Esta es una traducción de la historia de Sensibly Tainted, "Growing Pains".

Los personajes originales son de J.K.Rowling, por supuesto.

Creciendo con dolor

Capítulo 5

Draco parpadeó, luego comenzó a forcejear. Eventualmente se liberó de la maraña que lo sostenía y se encontró desnudo. Un niño, también desnudo, más pequeño que él, apareció a su lado. Draco miró el cabello negro, grueso y revuelto antes de romper en risas. El niño bizqueó, y la pequeña nariz se arrugó hacia arriba.

- ¡Lindo bebé!- Draco gritó y abrazó al más pequeño. La sonrisa angelical del rubio se disolvió cuando sintió que el niño se tensaba. Se separó apenas, sin bajar sus brazos, y vió que él miraba por sobre su hombro, con los ojos agrandados por el miedo.

Se dió vuelta para ver. Comenzando a temer también él, pero sólo había una mujer que parecía apurada. La túnica se movía alrededor de ella cuando corría y su cabello estaba desarreglado, de cualquier modo. Él rió otra vez y miró al niño para tranquilizarlo, todo estaba bien. Obviamente, la parecía demasiado tonta como para asustar, pero el bebé estaba aterrorizado. Temblaba, y unas lágrimas silenciosas corrían por sus pálidos mofletes. Draco se quedó parado, confuso e incierto, sus propios ojos se agrandaron.

-¡Merlín!- la mujer ahogó un grito y cayó sobre sus rodillas delante de ellos. Sus brazos tomaron al bebé y lo levantaron. Draco vió como el pequeño se ahogaba, levantado alto por el aire en los brazos de la mujer, y pronto, su boca se abrió para dar lugar a un llanto aterrador. Inmediatamente, Draco empezó a gritar, el sonido lo cortaba y el miedo era contagioso.

El sonido del llanto de los niños, especialmente uno de tal necesidad, tironea del corazón. Es un poderoso llamado de atención para cualquiera con instinto paternal, no importa si éste es muy pequeño, y esto sacó a Severus de su inconsciencia. El hombre se sentó precipitadamente, y de inmediato se arrepintió de haberlo hecho. Tomó su cabeza, tratando de sujetarla para que nos se 'rompa'. Pero los agudos gritos lo hicieron ponerse de pie. Con la vista borrosa, encontró a uno de los niños que lloraban y cayó de rodillas.¿Qué estaba sucediendo¿Estaba en un ataque con los Mortífagos? Ningún pensamiento era importante comparado con el pequeño que lloraba y ahora estaba protegiendo junto a su pecho. El niño se calmó, agarrando la túnica de Severus con fuerza. Sus ojos grises atemorizados se enfocaron, mientras el Profesor lo mecía gentilmente, canturreando.

- Papi- dijo el niño con lloroso alivio y luego señaló con su manita en dirección a la otra fuente de taladradores gritos – ¡arregla al bebé, Papi!

Severus no encontró las palabras para protestar por el título que el niño le dió. Apenas podía moverse sin desmayarse, pero había otro niñito en desesperada necesidad. Apretando los dientes con fuerza como para quebrarlos, se paró, sacó su varita con la mano libre; su otro brazo lleno con el pequeño sollozante que había rescatado. Apuntó a la figura agachada sobre el pequeño que lloraba y conjuró el más fuerte hechizo aturdidor que fue capaz. La figura cayó de lado.

Instantáneamente, Severus se tambaleó hacia la cama, temiendo ver lo peor, pero el niñito desnudo parecía ileso. El pequeño en sus brazos culebreó para liberarse y acurrucarse junto al pequeño de cabello oscuro que sollozaba suavemente.

El niño de ojos grises acarició al otro para tranquilizarlo, pero éste todavía estaba alterado. Severus exhaló y se dejó caer en la cama, ya no podía mantenerse de pie. Se acomodó junto a los niños, prometiéndose a sí mismo que sólo se quedaría hasta que los padres volvieran por sus hijos extraviados.

Con su voz profunda y sedosa, las palabras llevaron a los angustiados niños a calmarse y dejar de llorar. Ambos se acurrucaron bajo la seguridad que les daba el brazo de Severus. En minutos, se quedaron dormidos y él se unió a ellos… estaba tan cansado. Pero… debía quedarse despierto por si alguien venía, para proteger a los pequeños.

Lo último que vió antes de rendirse a su agotamiento, fue al niño de cabello oscuro, hecho un ovillito entre él y el rubio, chupandose el diminuto pulgar. El rubio yacía sobre su espalda, un brazo estirado y atrapado bajo la cabeza del otro, mientras la otra mano descansaba junto a su oreja.

Severus despertó con resaca, pero mejor de lo que había estado. Los recuerdos empezaron a filtrarse lentamente, y se sentó con un grito ahogado. A su lado, bajo el edredón que los cubría, estaban Harry Potter y Draco Malfoy. El rubio había estado murmurando suavemente a Harry, que todavía se chupaba el pulgar, pero ahora estaba sentado, sonriendo ampliamente.

- ¡Papi, tás despierto!- aplaudió con sus manitos- Bien. Tengo hambre.

Severus sólo podía parpadear estúpidamente. Draco no parecía tener más de cuatro años y Harry parecía aún más pequeño, si el tamaño era un indicador.. Si estuviesen de pie, Severus creía que apenas pasaba sus rodillas. Algo había salido muy mal con el hechizo, eso era obvio. ¿Draco lo llamaba Papi?

- ¡Papi, hambre!- la sonrisa del pequeño Draco fue reemplazada por una mueca impaciente, sus manitos tironeaban de la manga de Severus.

- Correcto- dijo, coherentemente, y se levantó de la cama. Draco y su brillante sonrisa lo aprobaron.

Salió apurado de la habitación, el pánico y el shock hacían que sus pensamientos fuesen lentos. Cuando vió a Poppy en la enfermería, atendiendo a un inconsciente Dumbledore, recordó que la había atacado. Consternado, llamó su atención y esperó a que esgrima el ataque contra él. Milagrosamente, ella no lo hizo, en su lugar, le sonrió cansada.

- Estás despierto, bien- ella hizo un gesto hacia la silla que estaba junto a Albus, y él se dejó caer en ella.

-Qué fue lo que el pequeño Draco dijo- mencionó, sin poder reaccionar- Tiene hambre.

- Enviaré por comida. Asintió ella- Albus está bien, se golpeó duro la cabeza, y no es tan joven como tú. Pero los dos estarán bien después de un descanso.

- ¿Qué hora es¿Qué encontraste en los niños?- preguntó Severus, pasándose ambas manos temblorosas por el cabello.

- Son las once de la mañana, es martes; Minerva está manejando las clases y cubriendo al Director. Dormiste unas buenas diez horas. Mis exámenes muestran que Draco Malfoy es un niño sano y normal, de cuatro años, seis meses y veinticinco días. Harry igual, pero él tiene cuatro años, un mes y 9 días.- Reportó y luego se rió con ganas, nerviosa- No puedo encontrar ningún indicio de transformación, ni de que la condición haya sido inducida por un hechizo. Nada.

- Así que, dices que esto no es reversible.- Severus cerró los ojos con fuerza.

- Fue causado por la habilidad de Harry de alterar situaciones y lograr los más improbables resultados.- dijo Albus cansadamente, desde su lugar.

- ¡Albus¿cómo te sientes?- Poppy se inclinó, ocupándose de su paciente.

- Bien- sonrió débilmente- Sólo sintiendo mi edad.

- ¿Qué quieres decir?- demandó Severus.

- Estuve pensando...

- Estuviste inconsciente...-protestó Poppy.

Dumbledore sonrió con sus ojos brillantes nuevamente- Estuve pensando que Harry había bloqueado su magia, pero eso no significaba que su magia no iba a reaccionar cuando sintiera una fuerte interacción.

- El encantamiento del tema musical.- Severus entendió de inmediato.

- ¿Qué?- demandó Poppy.

- Su magia estaba siendo concentrada, triplicada porque estuvo contenida- Dumbledore explicó- entonces, cuando el encantamiento se realizó en él, lo escuchó todo el colegio.

Y cuando el poderoso hechizo que conjuramos para que Harry pueda ver su infancia imparcialmente, el hechizo cobró impulso e hizo que Harry vuelva a su infancia. Llevándose a Draco con él, porque estaban temporalmente ligados.- Severus gimió.

- No sabemos qué tan temporario es el vínculo ahora- Dumbledore sacudió la cabeza- Puede que se haya roto, una vez que el hechizo no lo necesitó más para cambiar a Draco junto con Harry; o la magia de Harry puede haber amplificado ese aspecto del hechizo, haciéndolo permanente.

-¡Merlín!- Poppy jadeó- ha pasado por tanto, matará al niño tener que cargar semejante peso sobre él.

- No lo creo- Dumbledore sonrió alegremente- Esta es nuestra segunda chance. Sus recuerdos pueden haberse borrado junto con sus años. Podríamos empezar de nuevo con él, y hacerlo bien esta vez.

- Eso no explica por qué Draco me llama Papi.

Los dos, Dumbledore y Poppy lo miraron; primero sin entender, luego al mismo tiempo, sonrieron con deleite.

-¡No!- Severus se paró abruptamente y cruzó sus brazos como defendiéndose.- ¡No voy fingir que soy el padre! Soy un espía, y no puedo dejar de dar mis clases o cumplir mis deberes como Jefe de Slytherin. ¡No puedo, Albus!

- Tienes razón- concedió Dumbledore, pero aún con ojos brillantes- Aunque tus deberes de espía han sido leves ultimamente; necesitarás ayuda, por supuesto, durante el día. Pienso que debemos acomodarlos contigo. Como tú sabes, Voldemort se ha estado moviendo; en una misión que sólo él conoce; nadie lo puede hallar, los Mortífagos deben esperar a ser convocados. Han pasado dos semanas desde la última vez, así que tienes el tiempo extra para hacerte cargo de los niños, temporalmente. Además, eres el único que puede decir qué recuerdan y que no, y si necesitan terapia.

¡Maldición, el bastardo tiene razón! Severus pensó y frunció el ceño a sus compañeros.

Poppy saltó y fue rápidamente a su oficina, diciendo que prepararía una bandeja de comida apropiada para niños de su edad. Severus permanecía enfurruñado, Dumbledore sabía lo incómodo que se sentía con niños pequeños. ¡Realmente, aún los alumnos de primer y segundo año lo molestaban, y ahora era responsable por dos niñitos! Uno de los cuales lo llamaba Papi. Severus sintió que le sudaban las palmas y que empalidecía.

- Severus, hijo mío- Dumbledore dijo gentilmente- Te necesitan, y yo sé que tú puedes hacerlo. Ten fe en mi si no puedes tener fe en ti mismo.

Severus hubiese querido replicarle a su mentor por hacerle esto; azotarlo con palabras hirientes, pero no podía. El anciano, sentado en la cama de la enfermería estaba cansado, obviamente, pero se veía mucho más contento de lo que había estado en días. Él no podía destruir la pequeña esperanza que su mentor había encontrado. No cuando esto menguaba algo de lo que atormentaba su alma. Suspiró y se puso de pie cuando Poppy lo llamó a su oficina.

Ella había hecho aparecer dos sillitas altas, y sostenía en sus manos una bandeja con dos platos, y dos vasos con sorbete. Sobre los platos había puré de papas, barritas de pescado cortadas en trozos. Poppy hizo un gesto con la cabeza hacia su escritorio, donde había dejado dos pequeñas camisetas de manga corta y ropa interior.

- Toma esos y levita las sillas, Severus, por favor.

Él hizo lo que ella pidió y ambos entraron a la habitación. Risas agudas llenaban el aire. Draco y Harry saltaban sobre la cama, en realidad Draco saltaba y Harry rebotaba, riendo. Cuando Harry vió a los adultos, primero abrió bien grandes los ojos, luego su pulgar voló hacia su boca y se agachó con temor.

Draco de dio vuelta para ver de qué se trataba y dio un grito de alegría - ¡Papi¡Tardaste mucho!- Luego se dirigió al tembloroso Harry- Esta bien bebé. Papi trajo comida.

-Oooohhhh- Poppy exclamó, viendo cómo Draco le daba palmaditas en la cabeza- No tengas miedo, Harry. Mira que valiente es Draco.

Ella se acercó a la cama y apoyó la bandeja en la mesita de noche. Harry se acurrucó en el lugar de la cama más alejado, ella frunció el ceño, pero Draco saltaba frente a la enfermera, para que lo atendiera, pidiéndole comida. Poppy sonrió y le alisó el cabello.

- Deja que te ponga algo de ropa, mientras Severus coloca sus sillas especiales.

Severus tomó el pie que ella le dió, colocó las sillas cerca de la cama, y ella le puso la ropa interior y la camiseta a Draco. Quiso hacer lo mismo con Harry, pero el pequeño rompió en llanto y levantó sus dos manitos hacia Severus. Ella se retiró inmediatamente. Severus miraba fijo, shockeado, cómo el niñito lloroso levantaba hacia él sus brazos, con confianza.

- Severus¿Por qué no vistes a Harry? Yo veré que Draco comience con su desayuno.-Lo empujó a actuar, levantó en sus brazos a Draco y lo llevó hacia una de las sillas altas.

Él tragó saliva y se acercó a Harry. El niño se calmó, puso su pulgar en la boca y seguía levantando la otra mano. Cuidadosamente, como si tuviese miedo de dejarlo caer, Severus lo levantó. Harry enterró su carita húmeda en el hombro de Severus, su mano libre subió y se aferró a un mechón del cabello negro que rozaba el hombro del hombre. El Profesor de Pociones sintió la piel suave y cálida, cómo el corazoncito se calmaba lentamente, y los músculos se relajaban. Esta pequeña vida estaba en sus manos, quería estar allí con desesperación. El sentimiento era increíble. Difícilmente podía respirar, tal era la tirantez de su pecho.

- ¡Papi!- Draco llamó, alrededor de Poppy- ¡Mírame, Papi!

Severus pestañeó, el rubio estaba sujetando la cuchara como si fuera una pala, orgulloso de hacerlo solo. Poppy rió suavemente y limpió el puré de la mejilla regordeta.

- Muy bien- murmuró Severus, y fue lo que el niño esperaba, porque la carita de Draco se iluminó de alegría. Era hermoso. Le sonrió al niño y tomó la ropa que Poppy le había dado. Trató de soltar a Harry para vestirlo, pero él se aferró, sollozando. Sin darse cuenta, Severus lo calmó, masajeándole la espalda.

- Está bien, Harry. No voy a soltarte, sólo quiero ponerte esto.- Dijo, tranquilizándolo, y Harry dejó que lo separe un momento. Le tomó un poco de equilibrio, pero lo vistió sin bajarlo.- Ves, no fue tan malo. Estás bien. Mira, Draco casi terminó. ¿No tienes hambre?

Harry se apretó contra el pecho de Severus, con el pulgar en la boca.

Draco saltó para ayudar. –Al bebé no le gusta la señora.

- ¿Es eso¿Tienes miedo de Poppy?- Severus preguntó preocupado, pero Harry no respondió.

- Necesitó controlar a Albus, de todos modos- dijo Poppy con una sonrisa- Lo estás haciendo bien, búscame si necesitas ayuda.

- Ella se fue, Harry- murmuró Severus, cuando la puerta se cerró detrás de la enfermera. Harry levantó la cabeza y miró alrededor cuidadosamente, todavía aferrado a la túnica del Profesor.

-Mejor- dijo Draco, sonriéndole suavemente al pequeño. Harry asintió y sonrió débilmente.

-¿Por qué le tienes miedo a Poppy, Harry¿Vas a decírmelo?- Severus persuadió, pero Harry sólo lo miró fijamente.

- Bebé no habla.- le dijo Draco, mientras daba unos golpes con su cuchara sobre los trocitos de pescado.- Pero eso está bien¿no Papi¿No te enojas?

- No. No me enojo.- Prometió Severus. Tomó un babero y lo ató alrededor del cuello de Harry. Luego colocó la comida en la bandeja de la sillita alta.

- ¡Así bebé!- Draco gritó y sacudió la cuchara por el aire, para mostrarle cómo tomarla. Harry bizqueó y tocó la cuchara, pero no la tomó.

- Toma- Severus tomó la manito en la suya y lo ayudó ; sin encontrar resistencia, incluso cargó el primer bocado. Harry sonrió ampliamente y lanzó algunas risitas, trayendo el bocado hacia su boca. Draco aplaudió, con la cuchara en la mano, lo que mandó volar comida para todos lados.

- No recuerdo que fueras un niño sucio- Severus frunció el ceño,

- Perdón, Papi- Draco bajó la cabeza lúgubremente.

- Soy tu padrino, Draco- Severus suspiró y le dio una palmadita en cabeza del rubio.-Ahora termina el desayuno. Gracias por ayudarme con Harry.

Draco levantó la cabeza, con una sonrisa vacilante, e hizo lo que le pidió; unos quince minutos después terminó, había comido con mucha más desprolijidad que Harry, pero se debía a que comía más rápido, y no paraba de hablar. Ahora, Severus recordaba; cuando Draco cumplió tres años dejaba de hablar sólo para dormir.

- ¡Listo!- gritó triunfante.

Severus le dio una mirada, tenía comida en su cabello rubio, puré alrededor de la boca, y las manos petajosas de manipular los bastones de pescado. El hombre suspiró, miró a Harry, que todavía comía en silencio, con sus ojos verdes relajados y calmos

- ¿Harry, estarás bien aquí solo mientras voy con Draco, por esa puerta, para lavarlo?

Harry sonrió y asintió, llevándose una cucharada a la boca.

- Bien- le sonrió -enseguida vuelvo, y te escucharemos si gritas.

No estaba seguro de estar manejando correctamente las cosas, pero no viendo otra manera, fue con Draco. El niño rubio levantó los brazos para que lo saque de la sillita alta, con una sonrisa feliz. Severus le sonrió, pero le dijo con firmeza: -No toques nada hasta que estés limpio.

- Sí!!- Draco rió, y Severus lo levantó, obediente, el niño mantuvo sus manos lejos de la túnica de Severus.

El Profesor lo depositó con suavidad sobre el suelo, como si temiera que no se pudiera parar por si mismo, lo que era tonto, porque lo había visto saltando sobre la cama más temprano. Aún así, le sorpendió que el niño corriera hacia la puerta que le había señalado a Harry; y fue tras él.

Draco era demasiado pequeño para alvanzar el lavamanos, así que lo alzó, ambos con un poco de torpeza, consiguieron que Draco terminara limpio. El niño rió todo el tiempo, y ambas camisetas terminaron húmedas. Severus estaba secando la cara de Draco con una toalla cuando escucharon el grito de Harry.

Severus volvió corriendo a la habitación con Draco en los brazos. Harry estaba en la silla alta, apretado contra un lado, lo más lejos posible de Poppy. La bruja parecía al borde de las lágrimas, por el rechazo.

Severus puso a Draco en el piso y tomó a Harry en sus brazos. El niño dejó de llorar inmediatamente, temblando y respirando ahogadamente, se acurrucó en el abrazo,

-¿Está bien?-preguntó la enfermera, con voz forzada- No quise asustarlo.

- Lo sé.- Severus la tranquilizó, masajeando la pequeña espalda en círculos, hasta que el temblor paró- No sé qué es lo que está mal.

Draco tironeó de la túnica de Poppy, y cuando ella lo miró, él extendió lo brazos - ¡Todo limpio!

-¡Qué buen chico!- Poppy lo elogió, lo alzó y le hizo cosquillas en la panza. Draco gritaba, riéndose.- Les traje algunos juguetes para los dos.

- ¡Sí, regalos!- Draco se retorció para que ella lo baje al suelo.

Poppy le señaló una caja que había traído con ella, casi tan alta como Draco y el doble de larga. Él usó toda su fuerza para darla vuelta; esto causó que más de la mitad de los juguetes cayeran libres, pero ahora él podía alcanzarlos a todos. Ella rió de sus payasadas.

- Ya vuelvo, voy a lavar a Harry.- dijo Severus. Poppy asintió y se sentó en el suelo con Draco, mostrándole cómo jugar con lo que había traído.

Severus fue hacia el baño, y tan pronto como estuvieron fuera del acance de Poppy, el apretón de Harry se suavizó. Miró al niño pensativamente; esos ojos verdes lo miraban calmos, aunque se chupaba el pulgar, recordando el disgusto y necesitando la comodidad que el gesto le daba.

- Voy a lavarte, tienes desayuno por todos lados- dijo Severus, con la mayor ligereza que pudo.

El pequeño dijo que sí con su cabeza y permitió que lo sentara al lado del lavabo y lo lavara. Él no reía como Draco, pero tampoco protestaba. Preocupado, Severus le tiró gotitas en la cara; sabía que eso hacía reír a Draco, y necesitaba al menos ver sonreir a este pequeño. Harry arrugó su carita y se tiró hacia atrás, riendo alegremente. Severus sonrió a su vez y le despeinó el grueso cabello.

- Así me gusta- y en unos pocos minutos, Harry estaba limpio, Severus lo bajó al suelo.-¿Quieres ir a jugar con Draco?

Harry asintió y salió corriendo del baño, el dedo ya no estaba en su boca. Severus lo siguió, de pronto él se pegó a sus piernas, sollozando suavemente. Severus se agachó y el niño se aferró a su cuello al instante, escondiendo la cara. El Profesor suspiró y entró a la habitación. Harry había olvidado que Poppy estaba allí, tan pronto como la vió, volvió temeroso hacia Severus.

Poppy y Draco ignoraban lo que había sucedido, estaban sentados en el suelo, armando un tren con tres vagones; una vez que las piezas estaban enganchadas en el orden correcto, comenzaba a andar en círculos, haciendo sonar un pito antes de detenerse. Había que desarmarlo y volver a armarlo, para que funcione otra vez.

- Poppy, quiero ver si Harry te teme a ti, solamente. ¿Podrías dejarnos y enviarnos a Albus en diez minutos?

- Seguro.- ella sonrió y se retiró.

Severus tomó su lugar, y Draco les explicó, excitado, cómo funcionaba el tren. Él elogió la inteligencia de Draco, y pronto, Harry hacía sus intentos desde el regazo del hombre. Draco, con alegría, le mostraba los juguetes y le explicaba cómo usarlos.

- ¡Este va así!- dijo Draco y puso una pelota azul en un círculo azul. Luz azul se elevó, entonces, en un silencioso fuego artificial.- Pero tienen que ser del mismo color.

- Correcto- Severus tomó la roja, la puso en el círculo rojo, logrando un fuego artificial de color rojo. Luego deslizó a Harry cuidadosamente y se puso de pie; curioso por ver si pasaba algo. El niño ni levantó la vista, absorto en su juego con Draco. Severus dejó la habitación, yendo hacia el baño, y no hubo reacción de Harry.- ¡Draco, ven un segundo!

-Ya vuelvo, bebé.- dijo Draco, levantándose. Harry asintió sonriendo y Draco trotó hacia el baño, deteniéndose frente a Severus. -¿Sí, Papi?

- Sólo quiero decirte que estoy orgulloso de ti por jugar tan bien con Harry- dijo, y le palmeó la cabecita al rubio.

- Mami dice que tenemos que ser suaves y dulces con los bebés.- respondió Draco, con un hoyuelo en su mejilla izquierda cuando sonrió.

-¿Tu Mami, dónde está ella?

-¿En casa?-respondió Draco, dudando.

- Gracias. Ve a jugar.

- ¡Sí!- y salió disparado.

Severus espió, viendo a Draco sentarse junto a Harry. El niño de cabello oscuro lo miró contento. No le había disgustado en lo más mínimo haberse quedado solo. Severus salió, se paró cerca de ellos, viéndolos jugar. Harry levantó la cabeza, sonrió cuando lo reconoció, y volvió al juego. Nunca habló, pero rió y participó. A Draco no parecía importarle su silencio y hablaba suficiente como para valer por ambos.

La puerta se abrió y Dumblerore entró lentamente. La cabeza de Harry se elevó, hizo un ruido extraño, como un grito ahogado, se paró y corrió hacia Severus. Draco observó cómo Severus se agachaba para recibir al niño, que ahora sollozaba, luego se giró para ver al anciano sonriente; no entendía porqué el bebé le tenía miedo.

- Está bien, Harry- dijo Severus, acariciando al niño, y meciéndolo- No voy a dejar que nadie te lastime. Este es Dumbledore. Es un buen hombre. Está bien.

- Hola, joven Draco- Dumbledore sonrió al rubio.

- Ho-la-Draco sonrió- ¿jugamos?

- Me encantaría- el anciano lentamente se sentó en el suelo.

- Pero voy a jugar con bebé cuando vuelva- le avisó.

- Comprendo- Sonrió Dumbledore- Ahora¿cómo va esto?

Draco se entretuvo contándole al hombre sobre las cosas de la caja de juguetes. Mientras tanto, Severus se sentó en la cama, abrazando a un Harry más calmado, que se chupaba el dedo.

- Tienes que decirme qué te da miedo, Harry, si no no voy a poder ayudarte- trató de persuadirlo, pero Harry no habló- ¿Vas a decirme que sí con la cabeza si acierto¿Toda la gente grande te asusta?¿Te asustan los extraños?

Pero Harry no respondió de ningún modo. Sólo se movió para esconder su cara en la túnica de Severus. Bueno, el chico tiene cuatro años, tal vez, no entiende porqué tiene miedo. Era posible. O tal vez no puede comunicar qué le daba miedo. Severus sabía que no era mudo, reía, lloraba. Suspiró hondo y pasó los dedos por el cabello de Harry.

-¿Quieres jugar con Draco?

El niño lo miró a la cara y un momento después asintió. Severus lo cargó hasta donde estaban los otros. Se sentó y sostuvo a Harry sobre el regazo. Dumbledore hizo de cuenta que ellos no estaban allí, para darle tiempo a Harry a que se acostumbre a su presencia, pero Draco miró a Severus, como esperando algo.

- ¿El bebé está bien?

- Su nombre es Harry, Draco- Severus sonrió- Estará bien en un rato, creo que no le gustan los extraños.

Draco se volvió hacia Dumbledore. – Papi dice que al bebé no le gustan los estraños. ¿te vas?

- Draco- Severus levantó la mano y la apoyó en la espalda del niño, para aplacarlo.

-Harry necesita acostumbrarse a algunas personas, aunque no le gusten. No es bueno para él tener miedo, así que le ayudaremos a que se acostumbre¿bien?. Dumbledore se quedará por un rato.

- Bien- Draco dijo hoscamente, con sus ojos fijos en el pequeño, temeroso, acurrucado en los brazos de Severus.- Está bien, Bebé- Obviamente determinado en que ese sea el nombre de Harry. – Él se va más tarde y entonces estamos yo y Papi¿sí?

Sorpresivamente, Harry respondió, asintiendo con la cabeza, con el pulgar en la boca y apoyado en el pecho de Severus. Lucía adorable y vulnerable. El Director le sonrió, pero eso hizo que esconda la cara en la túnica del Profesor. Draco y Dumbledore jugaron. Severus hizo comentarios aquí y allá.

En menos de cuarenta y cinco minutos, Harry estaba sentado en el regazo de Severus, en dirección al juego, sin el dedo en la boca. Sonreía y tomaba cosas que Draco o Severus le daban, pero, si Dumbledore le alcanzaba algo, el dedo volvía a la boca y apoyaba la espalda contra el pecho del Profesor. Dumbledore se retiraba, y unos minutos después, el niño se relajaba, otra vez.

Severus tenía un libro abierto en una rodilla y señalaba las palabras que leía. 'El gato caminó por la calle con sus botas nuevas. Le gustaba cómo las sentía en sus patas. Así era más fácil correr tras su pelota preferida.'

Cada vez que leía un sustantivo, la figura de la página brillaba. Era un buen instrumento para ayudar a los niños a aprender que G-A-T-O se pronunciaba gato y que representaba al animal dibujado en la página. Ambos niños disfrutaban de la actividad, pero a mitad de la historia, Draco bostezó audiblemente. Severus miró a Harry, y sus ojos estaban casi cerrados.

- Creo que es tiempo de una siesta.-Dumbledore dijo con una risa y despacio, se levantó- Te dejo para que los acuestes. ¿Dices que Harry estará bien solo?

- Sí- Severus asintió, poniéndose de pie con Harry todavía en sus brazos. El niño se había aferrado a él nuevamente cuando Dumbledore se había levantado.

- Bien. Te espero afuera. Asegúrate de transformar algunas barandillas alrededor de la cama, para que no puedan rodar y caer mientras duermen.

Severus hizo un gesto afirmativo y los llevó a la cama. Acostó a Harry primero y quiso levantar a Draco, pero el niño sacudió la cabeza.

- Baño antes de la cama.

- Bien- levantó a Harry, lo apoyó en el suelo, no quería que fuera muy dependiente, siendo cargado todo el tiempo. A Harry no le importó y corrió tras Draco, hacia el baño. Severus movió la cabeza y los siguió. Ayudó a los dos niños, a usar el baño, a lavarse las manos, y los persiguió volviendo hacia la habitación, a la cama.

Los pequeños se acurrucaron juntos, sonriendo alegremente. Severus les devolvió la sonrisa y les pasó las manos por el cabello.

- Buenas noches, niños. Que descansen.

- Buenas noches, Papi- Draco canturreó, cerrando los ojos con fuerza, fingiendo dormir. Severus abrió la boca para decirle otra vez que él no era su padre, pero se detuvo cuando Harry habló.

- Buenas noches, Papi.-dijo el pequeño muy suave, con timidez.

Y de ninguna manera, él iba a rechazar ese afecto vacilante; primero, porque quería alentarlo para que hable; segundo, era seguro que Harry recordaba algo de su pasado, aunque no específicamente, y Severus temía lo que el rechazo del único adulto que el niño había aceptado pudiera hacerle a su mente.

Así que, no dijo nada y sólo ajustó las sábanas alrededor de sus cuerpitos. Disminuyó la luz con un movimiento de su varita, colocó una alarma con un encantamiento que haría vibrar un botón de su camisa cuando se despierten, y los dejó para hablar con Dumbledore.

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¿No fue lindo¡No me digan que no lo veían venir!

Dos notas de traducción:

Respeto el trabajo de la autora, aunque difiero en que las conductas de los niños correspondan a niños de cuatro años, creo que son conductas de niños más pequeños.

He sido maestra de niños de tres y cuatro años; y si bien en niños con retardo madurativo se ven conductas similares, no me parece que éstos sean los casos.

No obstante, no cambio nada del relato original. Después de todo, la autora puede tomarse las licencias que quiera.

Opté por Papi, para diferenciarlo de los años siguientes, cuando pase a ser Papá.