Esta es una traducción de la historia de Sensibly Tainted, "Growing Pains".

Los personajes originales son de J.K.Rowling, por supuesto.

Creciendo con dolor

Capítulo 14

Harry despertó y se acurrucó en la cama. Draco giró y apartó el cabello negro de la cara de su amigo. Una tristeza profunda y un miedo persistente emanaban del pequeño; al menos esto era mejor que la manera en que Harry se sentía en los últimos días. El aplastante peso del auto-disgusto había disminuido considerablemente.

- ¿ Bebé, qué pasa ?- preguntó Draco cuando escuchó un llanto suave.

- Yo...tuve un mal sueño-. Respondió Harry. Se volvió hacia Draco y tembló contra el pecho del rubio.

- ¿ Sobre qué ?- Preguntó Draco con suavidad.

- Era de cuando...cuando fui al hospital-. Harry volvió sus ojos verdes hacia Draco, rogándole que comprendiera. – Nunca antes había ido al doctor...tía Petunia siempre copió los resultados de Dudley y sólo ponía mi nombre en ellos...en la escuela nunca miraron realmente, no les importaba...

- ¡ Eso es estúpido !- Gritó Draco, indignado.

Harry sólo se encogió de hombros. – No importa, Ray. No me enfermaba con frecuencia, de todos modos...Pero...pero esta vez tuve que ir al doctor...mi...t-tío me había golpeado antes, pero no como esta vez...Nunca tan...tan mal, Ray, casi...casi me m-m-mató a golpes...Tenía tanto miedo.

Draco abrazó a su amigo con fuerza. Estaba furioso. ¿ Cómo se atrevía alguien a lastimar a su Bebé ?. No entendía cómo esto había pasado; pero se hizo la promesa solemne de que no permitiría que nadie lastime a su Harry, nunca más. La voz suave de Harry continuó, y lo sacó de sus pensamientos.

- Yo...yo nunca, realmente...pensé en eso antes...Creía que así era, que yo merecía ser castigado y encerrado en mi armario, pero después que volví del hospital todo fue diferente. Yo estaba aterrado porque...porque sabía que no importaba lo que yo hiciera... M-mi t-tío siempre me odiaría y me lastimaría...No era justo...No me parecía...

Harry se quedó en silencio y Draco adivinó la próxima palabra. –Correcto. No te parecía correcto que tu tío, alguien mucho más grande que nosotros, pudiera lastimarte como lo hacía.

- Sí-. Harry suspiró, hundiendo su cara en el hombro del rubio. –No me parecía correcto, ya no.

- No lo era-. Dijo Draco, con firmeza, separándose del pequeño para poder mirarle la cara, surcada de lágrimas. – No estaba bien. Tú no eres malo, y ellos ya no están aquí y no volverán. Yo estoy aquí, ahora.

- Gracias, Ray-. Harry sonrió y se limpió las mejillas. Sabía que a su amigo le disgustaba cuando él se alteraba y lloraba.

- Vamos, tengo hambre-. Draco sonrió y saltó de la cama.

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Narcissa, Severus y Remus estaban sentados a la mesa del desayuno, esperando a los niños. Narcissa había ido a buscarlos, pero cuando escuchó la seria conversación que estaban sosteniendo, retrocedió. De todos modos, los niños podían vestirse solos. Ya eran lo suficientemente grandes. Severus levantó una ceja cuando ella regresó sin los niños y sin decir palabra. Eventualmente, Draco entró a la habitación con una sonrisa brillante, diciendo en voz alta su 'buenos días'. Harry lo siguió y saludó tímidamente con la mano.

- ¿ Cómo durmieron ?- Remus les preguntó, mientras los niños se sentaban, ya sin necesitar sillas altas. Aunque Harry se apoyaba sobre sus rodillas, porque era demasiado pequeño para alcanzar bien la mesa. Ninguno de los adultos lo mencionó.

- Bien-. Respondió Draco. Su madre le lanzó una mirada y el niño puso los ojos en blanco, antes de dirigirse al hombre lobo y decirle, con estricta formalidad y falsa dulzura. – Dormí bien. Gracias. ¿ Espero que usted pueda decir lo mismo ?.

Harry lanzó unas risitas y Draco levantó su nariz. Narcissa frunció el ceño, pero Remus interrumpió antes de que ella pudiese decir nada. – Realmente, Narcissa, no necesita ser tan correcto conmigo. Espero ser considerado un amigo.

- Es una buena manera de practicar- Argumentó ella. – Los modos son importantes, especialmente para el Señor de la familia Malfoy.

- Sí, ya lo sabemos-. Dijo Draco, con un brillo en sus ojos que hizo que Narcissa se mantuviese en silencio por el resto del desayuno.

Después de comer, Severus se levantó para marcharse a sus clases. Harry levantó sus brazos y él, obedientemente, lo alzó y le dio un abrazo rápido. Draco no pidió lo mismo, pero sonrió sinceramente y le deseó un buen día a su Papi. Severus hizo una leve inclinación y salió de la habitación. Remus sólo se sentó, riendo.

- Vamos, niños. Necesitamos ir a la enfermería para otro control- Narcissa se puso de pie y caminó regiamente hacia la sala de estar y la chimenea. Ahora era muy peligroso para los niños andar por los pasillos ( no podían confiar en que no saldrían corriendo ), así que la chimenea de Severus estaba conectada con la de Madam Pomfrey. Harry y Draco la siguieron, con Remus detrás.

Pomfrey revoloteó y trajinó sobre los niños, realizando pruebas. Draco se sentó erguido, respondiéndole con una educación que hizo sentir orgullosa a su madre. Harry, se sentó también, ruborizándose y escondiendo su cara contra el brazo de Draco con frecuencia. Remus trató de calmarlo, pero Harry no se relajaba. No le gustaban los extraños y sus nuevos recuerdos del hospital, hacían que le disgustara la enfermería con una nueva pasión.

- Bien. Están tan sanos como se puede esperar-. Finalmente, Pomfrey se apartó de los niños. – Aunque Harry continúa por debajo del peso y la altura deseables para su edad; él mide tres pies y una pulgada y media, y pesa sesenta y dos libras y media. Draco mide tres pies y seis pulgadas y media y pesa setenta y tres libras. No encuentro nada fuera de lugar. A Harry aún le falta una vacuna. ¿ Quieren que se la dé ahora ?.

- Eso estaría bien-. Asintió Narcissa.

Los ojos de Harry se agrandaron y se volvió hacia Draco, asustado. Draco frunció el ceño a la enfermera y envolvió los hombros de Harry con un brazo cuando ella levantó uno de los brazos del pequeño y comenzó a recitar un hechizo. Harry comenzó a llorar. Pomfrey terminó y le alcanzó una poción para que beba, asegurándole que ya habían acabado. El niño tragó rápidamente, entre lágrimas, y saltó de la cama, corriendo hacia la oficina y la chimenea. Draco lo siguió, dejando que su madre cumpla el ritual de despedida.

-¿ Quieres jugar ?- Le preguntó a Harry, una vez que Remus los llevó, vía flú a las habitaciones de su Papá.

- Bueno-. Harry sonrió.

- ¡ Te voy a ganar !- Gritó Draco, y salió disparado. Harry corrió tras él, riendo.

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Esa tarde, los llevaron a un maestro de gimnasia nuevo; quien, además, enseñaba artes marciales. Narcissa no había podido llevarlo allí cuando Draco era pequeño, pero había querido hacerlo. Lucius lo había prohibido porque era demasiado muggle, pero ahora, él no estaba.

Draco estaba emocionado, pero pronto notó que Harry no estaba contento.

- Muy bien, chicos. Su madre pagó por clases extras de defensa, de una hora de duración- Sonrió el hombre. Los otros niños los dejaron solos. –Cópienme.

Draco obedeció, bien dispuesto. Quería poder proteger a Harry de los abusadores, y aprender a pelear sería de gran ayuda. Harry copió la postura de su nuevo maestro, obedientemente, pero no estaba tan entusiasmado como Draco. Pelear no era algo que él lograse ver como diversión. Después de treinta minutos de aprender cómo esquivar y bloquear, su maestro comenzó a lanzarle golpes a Draco, lentamente.

El rubio hizo lo que había aprendido y recibió elogios. Cuando llegó el turno de Harry, el niño se paró en el lugar que Draco ocupara un momento antes, y levantó la vista hacia el hombre que les enseñaba. El maestro sonrió tranquilizadoramente, luego su expresión mudó en una de concentración y le lanzó un golpe. Los ojos de Harry se agrandaron y se quedó duro. Su tío se inclinaba sobre él, con su cara púrpura de ira, los puños preparados para golpearlo. Cayó, ovillándose en el suelo y sollozando. Draco corrió a su lado. El maestro retrocedió sorprendido.

- Harry, está bien. Estás a salvo, nadie va a lastimarte-. Prometió Draco, acariciando el cabello del pequeño. Le tomó un rato largo, pero, eventualmente, Harry se sentó y se acurrucó en los brazos de Draco.

- ¿ Estás bien, Harry ?- Preguntó el maestro, con una mirada preocupada en sus ojos oscuros.

Harry asintió y se ruborizó. ¿ Cómo podía ser tan estúpido ?. Él sabía que su tío no estaba allí. Draco no permitiría que nadie lo lastimara. Se puso de pie e hizo una seña diciendo que lo intentaría otra vez. Pero, cuando el maestro se movió tentativamente como para golpearlo en el rostro, sucedió otra vez: gritó y se arrojó hacia atrás.

Draco se paró entre el maestro y Harry. – Terminamos por hoy -. Ordenó.

–Gracias por su instrucción.

El hombre asintió y los dejó solos, tomando lugar al otro lado de la habitación. Satisfecho, Draco se arrodilló al lado de Harry y trató de hacer que abandonara su posición defensiva. Sin éxito. Las olas de terror que emanaban Harry eran demasiado poderosas y Draco no podía llegar hasta él.

- Shhh, está bien, Bebé. Aquí estoy-. Susurró, envolviéndose alrededor de Harry, en actitud protectora. – Vamos. Estás bien, ya hice que se fuera. Vamos, Bebé, sé que tú puedes, cálmate. Estás a salvo.

Harry, aún llorando, se relajó y se movió, de modo que quedó apretado contra el pecho de Draco. El rubio lo sostuvo, con la cabeza justo debajo de su barbilla, sólo estuvo allí, hasta que Harry dejó de llorar. Justo se sentaban, cuando Narcissa entró a la habitación para llevarlos de vuelta a casa. Los niños no dijeron nada mientras ella se despedía y le agradecía al maestro. Él los miró con sospecha y lástima, pero no mencionó a Narcissa el quiebre de Harry.

- ¿ Cómo les fue ?- Preguntó Narcissa, una vez que se encontraron a salvo dentro de la sala de estar de Severus.

- Harry no puede ir a las clases de defensa-. Le dijo Draco. –Lo asusta. Cayó al suelo y se protegió cuando el maestro quiso enseñarle un movimiento. Tiene miedo de ser golpeado.

- Dejaré que Severus decida si continúa o no-. Respondió Narcissa. Harry estaba junto a su hijo, ruborizado y mortificado. Trató de hacerlo sentir mejor. – Harry, no es tu culpa que tengas miedo-. El niño asintió en silencio, pero no se relajó ni la miró a la cara. Draco se paró con una expresión demandante, con las manos en las caderas, pero ella no le dio lo que él quería, no dijo que Harry no tenía que volver. Con un suspiro, dijo. – Tienen una hora antes de la cena. ¿ Por qué no toman un baño ?.

Draco no respondió al principio, luego retrocedió. – Vamos, Harry.

Narcissa frunció el ceño. – Quiero que tomen el baño separados. Son grandes para bañarse juntos.

Harry levantó la cabeza y la miró confundido, sorprendido y desdichado. Draco parecía sólo enojado. –No lo somos.

- No discutas conmigo, Draco-. Advirtió Narcissa.

- Vamos a bañarnos-.Draco le lanzó una mirada iracunda y tironeó de la mano de Harry para que se mueva.

-¡ Draco Malfoy !

-¡ No !- Draco gritó y corrió hacia el baño. Harry parecía temeroso, pero corrió tras su amigo.

Narcissa dio dos largos pasos, pero no fue lo suficientemente rápida. La puerta del baño se cerró con un golpe y no pudo abrirla. Reconoció la magia de su hijo, suspiró sabiendo que no podría entrar. Se alejó, pensando en el castigo apropiado a su comportamiento. En el baño, Harry miraba a su amigo con ojos desorbitados.

-¿ Por qué está enojada ?- Preguntó jadeando.

- No lo sé-. Draco se encogió de hombros, sin cuidado, sus movimientos aún rígidos por la ira. –Vamos a bañarnos.

-¿ Por qué piensa que somos demasiado grandes ?- Harry preguntó mientras se quitaba la ropa. El rubio hacía lo mismo.

- No lo sé-. Draco repitió. –Ella está siendo estúpida.

-¡ Ray !- Harry lo reprendió. –Es tu Mami. No deberías decir eso.

Draco lo ignoró y giró el grifo para llenar la bañera con agua caliente. –Vamos, puedes tener el barco rojo.

- ¡ Bueno !- Harry sonrió. Discusión olvidada. El cuerpo de Draco se relajó mientras miraba cómo Harry entraba alegremente a la bañera y tomaba el bote rojo. Él tomó el azul y comenzaron a jugar. Vapor y risas llenaron el aire.

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- Narcissa...

- No, Severus- Lo miró furiosa, dándose cuenta de que él pensaba como Draco sobre el tema del baño. –Ellos ya tienen siete años, no deberían bañarse juntos, y tampoco deberían dormir juntos. Este tiempo es crítico, también para Harry. Necesitamos incentivar la independencia.

Severus no dijo nada. Remus se mantenía en silencio, parado junto al fuego, mientras él y Narcissa estaban sentados en el sofá. La cena debería haber finalizado para entonces, pero los niños seguían encerrados en el baño, jugando. Podían oír sus risas desde allí. Él sabía que tenía que ser cuidadoso. Narcissa ya había pensado en llevarse a Draco, no podía seguir oponiéndose a sus ideas.

- Muy bien. Necesitan ser más independientes y modestos-. Respondió Severus, finalmente. – Me dijiste que Harry no respondió bien a las clases de artes marciales. Es comprensible, de por sí, es tímido con los extraños, y hacer que alguien lo golpee, no es la mejor manera de incentivarlo. Concuerdo en que tiene que poder defenderse, sin embargo, propongo que después de la clase de gimnasia, Remus traiga a Harry para enseñarle autodefensa. Draco continuaría las clases con su instructor. Eso le dará un tiempo de separación a los niños, y hará que Draco tenga la oportunidad de afirmarse.

- Él no se bañará más con Harry-. Dijo Narcissa, mostrándole que no pensaba retroceder en su decisión.

Severus suspiró. – Les diré que deberán bañarse separados, pero continuarán durmiendo juntos.

- Bien-. Narcissa concordó. – Veré si están listos para la cena.

Remus esperó a que ella deje la habitación, luego se acercó al Profesor de Pociones. –Severus, no puedo cuidar a Harry. Esta es la última noche que puedo quedarme¿ recuerdas ?. Será luna llena en una semana.

Severus vio que el hombre estaba cansado, pero nada más. Salvo la tristeza. Si Remus se atenía a la regla que Severus había establecido, debía irse una semana antes de la luna llena, y eso significaría perderse totalmente a Harry en sus ocho años. Ahora que conocía mejor al hombre, notó que sus exigencias eran un tanto extremas.

- Puedes quedarte hasta el día anterior a la luna llena, y tres días después-. Respondió Severus. – Encontraré alguien para que cuide a Harry los días que tú no puedas hacerlo.

- Gracias-. Dijo Remus, suavemente.

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Draco no era la imagen de la felicidad cuando Severus le dijo que ya no podía bañarse con Harry. Quiso protestar, pero Harry le apretó la mano bajo la mesa. Sintió la inseguridad y el miedo en su Bebé. Harry amaba a su Papi, pero aún dudaba de la continuidad en el cariño de Severus. No quería probarlo. Así que, Draco quedó en silencio, pero les lanzó una mirada furiosa a los adultos. Se sintió mejor cuando Severus dijo que Harry no tomaría las clases de defensa personal, pero siguió enojado con su madre hasta que se retiraron esa noche.

La mañana siguiente, Narcissa continuó con las clases de política, etiqueta e historia de la familia Malfoy. Harry tomó sus clases con Remus. Aprendía cosas diferentes cada día. Algunos días, Remus pasaba horas hablando de James, Lily y Sirius; otros, se enfocaba en lectura y matemática. Ocasionalmente, discutían teoría de la magia. Después del almuerzo, Draco y Harry se trasladaban, vía flú, a su clase de gimnasia. Pasaban dos horas allí, luego Remus buscaba a Harry, y una hora más tarde, Narcissa traía a Draco, de vuelta a casa.

Los niños se bañaban, separados; cenaban, jugaban con su Papi por una hora o un poco más, y se retiraban a descansar.

Severus estaba contento con la marcha de las cosas. Harry parecía más relajado, y su mirada, menos atormentada. Era obvio que aún se sentía herido en mente y espíritu, pero mostraba un progreso notable. Draco era el mismo niño que Severus recordaba. Tal vez, un poco menos egoísta -siempre considerando a Harry en primer lugar- pero eso era una mejora, según opinaba Severus. Si pensaba en lo que podría haber sido la mentalidad de Harry, sin Draco, Harry estaba cada vez mejor.

Pero, Narcissa no estaba tan contenta. No le agradaba cómo Harry consumía la mente de su hijo. Todo pasaba a un segundo plano cuando Harry necesitaba alguna cosa, aunque debía admitir que el pequeño, raramente pedía algo. Y esa, era otra cosa que le molestaba. Harry hablaba muy poco. Draco hablaba por él. Siempre diciendo, 'Harry quiere...Nosotros queremos...A Harry no le gusta...Nos gusta'...Ella se alegraba de que había dejado de decirle 'Bebé', excepto en privado, pero esta conexión no era algo bueno, ni saludable.

Era viernes por la mañana. Harry despertó primero y sonrió alegremente. Saltó sobre su mejor amigo y comenzó a hacerle cosquillas sin misericordia. Draco gritó riendo, y con facilidad revirtió la posición, Harry quedó abajo recibiendo las cosquillas. Cuando ninguno pudo seguir respirando, se detuvieron y se sentaron, ambos con el cabello enredado y desarreglado. Harry rió otra vez viendo como Draco intentaba peinar su largo cabello con los dedos. El rubio sacó la lengua, bromeando.

- Vamos, tengo hambre-. Dijo Draco, alegremente, saltando de la cama y yendo hacia el armario de la ropa.

Harry sonrió. –Tu Mamá se va a enojar por como tienes el cabello.

- Entonces, arréglalo-. Draco se encogió de hombros.

Harry, obediente, se levantó, fue hacia su amigo, y pasó las manos por las sedosas y blancas hebras. Mientras bajaba las manos, la magia se desprendía de sus dedos, y el cabello de Draco se desenredaba y caía como una sábana brillante y suave hasta la mitad de su espalda. Draco le sonrió por encima del hombro y le alcanzó la ropa. Harry se vistió, sin importarle que su mejor amigo las eligiera por él, y lo siguió hasta la cocina.

-¡ Buenos días !- Gritó Draco, ignorando el ceño fruncido de su madre.

- Queremos tostadas con mermelada de fresa.

-¿ Qué quieres tú, Harry ?- Preguntó Narcissa, ignorando a su hijo.

- Lo que dijo Draco, está bien-. El pequeño sonrió y se sentó silenciosamente.

- Tengo hambre, Mami- Lloriqueó Draco, impaciente.

Narcissa no dijo nada mientras preparaba las tostadas. Alrededor, conversaban casualmente, hasta que Severus se levantó para ir a trabajar. Alzó a Harry, abrazándolo y el niño le respondió apretándose contra su cuello. Severus sonrió y lo bajó, saludando con la mano al rubio que le deseaba un buen día a los gritos.

- Ven, Draco-. Narcissa se puso de pie. – Tenemos trabajo que hacer.

- Sí, madre-. Draco besó a Harry en la mejilla y salió de la habitación, siguiendo a su madre.

Harry se volvió hacia Remus y el hombre lobo lo alzó con facilidad. -¿Qué quieres aprender hoy ?- Preguntó, mientras lo cargaba hasta el cuarto de juegos.

- ¿ A dónde vamos ?-Preguntó Draco, frunciendo el ceño. Su madre encendió el fuego y tomó polvo flú. Lo usual era que las clases fueran en el sofá. Sólo usaban el flú para ir a las clases de gimnasia, y era muy temprano todavía.

- He decidido que tendremos las clases en otra parte. Vamos, Draco-. Respondió, llamándolo a su lado, con un gesto de su fina mano. Pero, Draco tenía un mal presentimiento y retrocedió.

-¿ Por qué ?. ¿ Y qué pasará con Harry ?

- No te lo voy a pedir otra vez, Draconis-. Narcissa entrecerró los ojos.

- ¡ Y qué pasa con Harry !- Demandó Draco, nuevamente, esta vez, levantando la voz.

- Desmaius-. Susurró ella, viendo cómo su hijo caía al suelo. – Lo siento, Dragón, pero debo hacerlo-. Lo alzó en sus brazos y lo cargó hasta la chimenea. Desaparecieron juntos en un relámpago de fuego verde. Harry entró corriendo a la habitación, sintió que algo estaba terriblemente mal cuando Draco cayó inconsciente. Vio la habitación vacía y corrió alrededor llamando a Ray a los gritos. Remus lo siguió sin decir nada. Harry buscó en cada habitación, por lo menos tres veces, finalmente, cayó junto a la chimenea, llorando. Remus trató de abrazarlo, pero fue repelido duramente.

-¡ Quiero a Ray !- Lloraba Harry, miserablemente. - ¡ Él me prometió !. ¡ Él PROMETIÓ que nunca me iba a abandonar !

Remus se sentó a esperar, sintiéndose inútil. Después de cuatro horas, finalmente, Harry se durmió exhausto y le fue posible cargarlo hasta la cama. Severus no estuvo para nada contento cuando volvió a casa. Sus ojos negros brillaron con furia y salió disparado de la habitación, en busca de Narcissa, pero sus rastros estaban cubiertos y no pudo encontrar ni una pista de su nueva ubicación. Regresó a sus habitaciones con las manos vacías, poco después de la cena.

Harry estaba sentado junto a la chimenea, con las rodillas contra el pecho, y sus ojos verdes apagados, mirando fijamente al fuego. Severus sintió que su corazón se estrujaba ante la escena, y se acercó en silencio. Se sentó a su lado, pero Harry no se movió ni emitió ningún sonido de reconocimiento.

Severus suspiró y pasó un brazo por sobre los pequeños hombros de Harry.

- Lo siento, Harry-. Dijo, suavemente. – Draco no querría verte tan triste. Él va a volver, y hasta entonces, vamos a tener que cuidarnos uno al otro.

-¿ Por qué se lo llevó ?- Harry preguntó en un susurro. -¿ Hice algo malo ?. ¿ Ella no quería que Draco esté conmigo ?. ¿ Soy malo ? .

- No, Harry-. Dijo Severus con fiereza, odiando a Narcissa en ese momento. Atrajo a Harry hasta su regazo y comenzó a mecerlo. – Tú no eres malo. No es por ti que ella se llevó a Draco. Ella quiere que él sea fuerte, un líder para su familia. Pensó que no estaba aprendiendo lo suficiente, pero eso no tiene nada que ver contigo.

-¿ Por qué no le agrado ?. ¿ Por qué mi tío me odia ?- Preguntó Harry, mientras las lágrimas rodaban por sus mejillas. -¿ Qué hice mal ?.

- Harry, te dije que no es por ti. Le agradas a la señora Malfoy. Cometió un error, es todo-. Severus levantó la cara de Harry para asegurarse que lo escuchara. –Y tu familia... Ellos te odiaban por lo que tú les demostrabas, tú eres bello, poderoso y especial. Por eso se enojaban, estaban celosos. ¿ Sabes lo que eso significa ?.

- Sí-. Harry asintió, aferrándose a la camisa de Severus. Sus ojos traicionaban su desesperación por creer lo que le estaba diciendo, y que Harry no podía hacerlo. – A veces, yo estaba celoso de Dudley, sólo quería que me notaran y me amaran... Y Ray me ama, pero se lo llevó... ¡ No quiero que se vaya, papi !. ¡ Haré lo que sea, por favor !. ¡ Por favor, trae a Ray de vuelta !.

- Harry, haré todo lo que pueda, pero no pude encontrarla-. Severus acurrucó la cabeza del pequeño sobre su hombro mientras lloraba. – Draco no es el único que te quiere, Remus y yo estamos aquí y no nos iremos a ningún lado.

- Ray dijo lo mismo-. Murmuró Harry, tristemente, quedándose dormido.

- Maldita Narcissa-. Dijo Severus en voz baja, contemplando la cara pálida y demacrada de Harry. Más que nada, quería aliviar la pena del niño, pero no podía hacerlo. Y odiaba ese sentimiento. – Maldita.

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- ¿ Qué pasa Weasley ?- Preguntó Vincent, cuando Ron entró al salón oscuro y abandonado. Greg a su lado.

- Malfoy se ha ido-. Respondió Ron. –Desde esta mañana. Harry y Malfoy, habitualmente se van unas horas, por la tarde, pero nunca separados. Pensé que volvería, pero no lo hizo; ni creo que regrese. Pienso que Dumbledore los ha separado, finalmente.

Vincent observó el mapa y vio que Ron decía la verdad. Ni Narcissa ni Draco estaban en las habitaciones de Severus. Harry dormía solo en su cama. Greg compartió una mirada preocupada con su mejor amigo. Ahora que Draco no estaba en Hogwarts, ellos no podían vigilarlo, y eso los preocupaba. ¿ Y si sucedió algo malo con su condición física y por eso lo separaron del Niño que Vivió ?.

-¿ Por qué ahora ?. ¿Por qué los separaron ?. ¿ Crees que pasó algo con Draco ?- Greg le preguntó a Ron.

- No lo sé-. Ron frunció el ceño. – Es sospechoso. Quiero decir, estuvieron juntos casi por un mes. Algo debe haber cambiado para que retiren a Malfoy.

- ¿ Nos harás saber si regresa ?-. Pidió Vincent, suavemente, y sonrió agradecido cuando Ron asintió. –Gracias, Weasley, realmente lo apreciamos.

- No hay problema-. Murmuró Ron, dejándolos.

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- ¡ Esto es tan frustrante !- Gruñó Pansy, colocando la vasija. –¡ No sabemos lo que sucede !

-¿ Y qué más podemos hacer ?- Preguntó Greg, mientras encendía las velas colocadas en círculo sobre el suelo, alrededor del visor.

- Nada-. Respondió Vincent. – Esperemos poder descubrir dónde está Draco por el trasfondo de la imagen.

- Hagámoslo-. Pansy se acomodó. Los chicos se sentaron y ella comenzó con el hechizo de activación.

El agua de la vasija permaneció clara. Pero una vez que Pansy se quedó en silencio, la superficie comenzó a ondear. Observaban, con los ojos fijos en el agua. Lentamente, las ondas se detuvieron y vieron en la superficie del agua, a Draco. Era niño, tendría alrededor de siete años. Tenía los ojos cerrados, dormía pacíficamente en una pequeña habitación. La cama parecía una cama normal, y el cubrecama era un lujoso edredón. De pronto, la cara del rubio se frunció, lucía incómodo, y rápidamente la incomodidad se volvió angustia. El niño se irguió de un salto y buscó con la mirada, frenéticamente, alrededor del cuarto, pero estaba vacío. Pansy observó horrorizada, cómo su mejor amigo juntó la rodillas contra su pecho, meciéndose sobre la cama, con lágrimas rodando por sus mejillas pálidas.

Harry se despertó de una pesadilla, gritando. Su corazón se aceleraba y los monstruos que vivían en las sombras de la habitación, lo acechaban. El cuarto era demasiado grande. Las cosas podían alcanzarlo. Gritó otra vez, viendo cómo los monstruos con garras intentaban alcanzarlo. Severus entró corriendo a la habitación, hacia el niño aterrorizado. Harry se retorció en sus brazos, pero se tranquilizó cuando reconoció a su Papá.

- Está bien, Harry-. Prometió Severus, abrazándolo. –Sólo fue un sueño. Yo estoy aquí.

- Papi…- Harry sollozó. -…haz que se vayan…

-¿ Quiénes ?- Preguntó, acariciando el cabello de Harry y despejando su carita dulce.

- Los monstruos-. Dijo Harry, lastimosamente. – No dejes que me lastimen.

- No los dejaré-. Prometió Severus, acunando al pequeño que lloraba, contra su pecho desnudo. Sin cuidado, se colocó el cabello tras las orejas, ya alcanzaba sus hombros. Cuidadosamente levantó a Harry, sabiendo que no podría dormir allí, y lo cargó hasta su habitación. El niño se acurrucó en las sábanas negras de su enorme cama, y cuando Severus se acostó, se acurrucó contra él.

Harry se quedó dormido, eventualmente, pero se despertó una vez más, de otra pesadilla que no pudo recordar. Severus lo mantuvo abrazado hasta que volvió a dormirse. Él se quedó allí, mirando el cielo raso, preguntándose cómo llegó a esto. Había un niño- el hijo de su enemigo¡ nada menos! – durmiendo a su lado, en su cama. Y lo más increíble, era que él abrazaba al niño, protegiéndolo, y que la única cosa en su mente eran modos de devolverle la paz a la mente y al corazón de su niño. Difícilmente podía creer los sentimientos posesivos y de protección que surgían en él como un torrente. Ni siquiera sus Slytherins lo hicieron sentir de ese modo. ¿ Qué iba a hacer ?.

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Terminaba el viernes. Ron, Hermione, Ginny y Neville se dirigieron a la oficina del Director, para escuchar el reporte del progreso de Harry. Ron no se sorprendió cuando Dumbledore no mencionó la desaparición de Draco. De hecho, Ron sospechaba que Dumbledore no sabía lo sucedido, y esto lo enfurecía. ¡ Nunca debieron dejar a Harry al cuidado de Snape !. ¿ Quién sabe qué más hizo ese Slytherin, que el Director desconocía ?. ¿ Pero, qué podía hacer él ?. Si hablaba, tendría que explicar por qué no había revelado que el mapa estaba en su poder – sin mencionar cómo lo había conseguido- ; pero Harry podía estar en problemas, y él era el único que lo sabía, y podía ayudarlo.

Ron levantó la cabeza y llamó la atención de todos. -¿ Qué sabe sobre Malfoy, Profesor ?. Él ya no está con Harry. Sólo quiero saber por qué.

Dumbledore miró al joven Gryffindor. -¿ Cómo lo sabes ?. Yo no estoy al tanto de la ausencia del Señor Malfoy.

- Tengo el Mapa de los Merodeadores, Señor.- Admitió Ron. – Malfoy no está en el castillo desde ayer por la mañana. Nunca estuvo tanto tiempo separado de Harry, y me preocupa.

-¡ Ron !- Ginny gritó, asombrada. -¿ Por qué no nos informaste ?

- Ustedes ya sabían dónde estaba Harry-. Contestó Ron con una mirada furiosa. –No vi la necesidad de avisarles que encontré el mapa.

-¿ Y dónde lo encontró, Señor Weasley ?- Preguntó Dumbledore.

Ron se ruborizó. – Encontré un potente hechizo convocador en la biblioteca. Lo usé para convocar el mapa, fui el más sorprendido cuando funcionó, realmente.

- Sí, bueno…- Dumbledore rió. – Una gran necesidad puede darle una gran fuerza a un hechizo.

- No puedo creer que no nos dijeras nada-. Murmuró Hermione, con una mirada herida en sus ojos marrones.

- No nos hablábamos en ese momento¿ recuerdas ?.- Espetó, y Hermione quedó en silencio. También los otros.

- Muy bien. Voy a averiguar qué pasó con el Señor Malfoy-. Dijo Dumbledore. –Vuelvan mañana por la tarde.

- Gracias, Director-. Dijo Neville, viendo que nadie pensaba hacerlo.

- De nada-. Respondió Dumbledore, despidiendo a los estudiantes.

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Harry levantó sus brazos hacia Severus cuando el Profesor de Pociones entró a sus habitaciones. Severus alzó al niño y Harry apoyó la cabeza en su hombro, ignorando el olor que emanaba de su túnica negra. Remus se paró en la entrada a la cocina, con una mirada triste y cansada. Severus hizo un gesto con su barbilla, para que se sentaran en el sofá.

- ¿ Cómo estuvo hoy ?

- No habló ni una vez-. Respondió Remus. Se sentó frente a Severus, para que pudiera verlo fácilmente. Severus apretó su abrazo sobre Harry, y Remus sonrió.

-¿ Comió ?.

- Sí, pero no lo que comería normalmente. Participó en sus clases, pero sólo escribió las respuestas. Me dejó llevarlo a su clase de gimnasia, pero cuando estuvo seguro de que Draco no iría, quiso volver a casa. Me disculpé con el maestro y lo traje de vuelta.

- Está bien-. Severus miró a Harry, pero el pequeño tenía la carita escondida contra su cuello. Trazó círculos tranquilizadores en su espalda, pero se tensó cuando el fuego llameó. La cabeza de Harry se levantó, y sus ojos brillantes observaron esperanzados. Se derrumbó contra el pecho de Severus, otra vez, cuando vio que se trataba de Dumbledore.

- Severus, hijo mío¿ qué sucedió ?- Preguntó el Director, sentándose junto a Remus. El hombre lobo le hizo lugar, sin decir nada.

- Narcissa se llevó a Draco. Creyó que no aprendía lo suficiente en este ambiente, especialmente considerando sus obligaciones próximas como Señor de la famila Malfoy.

- Ya veo-. Los ojos de Dumbledore se detuvieron en la cabeza de Harry.-¿ Cómo lo está tomando ?.

- Mal-. Respondió Severus, en tono neutro, pero la mirada dura en sus ojos, le dijo a Dumbledore todo lo que necesitaba saber.

-¿ Por qué no me lo dijiste antes ?

- Esperaba que para este momento, ya hubiesen regresado. ¿ Cómo lo supo ?. Planeaba pasar después de acostar a Harry.

- Tengo mis maneras-. Dumbledore lo miró con los ojos brillantes, y sonriendo. Severus respondió con una mueca de disgusto, y él cambió de tema rápidamente. – Te ayudaré en la búsqueda.

- Esa no es la mejor idea-. Respondió Severus, de mala gana. – No queremos guiar a nadie hasta ellos.

- Comprendo, hijo mío-. Dumbledore se puso de pie. – Espero que pronto te sientas mejor, Harry. Si alguno de ustedes necesita algo, saben dónde encontrarme.

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Draco lanzó una mirada furiosa por la ventana, hacia fuera de su habitación. Tenía círculos oscuros bajo los ojos, y estaba hambriento. Había dormido mal, y cuando el sol apareció, finalmente, buscó a su madre. Sabía lo que había sucedido. Ella lo había llevado lejos, y él estaba furioso. Aún podía sentir a Harry, pero instintivamente sabía que su Bebé estaba muy lejos. Interiormente se retorcía de miedo ante ese sentimiento, pero su madre no lo escuchaba.

Había gritado, demandado, ordenado, y, eventualmente, suplicado, que lo lleve de regreso con su Papá y con Harry, pero su madre no lo hizo. Así que se encerró en su habitación, rehusándose a comer o a estudiar sus lecciones. Narcissa lo había dejado, diciéndole que sólo volvería a ver a Harry cuando cumpliera con sus clases.

Suspiró nuevamente, mirando fijo hacia la noche. No tenía idea de dónde estaba. Sólo sabía, vagamente, hacia dónde quedaba Hogwarts. No tenía modo de regresar a Harry, él solo. Lo único que le quedaba era hacer lo que su madre decía, y esperar a que lo lleve de regreso. Su mirada se endureció. La obligaría a hacerlo. Actuaría como el hijo y el Señor perfecto, y ella estará obligada a cumplir con su promesa. Y él no permitirá que vuelva a llevarlo. No lo haría. Una vez que regrese con Harry, él la desterraría de su lado. Nunca le perdonaría lo que les hizo.

Levantó la mano hasta su pecho y sus dedos se curvaron con fuerza sobre la tela, casi desgarrándola. Sentía allí, la pena devastadora de Harry; y él haría que esa pena se desvanezca. Haría que Harry se sienta bien, otra vez. – Ya voy, Bebé. Sólo espérame un poquito más, ya voy-. Prometió, finalmente yendo hacia su cama.

El juego comenzará mañana, y él vencerá a su madre. Ni siquiera ella lo detendrá. Él era el señor Malfoy, después de todo, y nadie le niega nada al Señor Malfoy.

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El sábado y el domingo pasaron lentamente. Harry permaneció en silencio, pero sonrió y jugó tranquilamente con su Papá. Severus nunca dejó su lado, y cada noche, le permitió dormir con él. Eso no detuvo las pesadillas, pero suavizó sus efectos al despertar. Remus no estaba allí para ayudarlo, el viernes se había retirado, para prepararse para la luna llena del sábado por la noche, y no regresaría hasta el lunes. Pero estaba bien, pues Harry sólo quería a su Papá.

Draco pasaba un momento aún más duro, porque no tenía a nadie que lo consuele, nadie en quién confiar. Actuaba en forma huraña, pero hacía lo que su madre le pedía. Obedecía, fría y educadamente. Los resultados de su trabajo eran excelentes, forzándose a cumplir todo perfectamente, aún cuando se sentía cansado y enojado. Se despertó cada noche con Harry, y le tomó todo su autocontrol esconderle a su madre cómo se sentía realmente, pero lo hizo. Podía ver cómo crecían su aprobación y su orgullo. Ansiaba no tener que esperar mucho tiempo más.

La medianoche se aproximaba lentamente, Severus observaba a Harry con preocupación. ¿ Qué sucedería cuando los niños crezcan un año, separados ?. No podía creer que Narcissa se arriesgara de este modo. Draco saldría tan lastimado de esto, como Harry. Sus manos vagaron hasta que palparon las formas de las pociones que tenía en sus bolsillos. Tenía varias, pero él quería asegurarse de tener todo lo que Harry podría necesitar si hubiera problemas.

El reloj comenzó a dar la hora, Harry se arqueó sobre la cama, con su cuerpo rígido. Eso fue todo lo que Severus vio antes de ser arrojado por la habitación y golpeado contra la pared. Cayó inconsciente. Draco espejó los movimientos de Harry, a cientos de millas de distancia. La magia golpeaba alrededor, llenaba las habitaciones, mientras un año más, retornaba a sus cuerpos y a sus mentes.

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