Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es RMacaroni, yo solo traduzco con su permiso.


Disclaimer: This story is not mine, it belongs to RMacaroni. I'm only translating with her permission. Gracias, Ronnie, por permitirme compartir tu historia en español :)


Inspiración musical: Arctic Monkeys - Cornerstone


Capítulo 18

Te amo, hijo

~o~

ENTONCES

~o~

Cheney Audio. Centro de Seattle, Washington. Viernes, 30 de agosto del 2013.

Charlie se ubicó frente a la puerta del estudio, tomando el pedazo de papel con la dirección que Esme le había dado, asegurándose de estar en el lugar correcto.

Una vez que lo confirmó, tocó el timbre.

Tomó un par de minutos para que Edward abriera la puerta, y Charlie sintió sus labios estirarse en una sonrisa.

—¡¿Charlie?! ¡Mierda!—Los ojos de Edward casi se salen de sus órbitas.

La sorpresa era evidente en su rostro—Edward no lo esperaba allí un viernes por la tarde, completamente sin avisar. Esto hizo que la sonrisa de Charlie se agrandara.

—Edward, hijo, ¿cómo estás? —Charlie se quitó el gorro, sacudiéndose la lluvia.

—Estoy... Estoy bien... ¡¿Qué estás haciendo aquí?! —Copiando la sonrisa de Charlie, la voz de Edward salió chillona por la sorpresa. Él también parecía feliz de verlo.

Edward abrió más la puerta y se hizo a un lado, dejando entrar a Charlie.

—Estaba cerca y pensé en hacerte una visita. —Charlie entró, quitándose la chaqueta y lanzándola hacia los ganchos a un lado de la puerta—. ¿Te mataría llamar a Esme al menos una vez cada tanto?

Edward rio, envolviendo sus brazos alrededor de Charlie para abrazarlo.

—Hombre, entra. ¡Te encantará este lugar!

Edward sonreía mientras le mostraba a Charlie el estudio, la sala de vivos y todos los instrumentos allí, y entonces entraron al cuarto de controles. Le mostró a Charlie algunas de las canciones en las que él había estado trabajando.

El corazón de Charlie se llenó de orgullo por Edward y la manera en que sus ojos brillaban cuando hablaba de música. Charlie no podría estar más feliz por él.

Buscando el mini refrigerador por debajo del panel de control, Edward sacó dos cervezas, abriéndolas y tendiéndole una a Charlie. Ellos chocaron sus botellas y tomaron un trago al mismo tiempo.

—Hombre, qué bueno verte —dijo Edward después de una gran exhalación.

—Lo mismo digo, hijo. Luces bien... —Charlie estudió a Edward con cuidado—. Feliz.

Edward inclinó su bebida, evadiendo el comentario, con sus ojos en Charlie.

—Quiero decir... este lugar es increíble, ¿cierto? —Fue su respuesta evasiva.

Charlie no había visto a Edward en meses después de la última vez que él visitó Forks. Edward lucía mejor, pensó Charlie, comparado con la sombra que apareció sin avisar esa noche frente a su puerta, pidiéndole quedarse en su sofá y rogándole que no se lo contara a Esme.

Quizás él quería hablar hombre a hombre.

Quizás él sabía que Charlie sería más comprensible que Esme cuando se trataba de las cagadas de Bella.

Por la razón que fuera, él había confiado en él, y Charlie había estado allí para él.

Mirando a Edward, Charlie notó que sus dedos trazaban círculos sobre su pecho y él supo exactamente lo que eso significaba.

El clic de la puerta les llama la atención hacia la chica que entra. Al principio, Charlie no la reconoció. La miró sospechosamente —su cabello marrón, ojos marrones, y piel pálida— no pudo evitar pensar que la chica lucía muy parecida a Bella.

Una vez que ella le sonrió, Charlie la reconoció. Angela Weber. La única hija del alcalde Weber. Él recordaba que Edward había salido con ella en la secundaria.

—Oh, lo siento, cariño. No sabía que estabas ocupado —dijo, entrando—. ¡Oh! ¡Jefe Swan, es usted!

Así que esto es lo que él había estado haciendo.

Charlie notó la forma en que la actitud de Edward cambió, y cómo hizo una mueca al escuchar su sobrenombre.

—Charlie, ¿recuerdas a Angela Weber, de la escuela? —Edward abrió otra cerveza nerviosamente, tomando un gran trago, su mano de nuevo contra su pecho. Angela se acercó a él, deliberadamene tomando la mano del pecho de él y enlazando sus dedos con los de ella.

Alguien más hubiera pensado que ella estaba transmitiendo algo, y quizás lo estaba, pero Charlie también podía ver que Edward estaba teniendo dificultades y ella parecía estar tratando de ayudarlo.

—Siempre es más difícil cuando bebo —explicó Edward, casi en disculpas, confirmando las sospechas de Charlie.

Edward estaba teniendo deseos de fumar.

—¿Dejaste de fumar? —preguntó Charlie.

Edward asintió con orgullo.

—Bien por ti, hijo —dijo Charlie, honestamente orgulloso de él, pero al mismo tiempo, sus dedos temblaron. Palmeó su bolsillo y el paquete de cigarrillos allí, llamándolo. Él los había comprado en el camino, esperando disfrutar de algunos antes de volver a Forks, donde Esme se había vuelto buena en atraparlo.

Edward sutilmente soltó la mano de Angela, parándose de la silla.

—Esa es una Gibson Thunderbird —dijo Edward, pero no necesitaba hacerlo. Charlie ya había visto el bajo legendario en el cuarto de "vivos" y sus dedos ansiaban tocarla—. ¿Quieres meterle mano, viejo? —Edward meneó sus cejas, haciendo que Charlie se riera.

Charlie siguió a Edward al cuarto de "vivos", moviéndose hacia el bajo mientras que Edward se acomodaba frente a la batería. Con una baqueta en cada mano descansando sobre sus muslos, Edward levantó la mirada hacia Charlie con una sonrisa brillante en su rostro.

Dios, cómo extrañaba esto. Si tan solo Bella estuviera aquí.

Durante el siguiente par de horas, Charlie y Edward tocaron en el estudio como lo habían hecho por años antes, cambiando entre instrumentos, y tocando diferentes canciones.

Charlie notó que Edward evitaba algunos clásicos que normalmente tocaban, y él sabía muy bien por qué. Pero no lo mencionó. Él no nombraría a Bella a menos que Edward preguntara por ella.

Cuando la chica Weber volvió con bocadillos, se trasladaron a la sala.

Un silenció incómodo los envolvió, incapaz de esconderse detrás de la comodidad de la música.

Edward observó a Charlie, moviéndose en su silla mientras inclinaba su cerveza, una pregunta ardiendo en sus ojos.

Charlie esperó a que él estuviera listo para preguntar, pero él no lo estuvo, no realmente, hasta que la chica Weber desapareció en busca de más bebidas.

—¿Cómo está ella? —Edward preguntó casi en un susurro, bajando su cerveza, sus dedos atacando su pecho.

Charlie no quería mentir —Bella no estaba exactamente bien— pero tampoco quería cargar a Edward con eso.

—No he ido a verla todavía. —Era la verdad.

—¿Viniste aquí primero? —Con una ceja levantada, los labios de Edward se estiraron en una sonrisa torcida.

—Claro que sí. —Charlie levantó su bebida en dirección a Edward.

—Pero espera... —Edward sacudió la cabeza, sin caer en la distracción—. Has hablado con ella, ¿cierto? ¿Ella está bien?

Charlie suspiró, buscando tiempo, pensando en cuánto contarle a Edward, pero no lo necesitó, ya que Angela volvió.

Edward se reclinó contra su silla con un bufido, y Angela se sentó en el reposabrazos de la silla, envolviendo un brazo alrededor de los hombros de Edward.

—Bueno... ya pasó mi hora de dormir —dijo Charlie, poniéndose de pie—. Fue bueno verte, Edward. A ti también, Angela. Gracias por acompañar a mi niño.

Angela sonrió dulcemente a Charlie mientras Edward se paraba rápidamente.

—Te acompañaré afuera. —Edward caminó hacia la puerta, su rostro sin un rastro de humor, Charlie siguiéndolo por detrás.

—Dime, por favor. —Los ojos de Edward le rogaban a Charlie, una mano en su pecho, la otra en su cabello. Por primera vez, Charlie notó que Edward no tenía puesta una gorra.

—¡Oh, casi lo olvido! —Charlie corrió al coche, abrió la puerta del pasajero, y tomó algo del asiento. Mientras se acercaba de vuelta, Edward pudo ver que era la gorra de béisbol de los Orioles, la cual Edward había olvidado en Forks.

Charlie le tendió la gorra a Edward, quién la aceptó con un suspiro.

—¿Podrías dejar de evadir, Charlie? ¿Puedes decirme si ella está bien?

Charlie bajó la mirada, eligiendo cuidadosamente sus palabras.

—Ella... está trabajando en ello. Tiene un buen soporte en ese compañero de piso de ella. —Charlie dio unas palmadas sobre el hombro de Edward, quien sacudía su cabeza—. Ella estará bien, ¿de acuerdo? Me dirijo hacia allí mañana, quizás incluso esta noche. Ella no es tu responsabilidad, Edward.

Edward bufó, y cuando miró a Charlie, sus ojos mostraban angustia.

—Hijo, esto no es tu culpa. Hiciste lo que tenías que hacer. Lo que era mejor para ti.

Edward se dejó caer sobre los escalones de la entrada, cubriéndose el rostro.

—Deseo tanto... verla.

Charlie se agachó y se sentó a su lado.

—Desde el día que nos conocimos, jamás hemos estado separados por tanto tiempo, y duele. —Edward continúa mientras Charlie posa una mano sobre su hombros—. Ella me envía mensajes, todos los putos días. —Edward agitó el teléfono hacia Charlie, mostrándole la pantalla llena de mensajes sin leer—. No puedo siquiera leer los mensajes... o borrarlos... no puedo. —La agonía era evidente en su rostro. Con un tono más suave, masculló—: Pero todos los días se hacen cada vez más difícil luchar contra la urgencia de saber qué tiene para decir.

Charlie tomó aire profundo, eligiendo sus palabras con cuidado.

—Ella ha estado haciendo mucha... búsqueda interior, o como se llame... Quizás cuando puedas, ¿verás lo que ella tiene para decir? ¿Quizás esta vez estarán en la misma página? —Charlie miró a Edward, el resto de lo que quería decir ardía en su lengua. Él quería decirle que Bella lo amaba, más que a nada. Él quería decirle que la razón por la que Bella lo mantuvo a una distancia no tenía nada que ver con él. Quería decirle que ella estaba trabajando en ello, y que él confiaba en que ella estaría lista para él pronto. Pero se contuvo de decirle todas esas cosas, pensando en que simplemente lo lastimaría más.

Edward se paró bruscamente y dio vueltas frente a Charlie.

—De casualidad, ¿tendrías un cigarrillo?

Charlie levantó la mirada hacia él, riéndose. Oh, si no conocía a su hijo.

—Ella ha tirado a la basura los míos. —Edward agitó una mano en dirección al estudio—. Como si no pudiera comprar más.

Charlie se puso de pie, tomando el paquete de su bolsillo, mientras Edward exhalaba con alivio.

—¡Oh, muchas gracias!

—No le puedes contar de esto a Esme. —Charlie guiñó un ojo mientras compartían un encendedor para sus cigarrillos—. Sé que encontrarás la fuerza para dejarlos. Eres más fuerte de lo que crees, Edward.

Se quedaron allí parados por un rato, mirándose cada cierto tiempo y exhalando el humo.

—Entonces, la chica Weber y tú, ¿están yendo muy en serio, eh? —Charlie preguntó después de un momento, arqueando una ceja a Edward.

—No se supone que lo sea. —Edward soltó el humo por la nariz y pateó la basura debajo de sus pies—. Ella sabe que no debe comportarse sí.

—Mmm... —Charlie debatió cómo acercarse al tema. Él era la persona menos apta para dar sermones sobre relaciones, pero conocía el sufrimiento, y sabía lo que se sentía y lo que era estar contra la persona equivocada—. Bueno, ella es una chica dulce, Edward. No sería correcto jugar con sus sentimientos.

—Lo sé... —Edward asintió, sin mirar a Charlie—. Se suponía que estaba de acuerdo con que sea casual. Hablaré con ella.

—Solo soy sincero, hijo —dijo Charlie con una risita.

—Porque entiendes a los niños. —Edward resopló, su mirada en la calle.

—Sí. Soy la bomba.

Edward giró hacia él, sus ojos achinados, el cigarrillo colgando de sus labios que se estiraban en una sonrisa.

—Gracias. —Edward señaló al cigarrillo exhalando con alivio, pero Charlie sabía que esa no era la única cosa por la que Edward estaba agradecido.

Terminaron sus cigarrillos en silencio mientras los coches pasaban por la calle. Charlie miró a Edward, admirando el hombre en que se había convertido. Él era fuerte. Inteligente. Cariñoso. Él era todo lo que un padre querría que fuera su hijo. Él sabía que no faltaría mucho para que Bella sacara su cabeza de su trasero y arreglara las cosas entre ella y Edward. Y él sabía que Edward estaría allí para ella cuando eso pasara.

—Estoy orgulloso de ti —dijo Charlie, observando a Edward hasta que este lo miró—. No solo por tratar de dejar el cigarrillo, sino por todo. Todo lo que has logrado para ti. Simplemente sigues adelante, hijo, y realmente admiro eso de ti.

—Bueno, todo te lo debo a ti —susurró Edward, volviendo a bajar la mirada.

—Nah, esto es por ti. —Charlie posó una mano fuertemente sobre el hombro de Edward y lo sacudió, tratando de que entrara en razón.

—Probablemente estaría muerto en una zanja en alguna parte si no fuera por ti. —La expresión amigable en los ojos de Edward, y el tono burlón en su voz, le dijeron a Charlie que él no creía eso en realidad.

Charlie se rio.

—¡Bueno, eso dio un giro oscuro!

Se observaron por un momento, Charlie deseando ser mejor con las palabras, para decirle lo que quería decir, Edward deseando en cambio que Charlie se quedara un poco más.

Ambos sabían que era hora de que Charlie se fuera.

—Fue muy bueno verte —dijo Edward, extendiendo su mano hacia Charlie.

Charlie ignoró la mano de Edward y lo envolvió en un abrazo.

—Te amo, hijo. Nunca te olvides de eso, ¿de acuerdo? —Dio unas palmadas en la espalda de Edward con fuerza, esperando que él supiera lo mucho que esas palabras significaban para él.

Cuando Charlie terminó el abrazo, posó una mano sobre la de Edward, y al soltarla, Edward bajó la mirada y el paquete de cigarrillos se encontraba sobre ella ahora.

—Te ahorro el viaje. —Charlie sonrió, encogiéndose de hombros con la próxima oración—. Esme iba a deshacerse de ellos de todas maneras.

Y con eso, Charlie caminó hacia su coche y agitó una mano hacia Edward en despedida antes de subirse. El sol estaba poniéndose detrás de él y Charlie podía verlo encender otro cigarrillo mientras salía hacia la calle. Con la silueta de Edward volviéndose cada vez más pequeña en el espejo retrovisor, y contento de que él confió en su instinto y vino a verlo, Charlie condujo. Ahora si pudiera conseguir la misma certeza de su hija también, sería un hombre feliz.


Otra pequeña nota de la autora:

Dos meses antes que mi padre falleciera, me encontraba escribiendo mi tesis y era una estudiante de grado amargada en ese entonces. Le dije que no iría a casa por las fiestas porque estaba ocupada. Y él se vino sin avisar unas semanas después. Pasamos unos días juntos y esa fue la última vez que lo vi con vida. Estoy tan agradecida de que él me visitara de sorpresa y que tuviéramos ese tiempo juntos. Siempre me he preguntado si él sentía que algo se avecinaba o si él sabía que iba a morir, pero de todas maneras, eso fue lo que inspiró este capítulo. ¿Creen que Charlie presintió algo?