo 13
Mamá
~o~
ENTONCES
~o~
Sótano de Charlie. Forks, Washington. Domingo, 25 de mayo de 2008.
—¡Creo que encontré el indicado! —gritó Bella desde el sofá, mirando a su laptop. Edward se encontraba al otro extremo del cuarto, en la batería, pero tocando la guitarra—. Tres cuartos. ¡Cada uno con su baño! En Capitol Hill. Setecientos dólares cada uno, y él busca dos compañeros de piso. Parejas no. Suena perfecto, ¿no?
—¿Cuál es la trampa? —preguntó Edward, sin mirarla, mientras bajaba la guitarra y sacaba el teléfono de su bolsillo.
—Todo suena bastante razonable. —Escaneando el resto del anuncio, Bella esbozó una sonrisa—. Oh...
—¿Qué? —Él apartó el teléfono y levantó la mirada con una ceja arqueada en sospecha.
—¿Qué dices sobre los bordados de penes? —Ella lo miró con una expresión neutra antes de sonreír.
—¡¿Qué?! —Los ojos de él se ensancharon antes de sonreír.
—¿O el arte fálico en general? —Ella siguió leyendo—. ¿Quizás sea un artista?
—Seguro. —Edward se encogió de hombros—. ¿Quién soy yo para juzgar el arte de los demás? —Le guiñó un ojo.
—¡Genial! Le enviaré un correo entonces. —Ella llevó su atención de vuelta a su computadora, terminando el mensaje, antes de cerrarla y levantarse del sofá.
Edward estaba de vuelta en su teléfono, sonriéndole a la pantalla.
—Oh, ¿acaso no luces enamorado?
Él la observó por un instante, casi inspeccionando su rostro, antes de guardar su teléfono en el bolsillo de sus pantalones.
—Ella es graciosa. —Él se encogió de hombros, tomando los palillos y acomodando su cabello dentro de su gorra de béisbol.
Bella caminó hacia el soporte de la guitarra, de espaldas a Edward, mientras trataba de ignorar la pizca de celos que estaba asomándose por su cuerpo. Ella no tenía derecho a estar celosa. Ella sabía esto. Había sido su idea permanecer como amigos.
Él había salido con chicas antes, con muchas, pero esto era diferente. Angela Webber era amable, inteligente, y —él tenía razón— graciosa. A ella le había gustado Edward por años. Incluso se lo había dicho a Bella.
Bella jamás pensó que sería algo serio, pero ellos habían estando saliendo durante la mayoría del semestre de primavera de su último año. Edward no se había quejado de Angela sobre ser demasiado "algo" aún. Y por más egoísta que suene, le molestaba a Bella.
Ella compuso su rostro con un suspiro y tomó su guitarra, colocándosela. Cuando giró hacia él, este la miraba con una sonrisa cálida, sus palillos en mano. Tocó la punta de uno de sus palillos contra su gorra—listo para comenzar.
Ellos practicaron por un par de horas las canciones que planeaban tocar en su concierto por el fin de la secundaria. No era una serie larga, pero eran algunas de sus canciones favoritas.
—¿Tienes planes esta noche, Swan? —Edward preguntó una vez que terminaron y acomodaron todo.
Bella levantó la mirada hacia él mientras este observaba su teléfono.
—Nop. ¿Tú? —Ella no necesitaba preguntar, pero lo hizo de todas formas.
—Sí... —Él agitó su teléfono en dirección a ella con una sonrisa tímida, antes de guardarlo en su bolsillo—. Miraremos una película y entonces pasaremos el rato con Emmett y Rose. ¿Quieres venir?
—Creo que paso.
—Vamos, Swan, extraño pasar tiempo contigo. —Él rodeó un brazo alrededor de los hombros de ella, juguetonamente pasando una mano por su brazo.
Ella lo miró. El cabello de él sobresalía de la gorra. Sus ojos verdes penetraban los suyos.
—No es mi culpa. Has estado... ocupado.
—¿Son celos los que noto? —Él le sonrió ampliamente mientras la acercaba. Ella puso un poco de esfuerzo para salirse de su agarre—. Vamos, Swan, sabes que eres mi número uno.
Ella sabía que él bromeaba, pero sus palabras aún así dolían, precisamente porque ella sabía que él no lo decía en serio.
—Estoy segura que la cena está lista. Vamos. —Ella esquivó con eficacia.
Se dirigieron hacia arriba. El sótano los llevaba directo a la cocina. Al abrir la puerta, lo primero que ella vio fue a Charlie, parado detrás de una silla, con sus manos aferrando el respaldo. Su rostro estaba pálido, como si acabara de ver un fantasma.
Ella vio a Esme después, detrás de Charlie, sus manos unidas frente a ella y una expresión preocupada en su rostro.
Por último, Bella notó a la mujer sentada frente a Charlie, de espaldas a Bella. Su cabello caía hasta la mitad de su espalda, teñido de un rojo brillante. Bella podría ver las piernas de la señora, cruzadas frente a esta, sobresaliendo del vestido brillante color negro y violeta y terminando en tacones de trece centímetros.
Ni bien Charlie y Esme miraron a Bella, la mujer se dio vuelta.
Al principio, Bella no reconoció su rostro, pero había algo en los ojos de la mujer que la llamaban.
—Oh... por... Dios... Isabella, ¿eres tú? —La mujer se puso de pie y cruzó la cocina, sus tacones chasqueando en dirección a Bella.
Bella instintivamente dio un paso hacia atrás, chocando de espaldas contra el pecho de Edward.
La mujer estiró una mano hacia el rostro de Bella, quién se apartó deliberadamente. Edward reaccionó de inmediato, sosteniendo los brazos de Bella y ubicándose frente a ella, a la defensiva. Bella cerró un puño en la parte trasera de la camiseta de Edward y se aferró como si se le fuera la vida mientras su mundo daba vueltas.
—Oh, cielo. —La mujer volvió a hablar—. Soy yo. Renée. Tu madre.
Bella cerró sus ojos y descansó su frente contra la espalda de Edward. Sentía que iba a vomitar.
¿Renée estaba de vuelta? ¿Cómo? ¿Para qué? ¿Por qué ahora?
—¡Tranquilo, soldado! —Bella escuchó a Renée decir en tono juguetón, pero estaba contenta de que Edward no se moviera frente a ella.
—Charles, ¿quién diablos es él? —preguntó Renée, y sonaba como si se hubiera alejado, así que Bella se relajó.
Bella abrió sus ojos con una respiración profunda, tratando de encontrarle sentido a la situación. Como si él pudiera sentirla, Edward se movió hacia su lado y sostuvo su mano. Ella aferró sus dedos entre los de él.
Charlie se aclaró la garganta, hablando finalmente.
—Renée, ¿podrías alejarte? ¿Por favor? —La voz de él temblaba, pero sus palabras eran en serio.
—Vamos, Charlie —dijo Renée, y Charlie hizo una mueca hacia ella y la familiaridad en el uso de su apodo, obviamente afectado por su presencia—. Solo quiero ver bien a mi hija ahora adulta.
—Apareces aquí... —comenzó Charlie, mascullando entre dientes, pero lo suficientemente alto para que Bella escuchara—. Sin avisar. Lo último que podrías hacer es darle espacio a la niña para que procese esto.
—De acuerdo, está bien. —Renée agitó sus manos—. De todas maneras, tengo que hacer unas llamadas. —Renée tomó su cartera de la mesa y miró a Bella una vez más, sonriendo—. Estaré en el porche, cuando estés lista —le dijo antes de salir por la puerta.
El clic de la puerta hizo que Bella se estremeciera.
—Bella... —Charlie comenzó a decir, pero Bella lo interrumpió.
—¿Por qué está aquí? —Bella soltó la mano de Edward y tocó su frente.
—No... No lo sé.
—¿Por qué ahora, después de todo este tiempo? —Bella podría sentir sus ojos llenarse de lágrimas, y las secó mientras se sentaba en la silla que su madre acababa de vaciar momentos antes.
—Le puedo pedir que se vaya. ¿Si eso es lo que quieres? —Charlie sugirió tímidamente.
Bella observó la puerta por la que su madre acababa de desaparecer, aún en shock.
—Oye. —Edward dijo detrás de ella, posando una mano sobre su hombro. Ni bien la mano de él se encontró sobre ella, sintió el alivio recorrer su cuerpo—. Todo va a estar bien, sin importar lo que decidas.
Edward se acercó a Bella, inclinándose a su lado y pasándole un vaso de agua que Esme acababa de servirle.
—Todos estamos aquí para ti.
Los ojos de él brillaban con una pequeña sonrisa para ella, y Bella deseaba que él simplemente la envolviera en sus brazos de nuevo. Envuelta en sus brazos era lo más segura que ella se había sentido jamás.
Bella tomó aire profundo, sus ojos concentrados en el vaso de agua en sus manos
Hubo tantos momentos en que ella había pensado en lo que diría, lo que haría, lo que preguntaría, si volvía a ver a su madre de nuevo. Pero en ese momento, con Renée allí, afuera de su casa, ella ni siquiera podía pensar por dónde comenzar.
Levantó la mirada hacia las tres personas que amaba más en el mundo y notó cómo la observaban.
Charlie, mayormente lucía avergonzado. Bella sabía que él se culpaba por los defectos de Renée.
Esme, tan compasiva como siempre, irradiaba calor, amor y preocupación por Bella.
Y luego estaba Edward, cuyos ojos se movían entre ella y la puerta. Sus manos empuñadas a sus costados, como si estuviera listo para pararse frente a un tren por ella.
Ella los miró y encontró la fuerza para hacer lo que necesitaba hacer.
Cuando Bella salió al porche, Renée seguía allí, sentada en la banqueta.
Bella envolvió sus brazos alrededor de su vientre, abrazándose a sí misma, mientras se acercaba a su madre.
—Oh, Isabella, te has convertido en una joven hermosa. —Renée se acercó a Bella—. Hay mucho de Charlie en ti. —Una pequeña risa se escapa de sus labios—. Pero veo algo de mí también.
—¿Por qué estás aquí? ¿Por qué ahora? —Bella soltó su frustración con un suspiro exasperado.
—¿Puedes sentarte conmigo por un rato? —Renée señaló a la banqueta—. Te contaré lo que sea que quieras saber.
Bella vaciló por un segundo antes de seguir a Renée hacia el banco. Se sentaron juntas, en silencio por un momento, hasta que Renée comenzó a hablar.
—Déjame comenzar diciendo que lo lamento. Lamento haberte abandonado, Isabella. Por mantenerme alejada. Por el dolor que eso debió causarte.
Renée se estiró hacia Bella tentativamente, y como esta no se apartó, colocó una mano sobre la de Bella, que se encontraba sobre su regazo.
—Una parte de mí fue egoísta —admitió Renée—. Quería vivir mi vida, perseguir mi carrera. Pero también, una parte de mí razonaba que era mejor que te dejara con Charlie. Hubiera sido una madre horrible, Isabella.
Bella bufó, debatiendo en su cabeza si era mejor tener una madre desagradable a no tener una.
Ella recordaba pensar, desear en realidad, que si Renée hubiera tenido un problema de adicción —a las drogas, o alcohol, o algo— entonces al menos hubiera sido algún tipo de justificación para su partida. Pero en realidad no había alguna justificación.
—Era tan joven... —continuó Renée—. Charlie asumió el reto. Consiguió trabajo. Nos casamos. Todo pasó tan rápido. No me di cuenta que me sentía atrapada hasta que un día desperté y sentí que no podía respirar, como si el aire no era suficiente para llenar mis pulmones. Y fue entonces que supe que debía irme. Simplemente no podía quedarme.
Renée volteó hacia Bella, como si estuviera esperándola a que dijera algo. Bella simplemente observaba a sus manos.
—Puedo ver que Charlie ha hecho un gran trabajo, y por eso, estoy agradecida. Sabía que estarías mejor sin mí. —Renée se sorbió la nariz junto a Bella, y cuando Bella giró para verla, Renée se pasaba un dedo por debajo de sus ojos, con cuidado de no arruinar su maquillaje—. Lo siento.
Bella observó a la persona frente a ella—nada más que una completa extraña. Pensó que sentiría algo cuando finalmente viera a su madre. Ella creía que habría algún tipo de lazo, aún allí, sin romper, a pesar que ella había sido solo una bebé cuando Renée se fue. Pero Bella no sintió nada.
Ella bajó la mirada hacia sus manos, lentamente liberándose de la de Renée y apartándose ligeramente de ella.
—Entiendo si no me quieres en tu vida, Isabella. Solo estoy aquí porque casi tienes dieciocho años y estás por graduarte. Y simplemente quería tratar de aunque sea hacer las paces. —Renée suspiró, buscando su cartera—. Tu abuela, mi madre, había dejado algo de dinero para ti antes de morir. Un regalo de graduación, ella dijo. No sabía qué hacer con él, así que lo puse en una cuenta de ahorro. —Renée le tendió a Bella un sobre—. No es mucho, pero es tuyo.
Bella miró el sobre.
—No... No sé qué decir —dijo ella con honestidad.
¿Qué se suponía que dijera? ¿Gracias?
—No tienes que decir nada. Mis datos están allí también. Si alguna vez quieres usarlos. Cuando sea que estés lista. —Renée se puso de pie y comenzó a alejarse de Bella.
Bella observó el sobre en sus manos; se sentía pesado de alguna forma, con la información que contenía.
—Oh, ¿y Isabella? El chico de allí... —Renée volteó y dio un paso hacia Bella, bajando la voz—. Sé que no es mi asunto, pero... ¿ustedes dos...?
Bella miró a Renée, confundida, insegura de hacia dónde iba Renée con esto.
—Tienes razón. No es tu asunto. Pero solo somos amigos.
—Mmm... —Renée miró hacia la puerta—. Él parece muy... protector contigo. Me recuerda a Charlie en ese sentido.
—¿Qué se supone que quiere decir eso? —Enfurecía a Bella, la manera en que Renée pronunciaba el nombre de su padre, como si tuviera algún derecho sobre él. De una cosa Bella estaba segura, ella jamás perdonaría a Renée por lo mucho que había herido a Charlie.
Renée levantó sus manos en defensa.
—Todo lo que digo es: no cometas los mismos errores que yo, Isabella. Tienes toda tu vida por delante. No vayas a arruinarla con un amorío de secundaria.
Bella se paró, cruzándose de brazos, exhalando fuertemente por la nariz. Las palabras de Renée dolieron como una bofetada, pero solo confirmaban lo que ella siempre supo.
—Gracias por el consejo de relaciones que no pedí, mamá.
~o~
Edward se encontraba en el sofá cuando Bella volvió a entrar. Sus pestañas húmedas y el sobre aún en sus manos. Ella se sentó a su lado y dejó caer su cabeza sobre el hombro de él.
—¿Estás bien? —preguntó él, acariciando su cabello, cada palabra llena de preocupación.
Ella asintió contra su hombro, tomando aire profundo. Con las manos de él en su cabello, todo se sentía bien en el mundo.
—¿Quieres hablar de ello? —Él giró su cabeza en dirección a ella.
—Ni siquiera sabría qué decir. —Con un brazo alrededor del torso de Edward, Bella lo abrazó hacia él.
El teléfono de Edward vibró en su bolsillo, y él lo silenció sin siquiera mirarlo.
—Oh... —Ella quitó su brazo, sentándose, recordando la conversación de antes... su cita doble con Angela, Emmett, y Rosalie—. Estoy bien... lo juro. —Ella le sonrió lo mejor que pudo—. Charlie y Esme están aquí igualmente... —Ella miró la puerta de la cocina justo cuando Charlie y Esme volvían a esconderse—. Puedes ir.
Él envolvió un brazo alrededor de los hombros de ella, jalándola hacia él.
—No iré a ninguna parte.
