Esta es una traducción de la historia de Sensibly Tainted, "Growing Pains".
Los personajes originales son de J.K.Rowling, por supuesto.
Creciendo con dolor
Capítulo 15
Severus fue sacado de la inconsciencia por el sonido de débiles y doloridos sollozos. Se puso de pie y tambaleó hacia la cama. Harry yacía boca abajo. Sus ojos abiertos y llenos de lágrimas; en ese momento su cuerpo sufrió un espasmo y se le escapó otro sollozo. Severus corrió al lado del niño y afectuosamente le acarició la cabeza. Harry lloró desconsoladamente ante el contacto; ¡ todo le dolía !.
-Todo va estar bien, Harry-. Prometió Severus. –Ya regreso, voy a traerte pociones para hacerte sentir mejor.
Giró y salió rápido de la habitación. Él sabía cuál era el problema. Sin Draco, la transformación era mucho menos calma, causaba tensiones musculares y calambres al cuerpo de Harry, que se veía forzado a crecer a paso veloz.
Por suerte, tenía pociones a mano para ayudarlo con eso. Abrió el armario, encontró los frascos que necesitaba y regresó apresurado junto su hijo sufriente.
- Aquí, Harry, toma esto.
El niño lloraba y jadeaba, pero se las arregló para abrir la boca. Severus le administró las pociones y le ayudó a tragar, masajeándole la apretada garganta. Tan pronto como las pociones fueron ingeridas, Harry se relajó y emitió un penoso suspiro. Severus le acarició el cabello y murmuró suavemente que todo estaba bien, que ya todo había terminado.
Tomó unos buenos quince minutos, hasta que Harry se sintió lo suficientemente bien como para levantar los brazos, pidiendo que lo cargue. Apoyó la cabeza en el hombro, envolvió los brazos alrededor del cuello y las piernas alrededor de la cintura de su Papá. – Vamos, te llevaré con Madam Pomfrey-. Dijo Severus, saliendo de la habitación. Sabía que por flú, empeoraría el dolor en cuerpo de Harry, así que recorrió a pie los pasillos del castillo. Harry no hablaba, pero, al menos había dejado de llorar.
- Llegas tarde-. Lo regañó Pomfrey, cuando Severus entró a la enfermería.
- Pasó un mal momento-. Dijo él.
Ella asintió, conocedoramente, y le indicó a Severus que acueste al niño en la cama. Él lo hizo, pero Harry no le soltó la mano, se aferraba a ella y escondía su cara contra el antebrazo de su Papá. Pomfrey le habló suavemente para no asustarlo más, y rápidamente hizo los controles. Chasqueó la lengua por el daño que encontró, y comenzó a realizar encantamientos sanadores, para completar el trabajo que las pociones habían comenzado.
- Listo-. Dijo, satisfecha, una buena media hora más tarde. –Debería sentirse como nuevo, aunque aún me preocupan su peso y su altura. Continúa por debajo del promedio. Sólo creció dos pulgadas y es apenas dos y media libras más pesado.
- Si está repitiendo la altura y el peso de cuando tenía esta edad, tal vez no hay nada que podamos hacer-. Dijo Severus, levantando a Harry, otra vez. - ¿ Te sientes mejor, Harry ?
El niño asintió, su cabello despeinado hizo cosquillas al cuello de Severus.
- Dile gracias a Madam Pomfrey-. Le ordenó.
Harry levantó la cabeza y la saludó con la mano, sonriendo tímidamente. Pomfrey aceptó el gesto. – Por nada, Harry. Si necesitas algo más, no temas venir. Ahora, este es tu premio por ser un buen niño.
Harry aceptó el chocolate pero no lo comió. Severus la saludó con una inclinación y se dirigió a la oficina para regresar a sus habitaciones vía flú.
Remus estaba acostado en el sofá y lucía pésimo. El hombre lobo les sonrió, aunque sus ojos parecían oscurecidos por el dolor. Harry ahogó un grito y se retorció hasta que Severus lo bajó. Inmediatamente corrió junto al hombre lobo.
- Estás lastimado-. Dijo Harry, suavemente, los ojos brillantes y preocupados detrás de los lentes.
- Tu Papá me va a componer-. Le aseguró Remus, y le pasó la mano por el cabello.
-¿ Por qué no ordenas el desayuno, Harry, mientras atiendo a Remus ?
Harry asintió y corrió a la cocina. Severus fue a su laboratorio y retornó enseguida con varias pociones, las que Remus tomó rápidamente, mientras Severus le contaba cómo había sido la mañana de Harry. Remus apoyó el último frasco, y sus ojos se nublaron, preocupados. – Draco debe haber pasado por lo mismo. Piensas que Narcissa...
- Ella le habrá conseguido atención médica-. Severus descartó la preocupación. –Pero, necesitamos encontrarlo.
Remus afirmó con un gesto y quiso levantarse, pero se desplomó. Sus ojos ámbar cayeron sobre el Profesor de Pociones, llenos de sospecha. Severus sonrió sombriamente. – Sí, recién tomaste una poción suave para dormir. Te sentirás mejor cuando despiertes-. Remus gruñó, pero ya estaba dormido antes de poder decir nada.
- Papá, el desayuno está listo-. Dijo Harry desde la puerta. Severus hizo una inclinación, y fue a comer.
Estaban a mitad de la comida cuando Harry habló. –Si Moony está durmiendo, ¿ quién se quedará conmigo ?
- Tienes ocho años, estoy seguro de que estarás bien, serán sólo un par de horas. Remus se despertará antes del almuerzo.
- Muy bien-. Harry sonrió agradecido por no tener que estar con ningún extraño.
- Si necesitas algo, sabes cómo usar el polvo flú. Sólo llama 'Salón de Pociones'.
- Sí, Papá.
Severus movió su varita y convocó unos libros para él. Introducciones para las cuatro grandes asignaturas que ofrece Hogwarts: Pociones, Defensa, Encantamientos y Transformaciones. – Comienza a estudiar estos libros, mientras esperas a Remus.
- Lo haré-. Prometió Harry, tomando los libros. –Que tengas un buen día.
Severus hizo una inclinación y se paró. Estaba en la puerta cuando la voz de Harry le llegó, pequeña y triste. –Papá, ¿ cuándo volverá Ray ?
- No lo sé. Continuamos buscándolo-. Dijo Severus, y lo dejó con el Lobo dormido.
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Harry estudiaba los libros junto a la chimenea. No quería irse, en caso de que Ray volviera. Remus durmió por horas y Harry tuvo hambre, así que fue a la cocina y ordenó el almuerzo. Ray le enseñó que si se paraba en la cocina y llamaba a un elfo, uno aparecería y podría darle la orden. Se sentó a la mesa en silencio, mirando fijamente la silla de Ray.
Un enorme dolor creció en su pecho. Ray le había prometido que iba estar con él y nunca iba a dejarlo. Harry sabía que no era culpa de Ray, que la Sra. Malfoy se lo haya llevado, y todo porque él era un anormal que no merecía la pena. Las voces de los Dursley se elevaron en su mente, mofándose, burlándose. Su nuevo Papá le había dicho que él era bueno, pero...¿ y si estaba equivocado ?. ¿ Y si todavía no vio la maldad en él ?. Tal vez la señora Malfoy la había visto.
La comida apareció y Harry comió mecánicamente. Ahora comprendía. Sí, ahora sí, finalmente. Él no merecía la pena, era un anormal que no merecía ser amado. A Ray se lo habían llevado por su bien. Y su Papá se iría cuando se dé cuenta de la verdad. Se iba a quedar solo, otra vez. Tal vez, hasta lo envíen de vuelta con los Dursley, a donde pertenecía, y a donde sería castigado.
Harry sacudió la cabeza mientras las lágrimas se derramaban por su rostro pálido.No quería creerlo, pero no podía fingir más. Tiró la silla a un lado y corrió a su cuarto, a esconderse bajo la cama. Lloró en silencio, deseando que su Papá lo hiciera de una vez, y lo enviara lejos; deseando que viniera a casa y lo consolara. ¡ Estaba tan confundido, y dolía tanto !.
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Draco gritó y tiró la esfera de cristal contra la pared. Se estrelló.
Se apretó el pecho y cerró los ojos para evitar las lágrimas.
¡ Harry lo necesitaba !. ¡ Él podía sentirlo !. ¡ Y su madre no lo llevaría de vuelta hasta que aprendiera sus lecciones a la perfección !. Dio grandes pasos hacia los estantes y tomó los libros. ¡ Debía apresurarse !
- Espera, Bebé, ya volveré. Te prometo que voy a volver-. Susurró, y comenzó a memorizar los libros de historia de la familia y de política.
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Severus regresó a sus habitaciones después de la cena y frunció el ceño cuando vio que Remus aún dormía en el sofá. -¡ Harry !- llamó, pero no hubo respuesta. Con el corazón en la boca, corrió a la cocina, al cuarto de juegos, Harry no estaba allí. Corrió al cuarto, pero no podía encontrar al niño de ocho años. Controló cada habitación, y no había señales de Harry.
-¿ Severus ?- Preguntó Remus, aturdido, Severus lo había despertado cuando corría hacia el fuego.
-¿ Por cuánto tiempo dormiste ?- Demandó el Profesor de Pociones, girando para enfrentarlo.
- No lo sé-. Remus frunció el ceño. -¿ Qué sucede ?
- No puedo encontrar a Harry.
-¡ Qué !- Remus saltó y olfateó el aire. Severus hizo una mueca de disgusto, pero él lo ignoró. –Está aquí.
Severus siguió al hombre lobo en silencio, y frunció el ceño cuando se encaminó al cuarto de los niños. –Ya miré aquí-. Espetó impaciente.
Remus abrió la puerta y entró. Olfateó una vez más y se agachó sobre sus manos y rodillas. -¿ Harry ?. Sal de ahí.
El niño salió a gatas, de mala gana, y se paró delante de ellos, con la cabeza gacha, sumisamente. Severus sintió que su enojo se evaporaba cuando vio la postura. Algo pasó, y eso borró la mayoría del progreso que había logrado con Harry. Sabía que tenía que ver con la ausencia de Draco, en su mayor parte, pero Harry lo estaba sobrellevando mejor esta mañana, cuando él lo dejó para ir a su clase.
-¿ Harry ?. ¿ Por qué no saliste cuando yo te llamé ?- Preguntó suavemente.
Harry sacudió la cabeza en silencio.
-¿ Qué sucede, cachorro ?. ¿ Estás lastimado ?- Remus levantó la mano para tocarlo pero Harry retrocedió. Remus retiró la mano con tristeza.
-¿ Comiste ?- Preguntó Severus, evaluando al niño. Sus sospechas eran ciertas, Harry permaneció en silencio. –Harry...- Él se arrodilló y lentamente buscó al niño. Los ojos verdes se encontraron con los suyos, y se llenaron de lágrimas cuando Harry fue atraído a un abrazo. El pequeño se pegó a Severus, pero todavía no habló. – Está bien. No tienes que hablar si no quieres. Ven, vamos a comer juntos.
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Narcissa fue al cuarto de su hijo para arroparlo. Draco estaba sentado sobre la cama rodeado totalmente de libros. Ella se había asuastado muchísimo cuando esta mañana, él despertó con dolores severos. Ni siquiera las afirmaciones de los sanadores de que estaba bien la hicieron sentir mejor, así que canceló las clases por el día, para que él descansara. No estaba contenta al encontrarlo estudiando intensamente, aún no se había detenido. Por lo menos, había comido.
- ¿ Sí, madre ?- Preguntó Draco, con el rostro inexpresivo.
Ella suspiró. Draco había estado absolutamente educado con ella desde que se lo llevó. Seguía todas las reglas de etiqueta sangre pura, al dedillo, y eso la lastimaba. Extrañaba sus sonrisas, y cómo sus ojos se iluminaban con amor y con enojo. Quería el perdón de su hijo, pero sabía que eso no iba a suceder en el futuro cercano. De todos modos, ella no se arrepentía de lo que hizo. Haría lo que fuese necesario para protegerlo. Y, permitirle ese cariño enfermizo y esa obsesión con el Niño que Vivió, eso le resultaba inaceptable.
-¿ Madre ?- Dijo Draco, otra vez, con impaciencia creciente en la voz.
- Es tiempo de que duermas, Draco-. Dijo ella, con voz neutra.
El asintió una vez. –Tan pronto como termine esto, iré a la cama.
- Ahora-. Dijo ella con firmeza.
- No-. Respondió él casualmente, volviendo los ojos al libro. -¿ Eso es todo ?
- Sí, Draco. Eso es todo-. Dijo Narcissa cansada, y dejó a su único hijo con sus estudios.
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Pasaron tres días, Harry nunca dijo una palabra y se retraía cuando alguien lo tocaba. Severus y Remus hicieron todo lo que pudieron para ayudar al niño, pero sin saber lo que le sucedía, era algo imposible.
Severus estaba tan desesperado que optó por usar Legeremancia, pero la magia poderosa de Harry lo rechazó inmediatamente. El niño pareció no darse cuenta de la invasión mental, y Severus se alegró por ello. No quería ni pensar en que Harry se alejara más de él.
Draco también estaba pasando un momento duro. Le tomó toda su fortaleza concentrarse cuando el dolor de Harry constantemente lo invadía, pero permanecía frío y hacía su trabajo. Narcissa comenzó a desesperarse, la ira de su hijo no menguaba. Eventualmente, no tuvo opción, y debió cumplir su promesa. Draco había cumplido en todas sus clases perfectamente, y estaba mucho más adelantado que en sus primeros ocho años. Narcissa se rindió y le dijo a Draco que al día siguiente, lo llevaría a visitar a su Papá y a Harry.
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Harry estaba desayunando cuando escuchó el sonido del fuego en la habitación de al lado. Dejó caer su tenedor y corrió. Entraba a la sala de estar cuando Draco chocó contra él, riendo. Cayeron juntos al suelo, en un enredo de piernas. Harry estaba anonadado, sintiendo que su mejor amigo lo abrazaba con fuerza. Difícilmente podía respirar, y no tenía nada que ver con los brazos que lo envolvían. Estaba feliz, confundido, y triste. Amaba a Draco y realmente lo había extrañado, pero sabía que él no merecía ser feliz y que Draco lo abandonaría otra vez.
- No llores, Bebé- Lo tranquilizó Draco, sentándose y atrayendo a Harry contra su pecho. Meció al pequeño, suavemente. – Estoy aquí.
Harry levantó la cabeza del hombro de Draco, sintiéndose culpable por lo mucho que quería que el rubio se quede con él. Miró a la señora Malfoy, sabía que ella conocía la verdad sobre él. El disgusto en su cara cuando lo miró, se lo confirmó. Ella no quería que su hijo se manchara.
- Madre, ¿ por qué no vas a hablar con Moony ?- Preguntó Draco con voz helada.
- Sí-. Remus salió de su asombro. – Niños, ¿ por qué no van al cuarto de juegos ?
Draco asintió de mala gana. Él tenía un plan, y para que funcione, debía quedarse solo en la sala de estar. Bueno, tendría que ser paciente. –Vamos, Harry.
Se paró y tironeó de la mano de Harry. El pequeño lo siguió con la cabeza gacha, sumiso. Entraron al cuarto de juegos, Draco giró y tomó a Harry por los hombros.
- Bebé, mírame-. Harry no lo hizo, así que las manos de Draco dejaron los hombros y se ubicaron gentilmente en las mejillas, levantándole la cara. –Yo no quise dejarte, mi madre me llevó; ella me engañó. Pero, ahora estoy de vuelta y no voy a dejarte, me aseguraré de eso.
- Deberías irte-. Dijo Harry roncamente, hacía días que no hablaba. Sus ojos verdes estaban colmados de una pena profunda, y la respiración de Draco se hizo difícil cuando sintió el dolor de su amigo. –No deberías estar cerca de mí, Ray. Tu madre tiene razón.
- Harry...Bebé...- Draco miró los llorosos ojos esmeralda frente a él, y luchó contra sus propias lágrimas. –Te amo, somos los mejores amigos. Estar lejos de ti no es bueno, para nada, me pone triste y me lastima muchísimo. ¿ Realmente quieres lastimarme ?. ¿ No me quieres más a tu lado ?. Te dije que lo siento.
-¡ No !- Harry se arrojó a los brazos del rubio y comenzó a llorar. -¡ No, Ray, no es así !. Hay algo malo en mi y si te quedas sólo te hará mal a ti. Todos me abandonan, Ray. Mis padres, y luego los Dursley y luego tú. Así debe ser. Yo no merezco ser feliz.
- ¡ Eso no es verdad !- Draco se separó de él y empujó a Harry al suelo. Sus ojos brillaban de furia. –¡ Pensé que te habías dado cuenta de que los Dursley son un montón de grandes mentirosos !. ¡ Ellos te lastimaban y no importaba lo que tú hicieras, y eso está mal !
- No lo sé.- Harry sacudió la cabeza, inútilmente. – No es justo que me castigaran aunque yo hacía lo que me pedían...Pero, tal vez no necesitaban una razón, tal vez yo necesitaba ser castigado porque...porque soy malo, no por lo que hacía, sino por... lo que soy.
-¡ Eso es estúpido, Harry !- Espetó Draco. -¡ Tú eres más inteligente que eso !- Su ira se esfumó cuando Harry se acurrucó en el suelo y comenzó a llorar. Sintió confusión, pena, desesperanza. No había querido lastimar más a Harry. Se arrodilló y lo atrajo a un abrazo afectuoso. – Siento haberte dejado, estuvo mal; y no dejaré que suceda otra vez, ¿ sí ?. Lo haremos mejor, juntos.
- Te amo, Ray- Harry sonrió y lo abrazó con fuerza. –Te extrañé tanto.
- Yo también te extrañé-. Draco sonrió. - ¡ Ahora, a jugar !
Harry sonrió y lo siguió al cofre de los juguetes.
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Severus entró a sus habitaciones con el rostro frío e inexpresivo. Se había quedado sin palabras cuando Remus lo llamó por el flú, para avisarle que Narcissa estaba de vuelta, con Draco. Despidió a su clase y caminó hacia sus habitaciones para tener tiempo de pensar. Por mucho que quisiera insultar a la mujer, y dejarle la cara marcada, necesitaba asegurarse de que se quedara.
- Severus-. Dijo Remus, solemnemente, cuando lo vio entrar. Estaba sentado en el sofá al lado de Narcissa, quien apenas inclinó la cabeza.
- Remus-. Severus respondió fríamente y volvió sus ojos duros sobre su amiga. –Narcissa.
- Harry y Draco están en el cuarto de juegos, ¿ tal vez deba ir a verlos ?- Ofreció Remus.
- Sí, por favor-. Sonrió Severus melosamente.
Remus no necesitó más incentivo y salió apresuradamente de la habitación. Severus miró fijamente a Narcissa.. La mujer le devolvió la mirada. Nadie habló por varios largos minutos. Severus quebró el contacto visual y se dirigió al gabinete donde tenía el brandy y los vasos. Sirvió dos y los llevó, Narcissa aceptó el trago, pero no bebió. Severus sonrió maliciosamente; ¿Temía que la envenenara ?
-¿ Progresa Draco con sus clases ?- Preguntó, casualmente.
- Sí, mucho-. Respondió Narcissa con tranquilidad.
- Me alegro-. Tomó un sorbo. -¿ Puedo preguntarte por qué te fuiste con tu hijo ?
-Tú sabes por qué-. Narcissa le lanzó una mirada helada. –Está obsesionado con ese chico. Es enfermizo y está tomando hábitos que no corresponden al Lord Malfoy.
-¿ Y...mejoró ?- Preguntó Severus con una mueca de desprecio. Narcissa no respondió nada, y eso le dijo a él que estaba en lo cierto, al creer que Draco no mejoró separado de Harry. El sonido de la charla alegre de Draco y las risas de Harry llegó a sus oídos. Remus gritó órdenes para el desayuno y el ruido de utensilios y platos interrumpió la alegre conversación. -¿ Te importaría que nos unamos a ellos ?- Preguntó Severus, a la mujer que tenía enfrente.
- No-. Dijo Narcissa, cortante, y tomó un gran trago de su bebida. Sabía que si se sentaba con ellos, la atmósfera feliz desaparecería.
- Narcissa...- Comenzó Severus.
- No, Severus-. Apoyó el vaso con fuerza. – Es difícil para él, y es mi culpa. No debería haberte permitido que me convencieras a permanecer aquí. Ese chico de allí está sometiendo la mente de mi hijo, convirtiéndolo en su esclavo. No voy a cambiar de opinión. Nos quedaremos esta noche, pero nos iremos mañana por la mañana.
- Narcissa estás siendo estúpida-. Dijo Severus suavemente. –Draco no es un esclavo ni piensa como uno. Nada cambió en tu hijo, excepto que quiere profundamente a su amigo. Ese tipo de cariño no es una debilidad, sino una fortaleza.
- Es vunerabilidad- Espetó ella.
- Ellos se necesitan uno al otro, se apoyan uno al otro-. Corrigió Severus.
- No es verdad-. Ella sonrió con determinación. – Harry necesita a Draco, no a la inversa. Harry no hace nada más que distraer y debilitar a Draco. Para mi hijo, el mundo gira alrededor de ese chico.
Está mal, Severus. No voy a permitir que mi hijo sea usado o domesticado. Eso es lo que tú hiciste. Él podrá aceptar la ausencia de Harry en su vida, sólo tomará tiempo.
- Estás cometiendo un error, y destruyendo a ambos niños-. Severus espetó, con odio. –Nunca pensé que fueras una mujer tonta y voluntariamente ciega, Narcissa. Abre los ojos.
- Están abiertos-. Dijo ella con frialdad. –Veo lo que estás haciendo, viejo amigo.
- ¿ Y qué ves ?- Espetó él.
- Estás sacrificando a mi hijo por Harry. Y puedo comprender la fuerza del amor de un padre por su hijo, pero no voy a permitirte que destruyas a Draco para que Harry sobreviva. Le han sucedido cosas horribles. No deberían haberle pasado, pero no podemos modificar lo que ya pasó. Harry está muerto, Severus. Sólo estás prolongando su muerte y lastimándote en el proceso. No voy a permitir que Draco también se hunda.
- Afuera-. Severus se paró. Parecía que una oscuridad sombría emanaba de su ira. – Ahora, Narcissa.
- No, no dejaré a mi hijo.- Respondió ella con calma. – Si verdaderamente quieres que me vaya, me llevaré a Draco conmigo. ¿ No quieres acortar la visita del amigo de Harry, verdad ?
Los vasos explotaron, y la voz del espía de Voldemort dijo en un tono que hizo que la recorriera el terror. –Vas a arrepentirte de esto-. Giró y salió de las habitaciones, golpeando la puerta tras él. Narcissa respiró temblorosamente y entrelazó sus frías manos en el regazo. Sabía que había llegado muy lejos anunciando la muerte de Harry, pero era la verdad.
El niño fue violado. Cerró los ojos, horrorizada ante el mero pensamiento. Ella no era insensible, pero no había nada que ella ni nadie pudieran hacer. No había modo de recobrarse de semejante vejación y tormento. La vida de Harry ya había sido tomada y si ella no hacía algo, Draco moriría con el Niño que Una Vez Vivió.
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- ¡ Papá !- Gritó Draco, y corrió hasta Severus que entraba a la cocina.
Severus puso sus manos alrededor de los hombros del niño y lo apretó contra su pecho. La cabeza le llegaba cuatro o cinco pulgadas por sobre la cintura, mucho más alto que Harry. –Hola, Draco.
- ¿ Qué tenemos para la cena ?- Sonrió ampliamente. - ¿ Algo especial para celebrar mi regreso ?
- Por supuesto-. Severus levantó la barbilla y empujó al niño de vuelta a su asiento junto a Harry. –Ya hablé con los elfos.
Draco rió y los labios de Harry se elevaron en una sonrisa suave. Severus sintió alivio y una oleada de felicidad lo recorrió, viendo la expresión del pequeño. Hacía mucho tiempo que Harry no lucía tan relajado y alegre. Observó a Narcissa, para ver si la mejoría de los niños suavizaba su decisión, pero ella estaba sentada en silencio, junto a Remus, ignorando a todos, tal como los demás la ignoraban a ella.
Severus se sentó y escuchó la charla feliz de los niños, sobre algún juego que hizo Draco. La voz de Harry había retornado, y Severus sintió que afianzaba su resolución, no dejaría que Narcissa se lleve a su hijo. Remus le captó la mirada y algo le aseguró que coincidía con él y que lo ayudaría. Severus hizo un gesto afirmativo.
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-¿ Estás listo ?- Susurró Draco.
- Sí-. Respondió Harry, lanzándole una mirada dura a la esfera que estaba junto a su cama. – Creo que sí.
Era su trabajo, asegurarse de que las alarmas de la habitación, las que alertaban a Narcissa y a Severus de que estaban despiertos, no funcionaran. Harry había leído teoría mágica, pero no tenía ninguna experiencia. Esperaba que sólo con desearlo realmente mucho, como con el postre de Draco, funcionara. El rubio asintió y abrió la puerta. El pasillo estaba silencioso, todos dormían en sus camas. El tema iba a ser pasar junto a Remus, que dormía en el sofá.
Draco cruzó lentamente la cocina y vaciló en la puerta. Harry se agarró de su camisa, a la altura del final de la espalda, y Draco sintió que sus nervios desaparecían. Él podía hacer esto. Por Harry. Una sonrisa jugueteó en sus labios, contento de que su amigo confiara en él lo suficiente como para estar de acuerdo con su plan. Costó un poco convencerlo, porque Harry no quería abandonar a su Papá, pero Draco le prometió que volverían a ver pronto a Severus. Sólo debían alejarse de su madre, luego harían que su Papá viniese a ayudarlos a esconderse de ella.
- Desea que él duerma-. Susurró, y Harry, obedientemente, arrugó su cara concentrándose. Draco rió en silencio, pensando que Harry lucía zonzo haciendo eso. El niño de ojos verdes le sacó la lengua a su amigo, sonriendo. Draco le tomó la mano.
- Muy bien, vamos.
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-¿ Por qué crees que Draco está de vuelta ?- Preguntó Goyle, después de oír las novedades de Ron.
- No lo sé-. El pelirrojo de Gryffindor se encogió de hombros. Iba a volver a poner el mapa en blanco, pero Crabbe lo detuvo.
-¡ Espera, mira !
-¿ Qué están haciendo ?- Goyle frunció el ceño, viendo a dos puntos que salían del cuarto, pasaban por la cocina, y luego, lentamente atravesaban la sala de estar.
- Parece que están dejando las habitaciones de Snape-. Crabbe estaba asombrado. Eso era peligroso.
- Tal vez tienen hambre-. Ron sacudió la cabeza con una sonrisa. –No me sorprende que sean traviesos a esta edad.
-¡ Vamos, tenemos que buscarlos !- Goyle ya estaba yendo hacia la puerta. – Es peligroso para ellos andar caminando por ahí. ¿Quién sabe quién puede verlos o qué pueden andar haciendo ?
- Sí-. Ron se apresuró, tras él. –Y se supone que nadie debe saber que Harry también está encogido.
- Él no está encogido, sólo es más joven-. Puntualizó Crabbe.
-¡ Cómo sea !- Ron puso los ojos en blanco. -¡ Apúrate, gigantón !
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- ¿ Estás seguro de que sabes adónde estamos ?- Preguntó Harry suavemente. No había preocupación en su voz, sólo curiosidad. El miedo no lo tocaba mientras el rubio le tomara la mano.
- Creo que sí. ¡ Está tan oscuro !- Draco sopló su cabello para sacárselo de la cara, y miró enojado hacia el pasillo. Estaba seguro de que éste era el camino hacia la entrada principal. Harry rió y levantó sus manos, entrelazando sus dedos en los largos cabellos rubios. El cabello se volvió liso y cepillado, luego, lentamente se peinó en una trenza simple y floja. Draco sonrió suavemente y tomó de nuevo la mano de Harry.
–Gracias.
Harry abrió la boca para decir algo, pero no salió nada, sus ojos miraban por encima de la cabeza de Draco, agrandados por el miedo. Draco giró, poniendo a su pequeño amigo detrás de él. Delante de ellos, grandes sombras se asomaron, y él abrió la boca para gritar, pero tenía tanto miedo que no salió nada de su garganta.
-¡ Draco !- Una voz profunda lo llamó. -¿ Estás bien ?. ¿ Qué están haciendo aquí afuera ?
Un rubio alto y musculoso apareció bajo la luz de la antorcha que colgaba por sobre la cabeza de Harry. Draco se relajó, reconociéndolo. Era uno de los Slytherins con los se habían reunido para que vean que él estaba bien. Uno de los que le parecían familiares y seguros. - ¡ Me asustaste !. ¡ La próxima vez debes hacer algo de ruido !- Espetó, dirigiéndose al chico mayor y más grande.
Pero el hecho de que su tamaño sea pequeño, pareció no impedir su habilidad de intimidar al Slytherin. El rubio se quedó quieto y sonrió avergonzadamente. –Lo siento, Draco.
- ¡ Harry !- Ron se adelantó y se arrodilló ante Draco, con su atención en el niño escondido detrás. -¿ Estás bien ?. ¿ Por qué dejaste las habitaciones de Snape ?- Quiso tocar a su amigo, pero Harry se retrajo y sollozó.
-¡ Déjalo !- Ordenó Draco, cortante, y luego sonrió con desprecio. –Obviamente él no quiere que lo toques.
Ron frunció el ceño y abrió la boca, pero Crabbe apoyó una mano en su hombro y negó con la cabeza. Eso hubiese enojado aún más al pelirrojo, pero sucedió porque notó que el Slytherin no quiso ordenarle, sólo aconsejarlo. Gruñendo, se paró y permitió que los Slytherins hablen con su príncipe, pero sus ojos jamás dejaron de mirar a Harry.
-¿ Qué están haciendo, Draco ?- Preguntó Crabbe.
- Escapando. Mi madre está causando problemas. Vamos a escondernos, y luego sólo Papá va a saber dónde estamos. Tal vez, Moony también. Ustedes nos ayudarán llevándonos a la entrada principal, y luego no le dirán a nadie que nos vieron.
-¿ Papá ?- Ron resopló, riendo. Crabbe y Goyle lo ignoraron.
- Es peligroso...- Comenzó Goyle.
- Seremos cuidadosos-. Draco se encogió de hombros. – Tengo que hacer algo o ella va a separarme de Harry otra vez.
- Me sorprende que te importe tanto, Malfoy-.Ron le lanzó una mirada furiosa al niño.
-¿ Quién eres tú ?- preguntó Draco en tono helado. -¿ Qué estás haciendo
aquí ?. Es obvio que nadie te quiere cerca.
-¡ Cállate !. Harry sí me quiere cerca, soy su mejor amigo !- Ron gritó acaloradamente.
-¡ El es mío !- Gritó Draco, ferozmente. -¡ Dile, Bebé !. ¡ Dile que quieres que se vaya !
Harry estaba anonadado, mudo. Todos los gritos, y los chicos extraños, Y dos de ellos le recordaban a su tío, yodo era demasiado para él, y no encontró su voz. Pero quería que los extraños se vayan, y si lograba que por lo menos uno lo hiciera...¡ Ni modo se iría con el pelirrojo extraño !. ¡ Él quería a Draco ! Así que Harry se inclinó y le besó la mejilla a Draco, luego volvió rápidamente atrás. Draco sonrió ampliamente, triunfante.
- Adiós, adiós- Saludó con la mano al asombrado Gryffindor.
Crabbe tomó gentilmente el brazo de Ron y lo alejó un poco, mientras Goyle arreglaba con Draco, los detalles del pequeño escape.
-¡ Yo no voy a dejarlos a ustedes solos con Harry !- Dijo Ron, con calor.
- Lo sé- Crabbe se encogió de hombros. – Yo sólo creo que Harry no te recuerda, y que deberías quedarte callado. Sólo lograrás molestarlo, y no querrás que los primeros recuerdos que tenga de ti sean malos.
-¿ Y cómo Malfoy los recuerda a ustedes dos ?
- Te dijimos que Snape y la señora Malfoy lo trajeron a una reunión, antes de que, supuestamente, dejaran el colegio. Allí nos conoció.
Ron se cruzó de brazos, petulante, pero acordó quedarse callado. Crabbe sonrió y volvió con su amigo y líder. Goyle asentía y Draco ordenaba. Crabbe sacudió la cabeza, algunas cosas nunca cambiaban. Luego sus ojos se desviaron al niño evidentemente asustado, que Draco protegía. Tal vez, algunas cosas sí cambiaban. Nunca pensó que iba a ver esa expresión vulnerable e indefensa en la cara de Harry Potter.
-¿ Bueno, qué están esperando ?. ¡ Muévanse !- Dijo Draco, con altanería, levantando la nariz al aire.
Los tres adolescentes sabían que si dejaban los terrenos de Hogwarts, las barreras de protección tendrían memoria de su huida. Pero no sería así si usaban los pasajes bajo tierra. Goyle había visto el mapa suficientes veces como para saber que había algunos. Consultó a Ron brevemente, y decidieron usar el que conducía a Honeydukes.
Los cinco, hicieron en silencio el camino hasta la bruja tuerta y jorobada. Ron dijo la contraseña y entraron al oscuro pasaje. Harry sollozó y Draco le lanzó una mirada enojada a Crabbe, hasta que conjuró una luz. Harry se relajó, ahora que podía ver, y siguió a Draco muy de cerca. No quería a ninguno de los chicos extraños a sus espaldas, así que se colocó al final, haciendo que los tres tomaran la delantera.
El dueño de Honeydukes no se despertó cuando los chicos entraron a su sótano y a la tienda. Los adolescentes se quedaron helados cuando de pronto, se dieron cuenta de que este era el final. No podían abrir la puerta principal sin que la alarma suene, y tratar de realizar un hechizo para desconectarla, también la haría sonar. Se miraron uno al otro, sintiéndose estúpidos por no haberlo pensado antes.
-¿ Por qué nos detenemos ?- Demandó Draco, en un susurro.
Ron lo miró con enojo, pero Goyle habló. –Hay una alarma en la puerta. No podemos salir.
-No hay problema-. Draco resopló y se volvió hacia Harry, expectante.
Crabbe abrió la boca para prevenirle que no use magia, pero se quedó estupefacto cuando el pequeño cerró los ojos. La magia salió de él en ondas, era tan fuerte y pura que los tres chicos pudieron, literalmente, sentir que pasaba a través de ellos como una sábana de agua helada. Eso pasó rápidamente, la puerta se abrió en silencio. Los ojos verdes se abrieron y Harry se apoyó cansadamente en el abrazo de Draco.
- Necesitamos ir a algún lado a descansar-. Decidió Draco, mirando a Goyle y esperando respuetas, pero los adolescentes estaban muy asombrados y no podían moverse. Draco resopló con desdén y ayudó a Harry a salir de la tienda. Tan pronto como los niños dejaron de estar a la vista, los chicos reaccionaron y corrieron tras ellos.
- Serás reconocido por aquí-. Crabbe le dijo a Draco, frunciendo el ceño.
- Está la Casa de los Gritos-. Ofreció Ron. –Está vacía.
- Muy bien-. Draco asintió con aire ausente. Su atención estaba en su amigo, que comenzaba a tropezar, exhausto.
- Yo lo cargaré-. Ofreció Goyle y se inclinó sobre el pequeño, pero tan pronto como sus manos tocaron los hombros de Harry, el niño retrocedió con un grito asustado. Draco empujó las manos del Slytherin y se agachó al lado del pequeño.
-¿ Estás bien, Bebé ?- Preguntó gentilmente, acariciando sus cabellos sedosos.
Harry hundió su cabeza en el pecho de Draco, como respuesta.
- Necesitamos salir de la calle-. Dijo Crabbe, incómodo. Ron lanzaba miradas asesinas a la espalda del rubio.
-¿ Puedes caminar, Harry?. No voy a dejar que te toquen otra vez. Lo siento-. Lo ayudó a ponerse de pie. El niño se las arregló para caminar, pero lentamente. No obstante, nadie dijo nada al respecto.
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Los adolescentes no se habían sentido bien al dejar a los niños solos en la Casa de los Gritos, pero no tenían elección. El plan consistía en volver al colegio y actuar como si todo fuese normal. Ese sábado correspondía con el fín de semana de Hogsmeade, irónicamente; pero Greg no iría, en cambio, se quedaría en el castillo, y si tenía oportunidad de hacerle saber dónde se encontraban los fugitivos al Profesor Snape o al señor Lupin, lo haría.
No estaba teniendo mucha suerte, no podía encontrar a ninguno de los hombres.
Hasta entonces, Ron condujo a sus amigos a la casa, mientras Vince hizo lo mismo con Pansy. Ambos grupos se encontraron justo afuera, y se embarcaron en una gran pelea. Ron estaba furioso porque Vince confiaba en Pansy, siendo que ella obviamente causaba problemas. Hermione y Ginny le gritaban a Ron, porque les había contado la novedad a los Slytherins en primer lugar. Neville observaba sin poder hacer nada, y cuando notó que estaban llamando demasiado la atención, se las arregló para llamar a una tregua y guiarlos a todos fuera de la vista, y dentro de la casa.
-¿ Quiénes son ellos y qué hacen aquí ?- Demandó Draco, con los brazos cruzados, tan pronto como entraron.
- Esos son amigos de Harry-. Dijo Vince, de mala gana.
-¿ Los conoces, Harry ?- Preguntó Draco, mirando por sobre el hombro, al niño que tenía detrás. Harry negó con la cabeza. –Lo escucharon. Váyanse-. Volvió su atención a la chica rubia. – Hola, Pansy-. Y luego a Vince.
-¿ Nos trajiste comida y agua ?
-¿ Harry, estás bien ?- Dijo Hermione entre lágrimas.
Ginny se arrodilló. – ¡ Ustedes dos son taaaan lindos !
Eso captó la atención de Draco, que sonrió despreciativamente. –Por supuesto que lo soy.
- Aquí tienen-. Vince agrandó una bolsa con comida y se la alcanzó.
Después de una confusa charla y algunas maniobras, se sentaron en el suelo, en semicírculo. Harry se sentó al final, con Draco entre él y los extraños. Estaba sentado tan cerca del rubio, que prácticamente estaba en su regazo, y Draco tenía un brazo alrededor de sus hombros, y aunque su atención estaba en todas partes, ocasionalmente masajeaba la espalda del pequeño, para calmarlo. Ninguno habló en voz alta, después de que Harry se ovillara sollozando, cuando Ron y Pansy comenzaron a gritarse uno al otro.
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Severus entró a la sala de estar. Narcissa iba sobre sus talones, y Remus unos pies detrás. El aire alrededor de los tres era pesado por la tensión. Cuando Narcissa notó que su hijo se había ido, inmediatamente culpó a Severus, diciendo que él los había escondido. No lo escuchó cuando le aseguró que no era así y continuó gritándole que saliera de su camino.
Remus estaba casi destruído por la preocupación. ¿ Dónde podrían estar los niños ?. Habían buscado por todo el castillo y no los encontraron. Dumbledore les aseguró que las barreras no registraron su salida de los terrenos de Hogwarts. Remus tenía la sensación de que olvidaba algo. De pronto cayó en la cuenta y ahogó un grito. ¡ Los pasajes secretos !. ¡ Dónde tenía la cabeza !. Estaba tan preocupado…no importaba, ahora recordaba. Giró, dejando que Severus y Narcissa siguieran intercambiando amenazas.
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Los adolescentes se callaron cuando la cabeza de Harry se levantó. Había estado descansando tranquilamente sobre el hombro de Draco, desde que terminaron el almuerzo. La cara del niño se iluminó con una sonrisa y sus ojos descansaron en las sombras del fondo de la cabaña. Los chicos saltaron sobre sus pies, con la varitas levantadas. Draco resopló y sonrió con aires de superioridad cuando Remus salió de las sombras que escondían la puerta del sótano. Harry se paró y corrió hacia él.
- Estuve terriblemente preocupado, cachorro-. Regañó, apretando al niño con fuerza. –Aunque puedo ver que estás bien protegido-. Agregó, mirando a los seis adolescentes y sus varitas.
Draco lanzó una mirada enojada y se puso de pie. –Yo no dejaría que nada lastime a Harry.
- Sé que tú no lo harías-. Remus lo tranquilizó. –Pero hay gente mala, allí afuera.
-¡ Ya lo sé !- Draco dio un golpe con su pie. –Pero teníamos que huir o mi madre me llevaría, otra vez.
Remus sonrió y soltó a Harry. El niño se volvió hacia Draco y le extendió la mano. El rubio fue hacia él, de mala gana, pero su molestia se desvaneció apenas el pequeño le tomó la mano.
-¿ Puedo preguntar qué están haciendo ustedes aquí ?- Remus les preguntó a los chicos. Los Gryffindors lucían avergonzados, y los Slytherins no expresaban nada.
–Severus va estar furioso-. Dijo Remus, con una sonrisa comprensiva.
-¿ Papi está enojado conmigo ?- Harry habló por primera vez, con una vocecita pequeña y en un tono agudo. Los Gryffindors casi gritaron y se desplomaron de asombro, al oír cómo Harry llamó al Profesor de Pociones.
Remus lo miró solemnemente, ignorando a los otros. – Temo que sí. Él te ama, y tú, realmente, realmente lo asustaste al desaparecer. Él piensa que alguien malo te tiene y te está lastimando.
- Pero, no podíamos decirle antes de irnos, porque mi madre hubiese sospechado- Draco defendió su plan, cuando sintió el miedo y la tristeza de Harry.
– Él no va a estar enojado cuando vea que estamos bien y le contemos.
- Así lo espero-. Remus sacudió la cabeza y luego los abrazó a ambos contra su pecho, una vez más. –Merlín, estoy tan contento de verlos a salvo.
-¿ Señor, qué sucede ?- habló Hermione. -¿ Por qué Harry y Draco llaman 'Papá' al Profesor Snape ?
-¿ Y por qué Draco llama 'Bebé' a Harry ?- Dijo Ron, enojado.
Remus suspiró y se enderezó, sus manos permanecían apoyadas en las espaldas de los dos niños. –Temo que tendrán que preguntarle al Director o a Severus.
-¡ Pero, Profesor !- Ginny y Hermione protestaron.
- No-. Remus hizo un gesto negativo. –Ustedes son amigos de Harry, pero eso no significa que tengan que saber todo. Deberían preocuparse más por lo que es mejor para Harry, y no en lo que ustedes quieren. No voy a responder a sus preguntas.
El silencio asombrado fue roto por una voz sedosa. –Estoy impresionado, Lobo. No pensé que fueras capaz.
-¡ Papá !- Draco gritó y giró hacia las sombras.
- Severus-. Remus estaba igualmente estupefacto. La habitación estaba demasiado sucia como para oler al hombre cuando se acercó, y la charla y los ruidos de la casa, cubrieron el sonido de sus pasos ligeros.
Los ojos oscuros ignoraron a los adolescentes en la habitación, se movieron de un niño al otro. Draco no temía. Estaba confiado en que había hecho lo correcto, lo que había que hacer. Harry no estaba tan sereno. Sus ojos aterrorizados y su cara pálida. Severus observó al Lobo, con Draco parado cerca, a su lado; Harry apretado contra sus piernas. El hombre lobo, inconscientemente los confortaba con sus manos apoyadas en sus espaldas. Su rostro lucía cansado, pero su cuerpo era fuerte, y sus ojos brillaban aliviados. Lucía bien con los niños. Severus sacudió la cabeza para liberarse de esos pensamientos extrañamente agradables.
-¿ Qué sucede aquí ?- demandó Severus, sus ojos cayeron otra vez en Draco, sabiendo que la respuesta vendría de él.
Y el rubio explicó nuevamente porqué hizo el plan de la huida, y todo lo que sucedió desde la noche anterior. Cuando el niño quedó en silencio, toda la habitación se tensó, esperando la respuesta de Severus. La mirada de Harry era la más intensa. Parecía que esperaba que cayera el hacha, no había esperanza en sus profundos ojos esmeralda, y la intensidad de su desesperanza hizo temblar a Draco, y lo obligó a apretarse contra las piernas de Remus, buscando apoyo.
- Puedo respetar tu decisión de proteger a Harry. Creo que, honestamente, sopesaste las consecuencias de tus actos y las consecuencias de no actuar, y juzgaste que era mejor hacer algo. Confío en ti para proteger a Harry, pero lo inexcusable, fue no informarme de tu plan. Podría haberte ayudado, y considerar si era necesario engañar a tu madre, podía hacerle creer que no tuve que ver en la huida, soy perfectamente capaz de ello.
- Lo siento, Papá-. Draco bajó los ojos.
- Espero que en el futuro, no vuelva a pasar algo como esto.
- No, Papá-. Respondió Draco, inmediatamente.
- Ambos están perdonados, pero no habrá postre por tres días, para recordarles lo mal que estuvieron sus acciones.
Harry ahogó un grito, pero no de miedo, sino de sorpresa. Un sollozo le surgió y le saltaron las lágrimas. Todo su cuerpo reaccionó, temblando violentamente. Draco levantó la mano y le sonrió. Harry entrelazó su mano con la de Draco, pero sus ojos no abandonaron los de su Papá. – Quieres decir…¿ Aún me amas ?
- Ven aquí-. Dijo el hombre severamente, pero Harry y Draco podían ver más allá, el alivio total y el cariño en sus ojos. Los niños corrieron, y Severus se arrodilló para abrazarlos a ambos. –Por supuesto que sí. Nada cambiará eso, nada.
Ginny cayó de rodillas y sólo Neville la salvó de golpearse la cabeza cuando casi se desmayó de sorpresa. La boca de Ron permanecía abierta y Hermione parpadeaba adormecidamente, por primera vez en su vida. Los Slytherins miraban fijamente, un poco aturdidos, pero se podía ver el esfuerzo que hacían para permanecer inexpresivos. Remus sabía que Severus no apreciaba la audiencia o los comentarios que los estudiantes harían, así que se adelantó y atrajo su atención para sí, mientras Severus tenía su momento con los niños.
- Gracias por traerles comida y provisiones-. Les dijo a todos. Miró a Ron y a Vince. –Y gracias por asegurarse de que estén a salvo, pero creo que es tiempo de que todos ustedes vuelvan. No queremos levantar sospechas.
- Por supuesto-. Dijo Pansy, y se alejó sin más palabras. Vince se apresuró a alcanzarla.
- Harry está mejor. Sólo es cuestión de tiempo-. Remus les dijo a los Gryffindors mientras los iba conduciendo sutilmente hacia la puerta. – Asegúrense de hacerle saber a Dumbledore, cualquier pregunta que tengan. Él les dirá lo que pueda, pero recuerden que algunas cosas deben permanecer en secreto aún. Confien en que les diré si alguna vez necesitamos ayuda.
-M-muy bien-. Tartamudeó Hermione.
- Adión, Profesor-. Neville le sonrió a Remus. Había sido el menos alterado por la escena de la casa.
- Cuida de ellos-. Remus le guiñó un ojo, con una sonrisa. Neville rió y se llevó a sus amigos.
El hombre lobo esperó hasta que los seis estuvieran fuera de vista, antes de volver a entrar a la casa. Severus estaba sentado sobre el suelo. Harry sobre su regazo y Draco a su lado, contándole sobre sus clases y lo enojado que estaba con su madre. Severus no miró a Remus cuando entró, mantuvo su atención en Draco, y su cara inexpresiva, asintiendo cada pocos minutos. Harry le regaló una sonrisa a Remus y se inclinó otra vez sobre el pecho de Severus. El Profesor de Pociones levantó una mano en respuesta y la pasó por el cabello despeinado de Harry, reconfortándolo. Remus sonrió y se sentó frente a ellos.
-…y no sé por qué tengo que saber todo eso. ¡ Para eso tenemos abogados !. Más vale aprender sobre la magia. ¿ Dónde está mi varita, Papá ?. Madre dijo que me la daría cuando sea mayor, pero eso es ridículo. No voy a lastimarme con ella-. El rubio cruzó los brazos, resoplando.
- Veré qué puedo hacer-. Le dijo Severus, y finalmente levantó la vista para encontarse con los ojos del hombre lobo que tenía enfrente. Esperaba que nada de su vergüenza se mostrara en sus ojos. ¡ Lo que estos niños estaban haciendo con él !
- Narcissa debe estar esperándonos.
Remus asintió, pero sus ojos ámbar se detuvieron en los niños con preocupación. – Yo puedo volver cuando ustedes vayan a dormir.
- No podemos mantener a Draco lejos de ella por mucho tiempo-. Severus suspiró y le lanzó al rubio una mirada cortante cuando abrió la boca enojado. – Yo te quiero aquí, y Harry te necesita, pero ella es tu madre y haremos más daño si fingimos que no sabemos dónde estás.
- ¿ Tal vez si le decimos lo que Draco está dispuesto a hacer para quedarse, ella ceda ?- Preguntó Remus, con esperanza.
- Lo dudo-. Severus suspiró y se paró.
Harry no quería bajarse, giró, enroscando las piernas alrededor de la cintura de su Papá, y sus brazos alrededor del cuello del hombre. Severus hizo equilibrio y se balanceó instintivamente. Draco, sintiendose dejado de lado, levantó sus brazos para Remus, arrogante. El hombre lobo rió y levantó al niño pesado hasta sus caderas. Draco le sacó la lengua a Harry y el pequeño rió en los hombros de Severus.
-¿ Los llevamos de vuelta ?- Preguntó Remus.
Severus observó al hombre con un gesto inexpresivo, pero en su interior, estaba contemplando la situación en la que estaban. Remus, tan naturalmente cargando al niño de ocho años, heredero de la familia Malfoy. La gruesa trenza del niño que le caía una pulgada arriba de sus caderas, y colgaba ahora del hombro de Remus. El peso de Harry en sus brazos, el calor del niño en su costado, su cabello negro suave mezclándose con los suyos, largos y lacios. Esto debía ser un sueño. Seguramente esto no era real.
-¿ Papá ?- Preguntó Draco, desde los brazos de Remus. Una sonrisa conocedora se esparció suavemente en la boca de Lupin, y Severus parpadeó para arrancar su atención de esos brillantes ojos ámbar.
- Se los llevaremos al Director-. Se volvió y caminó con firmeza hacia la entrada del túnel. – Su mayor preocupación es Harry. Él entiende que Draco debe estar con él hasta que llegue el momento en que puedan estar separados. Fingiré que aún no sé dónde están los niños. Y tú también lo harás… Draco se encontró con Albus anoche… con Harry… y están allí desde entonces. Albus, por supuesto, será capaz de defenderse cuando Narcissa descubra su paradero.
- Muy Slytherin lo tuyo, Severus-. Remus rió cálidamente. – No sólo mantienes a los niños cerca, sino que desvías la ira de la señora Malfoy.
Severus hizo una mueca y los niños rieron.
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Severus predijo a Dumbledore, perfectamente. El anciano Director estaba más que contento por esconder a los niños de Narcissa. Harry se manejaba muy cauteloso a su alrededor, dando respingos y quedándose en silencio, pero sonreía, comía y se sentaba relajadamente, mientras Draco estuviera a su lado. Draco disfrutó la compañía del Director una vez que se sobrepuso al enojo que le produjo que este hombre lastimó a su Bebé, una vez. El anciano le daba caramelos, y él sabía que debía ser educado con él, pues Dumbledore lo estaba protegiendo de su madre.
Narcissa comenzó a creer que Severus, realmente no sabía dónde estaban los niños. Su enojo se tornó miedo. Los niños desaparecieron el viernes por la noche, y para el domingo por la tarde, ya estaba frenética. Los niños crecerían un año y ella estaba aterrorizada, temiendo que pudieran lastimarse o estar indefensos. A Remus, necesariamente no le agradaba la mujer, pero no podía soportar verla sufrir semejante miedo, clavó los ojos pesadamente en Severus, hasta que éste, cedió.
Le dijo que él no sabía dónde estaban los niños, pero que el Director sí. Supuestamente, Draco lo había comprometido con alguna especie de juramento, y hasta que Draco supiera que podía quedarse, él y Harry permanecerían donde sea que estén. Narcissa se enfureció, pero Severus también, diciéndole que era su culpa por haber rechazado a Harry. Eso la calló, e hizo que se recluya en su cuarto. Remus se tomó su tiempo para visitar a los niños. Severus deseó poder hacer lo mismo, pero sabía que no podía si quería protegerlos.
Así terminó el fin de semana. Remus volvió a las habitaciones y estuvo despierto toda la noche, mientras en la oficina del Director, dos niños de ocho años, lentamente llegaban a los nueve. Narcissa iba y venía, Dumbledore estaba sentado inconsciente y los dos niños dormían tranquilamente, con pequeñas sonrisas en sus rostros.
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¡ Mi Dios, qué extensión….!
Agradezco a los reviwers…a todos: muchas gracias !!
Hasta el próximo.
D.L.
