Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es RMacaroni, yo solo traduzco con su permiso.


Disclaimer: This story is not mine, it belongs to RMacaroni. I'm only translating with her permission. Gracias, Ronnie, por permitirme compartir tu historia en español :)


Inspiración musical: Tom Petty - I Won't Back Down (versión de Eddie Vedder)


Capítulo 21

Querida Bella

~o~

AHORA

~o~

Casa de Charlie. Forks, Washington. Jueves, 19 de septiembre de 2013.

Es difícil de creer que solo habían pasado dos días desde que los dos oficiales de policía vinieron a la casa de Charlie, queriendo revisar el papeleo y los detalles sobre su muerte. Charlie no tenía necesariamente sus asuntos en orden, y nada había sido actualizado desde el 2003, por lo tanto, Bella estaba apuntada como su única beneficiaria tanto en su seguro de vida como en la indemnización por defunción.

A pesar de que Charlie murió de un infarto, pasó mientras estaba trabajando, después de un forcejeo con un borracho armado que violentamente se resistía al arresto. Ellos no le revelaron quién había sido ese hombre, pero ella sabía que había maneras de averiguarlo. Forks no era un pueblo grande, y los chismes volaban.

Sin embargo, no importaba quién era el hombre. No era su culpa. Era la culpa de la presión alta de Charlie y la genética. El abuelo Swan había muerto en sus cuarentas con la misma condición. El tío Harry, el hermano mayor de Charlie, también había tenido el mismo destino a una temprana edad.

Quizás si Charlie no hubiera estado trabajando ese fin de semana. Quizás si Bella hubiera estado allí con él por su cumpleaños. Quizás si Charlie realmente se hubiera cuidado.

Quizás. Quizás. Quizás.

Ella podía ahogarse en todos los tal vez, pero no haría ningún bien. Al final del día, él seguía muerto.

El hecho de que él haya muerto en el trabajo significaba que ellos estaban calificados para todos los beneficios. Aunque Bella fue firme y había contratado a un abogado. Ella quería dividir las cosas equitativamente entre Edward, Esme, y ella. Esme y Edward se habían negado, pero a ella no le importaba. Ella lo haría de todas maneras.

Después de la charla con el abogado, Edward y Bella cayeron en una rutina. Una que ella odiaba por completo.

El lunes por la noche, Edward colocó un colchón inflable en su cuarto, junto a su cama, y ella se durmió observándolo mirar al techo.

El martes, ellos trabajaron juntos en la dolorosa tarea de comenzar a organizar y empacar las cosas de Charlie, tomando decisiones sobre qué guardar y qué donar.

Ayer fue igual.

Cada vez que Bella intentaba comenzar una conversación sobre todos los problemas que siguen pendientes entre ellos, Edward cambiaba de tema, diciendo que ellos no necesitaban lidiar con eso aún, no con todo lo que estaba pasando.

Edward la aferraba cuando lloraba la muerte de Charlie —a veces, se sentía, por horas— pero además de eso, él mantenía su distancia de ella, ocupándose en la casa o ayudando a Esme.

Con cada día que transcurría, la tensión entre ellos crecía.

Hoy, el colchón inflable de Edward está vacío cuando Bella se despierta.

Ella baja los escalones hacia el sótano. Sigue siendo temprano pero ella supone que lo encontrará entrenando con una canción o algo en el sótano.

Ella puede escucharlo antes de verlo. Excepto que no está escuchando nada de música. Está gruñendo y respirando con dificultad.

Ella lo encuentra en el medio del cuarto, rodeado por las viejas pesas de Charlie. Edward está en posición de plancha sobre sus pies y nudillos, luego desliza hacia abajo su cuerpo y vuelve a subirlo con una flexión de brazos.

Se encuentra sin camiseta, y los músculos de sus hombros se contraen cuando empuja hacia arriba. El sudor cae de su rostro y hacia una toalla debajo de él.

Bella se queda sin aliento.

Él gruñe al completar cada flexión, sus ojos tensos con una mueca, pero en la última, sus brazos tiemblan, y no logra subir del todo, cayendo al suelo.

Él entonces se levanta y se arrodilla con sus manos sobre sus piernas, jadeando profusamente y mirando al suelo. Gotas de sudor se deslizan desde su cuello, por todo su pecho y abdominales, perdiéndose en la cintura de sus shorts. El gemido de Bella es casi audible.

Ella espera junto a la puerta mientras él recupera el aliento. Ella usa el tiempo para calmarse, y el deseo es reemplazado por preocupación. Se pregunta por cuánto tiempo ha estado aquí abajo y qué significa este entrenamiento.

—Hola —dice ella desde la puerta, y él levanta la mirada, sobresaltado.

Él toma la toalla, secándose el rostro y el cuello, antes de sonreírle dulcemente.

—Hola.

Ella se acerca a él, tomando la botella de agua en el camino y ofreciéndosela.

Tomando un largo trago, él la mira y entonces gruñe.

—Bella, deja de morderte el labio, por favor.

Bella sonríe con vergüenza, liberando su labio, y se deja caer sobre el sofá frente a él.

—¿Estás bien? —Ella envuelve sus brazos a su alrededor para evitar tocarlo—. Quiero decir... —ella se retracta—. Además de lo obvio.

Edward se encoje de hombros y le asiente, un mechón de cabello cae sobre su frente. La mano de él toca su hombro izquierdo, y sus dedos presionan sobre este mientras hace una mueca.

—Jazz y yo a menudo nos preocupábamos por tus entrenamientos dementes y cómo parecía que intentabas castigar a tu cuerpo o algo... —Bella comenta, rascándose la frente.

Él sigue allí, frente a ella, sin camiseta, sudando, y jadeando, y es tan molesto.

Edward se ríe.

—¿Eso es lo que crees que es esto? ¿Un castigo? —Su risa es contagiosa a pesar de que no llega a sus ojos.

—Quiero decir, no lo sé... Esas son las palabras de Jazz. —Bella se ríe, bajando la mirada.

—No es un castigo. —Edward se pone más serio—. Es una salida —explica—. Estoy bien —añade sin convicción, poniéndose de pie.

Ella también se para, mirándolo mientras él recoge todo.

Con la toalla alrededor de su cuello, él gira hacia ella, el tono de su voz sin una pizca de humor.

—Necesito una ducha, pero luego hay una cosa más dura* con la que necesitamos lidiar.

—¡¿Qu... Qué?!

Él entrecierra sus ojos al entender hacia dónde fue la mente de ella.

—¿Recuerdas? ¿Una cosa difícil a la vez?

—¡Oh!

Él se ríe suavemente.

—¡Cielos, Swan, no seas tan mal pensada!

~o~

Bella y Edward se encuentran sentados frente al otro a la mesa de Esme, un plato de panqueques que Esme hizo frente a ellos. Edward sonríe, sacudiendo la cabeza, mientras apila varios en su plato.

Bella le echa un vistazo, él está recién duchado y tiene puesto una camiseta blanca y jeans oscuros, con esa mandíbula tallada ahora cubierta con varios días de barba. Es entonces que ella nota que su mandíbula está tensa y que parece perdido en pensamiento, mirando por la ventana. Su mente recorre una lista con todas las cosas que podrían estar molestándolo.

Habían suficientes razones como para una lista larga.

Quizás hoy será el día en que él tendrá su gran crisis nerviosa con respecto a Charlie. Como ella lo ha estado teniendo todos los días que han estado aquí. Pero él no. Él ha estado allí para ella, para Esme, acompañándolas con todos sus miedos. Él las ha contenido, y a menos que lo haya hecho en privado, él no ha llorado la muerte de Charlie aún.

O quizás hoy será el día en que finalmente hablen de su futuro. Ellos no pueden quedarse en Forks para siempre. La vida no permanecerá en pausa indefinidamente. Ella espera que puedan hablar. Espera tener la posibilidad de decirle que lo ama. Que ella quiere estar con él y solo con él. Ella espera tener la oportunidad de disculparse de nuevo, y que él lo entienda y la perdone. Ella espera tener la posibilidad de decir todas las cosas que debería haber dicho la primera vez que él le dijo que se iría.

Quizás la razón por la que él está raro no tiene nada que ver con ella, y él está teniendo problemas porque no ha fumado un cigarrillo desde que estuvieron esa mañana junto a su árbol, hace tres días. Quizás está sufriendo la abstinencia y se arrepiente de abandonarlo.

O quizás la razón por la que estaba entrenando esa mañana fue para prepararse a sí mismo para finalmente decirle a Bella que quiere irse... que quiere volver a su vida, sin ella.

Quizás era todo lo anterior.

Bella suspira, empujando su comida por el plato, y cuando levanta la mirada, él la está observando. La arruga en su frente se pronuncia, casi en una expresión adolorida. Bella suelta su tenedor mientras que Edward se pone de pie y camina hacia su lado.

Aquí vamos...

Edward se para a su lado con una mano extendida. Ella la toma, y sin decir nada, ambos caminan hacia afuera.

Una vez que se encuentran en los escalones de la parte trasera de la casa, él suelta su mano y voltea hacia ella.

La expresión en el rostro de él hace que su estómago se retuerza. Lo que sea es es, es malo.

—Lamento que me haya tomado tanto tiempo para darte esto —dice él, sacando un sobre del bolsillo trasero de sus jeans, mientras habla rápidamente—. Sé que no era mía para tomar, y te prometo que no la he leído pero pensé... pensé... —Se rasca la frente mientras camina de un lado al otro frente a ella—. No lo sé, al principio, la tomé porque quería estar allí para ti cuando la vieras... Entonces, simplemente trataba de darte espacio para procesar todo lo demás antes de dártela. Pero ahora creció en toda esta cosa que te estoy ocultando, y... lo siento.

Bella toma el sobre, girándolo con confusión, sin tener idea de lo que podría ser. El sobre no tenía nombre. No había nada escrito en él.

—¿Qué es esto?

—Eh... estaba en la mesa de la cocina. Son un par de hojas de su libreta. Creo... Creo que es una carta, para ti... de Charlie.

El mundo de Bella se detiene al comprender la magnitud de lo que él está diciendo. En sus manos están las últimas palabras de su padre para ella. Se sienta en uno de los escalones y abre rápidamente el sobre, sacando las dos hojas amarillas.

«Querida Bella», se lee en el primer renglón con la letra de Charlie.

Bella mira a Edward mientras un gemido se atora en su garganta. Sus ojos se llenan de lágrimas. Sus manos tiemblan.

—No sé si puedo hacer esto —le dice, y él se acerca a ella—. ¿Puedes leerla conmigo?

Edward se tensa por un momento, pero después de inhalar profundo, él se sienta a su lado. Él envuelve un brazo alrededor de ella, mientras que con su otra mano hace círculos en su pecho.

Con él a su lado, Bella sigue leyendo.

Querida Bella,

Estoy aquí sentado, tomando una cerveza, arrepintiéndome de mis palabras inapropiadas durante nuestra conversación de anoche. Recibí tu mensaje y pensé en llamarte de nuevo, pero en cambio decidí escribir estas palabras, así me aseguro de expresar exactamente lo que quiero decir. Probablemente jamás te daré esto, pero aquí va de todas formas.

Bella, eres una mujer valiente, independiente y trabajadora, y no podría estar más orgulloso de ti. ¿Lo que dijiste sobre el camino en tu vida, y tu carrera? Confía en mí, no estoy preocupado. ¿Y qué si lo que pensabas que querías no termina siendo tan bueno? Eso está bien. ¿Cambiar de idea y hacer otra cosa? ¡También está bien! Siempre haz lo que te haga feliz. Un trabajo es solo un trabajo. Si ya no lo disfrutas, entonces pega la vuelta y encuentra otra cosa que te haga feliz. La vida es demasiado corta como para desperdiciar tus días en un trabajo insatisfactorio.

Sé que tienes el corazón roto, y desearía poder hacerte sentir mejor. Todo lo que puedo decir es: Edward volverá. Sé que lo hará. Lo conozco y lo amo como si fuera mi propio hijo. Él solo necesita tiempo para sanar. La intensidad con la que ustedes se aman es algo que nunca he experimentado en mi vida, y no sé si estoy feliz o triste de habérmela perdido. Sé que encontrarán la manera para estar juntos, como amigos, como familia, o más. Solo el tiempo lo dirá. Esme y yo hemos estado esperando pacientemente a que los dos se den cuenta de eso también. Solo dile cómo te sientes, cielo. Sé que él estará allí para ti.

Bella deja caer su cabeza sobre el hombro de Edward, sus lágrimas caen por su rostro. Ella lo siente inhalar con dificultad, y él intensifica su brazo alrededor de ella.

Por último, Bella, he estado pensando mucho en lo que dijiste sobre convertirte en tu madre. No podría estar más alejado de la realidad. Quiero decirlo de nuevo: No eres tu madre, Bella. Jamás lo serás. Sigo pensando que tengo parte de la culpa, por cómo lidié con todo, y por eso, lo siento. No sé si alguna vez podrás perdonarla, pero estoy feliz de que hayas empezado a ir a terapia por eso. "Perdonar es el valor de los valientes". Lo sé, estoy citando a Gandhi, así que quizás esta debería ser mi última cerveza de la noche. Todo lo que digo es: la partida de Renée sí se llevó una pequeña parte de mí con ella —algo que nunca tendré de vuelta— pero ella también me dio a ti. Y por eso estaré agradecido por siempre.

Te amo, pequeña. Sé que estarás bien.

Con amor,

Charlie.

Bella suavemente dobla la carta y la guarda en el sobre. Ella no se arriesga a mirar a Edward e intenta darle un momento también. Él la aferra fuerte, inhalando profundo, mientras ella solloza y abraza la carta contra su pecho.

Bella recuerda perfectamente la llamada que Charlie menciona en su carta, la noche antes de morir, cuando él la llamó a la medianoche para desearle un feliz cumpleaños.

Ellos hablaron por más de una hora sobre todo. Ella había progresado más con la Dra. Zafrina y se lo había contado. Ella le dijo sobre dudar su carrera como música, una vida en la ruta, como lo había soñado desde niña. Sus sueños habían cambiado. Eso ya no era tan importante. No si no podía tener a sus seres queridos a su lado. No si ella no podía tener a Edward a su lado. Ella le contó de Edward. Sobre lo que sentía por él. Por qué había batallado con ello por tanto tiempo. Cómo su miedo de convertirse en su madre la contuvo.

Con la carta aún presionada contra su pecho, Bella llora al darse cuenta de que él sí leyó el mensaje que le había enviado después de su llamada, donde ella le decía que lo amaba y que ella estaría bien. Ella no podía pensar en mejores palabras para que sean las últimas hacia él.

Ella llora por un rato, quizás por más de un rato, con el brazo de Edward asegurado a su alrededor.

Pasándose una mano por su cabello, él finalmente rompe el silencio.

—Todo estará bien —dice él suavemente, después de aclararse la garganta—. Nuestras vidas seguirán adelante, y todos los días dolerán un poco menos.

—Él fue el mejor. —Ella llora contra las mangas de su sudadera, cubriéndose el rostro con ambas manos y dejando caer su cabeza en el pecho de él.

—Si, realmente lo fue —responde él, cubriéndola con sus brazos y descansando su barbilla sobre la cabeza de ella. Con los brazos de Edward alrededor de ella, Bella comienza a creer que realmente las cosas estarán bien. Charlie tenía razón, Edward estará allí para ella. Todo lo que tiene que hacer ahora es decirle lo que siente por él.


*Hard tiene varios significados según el contexto. Dos de ellos es duro y difícil. De ahí el malentendido ;)


Perdón, un poco tarde, pero aquí está :)

Buen viernes y mañana actualizo Nightmare Before Christmas