Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es RMacaroni, yo solo traduzco con su permiso.
Disclaimer: This story is not mine, it belongs to RMacaroni. I'm only translating with her permission. Gracias, Ronnie, por permitirme compartir tu historia en español :)
Inspiración musical: Green Day - Wake Me Up When September Ends
Capítulo 16
Se Fue
~o~
AHORA
~o~
Casa de Charlie. Forks, Washington. Domingo, 15 de septiembre de 2013.
Otro gemido. Otro sollozo. Los ojos de ella se cierran mientras se queda dormida. Solo para despertarse unos minutos después. Gemidos. Sollozos. Dormir. Repetir.
No ha parado en toda la noche.
Edward la alzó en brazos cuando ella colapsó contra él la noche anterior y la cargó hacia la cama, donde la envolvió con un edredón, sus brazos firmes alrededor de ella, susurrando palabras de consuelo contra su frente.
Una vez que el sol brilla a través de la ventana, y finalmente es una hora razonable para llamar a Esme, él busca su teléfono en su bolsillo, espera por el pequeño silencio, y hace una llamada rápida.
Cuando Esme aparece con un sedativo, Edward relaja el agarre en Bella, bajándose de la cama, haciendo lugar para Esme.
Pasándose una mano por el rostro, él se deja caer en la silla junto al armario, haciendo una mueca ante la luz brillante que entra por las ventanas.
Les lleva cerca de treinta minutos para que el ciclo de lamento termine y otros quince más o menos para que Bella finalmente sucumba a un sueño profundo.
Esme se gira hacia Edward, que está hundiéndose en la silla—sus codos sobre sus rodillas, su cabeza descansando en sus manos mientras mira al suelo.
Acercándose a él lentamente mientras sigue sentado, ella lleva una mano a su cabello y lentamente pasa sus dedos por este.
—Gracias por ayudar a Bella —él susurra.
Cuando él se ahoga al inhalar, y envuelve sus brazos alrededor del torso de Esme, ella pasa sus manos por la espalda de él y lo abraza.
—Oh, Edward, estás temblando.
Está temblando, pero él no está seguro de por qué. No tiene frío físicamente, al menos en la superficie.
El frío que él siente comienza en su corazón y se extiende por todo su cuerpo cada vez que piensa en la ausencia de Charlie, el dolor de Bella, el futuro de Esme en la casa de al lado sola.
Suelta a Esme, parándose de la silla con un gruñido, temiendo que si ella lo vuelve a abrazar, él vaya a derrumbarse.
Desesperado por una distracción, da vueltas por el cuarto de Bella, encontrando la chaqueta de su traje, que sigue en el suelo junto con su corbata. Él levanta ambas cosas del suelo y las coloca en el respaldo de la silla donde estaba sentado hace un momento.
Él se tensa al ver la mesa de noche de Bella y la foto enmarcada sobre ésta. Él no tiene que acercarse para saber quién está en la foto. Ha estado allí por años. Es la misma foto que ella hizo una copia y llevó a Seattle con ella. Se encuentra en su mesa de noche allí también.
—Sal un minuto para ti, Edward. Parece que lo necesitas. —Ella toma su rostro con una mano, sonriéndole con tristeza—. Duerme. Descansa. Me quedaré con ella.
Ella tiene razón —él necesita un minuto— un minuto para solo respirar, un minuto para solo sentir algo más que impotencia. Aunque probablemente necesite más de un minuto para que eso siquiera pueda ser una posibilidad.
Con una mirada rápida a Bella, que ahora luce profundamente dormida, toma aire profundo y sale del cuarto.
Él evita mirar en dirección al cuarto de Charlie, al final del pasillo, o cualquier cosa en la casa en realidad, de camino afuera.
Una vez afuera, toma bocanadas de aire, como si hubiera estado debajo del agua. La brisa matutina llena sus pulmones—la sensación de limpieza de esto contrasta con el olor a tristeza adentro de la casa.
Un temblor corre por su cuerpo, sus brazos tienen piel de gallina. En algún momento de la noche anterior se quitó la camisa blanca y la envolvió alrededor de Bella. Eso lo dejó en solos sus pantalones de vestir negros y la camiseta blanca que usaba debajo.
Él se dirige al coche y encuentra su bolso en el maletero, donde ha estado desde que llegó, una señal de lo agitado que han sido estos últimos días. Él ni siquiera tuvo la posibilidad de tomar todas las cosas del coche.
Con una sudadera fresca y una gorra de béisbol puesta, enciende un cigarrillo, volviendo hacia la casa, y se sienta en los escalones de la entrada.
Mirando hacia la calle, con ojos desenfocados, su mente reproduce los eventos que ocurrieron justo en esa calle, en esa acera, junto a la entrada.
Como la primera vez que él condujo el Volvo de Esme por la calle —Charlie en el asiento del pasajero— ya que Esme estaba muy nerviosa como para unirse a ellos. O la vez que cayó de cara en la acera la primera vez que usaba patines y casi perdió un diente. Era justo decir que él no continuó con ese pasatiempo.
Los labios de Edward esbozan una sonrisa que no llega sus ojos mientras revive sus recuerdos de la infancia. Su segunda infancia, como a lo que él suele referirse, ya que la primera mitad era demasiado triste como para contar.
Él echa un vistazo sobre su hombro a la entrada y el árbol de roble que se encontraba en el medio de las dos casas, con la rama posicionada perfectamente que daba a la ventana de Bella. Él recuerda como si fuera ayer la noche en que Charlie lo esperaba junto al patrullero mientras bajaba del árbol; cuando amenazó con cortar la rama después de tener una charla incómodamente larga sobre impulsos hormonales.
—Diablos, Charlie —Edward masculla por debajo de su aliento, dándole una última calada a su cigarrillo y apagándolo contra el suelo de concreto.
Un coche estaciona en la entrada entonces, y cuando Edward levanta la cabeza, Emmett McCarty —el amigo de la secundaria de Edward— ya está bajando del coche, con una bolsa de comestibles en cada mano.
—¿Edward? ¡¿Eres tú?! —pregunta Emmett, entrecerrando los ojos mientras se acerca. Ellos no se han visto en años, prácticamente desde que se graduaron y Edward se mudó a Seattle.
Edward le sonríe a Emmett lo mejor que puede, poniéndose de pie, con una mano alzada frente a él en un pequeño saludo.
Cuando Emmett llega a los escalones, deja las bolsas en el porche.
—¿Cómo estás, amigo? —Emmett envuelve a Edward en un abrazo de oso—. Lo siento. —Se aclara la garganta, soltando a Edward—. Mis condolencias, amigo. Sé que ustedes eran cercanos.
Edward asiente, bajando la mirada, rascándose la parte trasera del cuello.
—Mi mamá hizo un poco de lasaña y cosas para Bella. Yo lo entrego como castigo por perderme el funeral. Rose y yo estuvimos de viaje este fin de semana.
—Oh, puedo entrarlo. —Edward saca otro cigarrillo del paquete, encendiéndolo antes de ofrecerle el paquete y el encendedor a Emmett—. Bella está durmiendo, y no creo que esté en condiciones para ver a alguien en estos momentos.
—Claro, sí. Lo entiendo. —Emmett acepta el cigarrillo, encendiéndolo antes de tenderle el paquete y el encendedor de vuelta a Edward asintiendo una vez en agradecimiento—. No sabría qué decirle, de todas maneras...
Edward vuelve a sentarse en los escalones y Emmett lo copia.
—Amigo, ¿cómo has estado? ¡Ha pasado mucho tiempo! —Emmett palmea el hombro de Edward con una mano probablemente con más fuerza de la necesaria—. ¿Sigues en Seattle?
Asintiendo una vez, Edward mira hacia la calle, disfrutando de la facilidad con la que él y Emmett conversan.
—¿Tú y Bella? —dice Emmett, y cuando Edward gira para mirarlo, este menea sus cejas.
Edward no puede evitar sonreír, sacudiendo la cabeza.
—Cielos, bro. ¡Se está tomando su tiempo!
Las risitas que brotan de su pecho se sienten bien, familiares, mientras exhala un poco de humo, volviendo a mirar a la calle, descansando su cabeza sobre sus brazos doblados sobre sus rodillas.
—Rose y yo vamos por... ¿qué, ocho años ya? Mierda, ¿realmente ha pasado tanto tiempo?
—El tiempo vuela cuando te diviertes... —Edward bromea, sintiéndose ligero y disfrutando de la distracción.
—Sí, bueno... me hará un hombre honesto... así que no habrá más de esa diversión de la que hablas.
—Espera, ¿en serio?
—Le propuse hace unas semanas, y carajo, me dijo que sí.
—¡Eso es genial, Em, felicitaciones! —Edward extiende su mano hacia Emmett, con cejas alzadas, y Emmett lo entiende de inmediato. Después de chocar los cinco tres veces rápidamente, deslizar sus manos hacia atrás hasta llegar a las yemas de los dedos, y chocar sus puños, cierran las buenas noticias estrechando sus manos.
Ambos se ríen al final, como si el tiempo no ha pasado, y siguen siendo dos niños escondiéndose para fumar.
—¿Recuerdas ese verano antes del penúltimo año? —Emmett comienza de nuevo—. ¿Tuvimos esa fiesta en el muelle, y estabas tan ebrio que Rose y yo tuvimos que traerte caminando a casa?
—Definitivamente no recuerdo eso. —Edward sacude la cabeza, los recuerdos de secundaria pasan por su mente.
—¿Insististe en trepar ese árbol en vez de ir a casa? —Emmett señala al árbol de roble detrás de él, sus cejas elevadas con acusación.
—Eso suena como algo que haría. —Echa un vistazo al árbol sobre el hombro de Emmett. Trepar el árbol de roble hacia el cuarto de Bella simplemente era algo tan común, o más, como entrar por la puerta.
—Ni siquiera podías subir a la primera rama... —Emmett se ríe sinceramente—. Para la tercera o cuarta vez que te caíste, estábamos todo en el suelo, muriéndonos de risa. Estábamos tan ebrios... —La risa de Emmett se muere cuando fuma—. Rose se hizo pis en los pantalones. ¿En serio no recuerdas?
—Siento como que recordaría eso. —Edward siente una sonrisa formándose en su rostro al pensar en tiempos más simples.
—Entonces el Jefe salió con su escopeta en mano. Casi me meo también. —La risa de Emmett es explosiva. Al menos, eso no ha cambiado—. Mierda, hombre, qué tiempos aquellos.
—Sí... —Edward da otra calada a su cigarrillo, mirando a sus pies—. Por suerte, contengo mi licor mucho mejor ahora.
Emmett termina su cigarrillo y lo apaga en el escalón de concreto, poniéndose de pie. Edward lo sigue por detrás, metiendo sus manos en sus bolsillos.
—Fue muy bueno verte, bro, a pesar de las circunstancias... —Emmett se gira para mirar a Edward, una mano extendida frente a él—. Deberíamos mantenernos en contacto, ¿sabes? ¿Nos vemos la próxima vez que estés aquí o algo?
Cuando Edward vuelve a extender su mano, Emmett la toma pero lo jala hacia un abrazo.
—No desaparezcas, ¿de acuerdo? —Emmett palmea la espalda de Edward antes de soltarlo—. Me aseguraré de que estés en mi lista de invitados. —Le guiña un ojo antes de dirigirse hacia su coche.
Con su cigarrillo reducido a cenizas, Edward observa a Emmett conducir y encuentra fuerza renovada para volver a entrar a la casa.
Sus pasos lo llevan hacia la cocina con incertidumbre, sintiéndose casi como si estuviera invadiendo. Coloca la comida de la Sra. McCarty en el refrigerador y llena la pava con agua antes de llevarla a la estufa—esperando que un poco de té lo llene de calor por dentro. Descansa contra el fregadero, esperando a que el agua hierva, después de encontrar un par de tazas y sacos de té en la alacena.
Contra su juicio, sus ojos estudian la habitación, y se pregunta sobre la última vez que Charlie estuvo aquí. Excepto la mesa de la cocina, todo luce perfectamente en su lugar.
Acercándose a la mesa, se arrepiente de inmediato al ver la botella de cerveza sin terminar —la marca favorita de Charlie— y junto a ella, una libreta amarilla, con una nota larga escrita a mano. Antes de poder detenerse, él mira a la primera oración.
"Querida Bella" se lee con la letra de Charlie.
—Mierda... —susurra Edward, cerrando los ojos. Girándose, sus manos revuelven su cabello, tratando de pensar en qué hacer. En un impulso, toma un sobre del cajón superior del armario, vuelve a la mesa, arranca las dos páginas que están escritas, y las mete dentro del sobre.
Lo coloca dentro del bolsillo de su sudadera, apaga la estufa, y vuelve a subir las escaleras.
Con cada escalón que sube, su mente está decidida. La realidad pesa sobre sus hombros. Él no puede dejar a Bella. No ahora. No por un tiempo. Quizás nunca. Pero hay asuntos pendientes que necesita comenzar a cerrar, así puede estar aquí, por completo, con ella. Mientras más pronto, mejor.
Entra al cuarto de Bella, determinado, y se acerca a Esme que se encuentra en la silla.
—Encontré esto —dice Edward, tendiendo el sobre a Esme. Se siente mal quedárselo, pero tampoco quiere que Bella lo vea sin él allí—. Por favor, no dejes que ella lo vea antes que vuelva.
Esme toma el sobre, sus cejas frunciéndose de la confusión.
—¿Volver? ¿De dónde?
—Tengo que ir a Seattle. —Edward se rasca el cuello, sintiéndose nervioso con su partida, dudando del tiempo, pero sabiendo que esto s algo que él tiene que hacer.
—¿Hoy? ¿Por qué no descansar un momento, cariño? Luces listo para desmayarte. —Esme se pone de pie, dando un paso en su dirección.
—Estoy bien. —Le quita importancia agitando una mano, volviendo hacia la puerta—. Estaré bien. Compraré café en el camino o algo.
—Edward... —Esme aferra el sobre contra su pecho, sus ojos llenándose de lágrimas.
—Quiero estar de vuelta cuando ella despierte. —Edward da un paso en dirección a Esme—. Por favor, mamá. —Desliza una mano por su brazo—. Tengo que hacer esto.
Después de eso, se fue.
