Esta es una traducción de la historia de Sensibly Tainted, "Growing Pains".

Los personajes originales son de J.K.Rowling, por supuesto.

Creciendo con dolor

Capítulo 8

Narcissa siguió al Director hasta la enfermería, en silencio. Se alegró de que los estudiantes estuvieran en sus clases de la tarde, así los pasillos estaban vacíos. Si alguien la viera en el colegio y encaminándose hacia allí, seguramente comenzarían a circular rumores, si es que ya no lo hacían. Los rumores eran malos, a no ser que se pueda manejar la situación y decidir, exactamente, cuáles rumores se quieren esparcir.

Cuando Dumbledore abrió las puertas, ella se sorprendió levemente al ver las camas vacías. El Director la miró con curiosidad, dispuesto a contestar cualquier pregunta que ella quisiera hacerle, pero Narcissa sólo le devolvió la mirada. Él sonrió y la llevó hacia otra puerta abierta. En la oficina, Madam Pomfrey estaba sentada en su escritorio. La enfermera levantó la cabeza y les sonrió.

- Albus. Señora Malfoy.- Hizo una inclinación. –Es un buen momento, recién terminan el almuerzo.

Narcissa se aseguró de recordar la secuencia de los libros que había que tocar y caminó hacia delante, apenas se abrió la puerta, siguiendo al Director. Lo que sí le sorprendió fue que la enfermera no entrara con ellos. La puerta se había abierto sin contraseña ni llave, los estantes parecían la única protección de la habitación. Era un gran cuarto.

Severus estaba sentado en un rincón lejano, del otro lado de una cama grande, leyendo un libro. Curiosamente, había dos sillitas altas contra la pared al lado de la cama, cerca de ella; y contra la pared izquierda, había una caja, juguetes desparramados y dos niñitos. Narcissa se adelantó para ver si había otra puerta que la llevara a Draco, pero sus ojos volvieron con rapidez a los niños. La segunda vez que los miró, inmediatamente reconoció al suyo, y se le cortó el aliento.

Los niños levantaron sus cabecitas para ver a los intrusos. Y las reacciones no podían haber sido más diferentes. Ambos saltaron, pero el de cabello negro corrió gritando, hacia Severus. Sus gritos de miedo apretaron el corazón de Narcissa, pero su atención se distrajo cuando el pequeño Draco corrió y se pegó a sus piernas. No pudo contener la sonrisa que le alcanzó los labios. Le había encantado criar a Draco, y con frecuencia había deseado tener más niños. Se arrodilló y envolvió a su hijo con sus brazos, murmurando en su cabello sedoso.

-¡Mami ¡Viniste! - su voz aguda le gritó en la oreja.

Ella rió. –Por supuesto, querido dragón. ¿ Dudaste qué vendría ?

- Te fuiste mucho tiempo.- El rubio explicó, plantándole un beso húmedo en la mejilla.

Ella lo miró, lo vió vestido con una larga camiseta muggle y arrugó la nariz. El fino cabello estaba enredado y sus ojos colorados por el llanto. Ella frunció el ceño, miró al Director y dijo, - ¿ lo hice ?

- Ellos están en este estado desde el último lunes por la noche- él le explicó.- Puede parecer un muy largo tiempo para sus jóvenes mentes.

- Estoy bien consciente de lo que significa el tiempo para un niño.- Respondió con rigidez, apretando sus brazos, protectoramente, luego miró a su hijo. -¿ por qué llorabas, dragón ?

Draco agachó la cabeza, con vergüenza. – Fui malo.

- ¿Qué quieres decir ?- le levantó la barbilla gentilmente, con un dedo.

- Tenía temperanto y Papi se enojó conmigo. Puse triste al Bebé.

- ¿ Bebé ?- preguntó, y el niño le señaló a la esquina donde Severus acunaba al niño que todavía lloraba en silencio. Nuevamente, se encontró mirando al Director.

Dumbledore le sonrió. – Él es Harry Potter. Parece haber desarrollado un gran temor a los extraños. Sólo Severus lo puede manejar sin que se aterrorice. Esperábamos que la aceptara a usted, para que pudiera cuidarlos durante el día.

- Tengo a mi hijo.- Dijo ella, en un tono neutro. - ¿Qué debería importarme sobre ese niño ?

Dumbledore abrió la boca, pero Draco lo distrajo, arrancándose a sí mismo de los brazos de su madre, y retrocediendo. Su carita se torció con enojo, sospecha y miedo.

- Me quedo con Bebé.- Dijo, mirándola fijamente.

- Draconis.- dijo ella, advirtiéndole. Cada vez que usaba ese tono, Draco sabía que debía obedecer. Nunca en su vida, en cualquier edad, fue contra su madre cuando ella le hablaba así. No lo usaba muy seguido, sin una buena razón. Lo usaba ahora porque sabía que Harry Potter era un blanco. No quería, bajo ninguna circunstancia, que su hijo estuviera cerca de este niño marcado.

- Mami- dijo Draco, con tristeza.- Perdón. Tengo que quedarme con el Bebé.

Ella lo miró, él giró y corrió hacia Severus, envolviendo sus bracitos en las piernas del hombre. Narcissa se puso de pie abruptamente, furiosa, y enfrentó al Director. Dumbledore levantó las manos.

- El pequeño Harry está alterado con todos nosotros aquí. ¿ Por qué no los dejo, para que usted hable con el Profesor Snape ? Él le explicará todo lo que necesita saber.

Narcissa lo observó retirarse y se volvió hacia el Profesor de Pociones. Conocía a Severus desde hacía mucho tiempo, lo había nombrado padrino de su único hijo; había sido su aliado cuando iban al colegio. Era un hombre digno de confianza, inteligente y frío, pero no completamente insensible, era práctico y hábil. En todos estos años, a través de miles de circunstancias, nunca lo había visto así.

Severus miraba a Draco, su largo cabello caía sobre su cara, pero sin esconder totalmente el rubor en sus mejillas. A pesar de su postura rígida, sus brazos se cerraban gentiles sobre el pequeño Harry, masajeándole la espalda. Ella recordaba vivamente que él se sentía incómodo con Draco cuando era pequeño, y podía ver que eso no ocurría ahora. Algo le había sucedido. Decidió liberar sus emociones y escuchar al padrino de su hijo.

- Explícame esto, Severus. ¿ Qué sucedió ?

Severus cambió de posición al niño que tenía en brazos; ella vió que usaba lentes pequeños y tenía su pulgar en la boca, mientras las lágrimas silenciosas caían como torrente por sus mejillas. Era un espectáculo para derretir el corazón, pero ella no se permitió a sí misma conmoverse. Desafortunadamente; o afortunadamente para Harry, le resultaría más difícil a medida que la escena se desarrollara.

- ¿ Harry ? Dumbledore ya se fue. ¿ Estás bien, ahora ?- preguntó Severus afectuosamente. El niño escondió su cara en el pecho del Profesor. Él suspiró y le pasó los dedos por el desarreglado cabello negro, se le atascaron en los nudos, no se lo había cepillado recientemente. Severus le alisó el cabello con cuidado y liberó su mano. –Lo siento, no te avisé que vendría gente. No sabía. ¿Tal vez tú puedas sentarte a jugar con Draco, mientras yo acompaño a la señora al rincón, lejos de ti ¿ Puede ser ?

Harry negó con la cabeza y se pegó a Severus con más fuerza.

- Es sólo Mami, Bebé. Está bien - dijo Draco con ternura; la cabecita levantada para verlos. – Estoy aquí.

Severus se arrodilló y levantó a Draco en su otro brazo. El rubio, de inmediato comenzó a acariciar a Harry, tratando de tranquilizarlo. El hombre caminó hacia la caja de juguetes y le hizo un gesto a Narcissa, para que pase donde estaba la silla. Ella lo hizo, cautivada por lo que estaba presenciando, y se sentó. Severus se agrachó otra vez e hizo que Draco se parara; trató de retirarse , pero Harry comenzó a llorar con fuerza.

- Harry¿de qué tienes miedo ? Yo voy a estar entre la señora y tú, y Draco también estará contigo.

Harry aún se le pegaba, realmente alterado. Su respiración forzada, ruidosa, acompañada con mocos. Severus se sentó y lo meció. Draco, a su lado, acariciaba el cabello de Harry, murmurando con dulzura, igual que Severus. Les tomó unos minutos hasta calmar al niño. Pero cuando, otra vez, el Profesor quiso bajarlo, amenazó con llorar.

- ¿Qué es Harry ? Dime - prácticamente le rogó.

El niño miró a Draco, chupándose el pulgar. Luego sus ojos se fueron hacia otro lado y después volvió a mirar a Draco a los ojos. Severus se alegró de que el rubio comprendiera el mensaje porque él no tenía ni idea. El niño levantó la mirada seriamente.

- Bebé tiene miedo a la puerta. ¿ Cómo arreglamos, Papi ?- Parecía cercano al llanto, él también.

Severus suspiró y acarició a Draco. –Temí que pasara esto. Maldito Albus. Debió avisarme, o golpear la puerta, o algo. Él sabe cómo es Harry- sacudió la cabeza y se centró en Draco. -Gracias, Draco. Eres una gran ayuda. Te estás portando muy bien.

Las lágrimas del rubio desaparecieron y sonrió feliz. Sabía que eso significaba que había sido perdonado totalmente por lo que sucedió más temprano, abrazó a Harry con entusiasmo. El pequeño le sonrió entre lágrimas, aún abrazado a Severus firmemente con su mano libre. El Profesor se puso de pie y apuntó a la puerta con su varita. Algunos encantamientos,y una barra de madera selló la puerta desde dentro.

- Ahí está. ¿ Lo ves, Harry ? – preguntó Severus, mirando los ojos asustados y húmedos.- La cerré. Nadie puede entrar, a menos que yo lo quite. ¿Ves ?

Fue hacia la puerta y tiró; pero chocó contra la barra de madera y no se abrió. Harry observaba, solemne. Draco estaba al lado de Severus; el pequeño miró al rubio y Draco asintió con firmeza. Harry también asintió, suavemente, y Severus se relajó.

- ¿Piensas que puedo bajarte para que juegues con Draco ? Necesito hablar con la señora. Ella se va quedar en la silla. Lo prometo. Y antes de que se levante, voy a venir a levantarte a ti ¿ está bien ?

Harry afirmó con la cabeza, lentamente; y con reticencia dejó que lo depositara en el suelo. Continuaba chupándose el dedo y se rehusaba a jugar. Miraba a Draco y sonreía ante los intentos del rubio para hacerlo reir. Severus sabía que era lo mejor que podía conseguir, y se dirigió hacia Narcissa.

Ella lo observaba atentamente, lo que hizo que los colores se le subieran, nuevamente; pero luego, sintió que una fuerza interior lo fortalecía y el color se desvaneció. Él iba a proteger a Harry. Nada iba a obstaculizarlo. Convencería a Narcissa que Draco debía quedarse, aunque ella decidiera no ayudarlo durante el día. El niño rubio era, obviamente, la clave para la salud mental de Harry.

- Narcissa.- Dijo en un tono neutro.

Ella levantó una ceja, mirándolo; no dijo nada.

- Creo que debería empezar por el principio.- Y lo hizo. Le contó todo lo que había presenciado desde que Harry Potter había llegado en el tren. No sintió que debía guardar secretos. Ni siquiera con la peor de las experiencias de Harry. Ella nunca se lo diría al Señor de las Tinieblas ni a sus seguidores; ni tampoco lo publicaría en su propio periódico.

No porque no fuese correcto, sino porque se trataba del dolor de un niño, y Narcissa era una buena madre. Amaba a su hijo, amaba a los niños. Siempre había puesto las necesidades de Draco por delante de las propias, y aún lo hacía. Siempre. Lo crió bien, con amor y una disciplina sana. Si se había convertido en una mujer dura, se debía a que había hecho lo necesario para proteger a su hijo. Y al final del relato de Severus, una hora y media más tarde, ya no estaba tensa. Miraba a ambos niños con preocupación.

- Lo siento, Severus.- dijo con suavidad- realmente, lo siento. Por lo que ha pasado este niño es...indescriptible. Trataría de ayudarlo, pero no voy a sacrificar a mi hijo.

- Narcissa.- dijo él, tomándole las manos.

- No, Severus. Está marcado. El Señor de las Tinieblas está decidido a matar a ese pobre niño. Draco no estará cerca suyo cuando eso pase. Si es que están ligados, tal vez la distancia debilite el vínculo.

- Tú sabes que eso no funciona de ese modo.- Dijo Severus despacio, ásperamente, con sus ojos oscuros en llamas.

- Ni siquiera sabes si están unidos. Puede haberse quebrado cuando volvieron a sus cuatro años.- Le discutió- Voy a llevar a Draco de vuelta a la mansión y lo cuidaré allí.

- Narcissa,- dijo él, con urgencia, apretándole las manos- allí no es un lugar seguro.-

- La mansión cambió de ubicación cuando Draco fue reconocido como el Señor Malfoy. Nadie la conoce, hasta que Draco mismo la comunique, y no creo que él se lo haya dicho a nadie, excepto a mi y a ti. Y si Lucius se escapa de prisión, lo que es muy improbable, el título de Jefe de la Familia no volverá a él. Lucius cometió el error de permitir que el primogénito de su primer matrimonio heredara su lugar. La posición no puede cambiar una vez otorgada. Y tú aún eres un Mortífago, espiando para Dumbledore. Tú mismo eres un gran blanco.- Dijo ella, con el calor y la determinación de una madre queriendo proteger a su hijo.- Para ser honesta, ninguno de los niños está a salvo contigo. Nosotros nos vamos. Lo siento, realmente.

- La mente de Harry está muy frágil en este momento, como para separarlo de Draco.- Severus prácticamente le gritó, pero de alguna manera mantuvo su voz baja para no molestar a los niños. –Vas a matar a ese niño inocente.

- Severus.

- No. Es la verdad. Si te llevas a Draco, Harry se muere. Se muere por tu culpa.- murmuró brutalmente- Habrás matado al niño, y por nada. Draco y Harry están tan seguros como se puede en estos tiempos. Hogwarts está protegido. Yo puedo protegerlos a pesar de mi posición con el Señor Oscuro. Mi conocimiento de magia oscura puede ser usado para protegerlos mejor que nadie; mejor que tú. Lucius te mantuvo ignorante de la mayoría de los asuntos más poserosos; pero yo no los ignoro.

Y no te engañes, Narcissa. Harry será un blanco, y yo también, potencialmente; pero Draco es buscado por el Señor Oscuro. Yo lo sé. He estado en las reuniones. El Señor de las Tinieblas estaba tan seguro de que Draco sería uno de sus lacayos, y la neutralidad pública y el apoyo al encarcelamiento de su padre lo ha hecho un blanco a él también. Los Mortífagos tienen permiso para matarlo si encuentran la oportunidad de hacerlo.

Sólo su permanencia aquí lo ha salvado de los intentos de asesinato que Draco podría o no haber sobrevivido. Antes de que el hechizo los convirtiera en niños, yo había tomado la decisión de enseñarle a defenderse contra ataques imprevistos, a pesar de la desaprobación de Dumbledore. Porque yo tengo el conocimiento para ayudarlo a que se proteja a sí mismo. Porque es mi ahijado. Me importa su seguridad, Narcissa. Y me importa la de Harry. Su mejor oprtunidad es estar juntos, y aquí, entre estas paredes donde yo pueda observarlos, enseñarles, donde Pomfrey pueda controlarlos. Todavía no estamos seguros cómo resutará este hechizo.

No lo hagas, Narcissa. No te lleves a Draco. Quédate con él y ayúdame a mantenerlos sanos y salvos. Puedo saber cómo protegerlos, pero no sé cuidar niños. Necesito tu ayuda. Draco te necesita. Harry te necesita, también. Por favor, Narcissa.-

Se miraban fijamente uno al otro. Narcissa luchaba contra las lágrimas. Ella quería proteger a su hijo, pero no estaba segura de qué era lo mejor para él. No sabía que el Señor de las Tinieblas había puesto precio a la cabeza de Draco, y esto la aterrorizaba. Draco había hecho su elección, ella debía apoyarlo. Aún así, dejarlo permanecer al lado de Harry Potter, destinado a rodearse de muerte, no era una buena elección. Y Draco no se había puesto en ese lugar voluntariamente. Había querido ayudar a su compañero tras bambalinas, pero esto era algo totalmente distinto.

-¿Mami ¿Papi ?- dijo Draco suavemente. Ambos giraron para mirarlo. Estaba parado, alerta. Harry continuaba junto a la caja de juguetes, tenso y preocupado. – Tenemos sed.

Severus asintió y le hizo un gesto para que vuelva junto a Harry, pero el niño vaciló. – Por favor, no peleen.- Dijo despacio, y corrió hacia el pequeño. Los vieron abrazarse y luego jugar en silencio. Severus notó que el pulgar de Harry continuaba en su boca. Se volvió hacia Narcissa.

- Por lo menos, inténtalo. Puedes irte después, pero no hay modo de revertir el daño causado una vez que te lleves a Draco.

Narcissa observó a los niños mientras jugaban, antes de ceder. – Muy bien, Severus. Te concedo dos días para que me convenzas de que permanecer aquí es lo mejor para Draco.

- Gracias. - Inclinó la cabeza y se puso de pie. Fue hacia los niños y abrió los brazos para Harry. El niño fue hacia él rápidamente y Severus lo sostuvo. – Harry, voy a llamar a Dobby para pedirle sus bebidas. No temas. ¡ Dobby !

- Sí, Amo Severus, señor ?- el elfo apareció, y Harry escondió la carita, pero no lloró. Severus miró a Narcissa, preguntando en silencio qué debía ordenar para los niños.

Ella sonrió débilmente y se limpió las lágrimas.- Dos vasos con sorbete, con agua fría. Por favor, Dobby.

- Sí, señora.- Dobby desapareció y un segundo más tarde estaba de vuelta, dándole los dos vasos a Draco.- ¿ Es todo, señor ?

- Sí, gracias, Dobby.

El elfo inclinó la cabeza y desapareció. Harry miró hacia arriba cuando oyó el 'pop', vió a Narcissa sentada en su lugar y la habitación libre de extraños. Permitió que Severus lo baje. Draco le alcanzó un vaso y ambos bebieron. Severus les acarició la cabeza y regresó al lado de Narcissa.

- ¿ Por qué Draco insiste en llamar Bebé a Harry ?- preguntó frunciendo el ceño.

- Cuando era pequeño , Draco tenía una obsesión con niños más pequeños que él y los llamaba a todos bebés. Sería un excelente hermano mayor. Siempre lamenté no haber podiso darle un hermanito.- Respondió ella.

Severus asintió. Él sabía que tener a Draco casi la mata. Ella debía dar un heredero. Si no fuese por sus habilidades con pociones sanadoras y fortalecedoras, más las habilidades de la enfermera que la ayudaba durante el embarazo, ella estaría muerta. Y aún, con todo eso, casi se muere.

Cambió de tema, preguntándole qué pensaba ella que sería lo mejor para los niños. Deberían decidir cómo hacer que Harry se acostumbre a ella, dónde instalarse. Narcissa pensaba que esta habitación era muy obvia. Además, los niños debían tomar aire fresco y sol, en algún momento. Ya era malo que estuvieran puertas adentro por extensos períodos de tiempo.

Del otro lado de la habitación, los niños estaban sosteniendo su propia conversación.

- ¿Están enojados, Ray ?- preguntó Harry despacio.

Draco miró por sobre él y sacudió la cabeza. – No creo, Bebé.

- ¿Por qué llora ?

- No sé. Creo que quiere llevarme a casa, y a tí no, y Papi no quiere.

- Ray…-Harry le tomó la mano y bajó la cabeza -no quiero que te vayas.

- No me voy.- Draco lo abrazó. –Yo me quedo contigo, Bebé. La quiero a mi mamá, pero no me voy sin ti. Me quedo con Papi.

- Ellos son más grandes- apuntó Harry- pueden llevarte.

- Papi me va cuidar- le aseguró Draco- Bebé, está bien. Te prometo.

- Gracias- Harry le sonrió tímidamente, después se inclinó y besó la mejilla de Draco.

El rubio le sonrió feliz. -¡ vamos a jugar ! Ellos van a hablar para siempre.

Harry rió y comenzaron a jugar como cualquier niño pequeño, mientras Severus y Narcissa discutían sus nuevas habitaciones. Él concedió que necesitaban mudarse. La enfermería era muy pública y la puerta no estaba asegurada lo suficiente; además, Harry no se sentía a salvo aquí.

Los niños necesitaban más espacio. Era un milagro que la caja de juguetes los haya mantenido interesados durante tanto tiempo. Si Draco a los cuatro años, hubiese estado solo, hubiese sufrido un ataque por estar confinado sin nada que hacer más que jugar con unos pocos juguetes.

Eventualmente, decidieron tomar las habitaciones contiguas a las de Severus, harían una puerta invisible que las conecte, para que el Profesor de Pociones pueda acceder a ellas después de sus clases y deberes de casa. De ese modo no habría sospechas, no sería visto yendo a habitaciones que no sean las propias.

Las mazmorras eran menos visitadas que otras áreas del castillo. Los Slytherins respetaban al Jefe de su casa y no andarían metiendo la nariz alrededor de las habitaciones de Severus, y si alguno lo intentaba, él las tenía muy bien protegidas. No habría problema en extender esa protección a un par de cuartos adyacentes.

Más tarde debían ingeniarse para que los niños pudiesen tomar algo de aire fresco y sol. El mejor tiempo para hacer la mudanza era la mitad de la noche, cuando era improbable que los vieran. Él pediría a Dumbledore que resguarde el camino para asegurarse. Por ahora, la única cosa que podían hacer era tratar de que Harry se acostumbre a Narcissa, para que pueda pasar el día con ella y Draco sin traumas.

Finalmente, decidieron un curso de acción, Severus se acercó a los niños y les explicó que la señora y él iban a sentarse a jugar con ellos. Harry, inmediatamente se trepó al regazo de Severus y Narcissa se sentó, sonriendo.

- Yo me quedo con Bebé- le dijo Draco, poniéndose más cerca de Severus y de Harry.

- Tú harás lo que te diga, dragón.- Dijo ella severamente, pero luego sonrió.- Como venimos, vamos a estar con ellos por un tiempo.

Draco le frunció la carita y cruzó sus brazos sobre su pecho.

- Vamos, Draco- lo persuadió Severus- la cena va estar en media hora. Juguemos un rato antes.

Él asintió dubitativamente, pero a medida que los minutos pasaban, se relajó y comenzó a mostrarle sus juguetes a su Mami.

Narcissa jugó con él, feliz. Ella amaba al hombre en que su hijo estaba convirtiendo, pero extrañaba esto. Harry se relajó lentamente en la presencia de un extraño, pero aún se escudaba, alejándose si ella se acercaba mucho.

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Mientras los niños se sentaban en sus sillitas altas para cenar, el resto de Hogwarts terminaba su cena, y dejaban el comedor. Ron pasó al lado de Hermione y su hermana, sin siquiera mirarlas. Los ojos de Hermione se llenaron de lágrimas, Ginny le tomó la mano con fuerza.

Ron salió en dirección a la sala común de Gryffindor, pero se volvió, bajó dos escaleras antes de llegar al retrato. Nadie lo siguió y nadie lo vió deslizarse en un salón vacío, a mitad de camino hacias las mazmorras. Crabbe y Goyle lo estaban esperando, en un rincón oscuro. Los Slytherins habían decidido que seguirían con el pelirrojo, a ver qué tan lejos llegaban, mientras Pansy investigaba la teoría de la reversión de edad y los casos anteriores.

Ron podía ver las dos enormes figuras de Crabbe y Goyle, sin importar qué tanto querían esconderse, y tuvo que contener la risa. Realizó un encantamiento de privacidad de bajo nivel, no sabía otro, y se sentó en una de las sillas. Los Slytherins se acercaron.

- Creo que tengo algo.- Dijo el pelirrojo.

-¿ Qué ?- preguntó Crabbe, abriendo muy grande sus ojos.

- Dumbledore tiene en su poder algo que le pertenece a Harry. Es un mapa muy poderoso, que muestra cada pasadizo en el castillo y dónde está la gente, a cada momento. Eso nos mostrará dónde están Malfoy y Harry, y nos mostrará si hay alguna manera de verlos en secreto. El único problema es que no sé cómo recuperarlo, y no se me ocurre otra cosa que ustedes diastraigan a Dumbledore mientras yo busco en su oficina.

-¿El mapa le pertenece a Harry por derecho ?- preguntó Goyle, para asegurarse.

- Sí.- respondió Ron encogiéndose de hombros.-¿Por qué, no lo harían si no lo fuera ?

- No es eso.- Protestó Goyle- Mi padre me enseñó un poderoso hechizo convocador, pero sólo funciona si el objeto en cuestión no pertenece al que lo tiene.

-¿ De veras ?- Ron entrecerró los ojos. Esa fue una frase larga, para un denso Slytherin.- ¿No son Artes Oscuras, verdad ?

- No - negó con la cabeza- es un ritual de magia blanca.

- En ese caso, adelante- suspiró Ron.- ¿Qué necesitamos y qué tanto tardaremos?

Goyle les dijo lo que necesitaban, haciendo alguna pausa, fingiendo que pensaba muchísimo, esforzándose por recordar. Los chicos podían conseguir lo necesario, pero les tomaría un día o dos para prepararlo. Concordaron en encontrarse en el mismo lugar por la noche, en dos días, para realizar el hechizo. Ron los dejó sonriendo ampliamente, como un tonto.

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Hermione, Ginny y Neville habían hecho todo lo que podían. No había casos documentados de alguien convertido permanentemente en joven, y dudaban en que podrían volver a ver a su amigo. Era tiempo de buscar ayuda. Nunca se les ocurrió no hacer nada.

El hecho de que Draco fuese un niño, como Harry, involucrándose emocionalmente con su vulnerable amigo, que Snape estaba a cargo de ambos niños, todo los trastornaba muchísimo. No importaba cuan habilidoso, ni cuántos conocimientos tenía Snape, ellos creían que Harry necesitaba mejores influencias, necesitaba la atención de alguien que lo amara con todo el corazón. Así que escribieron una carta. Sólo podían esperar que el verdadero significado fuese interpretado; no querían ser claros en una carta que cualquiera podía interceptar.

Querido Remus Lupin,

Espero que esta carta lo encuentre bien. Nosotros, realmente lo extrañamos aquí, en Hogwarts, como profesor y especialmente como amigo. Usted nos dijo que podíamos escribirle si alguna vez necesitábamos algo. Por esa razón le escribo ahora. Encontré un cachorrito severamente herido, al comienzo del año escolar. No estoy segura de cómo ayudarle. Dumbledore dijo que él haría lo mejor que pudiera, además, me ordenó guardar silencio sobre la presencia del cachorrito en el colegio, porque no están permitidos. Estoy muy preocupada, Profesor. Es muy importante para mi, para Ginny, Neville y Ron. ¿ Hay alguna posibilidad de qué usted nos envíe algún consejo; o mejor aún, que encuentre el tiempo para pasar por el castillo ?

Realmente, lo necesitamos.

Sineramente,

Hermione Granger.

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Severus lavó a Harry después de cenar, Narcissa hizo lo mismo con Draco. El pequeño de cabello oscuro parecía haberse acostumbrado a la presencia de la mujer, lo suficiente para no alterarse. Ella podía caminar libremente alrededor, sin que el niño se pegara a Severus, pero Harry aún se negaba a dejar que ella lo toque. El Profesor esperaba que el niño, con el tiempo, confiara en Narcissa como lo hacía Draco, y que Narcissa amara a Harry como a su propio hijo.

Los adultos cargaron a los niños, ahora limpios, hasta la cama. Narcissa frunció el ceño ante el hecho de que los niños la compartieran, pero no dijo nada, sabiendo que se mudarían en la mitad de la noche, de todos modos. Los niños se sentaron pacientemente mientras les peinaban el cabello. Severus le quitó los lentes a Harry y los apoyó en la mesita de noche, para que el peine no se enredara en la cinta. Harry bizqueó, pero no protestó. Luego los arroparon. Ninguno de los niños pidió una historia, estaban casi dormidos.

- Cuando se despierten, estarán en mi casa.- les dijo Severus- ningún extraño puede entrar allí; estarán a salvo y tendrán muchas más habitaciones para explorar.

Los niños sonrieron felices y cerraron los ojos, ambos acurrucados uno junto al otro. Severus esperó a que se duerman antes de hechizarlos para que sigan durmiendo hasta que él levante el hechizo.

Dejaron la habitación en busca de Dumbledore; y lo encontraron en su oficina.

- Estaré encantado de ayudarlos.- Los miró con los ojos brillantes, y los siguió de vuelta hacia la enfermería. Madam Ponfrey los esperaba.

- Los resutados del examen ya llegaron – Dijo, Dumbledore le hizo un gesto de que podía hablar frente a Narcissa. –Muestran que Draco tiene todas sus vacunas, aún las que se dan después de los cuatro años. Harry no tiene ninguna.

- ¿Cuánto tomará ponerlo al corriente ?

- Yo no recomiendo excederse con vacunas posteriores a los cuatro años. Si le damos todas, lo enfermaremos; aún con dosis menores. Necesita siete aplicaciones, y a su edad no puede recibir más de tres al día.

- Harry solamente recibirá las vacunas normales para un niño de cuatro años- decidió Dumbledore con firmeza.- Comenzaremos el tratamiento este fin de semana.

- Sí, señor.- Ella asintió- ¿Cómo funcionaron los lentes, Severus ?

- Perfectamente.- Él sonrió levemente y ella le devolvió una sonrisa brillante.

-¡ Qué bueno ! Si nos mantenemos con la prescripción correcta y no sufre daños, tal vez podemos corregirlos.

- Son buenas noticias.- Dumbledore rió- apreciamos tu cuidado por los niños, Poppy. Pero no creo que ellos estén seguros aquí. He decidido mudarlos a las mazmorras junto a las habitaciones de Severus. Él me recordó que tiene trabajo que hacer, por lo que la Señora Malfoy, gentilmente, aceptó cuidar a los niños cuando nuestro Profesor no pueda.

-¿De veras ?- la enfermera frunció el ceño. Ella detestaba ceder a sus pacientes, especialmente cuando su estado era incierto, debido a un hechizo desconocido.-¿Cómo lo tomó el pequeño Harry ?

- Bastante bien.-le aseguró Dumbledore- si le damos tiempo, creo que él se sentirá cómodo con ella, debido a Draco, es bastante buena con niños pequeños.

- Muy bien- ella suspiró- pero espero poder bajar y hacerles exámenes frecuentes, al menos.

- Eso será muy bueno.- Le aseguró Dumbledore.

- Aunque, necesito que tú, como cualquier otro, me avise antes de llegar, para que pueda preparar a Harry. Eso le hace desconfiar de su ambiente, cuando los extraños entran y salen libremente, y es un trastorno innecesario.- Severus dijo firmemente, mirando al Director.

- Por supuesto.- Sonrió Poppy.

- Lo comprendo, Severus- Dumbledore apoyó una mano en el hombro del joven mago.- Espero que Harry se sienta cómodo alrededor mío, como alrededor tuyo y de la Señora Malfoy - Severus no contestó- - Bien, deberíamos comenzar. Gracias, nuevamente, Poppy.

- No hay problema, Director.

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¡¡ Muchísimas gracias por todos los reviews !!

Me alientan con estos larguísimos capítulos...

Hasta el próximo.

D.L.