Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es RMacaroni, yo solo traduzco con su permiso.
Disclaimer: This story is not mine, it belongs to RMacaroni. I'm only translating with her permission. Gracias, Ronnie, por permitirme compartir tu historia en español :)
Capítulo 19
Una Cosa Difícil a la Vez
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AHORA
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Sótano de Charlie. Forks, Washington. Lunes, 16 de septiembre de 2013.
Bella se encuentra sentada en el sofá del sótano, un teclado frente a ella, una guitarra eléctrica a su lado, pero aún así ninguna es tocada. Su libreta de canciones se ubica a su lado en el sofá también, abierta en una página en blanco.
Ella había esperado encontrar consuelo en la música, pero no se atrevía a tocar algo.
Observa las sombras en la pared, transformándose con la luz que brilla a través de las ventanas del sótano mientras el sol cambia de posición en el cielo.
Bella piensa en Edward, aún arriba durmiendo en el suelo de su cuarto. Esme le había colocado una almohada debajo de su cabeza y lo cubrió con una manta. También le había quitado las zapatillas. Ni siquiera se atrevieron a pedirle que se moviera a una posición más cómoda, solo lo dejaron dormir como sea que podía.
Él se merecía descansar un poco. Se merecía un tiempo lejos de ella.
Eso no cambia el hecho de que todo lo que Bella quiere hacer es estar a su lado. Ella quiere enterrar su rostro en el pecho de él. Quiere estar rodeada por lo brazos de él. Sus manos tocando su cabello.
Ella quiere sentir lo que sea que necesite sentir.
Pero todo lo que se siente es entumecida.
Malditas drogas.
Sin embargo, ya no podía estar arriba. Ella no quería que Esme la sedara de nuevo.
Esme la encontró en el piso de la cocina, una botella de pastillas para la presión alta en sus manos—vencidas, pero llena. La hizo enfurecer tanto que casi se quiebra. Afortunadamente, Esme estaba allí y la contuvo mientras ambas lloraban en los hombros de la otra.
La charla telefónica con la Dra. Zafrina definitivamente ayudó, y Bella fue capaz de calmarse. Ella no creía que necesitaría ser sedada de nuevo. No quería.
—Hola. —La voz ronca proveniente de la puerta le hace salirse de sus divagaciones mentales. Ella gira la cabeza para encontrar a Edward inclinado contra el marco de la puerta, sus brazos cruzados sobre su pecho, con la camiseta blanca y jeans con los que llegó anoche. Sus ojos estaban hinchados, su cabello desordenado—. Creo que dormí de más. —Su rostro esboza una sonrisa dudosa que hace sentir a Bella como si el sol brillara sobre ella, dándole calor.
Ella lo observa y la sonrisa de él titubea mientras su mente, aún nublada, no logra encontrar las palabras lo suficientemente rápido.
—¿Te gustaría algo de compañía? —pregunta él con vacilación, aún junto a la puerta.
Ella logra asentir desde el sofá.
Mientras él se acerca, ella no deja de mirarlo. Él toma la guitarra del sofá y se sienta al lado de ella, colocando el instrumento sobre su regazo.
—¿Estás trabajando en una nueva canción? —Él echa un vistazo a la libreta con curiosidad, antes de mirarla a ella.
Él luce tan bien—pacífico y bien descansado. Una buena sombra de barba cubre su mandíbula, y la manera en que el sol brilla a través de la ventana le hace ver el tono rojizo de su vello facial. Su camiseta blanca se estira sobre su pecho cuando él estira su brazo por encima de su cabeza, sacudiendo los restos de sueño después de un bostezo.
Cuando se vuelve hacia ella, esta lo sigue mirando.
—Lo siento mucho. —Es todo lo que ella dice.
—Oye... —Él baja la guitarra cuidadosamente antes de girar hacia ella, frotándose la parte trasera del cuello—. No tenemos que meternos en eso ahora mismo. Una cosa difícil a la vez, ¿de acuerdo?
—Pero quiero. —Ella insiste—. Significa todo para mí que estés aquí ahora mismo, Edward. Después de todo lo que he hecho... estás aquí.
—No hay ningún lugar donde preferiría estar. —Él estira una mano en dirección a ella y lleva algunos mechones de cabello por detrás de su oreja. Su brazo permanece sobre el sofá, estirada detrás de ella.
Las manos de ella ansían tocarlo, abrazarlo, enterrar su rostro en su pecho. Sin embargo, su última conversación, en el balcón del departamento en Capitol Hill el día en que se fue, sigue atormentándola.
—¿Puedo? —Ella señala el pecho de él incómodamente, queriendo asegurarse que él estuviera de acuerdo con tocarlo antes de hacerlo. Él le dijo ese día que no quería que lo tocara.
Los ojos de él pasan de la confusión, a la comprensión, y entonces a la angustia. Ella se pregunta si él está pensando en esa conversación también. Entonces, el brazo que se encontraba sobre el respaldo del sofá se encuentra alrededor de ella, y la jala hacia él.
Él jadea contra su cabello y ella lo inhala, preguntándose si la extrañó tanto como ella a él.
—Te he extrañado tanto. —Lo abraza fuerte, sus ojos llenándose de lágrimas que caen sobre la camiseta de él. Ella no puede evitar los sollozos que se escapan de sus labios. Ella ya no puede contenerlo más. Y una vez que las lágrimas comienzan a caer, es muy difícil reprimirlas.
—Oye... —Los dedos de él trazan patrones en su cabello, y ella cierra los ojos, derritiéndose contra él—. Está bien.
Con caricias gentiles y palabras tranquilizadoras, él la aferra contra su pecho, quitándole la tristeza con cada movimiento de sus dedos hasta que ella se calma.
Permanecen así por un rato, quizás minutos o cerca de una hora, Bella no está segura, hasta que el estómago de él suelta un gruñido.
—Lo siento. —Él se ríe y ella levanta la mirada con una sonrisa.
Ella eleva su cabeza del hombro de él, secándose el resto de las lágrimas de sus ojos.
—¿Tienes hambre?
Los ojos de él, brillantes y verdes, penetran los suyos cuando asiente avergonzadamente. Sin decir otra palabra, ella se pone de pie y extiende una mano hacia él. Sus palmas entran en contacto. Sus dedos se enlazan. Ella se concentra en alimentarlo.
~o~
Casa de Esme. Forks, Washington. Lunes, 16 de septiembre de 2013.
Bella y Edward se encuentran sentados a la mesa de Esme, una selección de productos alimenticios frente a ellos. Cuando Edward dijo que no recordaba cuándo fue la última vez que comió, Esme había comenzado a cocinar compulsivamente.
Edward inhala su comida mientras Bella empuja la suya en su plato, robándole miradas y sonriendo. Ella no puede evitarlo. Él es adorable cuando come. La manera en que mastica, con su mejilla derecha llena, sus labios cerrados, mientras respira por la nariz. Los ojos de él casi giran hacia atrás mientras que menea la cabeza al ritmo de una melodía silenciosa.
Él es más que adorable. La manera en que su camiseta se envuelve alrededor de sus hombros, estirada con los músculos tonificados debajo. El lunar en su cuello. Las pecas en sus brazos. El ceño fruncido cuando la mira. Sí, él es más que adorable. Habían muchos más adjetivos que describirían mejor al exquisito hombre del otro lado de la mesa.
Con un suspiro, Bella mira alrededor de la cocina, contenta de no haber cenado muchas veces en la casa de Esme. Ella normalmente traía la comida a lo de Ch...
Bella se detiene a mitad de ese pensamiento, reorganizando las ideas en su cabeza.
Ella solo está feliz de no tener muchos recuerdos aquí.
Entonces Edward se encuentra parado junto a Bella; ella no está segura por cuánto tiempo ha estado perdida en sus pensamientos. Con una mano sobre el hombro de ella, él le sonríe cuando ella lo mira.
—¿Quieres dar un paseo conmigo? —Él señala con la cabeza en dirección a la puerta de la cocina.
Ella toma su mano, y juntos salen hacia la entrada. Edward camina ligeramente más adelante que Bella, quién lo sigue con indecisión.
Cuando Edward se detiene junto al árbol de roble que separa las dos casas, el que él siempre trepaba para entrar al cuarto de ella, suelta la mano de Bella. Da una vuelta alrededor del árbol, casi inspeccionándolo, y antes que ella pueda preguntar qué demonios está haciendo, él señala hacia un lugar debajo de una rama.
—¡Aja! —Él salta—. Allí está. —Vuelve a tomar la mano de Bella, y ella exhala con alivio, contenta de tener sus dedos alrededor de los de ella.
Él la acerca hacia la rama, su dedo aún señalando.
—¿Recuerdas esto?
Bella se acerca hacia el pequeño tallado; es demasiado pequeño, casi ilegible. Pero sabe de ello. Ella recuerda haber tallado "E & B" y un pequeño corazón a su alrededor.
—¿Y? ¿Lo recuerdas o no?
Bella se mantiene callada, pero una pequeña sonrisa se asoma por su rostro.
—No había estado aquí por seis meses aún y me encuentro fumando un día en este lugar, escondido de Esme, y veo eso. —Señala de nuevo al tallado—. Recuerdo pensar, temer de hecho, en tener que lidiar con la pequeña niña de al lado con su enamoramiento.
Ella pellizca su costado juguetonamente, su sonrisa agrandándose.
—¿Recuerdas la historia que inventaste? —Edward abre más sus ojos, y Bella casi puede ver los recuerdos reproducirse en la cabeza de él—. No querías admitir que era yo, así que inventaste una tonta historia sobre un chico llamado Embry. —Edward se ríe, fuerte, y retumba en el cuerpo de Bella—. Oh, pero no había ningún Embry...
Edward inhala profundo, inclinándose contra el árbol.
—Teníamos... ¿qué, 13? ¿...14 años?
Bella asiente, bajando la mirada, un poco avergonzada. Ella no recuerda cómo se le ocurrió el nombre Embry, pero él tiene razón, fue un nombre completamente inventado. Por supuesto que ella tuvo que inventar un nombre—ella tenía trece años y estaba enamorada platónicamente de su vecino de al lado.
—¿Quién mierda llama a alguien Embry? —Edward se ríe, palmeando su bolsillo y sacando sus cigarrillos—. ¿Te molesta? —Con el cigarrillo colgando de sus labios, él le muestra el paquete restante en su mano, el cual está vacío—. Es mi último —añade—. Y no compraré más. —Sus palabras contenían una advertencia, para ella, para él mismo, ella no estaba segura, pero de todas formas le asiente en apoyo.
Edward enciende el cigarrillo, aún inclinado contra el árbol. Con un suspiro, envuelve un brazo alrededor de Bella de nuevo, llevándola hacia su pecho, y descansando su barbilla sobre la cabeza de ella.
—Mierda... —susurra él mientras da una calada profunda y sopla el humo lejos de ella.
Bella se abraza a él, envolviéndolo en sus brazos, respirándolo. Se quedaron así por un rato hasta que él terminó su último cigarrillo.
—¿Quién lo hubiera pensado, no? —Él pasa una mano por el cabello de ella mientras ella lo suelta—. Que la pequeña niña de al lado con el enamoramiento me rompería el corazón, una y otra vez. Aún así... —Él no termina su pensamiento. Su tono es juguetón, pero las palabras no.
—Edward, yo...
—No necesitas disculparte, Bella, porque ya te he perdonado. —La mano que estaba en el cabello de ella ahora la desliza por su rostro y luego su brazo, hasta llegar a su mano—. Tuve la misma culpa por la forma en que escalaron las cosas. Y también lo siento; lamento que la única manera que encontré para lidiar con todo fue yéndome. No quiero irme más. —Él enlaza sus dedos con los de ella mientras la mira fijamente.
Los ojos traicioneros de ella se llenan de lágrimas mientras lo mira. Hay tanto que quiere decirle, pero ella sabe que no sería capaz de decirlo todo, no con todo lo que está pasando.
—Lo hablaremos, ¿de acuerdo? Lo resolveremos. Una cosa difícil a la vez, ¿cierto? —dice él, jalándola hacia su pecho de nuevo, como si pudiera leerle la mente. Ella asiente, llorando suavemente contra el pecho de él—. Éramos solo unos niños, Bella, pero he sabido desde entonces, y aún lo sé. Y esperaré hasta que también lo sepas.
Ella levanta mientras él toma su rostro con ambas manos, secando sus las lágrimas debajo de sus ojos con sus pulgares.
La mirada de él transmite nada más que amor por ella, amor que ella puede sentir en su corazón también. Bella lucha para comprender cómo podría merecerlo. Cómo él puede, después de todo lo que ha sido dicho y hecho, aún estar allí para ella.
Pero ella aún no tiene la oportunidad de responderle eso, ya que puede escuchar la gravilla gruñir con el coche que se acerca a la entrada detrás de ella, y las cejas de Edward se fruncen en respuesta.
Él sostiene su mano mientras ella se da la vuelta. Dos oficiales de policía ya están bajando del patrullero. Ella sabía que vendrían para discutir los detalles y el papeleo de la indemnización por defunción. Aún así no lo hacía menos espantoso.
—Una cosa difícil a la vez —ella susurra, su voz ronca con el nudo en su garganta, aferrando sus dedos alrededor de los de Edward y caminando de la mano para recibir a los oficiales.
