Esta es una traducción de la historia de Sensibly Tainted, "Growing Pains".
Los personajes originales son de J.K.Rowling, por supuesto.
Creciendo con dolor
Capítulo 13
Narcissa observaba cómo los dos niños de seis años corrían por delante, Remus los perseguía, jugando, saltando y haciéndoles cosquillas. Volvían de la enfermería. Severus dictaba sus clases, por eso no estaba con ellos. No podía seguir perdiendo días de clase, los Slytherins no eran tontos, y era imperativo mantener oculta la presencia de los niños en el castillo.
-¡ Mamá !- Gritó Draco, corriendo hacia ella.
Narcissa lo reprendió, no se estaba portando como el 'Señor Malfoy' debería hacerlo. Estaba en público –aunque no había nadie alrededor, los pasillos del castillo eran un lugar público- y debía comportarse. Draco esperó, con obvia impaciencia, que termine el sermón. Narcissa le acomodó cariñosamente el largo y sedoso cabello; ya caía por debajo de los hombros, y ella podía tocarlo fácilmente, ahora que la cabeza de Draco alcanzaba su cintura. Harry era mucho más pequeño, medía cinco pulgadas menos que Draco, y era diez libras más liviano.
-Queremos ir a jugar afuera-. Dijo Draco. –Vamos de compras, necesitamos cosas nuevas.
Narcissa observó a Harry, el pequeño miraba al piso, avergonzado, torciendo su camiseta. Sonrió y se volvió hacia Draco. –Muy bien, vamos a ir de compras en lugar de las clases de la mañana, pero no vamos a perder las clases de gimnasia de la tarde, ya arreglé una cita en una nueva escuela.
-Sí, madre-. Dijo Draco, remilgado, luego fue hacia Remus y Harry.
Narcissa sintió orgullo y dolor por su hijo; crecía muy rápido. Estaba agradecida por tenerlo niño, otra vez, y sabía que él debía volver a su edad correcta, pero no podía evitar disfrutar cada segundo de su 'segunda vez como niño', cuando todavía la necesitaba. Remus la miró con una sonrisa conocedora, ella lo invitó a entrar y él aceptó al instante.
Draco no sabía qué estaba mal, pero estaba decidido a hacer algo al respecto. Había un peso en su Bebé, que nunca antes había sentido. Desde que se despertó esta mañana, Harry no lo había mirado a los ojos, a él ni a nadie. Draco esta a punto de gritar. Pensó que salir lo haría sentirse mejor, eso siempre le divertía, pero parecía que estaba sintiéndose peor. No lo entendía.
Estaban el medio de una enorme tienda de juguetes en París, y todo lo que Harry podía hacer era estar parado, mudo. Su Mami estaba tan preocupada como él, pero Harry no respondía. Moony había intentado tranquilizarlo, pero el Bebé no respondía a nada. Eventualmente, Draco tuvo suficiente, y ordenó a los adultos que los dejen solos. Mami no quería, Draco lo notaba, pero él la miró fijo hasta que ella se dirigió, con Moony, al otro lado de la tienda.
- Bebé¿ qué pasa ?- Preguntó afectuosamente, tomándole la mano a su mejor amigo. –Hay un montón de juguetes aquí, ven míralos conmigo.
Harry asintió, pero no levantó la vista ni habló. Draco le pasó un brazo por el hombro y lo condujo a los estantes. Le señalaba juegos, muñecos, animales de peluche. Harry asentía si le preguntaba si algo le gustaba, pero cuando Draco intentaba que lo tome, su Bebé sacudía la cabeza negándose. Draco sentía su pánico, así que seguía adelante.
-Mami, estoy listo para volver- Dijo, tenso.
-¿ Estás, seguro, Draco ?. No elegiste nada-. Preguntó ella, con el ceño fruncido y preocupada.
-¿ Qué pasa, cachorro ?- Preguntó Moony, arrodillado frente al pequeño. Harry no respondió.
-Vamos, ahora-. Draco tomó la mano de Harry y salió.
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-¿ Qué crees que le pasa ?- Remus le preguntó a Severus, cuando el Profesor de Pociones finalmente apareció en el corredor. Remus había esperado pacientemente a que terminara su cena en el comedor. Narcissa pensó que era mejor que estuviese al tanto del extraño comportamiento de Harry, antes de volver a sus habitaciones por la noche.
- No lo sé-. Severus frunció el ceño, pensando en lo que había visto en la casa, de la época en que Harry tenía seis años. –Pero, lo más probable es que tenga que ver con los Dursley.
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Draco tuvo suficiente. Después de la cena, se deslizó de su silla y tomó la mano de Harry; prácticamente lo arrastró y le espetó a su madre que los deje solos. Narcissa frunció el ceño, pero no protestó. Draco llevó a Harry al cuarto, cerró la puerta firmemente. Harry se alejó de él y comenzó a temblar, sin mirarlo.
-¿ Qué pasa ?- Demandó, enojado, golpeando el suelo con su pie. -¿ Por qué no me hablas ? . ¡ Basta, ahora mismo !.
-Lo siento-. Susurró Harry.
-¡ Mírame !- Gritó Draco, tomando a Harry por los hombros. Harry levantó la vista, sus ojos oscuros estaban cargados de lágrimas. Extrañamente, aunque tuvo miedo por el pequeño, también sintió alivio. -¡ Basta ! . ¡ Te estás portando como un estúpido ! . ¡ Quise que te sintieras mejor y tú no estás contento !. ¿ Por qué no estás contento ?.
- Soy malo-. Susurró Harry. –No debo estar aquí. Me tienen que castigar porque comí mucho y te hice enojar. Lo siento, Ray. No te enojes, voy a ser mejor, no voy a ensuciar tus cosas ni hacer lío.
Draco lo soltó y miró al pequeño con impotencia. ¿ Qué estaba diciendo ?. No tenía sentido. Notó que los ojos se le llenaban de lágrimas y salió corriendo del cuarto. Harry lo observó salir, y aunque le dolió, era eso lo que él se merecía. Fue malo y sucio y no debería estar contento porque eso significaba que necesitaba más castigos y no los quería. Sabía que eran necesarios porque él era malo y era la manera de hacerse mejor. Harry levantó la vista y vio con horror que entraba su Papi.
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Severus vio que los ojos de Harry estaban llenos de temor, antes de que el pequeño desviara su vista al suelo, totalmente quieto y tenso. Severus sabía que estaba esperando los golpes que estaba seguro que llegarían. Se acercó y se arrodilló delante del niño, sorprendiéndolo lo suficiente como para que lo mire a los ojos.
- Harry, no estás en la casa de tus tíos. Sabes eso.
-Sí-. Dijo Harry, sin certeza.
- Estás en mi casa, con Draco y la Sra. Malfoy y Moony. No estás con los Dursley, y nosotros no pensamos como ellos. ¿ Comprendes ?.
- No, Señor-. Admitió Harry, lentamente y con temor.
Severus tomó la carita del niño con gentileza y la levantó. –Exactamente eso. Te queremos. Tú no eres malo. No vas a ser castigado, queremos que seas feliz, porque cuando tú no estás contento, nos sentimos muy mal. Draco está allí afuera, llorando y con una rabieta porque no entiende por qué te estás haciendo esto a ti mismo.
Los ojos de Harry se agrandaron y cayeron lágrimas. -¡ Lo siento, yo no quise !.
-Shhh, Harry- Severus lo envolvió en un abrazo apretado.
No podía mirar a la cara al pequeño, tan mentalmente atormentado; se sentía enfermo pensando en los motivos que ocasionaron que un inocente de seis años creyera tan firmemente en su carencia de valor, de tal modo que realmete quiera que lo castiguen. Sabía la confusión que todo esto le estaba ocasionando a Harry. A pesar de las últimas dos semanas¿ cómo enseñarle que estaba a salvo y era querido ?.
-¿ Por qué no vamos afuera y hacemos que Draco se sienta mejor ?
-¿ Qué hago ?- Harry sollozó, temblando.
- Sé feliz, sonríe y juega con él, muéstrale que tú- Severus vaciló, pero había sólo una palabra para usar-…lo amas.
Harry asintió. En la sala de estar encontraron a un Draco furioso, parado junto a la chimenea con los brazos cruzados sobre el pecho, ignorando a su madre completamente. Remus estaba sentado en el sofá, sonriendo tristemente ante la escena, mientras Narcissa trataba de hacer que su hijo entre en razón.
-¿ Ray ?- Harry dijo, nervioso, yendo hacia su amigo. –Lo siento, no quise hacerte llorar. Lo siento, Ray. Estoy mejor, ahora.
Draco giró y miró a Harry sosspechando. Severus no dijo nada. Narcissa contuvo la respiración, no sabía qué pasaría con el pequeño si Draco lo rechazaba, pero Draco no lo hizo. Atrajo a Harry a un abrazo lleno de enojo. Harry se lo retornó más afectuosamente.
-¡ No hagas eso nunca más !- Ordenó Draco con los ojos brillantes. –Lo digo en serio, Bebé.
-Mmm- Aceptó Harry, rápidamente. –Voy a ser bueno.
Draco asintió y se volvió a su madre. –Queremos postre.
Narcissa frunció el ceño. –Pide las cosas de buena manera, Draco.
-Por favor, ordena postre para nosotros, Madre-. Draco puso los ojos en blanco. Harry miraba horrorizado semejante comportamiento.
-No vas conseguir nada de la gente si haces que ellos no quieran hacer lo que pídes- Lo reprendió Narcissa.- Eres el Señor Malfoy, debes estar orgulloso de ello, pero la arrogancia no va a llevarte a ninguna parte.
-Sí, Madre, lo sé-. Insistió Draco. – Pero tú eres mi Mami, no tengo que fingir contigo.
- No deberías fingir ser amable, deberías fingir ser arrogante- Remus rió.
-¿ Nos vas a dar postre, sí o no ?- Demandó Draco, con las manos en las caderas.
-Yo lo traigo-. Ofreció Harry rápidamente. Papi dijo claramente que era su trabajo hacer feliz a Draco.
-Dulce, tú no sabes, pero Draco necesita comprender esto-. Narcissa volvió su atención a su hijo. –Debes respetarme, y cuando hablas conmigo de ese modo, parece que no lo hicieras. Y si yo no tengo tu respeto, entonces tú no tendrás el mío. No tengo que hacer lo que tú quieres que haga, sólo tengo que hacer lo que a mi me place, y en este momento, no me place complacerte a ti.
-Aquí tienes, Ray-. Harry ofreció a su amigo una porción de torta de chocolate.
Los adultos se miraron asombrados. Harry no se movió, estuvo allí todo el tiempo. Entonces¿ cómo obtuvo la torta ?. Narcissa y Remus compartieron una mirada asombrada y nerviosa. Severus miró a Harry y le preguntó de dónde la sacó. El niño lucía confundido y asustado. Draco lanzó a su Papi una mirada cuestionadora, Severus sacudió la cabeza para que no interfiriera.
-¿ Fui malo, Papi ?- Harry estaba realmente nervioso.
-No, Harry-. Lo tranquilizó Severus,. –Sólo preguntaba de dónde sacaste la torta.
-No lo sé.- El niño frunció el ceño y miró el postre que Draco sostenía. –Sólo quise que Draco sea feliz y pensé mucho en lo que a él le gusta más y lo tuve y se lo dí. ¿ Está mal ?.
-No-. Draco sonrió dulcemente y se inclinó para besarle la mejilla, haciendo que Harry se relajara y le sonriera. –Es mi preferida, gracias Bebé.
-De nada-. Harry se sonrojó, feliz.
Narcissa abrió la boca para decirle a Draco que no podía comérsela, por su comportamiento anterior, pero Severus la detuvo. Los niños se dirigieron a la cocina tomados de la mano, hablando sobre nada, realmente. Remus los siguió, notando la expresión oscura de Narcissa, y la cara inexpresiva de Severus.
-¿ Por qué me detuviste ?. Draco debe aprender la diferencia entre un comportamiento orgulloso y uno de niño consentido. Cuanto más esperes para inculcarle esos valores, más difícil será que los comprenda.
-Estoy consciente de ello- Concedió Severus. –Pero él ya lo sabe, y Harry está confundido, no lo hagamos sentir peor.
-Draco es tan importante como Harry- Espetó Narcissa. –No voy a permitir que mi hijo caiga en costumbres que lo dañen.
-Harry necesita sentirse valioso, Narcissa, y si le hubieses dicho que estaba mal lo que hizo, hubieses fomentado su creencia de que no puede hacer nada bien.
-Si la presencia de Harry no me deja disciplinar a mi hijo, entonces, tal vez deberíamos irnos.- Dijo calmadamente.
-Narcissa, no me amenaces-. Respondió Severus, con un tono de voz helado.
- No es una amenaza. Creo que sería sano para los niños pasar algo de tiempo separados. Tal vez, Remus pueda hacerse cargo de Harry durante el día, mientras Draco toma sus clases. Regresaríamos para la cena.
- Sólo un poco más de tiempo, por favor, Narcissa- Dijo Severus, fríamente. –Deja que se adapten algunos días a sus seis años.
-Veremos-. Respondió ella, y fue a sentarse con su hijo.
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Severus llevó a los niños al baño, se arremangó, mientras ellos se quitaban la ropa. Harry estaba mucho mejor desde la conversación de más temprano en la sala de estar. Actuaba como antes de pasar a los seis años. Pero, ahora, se mantenía callado y retraído. Severus suspiró y levantó a Draco, cuando levantó a Harry, notó un ligero temblor en el cuerpo del niño.
Harry se quedó sentado, tenso, en la bañera. Draco respondió sentándose tenso, él también, obsevándolo cuidadosamente. Severus trató de actuar como si no notara nada, y comenzó a bañarlos. Draco se sometió, pero Harry comenzó a temblar con más fuerza. Finalmente, no pudo ignorarlo más. -¿ Qué te sucede, Harry ?- Preguntó gentilmente.
El niño sacudió la cabeza. Draco frunció el ceño y miró a Severus con preocupación. –Tiene miedo, mucho.
Harry comenzó a llorar y a tartamudear disculpas. Draco se acercó y lo abrazó con fuerza.
-No hay nada por lo que debas disculparte. Está bien tener miedo. ¿ Por qué tienes miedo ?- Preguntó Severus, casualmente, mientras enjuagaba el cabello de Draco con cuidado, tarea difícil, con los niños sentados tan cerca uno del otro.
-No me gusta el agua-.Admitió Harry, temblando y aferrándose a Draco. –No puedes res-pirar en e-el agua.
Severus se quedó duro, pensando en lo que implicaba esa afirmación. Draco, por supuesto, no sabía lo que las palabras de Harry significaban, y dijo, inocentemente. –Por supuesto que no puedes. Por eso debes aguantar sin respirar. ¿ Verdad, Papi ?
-Verdad, Draco-. Severus concordó lentamente y tomó la carita de Harry entre sus manos. –Yo no haría eso. Nadie va a empujarte bajo el agua. Lo prometo. Ahora, relájate, así puedo enjuagarte a ti.
-¿ Por qué piensas que Papi te empujaría debajo del agua ?- Draco frunció el ceño, pero Harry no pudo contestar. Draco aún sentía el miedo y la vulnerabilidad de su Bebé, y tomó la cara de Harry como vio que había hecho su Papi. –Yo no voy a dejar que te lastimen, Bebé. Yo te voy a proteger, aún de Papi, lo voy a hacer, Bebé.
Harry se lanzó hacia Draco y comenzó a llorar. Draco lucía aterrorizado, pero lo sostuvo. Severus suspiró y los enjuagó mágicamente, los envolvió en la misma gran toalla y los mantuvo cerca. –Te lo dije, Harry, tú no eres malo. Los Dursley estaban equivocados contigo, no podían verte del modo en que nosotros sí podemos. No debes temer. Aquí puedes ser feliz.
-Te amamos, Bebé-. Agregó Draco. –No tengas más miedo, no estés triste.
Harry se aferró a ambos y susurró. –Los amo mucho, no quiero que se vayan.
-No vamos a ninguna parte-. Prometió Severus.
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Esa noche, Harry despertó de una pesadilla. Draco despertó también, inmediatamente ordenó que las luces se enciendan. Harry lloraba sobre su hombro y él hacía lo posible por calmarlo. Se alegró cuando su Papi y su Mami entraron al cuarto; los había despertado la campanilla alarma. Papi masajeaba la espalda del Bebé y Draco lo sostenía con fuerza, esperando que menguen el temor y la pena que quebraban su corazón.
-¿ Harry, qué pasó ?- Preguntó Severus afectuosamente. El pequeño sólo sacudió la cabeza y se acurrucó más contra Draco.
-Harry, dulzura¿ estás bien ?- Preguntó Narcissa, pasando su mano pálida por el cabello del niño. Vio de soslayo que Severus hacía una mueca maliciosa y le lanzó una mirada fulminante. El pequeño asintió bajo su mano, pero no levantó la cabeza.
-Bebé, cuéntanos qué soñaste- Suplicó Draco. -¿ Fue otra vez el hombre malo de los ojos rojos ?
-No-. Murmuró Harry, la voz suplicante de Draco lo sacó de su miedo. –Yo, yo estaba otra vez en mi armario y…mi tío me gritaba q- que ustedes no iban a venir a buscarme..q-que u-ustedes n-nunca me quisieron—p-por-que soy m-malo., s-sucio…m-mo-nstruo..y todo era una buurla…y me hicieron cree q-que me..q-querían.
Severus atrajo al pequeño a sus brazos y se puso de pie, meciéndolo como si fuese un bebé. Draco estaba en los brazos de su madre, ambos susurrando entre ellos. Draco preguntaba en un sollozo lastimero por qué Harry nunca le creía, y Narcissa le explicaba lo mejor que podía porqué Harry sufría de ese modo. No quería mencionarle el abuso, pero supo que no podría esconderlo por mucho tiempo más, esto le estaba costando mucho, también a él.
Sin notar nada de eso, Severus repetía sin cansarse todas las palabras de consuelo que Harry necesitaba. –Nunca vas a volver a la casa de tus tíos, lo prometo, Harry. Vives conmigo, ahora y Draco no dejaría que nadie te lastime, él te ama. Moony también te ama. Tú mereces que te amemos, nos hace felices que tú seas feliz. Nunca te abandonaremos.
-¿ Tú tampoco ?- Preguntó Harry en un susurro somnoliento.
-Especialmente yo…- Admitió Severus, abrazándo al fágil pequeño con más fuerza. –Harry, yo…yo estoy muy feliz de tenerte conmigo y no voy a abandonarte ni a dejar que te vayas. Estás atrapado conmigo por un muy largo tiempo.
-¿ Tú eres realmente mi Papi ?. ¿Cómo…cómo tú no moriste en el accidente de auto con Mami ?- Los ojos verdes de Harry miraron a Severus con confianza y él supo que debía ser muy ciudadoso al responder a esa pregunta.
- Harry, pequeño, tus padres no murieron en un accidente de auto. Los Dursley te mintieron también sobre eso. Mañana, mientras Draco tome sus clases, Moony va a enseñarte todo sobre James y Lily Potter, tus padres. Ellos han muerto, pero te amaron con todo su corazón y no sabían que ibas a vivir con los Dursley cuando ellos ya no estuvieran contigo.
-Ah- Los ojos de Harry se llenaron de lágrimas y Severus sintió que el niño se separaba de él. –Entonces, tú no eres mi Papi.
Su garganta se cerró y suplicó tener la fortaleza de decir lo que Harry necesitaba oir. Se aclaró la garganta y Harry lo miró con ojos heridos y tristes. –Sólo porque tus padres biológicos ya no están, no significa que no hay nadie que te quiera. Tú tienes una familia que te quiere. Está Draco, y Moony; y sé que Narcissa, la Sra. Malfoy también te quiere mucho. Y…y a mi también me gustaría estar en tu familia. Yo…quisiera ser tu…segundo padre…si tú lo quieres.
-¿ Tú me quieres ?. ¿ Tú quieres ser mi Papi ?- Preguntó Harry con completa sorpresa.
-Sí- Respondió Severus, parado, esperando ser rechazado. De allí su completo asombro cuando Harry se inclinó, envolvió su cuello con sus brazos y comenzó a llorar sobre su hombro. -¿ Harry ?
-Gracias por ser mi Papi- Respondió Harry, aún llorando. –Tenía tanto miedo y estaba solo…quería tanto un Papi. Te amo, Papi.
Severus meció al pequeño. –Nunca más estarás solo, Harry. Te lo juro.
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A la mañana siguiente, ambos, Draco y Harry parecían apagados. Estaban cansados y Draco aún trataba de entender todo lo que su madre le había dicho la noche anterior. Sus ojos grises se detuvieron en el niño que llenaba sus pensamientos. Percibió fatiga y una excitación nerviosa; eso era mejor que la depresión de ayer, pero extrañaba la felicidad simple que sólo Harry podía sentir.
-¿ Estás bien, Ray ?- Preguntó Harry con suavidad. Usualmente, él era el último en vestirse.
Draco sacudió la cabeza. –Sí, estoy bien, Bebé-. Y le ofreció una gran sonrisa falsa. Harry le sonrió a su vez y lo abrazó, haciendo que la sonrisa de Draco sea un poco más real. Pero el rubio estaba molesto. ¿ Por qué Harry no sabía que él estaba fingiendo ?. ¿ No podía sentirlo a él dentro suyo como él podía sentir a su Bebé ?.
-¿ Están listos, niños ?- Preguntó Narcissa. Creía que los niños podían ganar un poco de independencia, así que después de prepararles la ropa, los dejó vestirse solos. Draco asintió y Harry le sonrió vergonzosamente. Ella les deseó buenos días y se arrodilló para arreglarles la ropa. –Draco, tú vendrás conmigo a la sala de estar para tus clases. Harry irá al cuarto de juegos para sus propias clases.
-¿ Qué ?- Draco la miró sorprendido. –Bebé se queda conmigo.
- Sólo estaremos en la otra habitación, Dragón.- Dijo Narcissa, firmemente. –Se van a volver a encontrar enseguida, para el almuerzo y después, en las clases de gimnasia.
A los niños no les había gustado la nueva escuela en Alemania. Draco no podía hablar el idioma como hablaba en inglés o en francés, y Harry se había comportado un tanto extraño. Ella esperaba que ahora, que las cosa se habían aclarado con Harry, disfrutarían más. El maestro era un hombre agradable, realmente.
Draco la miró enojado, pero en silencio, apaciguado por el uso de su apodo. Harry comenzó a ponerse nervioso por el enojo de Draco, ofreciéndose a quedarse con él y no ir con Moony. Draco sentía que Harry quería ir con Moony a aprender sobre sus padres, pero, honestamente prefería ver a Draco contento. Draco se relajó y abrazó a Harry.
-Te amo, Harry-. Dijo, y lo besó en la mejilla. –Vé con Moony, te veré despúes, en el almuerzo y en las estúpidas clases de gimnasia.
Harry sonrió dulcemente, besó los labios de Draco, y salió corriendo hacia el cuerto de juegos. Draco lo miraba con ojos felices, pero frunció el ceño. –No comió su desayuno.
-Deberemos asegurarnos de que coma mucho en el almuerzo-. Rió Narcissa. –Obviamente está muy distraído como para comer, en este momento.
-Bien- . Draco resopló y siguió a su madre hasta la cocina.
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Harry se acomodó en las rodillas de Moony. El hombre tenía una caja blanca a sus pies, llena de fotografías. Lentamente levantó una y se la alcanzó a Harry. Se veía a un hombre y una mujer, sonriendo y jugando con un bebé. Él y sus padres. Los ojos de Harry se llenaron de lágrimas. Ellos no parecían, para nada, borrachos o monstruos. Eran hermosos y felices.
Remus comenzó a contarle sobre sus padres cuando estaban en Hogwarts. Le contó cómo James y Lily se conocieron y todo lo que pasó hasta después de su nacimiento. Mencionó la guerra, pero muy vagamente, sólo dijo 'Estaban sucediendo cosas malas', y 'Un hombre malo hacía sufrir a mucha gente'. Le alcanzó más fotografías cada tanto; Harry escuchaba con toda su atención. Ambos lloraban para cuando Remus llegó al momento del relato de la muerte de James y Lily, y nuevamente, trató de suavizarlo lo más posible.
Draco entró a la habitación, le había dicho a su madre que iba a buscar a Harry para almorzar, pero en realidad, sabía que Harry estaba muy triste y confundido. Se acercó a Moony, y después de tirar de su manga, pudo treparse a su regazo, junto a Harry. El pequeño tartamudeó lo esencial para Draco, y él lo abrazó mientras lloraba. Deseaba que los padres de Harry no estuviesen muertos. Si así fuera, su Bebé jamás hubiese vivido con sus tíos, jamás hubiese sido lastimado.
- Vamos, niños-. Remus se sonó la nariz y se limpió los ojos. –creo que es hora del almuerzo. No te preocupes, Harry; hablaremos de tus padres por las mañanas, antes de tus clases.
Severus le había dejado a su cargo las clases de la mañana, porque él no podía estar presente. Draco aprendía cómo comportarse, política, historia familiar, y el manejo de los negocios de la familia. No necesitó aprender a leer y a escribir, ni matemáticas, conservó los conocimientos anteriores al hechizo. Harry, por su parte, sí necesitó volver a aprender a leer y escribir, además, comenzó a memorizar hechizos de ataque y defensa. Severus esperaba que a los siete u ocho años, el niño estuviese listo para comenzar su entrenamiento en duelo.
Los niños almorzaron y Narcissa los llevó a Alemania vía flú. Draco continuaba molesto por no poder hablar el idioma correctamente, pero a Harry no le molestaba la brecha del idioma, acostumbrado por sus lecciones en Francia, y estaba mucho más contento. El rubio se relajó un poco y no se quejó tanto con su madre, como el día anterior.
Quedaba una hora, más o menos, antes de la cena, así que Draco arrastró a Harry al cuarto de juegos. Enseguida, los niños reían y jugaban. Era un alivio, despúes de tantos temas serios de ayer y esta mañana, verlos actuar de acuerdo a su edad. Para cuando Narcissa fue a buscarlos, estaban transpirados, sus ropas desarregladas, el cabello desprolijo; pero ella no dijo palabra, ambos lucían una sonrisa feliz.
Severus estaba complacido con la alegría de Harry, cuando regresó a sus habitaciones esa noche. Jugó un rato con los niños y los bañó, antes de acostarlos. Draco pidió una historia y Harry rió cuando la escoba del cuento, temerosa de las alturas, trató de conseguir un trabajo.
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Los días pasaron sin novedad. Narcissa estaba satisfecha con el arreglo de las las clases para los niños, por la mañana, y separados; por eso, no se llevó a Draco. Los niños aprendían rápido. La tercera cosa favorita para Harry, era aprender sobre sus padres. La segunda, su ritual nocturno con su Papi, y para deleite de Draco, la primera de sus cosas favoritas era el rubio mismo.
El pequeño moreno tenía pesadillas, pero sólo dos veces se despertó a causa de ellas. Draco se despertó primero, y con su voz aguda de niño, le cantó a Harry, abrazándolo hasta que se sintió mejor. La campanilla despertó a Severus y a Narcissa, pero se abstuvieron de ir al cuarto de los niños, pues menos de diez minutos más tarde, ya dormían nuevamente. Harry había sido bien cuidado por su rubio amigo.
Llegó el fin de semana. Los tres adultos planearon una salida, sin que los niños se enteraran. Cuando llegó la mañana del sábado, Narcissa les preparó ropas abrigadas para el viaje. Draco gritó excitado y comenzó a saltar alrededor, demandando saber adónde iban a ir y qué iban a hacer. Harry rió de sus payasadas y comenzó a vestirse.
- Ahora, escuchen- Dijo Narcissa, con firmeza, después de que los niños 'inhalaron' el desayuno. Severus y Remus estaban sentados en sus lugares, alrededor de la mesa, sonriendo ante la felicidad de los niños. –Su Papi y yo nos tomamos mucho trabajo para hacer los arreglos, no hagan que nos arrepintarnos. Hablo en serio, Draco.
-¡ Voy a ser bueno !- Prometió Draco, retorciéndose en su asiento.
- Más te vale-. Le advirtió, señalándolo con su largo dedo. –No se alejen sin uno de nosotros. No rabietas. Se conducirán con respeto. Pueden divertirse, pero sin gritar, y nos escucharán cuando les hablemos.
-Sí, madre-. Prometió Draco, solemnemente.
-Sí, Señora Malfoy-. Respondió Harry.
-Bien, vengan conmigo- Severus le tomó la mano a Harry, Draco le tomó la otra mano al pequeño. Narcissa y Remus los siguieron hacia la sala de estar. Severus se detuvo frente a la chimenea y se arrodilló. –No se quiten estos brazaletes, nos ayudarán a encontrarlos si nos separamos, cosa que no haremos.
-Sí, Papi-. Draco y Harry dijeron al unísono, admirando los aros plateados que se encogieron para ajustarse a sus muñecas.
-Muy bien-. Severus le pasó la mano por el cabello a Harry, desacomodándolo, y apretó el hombro de Draco. El largo cabello rubio de Draco estaba peinado en una trenza ceñida, sabía que él y Narcissa se enojarían si lo desarreglaba. –Yo voy primero, con Harry. Draco, tú sigues, con tu madre.
Levantó al pequeño y arrojó polvo flú al fuego. Un destello de luz verde y desaparecieron. Narcissa los siguió, con Draco, y por último, Remus. Los cinco se encontraron en una gran habitación redonda, sin muebles ni ventanas, pero en el suelo, en el centro del cuarto había una pila de papeles. Aún cargando a Harry, Severus se agachó a levantarlos.
-Tenemos treinta segundos- Informó. Narcissa y Remus colocaron sus manos sobre el papel. Draco le sonrió a Harry desde los brazos de su madre, y Harry rió nerviosamente como respuesta, con los ojos brillantes de excitación. Sin aviso, el papel se activó, sintieron un firme tirón en el estómago y el mundo desapareció en un remolino.
Aparecieron en una habitación similar, pero ésta tenía una puerta en lugar de una chimenea, y un hombre montaba guardia al lado. El hombre revisó los papeles, asintió y los dejó pasar, diciendo, - Disfruten su viaje, Sr. y Sra. Thorpe. Sr. Gardener.
La luz del sol, clara y brillante los encegueció, cuando salieron hacia una calle. Harry se quedó con la boca abierta, maravillado. Draco sonreía de oreja a oreja. Cientos de personas vestidas con colores brillantes, caminaban por una amplia vereda con puestos de feria con toldos multicolores, alineados a lo largo, de ambos lados. Músicos callejeros tocaban canciones griegas tradicionales, vendedores gritaban precios y anuncios en varios idiomas. El sendero era blanco, el cielo de un azul increíble, y el aroma del océano se mezclaba con el de los pasteles y las frituras.
-Bienvenidos a Tesalónica, Grecia, y a la Feria de Intercambio Internacional-. Rió Moony.
Draco luchó por bajarse, y fue depositado en el suelo. Severus puso a Harry a su lado. El pequeño sentía curiosidad, pero temía a la gran cantidad de extraños. Draco le tomó la mano y lo llevó consigo. Harry sonrió dulcemente y puso su pulgar en la boca, dejando que el rubio lo guíe y lo proteja.
Los puestos tenían cosas de todo tipo, la mayoría griegas en origen, pero había cosas de todo el mundo. Vieron ropa, muebles, armas, juguetes; lo que se imaginaran, se vendía en ese paseo. Draco y Harry se detuvieron junto a los músicos con frecuencia, y observaban a la gente que se detenía y danzaba. Draco y Harry se les unían y el rubio reía por la atención que despertaban. Todos pensaban que eran adorables. Harry se ponía rojo con cada halago y corría hacia Severus.
Comieron pasteles, panqueques y carne asada. Compraron cometas y los hicieron elevarse en la playa. El agua era muy azul y la arena blanca brillante. El agua estaba muy fría para nadar en esa época del año, pero los niños se divirtieron igual. Vieron una presentación de marionetas griegas, y era gracioso verlas, aún sin comprender lo que decían.
Draco compró muñecos, títeres y juguetes. Harry no pidió nada, pero aceptó con una sonrisa jubilosa un chal gitano, azul real, con pequeñas monedas doradas en el borde, regalo de Severus. Se lo envolvió sobre el pecho como una toga y hacía sonidos suaves cada vez que Harry se movía. Remus tomó muchísimas fotografías y corría tras los niños cuando pasaban de un sitio a otro. Severus y Narcissa los seguían con un paso más tranquilo, contentos y felices con el día.
Al atardecer, los niños estaban exhaustos. Retornaron a la habitación del traslador, y luego a la de la chimenea. Harry y Draco ya estaban dormidos para cuando llegaron vía flú a las habitaciones de Severus. La cabeza de Harry descansaba sobre el hombro de Severus, su boca rosada levemente abierta, el chal azul todavía tintineó alegremente cuando apoyó a Harry en su cama. Draco fue colocado a su lado, roncando suavemente. Con unos cuantos movimientos de varita, Narcissa les quitó la ropa y los vistió con sus pijamas. Severus le pasó una mano, cariñosamente, por el cabello de Harry y salió en silencio del cuarto. Narcissa lo siguió después de darles un beso a ambos.
Encontraron a Remus dormido en el sillón. Severus rió, después de correr detrás de dos niños de seis años hiperactivos, cualquiera quedaría deshecho, y allí estaba la prueba. Él se alegraba de que el Lobo había estado allí, de otro modo, sería él el exhausto. Narcissa sonrió y se acercó a Severus, le dio un beso en la mejilla y susurró sus buenas noches, dejándolo asombrado. Sí, había sido una buena semana, solamente esperaba que los siete años de los niños fueran tan placenteros.
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¡Hola¡Tanto tiempo!
Agradezco los reviews y la paciencia….
Hasta la próxima.
D.L.
