Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es RMacaroni, yo solo traduzco con su permiso.
Disclaimer: This story is not mine, it belongs to RMacaroni. I'm only translating with her permission. Gracias, Ronnie, por permitirme compartir tu historia en español :)
Inspiración musical: Guns N' Roses: November Rain
Capítulo 14
Papá
~o~
AHORA
~o~
Departamento en Capitol Hill. Seattle, Washington. Viernes, 13 de septiembre de 2013.
Bella está sentada frente al piano vertical en la sala, su cabello —aún mojado por la ducha— gotea silenciosamente sobre el respaldo del banco. Ella acerca sus dedos sin propósito a las teclas, deteniéndose a medio camino... como si quisiera tocar algo pero no pudiera.
Ninguna canción le viene a la mente. Ninguna nota. Nada.
Ella escucha las llaves en la puerta, y su rostro se llena de esperanza, pero es solo Jazz quien entra. Cuando los ojos de Jazz se encuentran con los de Bella, él le sonríe pesarosa.
Él sabe que ella aún espera que algún día sea Edward el que entre por la puerta.
Edward se fue hace más de tres meses ya, y no ha habido señal de él. Vino a buscar más de sus cosas unos días después de irse, exactamente después que Bella se había ido a trabajar—como si él hubiera estado esperando a que ella saliera.
Ella lo había llamado tantas veces, pero él la dejaba en buzón de voz. Ella le había enviado un mensaje casi todos los días desde que se fue, pero nunca ha recibido una respuesta.
Llamó al estudio donde él solía trabajar, pero parecía que fue más que el departamento lo que dejó atrás porque le dijeron que él ya no trabajaba allí.
Llamó a Tyler, pero ninguno de sus compañeros de banda tenían información de Edward.
Él simplemente había desaparecido.
Ella quería verlo. Quería abrazarlo. Quería disculparse de nuevo por arruinar su amistad. Quería hacer tantas cosas, pero ella no se merecía ninguna de ellas.
—Sé que dijiste que no querías celebrar. —Jazz se acerca al piano con una pequeña caja en mano—. Pero aún así tenía que regalarte algo.
Le tiende la caja y besa el costado de su cabeza.
Ella abre la caja, revela un cupcake adentro, y una pequeña sonrisa aparece en su rostro al ver la vela en forma de pene.
—Aunque parezca buena, la vela no es comestible, ¿de acuerdo?
—Gracias, Jazz... —Ella posa la caja sobre el piano y se gira para mirarlo—. ¿Has escuchado algo de él?
Él sacude la cabeza, quizás demasiado rápido, haciéndole pensar que probablemente él esté mintiendo por Edward. Así como Charlie también lo ha estado haciendo. Ambos le habían asegurado que él estaba bien, pero eso era lo único que estaban dispuestos a compartir, probablemente bajo órdenes de Edward.
Con un suspiro decepcionado, Bella regresa su atención al piano y Jazz se retira a su cuarto.
Ella observa las decoraciones talladas en la madera frente al panel del piano, pasando un dedo sobre ellas. Aún puede ver las marcas de la pintura original.
Ella lo recuerda como si fuera ayer, el día que obtuvo el piano de su madre...
~o~
ENTONCES
~o~
Departamento de Capitol Hill en Seattle. Martes, 13 de septiembre de 2011.
Bella estaba emocionada de volver al departamento después de un largo día de clases. Después de todo, era su cumpleaños, y aunque no tenían nada planeado en especial —o eso pensaba ella— aún así quería celebrar con sus amigos.
Al abrir la puerta, ya habían varias personas allí. Jazz, preparando margaritas frozen, Edward y su novia, cuyo nombre ella no podía recordar, así como otros compañeros de sus clases.
Ni bien ella entró, Edward se puso de pie, una sonrisa brillante en su rostro. Él estaba inclinado sobre un mueble —quizás una pequeña biblioteca, suponía ella— que estaba cubierto con una manta.
No fue hasta que Edward se ubicó frente a la misteriosa pieza que ella notó el moño rojo que decoraba la parte superior de la manta.
—¿Qué es eso? —preguntó ella emocionadamente, arqueando una ceja.
—¿Qué es qué? —Él fingió no saber y se apartó de eso cuando ella se acercó.
Bella quitó la manta e inmediatamente soltó un chillido.
—¡¿QUÉ?! —Debajo de la manta había un pequeño piano vertical color verde. Ella se cubrió la boca con sus manos y se volvió para mirar a Edward—. ¡¿Volviste para comprarlo?!
—¿Alguien puede contarnos qué pasa o...? —Jazz se interpuso entre ellos con una expresión confundida en el rostro.
—Debe haber sido meses atrás... —comenzó Bella.
—Hace cinco meses —Edward la corrigió, inclinando su cerveza.
—Estabámos en la tienda de antigüedades, y lo vi: el piano verde de mi mamá. —Bella agitó una mano hacia el piano, una sonrisa agrandándose en su rostro.
—Todo lo que la señora dijo era que provenía de Arizona —añadió Edward, mirando a Jazz—. Pero ella está convencida que el viejo piano era de su mamá.
—¡Lo era! —Ella pasó una mano sobre este; estaba seco, pero olía a pintura fresca. Sus dedos trazaron las decoraciones talladas en el panel frontal—. ¡Recuerdo esto!
—Eras una pequeña bebé. —Edward sonrió, sacudiendo su cabeza y poniendo los ojos en blanco. Sin embargo, ella sabía que era puro teatro. La gran sonrisa y las arrugas en las esquinas de sus ojos lo delataban, él estaba eufórico con la respuesta de ella a su regalo.
Bella giró hacia Edward, sus ojos brillantes.
—No puedo creer que hicieras esto. —La voz de ella tenía una mezcla de tristeza y melancolía que tenía a Edward rascándose la parte trasera de su cabeza con preocupación.
Bella recordaba exactamente el día en la tienda de antigüedades y cómo le había contado a Edward que el piano había sido un regalo de Charlie a su madre. A pesar que la relación de ella con Renée seguía distante, Bella le había contado a él entonces que hubiera sido genial tener un pedazo de su mamá que no la dejara—especialmente una que viniera originalmente de Charlie.
Y él lo hizo. Lo consiguió para ella. El piano verde de su mamá.
—¡Gran sentimental! —Jazz palmeó amigablemente el hombro de Edward—. ¿Cómo te atreves a eclipsar mis brownies caseros de cumpleaños en forma de pene, libres de gluten!
Todos en el cuarto simplemente se quedaron en sus lugares, sin palabras ante el gran gesto de Edward, mientras que él solo se encogió de hombros, llevando una mano hacia su bolsillo.
En cuestión de segundos, y con lágrimas en sus ojos, Bella cerró la distancia entre ella y Edward.
—¡Gracias, gracias, gracias! —Ella envolvió sus brazos alrededor de él, enterrando su rostro en su pecho mientras las lágrimas caían en la camiseta de él.
—Feliz cumpleaños, Swan —susurró Edward contra su cabello.
Ella lo soltó y lo miró, justo bajo la mirada de él, sintiendo su corazón martillear en su pecho.
—Adelante ahora —dijo él, señalando al piano con su cerveza.
Los ojos de ella se agrandaron. Él no podría...
—Tócalo. —Él sonrió—. Fuerte.
—¡No lo hiciste!
Ella se acercó al piano y con vacilación y cuidado presionó sobre una de las teclas. No solo emitió un sonido, sino que estaba perfectamente afinado.
Cuando el piano estaba en la tienda de antigüedades, era completamente inejecutable—roto sin reparación, la señora había dicho.
—¿Lo arreglaste? —Bella susurró para sí misma, sentándose en el banco, girando su cabeza en dirección a él.
Edward volvió a encogerse de hombros, pero sus ojos seguían en ella, brillantes, verdes, y culpables.
Bajando la mirada hacia las teclas, y con lágrimas ahora cayendo por su rostro, ella comenzó a tocar algunas notas. El sonido llenó la habitación con un tono hermoso, suave y dulce.
Boquiabierta, ella lo observó mientras él se dejaba caer en el sofá con una exhalación cansada junto a la chica con que había estado saliendo por un par de meses. Sus ojos estaban en los de Bella, mientras tomaba un sorbo de su bebida, una sonrisa orgullosa en su rostro.
Bella no lo sabía en ese entonces, pero Jazz le había contado luego que Edward había trabajado noche tras noche por meses, restaurando el piano, y manteniéndolo en secreto para ella.
Después de tocar una canción o dos, Edward se unió a ella en su guitarra, acercando una silla a su lado. Él había cantado Elton John, mientras ella tocaba el piano, para la diversión de Jazz. Ellos tocaron canción tras canción, perdidos en su pequeña burbuja. Bebiendo, riendo, tocando, y cantando. Había sido su mejor cumpleaños de todos.
~o~
AHORA
~o~
Departamento de Capitol Hill en Seattle. Viernes, 13 de septiembre de 2013.
Volviendo al presente, con lágrimas en sus ojos, Bella pasó sus dedos por las teclas del piano. Sus pensamientos aún reviviendo esa noche—ella aún no podía creer que Edward había hecho eso por ella.
¿Cómo pudo haber sido tan estúpida? ¿Cómo les pudo haber robado su momento?
Ella se había saboteado a sí misma la única felicidad que conocía. Y se lo había llevado con ella.
¿Y todo por qué?
¿Por el miedo de volverse su madre? ¿Por el miedo a que él la dejara?
Bueno, él aún así se fue, y ahora ella se había perdido todo el tiempo que podría haber tenido con él. Todos los primeros que podrían haber tenido juntos.
Ella se arrepentía de su acuerdo, entonces, y ahora... ella jugó con fuego y se quemó, y lo quemó a él también. Ella había prendido fuego todo en el proceso.
Mientras Bella siente las paredes cerrarse a su alrededor, y el ataque de pánico acercarse, cierra los ojos. Con una mano en su pecho y otra en su vientre, comienza los ejercicios de respiración que la Dra. Zafrina le había mostrado.
Después de una última inhalación profunda, Bella abre los ojos, sintiéndose más calmada y feliz de que Jazz finalmente la haya convencido de buscar ayuda profesional. La Dra. Zafrina venía muy recomendada además, ya que era terapeuta de Jazz también.
Ella busca su teléfono sobre el piano y vuelve a respirar profundo, pensando en su última conversación con la Dra. Zafrina. Los mensajes deben parar. Era su próximo paso para sanar. Ella necesitaba soltar a Edward así él también podía sanar. Cuando la Dra. Zafrina lo había explicado así, Bella se había dado cuenta que los mensajes que ella le enviaba casi todos los días desde que él se fue era más para ella que para él.
Habían comenzado tristes, por supuesto, lleno de disculpas y pidiéndole que vuelva. Pero después de varias semanas, habían cambiado de tono. Ella mencionaba recuerdos. Ocurrencias del día a día. Canciones que le hacían recordar a él—a ellos.
Él nunca respondía a alguno de ellos.
Ella abre la aplicación de mensajes y comienza a escribir.
"Creo que es hora de que pare de enviarte estos mensajes. No quiero causarte más dolor."
Ella mira la pantalla por un rato, antes de presionar enviar.
Cerrando los ojos, ella toma aire profundo, y estira los brazos por encima de su cabeza. Sus dedos se ciernen sobre las teclas del piano de nuevo.
Había sido sugerencia de Charlie que ella intentara tocar de nuevo. Salió en una conversación por teléfono cuando hablaban la noche anterior, cuando él la había llamado a la medianoche para desearle un feliz cumpleaños—una tradición que había comenzado cuando ella se mudó a Seattle.
Charlie le había recordado que ella amaba la música antes de amar a Edward, y que llevaba la música en su corazón y en su alma.
Él tenía razón, como siempre.
Bella busca en su cerebro, y una canción sobresale que combina con su humor y su situación actual. Ella recuerda, con una sonrisa, tocarla con Charlie, en los teclados en su sótano. Era una de las favoritas de él.
Ella comienza suavemente, los acordes de apertura de "November Rain" de Guns N' Roses llena el ambiente, pero mientras comienza a cantar, su voz llena todo el departamento.
Jazz sale de su cuarto con una expresión asombrada. Él no la ha escuchado cantar, o tocar, desde que Edward se fue.
Ella corta la canción después del segundo estribillo y suspira, dejando caer su cabeza hacia adelante.
—Oh, cariño... —Jazz camina hacia ella y la abraza por detrás.
Cuando el teléfono de ella suena sobre el teléfono, Bella se pone de pie, tomándolo con tanto apuro que este termina cayendo al suelo.
De rodillas, con el teléfono en mano, observa la pantalla.
Es un mensaje. De Edward. Una simple palabra.
"No."
El teléfono comienza a vibrar en sus manos de nuevo y el número de la casa de Esme aparece en su pantalla y su interior se tensa.
Es Edward.
Tiene que serlo, ¿cierto?
—¿Hola? —ella responde nerviosamente, su estómago un nudo.
—¿Bella? —La voz de Esme se escuchar del otro lado de la línea.
—Esme —dice Bella con decepción—. Hola.
—Bella, necesitas venir a casa ahora mismo. Es tu papá.
¿Buen miércoles? :)
¡Hasta el próximo!
