Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es RMacaroni, yo solo traduzco con su permiso.


Disclaimer: This story is not mine, it belongs to RMacaroni. I'm only translating with her permission. Gracias, Ronnie, por permitirme compartir tu historia en español :)


Inspiración musical: Arctic Monkeys - R U Mine?


Capítulo 25

Mucho más que eso

~o~

AHORA

~o~

Casa de Charlie. Forks, Washington. Domingo, 22 de septiembre de 2013.

En la mañana que deben partir para Seattle, Bella abre sus ojos y se acurruca contra el pecho de Edward. Se siente temprano, a pesar que el cuarto resplandece ya.

—Mmm. —Estira sus piernas hasta los dedos de sus pies, envolviendo un brazo sobre el torso de Edward.

Él inhala profundo, sus ojos aún cerrados. Ella traza sus dedos por su pecho, bajando por sus abdominales, y sobre sus caderas.

Cuando sus dedos se deslizan dentro de sus bóxers, él gruñe, y aferra su mano.

—¿Estás en una misión secreta para matarme? —susurra, sus ojos aún cerrados.

—¿Qué, no hay cinco mil flexiones esta mañana? —Presiona su nariz contra la mejilla de él y besa varias veces su mejilla.

—Estoy tan exhausto que ni podría si lo quisiera. —Él suspira, mientras rodea su cintura con un brazo.

—En ese caso... —Ella se coloca a horcajadas sobre él.

—Estoy durmiendo —se queja, pero sus labios están estirándose en una sonrisa.

Ella sabe que no puede estar completamente dormido. Hay una parte de él al menos que está muy despierta y lista para actuar en ese momento.

Se inclina sobre su pecho, acercándose a sus labios. Le da un suave beso antes de susurrar:

—Pensé que dijiste que querías panqueques.

Él se ríe, sacudiendo la cabeza, pero sus ojos permanecen cerrados.

—Pensé que ya me había ganado los panqueques, varias veces anoche de hecho, y luego de nuevo temprano esta mañana.

—¿Pero quién lleva la cuenta? —Ella descansa su cabeza sobre su pecho con un suspiro.

—¿Quién lleva la cuenta...? —Él suspira profundamente, pasando una mano por el cabello de ella.

—Está bien... comenzaré el desayuno entonces. —Ella se mueve para bajarse, pero él aferra ambas manos sobre su trasero, manteniéndola en su lugar.

—Sí, no irás a ninguna parte.

Con un movimiento rápido, ella se encuentra sobre su espalda, sus piernas siguen alrededor de él, pero ahora sus brazos la encierran. Él comienza a besar su cuello, presionándose contra ella.

—Buenos días —dice, y ella se retuerce cuando su barba le hace cosquillas. Él posa besos por todo su cuerpo, mientras sus manos se deshacen de su ropa interior, y no se detiene hasta que su rostro está entre sus piernas.

—Mmm... buenos días para ti también.

~o~

Después de los panqueques, Bella limpia la cocina y Edward termina de empacar. Ella puede verlo en la entrada, a través de la ventana de la cocina, cargando cosas en el coche. Su pecho se infla con sentimientos por él—orgullo, amor, y admiración.

Para cuando él entra a la cocina, todo está empacado, guardado, y listo para partir.

—¿Lista? —Él se encuentra en la puerta, en su sudadera y jeans, su cabello cayendo sobre su frente. Ella no puede contener la sonrisa que aparece en su rostro.

Bella suspira, echando un vistazo alrededor de la cocina casi vacía de Charlie. Está triste de tener que dejar todo atrás, pero está lista para comenzar el siguiente capítulo de su vida.

—Lista. —Con determinación, ella le asiente, y él estira una mano hacia ella.

~o~

Una vez en el coche, Edward inhala profundo, exhalando con mejillas infladas.

—¿Te molesta si nos desviamos un poco?

—Vaya, realmente no quieres volver a Seattle, ¿eh? —Estira una mano hacia él cuando se encuentra con su mirada.

—¿Puedes culparme?

—No me molesta si nos desviamos un poco. —Ella le da un apretón a su mano en apoyo.

Ellos conducen en silencio, aparte de la música que suena suavemente en la radio, y en menos de una hora, se encuentran navegando por el Parque Nacional Olympic. Bella siente un pinchazo en su pecho—él no podría estar llevándola adonde cree que la está llevando. Pero sus sospechas son confirmadas cuando Edward detiene lentamente al coche y puede ver las pequeñas olas en el lugar favorito para pescar de Charlie.

—Edward... ¿qué estamos...?

Edward gira hacia el asiento trasero, sacando algo de su bolso. En su mano, sostiene dos sombreros de pescador color verde oliva que Bella reconoce de inmediato.

Edward se coloca uno, sus labios esbozando una sonrisa tonta para ella.

—Oh, por Dios. —Bella se ríe, colocándose el otro—. Odiábamos tanto estos.

—¿Vamos?

—Espera, ¿realmente vamos a pesar?

—Si quieres. —Aún sosteniendo su mano, Edward frota su pulgar por encima de su palma, señalando con la cabeza hacia el río.

—¡Me encantaría! —Su rostro irradia felicidad ante sus palabras.

Bella jadea cuando Edward abre el maletero del coche. Sus ojos observan todas las cosas que él empacó para esto. La nevera. Las sillas de campamento. El equipo de pesca de Charlie. Las cañas de pescar.

Edward sonríe orgullosamente hacia ella y comienza a sacar cosas.

—¿Cómo...? ¿Cuándo...?

—Vamos.

Ellos pasan las horas siguientes fracasando en la pesca, contando historias, y riéndose ante lo decepcionado que Charlie estaría de sus habilidades novatas para pescar.

Después de encender una fogata, Edward se sienta en la silla junto a Bella con un resoplido y se estira en busca de la nevera entre ellos.

—Afortunadamente, Esme preparó esto en caso de que no tuviéramos éxito. —Le sonríe, tendiéndole un sándwich—. Aunque esto fue mi idea. —Le ofrece el paquete de gomitas.

—¿Gusanos de goma? ¡Sí! —Ella abre el paquete inmediatamente y él resopla—. ¡Y los ácidos!

—¡Por supuesto! ¿Qué tipo de monstruo piensas que soy? —La fulmina con la mirada, sacando una cerveza de la nevera, y entonces mira hacia el río, tomando un trago, el humor se esfumó del rostro.

—Edward, gracias... —Ella envuelve una mano sobre la suya, mientras que él sigue observando al río. Con su mano sobre la de él, y sus dedos enlazados, ella copia su pose, admirando el escenario frente a ella. Algunos de los pequeños arces junto al río han comenzado a cambiar de color; el rojo de las hojas sobre el agua azul glacial del río contrasta de una manera espectacular.

Ellos permanecen así, observando el paisaje frente a ellos, sus manos fuertemente unidas en un vínculo que iba más allá del plano físico.

Cuando termina su cerveza, Edward voltea hacia Bella, quien le devuelve la mirada.

—He estado pensando. —Comienza él—. Quiero decir, no he podido dejar de pensar en cómo se sintió escucharte tocar mi canción. —Sus ojos casi brillan con el significado detrás de sus palabras—. Y creo... Quiero decir, sé... que eso es lo que quiero hacer. Eso es lo que nací para hacer.

Ella ve la determinación en sus ojos, en su postura, y en sus palabras. Le asiente completamente de acuerdo.

—Pensé que la batería era la única cosa para la que sería bueno, pero en estos últimos meses, trabajando en esas canciones, y en el estudio produciendo música de otras personas... Quiero decir... Soy realmente bueno para eso también. —Él le sonríe tímidamente y esto derrite su corazón.

—Edward, hay demasiadas cosas para lo que eres excepcional... pero sí, producir música podría ser otra.

—Quiero tener mi propio estudio —continúa él, deliberadamente—. Quiero producir música. Quiero escribir canciones y quiero tocarlas. Y quiero hacerlo todo contigo.

—Está bien —ella dice, asimilando todo y asintiendo para poner énfasis.

—Seguiré siento tu baterista si quieres.

Bella se estira en busca de su cuello, y envolviendo sus dedos alrededor de él, lo jala hacia ella. Sus labios encuentran los suyos mientras él exhala por la nariz. Su mano se aventura en su cabello, empuñándolo al devorar su boca.

Rompiendo el beso en busca de aire, ella descansa su frente contra la suya.

—Quiero que seas mucho más que eso.

Son los labios de él que la atacan entonces, y en un movimiento rápido, él la lleva hacia sus piernas para que se encuentre sobre su regazo sin separar sus labios.

El sol se pone, su fogata cruje, y su beso se profundiza.

—¿Acaso trajiste una manta también? —Bella jadea contra sus labios.

—No... —Una pequeña risita se escapa de sus labios antes de sacudir la cabeza—. ¡Diablos!

Ella suspira en respuesta, pasando sus dedos por su cabello.

Aún hay tristeza en los ojos de él y esa arruga entre sus cejas. La preocupan.

—¿Está todo bien?

—Todo está bien. Solo estoy cansado —dice él, pero sacude ligeramente su cabeza, y evita sus ojos.

—Edward, necesitamos hablar las cosas, ¿sí? Hablar en serio. Quiero que estemos en la misma página. Por favor, sé honesto conmigo.

—De acuerdo. —Él suspira, bajando la mirada.

—¿Qué pasa? —Ella desliza sus manos de su cabello a su mandíbula, levantando su rostro así la mira.

—Estoy aterrado de volver a Seattle —comienza él, sus ojos llenos de agonía—. Estoy jodidamente aterrado, Bella, que cuando volvamos, esto termine. Que te sentirás diferente. Que te arrepentirás de eso. Esperé demasiado por este momento, que ahora que parece haber llegado, no quiero que se esfume. Se siente casi demasiado bueno como para ser verdad.

El corazón de ella se rompe. Todo esto es su culpa. Ella lo ha atraído tantas veces, solo para cambiar de parecer después. No era sorprendente que él no pueda confiar en eso. Él no puede confiar en ella.

—Edward, lo siento mucho por cómo te trataba antes. Estoy... —Tomó su rostro entre sus manos, obligándolo a mirarla—. No sé cómo demostrarte que estoy aquí. Estoy aquí contigo. Y no me iré a ninguna parte. Sé que es difícil confiar en mí, pero me ganaré esa confianza de nuevo. Te lo prometo.

—Bella...

—He estado viendo una terapeuta... —Suelta ella, dejando caer sus manos sobre su regazo—. La Dra. Zafrina. —Ella ha deseado contarle a Edward sobre su progreso pero no estaba segura de cómo o cuándo.

Edward arquea una ceja, asintiendo en comprensión.

—Ella dice que tengo... Sufro, entre otras cosas, de algo llamado Negligencia Emocional Infantil —explica Bella, mirando sus manos—. Afecta de maneras diferentes a las personas. Para mí, me hace... o me hizo... emocionalmente no disponible.

Edward pasa sus pulgares por las mejillas de ella, dejando su cabello por detrás de sus orejas. Cuando los ojos de ella encuentran su mirada, él le sonríe a pesar de que sigue habiendo tristeza en los suyos.

—Lo siento mucho. —Ella odia que sus ojos se llenen de lágrimas, y eso hace que la expresión adolorida de Edward empeore, pero sabe que no hay otra forma de terminar con esto—. Lamento haberte apartado. Haberte mantenido a una distancia segura. Sin dejarte ir. Sin dejar que me tengas. Realmente lo siento. Simplemente tenía miedo de dejarte entrar. De entregarme a ti. Estaba paralizada del miedo que te pudiera herir o que también me dejarías... y entonces ocurrió de todas maneras... —Ella baja la mirada con una fuerte exhalación.

—Estoy muy orgulloso de ti por hacer esto, Bella. —Él enrolla un dedo debajo de su barbilla, jalándola así sus ojos se encuentran con los de ella—. Siento mucho haberme ido.

—Quizás era lo que necesitaba, ¿sabes? Lo que necesitábamos. —Las manos de ella buscan su rostro, acariciando su mandíbula, tratando de mantener la conexión física con él—. De todas maneras, probablemente aún necesite trabajar mucho en mis problemas... especialmente ahora... —Ella vuelve a suspirar, muy consciente del río detrás de ella, del lugar en dónde se encuentran, de los recuerdos que yacen aquí—. Pero no quiero ser nada más que tuya.

Los ojos de él se transforman frente a ella. La tristeza es reemplazada por un brillo fugaz que entonces se convierte en necesidad pura.

Él sujeta de la parte trasera de sus piernas, y se pone de pie, llevándola con él.

El pequeño chillido de ella es sellado por sus labios, antes de gruñir.

—Al diablo con no tener manta.

Él se mueve rápidamente, con ella alrededor de su cintura, hasta apoyar su espalda contra el coche.

Los ojos de ella inspeccionan el perímetro; está oscureciendo, y el parque está desolado.

Con una mano, abre la puerta del coche, y tan suavemente como puede, se ubican en el asiento trasero, mientras que jalan de sus prendas con desesperación.

Él rápidamente se coloca un condón, buscándola desesperadamente luego. Es como si no pudiera respirar hasta estar dentro de ella. Una vez que lo está, su frente cae sobre la de ella, y exhala bruscamente por la nariz. Mantiene un ritmo firme tanto tiempo como puede, hasta que ella grita por más, más rápido, más fuerte.

—Dime que eres mía —gruñe en su oído.

—Soy tuya —ella jadea mientras él embiste en ella.

—Esta noche —resuella él mientras arremete—. Mañana.

—Sí. —La cabeza de ella golpea contra el asiento, al mismo tiempo que los movimientos de él se vuelven más erráticos—. Sí. Soy tuya, Edward. Solo tuya.

Su respiración es caliente contra el cuello de ella, sus dientes rozan su clavícula.

—Esta noche y mañana y todos los días que le siguen —susurra ella en su oído.

Él desliza una mano entre ellos, y cuando sus dedos están sobre ella, le da el empujón extra.

—Te amo mucho —él medio susurra, medio gruñe en su oído, perdiendo el control.

Él colapsa sobre ella, jadeando fuertemente, mientras ella pasa una mano por su cabello, mojado por el sudor, tratando de recuperar el aliento también.

—También te amo —dice ella.

Él levanta la cabeza y la besa suavemente, antes de salirse de ella. Acomodan sus ropas rápidamente, y él sale del coche, extendiendo su mano hacia ella. Una vez que ella sale, él se inclina sobre ella, sujetándola contra el coche, y la vuelve a besar con propósito, respirando por la nariz cuando rompe el beso.

—Realmente deberíamos irnos ya. —Él echa un vistazo al cielo oscuro con preocupación.

Ella se percata entonces de lo tarde que es y cuánto se han desviado de sus planes originales para el día.

—Espera, ¿aún iremos a Seattle hoy? —Su pregunta refleja sus preocupaciones mientras inspecciona su rostro. Los ojos de él y las bolsas debajo de ellos. Él luce tan cansado.

—Tenemos... Quiero decir, no puedo faltar al trabajo mañana. —Lleva un mechón de cabello de ella por detrás de sus orejas cariñosamente, y sus labios se estiran para tranquilizarla.

Con su rostro en sus manos, él besa sus labios una, dos veces. Ella sabe que es una distracción, pero funciona de todas formas.

Ellos recogen todo y conducen brevemente de vuelta a Forks, donde Edward descarga el equipo de pesca y para acampar, y entonces se dirigen a Seattle.

La radio se encuentra en una estación retro, y antes de darse cuenta, Bella está silbando al ritmo de "Take Me Home, Country Roads", como solía hacer Charlie. Ellos le hacían bromas constantemente porque él nunca la cantaba, solo silbaba. Cuando gira hacia Edward, él la está mirando con una sonrisa cómplice en sus labios. Él comienza a silbar también, aferrando sus dedos alrededor de los de ella, sus ojos de vuelta en la carretera.

Con un viaje de cuatro horas frente a ellos, Bella envuelve una mano fuertemente sobre la que Edward tiene en los cambios. Sus ojos se pierden en los árboles que pasan rápidamente, y mientras Forks desaparece detrás de ellos, la mente de Bella reproduce escenas del futuro que le espera. Su corazón se siente lleno ya que él es parte de cada una de ellas.


Aww, ¿ya la perdonamos? Jaja

Gracias por leer :)