Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es RMacaroni, yo solo traduzco con su permiso.
Disclaimer: This story is not mine, it belongs to RMacaroni. I'm only translating with her permission. Gracias, Ronnie, por permitirme compartir tu historia en español :)
Inspiración musical: Iron Maiden - The Trooper, Metallica - Fade To Black
Capítulo 15
Haz que se Detenga
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AHORA
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Centro Médico Olympic. Port Angeles, Washington. Viernes, 13 de septiembre de 2013.
Las puertas del ascensor se abren en el cuarto piso y Edward se apresura a salir, sus ojos buscando frenéticamente a su alrededor. Un pasillo iluminado se despliega frente a él, el cartel de la sala de espera y una pequeña flecha guía sus pasos urgentes.
Encuentra a Esme primero, que camina hacia él ni bien lo ve. Su pequeña complexión. El suéter tejido demasiado grande. Sus brazos envueltos alrededor de ella.
Las lágrimas caen de los ojos de Esme ni bien Edward la toma en sus brazos.
—¡Oh, Edward! —Esme llora contra su hombro.
Edward desliza una mano por el brazo de Esme mientras que su mente da vueltas. Él tiene mucho que preguntarle. Quiere saber qué mierda ocurrió. Pero más importante, necesita ver a Bella.
Antes de que él pueda preguntarle dónde está Bella, puede verla sobre el hombro de Esme, sentada en una de las sillas del pasillo.
—¿Cómo está?
Esme toma aire profundo, volteando hacia Bella.
—No lo sé —comienza ella—. No ha dicho ni una palabra, Edward. O derramado una lágrima. —La preocupación es evidente en el tono de Esme mientras lleva una mano cerrada a su boca.
Sus pies se mueven debajo de él antes de darse cuenta, y se aleja de Esme en dirección a Bella. Con cada paso, él puede sentir el latido de su corazón cada vez más alto en sus oídos.
Los meses lejos de ella se sienten insignificantes en ese momento. Como si el tiempo no hubiera pasado. Como si marcharse de su lado no hubiera sido la cosa más difícil que él había hecho jamás. Como si ella no le hubiera arrancado el corazón.
Nada de eso importa ya.
El cuerpo de Bella está quieto, encorvado sobre la silla. Sus pies están sobre el asiento, y su frente descansa sobre sus rodillas dobladas mientras envuelve sus brazos alrededor de sus piernas. Su cabello cae fuera de la capucha que cubre casi toda su cabeza.
Él se para a su lado silenciosamente, sus manos casi tiemblan con incertidumbre. Quiere tomarla en sus brazos y llevarla muy, muy lejos, donde el dolor no pueda alcanzarla.
Él se acuclilla frente a ella, haciendo todo lo posible para cerrar la distancia entre sus cuerpos, y entonces, la envuelve en sus brazos.
Aferrando su agarre alrededor de ella, curva un brazo alrededor de su cabeza, trayendo su rostro hacia su pecho. Al principio, ella no se mueve, pero entonces con una exhalación ahogada, ella se hunde en él.
El alivio que él siente por tenerla al fin en sus brazos es fugaz, rápidamente reemplazado por la condenada anticipación por lo que vendrá.
Las próximas horas pasan volando, con papeles para firmar, personas para llamar. Edward no abandona a Bella en ningún momento, y ella tampoco se lo pide. No que importara, nada lo podría arrancar de su lado en este momento.
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Forks, Washington. Viernes, 13 de septiembre de 2013.
La oscuridad se cierne por las calles de Forks mientras Edward conduce en silencio hacia la casa de Charlie. Bella mira sin emoción por la ventana, sus brazos envueltos alrededor de su abdomen, mientras que Esme se encuentra en el asiento trasero, la lágrimas caen silenciosamente de sus ojos.
Cuando finalmente estaciona en la entrada de Esme —la casa de Esme a la derecha, la de Charlie a la izquierda— él escucha a Bella inhalar profundo a su lado.
Él baja del coche y camina alrededor de este, encontrando a Esme, que también baja.
—¿Vas a estar bien? —Él frota sus manos por los brazos de Esme y besa su frente.
Ella asiente tranquilizadoramente, echándole un vistazo a Bella.
—Yo me encargo —dice él con confianza. Suspirando, Esme comienza a caminar en dirección a su casa sin mirar atrás.
Tomándose un minuto, Edward mira la casa de Charlie, frotando una mano contra la parte trasera de su cuello. Él recuerda la última vez que estuvo allí. Fue el primer lugar al que fue, después de mudarse del departamento en Capitol Hill, no queriendo ir a lo de Esme, temiendo que ella resienta a Bella por lo que había pasado.
Él encuentra fuerza en las palabras que Charlie le dijo esa noche, y con una inhalación profunda que infla sus mejillas, se acerca a la puerta de Bella.
Ella aún se encuentra sentada allí, mirando al frente, y no parece notar que él está parado a su lado.
Él abre la puerta y se agacha hasta estar a su altura. Ambas manos se estiran a sus costados y aferran la estructura del coche. Se mantiene callado allí, esperándola.
—No creo que pueda hacer esto —dice Bella después de un rato. Es lo primero que ella le ha dicho en todo el día.
—Está bien. No tenemos que hacer nada. Podemos quedarnos en la casa de Esme —dice él naturalmente, enfatizando deliberadamente el "mos". Él no planea irse de su lado pronto—. Podemos ir a algún otro lugar también, si lo prefieres. Lo que sea que necesites. Estoy aquí.
Girando su cabeza lentamente, ella lo mira por un momento que se siente como una eternidad—sus ojos penetrando los suyos hasta que las piernas de él se estremecen. Está agradecido cuando ella cierra los ojos y asiente, liberándolo del hechizo, y exhala en alivio.
Mientras ella mueve su cuerpo para bajar, él da un paso hacia atrás y le ofrece una mano con esperanza.
Cuando ella la toma, él enlaza sus dedos con los de ella, intensificando su agarre. Caminan hacia la casa de Charlie, pero en vez de dirigirse hacia la puerta frontal, ella lo jala hacia la parte trasera de la casa, hacia la entrada y los escalones que los conduce al sótano.
Ella busca debajo de la planta junto a la puerta y toma las llaves, y sin soltar la mano de él, Bella abre la puerta del sótano.
Ellos permanecen allí, en la puerta del estudio de música improvisado de Charlie, todos sus instrumentos ordenados prolijamente, como si el tiempo no hubiera pasado, como si ellos siguieran tocando todos los fines de semana.
Edward siente un nudo en su garganta cuando ve la batería en el fondo del cuarto. El lugar dónde aprendió a tocar, dónde tenían sesiones todos los fines de semana, dónde practicaba por horas y horas hasta que los vecinos se quejaban—antes que Charlie lo insonorizara, por supuesto.
Él se pasa una mano por el cabello, girándose para mirar a Bella, que también parecía perdida en los recuerdos. Su rostro sereno, casi entumecido. Sus ojos aún secos. Como si las lágrimas todavía no están listas para caer.
Soltando su mano, Bella camina hacia la guitarra eléctrica en su soporte. La Fender Stratocaster que Charlie le había regalado por su cumpleaños número quince.
Ella traza sus dedos en las clavijas a la cabeza de la guitarra y asiente con determinación.
Al verla conectar los cables del amplificador, es obvio lo que ella quiere, y Edward se dirige hacia la batería, tomando las baquetas y la gorra de los Mariners de Charlie del estante de gorras, en el camino. Acomoda su asiento, y cuando levanta la mirada, Bella ya está colocándose la guitarra, probando el volumen y la afinación.
Ella corrige la afinación y entonces levanta la mirada, observando directamente al alma de él.
Él toca el borde de su gorra con la punta de la baqueta, en un silencioso acuerdo.
Entonces ella comienza a tocar.
Las notas de "The Trooper" —la canción favorita de Charlie de Iron Maiden— se filtran por la guitarra de Bella y llenan la habitación, rápidamente seguido por Edward en la batería.
Ellos tocan —por horas— simplemente mirándose el uno al otro, sabiendo instintivamente qué canción tocar después. Como si estuvieran haciendo un concierto para Charlie, con todas sus canciones favoritas.
Cuando Bella comienza a afinar la guitarra acústica en su soporte, así puede cambiar de la acústica a la eléctrica que aún tenía puesta en la misma canción, Edward sabe exactamente qué canción tocarán luego. Él se había preguntado si tocarían esa, ya que un repertorio con las canciones favoritas de Charlie no estaría completo sin ella, pero la letra dolía en una situación normal, y ciertamente ellos no se encontraban en una situación normal.
La sospecha de Edward es confirmada cuando Bella comienza la introducción acústica de "Fade to Black" de Metallica. Él toma aire profundo en preparación, y ambos vierten sus corazones y almas en la canción.
Cuando termina, Bella finalmente suelta la guitarra y hace una mueca al estirar su mano izquierda.
Edward está agradecido por la pausa—sus brazos han estado doliendo por un rato ya. Camina hacia ella, secando el sudor de su rostro con su camiseta, pero cuando ella levanta sus ojos hacia los suyos, estos comienzan a llenarse de lágrimas. Ella sacude su cabeza, bajando la mirada, por lo que él se detiene en seco, a medio metro de ella.
Ella vuelve a tomar la guitarra, sus ojos tensos en una mueca y su rostro contraído por el dolor. Su cabello cae fuera su capucha entonces, escondiendo efectivamente su rostro.
Edward la mira una vez más, decidiendo que si lo que ella necesita es tocar las canciones favoritas de Charlie hasta que sus brazos cedan, entonces eso es exactamente lo que le dará.
Edward vuelve a la batería, estirando sus brazos y Bella asiente, preparando su guitarra.
El repertorio cambia de los favoritos de Charlie a los de Bella y a los de Edward. Las canciones que solían tocar juntos todo el tiempo y que Charlie fingía que lo volvía loco pero que secretamente amaba también.
Después de una o dos horas, Bella parece satisfecha, o completamente destrozada, o quizás ambas cosas.
Ella baja la guitarra y se sienta en el viejo puf, mirando al techo. Edward se deja caer en la silla a su lado, copiando su pose, y jadea mientras también observa el techo.
Piensa en buscar la mano de ella, pero se contiene de hacerlo. Teme lo que puede hacerle a él y a su control si la toca en este momento vulnerable.
Después de unos minutos, sus jadeos disminuyen. Cuando gira para mirarla, su respiración también se ha calmado, y sus ojos están cerrados. El peso del día finalmente la habían sumido en un sueño profundo. Él la observa, cada inhalación, cada movimiento, cada temblor de sus ojos, hasta que él sol comienza a brillar a través de las ventanas del sótano.
~o~
Casa de Charlie. Forks, Washington. Sábado, 14 de septiembre de 2013.
El sol está poniéndose cuando Edward estaciona en la entrada de Esme, la noche después del funeral de Charlie.
Charlie tuvo deseos explícitos de un funeral simple y rápido, el cual sus compañeros oficiales, con el consentimiento de Bella, le habían dado. Incluso con tan poca anticipación, parecía que todo el pueblo de Forks estuvo en el servicio, le rindieron honor, y pronto después de eso, estaba hecho. Así como Charlie lo quiso.
Esme abraza a Edward y se dirige a su casa, tratando de darle a los niños un poco de espacio. Bella no había sido capaz de ir a la parte principal de la casa de Charlie aún, e incluso se había preparado para el día, con la ayuda de Esme, en el sótano. Bella dijo que quería dormir en su cuarto esta noche, por lo que ella intentaría entrar a la casa de nuevo.
Ellos lograron llegar a los escalones de la entrada, mientras Edward espera detrás de ella, sus manos en los bolsillos de sus pantalones. Ella sube los escalones lentamente, descalza, con sus tacones colgando de su mano. Estira una mano hacia el picaporte, pero entonces sacude la cabeza, volteándose hacia él.
El atardecer brilla en su rostro, cubriéndola con una luz anaranjada, y resaltando las hebras rojizas de su cabello trenzado. Al no estar escondida en una sudadera grande, el vestido simple, pero elegante, que tiene puesto abraza cada curva de su cuerpo, terminando a la altura de sus rodillas.
Con un suspiro, Edward se pasa una mano por el cabello, preguntándose cómo ella seguía siendo tan dolorosamente hermosa, incluso con toda la tristeza que irradiaba de su ser.
Ella se sienta sobre los escalones y Edward la sigue, sentándose a su lado.
Mirando hacia la calle, Edward siente todo borboteando por debajo de las superficie. Está exhausto. Está sufriendo—mental y físicamente. No puede imaginar lo que ella debe sentir.
También realmente desea fumar un jodido cigarrillo.
Dejarlo había sido una mala idea. Debería haberlo sabido. Él no podía dejar de fumar y a Bella al mismo tiempo.
Vuelve a pasarse las manos por el cabello, revolviéndolo y entonces frota sus dedos contra su pecho, donde comienza a formarse una presión al pensar en Charlie.
Bella se vuelve hacia él, una sonrisa triste asomándose en su rostro cuando mira los dedos en su pecho.
—Puedes fumar si quieres —le dice, su voz pequeña, a penas más que un susurro.
Él exhala en alivio, sacando un cigarrillo inmediatamente del paquete en su bolsillo—el que había comprado de camino a Forks, sabiendo muy bien que los necesitaría. Él le ofrece una sonrisa torcida, el cigarrillo colgando de sus labios.
—¡Gracias a Dios!
—¿Qué le pasó a tu mano? —Ella frunce el ceño, su rostro lleno de preocupación, al notar su mano vendada.
—Solo unas ampollas de anoche... —Edward se encoje de hombros, girando su mano. Sus manos se habían llenado de ampollas y sangrado por el concierto improvisado que habían tocado para Charlie, y Esme había insistido en limpiarlas y vendarlas—. Una exageración, en realidad. Conoces a Esme... —le dice a Bella, sacudiendo la cabeza, tratando de calmarla. Él no quería que ella se preocupara por sus manos. Comparado con todo lo demás, no dolían tanto.
—Gracias por estar aquí... —ella susurra, aún observándolo.
Evitando su mirada, él mira a la calle, estirando su cuello, su pecho llenándose de emoción.
—¿Cómo no podría estar aquí para ti? —Da una calada a su cigarrillo—. ¿Para Esme? —Sacude la cabeza, exhalando el humo, tomando otra calada—. ¿Para mí? —Su garganta lo traiciona y se cierra antes de que pueda decir algo más. Charlie también era como un papá para él.
—No puedo creer que no esté —dice ella, abrazando sus piernas y dejando caer su rostro entre sus rodillas.
Él la mira de nuevo. Ansía envolver sus brazos alrededor de ella, pero aún no se siente en control. Le da otra calada a su cigarrillo, esperando que la nicotina ayude a calmarlo así no comienza a llorar como un bebé.
Los ojos de ella están cerrados fuertemente, pero aún secos—ella aún no ha derramado una lágrima por su padre. Edward sabe que las lágrimas están llegando, y casi teme cómo será cuando lo hagan.
—Mierda, Bella, lo siento mucho. Deseo poder alejar el dolor. Deseo poder borrarlo todo.
Ella se vuelve para mirarlo con su mejilla presionada a su rodilla. Sus ojos fijos en los de él. Quizás ella notó el doble sentido en sus palabras.
Él dolorosamente rompe la conexión y vuelve a mirar hacia la calle, deseando saber lo que ella piensa, lo que ella necesita.
¿Quiere que él se quede o se vaya? ¿Quiere estar sola cuando finalmente se quiebre? ¿O querrá estar acompañada en su miseria?
—Lo que sea que necesites, Bella. Estoy aquí. —Él enlaza dos dedos alrededor del nudo de su corbata, aflojándola un poco, sintiéndose ahogado en su traje.
Cuando ella finalmente se pone de pie, suavemente toma su mano en la de ella. Él se para con obediencia, dándole una gran calada a su cigarrillo antes de lanzarlo a la gravilla y apagarlo con su suela.
Abriendo la puerta, ella lo lleva adentro. Ella mira al suelo en todo momento, frente a él, probablemente evitando cualquier cosa de Charlie como él. Lo jala en dirección a las escaleras, y cuando llegan al cuarto de ella, Bella cierra la puerta tras él.
Edward cierra sus ojos al escuchar el clic de la puerta. Su corazón acelerado. Su mente dando vueltas. Él sabe adónde va esto, pero no puede permitir que ocurra. No así. No ahora.
Por supuesto, ella quería la única cosa que él no podía darle.
Ella lo toma del cuello, acercando su rostro al de ella, mientras que sus manos desatan su corbata.
—Bella. —Él susurra antes que los labios de ella se encuentren con los suyos.
Tan suavemente como era humanamente posible, él rompe el beso y se aleja de ella, su espalda contra la pared.
—Esto no, Bella.
—Dijiste lo que sea. —Ella le devuelve las palabras, sus manos dejándose caer a sus costados.
—Lo que sea menos esto. Sabes que no puedo hacer esto.
Ella lo mira al darse cuenta, palmeando su frente y dando unos pasos hacia atrás, la desesperación clara en sus ojos.
—Mierda, lo he arruinado de nuevo, ¿no es así? —Sus ojos vuelven a llenarse de lágrimas entonces, y ella se da la vuelta, escondiendo su rostro de él—. Lo siento, Edward —susurra, enfrentando la ventana—. Creo... Creo que deberías irte.
Él se quita la chaqueta y termina el trabajo que ella comenzó con la corbata. Pasando una mano por su rostro, toma aire profundo, y entonces cierra la distancia entre ellos con unos pasos.
Sus brazos la envuelven por detrás, y su cuerpo la cubre casi por completo.
—No... —La voz de ella se quiebra al intentar zafarse de su agarre—. No... Yo...
—Shh... Bella, está bien. Estoy aquí. —Él la aferra mientras ella se retuerce con la respiración ahogada—. No te dejaré.
Ella golpea sus brazos con una fuerza inexplicable, gruñendo y gritando, tratando de soltarse.
—Bella, detente, por favor —ruega él con un gruñido, girándola. Ella golpea sus puños contra su pecho entonces cuando él intenta sujetar sus brazos, acercándola a él—. Estoy aquí —le susurra contra el cabello—. Está bien.
Sus movimientos se desaceleran hasta que ella finalmente se detiene.
—Edward, haz que se detenga. ¡Por favor! —ella ruega a cambio, su cuerpo cediendo mientras él la sostiene.
Es entonces cuando la barrera se quiebra y las lágrimas al fin caen.
~o~
Nota de la autora en la historia original: "Comenzaré diciendo esto, mi papá murió joven (55) e inesperadamente (de un infarto) hace bastantes años, en mi mejor momento en el fandom, y en el día del cumpleaños de mi ahora esposo. Con el pasar de los años, siempre me pregunté por qué ninguna de mis historias tenían un personaje paternal fuerte, considerando el impacto que mi papá tuvo en mi vida. Una vez que dolió menos, comencé a escribir pedazos por aquí y por allí de este Charlie y cómo el cambió la vida de otras personas. Se ha tardado unos años y no tomó forma hasta el año pasado más o menos, cuando volví al mundo de los fanfics. Como sea, mi papá era increíble y vertí mucho de él en este Charlie. Odio que haya muerto, pero así es (o no) la vida a veces. No te cuento esto para que te sientas mal por mí, al contrario, quiero que te sientas bien por mí porque fui capaz de escribir esto. Esta historia siempre tuvo la intención de ser sobre el impacto que él tuvo en la vida de otras personas, incluso después de morir.
Algunos me preguntan por qué esta historia transcurre en 2013, y no hay una razón más que ese es el año en que murió mi papá. Escribir la historia en el 2013 me llevó más cerca a la edad de B&E, lo que también me hizo más fácil de escribir. También en el 2013, salió el álbum AM de Arctic Monkeys, el cual pueden ver que tiene mucha influencia en esta historia también, más en los próximos capítulos. Siempre me he preguntado quién le rompió el corazón a Alex Turner de tal manera para crear tal obra maestra."
