Esta es una traducción de la historia de Sensibly Tainted, "Growing Pains".
Los personajes originales son de J.K.Rowling, por supuesto.
Creciendo con dolor
Capítulo 7
Severus se sentó sobre la cama, mirando como los dos pequeños comían su cena. Sentía como si caminara sobre nubes, o como si estuviera soñando. En cualquier momento derpertaría y nada de esto habría sucedido. Tenía rondas por hacer, Slytherins que controlar, estudiantes imposibles para enseñar, una danza oscura e intrincada que bailar, donde cualquier mal paso podía costarle la vida.
Tenía que ser duro para sobrevivir, su mente tenía que ser aguda. No había tiempo para relajarse; ni siquiera para olvidar por un momento sus responsabilidades. Severus no tuvo nunca, en toda su vida, un momento de verdadera felicidad.
Había crecido en una estricta casa de sangre pura, con temor a cometer errores, aterrorizado por los castigos. Luego, cuando llegó a Hogwarts, se involucró en una dolorosa 'guerra' de chicos. No había dejado el colegio, y ya se había adentrado en los rangos de la maldad. Las cosas se complicaron aún más, cuando se volvió hacia Dumbledore y aceptó el rol de espía.
No lo sorprendía que el temor comenzara a desplegarse en sus entrañas. Durante horas había estado jugando con los dos niños, y se sintió absorbido. El juego lo había hecho olvidar, sólo unos momentos, los problemas del exterior de la habitación, el peligro y el dolor. Se relajó. Si alguien hubiese entrado atropellando, intentado matarlos (lo que no era completamente imposible, el Niño que Vivió estaba allí, después de todo) él no hubiese estado alerta. Hubiese muerto.
Al mismo tiempo, Severus nunca había sentido tanta paz, mientras jugaba juegos de niños con los pequeños.
-¡Listo, Papi!- Draco gritó triunfante.
Severus se sacudió a sí mismo de sus pensamientos y volvió sus ojos oscuros hacia el niño rubio. -¿Listo para acostarte?
- Primero pis y baño.- Draco asintió.
- ¿Baño?-Severus frunció el ceño.
- Sí. No baño anoche, baño ahora. ¿No, Papi?
Tenía sentido, los niños necesitaban el baño. Harry terminó y levantó sus bracitos. Resignado, Severus los levantó a ambos de sus sillas altas y los colocó sobre el suelo. Draco esperó a Harry, antes de correr hacia el baño. Severus los siguió, inconsciente de portar una pequeña sonrisa. Entró y encontró a los niños riendo mientras trataban de ayudarse mutuamente con la ropa. Puso a correr el agua y un tapón en la tina, antes de ayudarlos para que orinen. Luego, los sentó con el agua caliente hasta la cintura.
Harry salpicó con una risa fuerte, pero Draco rápidamente le tomó las manos, mirando al hombre con ojos preocupados; mientras él se secaba lentamente la cara.
- Sin salpicar mucho. El agua queda adentro¿sí Bebé?
- Perdón, Papi.- dijo Harry, dócilmente, salpicando un poquito para demostrar que había entendido.
-Está bien- lo tranquilizó Severus. Llenó un cuenco con agua y la echó sobre los niños. Ellos rieron.
-Ah!- dijo Draco iluminado-¡Me olvidé los juguetes!
Se deslizó fuera de la tina y corrió desnudo y chorreando agua hacia la habitación. Severus trató de asirlo, pero no esperaba el movimiento, y no pudo. Suspiró, y Harry rió, cubriendo su boca con las manos. El Profesor le hizo una mirada severa en broma, que sólo logró que Harry riera más fuerte.
- ¿Qué es divertido?- demandó Draco, volviendo del cuarto. Tenía en una mano, una pelota, dos figuras de magos en la otra, y abrazaba un gran cubo con agujeros de distintas formas.
- Hiciste que el agua saliera de la tina- Severus gruñó en broma. Harry sonreía ampliamente.
-¡No!- protestó Draco, trepando nuevamente a la tina, con una gran salpicadura, cuando se resbaló.- Oyy! Perdón, Papi!
- Draco- Severus gruñó- ¡Chorreaste todo el piso!
-Ah!!- el rubio se lamentó-Perdón.
- Está bien, te ayudo a limpiar, Ray.
-Gracias.-dijo Draco, cortesmente, y le alcanzó al pequeño una de las figuras.
-¿Jugamos?.
Mientras los niños jugaban, Severus cuidadosamente los lavaba con una esponja suave y un jabón perfumado; se reía de sus payasadas, y ellos le devolvían la risa. Cuando llegó el momento de lavarles el cabello, les pidió que dejen de jugar, pero ninguno pareció interesarse; así que, con sumo cuidado les mojó y enjabonó el cabello, y los enjuagó. Milagrosamente, nada les entró en los ojos.
- Muy bien. Fuera. Pisen la alfombra y déjenme secarlos.- les ordenó Severus.
-¡Pero, Papi, estamos jugando!-protestó Draco.
- Afuera, ahora Draco.-dijo Severus, otra vez.
Harry se puso de pie para hacer lo que le pedían, pero dudó cuando Draco lo miró con enojo. Severus apuntó con la varita y el agua se enfrió. Los niños estaban parados en la alfombra en tiempo record, temblando. Draco se quejaba todo el tiempo.
El Profesor hechizó las ropas, y ya limpias, los vistió.
- Si no paras con el lloriqueo, te voy a meter en la tina otra vez- Severus le prometió al rubio. Draco se quedó callado, pero tenía sus brazos cruzados sobre el pecho y hacía pucheros.
Severus los subió a la cama y los arropó. Antes de que se fuera, la voz suave de Harry lo detuvo.
- ¿Una historia?
- ¡Sí!- gritó Draco, excitado, con su enojo olvidado.- ¿Por favor, Papi?
- Ah, muy bien- Severus suspiró y sentó para contarles una historia. En cinco minutos los niños ya estaban dormidos. Él se paró, levantó la mano y les recorrió el cabello suave con los dedos, suspiró. ¿Qué estaban haciendo con él? Sacudiéndose a sí mismo, hechizó su botón para que vibrara cuando se despierten, y salió de la habitación, su túnica húmeda arremolinándose a su alrededor.
Mientras Severus dejaba el cuarto de los niños, e iba a hablar con Dumbledore, los alumnos estaban terminando la cena y salían del comedor. Pansy, Vincent y Gregory fueron de los primeros en salir. Corrieron hacia las mazmorras, pero no a sus habitaciones, sino a un salón de clases abandonado. Oscuro, húmedo y polvoriento, pero absolutamente perfecto para lo que iban a hacer.
Vince levantó una barrera alrededor de la habitación, para que nadie pueda detectar el hechizo que iban a realizar. Greg colocó una vasija grande y plateada, le puso agua y dibujó un triángulo alrededor. Pansy limpió el área donde iban a trabajar. Aún entonces, ninguno dijo palabra.
Los rituales mágicos con varias personas, se estudiaban recién en séptimo año, pero la mayoría de los sangre pura sabían algunos, por haber crecido en un hogar mágico. Eran difíciles, el menor error podía arruinar el hechizo, pero el ritual que iban a intentar era uno de los más simples. Cada uno de los tres Slytherins se paró en una de las puntas del triángulo, apuntando a la vasija con sus varitas.
- Yo pensaré en su aspecto físico.- dijo Pansy suavemente.
- Yo en la manera en que se siente su magia.- ofreció Vince.
-Greg asintió. –Me queda su personalidad.
- ¿Están listos?- preguntó ella, con los ojos oscuros ardiendo con determinación.
Ellos asintieron, ella inhaló profundamente. Cuando exhaló, comenzó a recitar en algo parecido al Latín. Una luz comenzó a viborear suavemente de las varitas, se balanceó, tironeando hacia la vasija del agua. Aunque los minutos se hicieron una hora, la luz continuaba a mitad de camino, y ninguno de ellos vaciló.
Los Gryffindors esperaron a que todos se durmieran, antes de salir subrepticiamente de la torre, bajo la capa invisible de Harry. Ron, otra vez, fue dejado atrás. Salieron en silencio hasta que llegaron al pasillo de la enfermería. Neville se quedó en un salón abandonado a un lado y Ginny en un armario del otro lado. Cada uno tenía una moneda encantada; si alguien venía debían avisar a Hermione. La moneda que ella tenía se calentaba, significando que debía salir rápidamente.
Sola, Hermione lentamente se deslizó en la enfermería. Todas las camas estaban vacías, y ella lanzó un suspiro de alivio. Nadie había visto que la puerta se abrió sin que una persona entrara. Continuó su camino hacia la oficina de Pomfrey. La enfermera estaba allí, durmiendo en una cama plegable, al lado de su escritorio. Hermione esperaba esto, sacó una botellita de su bolsillo con una mano, y con la otra se cubrió la boca y la nariz. La abrió y un vapor subió, llenando la habitación; con la misma rapidez, se disipó. Esto mantendría a la bruja profundamente dormida, al menos por cuatro horas.
Todavía bajo la capa invisible, dio un golpecito en los libros, y la puerta se abrió lentamente. La habitación estaba oscura, pero no tanto que no se pudieran distinguir las formas. Sobre la mesita de noche, al lado de la cama, una lucecita brillaba gentil. Hermione cerró la puerta tras ella y avanzó. Alcanzó un lado de la cama, apoyó la mano en la baranda, y miró hacia abajo. Un grito ahogado, de sorpresa, se escapó de sus labios.
Harry era un niño. También Draco Malfoy. Dejó que la capa se deslizara y la colocó sobre la silla que estaba junto a la cama. Ahora, que había visto a Harry, miró alrededor y notó que todo era diferente de la última vez que había estado allí. Ahora, había dos sillitas altas, una caja de juguetes. Increíble. Sonrió entre lágrimas, y gentilmente rozó los cabellos de Harry, corriéndolos de la cicatriz. La carita de niño de Draco se arrugó, se dio vuelta hacia el lado contrario a Harry, en su sueño. Los ojos plateados se abrieron y la miraron, somnolientos.
- Shhh. Está bien. Sólo quise asegurarme de que ustedes dos estén bien. Vuelve a dormir.- Hermione murmuró, para tranquilizarlo, retrocediendo. Draco bostezó, la miró con sospecha; pero se acurrucó contra Harry y dejó que sus ojos se cerraran otra vez. Hermione se retiró unos pasos más, y el niño se durmió. Ella sacudió la cabeza, sonriendo; levantó la varita y realizó un hechizo de diagnóstico. Cuidadosamente grabó los resultados y agarró la capa, saliendo de la habitación en silencio, volviendo a sus amigos.
Severus caminaba hacia sus habitaciones; quería cambiarse y dormir. Estaba sorprendentemente exhausto después del día, y la poca energía que le quedaba le había sido minada por la cena con el Director. Llegó a su retrato, y el botón comenzó a vibrar. Suspiró. ¿Tal vez se volverían a dormir? Esperó un minuto y cuando iba a regresar, el botón se quedó quieto. Agradecido, se deslizó en su habitación.
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Los Slytherins colapsaron. El hechizo había terminado. Sonrieron el uno al otro, triunfantes, apenas recobrando el aliento. Finalmente, Pansy se levantó y fue hacia la vasija, que brillaba levemente. El agua giraba adentro, como un ojo de tormenta. Golpeó la superficie con la varita.
- Muéstrame.
El agua se aquietó y se convirtió en una superficie vidriosa. Lentamente, se formó una imagen. Una habitación iluminada por una pequeña lucecita. Apenas se podían distinguir dos sillitas altas a un lado, una caja de juguetes al otro. Al centro de la imagen, una cama con barandas. Ella miró e hizo que la imagen se centrara y le tomó menos de un segundo, reconocer a los niños que dormían allí.
- ¡Ay…Merlín!- gritó, y se tapó la boca con las manos, sorprendida.
Greg y Vince se acercaron por detrás, por encima de sus hombros, mirando el agua. No podían creer lo que veían. Era imposible. No existía hechizo alguno que convirtiera a un ser humano (mago o no) en un niño, permanentemente; y la conversación que ella había oído implicaba que la condición de Draco era irreversible.
La mano de Gregory le tomó el brazo, dolorosamente. Ella trató de liberar su brazo, abrió la boca para gritarle, y entonces, se dio cuenta de qué era lo que lo había sacudido. Enormes y brillantes ojos la miraban, através del agua. Era Potter. Parpadeó una vez, y el agua comenzó a hacer olas, distorsionando la imagen. Pansy gritó cuando el agua explotó, derramándose de la vasija.
-¿Cómo pudo sentir que lo observábamos?-preguntó Vince, asombrado.
- A quién le importa- ella espetó, mientras controlaba la vasija. Luego se relajó. –El hechizo aún está activo. Sólo debemos poner agua, otra vez.
-¿Y ahora, qué?- preguntó Greg.
Ella suspiró. –Ahora, vamos a dormir; luego investigaremos.
Severus gruñó y tiró las sábanas a un lado. Justo, cuando estaba a punto de dormirse su botón vibró otra vez. Los mocosos lo están haciendo a propósito, pensó enojado. Comenzó a vestirse, y el botón se quedó quieto. Quejándose, se puso de pie y trató de decidir si debía ir a ver a los niños o si era seguro volver a dormir. Suspiró y comenzó a desvestirse.
- Si se despiertan otra vez, voy a ir a verlos.- Se prometió a sí mismo y volvió a la cama.
Harry se despertó; bostezó. Draco giró y le sonrió adormilado. Una luz suave llenaba la habitación, encantada para parecer tan luminosa u oscura, como el exterior. Era temprano, pero habían dormido mucho y estaban dispuestos a jugar. Draco se deslizó por la baranda, como había hecho el día anterior, y levantó las manos para ayudar a Harry.
- Ray, no sé.- el niño de cabello oscuro frunció el ceño-Me puedo caer.
- Te agarro- prometió Draco- ¡Vamos a jugar!
Harry miró hacia abajo, a su amigo. Era un largo camino en su pequeña mente, pero confiaba en Draco. Lentamente se trepó por encima de la barandilla. Colgando de sus manos, miró hacia abajo otra vez, Draco levantaba los brazos hacia él, apenas tocándole los pies. Suspiró y con una mano se tomó de una barra vertical, luego la otra. Se resbalaba, lanzó un grito. Comenzaba a caer. Pero, tal como lo prometió, Draco estaba allí para recibirlo; o realmente, estaba allí para suavizar la caída.
Draco sucumbió bajo el leve peso de Harry, cayó sobre su panza, con Harry sentado sobre su espalda. Ahogó un grito, o al menos trató, los ojos muy abiertos, se encontró con que no podía respirar. Harry rápidamente se levantó y giró a su amigo sobre la espalda. Sus ojos verdes enormes, espantados.
-¡Perdón, Ray¿Estás bien¡Ray, Ray!
Tomando aire, Draco le dio una palmadita en el brazo. –Está bien, Bebé.
Harry gimió aliviado y abrazó al rubio con fuerza. Draco rió y le acarició el cabello. En minutos, el trastorno estaba olvidado y ambos corrían hacia la caja de juguetes, para jugar.
Severus fue sacado de su sueño, otra vez, por los niños. Gruñó y se levantó de la cama. Un hechizo le indicó que recién eran las seis en punto de la mañana. Verdaderamente, se alegraba de que los niños se levantaran tan temprano. Tendría tiempo para darles el desayuno e instalarlos para que jueguen; luego volver a controlar a sus Slytherins antes de desayunar en el comedor. Sólo podía desear que cuando Narcissa llegue, Harry la tolere. Prolongar su ausencia podría ser desastroso.
-¡No puedo creer que no me contaran lo que estaban haciendo!- gritó Ron. Su cara estaba roja de furia y vergüenza, aunque nunca admitiría esto último.
- ¡Estabas actuando como un niño!- le respondió Hermione- No podíamos contarte.
Estaban sentados en la sala común. El resto de los Gryffindors estaban desayunando en el comedor; pero esto era más importante que la comida. Neville y Ginny se inclinaban sobre los resultados del hechizo. Ron y Hermione estaban de pie, tras ellos, discutiendo.
-¡Escúchate a ti mismo!- Ginny se paró con las manos en las caderas- ¡Estás despotricando como loco, en lugar de prestar atención al informe médico de Harry! Estabas demasiado inestable para incluirte¡hubieras hecho que nos descubrieran!
Ron apretó los puños. ¡Cómo se atrevían ellos¡se hubiese mantenido calmo! No los hubiesen descubierto. Él necesitaba saber qué estaba mal con Harry, tanto como ellos. Con un grito furioso, tiró una silla y salió de la sala. Hermione suspiró cansadamente, Ginny la abrazó.
- Se calmará- le prometió.
- Así lo espero.- Hermione volvió hacia el informe médico.- ¿ Qué piensan de esto?
Pansy, Vince y Greg se sentaron en la mesa de Slytherin, y miraban de reojo al Jefe de su casa. Parecía que todavía fingía que estaba enfermo, si no supieran, creerían que se estaba recuperando de la gripe.
- Los Gryffindorks están ausentes.- murmuró Vince.
Los ojos de Pansy dejaron la mesa principal y se desviaron a la mesa Gryffindor. Vince tenía razón. Los amigos de Potter estaban ausentes. Pansy luchó por no mostrar una mueca en su rostro. Era una vergüenza mostrar las emociones; especialmente en público. Pero le era difícil. Ella sabía que los Gryffindors sabían algo; o tal vez tenían un modo de llegar a los niños. Esto la volvía loca, que supieran más que ella. En ese momento, Weasley entró como una tromba, y se sentó con sus compañeros de casa. Le preguntaron qué le pasaba, pero el pelirrojo se los sacó de encima.
-Mmmmm- dijo ella, pensativa, y se volvió a sus amigos. –Creo que eso es justo lo que necesitamos.
Severus se encaminó a la enfermería. Los alumnos estaba en su primera clase, Dumbledore dijo que la carta solicitando la presencia de Narcissa ya había sido enviada. Sólo tenía que esperar. Poppy lo estaba esperando, sonrió cuando él atravesó las puertas. La saludó con una inclinación de cabeza.
- Tengo los lentes de Harry.- le mostró unos lentes con un marco negro; pequeños y bonitos, con una tira que iba alrededor de la cabeza, para mantenerlos en su lugar.
–Sólo debes ajustar la tira, pero que no estén muy ajustados.
- Gracias, Poppy.
- De nada, Severus.-ella seguía sonriéndole brillantemente, y él se preguntó qué poción se habrá puesto en el té. -¿Crees que los niños necesitarán su plan de vacunación completo, otra vez? Están en edad de vacunas.
- No estoy seguro. ¿Hay algún test qué se pueda hacer?
- Sí, pero requiere una muestra de sangre- le explicó ella, con el ceño fruncido.
- Cuando se duerman, a la siesta, puedo hechizarlos para que no se despierten. Puedes tomar la muestra entonces.
Ella asintió, y Severus entró a la habitación. Llamó a Harry, pero el pequeño miró a Draco antes de dejar el juego y correr hacia él. Draco también se acercó, todavía con la capa con la que jugaba. Severus no tenía idea a quién personificaba, sólo sabía que hacía reir a Harry.
- Ahora, estos son tuyos, Harry.- dijo Severus, poniéndose en cuclillas en frente del niño.
Harry se paró, confiado, con su cabello negro revuelto. Severus hizo una nota mental de cepillarlo. Gentilmente puso los lentes en la naricita del pequeño, y deslizó la tira detrás de la cabeza. Su cabello abundante rápidamente ocultó toda evidencia de que estaba allí. Harry parpadeó, ahora sus ojos parecían enormes tras los marcos negros, sonrió dulcemente, levantando los bracitos para abrazar el cuello de Severus.
- Gracias Papi, ahora no me duele la cabeza.
- ¿Te dolía la cabeza?- Severus miró al niño severamente.- debes decirme cuando algo te duela, no importa si es poquito. Es mi trabajo tratar de arreglar esas cosas.
-¿Es?- Harry lo miraba incrédulo.
- Es.- Severus asintió- Ahora, prométeme que me lo dirás, de ahora en adelante. No importa qué.
- No importa qué.- Harry repitió, obediente.
- Yo también.- agregó Draco, tomando la mano de Harry- Yo también te voy a decir.
- Gracias Draco. Gracias Harry. Confío en los dos. Ahora, sentémonos y juguemos al juego de contar, ustedes se están haciendo expertos en ese.
Ron dejó el comedor temprano. No podía estar sentado allí mientras sus compañeros comían, ignorantes de lo que sucedía. Hermione y los otros no habían bajado, y él no estaba seguro de qué iba a hacer.No podía darse por vencido, para que ellos se regodearan, creyendo que tenían razón, juzgando su carácter. Y él no podía no hacer nada por Harry. Tal vez podría decubrir todo por él mismo, sin ayuda. No importaba que Dumbledore les había pedido que no se metieran en el medio.
- Weasley¿puedo hablarte un segundo?
Él giró, y sus ojos azules se entrecerraron, con sospecha, pero no sintió la ola de odio que asociaba con todos los Slytherins. Sería porque el gigante lento no era tan inteligente como para ser malvado, aunque fuera un Slytherin. Así que no se fue, simplemente esperó, listo para pasar a la ira, si fuera necesario.
Crabbe arrastró sus pies y hundió sus hombros cuadrados, haciendo que su muscular cuello, desapareciera. –Draco está desaparecido. Escuché que Pansy dijo que está herido, con Potter, en algún lado.
-¿Y?- Los ojos de Ron se entrecerraron más, pero sus puños no estaban apretados. Un buen signo para el Slytherin.
- Sé que no te agradamos. Los Slytherins, digo.Y está bien.- Dijo Crabbe lentamente, sus ojos marrones, parecidos a los de una vaca eran sorprendentemente gentiles.- Draco es mi mejor amigo, además de Greg. Realmente quiero ayudar si es que puedo.
-¿Y qué tiene que ver eso conmigo? – Ron se acercó. Era uno de los chicos altos de Gryffindor, con seis pies, pero Crabbe eran más alto, por dos pulgadas, y Goyle, por una. Pero sus músculos y altura no eran atemorizantes cuando Ron sabía que podía batirse a duelo con los dos juntos, con los ojos cerrados.
- Necesitamos descubrir qué pasa- murmuró Crabbe, nuevamente arrastrando los pies.
-Greg tampoco sabe qué hacer, así que pensé en preguntarte a ti, viendo que Potter está en el mismo problema, cualquiera sea.
-¿Quieres que yo descubra lo que pasa con Malfoy y luego te ayude a ti a ayudarlo a él?- Ron frunció el ceño, incrédulo.
- Pensé que podrías descubrir lo que pasa con Potter, y eso me diría lo que pasa con Draco.- respondió Crabbe, como si estuviera inseguro de lo que había oído. –Luego podríamos saber cómo ayudar; Greg y yo ayudaríamos a Draco, y tú a Potter.
-¿Qué te hace pensar que podrías ser de alguna ayuda?- dijo Ron, hiriente. –Yo haría todo el trabajo.
- No.- Crabbe sacudió la cabeza.- podemos ayudar. Somos lentos, pero una vez que sabemos qué hacer, lo hacemos bien.
Ron lo miró. Harry decía, al final del último año, después de la muerte de Sirius, que él pensaba que el sistema de Casas era estúpido, que dividía al colegio innecesariamente. Crabbe estaba haciendo que pensara que Harry podría tener razón. Él estaba sinceramente preocupado por su mejor amigo y no sabía qué hacer. Necesitaba dirección y era lo suficientemente inteligente como para darse cuenta.
- ¿Por qué no buscas a otro Slytherin para que te ayude?- demandó.
- Desde que el padre de Draco fue a prisión, su favor en la casa decayó. Nadie quiere interferir; piensan que algo del fracaso les afectaría a ellos. Ellos no me ayudarían.- Crabbe mostró las manos con las palmas hacia arriba, en un gesto de impotencia.
Los ojos duros de Ron se suavizaron un poco. Sabía exactamente cómo se sentía eso; ver que tu amigo sufre y tú no sabes qué hacer, y tus otros amigos te apuñalan por la espalda. Ron levantó la mano y estrechó una de las carnosas manos de Crabbe. – Muy bien, tenemos un trato.- Crabbe sonrió ampliamente y Ron se encontró devolviéndole la sonrisa. ¿Quién necesitaba a Hermione, de todos modos?
- Señora Malfoy, por favor tome asiento.- dijo Dumbledore, señalando una lujosa silla delante de su escritorio.
Narcissa caminó hacia allí y se sentó, remilgadamente. Su rostro inexpresivo y observante. Su cabello recogido en un intrincado peinado; su vestido era de seda azul oscuro, y caía sobre el suelo, sin acampanarse para nada. Elegante y encantadora. Con sus dedos con largas uñas, cruzados elegantemente sobre su falda, le hizo un gesto con la cabeza al anciano.
- Buenas tardes, Director. Estoy contenta de haber sido invitada a su ilustre colegio. ¿Está todo bien con mi hijo?
- Ah, ese, mi querida señora, es el motivo por el que la he llamado.- hizo una pausa, Narcissa simplemente esperó que continuara, con sus ojos grises clavados en él como un halcón con su presa. –Un hechizo salió mal, él y su compañero fueron afectados en modos que aún no podemos determinar. Madam Pomfrey, el Profesor Snape y yo mismo hemos trabajado diligentemente durante días para encontrar un contra-hechizo, pero aún no lo hemos hallado. Creí prudente no esperar más, e informarla a usted, para que tome el control de la fortuna Malfoy y todo lo demás, hasta que el joven Señor Malfoy pueda hacerse cargo nuevamente de sus obligaciones.
- ¿Cuál es su condición, Director? Me gustaría verlo, de todos modos.- Narcissa hizo un gesto que indicó que lo último no era un pedido, sino una orden.
- Por supuesto. Esa es la otra razón por la que la llamé.- Dumbledore sonrió –verá, en la presente condición en que se encuentran los dos estudiantes, necesitan un cuidador durante el día. El Profesor Snape tiene autoridad en su tratamiento y cuidado hasta que se recuperen, pero por sus otras obligaciones requiere ayuda para las horas del día.
- ¿Y usted piensa que yo soy la mejor elección para su cuidado? – Narcissa preguntó lentamente, sorprendida. -¿No sería mejor alguien con conocimientos médicos?
- Venga, vea su hijo usted misma, antes de decidir. – Dumbledore se levantó y la guió hacia la puerta.
Los niños habían despertado de sus siesta. Pomfrey había tomado las muestras de sangre y las envió para realizar las pruebas. Ahora, él luchaba por hacer que los niños se lavaran después del almuerzo. Draco estaba siendo particularmente difícil. Harry miraba silencioso, con sus lentes seguros sobre su carita, cómo el rubio luchaba con Severus.
Al principio, a Draco no le gustaba el pollo asado porque tenía un dejo de sabor a limón. Y no quería nada de lo que el elfo le ofrecía en lugar del pollo. Él quería pollo porque Harry estaba comiendo pollo; sólo que no quería el sabor a limón. Dobby le explicó que debían cocinar un nuevo pollo, y que eso tomaría un tiempo.
Harry se detuvo, diciendo que él podía comer otra cosa, con Draco, que no le importaba.
Severus no lo aceptó y le ordenó a Harry que comiera lo que tenía en su plato y que no interfiriera. El pequeño obedeció, pero muy dubitativamente.
Draco continuó con su ataque debido al pollo, decía que no iba a comer nada hasta que le trajeran lo que él quería. Al final, Severus le dijo que comiera el pollo como estaba o que aceptara la alternativa. Si no, sería castigado, se quedaría sin jugar y debería sentarse en el rincón, pensando en su mal comportamiento y lo que había ganado con él. El rubio se había sometido, pero muy dolorido por ello; así que comió su almuerzo entre sollozos.
Ahora, estaba siendo difícil con la limpieza. Se contorsionaba para evitar que Severus lo lavara. Él tomó al niño por debajo de los brazos, lo levantó y lo sentó encima del armario, al lado del lavatorio. Draco, inmediatamente se arqueó y casi se desliza.
Severus gruñó y lo sostuvo. -¡Suficiente, Draco¡Vas a comenzar a comportarte o lo vas a lamentar!
-¡No!- gritó Draco, con su cara roja por el llanto, con moco por todas partes.
-¿Qué te sucede?- gritó Severus, sacudiéndolo un poquito. - ¡Detente con esta tontería!
De repente, una voz suave interrumpió la pequeña guerra y ambos debieron callarse para oirlo. -¿Ray tiene miedo?
-¡No me quiero lavar!- gritó Draco, mirando furioso y lloroso al agitado Severus.
-¿Por qué?-preguntó Harry.
-¡Porque no!
-¿Tienes miedo?- El niño de cabello oscuro estaba realmente confundido.
-¡No, no quiero!
-¿Por qué no quieres jugar más conmigo?
-¿Qué?- Draco se sentó muy quieto y miró hacia abajo al pequeño que lo miraba con lágrimas en sus ojos de esmeralda. –Yo quiero jugar contigo.
-No.- Harry sacudió la cabeza, obstinado, haciendo pucheros, cruzó sus bracitos.-No, no quieres.
-¡Sí, quiero!- gritó Draco, enojado nuevamente, pero sin llanto. Sus ojos plateados encendidos.
- ¿Sí?- Harry parecía inseguro.
-Sí- asintió Draco -¿Por qué crees que no, Bebé?
- Porque no te importa si eres malo y te castigan y no puedes jugar más conmigo.Harry le explicó y una lágrima le rodó por una mejilla.
-Ah...- Draco parpadeó y frunció el ceño.- Perdón, Bebé. No quería. Voy a ser bueno.
Severus respiró hondo, aliviado, y tentativamente comenzó a lavarlo. Draco lo dejó y no hizo problema alguno, con la mirada sobre su regazo. En unos minutos, terminó y lo bajó al piso. Harry, inmediatamente lo envolvió en un abrazo, y Draco lo abrazó a su vez. Severus resopló y les indicó ásperamente hacia la puerta abierta.
- Vayan.
Draco le tomó la mano a Harry, conduciéndolo, pero se detuvo y miró a Severus.
– Perdón, de verdad, Papi.
- Tienes un mal temperamento, Draco. – respondió Severus implacable.
-Perdón- murmuró Draco, comenzando a llorar otra vez.
- Ve a jugar.- Suspiró Severus.
Harry tiró de la mano del rubio. –Papi te va a perdonar más tarde, después que pienses¿sí, Papi?
- Sí, Harry.
Draco asintió y los niños se dirigieron solemnemente hacia los juguetes. Severus se acomodó en una silla al lado de la cama, en un rincón, convocó uno de sus libros, aunque su atención estaba en los niños. No había juegos bulliciosos. Draco estaba sentado, quieto y silencioso, todavía molesto por su conducta y porque había disgustado a los dos, a Harry y a Severus.
Harry no se sentía molesto por el silencio; era remarcablemente sensible y comprensivo. Tomó uno de los libros para niños y lo abrió, apretó una de las palabras, si era un sustantivo se prendía una luz sobre la página, él leía para Draco, adivinando las palabras. Era bastante gracioso de escuchar, pero Draco sólo se sentó calladito, con la cabeza baja y los ojos tristes mirando el suelo.
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¿No se los comerían a los dos¡Yo sí!
D.L.
