Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es RMacaroni, yo solo traduzco con su permiso.
Disclaimer: This story is not mine, it belongs to RMacaroni. I'm only translating with her permission. Gracias, Ronnie, por permitirme compartir tu historia en español :)
Capítulo 23
Todo
~o~
AHORA
~o~
Casa de Charlie. Forks, Washington. Sábado, 21 de septiembre de 2013.
Cuando Bella abre los ojos, su cuarto está muy iluminado, indicando que ya ha pasado el momento que considerarías como temprano en la mañana. Edward sigue durmiendo a su lado, con su brazo envuelto alrededor de su cintura. Su rostro luce pacífico, mechones de cabello brillan debido al sol que entra por la ventana.
Él no se levantó temprano para entrenar. Se quedó en la cama con ella, descansando como se lo merece.
Esto llena de amor su interior. Cuando se estira para tocar su rostro y sus dedos apartan el cabello de su frente, él inhala profundo.
—Swan, ¿me estás viendo dormir? —pregunta él con los ojos cerrados, sus labios estirándose en una sonrisa.
—¿Quizás? —ella susurra a su lado.
Con un suspiro, él gira sobre su espalda, soltando su cintura. Ella casi hace un puchero mientras él estira sus brazos por encima de su cabeza.
—No quise despertarte. Lo siento. —Sus dedos arden por tocarlo, por deslizarse por su mandíbula, o su pecho, o algo.
—Está bien. —Él se pasa las manos por el rostro y se rasca la mandíbula—. ¿Qué hora es?
—Diez treinta.
—Cielos... —él dice bostezando—. No puedo recordar cuándo fue la última vez que dormí así. —Gira sobre su costado de nuevo, mirándola, y aparta un mechón de su cabello—. Gracias.
—Quiero hacerte el desayuno —suelta ella, y él sonríe—. ¿Quieres panqueques? —Ella siente sus mejillas enrojecer y sus oídos arder—. Los normales. —Su voz suena temblorosa, y no puede creer lo nerviosa que luce—. ¿O quizás huevos y tostadas?
Él sigue allí, en su cama, sin camiseta, y ella mantuvo sus manos para sí misma —en mayor parte— toda la noche.
Ella está orgullosa de su autocontrol.
La sonrisa de él se amplía, sus ojos se achinan más, mientras desliza una mano por el brazo de ella.
—Me encantaría unos huevos y tostadas. No me he ganado los panqueques aún. —Le guiña un ojo, ¡le guiña!, mientras se sienta en la cama.
Ella lo golpea suavemente en el hombro, sacudiendo sus piernas debajo del edredón, y sale de la cama.
—Entraré a la ducha rápido y luego comenzaré el desayuno. —Ella voltea hacia él, atrapándolo cuando su mirada baja hacia sus piernas desnudas.
Cuando sus ojos se encuentran con los de ella, no hay una disculpa en ellos, lo que hace que sus orejas y mejillas se sonrojen aún más.
Se observan por un minuto, hasta que ella no puede mantener su mirada y agacha la cabeza, tratando de recomponerse.
—Está bien, iré tras de ti. —Él se aclara la garganta y, cuando ella lo mira, levanta sus cejas, sonrojándose—. Quiero decir... después de que termines.
Ella no puede evitar sonreír.
—¿No entrenas hoy? —le pregunta desde la puerta.
—No lo necesito. —Sus ojos dicen mucho más de lo que aquellas palabras implican.
Él se le acerca dando un par de pasos largos. Bella puede sentir su corazón martillear en su pecho al tenerlo tan cerca.
—Oye, sobre lo que dijiste anoche... —Él se para frente a ella y toca su rostro, moviendo su pulgar sobre su mejilla, haciendo que Bella se aferre al marco de la puerta en busca de apoyo.
—Dije en serio cada palabra. —Su voz es apenas un susurro mientras se acerca a él.
Los ojos de él se suavizan, su cuerpo se inclina sobre ella, y sus dedos aferran su barbilla, llevando su boca a la suya. Sus labios se encuentran suavemente.
—También estoy listo para el futuro contigo —susurra contra sus labios, antes de apartarse—. Lamento haberme quedado dormido antes de decirte eso.
—Lo necesitabas. —Ella pasa una mano por su pecho, sus dedos apenas rozan su hombro, y bajan por su brazo.
—Lo sé. En serio que sí... Gracias. —Él le da otro beso suave, antes de dar un paso hacia atrás con control. Como si él sabe, así como ella, que cualquier cosa más que un beso suave inevitablemente se convertirá en más—. Entonces... ¿duchas y luego desayuno?
—Sí...
—¿Y terminamos de empacar? —Él señala con su pulgar por detrás de él hacia el bolso de ella a medio empacar junto a la silla y al par de cajas a su alrededor.
—Sí... No he terminado aquí. —Una pizca de tristeza cubre las palabras de Bella. Es hora de irse de Forks, la realidad los espera al término del fin de semana—. Hay... muchas cosas.
El humor de Edward parece ser igual al de ella, y toda la diversión se esfuma de su expresión al asentir.
—Te ayudaré. —Al menos ahora, él no tenía su máscara de "todo está bien".
~o~
Esme tiene el turno de la mañana en el hospital, por lo que Edward y Bella desayunarán solos. Cuando Edward entra a la cocina después de una ducha rápida, Bella ya se encuentra colocando tostadas ligeramente quemadas en su plato. Él se pasa una mano por el cabello mojado, rascando la parte trasera de su cuello.
—Se quemaron un poco —dice ella avergonzadamente, pasando un cuchillo por los bordes e intentando raspar las partes quemadas.
—Justo como me gustan.
Ella lo mira por un momento, en sus jeans y camiseta negra. A pesar de que él está recién duchado, sigue luciendo soñoliento. Ella le sonríe, sintiendo explotar su pecho, mientras que otras partes de ella arden también. Él luce bien. Bueno. Genial.
Él le devuelve la sonrisa, tomando asiento.
Regresando a la estufa, Bella termina los huevos revueltos antes de quemarlos también.
—Gracias —dice él, untando manteca sobre su tostada, dando un mordisco, y sonriéndole.
Comen en silencio, robando miradas al otro. Edward hace este pequeño baile de hombros al devorar su comida, mientras que la mente de Bella repasa las miles de preguntas que quiere hacerle.
—Bella. —Edward finalmente habla, después de tomar un sorbo de su jugo de naranja—. ¿Podrías, por favor, dejar de morder tu lengua y simplemente decir lo que piensas?
—Solo estaba pensando en... —Ella coloca sus cubiertos sobre su plato, reclinándose en la silla—. Qué pasará ahora. Mañana volvemos a Seattle, y todo aún está en el aire. No le he dicho a Jazz si volveremos al departamento o si...
—No puedo volver al departamento, Bella. —Su tono es serio, su voz firme—. No creo que a Jazz le gustaría vivir con nosotros dos, para ser honestos —añade con un tono más suave.
—Sí, lo volveríamos loco. —Bella sonríe pero sabe que esa no es la razón por la que él ya no quiere estar en ese departamento.
—Sí... —Edward se ríe sin humor—. Te estás mordiendo el labio de nuevo, Bella. Por favor. —Pasa ambas manos por su cabello, coloca sus codos sobre la mesa, observándola.
—Solo... —Ella juega con sus dedos debajo de la mesa—. No tengo idea de dónde has estado en los últimos tres meses. ¿Qué has estado haciendo? ¿Con quién has estado? —Ella hace una mueca—. Y me está volviendo loca.
Edward toma aire profundo, casi como preparándose; quizás es porque ella lo tomó por sorpresa, pero ella está segura que él debe estar preguntándose lo mismo.
—Te contaré lo que sea que quieras saber, Bella. Solo pido una cosa a cambio.
—Lo que sea.
—Yo... No quiero saber. —La mira fijamente, indicando lo serio que va—. No puedo soportar saberlo.
—Está bien... —Ella quiere decirle que no debe preocuparse por nada. Ella no ha hecho nada y no ha estado con nadie, pero quizás eso lo hará sentirse peor, así que se contiene y le otorga su deseo.
—De acuerdo, ¿qué quieres saber? —Edward tamborilea sus dedos sobre la mesa, su mirada siempre en ella.
—Todo. —Bella se cruza de brazos, arqueando una ceja con esperanza.
—Está bien. Todo. —Él se pone de pie y camina hacia el refrigerador, probablemente buscando algo más fuerte que jugo de naranja. Ella escucha el choque de las botellas de cerveza de Charlie y la inhalación profunda de Edward antes de tomar una—. Oye, es pasado el mediodía. —Le sonríe con culpa a Bella, girándose para mirarla.
—No estoy juzgando. —Bella le guiña un ojo—. También tomaré una. Quizás la necesitaré para esta conversación.
Edward asiente en acuerdo, tomando una segunda cerveza y abriendo las dos, colocando una frente a ella y luego volviendo a su silla.
—Bien —comienza él, tomando un sorbo de su cerveza y reclinándose en su silla—. Vine aquí primero cuando me fui y me quedé con tu papá por un par de días.
Ella asiente, alentándolo a que continúe, tomando un sorbo de su cerveza también.
—Me crucé con Angela Weber estando aquí —dice él con cuidado, estudiando a Bella.
Bella tomo otro sorbo de su cerveza mientras que su otra mano empuña su pantalón por debajo de la mesa. Ella lo sabía. Él estuvo con ella. No se había imaginado esa publicación en Facebook.
—Y ella mencionó un departamento que estaba rentando su amigo en Seattle —continúa Edward.
Bella le asiente, arqueando una ceja.
—Es un pequeño departamento en el centro, pero que se encuentra justo arriba de Audio Cheney, un estudio de grabación del que Ben Cheney es dueño, que es amigo de Angela. La renta es barata porque está arriba de la sala de vivos y la insonorización no es buena, por lo que puede ser ruidoso a veces. —Él deja su cerveza en la mesa, haciendo señas con su mano, mientras sigue contándole sobre su nueva vida—. He estado viviendo allí desde entonces. Y conseguí un trabajo en el estudio también.
—Mmm... —Bella tararea, tomando otro trago de cerveza—. Y, ¿qué hay de Angela?
—Bella... —Ahora es el turno de él para beber su cerveza.
—¿Estuvieron juntos?
Él deja caer su cabeza en derrota.
—Supongo que podrías decir eso.
—Olvídalo. Creo que esto fue una mala idea. —Bella se para de la silla, toma sus platos de la mesa, y se dirige hacia el fregadero para ocuparse con los platos. Manteniendo su espalda hacia él, comienza a mojar los platos, deteniéndose cuando siente el calor de su cuerpo detrás de ella.
Él pasa una mano suavemente por su brazo.
—Lo siento —susurra él, su rostro en la curvatura de su cuello donde deja besos antes de hablar de nuevo—. Intenté olvidar. Intenté seguir adelante. No sabía si tú y yo algún día encontraríamos el camino.
No es como si ella esperaba que él estuviera solo o que ella creyera que él se lo debía —no después de cómo lo había tratado— pero darse cuenta de que aún así ocurrió, que él buscó consuelo en Angela Puta Weber de todas las personas, hace que su sangre hierva y su corazón se rompa.
—¿Los dos siguen...? —Ella voltea para mirarlo—. ¿Dónde cree ella que estás ahora mismo?
—Ella sabe que estoy aquí. Ella sabe que estoy contigo. Terminó la cosa entre nosotros. —La voz de él es calma, incluso dulce, mientras su rostro permanece en el cuello de ella.
Bella suspira con alivio, mirando los platos de nuevo.
—Fui honesto con ella desde el comienzo. Le dije que lo que fuera que tuviéramos solo podía ser casual. Y ella dijo que estaba bien con eso.
—Pfff, claro. —Bella bufa, apartándose de él—. ¿Lo suficientemente casual como para publicar sobre ti en Facebook?
—Le dije que quitara esa mierda. —Él se pellizca el puente de la nariz—. Ni siquiera sabía que ella había publicado una foto hasta que Esme me lo dijo.
Bella friega los platos, probablemente con más fuerza de la necesaria, pero se mantiene callada.
—Bella, lo juro. No hay nada más entre nosotros. —Él da un paso hacia atrás, dándole espacio—. Terminé con ella... Lo que fuera que era.
Ella puede sentir que hay algo que no está contando, así que pregunta:
—¿Cuándo terminaste con ella? —Él se queda quiero ante su pregunta, y ella sabe que dio en el clavo.
—Bella... —ruega él, bajando la mirada.
Ella gira hacia él, sus manos aún cubiertas de espuma del fregadero.
—Edward... ¿cuándo?
—El domingo... ¿creo? —Le echa un vistazo con culpa por el rabillo de sus ojos.
—¿Mientras estabas aquí? —Ella da un paso hacia atrás, su voz más fuerte de lo que es su intención.
—Conduje hasta Seattle...
—¿Condujiste hasta Seattle? ¿Hacia ella? —Las horas del fin de semana después de la muerte de Charlie siguen siendo borrosas para ella, pero recuerda que él no estuvo en una parte. Comprendiendo que allí es dónde él fue no solo la asombra, sino que duele más de lo que debería.
—No hacia ella. —Él da un paso en dirección a Bella—. Para terminar las cosas con ella así podía estar contigo.
—Agh... —Ella lo aparta del camino para regresar su atención a los platos.
—Sí, no me está yendo bien, ¿eh? —Su tono es divertido y se queda a su lado, su cuerpo inclinándose sobre el de ella.
—Nop... —ella dice sin mirarlo, tratando de mantener su cuerpo en el lugar en vez de derretirse sobre él.
Él suspira y se mueve para traer el resto de los platos al fregadero. Comienzan a lavarlos juntos, en silencio, hasta que ella habla de nuevo.
Ella desea poder soltarlo y estar feliz de que él esté aquí ahora, pero sus inseguridades ganan, y el sarcasmo es su elección como mecanismo de afrontamiento.
—Entonces, ¿allí es dónde vivirás? ¿En el pequeño nido de amor que tenías con Angela?
Edward sonríe, volteando hacia ella, secándose las manos con el paño de cocina antes de tocar su rostro.
—Ella no vivía allí.
—Bueno, ¿alguna vez pasó la noche?
—Bella, vamos... ¿Realmente quieres que hablemos de esto? —Él deja caer su mano de su rostro con un gruñido.
—No. Sí. No lo sé. Solo dime. ¿Lo hizo? —Ella arquea una ceja, ya sabiendo la respuesta.
—A veces...
—Por supuesto que sí... —Ella sabe que está siendo irracional. Ella sabe que ella lo alejó. Él había estado allí, listo para ella, por años. Ella sabe esto. Aún así no hace el hecho que estuviera con otra chica, con ella en particular, más fácil de aceptar—. ¿Cuándo fue la última vez?
—Bella, no... —Él toma el paño de cocina, sus ojos penetrantes en ella mientras se seca las manos.
—Quiero saber... ¿cuándo fue la última vez que te acostaste con ella? —Ella sostiene su mirada con actitud desafiante. Ella no dejará ir esto.
—Acabó ya. Por favor. —Sus ojos ruegan con ella.
—Aún así. Ayer, lo que compartimos ayer, fue especial para mí, Edward. Casi tuvimos sexo también. Necesito saber si pasó días después de follar con alguien más.
—¿Eso es lo que realmente necesitas saber? ¿Cuándo fue la última vez?
—Sí. —Ella se cruza de brazos, mirándolo con terquedad, sin vacilar y esperando una respuesta.
—De acuerdo. ¡Quieres detalles, aquí vienen! —Él lanza sus brazos al aire con un gruñido. Claramente exasperado—. No habían sido días. Más como semanas. Muchas. Al menos tres, estoy seguro. —Él camina de un lado al otro frente a ella mientras cuenta todo—. Cuando Charlie vino de visita, ella y yo tuvimos una discusión después. Yo había estado preocupado de que no estuviéramos en la misma página y que ella quería algo más que casual. No tuvimos más sexo después de eso. Así que la última vez antes de eso fue la última vez. Y honestamente no recuerdo cuándo fue eso.
—Está bien. —Ella toca su brazo, deteniendo sus movimientos, y jala de él suavemente—. Gracias por contarme. —Ella inhala profundo, sintiéndose más tranquila ahora que lo sabe. Ella no puede culparlo por eso, y él tiene razón, ellos deberían dejar el pasado atrás así pueden seguir adelante—. ¿Alguien más de quien deba preocuparme?
—Nadie más —dice él con resignación—. Te lo prometo, Bella, yo no lo inicié. No estaba buscando nada ni a nadie. Estaba... ¡mierda! No lo sé. Estaba herido, ¿de acuerdo? Ella simplemente estaba allí. Sé que me hace sonar como un imbécil. Y lo siento, pero no creo que sea justo que me eches en cara esto. No después de todo.
—Está bien. Tienes razón. Lo siento... —ella susurra, pasando una mano por el brazo de él.
—Cielos... —Él está respirando con dificultad frente a ella, su pecho subiendo y bajando con cada respiración—. Me asustaste por un momento, Swan.
—Lo siento. —Ella mira sus pies, sus hombros cayendo con culpa.
—No lo estés. —Él presiona sus dedos debajo de la barbilla de ella, haciéndola mirarlo—. Bella, anoche fue la mejor noche de mi existencia hasta ahora. Lo que me dijiste. Lo que compartiste conmigo. Fue jodidamente especial para mí también. Angela no es nada más que un punto en mi pasado. Tú eres mi futuro. Quiero concentrarme en eso. En ti.
—También quiero concentrarme en ti. En nosotros. Sé que todo esto ha sido mi culpa, y no te culpo. No te culpo por buscar consuelo en alguien más. En serio que no. Pero eso no significa que me tiene que gustar, ¿cierto? Odio que ella haya estado contigo, y que ni siquiera pueda estar molesta por eso.
—Quiero decir, puedes estar molesta —él dice en casi un susurro—. Pero no me iré a ninguna parte. Y no te dejaré huir más. —Sus pulgares se deslizan por sus brazos, y terminan en los codos de ella.
La acerca aún más, dejando caer la cabeza sobre su hombro, su cuerpo inclinado hacia el de ella. Ella expulsa el aire por la nariz al derretirse sobre él, estirando una mano para acariciar el cabello en la parte trasera de su cuello. Se mecen juntos en la cocina, casi en un baile.
—Lo siento. Lo estoy. Desearía poder deshacer todo. —Él respira contra su cuello, haciéndola estremecer—. Encontraré un departamento nuevo si quieres.
Ella siente su ira esfumarse cuando él desliza sus dedos por sus brazos.
—Bueno, si quieres que alguna vez pase la noche en tu departamento...
—¿Pasar la noche? —Él levanta su cabeza, frunciendo el ceño, pero sus labios se estiran en una sonrisa—. Pensé que vendrías a vivir conmigo.
—¿Crees que sea una buena idea vivir juntos ya? —Ella lo mira, pasando sus manos desde su cuello, por su pecho, y hasta su cintura.
—Bueno, hemos vivido juntos ya.
—Pero no eras mi novio entonces.
—¿Soy tu novio ahora? —La jala hacia él, la sonrisa en su rostro es incontenible.
—Sí. —Ella empuña la camiseta de él a sus costados.
—Mmm... qué bueno saberlo. —Él vuelve a sonreír, rodeando su cintura con sus brazos, regresando a su baile—. ¿Eso te hace mi novia?
—Así es como típicamente funciona.
—Me encanta como suena eso —él susurra contra su cuello—. Entonces, comenzaremos despacio. Seremos novio y novia que viven en departamentos diferentes entonces.
—Sí, tonto.
—Tú volverás al departamento con Jazz, y yo intentaré encontrar uno nuevo.
—Está bien... —Ella recorre su cuello con sus manos—. Quizás Jazz y yo podemos encontrar un nuevo compañero de piso sexy que camina por el departamento sin camiseta.
Edward se queda quieto, gruñe contra su cuello, y la toma en brazos.
—Realmente no estoy cómodo con que bromees sobre eso. —Envuelve sus piernas alrededor de su cintura—. Y por cierto, jamás lo estaré.
—Está bien... Está bien... nada de chistes sobre compañeros de piso sexys —Bella susurra mientras él besa su cuello.
Ellos caen sobre el sofá, pero cuando los labios de Edward tocan los de Bella, la puerta se abre. Solo los pies de Esme pueden ser vistos mientras carga cajas vacías y dobladas frente a su pequeña figura. Edward gruñe. Bella se ríe. No es la primera vez que ellos han sido atrapados por Esme, pero esta vez, Bella sabe que es solo cuestión de tiempo antes de continuar lo que comenzó.
