Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es RMacaroni, yo solo traduzco con su permiso.


Disclaimer: This story is not mine, it belongs to RMacaroni. I'm only translating with her permission. Gracias, Ronnie, por permitirme compartir tu historia en español :)


Inspiración musical: Arctic Monkeys - 505


Capítulo 17

Nada Bien

~o~

AHORA

~o~

Edificio de cuatro pisos en el centro de Seattle. Seattle, Washington. Domingo, 15 de septiembre de 2013.

Edward se encuentra sentado sobre los escalones en la entrada del edificio que ha sido su lugar de trabajo y donde ha dormido durante los últimos tres meses más o menos. La planta baja del edificio es un nivel comercial y la casa de Cheney Audio, el estudio de grabación donde Edward trabaja ahora. El pequeño departamento justo arriba de la sala de vivos del estudio es casi inhabitable por el ruido; sin embargo, el alquiler es barato y funciona perfectamente para Edward.

Con un cigarrillo colgando de sus labios y una pequeña taza de café en su mano, espera su llegada.

Afortunadamente, no pasa mucho tiempo para que el coche se detenga y ella baje. La sonrisa en su rostro titubea cuando lo ve, y él se pregunta si luce tan destrozado como se siente.

Sacudiendo el cigarrillo antes de darle una calada, él frota sus dedos contra la parte trasera de su cuello. La determinación que tenía en Forks se ha evaporado, habiendo sido reemplazada por completo cansancio.

—Hola. —Ella se acerca—. Pensé que lo habías dejado... de nuevo. —Su tono es dulce y cero reprobador, a pesar de que ella siempre ha dicho que odiaba cuando él fumaba.

Él apaga el cigarrillo contra el escalón, mirando hacia abajo, lamentando decepcionarla, pero él no hubiera podido sobrevivir a los últimos días sin un cigarrillo.

Se pasa una mano por el cabello, notando que había dejado la gorra de béisbol de Charlie en el coche e hizo una mueca al pensarlo. Evita su mirada, odiando el hecho de que iba a lastimarla.

—¿Estás bien? Supe lo del Jefe Swan. —Se sienta a su lado en los escalones, posando una mano sobre el hombro de él—. Lo siento mucho, Edward. Sé que era como un padre para ti.

Sus palabras son dulces pero él desea que ella no lo haya nombrado. Toma aire profundo y mira hacia la calle, inflando sus mejillas al exhalar. Pensar en Charlie duele.

—¿Allí es dónde fuiste? —ella pregunta entonces, y él deja caer su cabeza, asintiendo suavemente.

Él sabe que con esa pequeña información, ella uniría las piezas y sabría por qué no ha respondido a ninguno de sus mensajes o llamadas en los últimos días.

—Oye. —Se acerca a él, pasando una mano por su espalda—. Está bien...

—Lo siento mucho, Angela. —Su voz suena ronca en ese susurro.

Edward y Angela Weber habían salido durante la secundaria pero se alejaron después de la graduación. Angela había estado visitando a sus padres cuando Edward se quedó con Charlie durante esas primeras noches después de abandonar el departamento en Capitol Hill.

Se cruzaron la primera noche que él se encontraba en Forks, y ella le dijo que también vivía en Seattle. Cuando él mencionó vagamente que estaba mudándose, Angela le contó sobre el estudio que su amigo tenía en el centro de Seattle y el departamento sobre este que estaba disponible para rentar. Él necesitaba desesperadamente un lugar dónde quedarse y un trabajo nuevo. Así que aceptó sin dudar.

Después que Edward se mudó al departamento en el centro, Angela como que siempre estaba allí. Ella aparecía en el estudio o le traía comida a casa. Él no había iniciado nada pero tampoco lo detuvo, y él y Angela eventualmente comenzaron a pasar más tiempo juntos.

Aunque él había sido honesto con ella desde el principio, ellos aún así se habían vuelto cercanos. Lo suficiente que él se preguntaba, a veces, si ella deseaba más. Él le había hecho saber que no había "más" que él pudiera darle, e incluso entonces, hubo varias veces donde ella metió la pata. Sin embargo, ella estuvo allí para él en los días amargos y en las noches de soledad, y él estaba agradecido por eso.

—No hay nada de qué disculparse. —Angela suspira, soltando su espalda—. Me lo dijiste desde el comienzo, esto solo podía ser casual para ti. Y yo lo acepté, ¿cierto? Estamos en la misma página, ¿de acuerdo?

—¿Realmente lo dices en serio? —pregunta Edward, girándose para mirarla, pero cuando los ojos de ella se llenan de lágrimas, él vuelve a mirar a sus pies. No puede soportar más lágrimas—. Lo siento mucho...

Angela había vuelvo a su vida cuando él estaba más vulnerable. Estaba herido. Se sentía solo. Estaba ebrio todas las noches. Y él le había seguido la corriente. Él había encontrado consuelo en ella. Era tan cliché.

Ella dijo que lo mantendría casual, pero él sabía que era una mentira. Debería haberlo terminado semanas atrás cuando Charlie prácticamente se lo había sugerido.

Edward inhala profundo, cerrando los ojos fuertemente, sintiendo el peso sobre sus hombros aplastarlo con el cansancio, el dolor, y la culpa.

El viaje de Forks a Seattle había parecido una eternidad, y aunque creía que le daría tiempo para pensar y decidir qué decirle a Angela, él seguía sin tener idea.

Sin embargo, sabía que necesitaba tener esta conversación con ella en persona. Al menos, le debía eso.

—Yo... —comienza—. Iré a quedarme en Forks por un tiempo.

—De acuerdo... —Ella suspira con resignación, cruzándose de brazos sobre sus rodillas.

—No sé por cuánto tiempo, pero... ya... ya hablé con Ben, y me tomaré un tiempo para lidiar con esto.

Él agita una mano en el aire y deja la oración sin terminar; él no estaba exactamente seguro de qué es con lo que necesita lidiar, pero sabe que las respuestas se encuentran al lado de Bella.

—Edward, ¿condujiste hasta aquí solo para terminar conmigo o lo que sea que es esto? —ella pregunta con incredulidad.

Su estómago da un vuelco. Se siente enfermo. Siente que su cabeza podría explotar.

—Lo siento... —Sus manos se hunden en su rostro mientras las frota con un gruñido, deseando haberse quedado en Forks y enviarle un mensaje o llamarla, pero eso parecía incluso algo más despreciable de hacer.

—Sí, ya dijiste eso. —Ella se pone de pie, sacudiendo sus manos sobre sus muslos—. Tu vulnerabilidad está haciendo que esto sea muy difícil para mí, ¿sabes?

Sus manos siguen cubriendo su rostro mientras la escucha tomar aire profundo. Él levanta la mirada hacia ella, pensando en disculparse de nuevo, pero su cerebro está frito, y no ha pensando en algo más que valga la pena decir.

—¿No quieres subir? —Ella no parece molesta o enojada, solo resignada—. Puedo hacerte algo para comer. ¿Quizás puedas descansar por un momento?

—No puedo. —Ni siquiera la promesa de descanso lo tienta a quedarse—. Volveré a Forks... ahora.

Él quiere estar con Bella. Es más fácil decirlo que hacerlo, pero sigue siendo la verdad. El solo pensar en que ella despertará pronto en una casa llena con las cosas de Charlie, pero sin Charlie, hace que su corazón se acelere y vuelva a sentir ansiedad en su interior.

Él palmea sus bolsillos en busca de otro cigarrillo, y cuando lo enciende, echa un vistazo a Angela de nuevo con una mueca culpable.

—¿Entonces vuelves a ella? ¿Te metes en eso de nuevo? —Angela se cruza de brazos, sacudiendo la cabeza.

Ella lo ha visto en su peor momento, pero ella no lo sabe... realmente no sabe cómo se siente en su mejor momento.

—No tengo opción. Hui de ello, pero nunca me escapé, ¿sabes? —Bella ha estado en su mente desde el momento en que salió de ese departamento. Los meses que ha estado lejos de ella. La distancia que él puso entre los dos. No cambiaban nada. Tenerla envuelta en sus brazos de nuevo es donde necesitaba estar.

Los ojos de ella lo miraban fijo, y las próximas palabras lo desarmaron por completo.

—¿Sigues enamorado de ella?

Él baja la mirada, rascándose la parte trasera de su cabeza y entonces asiente suavemente.

Probablemente nunca hubo un momento o lugar donde eso no fuera verdad.

~o~

Casa de Charlie. Forks, Washington. Domingo, 15 de septiembre de 2013.

Cuando Bella abre sus ojos, su mente está nublada, incapaz de encontrarse.

Sus ojos se ajustan a la luz del cuarto, y puede ver al sol posarse por la ventana. Ella no sabe por cuánto tiempo durmió, pero sus extremidades se sienten dormidas, así como su alma.

Aún tiene puesto el vestido que usó para el funeral de su padre, pero con la camisa de Edward sobre él. Envuelve la camisa fuertemente a su alrededor, casi abrazándose a sí misma. Huele deliciosamente a él.

Se sienta en la cama y mira a su alrededor con confusión. Ojos marrones la tranquilizan desde su mesa de noche. Con su camisa escocesa y el bigote escondiendo la mitad de su sonrisa. Él tiene un brazo alrededor de ella y su mejilla presionada contra su cabeza.

Bella busca la foto, sus lágrimas cayendo sobre el cristal que la protege. Pasa sus dedos por ella, tratando de limpiar las lágrimas, pero cuando caen más, ella se rinde.

Está abrazando al imagen de su padre contra su pecho justo cuando Esme entra al cuarto.

—Oh, Bella, estás despierta. ¿Cómo te sientes? —Mientras termina la pregunta, los ojos de Esme se agrandan y se toca la frente—. Cielos, lo siento. ¡Qué cosa pregunta tan estúpida! —Esme se sienta en la cama junto a Bella y coloca un mano sobre su muslo.

Bella sonríe con tristeza, posando una mano sobre la de Esme mientras que la otra sigue aferrando el portarretrato.

—Me siento... —Ella vacila por un segundo, perdiéndose en sus pensamientos—. No sé cómo me siento.

—Eso es perfectamente aceptable —dice Esme—. ¿Hay algo que necesites?

—Podría dormir otra hora o seis. —Bella mira alrededor de su cuarto—. ¿Edward se fue?

La sonrisa de Esme titubea.

—Él esperaba volver para cuando despertaras. Me pidió que te dijera, que te prometiera, que él volverá tan pronto como puede.

—¡Mierda! —Los ojos de Bella comienzan a llenarse de lágrimas de nuevo mientras se toca la frente—. Necesito hablar con él. —Ella comienza a buscar entre las sábanas—. Tengo mucho por contarle. —Bella toma su teléfono de la mesa de noche, pero no tiene batería—. ¡Diablos!

—Shh... está bien, Bella. —Esme toma el teléfono de Bella y envuelve sus brazos alrededor de ella, sintiendo que ella se encuentra al borde del quiebre de nuevo—. Tendrás tiempo. Él volverá pronto.

—Esme, he sido mala con él. —Bella llora contra el hombro de Esme mientras esta pasa una mano por su cabello—. ¡Lo siento tanto! —Aferrándose a Esme, Bella continúa arrojando disculpas al universo, deseando desesperadamente que la persona que realmente necesita escucharlas estuviera allí.

~o~

Está oscuro cuando Edward estaciona en la entrada. Sus ojos se sienten tan pesados como sus pasos mientras entra en la casa de Charlie y sube las escaleras.

Se inclina contra la puerta del cuarto de Bella antes de entrar. Golpea algo accidentalmente con su pie, y Esme, que estaba medio dormida en la silla, se sienta, sobresaltada.

—Lo siento. Lo siento... —Edward susurra con sus manos alzadas en disculpas. Él mira a Bella, que está acostada en su cama. Su cabeza y un brazo son las únicas cosas expuestas debajo de las mantas. Sus ojos están abiertos y parecen concentrados en la pared, pero ella ni siquiera se encogió ante el ruido que Edward acaba de hacer.

Edward frunce el ceño con preocupación y Esme se acerca a él.

—Tuve que darle algo para calmarla de nuevo —Esme explica en un susurro, tomando el rostro de él con ambas manos, su rostro lleno de preocupación también—. Cariño, ¿estás bien?

Edward asiente a Esme con toda la fuerza que le queda —que no es mucha porque francamente, no, no se encuentra bien— y entonces arrastra sus pies hacia Bella.

Se para frente a Bella, los ojos de ella aún fijos en la pared. Él se agacha, frente a la mesa de noche, y descansa su cabeza a un costado del colchón. Su mano busca el cuello de ella, y con sus dedos alrededor de este, posa su frente contra la de ella, suspirando con alivio al momento en que sus pieles entran en contacto. Bella cierra sus ojos, exhalando también.

Y allí es dónde él se queda. Los cigarrillos, el café, y pura determinación lo ayudaron a volver a Forks, pero con sus manos finalmente alrededor de ella, se permite colapsar.