Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es RMacaroni, yo solo traduzco con su permiso.
Disclaimer: This story is not mine, it belongs to RMacaroni. I'm only translating with her permission. Gracias, Ronnie, por permitirme compartir tu historia en español :)
Inspiración musical: Christina Perri - A Thousand Years
Capítulo 29
Volturi Records
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AHORA
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Torre Volturi Records. Centro de Seattle, Washington. Jueves, 5 de diciembre de 2013.
Edward sostiene la mano de Bella mientras salen del ascensor en el séptimo piso de la Torre Volturi Records. Una secretaria los recibe en la vestíbulo y los acompaña hacia la oficina.
—¡Edward, querido! —El tipo detrás del escritorio largo lo saluda, parándose de la silla, y camina alrededor para recibirlos. Él tiene puesto un traje de tres piezas, pero el cuello de su camisa está desabotonado, un poco del vello oscuro de su pecho se asoma. Su cabello negro es largo, hasta los hombros, pero con unas grandes entradas. Su cuello está adornado con un collar grueso de oro.
Bella de inmediato siente escalofríos, y como si él pudiera sentirlo también, Edward afianza sus dedos alrededor de su mano.
—Así que está debe ser Isabella... —La forma en que el hombre, el Sr. Aro Volturi, supone Bella, dice su nombre la hace temblar.
Antes que pueda apartarse de su alcance o que Edward pueda interferir, las manos del Sr. Volturi toman su rostro.
—Hermosa —casi canta, haciendo un sonido de sorbida en su boca después.
—Sr. Volturi —comienza Edward, alejando a Bella, y extendiéndole su mano, efectivamente liberando el rostro de Bella—. Un placer volver a verlo.
—¡Por favor, llámenme Aro! —Él estrecha la mano de Edward sin mirarlo, sus ojos firmes en Bella.
—Un placer conocerlo —dice Bella, una vez que es su turno de estrechar su mano.
—Está bien, está bien, déjenme que les muestre los alrededores, luego podemos sentarnos a hablar de negocios, ¿sí? —Aro junta sus manos frente a él, sus dedos tamborileando.
Lo que sigue es una montaña rusa de personas e información para los que ni Edward ni Bella están preparados. El equipo de diseño de Volturi ya ha diseñado portadas de álbumes, patrones de letras, lo que se te ocurra. Edward y Bella conocen a las personas de marketing, relaciones públicas, y cualquier otra que Aro les lanzaba.
Se sentía irreal para ser honestos. Como un sueño. O una pesadilla, dependiendo a quién le preguntaras.
—La última parada antes de sentarnos a hablar de negocios —dice Aro, abriendo las puertas dobles de lo que parece ser un estudio fotográfico—. Hablemos de imagen. —Voltea hacia ellos mientras entran y estira ambas manos hacia el cabello de Bella, trayéndolo por delante de sus hombros, deslizando sus dedos por las puntas—. Estoy seguro que Jane hará su magia con esto. ¿Me parece un rubio platinado?
—Por supuesto que no. —Bella se ríe, insegura de si él lo dice en serio o no.
—De acuerdo, lo intenté. Y bien, ¿qué piensan?
Aro se acerca hacia el centro del estudio, donde todas las luces y las cámaras apuntan. Parece que estuviera en proceso una sesión de fotos. Hay al menos tres hombres listos allí. Un guitarrista y un bajista, que lucen idénticos, y un baterista sentado en el fondo.
—¡Lucen como modelos de Calvin Klein! —Bella le susurra a Edward.
—Lo sé, estoy emocionado —añade Edward sarcásticamente con un suspiro.
—Y bien, ¿qué piensas, Bella? —Aro se ubica entre los modelos gemelos idénticos, con una mano en cada uno de sus hombros—. Ven aquí, veamos cómo luce.
Los ojos de ella se mueven por detrás de Aro y hacia la Gibson Les Paul a medida que se encuentra frente a la batería. Ella casi chilla mientras se acerca al escenario, sus dedos ardiendo por tocarla. Toma la guitarra en sus manos con un jadeo; tiene que valer al menos unos diez mil dólares, o más.
Con la guitarra amarrada, ella camina hacia el micrófono en el centro del escenario.
—Ella es innata —dice Aro, volteando hacia Edward.
Entonces ocurre la cosa más bizarra. Encienden los ventiladores en dirección a Bella y los músicos alrededor de Bella comienzan a moverse, como si estuvieran tocando, solo que no se escucha ningún sonido. Bella se ríe fuerte, mientras que su cabello flota detrás de ella con el aire proveniente de los ventiladores.
—¡Ah! —exclama Aro, mirando a través de la cámara apuntada hacia Bella—. ¡Qué extraordinario!
Con las luces en ella, Bella entrecierra los ojos para mirar a Edward, que sigue parado detrás de las cámaras. Cruzado de brazos. Él le sonríe dulcemente y asiente en aliento.
Ella comienza a tocar. Aunque todo es falso. La guitarra no está conectada ni nada. Tampoco lo está el micrófono.
Ella suspira y mira de vuelta a Edward, tomándolo por sorpresa. Ella puede verlo en sus ojos, en su mandíbula apretada, en sus manos empuñadas a sus costados.
Él también odia esto.
Sus preocupaciones son confirmadas cuando vuelven a la oficina de Aro y miran el contrato que él ha preparado para ella y solo ella.
Bella escanea las páginas, números y cláusulas, hasta llegar al final, tragando con el número final —mucho más de lo que ellos conseguirían con la casa de Charlie— pero notando que el nombre de Edward no se encuentra por ninguna parte.
—No —dice simplemente, tomando aire profundo antes de levantar la mirada.
—Bella... —comienza a decir Edward, pero ella lo interrumpe.
—No, no sin ti —dice con dientes apretados.
—¿Hay algún problema? —Aro une sus manos sobre la mesa, sus cejas alzadas, su atención en Bella.
—Lo siento, Sr. Volturi. Es una oferta muy generosa. Pero es o los dos o ninguno —dice ella, su mano moviéndose en el espacio entre Edward y ella.
Aro asiente en comprensión, antes de darle su sonrisa vil.
—Oh, cariño, ya le he explicado esto a Edward ayer. No trabajo con bandas. Solo exclusivamente con solistas. Las bandas son muy complicadas. —Se ríe con honestidad—. Demasiados egos.
Edward baja la mirada, sabiendo que fue delatado, y se rasca la parte trasera de la cabeza.
—Entonces, lamento haber desperdiciado su tiempo. —Bella se para de la silla, se disculpa, y abandona la habitación sin esperar a Edward.
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Está lloviznando cuando Bella sale corriendo del edificio, Edward siguiéndola en silencio por detrás hasta llegar a su coche.
—¿Qué demonios fue eso? —Ella gira hacia él, colocando la capucha de su chaqueta sobre su cabeza.
—Lo siento —dice él—. No creí que fuera tan espeluznante.
—¡Eso no es de lo que hablaba, Edward!
Con sus manos en los bolsillos de sus jeans, él exhala con mejillas infladas, mirando al suelo.
—Era una buena oferta, Bella. Un contrato discográfico. Te expondría. Nada te podría detener.
—No quiero eso. No quiero nada de eso. No lo quiero sin ti.
—Puede que no sea lo que quieras al principio, pero para el segundo álbum, tendrías más control sobre todo —masculla, sacudiendo la cabeza.
Ella puede verlo cerrarse. Estira una mano hacia su rostro mientras él mira hacia abajo.
—¿Cómo pudiste pensar que tomaría nuestras canciones, las canciones que tú escribiste, para mí, y simplemente haría un puto tour sin ti?
—Bella, tu voz... la forma en la que tocas, es lo que los hizo lo que son. Él... Él reconoció eso. Yo...
—Patrañas. Él me quiere en un top apretado con mis tetas al aire y presionadas detrás de la guitarra. ¡Quiere que tiña mi cabello de rubio! —La risa de ella es sin humor, y lleva sus manos sobre su cabeza, mientras lo mira con asombro.
—Podrías negociar esas cosas... Estaré allí contigo, Bella. Yo... ayudaré.
—¿Acaso me estás escuchando? No lo quiero. Incluso si fuera mi estilo, nuestro estilo. Si no eres parte de ello, no significa nada para mí.
—Vamos, está lloviendo. Entremos al auto. —Él abre el coche y estira un brazo para tomar la manija del lado de ella.
—Edward, háblame. Por favor.
—Bella, entra al auto. —Los ojos de él están llenos de agonía mientras sostiene abierta la puerta, la lluvia cayendo sobre él—. Por favor.
—No hasta que me hables. —Ella cierra la puerta de un empujón, y él maldice por debajo de su aliento, pasándose las manos por el cabello.
Su expresión derrotada rompe el corazón de ella, y entonces comprende todo. Su furia se esfuma casi de inmediato.
—Aún no me crees, ¿cierto? —Estira una mano hacia su chaqueta, parándose frente a él, jalándolo hacia ella—. ¿Crees que cambiaré de parecer? ¿Que me arrepentiré? No del estudio, sino ¿de ti?
Él baja la mirada, sus ojos tensos, y se pellizca el puente de la nariz.
—Edward. —Se le quiebra la voz mientras envuelve sus brazos alrededor de él, por debajo de su chaqueta—. De lo único que me arrepentiré siempre es todo el tiempo que desperdicié sin ti.
Se abraza a él, y él la envuelve en sus brazos, besando su frente.
—Entremos al coche, por favor, te estás mojando toda.
Ella suspira y da un paso hacia atrás, así él abre la puerta de nuevo. Entra y lo mira por el espejo retrovisor. Él no da la vuelta al coche aún. En cambio, posa ambas manos sobre el techo del auto, su cabeza cae entre sus hombros.
Parece que está respirando profundo, el agua cayendo por su cabello y sobre la calle, antes de apartarse y caminar hacia la puerta.
Una vez adentro, él pone la llave en contacto y enciende la calefacción al máximo.
Descansa su cabeza hacia atrás, pasando una mano por su rostro, quitando algo de agua y respirando profundo.
—Lamento haberte ocultado esto —comienza—. Simplemente sabía que no aceptarías incluso reunirte con él si sabías que yo no era parte del trato.
—Tienes razón. No lo hubiera hecho.
—Solo quería que vieras lo que hay allí afuera, qué opciones tienes. —Él sigue mirando hacia arriba, gotas de agua cayendo de su cabello, pasando por su sien y hacia su cuello.
—Me estás asustando con toda esta charla sobre opciones. ¿Por qué? ¿Por qué quieres que considere estas oportunidades? Especialmente las que no te incluyen a ti.
Él suspira, sus ojos fijos en el techo del coche.
—¿Hay algo que no me estás diciendo? ¿Hemos procedido demasiado rápido? ¿Estás tú teniendo dudas sobre nosotros?
—Bella, no. —Él voltea para mirarla, sus ojos suplicantes—. No es eso en absoluto.
—¿Entonces qué es? ¿Por qué estás tan preocupado por mis opciones?
—Porque es un gran sacrificio el que estás haciendo... —Su voz es alta y resuena dentro del coche—. Y estoy aterrado de que te arrepientas luego y me resientas por eso.
—Entonces, temes tanto como yo que me convierta en Renée. —Incluso decirlo duele, y los brazos de Bella se envuelven alrededor de si misma.
—Eso no es lo que estoy diciendo. —La voz de él es más suave, y se estira hacia brazo, apartándolo de su cuerpo y sosteniendo su mano en la suya.
—Eso es exactamente lo que estás diciendo.
—Bella...
—¿Realmente te hice arruiné, eh? —Gira su cuerpo en dirección a él, cruzando una pierna por debajo de ella misma—. Lo siento mucho, Edward. Estoy trabajando en ello. Lucharé duro todos los días así no me convierto en ella. No sé qué más decirte. Te amo. Estoy comprometida al cien por ciento a ti. —Ella envuelve sus dedos alrededor de la mano de él, afianzando su agarre con propósito.
Él se mantiene quieto, observando sus manos enlazadas.
—Eso no se siente como un sacrificio para mí —continúa Bella—. No siento que estoy abandonando algo. Esto es un sueño. Podemos tener nuestro propio lugar. Podemos hacer nuestra propia música. Ayudar a otros con su música también. Y puedo hacerlo todo contigo.
Cuando él la mira, la angustia en sus ojos es casi palpable. Sus pestañas están mojadas, pero ella no está segura si es debido a las lágrimas o a la lluvia. Al menos parece que ella finalmente está llegando a él.
—Tendrás que confiar en mí. —Ella lleva sus manos unidas hacia su pecho—. Pero yo solo puedo demostrártelo un día a la vez.
—Confío en ti. —Él se sorbe la nariz—. Carajo, confío en ti. Lo siento mucho. —Él inhala profundo, infla sus mejillas al exhalar—. Mierda, necesito un minuto. —Él aparta su mano de la de ella y se pasa ambas manos por su rostro—. Todo un futuro sin ti pasó por delante de mis ojos mientras estabas allí, y me partió en dos. —Él mira el parabrisas, esquivando los ojos de ella.
—No pasará. Eso... ¿lo de allí adentro? Esa no soy yo. —De repente, ella contempla si cabe entre él y el volante, sintiendo la urgencia de cerrar la distancia entre ellos—. E incluso si lo fuera, no significa nada sin ti. ¿Qué hubieras hecho si hubiera aceptado el trato?
Él sacude la cabeza, esquivando su mirada.
—Respóndeme, con honestidad.
Cuando él habla, su voz es un susurro derrotado.
—Hubiera odiado cada segundo de ello. —Él voltea hacia ella de nuevo, su rostro compuesto—. Pero hubiera aceptado todo si pensara que eso era lo que querías.
—Incluso si te hiciera miserable.
—Incluso si eso me hiciera miserable.
—Necesitamos cambiar eso. —Ella sonríe, llevando una pierna sobre el regazo de él hasta estar a horcajadas sobre él, su espalda contra el volante y sus rodillas presionadas contra el asiento—. Necesito que me digas cuando no eres feliz. —Toma su rostro en sus manos, secando un poco de la lluvia con sus dedos—. Nunca quiero volver a hacerte sentir miserable, ¿de acuerdo? Quiero hacerte feliz.
—Sí me haces feliz. —Su voz es un susurro, pero ella puede leerlo. Él se está derritiendo con cada caricia de ella.
—Tú también me haces feliz. —Ella lleva sus labios hacia los de él en un suave beso.
—Eso es todo lo que quiero —dice él contra sus labios.
—Entonces hagamos el estudio. —Hay un brillo en sus ojos, real honestidad allí; él realmente quiere hacer esto también—. Es lo que quiero. Y sé que tú también lo quieres.
Él inhala profundo y ella puede ver su rostro transformarse frente a ella. Solo hay alivio en sus ojos. Como si él hubiera estado aferrándose a ese miedo por demasiado tiempo. Los labios de él se estiran en una sonrisa, una mano en su cintura mientras la otra se estira hacia su rostro.
—Está bien... —La voz de él es casi un susurro mientras lleva sus labios más cerca de los de ella.
—¿Sí?
Él asiente suavemente, presionando sus labios contra los de ella. El beso rápidamente sube de tono, hasta que él se detiene, lo que probablemente sea bueno ya que siguen estacionados en una calle del centro.
—¿Bella? —Él sostiene su rostro con ambas manos mientras lentamente abre los ojos—. No sé si alguna vez seré capaz de mostrarte lo que significas para mí; sé que fallo en ponerle palabras, pero te prometo esto: trabajaré duro para hacer este sueño realidad, para ti, para nosotros. —Una mano rodea su cuello, y él acerca sus labios de nuevo—. Tú eres mi vida —susurra contra los labios de ella—. Lo has sido desde el momento en que te conocí.
Ella se derrite en sus manos, luchando por encontrar las palabras correctas para decirle, las palabras correctas para igualar todo lo que siente por dentro.
—Eres todo para mí, Edward. Te lo demostraré todos los días por siempre.
Awww, estos pequeños :')
Ya solo nos quedan 3 capítulos. ¡Gracias por leer!
