Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es RMacaroni, yo solo traduzco con su permiso.


Disclaimer: This story is not mine, it belongs to RMacaroni. I'm only translating with her permission. Gracias, Ronnie, por permitirme compartir tu historia en español :)


Inspiración musical: King Princess - Ain't Together


Capítulo 22

Listos para el Futuro

~o~

AHORA

~o~

Casa de Charlie. Forks, Washington. Viernes, 20 de septiembre de 2013.

Bella yace en la cama, sus ojos fijos, fulminando el colchón vacío de Edward.

Arriba al amanecer, incluso antes de las seis de la mañana, Edward salió del cuarto sin decirle nada, llevando su bolso con él, probablemente pensando que ella seguía durmiendo.

Ella puede escucharlo ahora en la ducha—son pasadas las nueve de la mañana.

Está tan preocupada por él.

El jueves había sido un día difícil. Después de leer la carta de Charlie, ellos habían estado tristes. Él casi desesperadamente había ofrecido su ayuda a Esme con las compras y había desaparecido por horas para ir a la tienda. Ellas no lo cuestionaron; obviamente, él necesitaba su tiempo así como ellas. Pero ella podía verlo en sus ojos cada vez que él evadía su mirada. En la posición de sus hombros. En la forma que su mandíbula está apretada constantemente. Él estaba conteniendo todo adentro y estaba a punto de estallar.

Después de golpear su puerta, él entra, con una sudadera y jeans puestos, su cabello mojado.

—Lo siento, ¿te desperté? —Él deja su bolso en el suelo junto a la silla y estira su espalda, mirándola.

—No, he estado despierta por un rato. —Ella se sienta en la cama, la manga de su camiseta cayendo a mitad de su brazo y exponiendo su hombro desnudo. Ella lo arregla rápidamente, antes que se vea algún pecho, pero lo nota mirar a sus pies.

—Eh... —Él se aclara la garganta y mira hacia la ventana, esquivando su mirada—. Voy a ayudar a Esme en el patio esta mañana. —Su tono es inseguro, como si estuviera pidiendo permiso.

—Claro, está bien.

Él teléfono de él suena en su bolsillo, y él lo saca y mira brevemente a la pantalla.

—Y Emmett me ha estado atormentando con salir antes de que volvamos... No sé si quieres venir, o...

—Edward, está bien. Puedes ir. —Ella le sonríe dulcemente, pensando que probablemente sea buena idea que él despeje su cabeza por un momento, que tenga la posibilidad de salir de esta casa, de alejarse de ella, de toda la tristeza. Emmett siempre ha sido una buena fuente de entretenimiento.

—¿Estarás bien?

—Sí —ella contesta suavemente—. ¿Tú?

Sus ojos finalmente la miran, llenos de angustia aún. Ella nota cómo sus dedos se tensan alrededor de su teléfono mientras inhala profundo.

—Sí... —dice él, su voz baja y controlada. Él relaja su rostro como si fuera una orden e intenta sonreírle.

Ella sale de la cama, y el paso que da en dirección a él es recibido con un paso simétrico por parte de él hacia atrás—como si fueran imanes que se repelan.

—¿Podemos hablar... cuando vuelvas?

Él le asiente, la arruga en su frente pronunciándose.

Ella decide no presionarlo más. Él ha sido paciente con ella. Le ha dado tiempo para procesar las cosas. Lo mínimo que le debe es tiempo para hacer lo mismo.

—De acuerdo. Hablaremos esta noche. —Ella permanece junto a su cama, sin acercarse deliberadamente a él—. Ve a cortar el césped o algo.

Su broma provoca una pequeña sonrisa, lo que la hace sonreír.

—De acuerdo... —Él asiente de nuevo—. Hablaremos esta noche. —Con eso, él sale del cuarto.

El sonido de la cortadora de césped encendiéndose minutos más tarde la hace sonreír. Le echa un vistazo a través de la ventana, y allí se encuentra él, empujando la ruidosa máquina en líneas verticales, comenzando cerca de la acera. Él probablemente corte el césped de las dos casas, lo que lo mantendrá ocupado por unas horas—seguramente la razón por la que lo está haciendo.

Bella es entretiene en su cuarto, hace su cama, y coloca su bolso sobre ella, empacando algunas cosas que planea llevarse con ella a Seattle.

El tema salió durante la cena del jueves, cuando Esme le preguntó a Edward cuándo planeaba regresar a Seattle. Él dijo que necesitaba volver a trabajar el lunes, y miró a Bella, directo a los ojos, cuando le preguntó si quizás ellos podían volver el domingo.

Ellos... Edward y Bella.

Juntos.

Bella le había asentido rápidamente en acuerdo, a pesar de que ellos no lo habían discutido. No había nada que él pudiera decir que la haría volver sin él.

Ella toma el portarretrato de Charlie de su mesa de noche, sonriendo con tristeza. A pesar que ella tiene la misma foto en Seattle, no se siente correcto dejar este atrás. Con la fotografía en su bolso, ella comienza a apilar cosas en la cama.

Ella se acerca a su armario y saca las dos camisas escocesas que le había robado a Charlie. Eran sus favoritas y ella quería quedárselas. Las dobla con amor y las ubica junto al portarretrato.

Mira a su cama por un minuto, y es entonces que se da cuenta. Las fotos. De Edward. Las cosas de su caja.

Ella se apresura de vuelta al armario y encuentra la caja de zapatos en el estante superior, escondido debajo de otras cajas. La saca, sonriendo con anticipación.

Se sienta en la cama, abriendo lentamente la caja, mientras los recuerdos invaden su mente. Ella tiene tantas fotos de él allí. Las que ella había tomado. Otras que Charlie había tomado de ellos. Boletos de cine. Boletos de conciertos. Las listas de reproducción de cada concierto que han dado juntos. La caja está llena de Edward, y planea llevarse todo con ella, para combinarla con la caja que tiene en Seattle. Ella sabe exactamente lo que hará con ellas.

~o~

Bella y Esme cenan temprano. Ellas cocinan y comen juntas, al parecer relajadas con la otra sin Edward allí. Inevitablemente, la conversación gira hacia Charlie, al recordar los momentos especiales juntos. Mientras las lágrimas caen, el momento no es insoportablemente triste, y entonces el sol está casi poniéndose cuando Bella vuelve a casa.

Pocos minutos después de haber entrado a su cuarto, ella ve a Edward en la entrada. Él levanta la mirada hacia el cuarto de ella antes de dar la vuelta y dirigirse hacia el sótano. Ella toma un libro, sospechando que le tomará un rato subir. Sus sospechas son confirmadas, ya que lo escucha entrar en la ducha horas después.

Su teléfono comienza a sonar en la mesa de noche entonces con una videollamada. Ella le echa un vistazo, y el rostro de Jazz le hace sonreír.

—Hola, tú —dice cuando aparece el video.

—¡Bella! —Él lleva una mano hacia su pecho exageradamente y frunce la nariz—. ¿Acaso ya dejaste de cepillar tu cabello?

—Cállate. Ya estoy en la cama. —Ella pasa una mano por su cabeza y se deja caer en la cama como muestra, soplando el cabello de su rostro.

—¿Cómo estás?

—No lo sé. —Se encoje de hombros—. Bajé a una crisis al día, creo. Cada vez que encuentro algo de él que no esperaba... Una gran crisis. Pero creo que me siento mejor. Y la Dra. Zafrina dice que estoy progresando, así que...

—Bueno, es comprensible. Solo ha pasado una semana. Todos los días serán un poco más fáciles, cielo.

—Eso es exactamente lo que Edward dice también. Menos el cielo, por supuesto.

—¿Oh, sí? ¿Qué te dice? ¿Amor? ¿Princesa? ¿Azúcar?

Bella se ríe, y eso se siente tan bien.

—¿Nada de eso entonces?

Bella niega con la cabeza.

—Aunque estoy preocupada por él. Volvieron los entrenamientos dementes. Él está muy... tenso.

—Agh... Extraño verlo rondar sin camiseta por el departamento. ¿Cuándo vienes a casa? ¿Él también vuelve? Dile que deje de enviar cheques para la renta si no vuelve. Encontraremos otro compañero de piso.

Bella suspira. Ella no tiene respuestas para las preguntas de Jazz. Antes de que pueda responderle, hay un golpe a su puerta media abierta, y Edward asoma su cabeza. Cuando ella le asiente, él entra a su cuarto con solo una toalla alrededor de su cintura.

—Lo siento —dice Edward—. Olvidé mi bolso.

—¿ESE ES ÉL? —pregunta Jazz cuando Bella intenta cubrir el altavoz—. ¡Muéstrame! ¡Muéstrame!

—Jazz quiere saludar —Bella le dice a Edward, que mira al teléfono con el ceño fruncido.

Cuando Edward se encoje de hombros, Bella gira el teléfono así pueden verse.

—¡Oh, querido Jesús! —dice Jazz, y Bella resopla.

Edward se acerca a la cama de Bella y se inclina, acercándose al teléfono.

—Hola, Jazz... —Él agita una mano con una pequeña sonrisa en su rostro.

—¡Edward! ¿Acaso Bella te contó sobre mis teorías de tu lema "una cosa difícil a la vez"?

—¡Jazz! —chilla Bella, girando el vídeo hacia ella.

Edward simplemente sacude la cabeza y sale del cuarto, su bolso en una mano, la otra sosteniendo la toalla.

—¡Isabella Marie Swan, ¿se está quedando en tu cuarto?!

—Algo así... —dice Bella, moviendo el vídeo de nuevo así él puede ver el colchón de Edward en el suelo—. Él ha estado durmiendo en esa cosa. Me preguntó si quería dormir en su casa, pero simplemente no podía. No lo sé. Quería estar aquí.

—¿Y naturalmente, él se quedó contigo, en vez de ir a su viejo cuarto en su propia casa?

Cuando Bella asiente, Jazz suspira.

—¿Han hablado?

—No sobre nada en particular.

—Agh, Bella, no puedo contigo cuando estás siendo así de vaga y lenta.

—Yo... —Bella suspira—. Lo intenté, pero él no quiere hablar de eso aún. No lo sé. Dijo que quería darnos tiempo para lidiar con esto... con Charlie... Yo solo... Creo que está evitándome.

—Bella, ponte tus pantalones de niña grande y dile a ese chico lo que sientes por él, ¿sí?

~o~

Después de colgar con Jazz, Bella coloca su cabello en un rodete, decidiendo que ya es suficiente. Ella enfrentará a Edward y lo hará hablarle quiera o no.

Saliendo del cuarto, ella comienza a dirigirse al pasillo, y se detiene cuando nota que la puerta del baño está abierta. Puede ver a Edward de pie frente al espejo en solo un par de shorts. Está aferrándose al lavabo, con su cabeza agachada hacia su pecho.

Algo sobre su postura la hace apresurar sus pasos, acercándose a él rápidamente. Toca su brazo, y ni bien entra en contacto con su piel, él aparta su cabeza, escondiéndola de ella.

Un jadeo y un resoplido llena el aire, y un suave temblor recorre su cuerpo, haciendo que el estómago de Bella de un vuelco.

Él está llorando.

—Edward. —Jala de su brazos desesperadamente—. ¿Qué pasa?

Él aparta su cuerpo lejos de ella y se sienta sobre la tapa del inodoro. Una mano cubre su rostro mientras intenta respirar profundo. La otra mano descansa sobre su pierna, sosteniendo algo.

—¿Qué pasa? —Hay angustia en el tono de ella, una urgencia para ayudarlo de cualquier manera que pueda. Para saber lo que está pasando. Ella busca su mano, y él la abre, revelando un paquete casi vacío de cigarrillos.

Al principio, no tiene sentido—¿por qué Edward estaría llorando por un paquete de cigarrillos? ¿Quizás comenzó a fumar de nuevo? ¿Quizás eso era lo que estaba haciendo con Emmett?

Pero mientras Bella inspecciona el paquete, y el único cigarrillo en este, se da cuenta —lo recuerda— es la marca que Charlie fumaba. Los que escondía de Esme. Se pregunta dónde Edward lo encontró.

Aunque no importaba—él está derrumbándose frente a ella. Lo único que importa en este momento es que ella necesita estar allí para consolarlo, así como él lo había hecho por ella tantas veces en el pasado.

Envuelve sus brazos alrededor de él, una mano frotando su espalda, y la otra deslizándola por su cabello aún mojado. Ella contiene sus propias lágrimas, y él inhala profundo debajo de ella.

—Lo siento... —dice él finalmente con voz ronca—. Solo... Mierda... —Baja la mirada, aferrando su rodilla con una mano.

—Oye, está bien...

—Él vino a visitarme, un par de semanas antes que él... eh... y él tenía estos. —Edward mira de nuevo el paquete en su mano—. Tenía problemas con la abstinencia, y todo lo demás, y él me los dio. Me fumé casi todo el paquete esa noche, pero se sintió incorrecto hacerlo, así que dejé uno y lo guardé. Me había olvidado de ello. No sabía que seguía allí. —Él tira el paquete de vuelta a su bolso en el suelo.

Él toma aire profundo varias veces, aún mirando al suelo, escondiendo su rostro de ella.

—Lo siento, Bella. No quiero ponerte triste.

—Oye —dice ella, acuclillándose frente a él. Toma su rostro en sus manos, tratando de formar una conexión con él, pero tiene los ojos cerrados fuertemente—. Edward, puedes estar triste por Charlie, ¿de acuerdo? Él no solo te amaba como a un hijo. Eras su hijo.

Él sacude la cabeza suavemente, cerrando los ojos con más fuerza.

—Has sido tan fuerte, Edward. —Los ojos de ella se llenan de lágrimas—. Por mí... Por Esme... Has sido nuestra roca, pero estamos aquí para ti también, ¿sabes? No tienes que hacer esto solo. —Bella habla con convicción, vertiendo sus emociones en cada palabra, tratando de transmitirle lo mucho que él significa para ella—. No estás solo. —Traza sus dedos por la mandíbula de él—. Estoy aquí. Estoy aquí contigo.

Todo su cuerpo tiembla cuando ella envuelve sus brazos alrededor de él. Su rostro contra su cuello. Una mano en su cabello. Él jadea, luego otra vez, estallando en llanto bajo sus brazos mientras ella intenta sostenerlo. Ella susurra en su oído, repitiendo las palabras, aferrando sus brazos alrededor de él mientras las lágrimas caen de sus ojos también.

Le lleva unos minutos recomponerse, y cuando ella lo siente respirar profundo, afloja su agarre en él. Toma su rostro en sus manos, y presiona sus labios contra las mejillas de él una, dos veces, quitando sus lágrimas, y aparta su rostro para mirarlo.

Cuando él abre sus ojos, estos están tristes, hay lágrimas restantes en sus pestañas, pero hay más también. Un fuego en sus ojos, uno que coincide con el que ella siente en su corazón.

Al segundo siguiente, él toma su rostro, y sus labios se estrellan con los de ella. Suelta rápidamente su rostro, mueve sus manos hacia su espalda, y firmemente la envuelve en sus brazos, levantándola del suelo.

Ella levanta sus piernas y rodea su cintura mientras se tambalean al salir del baño.

Él nunca suelta sus labios mientras chocan por el pasillo de camino al cuarto de ella.

Enseguida, ella se encuentra acostada sobre el colchón y su cuerpo está encima de ella, sostenido por brazos temblorosos que la rodean.

—Tus brazos... —Ella frota ambas manos en los brazos de él mientras tiemblan.

—Estoy bien... —susurra él, acercándose a su cuello con un jadeo. Ella se queda sin aliento cuando los labios de él crean un camino hacia su clavícula.

—Edward... —Ella lucha para encontrar las palabras mientras se aferra a los hombros de él, sus besos continúan por su cuerpo—. Espera...

Él se detiene por un momento y asciende por su cuerpo así están cara a cara. Sus ojos la cuestionan. Hay un hambre puro en ellos, pero se puede ver la duda.

Él la necesita. Ella sabe esto. Pero quizás ceder a la pasión no es la forma. Al menos, aún no.

Ella sostiene su rostro con ambas manos.

—Quiero hacer esto bien... cuando estés en un buen estado mental. Cuando los dos estemos en un buen estado mental. Ha sido una semana emocional.

Él deja caer su cabeza entre sus hombros con un gruñido derrotado y dolorosamente se aparta de ella. Sin hacer preguntas. Se sienta al borde de la cama, jadeando y pasándose las manos por el cabello.

—Confía en mí —dice ella, sentándose detrás de él—. Lo último que quiero hacer es detenernos. Pero hay cosas que necesitamos decir. Cosas que necesito que me escuches decir.

Él baja la mirada, incluso cuando los dedos de ella tocan su espalda desnuda y se acerca a él, descansando su rostro sobre su hombro.

—Edward, te amo —comienza—. Te he amado desde siempre. Solo temía que la historia se repitiera. Que te lastimara. Que te perdiera. Y pasó de todas formas. Fui una idiota. Lo siento mucho.

Todo sonaba mejor en su cabeza las infinitas veces que ella había pensado en esto. Sin embargo, las palabras eran las mismas. Los sentimientos también.

Ella desliza sus dedos desde la espalda al cuello, y cuando él voltea a mirarla, empuña el cabello que se encuentra allí.

—Estoy lista. No hay nada más que quiera que ser tuya. No quiero desperdiciar más tiempo. Puede que no sea fácil, y puede que la cague de nuevo, pero sigue siendo verdad. Estoy lista para el futuro. Contigo.

Los ojos de él penetran los suyos y traga con fuerza. Empuña sus manos sobre sus muslos.

—Mierda, Bella. —Deja caer su frente sobre la suya—. No sabes cuánto tiempo he esperado a que dijeras eso.

Pasa sus dedos su cabello, jalándolo hacia ella. Cierra los ojos, sus narices se tocan, y puede sentir su aliento contra sus labios.

—Esto es todo para mí, Edward. Ya no andaré con juegos. Te quiero. Quiero todo de ti. Por lo que si quieres eso, entonces soy tuya.

—Eso es todo lo que siempre he querido. —El alivio en su suspiro es casi evidente, y entonces él finalmente aparta sus manos de sus muslos y roza sus pulgares sobre las mejillas de ella de la manera más dulce. Todo parece ser demasiado, mientras se estremece y sus brazos tiemblan frente a ella.

—¿Estás bien?

Él asiente, pero sus hombros ceden, y deja caer sus manos de vuelta sobre sus muslos con una larga exhalación.

—Puedes soltarla, Edward. La máscara que usas como si todo está bien, como si simplemente podemos pedir y pedir de ti, no es necesaria. Puedes llorar también. Está bien.

Posando su frente sobre el hombro de ella, suelta un suave gruñido.

—Simplemente... estoy tan cansado.

—Ven aquí... —Lo envuelve en sus brazos y lo jala hacia la cama así los dos están acostados. La cabeza de él descansa sobre su pecho mientras exhala fuertemente.

¿Quién sabe cuánto ha dormido en ese estúpido colchón inflable?

Bella planea deshacerse es eso en la mañana.

Edward debe haber estado absolutamente exhausto porque solo le toma unos minutos quedarse dormido sobre el pecho de ella, el peso de los últimos días finalmente le pasa factura. Ella lo abraza tanto como puede, pasando sus dedos por su cabello, mientras mira a la lluvia caer por su ventana. Cuando se le hace difícil respirar, con cuidado mueve su cabeza hacia la almohada a su lado.

La ausencia del peso de su cabeza sobre su pecho palidece en comparación al alivio que siente ante el peso que fue quitado de sus hombros ahora que se liberó al compartir sus sentimientos con él. Ella no se arrepiente de no haberlos compartido antes, pero estaba cansada de vivir en el pasado —cansada de dejar que controle sus acciones— cansada de contenerse simplemente porque tenía miedo.

Ella mira el rostro de Edward, tan pacífico en su sueño, y busca las mantas, cubriéndolos a los dos, y acurrucándose a su lado. Él instintivamente envuelve un brazo alrededor de su cintura y la lleva hacia él. No le lleva mucho tiempo para que sus párpados se cierren y se quede dormida para lo que sospecha que será la primera noche de sueño ininterrumpido de ambos. Ella no puede esperar a despertar y comenzar su futuro juntos.


Aw, bueno, ¿que les pareció?

¡Gracias por leer y buen lunes! Quizás suba otro mañana :)