Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es RMacaroni, yo solo traduzco con su permiso.


Disclaimer: This story is not mine, it belongs to RMacaroni. I'm only translating with her permission. Gracias, Ronnie, por permitirme compartir tu historia en español :)


Inspiración musical: Sleeping at Last - Turning Page


Capítulo 24

Mi canción

~o~

AHORA

~o~

Casa de Esme. Forks, Washington. Sábado, 21 de septiembre de 2013.

—¿Recuerdas cuando Jacob Black te mostró su polla y lo llamaste su cosita? —Edward se ríe fuertemente, y retumba en la cocina.

—¡Edward! —Esme lo golpea en el hombro, mientras coloca el plato de judías verdes en el centro de la mesa.

Bella inclina su cerveza, sacudiendo la cabeza, pero las comisuras de sus labios están estiradas en una sonrisa.

—¿Qué le pasó a ese maldito? —La mirada de Edward está sobre Bella, como lo ha estado todo el día y toda la noche.

—¡Edward Anthony Cullen! ¡No hables así durante la cena!

Edward hace una mueca cuando Esme usa su nombre completo, levantando sus manos en disculpas.

—¡Lo siento... lo siento!

—La última vez que lo vi fue cuando vino a disculparse después de su graduación. Supongo que tú tuviste algo que ver con eso.

—No tengo idea de lo que hablas. —Él le guiña un ojo, levantando su cerveza como si estuviera brindando.

—De lo último que escuché de Billy, Jacob vive en Florida. —Esme trae otro plato de comida, haciendo lugar en la mesa. Ella cocina para un ejército—. Vamos, coman mientras está caliente.

Las historias de la secundaria siguen durante la cena, y pronto, están levantando la mesa. Edward y Bella continúan con su baile coqueto alrededor del otro, con miradas robadas y caricias sutiles, y llevan los platos al fregadero mientras Esme carga el lavavajillas.

Con las últimas servilletas ya en el cajón, Bella es sorprendida por Edward, cuando de repente su cuerpo se une al suyo. Toca su rostro con una mano, y desliza un pulgar por su mejilla.

El cristal chocando y cayendo al suelo les hace girar sus cabezas en dirección a Esme. Las manos de ella se encuentran al borde del fregadero. Su cabeza agachada. Cuando sus hombros se sacuden con los sollozos, Edward está a su lado en un instante.

—Oye... —Edward envuelve un brazo alrededor de sus hombros.

—Lo siento. Lo siento. —Esme llora mientras que Edward la abraza.

—Está bien... oye, mamá, está bien. —Con la cabeza de Esme presionada contra su pecho, los ojos de Edward finalmente se encuentran con los de Bella. Estos son salvajes, sorprendidos o incluso aterrados, como si no estuviera seguro de qué hacer.

Ella tampoco está segura de qué hacer, así que simplemente hace lo que siente que es correcto, y eso es abrazar a Esme también.

Bella envuelve sus brazos alrededor de la espalda de Esme, hasta que sus manos llegan a la espalda de Edward, y se abraza a ellos.

Esme llora. Bella llora. Ella no levanta la cabeza para ver si Edward llora. Pero se abrazan por un rato, hasta que los sollozos de Esme disminuyen.

Secándose las lágrimas cuando Edward lleva a Esme hacia la mesa, Bella se ocupa de recoger cuidadosamente el cristal roto.

Edward hace un té para Esme, y toma asiento frente a la mesa una vez que lo hace, estirando una mano para tomar la suya.

Bella rechaza el té y dice que está cansada. Ella abraza a Esme una vez más y se despide para ir a casa. Quiere dejarles un momento juntos, especialmente dado que Edward y Bella se van a primera hora a la mañana siguiente.

~o~

Casa de Charlie. Forks, Washington. Sábado, 21 de septiembre de 2013.

Bella está escribiendo en su libreta, como lo viene haciendo por un rato ya, cuando hay un suave golpe a su puerta. Con su «¿sí?», la puerta se abre y Edward entra.

Ella no estaba segura si él volvería o a qué hora. Ella hubiera entendido si él se hubiera quedado con Esme por un rato más, o incluso toda la noche.

Pero está aquí en cambio. En su cuarto.

Aunque cuando ella lo mira, su estómago da un vuelco.

La luz y la diversión que lo rodeó todo el día se ha esfumado de su rostro, y lo que queda es un hombre que está cien por ciento exhausto.

Él arrastra sus pies hacia la cama y se deja caer sobre su estómago por encima de las mantas y al lado de ella.

Su cabeza está cerca de las piernas cruzadas de ella, y ella pasa sus dedos por su cabello mientras él inhala.

—¿Está todo bien?

Él gira su cabeza así está mirando al muslo de ella, y envuelve un brazo alrededor de la pierna, asintiendo suavemente.

—¿Esme?

—Dormida.

Ella continúa con los patrones en su cabello, y él cierra los ojos, presionando su nariz contra su muslo.

—Detesto que vayamos a dejarla aquí —dice después de un tiempo.

—¿Crees que ella querrá venir con nosotros a Seattle?

—No. Le pregunté. No quiere.

—¿Quizás debamos quedarnos aquí por un tiempo más?

—Realmente no puedo. —Él echa hacia atrás su cabeza, echándole un vistazo—. Tengo varios proyectos en el estudio que eran para la semana pasada. Realmente tengo que volver el lunes.

—Bueno, ¿quizás debería quedarme con ella? —sugiere Bella.

—¿Harías eso? —Él arquea una ceja, sus labios estirándose en una sonrisa torcida.

—¡Por supuesto! ¿Después de todo lo que ella ha hecho por mí?

Él se levanta, así está frente a ella, y entonces su tono se vuelve juguetón.

—¿En serio me dejarías volver a Seattle solo? —Él bromea pero la sonrisa rápidamente se convierte en un ceño fruncido—. Aunque ella dijo que todo está bien. Que deberíamos irnos. Que ella estará bien. —Sus dedos se deslizan por su muslo, trazando círculos en su piel—. Los sentimientos la tomaron por sorpresa. Al irnos nosotros y todo, pero su hermana vendrá esta semana por unos días, y ella dice que se mantendrá ocupada con el trabajo. No lo sé... —Se encoje de hombros, luciendo derrotados.

Bella envuelve sus brazos alrededor de él, aferrándolo contra su pecho

—¿Qué le pasó a mi colchón? —él pregunta desde su cuello, un tono burlón volviendo a su voz.

—Lo reventé con un tenedor.

—¿Qué? —Él se ríe—. ¿Por qué?

—Está bien. Lo guardé. No lo necesitarás de todas maneras.

—Está bien... —Él le sonríe, cerrando sus dedos alrededor de su cuello, acercándose a ella. Su beso comienza dulce, él besa su labio superior, luego el inferior, y entonces deja un camino de besos por toda su mandíbula y su cuello.

Sus manos se deslizan por los brazos de ella, hasta su cintura, luego levanta una pierna sobre la de él. Gruñe contra su boca cuando se presiona entre sus piernas.

—Me has estado volviendo loco todo el día.

Ella puede sentirlo moverse dentro de sus pantalones y hace que arda por él entre sus piernas.

—¿Qué pasó con ir despacio? —Ella gime, dejando caer su cabeza hacia atrás, mientras aferra el cabello de él.

—¿Desde cuándo eres la razonable, Swan?

—Ay... —Ella lo golpea juguetonamente en el hombro—, pero es justo, supongo.

Él se ríe contra su cuello antes de apartarse e inhalar profundo.

—Aunque probablemente tengas razón. Quiero chequear a Esme por un rato de todas maneras.

—Entonces, ¿acurrucos? —Ella pasa sus dedos por su mandíbula cubierta de barba.

—¿Al menos puedo tocar? —Él menea sus cejas, riéndose suavemente por la nariz.

—Hecho.

—Hecho.

~o~

Casa de Charlie. Forks, Washington. Domingo, 22 de septiembre de 2013.

—¿Estás despierta? —pregunta Edward suavemente, pasando una mano por el cabello de Bella.

—Mmhmm. —Su cabeza se encuentra sobre su pecho, sus ojos cerrados.

—Quiero mostrarte algo.

—¿Ahora? —Estira un brazo sobre él, acurrucándose contra su pecho, preguntándose cómo sigue despierto y con suficiente energía para mostrarle algo.

—Sí, si quieres. He estado muriendo por mostrártelo. —La emoción es clara en su voz, y no hay manera de que ella pueda decirle que no.

—Claro... —Ella se sienta en la cama, frotándose los ojos mientras él enciende la lámpara sobre la mesa de noche. Echa un vistazo al reloj, son 1:30 AM. Se supone que deben partir hacia Seattle al amanecer.

Él toma su bolso con emoción, y de este, saca una libreta y vuelve a la cama.

Le tiende la libreta abierta en una página. Cuando Bella la toma, puede ver los versos y las notas garabateadas por todos lados.

—Está un poco desprolijo —dice él avergonzado—. Comienza aquí. —Señala a la libreta, su dedo trazando los versos y las notas escritas sobre cada palabra. En los márgenes de la página, ella puede ver acordes para lo que ella asume que es un ostinato. Su cerebro comienza a armarlo todo, y casi puede escucharla.

—Vaya, Edward. ¡Esto es genial! —Bella dice entusiasmada. Él siempre había preferido escribir secuencias de notas, pero nunca una canción completa.

—¿Sí? —Él le sonríe.

Bella voltea una página, luego otra, notando que todas estaban escritas.

—Espera, ¿cuántas canciones escribiste?

—No lo sé... —Él se rasca la parte trasera de su cabeza, cohibido—. Como diez o doce...

—Edward... —Sale en apenas un susurro mientras estudia las páginas y páginas de notas y versos escritos—. ¡Son increíbles!

—¿En serio?

—Por supuesto. —Ella coloca una mano sobre la libreta y lo mira, sentado frente a ella en la cama, su corazón late con orgullo por él—. ¿Podemos tocarlas?

La expresión de él se transforma a una de absoluta euforia.

—¡Mierda, sí! —Aferra su mano, y entonces sale corriendo de la habitación con Bella detrás de él, la libreta aferrada a su pecho.

Ellos llegan al sótano enseguida.

Bella busca su guitarra, y zumba junto con el amplificador al encenderlo. Baja el volumen; aunque el sótano está insonorizado, aún así son las dos de la mañana.

Ella sisea cuando el frío de la guitarra toca sus muslos, expuestos por los shorts de su pijama, el cual junto con la sudadera de Edward, es todo lo que tiene puesto.

Se sorprende al encontrar a Edward de pie en el medio del sótano —en vez de estar sentado frente a la batería, o tomando una guitarra, o algo— sus manos en su cabello mientras la observa.

—¿Qué?

—Yo... —Su voz se quiebra por lo que se aclara la garganta—. No creo ser capaz de tocar mientras tu haces esto... mientras tocas mi canción... luciendo así.

Ella le sonríe, sacudiendo la cabeza.

—De acuerdo... ¿solo tocaré para ti?

Él respira profundo, acercándose a ella, y busca su libreta que ella previamente había colocado sobre el atril en frente suyo.

Él pasa las páginas, parándose junto a ella, su cabello cae sobre su frente y su pecho sube y baja con su respiración emocionada.

Ella simplemente podría comérselo. Y planea hacerlo. Ni bien termine de tocar para él.

—Esta. —Él señala la página—. Este ostinato de aquí —dice—. Es para que toques tú y solo tú. —Estira una mano hacia su rostro, y roza su pulgar sobre el labio de ella—. Mierda, no puedo esperar a escuchar cómo suena cuando tú la toques.

—Sin presiones, ¿eh? —Su corazón parece querer latir hasta salirse de su pecho. Cuando lo mira, él se inclina sobre ella. Ella se para de puntitas de pie y lo besa, limitándose a solo un suave beso, o teme que no serán capaces de tocar ninguna canción. Con una mano sobre su pecho, suavemente lo empuja hacia atrás, y él gruñe juguetonamente—. De acuerdo, párate allí. Me distraes.

Él se ríe por la nariz pero obedece y se sienta sobre el sofá, pasándose una mano por el rostro en preparación.

Ella baja la mirada y deliberadamente evita mirarlo. Prueba la afinación de la guitarra con una notas y hace los reajustes. Entonces escanea las notas de su canción. Sus dedos se ciernan sobre las cuerdas, sin tocarlas, mientras repasa la canción en su cabeza.

Ella prueba un par de sus notas en voz alta.

—Mierda —lo escucha decir—. ¡Estás tocando mi canción!

Sin mirarlo, comienza a tocar.

Ella practica el ostinato un par de veces hasta tenerlo. Edward toma la guitarra acústica y hace unas sugerencias desde el sofá, mostrándole cómo van los versos. Él se la sabe de memoria ya.

Después de varios intentos, Bella tiene la canción, y la toca y la canta por completo, perdiéndose en la música. Cuando levanta la mirada hacia Edward, él tiene sus manos unidas sobre su cabeza, la cual descansa en el respaldo del sofá.

Ella baja la guitarra y camina hacia él, con libreta en mano, hasta llegar al sofá y se arrodilla junto a él sobre este.

—Cielos, Bella... —Él exhala ásperamente, frotando una mano sobre su rostro—. Eso fue... Eso fue...

—¿Especial? —añade ella—. También lo sentí. Estas canciones, Edward. —Revisa toda la libreta, su labio inferior atacado por sus dientes—. Son algo más.

Edward sigue mirando al techo, y lleva una mano hacia su pecho.

Estudiando los versos, Bella se pregunta.

—¿Son...?

—¿Sobre ti? —Edward termina su pensamiento—. Sí, todas son sobre ti.

Él aún no mira en su dirección, lo que la preocupa.

—Oye, ¿qué pasa?

Él respira profundo, exhalando con mejillas infladas, mientras que sus dedos siguen presionando su pecho.

—Solo estoy sintiendo mucho —admite él.

—¿Qué estás sintiendo? —Ella se acerca a él y envuelve una mano sobre la que él tiene sobre su pecho—. Háblame. Estoy aquí para ti también —le recuerda, porque ella sabe, ella sabe que él se guarda todo hasta que sea demasiado.

Él cierra los ojos, aún mirando al techo, y envuelve sus dedos alrededor de los de ella sobre su pecho.

—Solo estoy... jodidamente feliz... de que estés aquí. Que estés conmigo. Como si fueras el aire pero mis pulmones no funcionaban bien antes... y ahora sí. Ahora puedo respirar. Todo lo que quiero hacer es respirar.

Bella descansa su cabeza sobre su hombro, besando su brazo.

—Casi no quiero irme de Forks. Esto, aquí mismo. —Él envuelve un brazo a su alrededor—. Esto es jodidamente perfecto. Pero al mismo tiempo —continúa, pasando una mano por el cabello de ella—. Siento que no puedo ser feliz. Que no debería. Odio absolutamente estar aquí. Odio por qué estamos aquí. Odio que él ya no esté. Que dejaremos a Esme sola. Odio lo mucho que duele.

—Edward... —Ella cierra sus ojos, tratando de contener las lágrimas, mientras se abraza a él.

Él aferra sus dedos alrededor de su mano, presionándolas contra su pecho.

—Y en serio, en serio, en serio, quiero un maldito cigarro. Charlie dijo que yo era lo suficientemente fuerte para dejarlo, pero creo que estaba equivocado. —Suspira, y le suelta la mano y su pecho.

—Eres lo suficientemente fuerte para hacer lo que sea que decidas, Edward. —Ella pasa una mano por su brazo mientras él inhala profundo varias veces frente a ella.

Se quedan en un silencio cómodo hasta que ella vuelve a hablar.

—¿Puedo preguntarte algo?

—Lo que sea —dice sin mirarla.

—Si Charlie no hubiera... si esto no hubiera pasado. ¿Crees que hubieras vuelto a mí?

Él jadea; su mano vuelve a su pecho. Ella le da un minuto mientras él piensa en su respuesta. Ella sabe que es una pregunta capciosa.

Cuando gira para mirarla, con su cabeza aún descansando sobre el respaldo, sus ojos le muestran nada más que amor y honestidad.

—¿Me creerías si te dijera que estaba preparándome para llamarte cuando recibí la llamada de Esme?

Bella traga el nudo en su garganta, sus ojos se llenan de lágrimas.

—¿Qué ibas a decir?

—Feliz cumpleaños... —él responde con una exhalación dolorosa—. Que te extrañaba. Que no pasaba un día que no pensara en ti. Que leí todos tus mensajes en una noche. Que lo lamentaba.

—¿Realmente los leíste a todos?

Él asiente suavemente.

—Lo siento. ¿Quizás eran egoístas? Simplemente no podía dejarte ir.

—No pude leerlos al principio, o por un tiempo. Pero cada vez que el teléfono vibraba con uno nuevo, me daba paz mental, el saber que estabas bien, saber que estabas allí, incluso cuando no podía mirarlos.

—Lamento mucho haberte lastimado tanto.

—Ven aquí... —Sus ojos están tristes, casi brillantes. Toma su rostro en sus manos y lleva sus labios hacia los de ella, suavemente al principio—. Estoy tan enamorado de ti que realmente duele. Un dolor como si mi pecho fuera a explotar. Pero es el mejor tipo de dolor —dice contra sus labios, y ella jadea antes de que él selle sus labios con los suyos de nuevo.

Él rompe el beso, descansando su frente contra la suya.

—Estaba colgando de un hilo fino. Así que para responder a tu pregunta: sí, hubiera vuelto de todas formas. Probablemente incluso ese fin de semana.

Ella está sin palabras frente a él, sus manos aún en su rostro, sus pulgares quitando las lágrimas.

—Lamento ser tan intenso. —Su risa es pequeña pero hace que sus hombros tiemblen con ella—. Creo que escucharte tocar mi canción hizo saltar la térmica en mi interior o algo.

Ella apoya su cabeza sobre su hombro, y él acaricia su cabello.

—¿Sabes que nunca me has dicho eso? —dice después de un rato.

—¿Decir qué?

—Que me amas.

—¡¿Qué?! —Él se aparta de ella, sus cejas alzadas en shock—. Por supuesto que sí.

—No, no lo has hecho. No con esas palabras, al menos.

—Bella, he dicho que te amo antes.

—No, no lo has hecho. —Ella se ríe—. Y yo si te lo he dicho, al menos tres veces. Una vez dijiste que "sentías lo mismo" pero eso no es lo mismo que decirlo... en absoluto.

Él permanece sentado allí, su boca abierta, aún en shock. Ella casi puede ver su cabeza dar vueltas, mientras intenta encontrar un lugar o un momento en el que ha dicho que la ama y fracasa. No ha habido ni uno. Ella está segura de ello.

Sus ojos la miran fijo mientras él se acerca.

—Te amo —dice, tomando su rostro—. Te amo. —Sus labios devoran los suyos mientras la empuja de vuelta sobre el sofá—. Te amo. —Deja besos por su cuello—. Te amo. —Y sobre sus pechos—. Te amo. Te amo. Te amo.

—También te amo —susurra ella, derritiéndose bajo sus besos.

Él presiona su cuerpo contra el de ella, su rostro volviendo a su cuello.

—No sé cuánto más podré soportar ir despacio, Bella. —Su mano se desliza por debajo de la sudadera que ella tiene puesta, la de él, y el frío de sus dedos al moverse por sus costillas la hacen temblar—. No cuando usas mi ropa, y tocas mi canción, en esos jodidos shorts.

Su pulgar se mueve por debajo de su pecho y su mano se detiene.

—¿Tienes puesto algo debajo?

Con un suave empujón de su codo, la mano de él ahora cubre su pecho, y cuando su dedo roza suavemente su pezón, ella gime, echando hacia atrás su cabeza, sintiendo que podría explotar por combustión espontánea.

—Serás mi muerte. —Sus labios están sobre los suyos de nuevo, sellando su boca con un gruñido, antes de levantar su cabeza para mirarla. Sus ojos oscuros con deseo—. ¿Debería detenerme?

—Por favor, no te detengas. —Su susurro es apenas audible, y sus caderas se mueven contras las de él, desesperada por un poco de fricción donde más lo necesita.

—¿Qué hay de ir despacio? —Él está inexplicablemente quieto, contenido, sus ojos aún sobre ella inquisidoramente.

—Al diablo con ir despacio... —Sus manos se encuentran en su rostro, jalándolo hacia ella.

—¡Oh, gracias, carajo! —Un gruñido brota de su pecho cuando sus labios se estrellan fuertemente contra los de ella, su aliento saliendo por la nariz con una fuerte exhalación—. Te deseo tanto que estoy perdiendo la cabeza.

—Tenme, entonces. Tómame. Soy tuya.

—¿Aquí?

—En la cama.

La jala hacia él así se encuentra sobre su regazo, y al instante siguiente, sale del sofá con ella en brazos. Sus labios nunca sueltan los suyos mientras sube rápidamente las escaleras hacia el cuarto de ella.

El colchón chilla cuando caen sobre él. Bella sobre su trasero. Edward sobre sus rodillas. Su boca se encuentra sobre ella de nuevo, sus besos mezclados con desesperación mientras sus manos toman su cintura.

Cuando ella se arrodilla también, profundizando el beso, sus gruñidos se convierten en un gimoteo que se escapa de sus adentros. Él mueve sus manos desde su cintura, por su espalda, quitando su sudadera en el camino. Sus dedos se encuentran en su cabello entonces, soltándolo del rodete en la parte superior de su cabeza y dejándolo caer sobre sus hombros ahora desnudos y su espalda.

—No sabes lo mucho que te extrañé... —Su pecho sube y baja frente a ella con su respiración elaborada. Sus manos toman de su rostro y se inclina hacia ella.

—Creo que tengo una idea. —Si la ha extrañado la mitad de lo que ella lo ha extrañado, entonces ella sabe, sabe cómo esto se siente como si finalmente pueden respirar de nuevo.

—¿Estás segura de que esto no es muy pronto?

—Estoy lista. ¿Tú?

—He estado listo desde la primera vez que te besé. —Su cuerpo la cubre mientras la presiona sobre la cama. Sus labios están de vuelta en su cuello, su nariz detrás de su oído, su cuerpo completamente sobre el suyo.

Cuando ella levanta sus manos por encima de su cabeza, confiándole su cuerpo por completo, él levanta la cabeza con confusión.

Cada vez que ellos han tenido sexo antes, ella ha sido la instigadora; ella lo presionaba hasta que él cedía. Esta vez es diferente. Esta vez ella le permite liderar —le permite tenerla— se rinde ante él.

—Dime lo que quieres. —Hay una arruga entre sus cejas con una expresión casi adolorida, pero sus ojos están llenos de amor, pasión, y necesidad inigualable.

—Te quiero a ti —gimotea ella, dejando caer su cabeza hacia atrás, exponiendo más su cuello para él.

—Ahora, pregúntame qué quiero.

—¿Qué quieres? —Su voz suena temblorosa con necesidad.

—A ti, todo de ti. —Sosteniéndose con un brazo, su otra mano se desliza entre ellos, y al siguiente segundo, sus shorts y sus bragas se encuentran alrededor de sus tobillos—. Bella, tócame —ordena.

Con su espalda sobre el cama, y él encima, ella aparta sus shorts, liberándolo en sus manos. Él sisea contra su boca cuando lo rodea con su mano.

Los dedos de él la provocan, haciendo círculos sobre su entrada. Ella gime contra sus labios, acariciándolo mientras intenta igualar su ritmo.

—Mierda, no puedo... —Con un gruñido en su cuello, su mano se cierra alrededor de su muñeca—. Cambié de parecer —dice con una suave risita. Antes de poder darse cuenta, tiene ambas manos sujetadas sobre su cabeza, contra le cabecero. Con una mano, él aferra ambas muñecas, manteniéndolas en su lugar, mientras que la otra sigue moviéndose sin parar entre sus piernas.

—Te necesito adentro. —Es su momento de rogar cuando siente la tensión familiar debajo de su estómago—. Por favor. —Ella casi chilla cuando sus dedos se detienen y entonces desaparecen por completo.

Él se arrodilla entre sus piernas, una torre de perfección frente a ella. Sus ojos encendiendo cada centímetro de piel que ven. Ella siente que su cuerpo va a estallar. Él pasa ambas manos por su cabello, sin dejar de mirarla a los ojos. Sus mejillas se inflan con una exhalación profunda, antes de buscar su billetera sobre la mesa de noche. Ella lo observa colocarse el condón, deseando no perderse nada.

Al instante siguiente, su cuerpo se encuentra sobre ella, sus brazos a sus costados.

Él estira una mano entre sus cuerpos, alineándose con su entrada. Sus ojos penetran los suyos con una pregunta silenciosa, y ella asiente en respuesta antes de que él entre en ella.

Ella jadea, su cabeza gira hacia atrás, y sus uñas se clavan en su piel mientras embiste dentro de ella. Él se mueve lentamente —tan lentamente al principio— con cuidado, dentro y fuera de ella, hasta que ambos están demasiado desesperados para establecer un ritmo.

Con su nombre en sus labios y él gruñendo en su cuello, ella se desmorona, y él la sigue pronto.

El cuarto está en silencio por un momento, aparte de sus respiraciones elaboradas, y ninguno se atreve a mover.

Cuando él levanta la cabeza y sus ojos encuentran los suyos, ellos muestran preocupación, cosa que contradice su dicha absoluta.

—¿Estás bien? —Toma su mejilla con una mano, pasando su pulgar por debajo de su ojo—. ¿Te lastimé?

—¿Qué? No... —Ella lo mira con confusión.

—Estás llorando —explica él, mientras sus pulgares limpian más lágrimas.

Quizás haya lágrimas cayendo de sus ojos, pero ella definitivamente no estaba llorando. O al menos no eran lágrimas de tristeza. Era de felicidad. De amor.

—Te amo tanto. Estoy bien... —Ella toma su cuello, acercando su rostro, trayendo sus labios a los suyos—. En serio... —Lo besa de nuevo, esperando que sus besos puedan quitar su preocupación—. Estoy más que bien.

—Te amo, Bella. Siempre lo he hecho y siempre lo haré.

Desenredando sus cuerpos, él rápidamente limpia antes de dejarse caer a su lado con un resoplido. Él toma su mano, llevándola hacia su pecho, enlazando sus dedos con los de ella. Él mira al techo, aún jadeando, con su otro brazo por encima de su cabeza. Ella gira hacia él y besa su hombro, descansando su cabeza sobre este después. Él afianza sus dedos alrededor de los de ella, presionando sus manos sobre su pecho, perdido en pensamiento. Hay un millón de cosas que ella quiere decirle, que quiere preguntarle, pero el momento es demasiado precioso para mancharlo con palabras, así que cierra sus ojos y lo disfruta en cambio.