Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, pero la historia es completamente mía. Está PROHIBIDA su copia, ya sea parcial o total, di NO al plagio. CONTIENE ESCENAS SEXUALES +18.


Historia editada por Karla Ragnard, Licenciada en Literatura y Filosofía

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Capítulo 14:

Y sucedió aquella noche

Sus labios eran sabrosos y muy suaves. Sabían a delicia y a manjar.

Había dejado de respirar, de pensar y de considerar qué era correcto y qué no, solo quería disfrutar sus besos que, poco a poco, me llevaban a sentir que nuevamente volvía a algo llamado hogar.

Edward respiraba de forma pesada y en un segundo tomó mis mejillas para acariciarlas y bajar con lentitud por mi cuello, hombros y espalda, hasta acabar en mi cintura, la que apretó con sus largos dedos. A medida que continuaba, sentía que él me conocía desde toda la vida y que cada caricia era un camino ya sabido para su experiencia.

Subí mis manos por su pecho fuerte y me aferré a su cuello, continuando con la maravilla que significaba sentir sus labios junto a los míos. Conforme nuestro roce se hizo más íntimo, mi cabeza continuó dando giros sin sentido y acabé rechazando cualquier oportunidad para siquiera separarme de él.

Cuando nos separamos para volver a respirar, nos contemplamos a los ojos sin pestañear por algunos segundos y finalmente seguimos besándonos, esta vez con mayor desesperación. Edward tiró de mí con sus manos en mi cintura y siguió bajando de tal forma que simplemente comencé a desabotonar su camisa, queriendo mucho más de él. El príncipe Cullen no me impidió hacerlo y yo tampoco, simplemente lo despojé de su ropa, queriendo tocar su piel, llevando mis manos a su torso, su abdomen y… lo que había debajo de ahí.

—Bella —susurró en mi oído, dejando besos muy suaves en mi cuello.

Siempre había querido oír mi nombre tras sus labios y ahora sonaba a una intimidad que él me estaba regalando sin tapujos. A medida que lo escuchaba suspirar, asfixiado por la excitación de mis caricias, no toleraba más separación entre ambos. Sus besos en mi cuello eran una hecatombe, me enloquecía y, de cierta forma, me hacía sentir viva, sí, viva como nadie en este mundo.

—¿Por qué percibo que siempre he sentido su piel? Mis manos la conocen, la sienten suyas —continuó diciendo mientras abarcaba delicadamente mis senos entre sus manos, ahuecándolas para acariciarlos con totalidad.

—He sentido eso desde que te conocí —musité, acariciando los cabellos de su nuca.

Nos miramos una vez más y él continuó con sus besos mientras bajaba el cierre de mi vestido, y a medida que lo hacía, cada parte de mí se derritió entre sus brazos.

—¿Por qué? —inquirió, dejándolo caer al suelo.

Estar semidesnuda frente a un hombre luego de tanto tiempo a solas podía hacerme sentir avergonzada e insegura de mí, incluso después de haber tenido a Abby, que mi cuerpo había cambiado ligeramente posterior a ello, pero… con Edward no me sentía así. Cuando él me miraba, veía adoración, como si fuera perfecta, como si… todo de mí le fascinara, y no solo mi aspecto físico sino también… mi alma en su entereza. Jamás me habían mirado así y jamás había sentido tan poco pudor de que un hombre me contemplara semidesnuda. Era como si él ya lo hubiera hecho antes… y como si le conociera de toda la vida.

—No lo sé —fue lo único que pude responder, buscando tocar su pecho desnudo.

Él me abrazó y escondió el rostro en la curva de mi hombro y cuello, oliéndome y besándome en el intertanto. Nuestra piel junto a la otra era una oda, una maravilla… un paraíso. Nos volvimos a besar y acabó por desnudarme, quitando primero mi sujetador y luego mis bragas, las que realmente no combinaban. A Edward jamás le importó, él solo me seguía contemplando, ahora completamente desnuda ante sus ojos.

—Es… hermosa —susurró, analizando cada aspecto de mi piel.

Se acercó, juntó sus labios con los míos y yo subí mis brazos a su cuello, suspirando mientras nos besábamos de forma apasionada, con su lengua junto a la mía y la humedad de nuestra necesidad uniéndose.

—Quiero que me hagas el amor, príncipe Edward —añadí, dando caricias furtivas por su pecho.

Él continuó observándome a los ojos y sin más me acarició el rostro, descansando algunos segundos en mis mejillas y labios.

—No tiene que pedírmelo —respondió en un murmullo grave, uno repleto de excitación—. Muero por hacerlo.

Continuó con besos en mi cuerpo, deteniéndose en mis senos que le esperaban con fervor. A medida que continuaba, cerré mis ojos, expectante porque cada vez me sentía más conectada a él. Sus labios recorrían todo de mí, y tan pronto como tuvo la oportunidad, bajó hasta alcanzar parte de mi intimidad.

Jamás había sentido algo similar, pero de alguna forma, algo en mi mente decía "ha vuelto, ese sentir ha regresado". No tenía sentido.

Solté un pequeño grito que luego acallé mordiéndome el labio inferior, absorta por las sensaciones que me daba su boca y luego dirigiendo mi atención en el hombre que escondía su rostro entre mis piernas. Tan pronto como pude, metí mis dedos en sus cabellos y acaricié cada hebra mientras abrazaba su cuello con mis muslos.

En el momento en el que subió hasta mis labios para volver a besarme, le pedí entre suspiros y súplicas que lo hiciera, porque no toleraba un segundo más sin él. Cuando se desnudó delante de mí y vi su masculinidad lista para continuar, acaricié su torso y fui bajando hasta tomarlo entre mis manos y disfrutar de su calor, su textura y su dureza. Edward abrió los labios y frunció ligeramente el ceño, sumido en la excitación de mis caricias. Me hice a un lado y busqué entre mis cosas en la mesita de noche, esperando encontrar el único preservativo que tenía gracias a Sue. Cuando lo encontré y lo desempolvé, lo abrí con los dedos temblorosos mientras el príncipe miraba mi actuar con mucha curiosidad.

—¿Qué es eso? —inquirió con la respiración desacompasada.

—Un preservativo —señalé, dirigiéndolo a su masculinidad.

—¿Qué? —Parecía asustado.

—Es para, bueno, evitar complicaciones futuras —susurré.

—¿Y no es molesto?

—No, claro que no, no va a apretarte… Aunque cualquier cosa podría apretar esta belleza…

Me callé y acabé riéndome, mientras Edward continuaba acercándose para besarme en los labios.

—No me preocupa lo que ocurra conmigo, sino con usted. No quiero que nada le cause daño —agregó en respuesta.

Me mordí el labio inferior y sonreí.

—No va a dañarme, nunca —afirmé.

Le puse el condón con los dedos temblorosos, aunque en verdad era más pequeño de lo que pensé. Tampoco esperaba estar tan borracha producto del vino y que no tuviera absolutamente nada de experiencia poniendo este tipo de protección. Cuando acabé, Edward se miró con curiosidad y luego se acercó a mí con suavidad, acomodándose entre mis piernas. Acarició mi rostro mientras me contemplaba y yo abracé su cuello, sintiendo su respiración en mi rostro.

—Dígame, ¿por qué siento esto? —inquirió.

Tragué.

—Porque estás borracho —respondí con sinceridad.

—¿Lo estoy?

Asentí con un nudo en la garganta.

—Yo también.

—Pero esto lo siento desde antes de estar borracho.

—¿Qué?

—Que la he buscado toda mi vida.

Mi barbilla tembló y finalmente abrí mis piernas para consentir lo que tanto queríamos. Edward me besó en los labios mientras mis ojos lagrimeaban de forma automática frente a sus palabras y finalmente entró en mí, sacándome un profundo suspiro. Me arqueé, presa de una sensación inexplicable, porque estaba penetrando en mi alma una emoción tan compleja y diferente que no supe explicar de forma adecuada todo lo que estaba aflorando en mí. Dejé de respirar unos segundos después y nos contemplamos, por lo que pude confirmar que él, dentro de todo, estaba pasando por lo mismo que yo.

—Cielo santo, Edward —gemí lo más bajo que pude, abrazándome a sus músculos fuertes mientras él me abrazaba, cuidando cada movimiento a la vez que entraba en mí.

Estábamos unidos de una forma especial, no sabía cómo afrontarlo. Era desesperante y divino a la vez. Edward me hacía el amor y cada momento, cada segundo y cada respiro, me conectaba a una parte de él que no tenía explicación ni razón. Sentía que pertenecía a sus brazos, a su cuerpo, a sus besos y a los sonidos satisfactorios de su boca… y no podía quitar mis ojos de los suyos. La pasión crecía y yo quería más, lo apretaba con mis piernas, con mis abrazos, lo ansiaba con mis besos y… sentía que lo habíamos hecho muchas veces antes, pero que ahora todo era más liberador…

Él besó mi mandíbula y luego hundió su rostro en mis senos, para luego juntar su nariz con la mía mientras el sudor nos hacía presos el uno con el otro. No había otro sonido en la habitación más que nuestra respiración pesada, los gemidos sin poder salir y nuestros cuerpos chocando el uno con el otro, sin espacio a la separación.

No fue hasta que nuestro brío inexplicable nos hizo llegar al culmen, manifestándose en otras sensaciones imposibles de definir, encausando nuestros deseos en un desenfreno único que jamás había sentido alguna vez, que acabé en un clímax en el que solo pude actuar besándolo y abrazándolo ante la inmensa desesperación de todo lo que estaba pasándome en aquel momento. Edward estaba en mi sintonía, sentía su cuerpo tensado sobre el mío, su búsqueda de más con el aumento del ritmo, su fuerza, su necesidad y un gruñido intenso que solo pudo bloquear con un beso todavía más profundo.

Acabamos agitados el uno con el otro, mirándonos mientras nos acariciábamos aún unidos. Pasé mi mano por su frente para limpiar las gotas de sudor, pero finalmente estuve presa y hechizada ante su potente mirada verde esmeralda. ¿Qué estaba sucediéndome? ¿Por qué sentía que en nuestros brazos pertenecíamos?

—Creo que se nos pasó la mano con el vino —musité.

—¿Le he hecho daño? —inquirió, acariciando la piel roja de mis caderas, muslos y cintura.

Negué y me acurruqué en su pecho, acomodándome lo suficiente mientras aprovechaba mi intrepidez causada por la borrachera. Edward me contuvo, acariciando primero mi rostro y luego besándome la frente con cuidado.

—No quiero que sea mañana —susurré.

Tragó.

—Yo tampoco… Bella.

Suspiré.

—Siempre dime así —pedí.

Tomó una de mis manos y también la besó, esta vez con añoranza e intensidad.

—Duerma, quiero verla hacerlo entre mis brazos.

Acaricié sus cabellos una vez más y luego su barba incipiente, todo mientras seguíamos mirándonos.

—¿Tú no lo harás?

—Lo haré cuando me asegure de que usted está descansando. Seguiré aquí.

Nos besamos una última vez, deseosos de conectar continuamente. Finalmente cerré mis ojos, derrotada por el esfuerzo físico y la potencia de las emociones y sentimientos.

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Escuchaba un suave golpeteo en alguna parte. No sabía qué era. Parecía un suave pajarillo cantor que posteriormente parecía darle piquetes a algo con su pico.

Me estiré, sintiéndome descansada y muy contenta, todavía sin abrir los ojos. Cuando sentí un calor absorbente y el aroma característico de Edward, contemplé en un segundo, recordándolo todo. Al verlo con sus brazos a mi alrededor y nuestros cuerpos desnudos el uno con el otro bajo las sábanas, el corazón se me apretó de diversas emociones, desde la alegría de verlo en la mañana, el saber que habíamos disfrutado nuestros deseos más íntimos, pero… también una culpa dolorosa que escocía de una forma imposible de tolerar.

—¿Mami? —exclamó Abby, haciéndome dar un salto.

Me había costado comprender que los piquetes y el cantar del pajarillo era ella tocando a la puerta de la habitación.

—¿Mami? Tengo hambe.

Me levanté de forma rápida, moviendo los edredones hasta despertar a un Edward adormilado y que mantenía sus brazos a mi alrededor. Miré hacia el suelo y vi nuestra ropa esparcida por todos lados, incluido el preservativo usado.

Era un desastre.

—¡Ya voy, cariño! —le grité, buscando algo para ponerme.

Edward levantó el tronco y me miró semidesnuda, para luego recordar todo lo que habíamos hecho. Al momento de conectar juntos, bajó la cabeza con el ceño fruncido y se tocó la frente, como si esta le doliera.

—Bella —me llamó, levantándose también.

Dejé de mirarlo, sintiéndome pésimo por haber hecho esto con un hombre que simplemente… nunca iba a amarme y que deseaba casarse con aquella mujer. ¿Qué se supone que pensaba anoche? ¿Qué clase de chica era al olvidar mis principios? No había podido contenerme, porque lo amaba, maldita sea, estaba endemoniadamente enamorada de un hombre que había llegado a mi vida en medio de un camino turbulento, que no era de esta era y que, sin duda, no pertenecía aquí.

—Bella —insistió, caminando hacia mí.

Me hice a un lado y abrí la puerta, cerrándola detrás de mí mientras miraba a Abby, que sostenía el abrigo de Edward entre sus manos.

Dolía como nada en el mundo.

¿Por qué Edward había consentido mis besos? ¿Por qué Edward había dejado ir todos sus principios y habíamos…?

Dios mío, dolía más a medida que lo analizaba todo.

¡Y yo estaba enamorada de mi príncipe azul! Un príncipe que toda mi vida esperé, sabiendo que ellos no existían y…

Demonios, quería sacarme el corazón.

—¿Estabas con Píncipe? —preguntó.

No le respondí.

—¿Vamos a desayunar?

—Mami, ¿él…?

—A desayunar —insistí con la garganta ennudecida.

Tan pronto como la senté en la silla, sentí el timbre incesante de la puerta principal, por lo que fui hasta allá como pude, seguida de Abby, que daba brincos por la sala.

—¡No me vuelvas a decir eso! Ya sé que bebí demasiado —se quejaba Emmett, tomándose la cabeza.

—Y no quisiste darme ni un besito —respondió Sue, apoyada en el marco de la puerta con sus exuberantes curvas.

—¡Bella! —exclamaron los dos al verme.

—Buenos días —respondí—. Abby, ve a la mesa.

—Tenemos un problema —dijeron nuevamente al unísono.

—¿Qué?

Se miraron.

—¡Edward!

Fruncí el ceño.

—No está, Bells, la he cagado de nuevo, ¿no es así? —inquirió Emmett, muy preocupado—. Pensé que regresaría después de dejar a Abby aquí, pero también estaba demasiado borracho para recordar que es un raro y que en cualquier momento se puede escapar por nuestro mundo a hacer cosas… extrañas.

Me tomó desde los hombros, a punto de llorar.

—Dime que al menos lo has visto, ¡dímelo! Vaya, extrañé al Rarito, ¡no quiero que le suceda nada!

—¡Abby! ¡No! —exclamó la voz de Edward y luego sonó la risa de mi hija.

Al darnos la vuelta para ver qué ocurría. Vimos a un Edward con medio pantalón puesto, el cinturón abierto y el pecho desnudo, sosteniendo mi ropa entre sus brazos… y las bragas colgando de uno de sus dedos. Él corría detrás de Abby, que le había arrebatado la camisa para ponérsela como capa y gritaba "soy una princesa, soy una princesa".

Quería morirme.

Cuando Edward vio que había visitas y todos estaban sacando conclusiones de lo que había sucedido, su sonrojo fue imposible de evitar.

—Hola —fue lo único que dijo.

Ambos nos miramos por unos segundos y luego nuestro sonrojo fue todavía más notorio.

—¡Ajá! —chilló Emmett—. ¡Así que en eso estaban!

—¡Jugando a la salchicha! —canturreaba Abby, bailando con la ropa de Edward.

Nosotros no sabíamos en qué lugar escondernos, parecíamos dos adolescentes encontrados luego de nuestra primera vez.

—Te la tenías guardada, ¿eh, Rarito? —dijo Emmett, palpando con fuerza su hombro—. Así que jugando a la salchicha.

—¿Quieren por favor ir a la cocina a desayunar? —pedí, mientras veía cómo Edward me mostraba mis bragas y el sujetador.

Se las quité con el rostro todavía más ruborizado.

Había sido el despertar más increíble del mundo… y no en el mejor sentido, la verdad.

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—¡Yum! ¡Yum! —decía Abby mientras Edward le daba la comida en la boca.

Estaba mimetizada con la imagen, no dejaba de mirarla, mientras Sue me contaba cómo había despertado con otro hombre del que no recordaba ni siquiera el nombre. Apenas y la escuchaba porque, bueno, mirar la escena del príncipe y mi princesa era algo que me afectaba cada vez más.

—Tuve que llamarlo, ¡no iba a quedarme con las ganas de diversión luego de que Emmett me rechazara de esa forma tan horrible! —gimió.

—Ni en un millón de años —añadió Emmett por lo bajo mientras miraba el periódico, buscando casas de empeño y prestadores ilegales—. No sé cómo hacer para sacar el restaurante a flote, ¡esto es una burla!

—¡Yum! ¡Yum! —volvía a decir mi hija, recibiendo otra cucharada de avena, miel y leche.

Edward sonreía a medida que lo hacía, procurando que ella masticara correctamente y luego tragara para volver a recibir otra cucharada más.

Iba a ser un gran padre, uno que cualquier pequeño merecía y…

«Lástima que tuviste el peor para ella».

—Bien, creo que estoy perdiendo el tiempo revisando en este periódico. Iré a darme una vuelta a la casa de empeño, a ver si puedo dar el anillo de compromiso que le di a la malagradecida esa —espetó Emmett, levantándose—. Ten buen día, Bells. —Me besó los cabellos y se despidió de los demás.

Aproveché el momento para irme un rato a lavar los platos y calmar el ritmo de mi corazón. Desde que había sucedido todo entre nosotros, las cosas continuaban siendo mucho más difíciles. No iba a mentir, seguía pensando en que habíamos hecho el amor, que había sido magnífico y que todas las imágenes que volvían a mi mente daban cuenta de la inmensa conexión que tuvimos. Pero la culpa, el deber ser, continuaban en mi cabeza.

¿Por qué Edward lo había hecho? ¿Por qué no me rechazó? Él esperaba comprometerse, ¡él esperaba continuar el camino hacia su amada! Me sentía tan compungida ante la idea de… romper un amor, de… hacer lo que no querría que jamás me hicieran. Y aquí estaba, completamente rota.

Si tan solo las cosas fueran diferentes…

Milady —susurró Edward, haciéndome dar un salto.

Estaba detrás de mí, a la espera.

—¿Qué ocurre, Edward? —inquirí, algo fría y distante.

Escuchaba su respiración.

—Quisiera hablar tantas cosas, Milady.

Asentí.

—Lo sé.

—Pero usted…

—No es el momento.

—Lo sé.

Nos quedamos en silencio.

Milady, nunca será el momento, pero el ahora es importante —añadió.

Salí de la casa para tomar algo de aire, disculpándome con Sue, que de pronto se había quedado en completo silencio junto a Abby. Pero él me había seguido y a medida que bajábamos las escaleras hasta la primera planta, él continuaba pidiéndome un momento. Cuando llegábamos a la parte de la entrada, frené de golpe al ver a la Sra. Ateara caminando por el pasillo mientras se comía un burrito que escurría una extraña salsa verde.

—Sra. Ateara —exclamé.

Ella abrió los ojos de sopetón y en cuanto contempló a Edward, su mirada brincó de reconocimiento.

—Estuve buscándola todo este tiempo —dije.

—Lo imagino —susurró en respuesta.

—La necesitamos.

—Lo sé. He esperado mucho por este momento —afirmó.


Buenas tardes, les traigo un nuevo capítulo de esta historia, como ven, ya estamos en los capítulos finales, quedan muy pocos y las cosas poco a poco comienzan a ver la luz, estos dos han dado cuenta de la conexión que han sentido y de que todo parece ser cada vez más notorio, pero difuso a la vez. ¿Por qué la Sra. Ateara ha regresado de esa manera? ¿Qué ha querido decir al final? ¡Cuéntenme qué les ha parecido! Ya saben cómo me gusta leerlas

Agradezco los comentarios de Chiquimoreno06, JMMA, Mar91 , Rose Hernandez, Gibel, Adriu, Angelus285, Coni, jupy, NoeLiia, Flor Santana, AndreaSL, debynoe12, GabySS501, Nati098, valem00, Aidee Bells, ConiLizzy, EriiCullen07 , sollpz 1305, sool21, Melany, beakis, NaNYs SANZ, Gan, Ana karina, valeeecu9, llucena928, Lore562, diana0426a, Mary Hale, EloRicardes, Elizabeth Marie Cullen, Valentina Paez, Eli mMsen, Cristal82, alejandra1987, Bitah, Santa, jenni317, MarieCullen28, jackie rys, bbluelilas , gesykag, morenita88, Yoliki, Noriitha, Erikay2003, miop, Naara Selene, merodeadores 1996, alyssag19, luisita, Elmi, lolitanabo, PielKnela, NarMaVeg, Kamile Pattz-Cullen, Brenda Cullenn, TheYos16, Damaris14, kathlen ayala, ale 17 3 dana masen cullen, MariaL8, C Car, BreezeCullenSwan, MasenSwan, rjnavajas, lovelyfaith, Toy Princes , AnabellaCS, Diana, Rero96, Gladys Nilda, Angel twilighter , ELLIana 11 , Liz Vidal, patymdn, twilightter, Jocelyn, miriarvi23, Tata XOXO, maribel hernandez cullen, robertsten-22, Jade HSos, Valevalverde57, Lu40, Brenda Naser, Isis Janet, saraipineda44, Elizabethpm , DanitLuna, Pam Malfoy Black, rosy canul 10, DannyVasquezP, sool21, Wenday 14, Pancardo, Cinthyavillalobo, ClaryFlynn98, Rose Hernandez, cavendano13 , Belli swan dwyer, Mime Herondale, Lizairy Cullen, Liliana Macias barbya95 , Teresita Mooz, Makarena L, Mapi, indii93, viridianaconticruz, SeguidoradeChile, esme575, calia19, Freedom2604, PanchiiM, krisr0405, LadyRedScarlety Guest, espero volver a leerlas nuevamente, cada gracias que ustedes me dejan es invaluable para mí, no tienen idea del impacto que generan sus palabras, su cariño y su entusiasmo, de verdad gracias

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