Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es RMacaroni, yo solo traduzco con su permiso.


Disclaimer: This story is not mine, it belongs to RMacaroni. I'm only translating with her permission. Gracias, Ronnie, por permitirme compartir tu historia en español :)


Inspiración musical: Muse - Starlight


Capítulo 28

El Sobre

~o~

AHORA

~o~

Departamento en Capitol Hill. Seattle, Washington. Miércoles, 4 de diciembre de 2013.

Bella se encuentra sentada sobre su cama, sus piernas desnudas y sobresaliendo de la sudadera de Edward. Él ya está despierto y en la ducha. Volvieron tarde del concierto, y él se quedó dormido en su cama.

En sus manos está el sobre, el cual le dio su madre cuando ella apareció sin avisar en la casa de Charlie la semana previa a su graduación de la secundaria. Bella lo ha tenido con ella todo este tiempo, pero nunca lo abrió.

Después de la conversación con la Dra. Zafrina el día anterior, Bella decide que es hora.

—Oye, ¿todo bien? —Edward está parado en la entrada de su cuarto, vestido y listo para irse. Bella levanta la mirada, sorbiéndose la nariz, cosa que causa que Edward frunza el ceño con preocupación y se apresure hacia dónde ella se encuentra—. ¿Qué pasa?

—No es nada —dice Bella, secándose las lágrimas e intentando sonreírle—. Estoy bien. Tienes que irte. —Él ha estado corto de tiempo esta mañana, y parece nervioso también, quizás algo relacionado con el trabajo u otra cosa, así que ella intenta no preocuparlo con esto.

—Bella... —Él presiona un dedo por debajo de su barbilla para hacer que lo mire—. Puedo quedarme por un rato si quieres.

—En serio, estoy bien. Lo juro. Es solo que... —Ella agita el sobre, y él asiente en comprensión, sentándose a su lado en la cama.

—¿Esa es la carta de Charlie? —pregunta suavemente, envolviendo un brazo alrededor de ella. Ella puede ver los dedos de su otra mano formar un puño sobre su muslo.

—No, no... No lo es. —Ella busca su mano, envolviendo sus dedos alrededor, tratando de liberar el puño. Cuando él nota lo que ella está haciendo, o quizás que ella se ha dado cuenta, afloja el puño respirando profundo—. No sé por qué te oculté esto, en serio; hace que la cosa sea más grande de lo que necesita ser.

Ella baja la mirada hacia el sobre y luego la levanta hacia él. Él la mira confundido.

—¿Recuerdas cuando Renée apareció en la casa de Charlie antes de la graduación?

Edward asiente pero se mantiene callado.

—Ella me dio esto. Dijo que tenía sus datos por si alguna vez quería contactarla.

Edward echa un vistazo al sobre pero vuelve a mirar a Bella. Sus ojos muestran enojo al principio, pero entonces tienen la misma tristeza que los de ella.

—¿Quieres contactarla? —El brazo de Edward se afianza alrededor del hombro de Bella en apoyo.

—No lo sé. Quiero comenzar abriendo el sobre, ver lo que ella tenía para decir en ese entonces.

—Está bien. —Él asiente en aliento, incluso sonriéndole, mostrándole que él está allí para ella, para lo que sea que quiera hacer. Como lo ha estado todo el tiempo.

Bella también le sonríe, mientras que sus ojos se llenan de lágrimas.

—En serio, estoy bien, y sé que tienes que irte. También creo... ¿quizás necesito hacer esto yo sola? Está bien, en serio.

Edward mira la hora en su teléfono y suspira.

—¿Estás segura?

—Por supuesto. —Ella se acerca y planta un beso en sus labios. Cuando ella abre los ojos, él aún no parece convencido—. Te lo prometo. Estaré bien.

Él la besa y descansa su frente contra la suya con una profunda exhalación.

—Dios, odio dejarte así.

—Solo ve a trabajar y vuelve rápido a mí, ¿sí?

—Sí. —Él asiente, poniéndose de pie. La mira por última vez y luego se va.

Bella respira profundo y con cuidado abre el sobre.

En él, hay un papel y una tarjeta. El papel contiene la información bancaria que lista a Bella como propietaria. La tarjeta contiene la dirección de Renée en Arizona y un número de teléfono.

Bella inspecciona la tarjeta y el papel de ambos lados. No hay otras palabras. Ni siquiera una nota cariñosa. Ni disculpas. Nada.

Bella comienza a reír entonces, con lágrimas cayendo de sus ojos.

Tantas veces Bella imaginó, casi fantaseó, con lo que el sobre contenía. Una gran disculpa diciendo cómo la vida de Renée era igual de miserable después de abandonar a su hija. Pero después de todos estos años, Renée aún no tenía nada que decirle.

Bella toma su teléfono de la cama, marcando el número.

Suena varias veces antes de que ella conteste.

—¿Hola? ¿Bella?

—Hola, Renée —dice Bella mientras camina de un lado a otro en su cuarto.

—¡Oh, por Dios, Bella! Gracias por llamarme. ¿Cómo estás? Supe lo de Ch...

—Escucha —Bella finalmente habla, incluso sorprendiéndose a sí misma con la nueva confianza en su tono—. Quiero que dejes de llamarme. Yo, también, no tengo nada que decirte. Excepto quizás una cosa: Estoy bien. He estado bien, no gracias a ti. Y estaré bien después de todo, sin ti. Así que...

—Bella...

—Quizás tenías razón, y estaba mejor sin ti, así como Charlie. No necesito que me contactes, removiendo mierdas dentro de mí de nuevo. No quiero hablar contigo, y no quiero verte. Por favor, respeta eso.

—E-Esta bien, Bella. Lo siento.

—Yo también —dice Bella y cuelga. Entonces, inhalando profundo, vuelve a acostarse sobre la cama.

~o~

Mientras transcurre el día, Bella se siente cada vez mejor y mejor con su decisión de quitar a Renée de su vida para siempre. Se siente como si se hubiera quitado un gran peso de encima, y puede seguir con su vida. El sobre cerrado pesaba mucho, pero ahora saber lo vacío que realmente estaba, no parecía contenerla más. Ya no tiene poder para hacerlo.

Bella le envía un mensaje a la Dra. Zafrina, diciéndole que tenía razón como siempre. Entonces mensajea a Edward, contándole que ella no puede esperar a verlo esa noche.

Ella se distrae con el trabajo, agradecida de tener algunas lecciones programadas durante el día en la academia.

Cuando Edward finalmente llega, Bella se encuentra en el sofá con su guitarra, probando algunas canciones nuevas que ella ha escrito. Levanta la mirada hacia él, y la expresión preocupada en el rostro de él contrasta con el alivio que ella siente por dentro.

—¿Estás bien? —Él cierra la distancia con unos pocos pasos, literalmente corriendo hacia ella, así como él le prometió que haría temprano esa mañana.

—Sí —dice ella con honestidad, bajando la guitarra mientras su rostro se estira con felicidad. Ella levanta ambos brazos en su dirección, sus manos señalándole que se acercara más.

Él sonríe un poco, confundido, pero accede.

—¡Dios, estaba tan preocupado!

—Estoy bien. —Ella jala los labios de él hacia los suyos ni bien él se sienta a su lado, pero él rompe el beso cuando ella se reclina.

—¿Quieres hablar de ello? —Él la estudia con sospecha, apartándose, sus ojos aún llenos de preocupación—. ¿Cómo fue? ¿Hablaste con ella?

—Vamos... los compañeros de piso no están en casa. —Lo toma del cuello de su camisa y lo jala hacia ella hasta que sus frentes se tocan.

—Bella... —Él gruñe contra sus labios, y ella suspira, sintiendo la resignación. Ella tendrá que hablar de esto con él.

—El sobre estaba vacío —dice simplemente—. No habían notas cariñosas, ni disculpas. Nada. Vacío. Así como ella.

—Lo siento. —Él frota sus dedos sobre el rostro de ella mientras la arruga en su frente se profundiza.

—La cosa es que... Solo me siento tan... aliviada. Ese sobre me contenía con la posibilidad de lo que podría haber allí adentro, y resulta ser que no era nada. Ella me ha estado conteniendo toda mi vida. —Ella levanta una mano hacia él, rozando un pulgar sobre su mejilla—. Pero estoy harta de permitirle tener poder sobre mí. Y trabajaré todos los días si tengo que hacerlo, así no me convierto en ella.

—No eres nada como ella, Bella. Sabes eso, ¿cierto? No lo eres.

Bella se encoge de hombors.

—La llamé, dije mi verdad. Le dije que me dejara de llamar. Y eso fue todo. He estado sintiéndome jodidamente aliviada desde entonces. Como si este gran peso que cargaba hubiera desaparecido. Y se siente genial.

Él asiente ante lo que ella dice pero baja la mirada.

—¿Por qué sigues luciendo preocupado? Realmente estoy bien.

Él se ríe pero sacude la cabeza.

—Solo... Estoy jodidamente orgulloso de ti, de todo el progreso que has hecho, de cómo lidias con las cosas...

—¿Por qué siento que se viene un "pero"?

Él descansa contra el respaldo del sofá, mirando al techo, e inhala profundo.

—Todas las señales estuvieron siempre allí para mí. Debería haberme dado cuenta de que esa era la razón por la que me alejabas. No debería haberte dejado hacerlo. Yo... —Se pasa las manos por el rostro.

—No podrías haber hecho nada, Edward. —Ella le quita las manos del rostro—. ¿No sabes lo terca que soy? —pregunta en broma, pero él sabe que no es así. Él se mira las manos, sus dedos aferrando sus rodillas—. Oye... —Ella toca su brazo, jalando de él hasta que la mira—. Háblame.

—Debería haberte presionado para buscar ayuda antes. Podría haber estado allí para ti mientras lo hacías. Nos hubiera ahorrado mucho dolor y arrepentimiento.

—Edward, detente. —Ella toma su rostro con ambas manos—. Por favor, deja de pensar así. ¿Por qué te torturas con los "quizás"? Mantente en el aquí y ahora conmigo.

—Estoy aquí. No me iré a ninguna parte.

—La Dra. Zafrina siempre me dice que el pasado pertenece al pasado. Aprendemos de él y seguimos adelante... o algo. Creo que ella lo sacó de una galleta de la suerte.

Ante su chiste, el rostro de él se relaja, y el humor cambia.

—¿Entonces realmente estás bien? —Él le sonríe dulcemente, acercándola.

Aún hay algo en los ojos de él, pero ella lo deja pasar y sigue con su evasión.

Él acerca sus labios a los de ella, moviéndose sobre ella mientras ella se recuesta. Ella sube sus pies al sofá así él se encuentra entre sus rodillas.

—Realmente estoy bien.

—¿Sí? —Los brazos de él se encuentran a sus costados mientras él se sostiene sobre ella, su cabello cayendo sobre su frente. Su sonrisa ladina mientras se presiona sobre ella.

—Incluso mejor ahora que estás aquí. —Ella pasa una mano por el cabello de él, y entonces sujeta su cuello, jalándolo hacia ella.

Él profundiza el beso, sus dedos se asoman por debajo de su camiseta y luego por su pecho, yendo hacia su espalda y desabrochando su sostén. Ella mece sus caderas contra él, ardiendo por la fricción, y él gime en su boca.

Recorre sus manos por su pecho y por sus abdominales hasta llegar a la cintura de sus pantalones, cuando la puerta de abre de nuevo y entran Jazz y Alice.

Edward gruñe contra su cuello, sentándose, sutilmente tomado uno de los almohadones y colocándolo sobre su regazo.

Bella se sienta también, pasándose una mano por el rostro.

—¡Oye, es como si atravesaran la pubertad de nuevo! —Jazz le dice a Alice, agitando una mano en su dirección y dirigiéndose hacia su cuarto, mientras Alice solo sacude la cabeza hacia ellos y con una pequeña risa, se dirige hacia su cuarto también.

—Realmente necesitamos nuestro departamento. —Edward bufa junto a Bella, dejando caer su cabeza sobre el sofá con una risita.

—En serio que sí. —Bella se ríe a su lado.

Mientras su risa disminuye, ella lo mira hasta que él hace lo mismo.

—¿Lo has pensado?

—¿En qué? —pregunta él, pero la expresión seria en sus ojos le dice que él ya sabe lo que ella está por decir.

—En vender la casa de Charlie. Comprar algo para nosotros. —Ella levanta sus pies sobre el sofá así está arrodillada a su lado con sus manos descansando sobre sus rodillas.

—Sí. Lo he pensado un poco. ¿Y tú? —Edward se sienta a su lado, moviendo a un costado el almohadón que estaba en su regazo.

—Sí...

—Es una gran decisión, Bella. —Él toma su mano y envuelve sus dedos alrededor.

—¿No estás seguro del estudio?

—Oh, estoy seguro —dice él sin vacilar—. Solo que odiaría que te arrepintieras luego.

—¿Por qué me arrepentiría? ¿Lo harías tú?

Él baja la mirada hacia sus manos mientras dice las próximas palabras.

—¿Arrepentirme de gastar la plata de tu papá para construir mi negocio de ensueño?

—Bueno, así no es como yo lo veo.

Él no dice nada, y sigue con la mirada gacha, así que usando la mano que él no sostiene, ella presiona dos dedos debajo de su mentón, haciendo que la mire.

—Primero que todo, no sería el dinero de mi papá. Es nuestro dinero que gastaríamos juntos. Y supongo que puedo ver lo que pasa aquí, pero tampoco sería negocio de ensueño, sino que el mío también... nuestro. Él estaría jodidamente orgulloso.

—¿Qué pasa si te digo que hay un sello discográfico interesado en nuestro demo?

—¿Quién? —Ella levanta sus cejas en confusión. Ella sabe que él ha hecho circular el demo, pero la mayoría lo ha rechazado.

—Volturi Records.

—¿Oh?

—Creo que ellos han trabajado con Madonna o algo en algún momento. —Edward mueve sus manos—. El tipo... Aro... quiere conocerte. Él dice que ya han hecho un contrato. Quieren firmar de inmediato. Me reuní con él esta mañana.

—¿Qué? —Lo que él dice suena tan bien que no puede entender por qué su rostro no comparte la emoción que ella siente por dentro. Esto finalmente podría pasar. Para ellos—. Eso es bueno, ¿cierto?

—Sí... es genial.

—No suenas muy convencido. ¿Qué pasa?

—Son un sello muy importante. No es exactamente nuestro estilo. Pero quiero decir, es una gran oportunidad. Al menos deberíamos escucharlos. Especialmente si eso quiere decir que no tienes que vender la casa de tu papá.

Ah, allí está.

—Espera un minuto. Esto no es una cosa o la otra... Aún quiero crear el estudio contigo.

—Bella... —Él se pellizca la nariz, sus codos sobre sus rodillas.

—Lo digo en serio, Edward.

—Yo también. Pero no podríamos hacer las dos cosas. Este será un contrato de al menos un año. Grabación, vídeos musicales y todo lo demás, alguna promoción seguramente. Estará muy ocupado.

—De acuerdo... entonces creamos el estudio después.

Él se pasa los dedos por el cabello, y deja caer su cabeza sobre el sofá, mirando al techo. Sus hombros están tensos. Su mandíbula tensa. Pero no dice nada.

—¿Hay algo que no me estás diciendo? ¿Por qué no estás emocionado con esto?

Como si en una orden, él se relaja, respirando profundo. Cuando levanta la cabeza del sofá, ha compuesto su rostro.

—Lo siento —dice—. Hablemos con el hombre primero para ver qué piensas, ¿sí?

La sonrisa que él le da no llega a sus ojos, y ella tiene esa sensación en su vientre de nuevo—algo ocurre. Él está contra su cuello entonces, dejando besos mientras sus manos frota sus muslos.

—Tengo que irme en una hora —dice, besando su pecho mientras rodea sus manos por debajo de sus piernas—. Probablemente pase la noche en el estudio. —Con ella ubicada sobre sus caderas, él se levanta del sofá.

Ella sabe lo que está haciendo y odia que esté funcionando. Su cuerpo responde al de él, y ella arde entre sus piernas por él.

—¿Pero todo está bien? —Ella jala del cabello de su cuello, trayendo su rostro hacia arriba y sus labios hacia los de ella mientras él se tambalea hacia su cuarto.

—Lo estará en un minuto, cuando esté dentro de ti. —Él succiona su labio inferior dentro de su boca, mordiéndolo suavemente. Ella cierra la puerta con su pie y se ríe contra su pecho al caer torpemente sobre la cama.

Él no desperdicia tiempo en deshacerse de sus ropas, y al siguiente segundo, está desnudo y sobre ella. Ambos se miran cuando «All I Want For Christmas» de Mariah comienza a retumbar desde el cuarto de Jazz.

—Bueno, eso te la baja. —Edward se ríe por la nariz, llevando su boca hacia el cuello de Bella con un gruñido—. Pero al menos ahora puedes gritar.


¿Qué le pasará a Edward?

Gracias por leer :)