Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es RMacaroni, yo solo traduzco con su permiso.
Disclaimer: This story is not mine, it belongs to RMacaroni. I'm only translating with her permission. Gracias, Ronnie, por permitirme compartir tu historia en español :)
Inspiración musical: Callum Scott - You Are The Reason
Capítulo 31
Mi Razón
~o~
AHORA
~o~
Departamento en Capitol Hill. Seattle, Washington. Viernes, 10 de enero de 2014.
El cuarto sigue oscuro cuando Bella se despierta por el movimiento de las sábanas a su lado.
Ella puede ver a Edward sentado al borde de la cama, de espalda a ella, sin camiseta ya, y sus manos aferrando el colchón.
Cuando un pequeño siseo puede ser escuchado desde su dirección, la mano de él vuela hacia su cuello, frotando la parte trasera de su hombro, y ella se pregunta si está adolorido.
—Hola —dice ella suavemente, apoyándose sobre un codo.
Cuando él voltea a mirarla, no hay señal de dolor en su rostro, sino que le sonríe.
—¿Te desperté? Lo siento.
Ella mira al reloj—son las tres de la mañana.
Él ha estado trabajando sin parar desde que su oferta para la casa en las colinas había sido aceptada. Él se apuntó en turnos dobles esta semana para tener libre la siguiente así puede concentrarse en la construcción. Él también terminó su contrato en el departamento del centro, y aunque el plan de él es quedarse en la casa de las colinas mientras construyen, sus cosas ahora están mayormente apiladas en el rincón del cuarto de Bella, donde ha pasado la mayoría de sus noches.
Él se mente bajo las mantas con una gran exhalación y envuelve sus brazos alrededor de ella, acercando su cuerpo al suyo.
—¿Estabas trabajando hasta tarde en el estudio? —Ella pasa sus dedos por la barba en su mandíbula, acostándose a su lado.
—No... —Los ojos de él se cerraron al exhalar—. Estaba en la casa, limpiando un poco.
—¿Pensé que la demolición comienza mañana?
—Sí... —dice con un bostezo—. Aunque el contenedor fue entregado hoy, por lo que quería quitar un poco de los escombros del anterior proyecto, así podemos empezar mañana.
—¿Estuviste allí solo?
—Mmmhmmm... —Él pasa una mano por el cabello de ella, acercando los labios hacia su frente, pero entonces se aparta, hace una mueca y una mano vuela a su hombro. Él gruñe, exhalando por la nariz.
—¿Te lastimaste? —Sus palabras están llenas de preocupación mientras estira una mano hacia el hombro de él, envolviendo sus dedos sobre su mano.
Él sacude la cabeza, inhalando profundo.
—Es mi hombro malo. Solo está un poco dolorido. —Él compone su rostro, abriendo los ojos y mirándola—. Por favor, no te preocupes.
Pero ella sí se preocupa. Ellos ni siquiera han comenzado a construir, y él ya está exhausto y adolorido. El plan era que él hiciera gran parte del labor durante la renovación.
—Oye. —Él toma su rostro, deteniéndola a medio pensamiento—. Estoy bien, lo prometo. —Pasa sus pulgares por sus mejillas, y le sonríe—. Ha sido una semana larga. —La apacigua con un suave beso en los labios, mientras que sus ojos se cierran de nuevo.
—¿Ayudaría un masaje en la espalda? —ofrece ella, pasando una mano por el rostro de él.
—La respuesta a eso siempre es sí. —Una sonrisa ilumina sus rasgos incluso con los ojos cerrados.
Él gira sobre su estómago, doblando sus brazos por debajo de su cabeza. Ella busca la loción en su mesa de noche y trepa sobre su espalda. Mientras cubre sus manos de loción, ella aprecia la belleza de la espalda desnuda de Edward. La luz de la luna entrando por la ventana es suficiente para que ella vea los músculos de su espalda, las pecas sobre sus hombros, y los lunares esparcidos por toda su espalda. Ella tiene que recordarse que le dará un masaje cuando su mente la lleva a otras partes.
Edward suelta un siseo cuando ella coloca sus manos sobre su espalda superior, y ella se tensa.
—¿Te lastimé?
—Dios, Swan, no sabes lo bien que eso se siente... —Él toma aire profundo cuando ella comienza a mover sus manos sobre su espalda.
—Tendrás que mostrármelo después.
—Mmhmm...
Bella trabaja en toda su espalda, presionando sus dedos sobre los músculos tensos, esperando quitar la tensión y darle el tan necesitado alivio.
Él se mantiene quieto durante todo el masaje.
Cuando ella termina, se inclina hacia adelante mientras desliza sus manos por los brazos de él. Besa sus hombros y descansa su cabeza sobre su espalda.
—¿Mejor? —pregunta suavemente, pero al no obtener respuesta, levanta su cabeza—. ¿Edward? —susurra.
El suave ronquido que él emite derrite su interior, y ella gira hacia el espacio en la cama a su lado. Llevando una mano a su cabello, lleva sus labios hacia la frente de él y posa un suave beso.
—Descansa, cariño.
~o~
Casa en las colinas. Seattle, Washington. Sábado, 11 de enero de 2014.
Es día de demolición en la casa de las colinas. Edward se encuentra parado en el medio de la vacía cocina, con una mano en su cadera, la otra jalando de la parte trasera de su cuello, asimilando todo.
El sol de la temprana mañana brilla fuerte a través de las ventanas, iluminando las pequeñas motas de polvo que cubría el ambiente. La emoción y el orgullo recorría el cuerpo de Edward al pensar que esto finalmente está sucediendo. Sin embargo, es una emoción contenida, enlazada con preocupación por lo enorme que este proyecto realmente es.
Como si fuera una señal, Emmett cruza las puertas de la cocina, en jeans y una camiseta gris de Iron Maiden, con un cinturón de herramientas y todo, marcando la pared de la cocina con una X y entonces coloca el lápiz amarillo por detrás de su oreja.
—Esta puede derrumbarse por completo, ya que no es de carga. —Emmett camina alrededor de Edward, su mirada estudiando toda la cocina—. Entonces, para mover los electrodomésticos arriba... tendremos que medir las escaleras de espiral. Se podría realizar de esa manera. De otra manera, tendremos que conseguir una polea para poder llevarlas arriba a través de las ventanas. —Emmett se detiene junto a Edward, quien no se ha movido ni un milímetro—. De cualquier forma será un dolor, pero por ahora, necesitan salir de aquí, ya que todo esto será derribado.
Edward siente los ojos de Emmett sobre él, y cuando voltea, Emmett arquea una ceja.
—¿Estás bien, amigo?
—Estoy bien... —Edward dice con una exhalación. Es la verdad. Él está bien, simplemente...
—¿Abrumado? —Emmett coloca una mano sobre el hombro de Edward—. Lo sé. Es mucho. Pero estará hecho pronto. ¿Comenzamos por el refrigerador?
Emmett sacude el hombro de Edward antes de soltarlo, rompiendo el trance de Edward. Emmett acomoda la plataforma rodante junto al refrigerador, inclinándose y sosteniéndolo con una mano la parte de abajo y la otra por detrás.
—Apúrate, Cullen. No tengo todo el día. —Emmett mira a Edward desde el suelo.
Edward camina hacia el refrigerador y copia la posición de Emmett.
—A la cuenta de tres... —dice Emmett—. Levanta con tus rodillas.
Emmett cuenta y levantan el refrigerador del suelo, excepto que está más pesado de lo que Edward esperaba, y sus dedos están perdiendo el agarre, lo que hace que el artefacto se incline hacia él y deba sostenerlo con su hombro.
—¿Lo tienes? —pregunta Emmett. Edward gruñe, tratando de obtener un mejor agarre—. ¿Lo tienes? —vuelve a preguntar Emmett.
—Lo tengo —dice Edward entre dientes.
—¿Estás seguro? Luces muy sonrojado. —Emmett se ríe, desde el otro lado del refrigerador, mientras Edward logra tener mejor agarre de este y levanta más de su lado, así está menos inclinado. Lo mueven hacia la plataforma rodante y lo colocan con cuidado antes de enderezarse los dos.
Emmett está riéndose a carcajadas mientras Edward frota sus dedos contra sus jeans.
—¿Cuánto levantas en el banco, amigo? —Se ríe Emmett.
—Cállate. No podía agarrarlo bien.
Para cuando hay un golpe a la puerta, Edward y Emmett han quitado todos los electrodomésticos de la cocina.
Edward está esperando a Bella, quien viene a ayudar, pero no es solo ella en la puerta—sus dos compañeros de piso la acompañan, luciendo como salidos de una revista de moda.
A la izquierda de Bella se encuentra Alice en un overol, doblado sobre sus tobillos y con botas de combate negras. Ella ya tiene puesto gafas de protección —probablemente de su tienda de arte— y una maza que parece ser del mismo tamaño de ella colocada sobre su hombro. Si pudieras meter a la ferocidad en un paquete de un metro sesenta, así es cómo luciría.
A la derecha de Bella se encuentra Jazz, sus ojos cubiertos por unos Ray-Bans, y su peinado undercut está perfectamente acomodado con gel y corrido hacia la izquierda. Una camisa de flores se asoma por debajo de su chaqueta. Pantalones capri color blanco y mocasines completan su atuendo. Edward hace una mueca ante la falta de medias.
—¡Traje ayuda! —dice Bella, sonriendo enormemente a Edward y levantando dos bandejas con vasos de Starbucks en sus manos—. Y café.
Él casi podría besarla, y planea hacerlo, ni bien los demás se vayan.
Cuando Emmett aparece detrás de Edward con una mano sobre el hombro de este, la mandíbula de Jazz cae al suelo, en sentido figurado. Boquiabierto, él levanta sus gafas hacia su cabello.
—¿Planeas quedártelo todo para ti? —Agita una mano hacia Edward, acercándose a él.
—Jazz, Emmett. Emmett, Jazz. —Edward los presenta, poniendo los ojos en blanco.
—¿Hay algo en el agua de Forks o qué? —Jazz le pregunta a Bella, pasando por el costado de Edward—. Hola, hermoso —le dice a Emmett, quien extiende una mano hacia Jazz.
—¿Sabes algo sobre construcción? —Edward le grita a Jazz juguetonamente mientras pasa por su costado.
—¿Hola? Soy un artista. He pintado murales antes. ¿Qué tan difícil puede ser? Además, veo Hermanos a la Obra, muchas gracias.
—Solo no quiero ninguna polla en mis paredes.
—Oh, cielo, serías muy afortunado.
—De acuerdo, derribemos todo —dice Emmett con una risa, dejándolos entrar a todos.
—¡Oh, él habla! —Jazz aplaude frente a él, casi pegando saltos, siguiendo a Emmett hacia el pasillo—. Habla de nuevo, glorioso ángel.
—¿Sabías que Shakespeare era bisexual? —pregunta Alice, captando la referencia de Jazz. Ella camina detrás de ellos, encogiéndose de hombros hacia Edward, quien sigue sosteniendo la puerta. Edward se ríe de su equipo no convencional, preguntándose cómo irá el día.
—Hola —dice Bella, parándose frente a él, inclinando su cabeza hacia atrás, pidiendo un beso—. Buenos días.
—Buenos días... —Edward toma las dos bandejas y se agacha para besarla, aliviado de finalmente tenerla allí—. Lamento haberme ido antes de que te despertaras.
—Está bien... —Ella une sus manos por detrás del cuello de él, jalándolo hacia ella en busca de otro beso—. ¿Estás bien?
Él le asiente, su rostro se ilumina mientras sus ojos la penetran.
—Más que bien.
—¿Hacemos esto?
—Vamos.
~o~
La demolición resulta ser bastante bastante divertida —catártica incluso— aunque algo agotadora. Quitar armarios, levantar alfombras y los azulejos del baño y de la cocina. Emmett coordina el show y les asigna trabajos. Todos trabajan bien juntos, haciendo clic como si se conocieran de años en vez de horas.
Más tarde, Rosalie viene con pizzas y cerveza para completar el grupo. Todos se mueven hacia el fondo de la casa, sentándose en el suelo para comer.
Rodeada de amigos charlando, Bella se ubica entre las piernas de Edward, descansando su espalda contra su pecho. Ella mira a sus amigos alrededor, todos allí queriendo ayudarlos de cualquier manera que podían, y se siente tan afortunada. Afortunada de tenerlos. Afortunada de tener al hombre detrás de ella, quien la ama incondicionalmente y la apoya en todas sus decisiones.
—Chicos, que...quería decir algo. —Sus nervios son reflejados en su tartamudeo, y ella toma aire profundo cuando todos voltean a mirarla.
—Emmett y Rose —comienza Bella, y ambos le sonríen. Rosalie está sentada, así como Bella, entre las piernas de Emmett—. Sé que nos distanciamos después de la secundaria, pero estoy muy contenta de que estén en nuestras vidas. Estoy agradecida por ustedes, chicos, por ofrecer su tiempo y sus habilidades para ayudarnos con este proyecto. Y espero que esto sea el comienzo de una larga y gran amistad.
—Sabes que tocarán gratis en nuestra boda, ¿cierto? —Emmett se ríe, besando el costado del rostro de Rosalie.
Edward frota una mano sobre su brazo, silenciosamente mostrando su apoyo. Y con ese sutil gesto, Bella obtiene el coraje para seguir.
—Alice. —Bella gira su cabeza hacia Alice entonces, quien bebe su cerveza—. En el corto tiempo que te he conocido, ya me has enseñado tanto. A creer en mí misma. A luchar por lo que amo. Espero que sepas lo mucho que me has ayudado a mejorar. Y estoy muy agradecida por tu amistad.
—Ni lo menciones, Bella. —Alice lleva su puño hacia su corazón y luego señala a Bella—. Hermanas de por vida.
Emmett hace un chiste de lesbianas inapropiado y Rosalie lo codea mientras que Alice simultáneamente golpea su brazo. Todos se ríen, mientras que Bella sacude la cabeza, girando hacia Jazz.
—Jazz...
—Callen, perras, es mi turno. —Jazz extiende sus brazos a los costados, agitando sus manos para callarlos.
—Gracias —Bella le dice, y su voz se quiebra—. Por siempre estar allí para mí. Sin importar lo feo que era. Sin importar lo estúpida que estaba siendo. Siempre estuviste allí, en mi esquina, sin hacer preguntas, sin más que tu apoyo. Así que, gracias. Te amo, amigo.
—Oh, cielo, no me hagas llorar ahora. —Jazz lleva una mano hacia su pecho, mientras que la otra abanica su rostro. Entonces sopla un beso hacia Bella.
—Y Edward. —Ella voltea para mirarlo y sus ojos se llenan de lágrimas. Él levanta sus cejas en sorpresa, quizás él no creía que ella fuera a dirigirse hacia él también, frente a todos—. Eres la razón por la que estamos aquí. Eres la razón por la que estoy aquí... entera, completa. —Lleva una mano hacia su rostro y él le sonríe con cariño.
—Todo es gracias a ti. No sé cómo hubiera sobrevivido al último par de meses sin ti. Incluso más que eso. Todos lo años que te he conocido. Has sido mi roca desde el primer día.
Edward traga fuerte, llevando una mano hacia el rostro de ella.
—Bella...
—Así que gracias... —Continúa, mirándolo—. Por no rendirte conmigo. Gracias por darme otra oportunidad... incluso después de todo. Espero recompensártelo con una vida llena de felicidad a tu lado. Espero que sepas lo importante que eres para mí, y... —Cuando su voz se quiebra de nuevo y ella inhala temblorosamente, él envuelve sus dedos alrededor de su cuello y lleva sus labios hacia los suyos. Ella se derrite en sus brazos mientras él profundiza el beso.
—Ajem... —Jazz se aclara la garganta dramáticamente—. ¿Deberíamos irnos?
—Aún hay mucho por hacer —añade Emmett.
—Vayamos a trabajar. —Bella rompe el beso, descansando su frente contra la de Edward.
—Vayamos... —dice él, mientras se pone de pie. Una vez parados, las manos de él toman de su cintura, y la lleva hacia él—. También eres mi razón, Bella —le susurra al oído—. Siempre lo has sido y siempre lo serás.
No estoy llorando, ustedes están llorando :')
El viernes subo el último capítulo.
¡Gracias por leer!
