Esta es una traducción de la historia de Sensibly Tainted, "Growing Pains".

Los personajes originales son de J.K.Rowling, por supuesto.

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Creciendo con dolor

Capítulo 16

La mañana del lunes, los niños despertaron acurrucados, uno en brazos del otro. Draco sonrió a Harry y depositó un beso gentil en sus labios. Harry se abrazó contra él con un murmullo de felicidad. Se quedaron así, tranquilos, por un largo minuto hasta que Draco le preguntó cómo durmió. Harry no respondió al principio, y Draco sintió la oscilación en las emociones del pequeño, mientras recorría el nuevo año de recuerdos.

- Yo no podía mantener mi magia sujeta, y sin querer quemé al tío Vernon- Dijo Harry, suavemente. –Él no me golpeó desde entonces. Aunque, eso no detuvo a Dudley.

Draco sintió un pico agudo de gratitud, y olas de horror y disgusto. –Tú pensabas que eso probaba que eras malo y que ellos tenían derecho a lastimarte-. Supuso.

- Sí-. Admitió Harry, hundiendo su cara en el hombro de Draco.

- Pero, ahora sabes que la magia no es mala.

- Sí- Harry coincidió, y el horror y el disgusto cedieron paso a una aceptación triste.

- Estarás bien- Draco sonrió y lo besó otra vez. – Yo me voy a asegurar de eso.

- Gracias, Ray. Yo no sé...yo no sé cómo haría para soportar todo esto sin ti.

- Y nunca lo sabrás, porque no voy a ir a ningún lado-. Draco sonrió y bajó de la cama, que estaba en una esquina del dormitorio del Director.

Se arregló la ropa y frunció la nariz, las prendas estaban rígidas. Había usado la misma vestimenta durante tres días. Harry rió suavemente y las rozó con sus manos cargadas de magia. Para cuando terminó, las ropas estaban suaves y olían a limpio. Luego, hundió las manos en el cabello de Draco y lentamente las fue bajando, observando cómo el cabello sedoso, casi blanco, se tornaba liso como el agua. Draco sonrió, sintiendo en él el sereno placer y la satisfacción de Harry. Su madre había querido cortarle el cabello, que ahora le llegaba a las caderas, pero él se había negado. Sabía que Harry amaba su cabello, y eso hacía que él lo prefiriera largo.

- Tú, después-. Draco frunció la nariz, mirando desdeñosamente las ropas manchadas de Harry. El pequeño rió, y le hizo caso a su amigo.

- Buenos días, niños-. Dijo Dumbledore, alegremente, sentándose, con sus ojos brillantes.

- Buenos días, Director-. Respondió Draco, formalmente, su sonrisa se convirtió en una máscara inexpresiva, ahora que sabía que los observaban. Harry se encogió un poco, para que Draco quedara de pie, casi frente a él.

Draco se sintió orgulloso, y su pecho se hinchó con la fuerza que le daba saber que su Bebé confiaba en él.

-¿ Cómo pasaron la noche ?. ¿ El cambio fue doloroso ?

- No, Director-. Respondió Draco. Harry simplemente lucía confundido.

Dumbledore lo notó y explicó, mientras se levantaba y se vestía. –Tú y el joven Malfoy están afectados por un hechizo. Realmente, tienes dieciséis años, pero debido a efectos imprevistos en un hechizo sanador que Severus, Draco y yo realizamos, retornaste a tus cuatro años de edad. Cada siete días, recobras un año de tu vida. Tú y el señor Malfoy tienen ahora, nueve años. Es por este hechizo que ustedes están conectados del modo en que lo están. El señor Malfoy puede sentir tus sentimientos, y por el hechizo es que tú sabes cuando él está en problemas. La razón por la que tú no puedes sentir sus emociones del modo que él puede sentir las tuyas, es porque tú eres el foco del hechizo, y su conexión mágica contigo es más fuerte que tú conexión mágica con él-. Rió cálidamente. –Aunque, creo que el vínculo emocional que comparten es el mismo, y no tiene nada que ver con el hechizo, a estas alturas.

Draco sintió la preocupación de Harry, y le tomó la mano, adivinando exactamente la causa de que su amigo se llenara de dudas. –Dumbledore tiene razón. Yo te amo por quién eres, y por todo lo que pasamos juntos. No es por causa de un estúpido hechizo. Yo no voy a cambiar cuando el hechizo pase. Bebé, te lo juro, es el juramento de un Malfoy.

El miedo de Harry se disolvió y prácticamente brillaba de alegría y amor. Draco sintió que sus mejillas quemaban por el calor que pasaba por él, envolvió al pequeño con un brazo, posesivamente. Dumbledore rió, pero ya estaba calculando, detrás de sus ojos agradables. Dirigió a los niños a su oficina, donde tenía el desayuno servido. Fawkes voló hacia Harry inmediatamente, y el niño de ojos verdes se púso a jugar con el ave de fuego, alegremente. Draco lo observaba con una sonrisa afectuosa, mientras llevaba adelante una obligada y educada charla con su anfitrión. Apenas terminaban, cuando Dumbledore miró al espacio y los mandó de vuelta a su habitación.

- Tu madre viene en camino, y no está nada contenta-. Sonrió. –Escóndanse, no salgan a menos que se los pida.

- Ven, Harry- Dijo Draco, y le extendió la mano al pequeño. Harry la tomó, obediente, y el rubio lo llevó escaleras arriba.

- Adelante, señora Malfoy-. Llamó Dumbledore al escuchar el golpe en la puerta. Fawkes voló hacia su percha cuando entró la mujer. El Director le sonrió amablemente. -¿ Qué puedo hacer por usted, el día de hoy ?

- No se haga el tonto, Albus- Respondió ella, caminando a grandes pasos hacia el escritorio y mirándolo furiosa. –Vine a buscar a mi hijo. ¿ Dónde está ?

Dumbledore le sonrió tristemente. –Verdaderamente, lo siento, pero no es posible que le facilite esa información, Narcissa. Estoy obligado por un juramento mágico de silencio, que hice a Lord Malfoy. Él no desea que usted sepa su paradero. Yo simpatizo con su preocupación, y le aseguro que el joven está en óptima condición física; está contento, y continúa recibiendo una excelente educación.

Narcisa lo dejó hablar, y cuando terminó, apoyó sus dos largas manos sobre el escritorio, recogió toda su voluntad y la magia alrededor suyo, como una sábana helada de poder. – No me pruebe, Albus Dumbledore. Haré que el mundo caiga encima de su cabeza si intenta alejarme de mi hijo.

- Narcissa, el niño teme que lo separe del hombre al que mira como a un nuevo padre, y del niño al que ve como a un hermano. Ellos están unidos por la magia, yo lo he probado completamente. Cualquier separación, por cualquier extensión de tiempo, puede causarles daño mágico y emocional. Ignorar la condición y los deseos de su hijo es negligente. Él recurrió a una tercera parte para que lo proteja. No hay nada ilegal en lo sucedido. Mis manos están atadas, y también las suyas. Draco ya decidió.

Narcissa dio un respingo mental ante las palabras del Director. ¡ La estaba acusando se ser una madre inadecuada !. Las dudas giraban en su cerebro y el temor bombeaba en su corazón. ¿ Qué se suponía que debía hacer ?. ¿ Dejarlo que crezca más y más unido a Harry, cuando obviamente, el niño estaba dañado más allá de la posibilidad de recuperación ?. Draco actuaba, casi como si el pequeño moreno fuese una extensión de su cuerpo y alma. Su individualidad, su independencia le estaba siendo robada. ¿ Se suponía que ella iba a sentarse y a dejar que eso suceda ?. ¡ No !. No, ella no iba a permitir que ese malhadado niño y este manipulativo y maligno engendro del demonio la separaran de su bebé o lo arruinaran.

-¿ Negligencia ?. Es una acusación irónica para lanzarme a mi, Albus, cuando usted dejó que su pequeño niño héroe creciera en una casa horrenda y abusiva.

¿ Cómo llama a eso ?. ¿ Conspiración, connivencia ?. Usted colaboró y fue cómplice del abuso mental, emocional y físico de un niño, por casi diez años. De hecho, eso podría hacerlo culpable de su asesinato.

- Suficiente-. Cortó Dumbledore. Se paró y la miró a los ojos, furioso. –Ha dicho suficiente. No hay pruebas de sus acusaciones. Nadie me acusa a mi, pero Draco, él mismo, está actuando contra usted. No hay nada más que decir. Es usted libre de permanecer en Hogwarts por el tiempo que crea necesario, pero no voy a revelarle la localización de su hijo a menos que él lo permita. Si desea comunicarse con él, escríbale una carta; estaré más que feliz en alcanzársela.

Narcissa mostró los dientes, iracunda, pero sabía que no iba a llegar más lejos con el testarudo bastardo. Giró, su falda se arremolinó alrededor de sus tobillos, y salió airadamente de la oficina. Dumbledore suspiró y se sentó en su silla, cerrando los ojos por unos pocos segundos. Las acusaciones de Narcissa habían sido realmente peligrosas. Iba a tener que lidiar con la ira y el conocimiento de la mujer. Pero primero, tenía que interrogar a dos niños.

Con un floreo de su varita, la puerta de su dormitorio se abrió y los llamó. Esperó hasta que se acomodaron en las sillas frente al escritorio, y les ofreció dulces. Draco aceptó, Harry sacudió la cabeza, tímidamente. Dumbledore le sonrió, pero Harry no lo miró a la cara ni habló en su presencia. Bueno, algunas cosas tomaban tiempo.

-¿ Cómo van sus estudios ?- Preguntó, una vez que el rubio terminó el dulce.

– Si voy a continuar con sus clases, sería bueno saber por dónde van.

-¿ No van a seguir enseñándonos Papá y Moony ?- Preguntó Draco con un pequeño frunce. Sabía que se suponía que las emociones no deberían mostrarse en su cara, pero a veces mostrar alguna emoción lograba su propósito. Esa expresión era una advertencia. Iba a conseguir lo que quería, y era menos doloroso si se lo concedían de buena gana.

- Ellos vendrán a enseñarles cuando puedan, pero, si su madre anda por aquí, o si ellos tienen clases que atender, entonces, me encargaré yo. No quiero que se retrasen, ni que su padre se enoje conmigo-. Dumbledore sonrió.

- Bueno, tenemos diferentes clases- Respondió Draco, pensativo. –Yo estudio actuación, política, leyes, historia y lenguaje. Mis clases físicas son de caminar, danzar, gimnasia y auto-defensa. Mis estudios mágicos incluyen Oclumancia por la noche, con Papá, teoría mágica, y memorización y pronunciación de hechizos. No me permitían practicar magia, porque mi madre dice que todavía soy muy chico. Y me gustaría volver a volar...Nadar también sería lindo.

- Muy impresionante, joven Malfoy.

- Gracias, señor.

-¿ Y tú, Harry ?. ¿ Qué aprendiste ?- Preguntó gentilmente, pero el niño sacudió la cabeza y miró con timidez, con las manos sobre su regazo. – Vamos, hijo mío, sabes que no voy a lastimarte. Tú me importas mucho, no tienes nada que temer-. Fawkes regaló un trino alentador, y Dumbledore sonrió afectuosamente al ave. – Ves, hasta Fawkes piensa que estás a salvo, aquí.

Harry levantó la vista y miró al anciano con cautelosos ojos verdes. Deslizó una mirada a Draco, pero el niño estaba sentado derecho, sin expresión en el rostro, para no influenciarlo de ninguna manera, porque él mismo no estaba seguro si confiaba en el anciano o no. Harry volvió su atención a Dumbledore y murmuró. – No aprendí mucho, sólo a leer, a escribir, matemáticas, y algo de teoría mágica, y Oclumancia, también-. Se sonrojó, y su voz se convirtió en un susurró. – Yo no hablé por un tiempo, y ellos no podían enseñarme de ese modo, y Moony mayormente me hablaba de mi primer padre y de mi madre.

- Veo-. Dumbledore lo miró con ojos brillantes. – Tus padres fueron maravillosas personas. Y son un gran asunto para aprender, no deberías sentirte tan eclipsado por el progreso de Draco, Harry. Él está adelantado porque tiene conocimientos de años a los que tú todavía no tienes acceso.

Harry asintió, con la mirada en su regazo. Draco consideró que ya era tiempo de que interviniera. La ansiedad de Harry crecía. El pequeño moreno odiaba ser el centro de atención. -¿ Nos llevará a volar, hoy, señor ?

- No creo que sea posible, Draco. Es demasiado riesgoso, y temo que tu madre todavía no aceptó la situación.

- Entonces, ¿ vamos a estar aquí todo el día ?- Preguntó Draco, calmo, pero su ceño fruncido estaba de vuelta. -¿ Y nuestras clases de gimnasia en Francia ?

- Veré qué puedo hacer- Prometió Dumbledore. –Ahora. ¿ Qué les parece una lección práctica de magia ?

Draco se animó. –Sería genial.

- Muy bien. Yo tengo aquí la varita de Harry. Estoy seguro que como ustedes están tan conectados, no habrá problemas en que los dos la usen.

Draco aceptó la varita y sonrió. –Estoy seguro que estará bien.

-¿ Qué hechizos han memorizado ?- Preguntó Dumbledore.

-Wingardium leviosa-. Dijo el rubio, con un movimiento simple. Un papel apoyado en el escritorio del Director, se elevó elegantemente en el aire.

- Bien hecho-. Dumbledore rió. -¿ Por qué no lo intentas tú, Harry ?

Draco terminó con el hechizo y le alcanzaba la varita a Harry, cuando el moreno levantó la mano y repitió los movimientos de Draco. El papel se elevó obedientemente. La boca de Draco se extendió en una orgullosa sonrisa. -¡ Muy bien, Bebé !

- Sí, muy bien, verdaderamente-. Dumbledore sonrió satisfecho.

Las horas pasaban y ellos practicaban hechizos cada vez más complicados. Dumbledore los dejó una o dos veces, por su trabajo, pero regresó enseguida para continuar con las lecciones. Para la hora de la cena, los niños ya se batían a duelo con hechizos inofensivos y escudos débiles. La oficina de Dumbledore lucía terrible, pero el Director no podía estar más feliz.- Los niños iban relajándose en su presencia, especialmente Draco, que estaba agradecido y hambriento por más lecciones. Sí, las cosas iban muy bien.

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Los niños se preparaban para acostarse, Dumbledore estaba en su oficina, haciendo papeleo. Draco brillaba, cansado y feliz y Harry lucía igual.

De pronto, Harry se tensó. Todo su cuerpo se puso rígido. La cabeza de Draco se levantó y corrió al lado de Harry.

-¡ Bebé !. ¡ Bebé !. ¿ Qué pasa ?- Demandó Draco, agarrando al pequeño con fuerza, por los hombros.

Los ojos de Harry se deslizaron sobre el rubio, pero no pudo focalizar. Draco abrió la boca para gritar por ayuda, cuando repentinamente cayó inconsciente. Harry se tambaleó sin el apoyo de su amigo, luego lo golpeó el dolor. Gritó, de su cicatriz brotó sangre y comenzó con convulsiones.

Dumbledore corrió a la habitación y encontró a los niños en el suelo; Draco inmóvil, como muerto; y Harry sufriendo espasmos, entre agonizantes sollozos. Trató de sujetar a Harry, pero el cuerpo del niño se retrajo, sus músculos se contrajeron con increíble fuerza. El Director llamó mágicamente a la enfermera y trató de aguantar lo mejor que pudo.

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Draco despertó con el sonido de una respiración irregular y un recitado agudo de una mujer. Abrió los ojos y vio a la enfermera revoloteando sobre su Bebé, que se contorsionaba horrorosamente, como una araña agonizante. Gritó y se lanzó hacia su amigo, pero fue agarrado por la cintura. Levantó la vista furioso hacia Dumbledore.

- No, hijo mío. Harry necesita atención médica y tú sólo vas a molestar en este momento-. Dijo con triste simpatía. -¿ Quieres que tu amigo se ponga bien, verdad ?

- Sí-. La voz de Draco temblaba.

- Ven. Siéntate conmigo y dime lo que viste.

Draco se dejó que lo cargar hasta la cama de Dumbledore. Sus ojos grises nunca dejaron de mirar la forma pequeña y quebrada de Harry. – El hombre malo estaba allí, dijo a los Mortífagos que el entrenamiento había terminado. Estaban listos para empezar con algunas misiones. La primera era atacar la estación de King's Cross, y el lugar que sirve de portal entre el mundo muggle y el mundo mágico. Yo no reconocí muchos nombres, sí el Caldero Chorreante. Luego hizo que el círculo de confianza se adelante, notó que Papá no estaba allí y se enojó mucho, se volvió loco. Castigó a mucha gente porque no evitaron que Papá se vaya, y porque no le informaron más sobre su traición. Luego gritó que el que le lleve la cabeza de Papá sería recompensado más allá de sus más increíbles sueños. Después los despidió a todos y yo me desperté.

- Esas son muy serian noticias- Dijo Dumbledore, sus ojos se fijaron en cualquier parte, mientras comenzaba a planear.

- ¿ Bebé sintió todas la maldiciones con las que el hombre malo castigó a sus seguidores ?- Preguntó Draco, con una vocecita aterrorizada. -¿ Va a morir ?

- No, Draco. Va a vivir-. Tranquilizó Dumbledore. –Sólo está muy, muy enfermo.

-¡ Quiero a mi Papá !- Lloró Draco.

- Lo siento, pero él no puede venir. De ese modo va a descubrir dónde están ustedes, y está muy cansado por todas las preocupaciones que ustedes le causan. ¿ Tú quieres que descanse, verdad ?. Además, Harry necesita tranquilidad. Se va a sentir muy mal si ve cómo esto altera a su padre. Cuando esté mejor, yo lo voy a traer.

Draco lloró con impotencia, pero se detuvo cuando Madam Pomfrey se aproximó, luciendo como si estuviese a punto de desmayarse en cualquier momento.

- Hice lo mejor que pude, pero el daño ya está hecho. Es muy pequeño y está desnutrido, necesitamos pociones especiales, Albus.

- Yo las conseguiré. Dame una lista-. Dumbledore asintió. -¿ Qué tipo de daño permanente podemos esperar ?

- Va cansarse fácilmente, sus manos van a temblar por la fatiga. Sus ojos están peor, y habrá hechizos temporales de ceguera. Además, existe la posibilidad de que tenga ataques imprevistos.

-¿ Puedo acostarme con él ?- Preguntó Draco con su voz ronca.

- Puedes-. Ella le sonrió cansadamente, y Draco corrió a la cama y se acostó al lado de Harry, llorando en el hombro del pequeño, encorvándose alrededor de él para protegerlo.

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A la mañana siguiente, Draco despertó e instantáneamente buscó a Harry. El pequeño estaba donde se suponía que debía estar : a su lado, durmiendo. Suspiró aliviado y acarició el cabello negro de su amigo, despejándole la muy pálida cara. Estuvo así por una hora, hasta que los ojos verdes se abrieron lentamente, pestañaron y luego el pánico golpeó a Draco en las entrañas.

-¿ Qué pasa Bebé ?- Preguntó, preocupado.

- ¿ R-Ray?- Preguntó la voz de Harry, y Draco odió el débil temblor en ella.

- Sí, aquí estoy. ¿ Qué pasa ?. ¿ Te duele algo ?

- No ...no puedo ver, Ray-. Harry sollozó. –T-todo está o-oscuro.

- Sh...- Draco envolvió sus brazos alrededor de su amigo y lo meció. –Madam Pomfrey me dijo que tienes encima hechizos temporales de ceguera. Pronto vas a volver a ver.

- Me duele-. Lloró Harry.

- Lo sé, lo sé-. Draco lloró con él. Pasaron los minutos y se aferraron uno al otro, temerosos. Draco casi se derrumbó cuando una ola de alivio y alegría le llegó desde Harry.

-¡ Puedo ver !- Dijo, feliz, sus ojos verdes se fijaron en Draco por primera vez desde que despertó.

- Bien-. Draco sonrió entre lágrimas.

Harry frunció el ceño y levantó las manos para enjugar las lágrimas del rubio.

–Estoy bien. No estés triste, Ray.

Draco asintió, y luchó por no mostrar emociones en su cara. Continuaba trastornado y atemorizado, pero no quería que su Bebé lo viera. Él tenía que ser fuerte por Harry. –Muy bien. ¿ Crees que podrás levantarte ?. Yo puedo traerte el desayuno.

- Yo puedo bajar, la oficina de Dumbledore no es muy lejos.

Draco ayudó a Harry a pararse y a caminar lentamente hacia las escaleras. A mitad de camino, las manos de Harry comenzaron a temblar violentamente. Draco las aferró con las suyas, se arrodilló frente a la silla y no se movió, aún cuando el niño moreno se durmió. Observaba a su amigo, incapaz de desviar la mirada.

Su Bebé era tan frágil, y a la vez tan fuerte. Aún ahora, él podía sentir la magia poderosa y profunda, elevándose para trabajar con los hechizos sanadores, que aún envolvían a Harry.

Dumbledore dijo que Harry necesitaba pociones. Papá era magnífico con ellas. Decidido, cuidadosamente retiró sus manos de las manos de Harry y fue hacia la chimenea. Sacó la varita de Harry de sus pantalones y atrajo al polvo flú.

-¡ Salón de Pociones !- Llamó. El fuego brilló verde, y él esperó impaciente, hasta que la cabeza de Severus entró a las llamas.

- ¿ Qué es ?- Espetó el hombre, pero su expresión se disolvió en preocupación cuando vio de quién se trataba. - ¿ Draco ?. ¿ Qué sucede ?

Sollozando, Draco le contó lo sucedido a su padre, lo mal que estaba Harry, y que necesitaba mucho las pociones.

La ira cruzó las facciones de Severus, antes de que pudiera enmascarla cuidadosamente.

- Ya voy. No dejes a Harry.

- Sí, padre- Draco asintió, secándose sus propias lágrimas. Trotó, alejándose del fuego, y retornó a su lugar, sentado frente a la silla de Harry, con su espalda apoyada en las piernas del pequeño.

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Severus despidió a su clase y fue a sus habitaciones vía flú. Encontró a una derrotada y exhausta Narcissa, y a un preocupado Lobo. Rápidamente les dijo lo que Draco le había contado. No había tiempo para juegos infantiles con Narcissa. No, si el Director se estaba moviendo para separarlo de los niños; iba a necesitar toda la ayuda disponible para mantener en control las manipulaciones de Albus. Los ojos de Remus se tornaron dorados cuando oyó el relato, y Narcissa se puso de pie con renovada fortaleza.

- Tenemos que trabajar juntos, no importa que no nos agrade- Espetó Severus, a la rubia. –Separar a los niños causó agonía a Draco, y daños durante el crecimiento, quién sabe lo que una visión puede hacerle si está separado de Harry. Tal vez, él sienta algo de las maldiciones, en cualquier caso, no podemos arriesgarnos.

- Y Draco sólo peleará contra ti, él tiene los recuerdos de sus dieciséis años- Interrumpió Remus, con un tono duro. –Verdaderamente, no tiene nueve años, él es el que tomó su decisión, y tendrás que aceptarlo.

- Fue un error-. Dijo Narcissa, brevemente. – Estoy consciente de ello.

- Bien-. Severus asintió una vez. –Están en la oficina del Director. Remus, tú y Narcissa vayan con ellos. Cuídenlos lo mejor que puedan. Yo voy a buscar a Pomfrey, para que me diga qué es lo que necesita.

-¿ Y qué hacemos con el Director ?- Gruñó Remus.

- Probablemente, él está informando a la Orden. Ustedes tendrán un lapso de tiempo sin interrupciones, con los niños.

Narcissa y Remus se apresuraron a marcharse por el flú. Severus, fue tras ellos, con rapidez, sólo que su destino fue la enfermería. Remus salió de la chimenea en primer lugar, y sonrió, Draco levantó la cabeza del regazo de Harry y desfalleció de alivio. Su expresión se cerró, sin embargo, cuando Narcissa salió de la chimenea, detrás de él.

- Ella no va a llevarte otra vez, Draco-. Prometió Remus, yendo hacia el niño y abrazándolo, mientras acariciaba el cabello de Harry con una mano. –Ella admitió que se equivocó.

Draco abrazó a Remus con fuerza, antes de separarse y colocarse delante de ellos, frente a su madre. – Quiero oírla por mi mismo.

Narcissa miró a su hijo. Su cabello estaba suelto, y comenzaba a levantarse en ondas suaves, porque su magia se elevaba. Ira y determinación, brillaban en sus ojos. Le dolía muchísimo ver esa mirada dirigida a ella, retrocedió y agarró la tela de su ropa sobre su pecho. – Lo siento, Dragón. Hice lo que pensé que era lo mejor. Yo no entendí la situación.

- No te perdono, madre-. Respondió Draco, con frialdad. – Pero puedes quedarte, con la condición de que no te acerques a mi. Lo digo de veras, si me tocas a mi o tocas a Harry, yo no voy a ser responsable por mis actos.

- Entiendo, Dragón.- Dijo ella, dócilmente, y se colocó junto a la chimenea.

Draco asintió, satisfecho, y se volvió hacia donde Remus estaba sentado, acunando a Harry sobre su regazo. Los ojos verdes se abrieron, cargados de sueño. Draco le tomó la mano, aún temblaba levemente. -¿ Cómo te sientes, Bebé ?. ¿ Tienes hambre ?

- Sí-. Harry se ruborizó por toda la preocupación y la atención que recibía.

- Yo ordenaré algo-. Ofreció Narcissa, suavemente, moviéndose hacia el flú.

Draco le hizo una señal afirmativa y volvió su atención a Harry. –Papá está haciendo las pociones para que te sientas mejor. Pronto va a venir.

- Bueno-. Harry sonrió al rubio y un cariño cálido ondeó en su conexión.

–Gracias, Ray.

-¿ Cómo te sientes ?- Preguntó Remus gentilmente, dándose cuenta de que Harry no contestó la pregunta.

- Estoy bien- Lo tranquilizó Harry.

- ¿ No te duele nada ?- Presionó Remus, tomando la cara del niño entre sus manos, y mirándolo profundamente a los ojos.

- Un poquito en todas partes. Creo que mi cabeza y mi pecho son lo peor-. Harry se encogió de hombros.- Pero, realmente no es tan malo, puedo soportarlo.

- Ay, Cachorro, tú no deberías soportarlo. Nunca ocultes el dolor. Yo haré siempre todo lo que pueda para asegurarme de que no tengas ningún dolor.

Harry asintió entre lágrimas, y envolvió el cuello del hombre con sus brazos, llorando sobre el hombro. Draco sonrió amorosamente, sintiendo la sorpresa y la gratitud en Harry. El fuego se avivó detrás de él y Narcissa sacó una bandeja cargada con comida y bebidas. Draco tomó la varita de Harry y la levantó mágicamente de las manos de su madre y la apoyó sobre el escritorio. Se ocupó en separar la comida favorita de Harry, del resto.

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Severus llegó a la oficina de Dumbledore vía flú, justo cuando Harry terminó de comer. Corrió hacia el niño y lo levantó del regazo de Remus, sin decir palabra. Harry se pegó a él, pero no lloró. Severus lo aferró con fuerza unos minutos, antes de permitirse reconocer a los demás en la habitación. Draco y Remus estaban sentados en sillas, delante del escritorio del Director, sonriendo del mismo modo. Narcissa aún estaba de pie junto a la chimenea, y conversaba con Poppy, que había entrado tras Severus.

-¿ Harry ?- Preguntó, volviendo los ojos al pequeño en sus brazos.

El niño se tensó y Severus observó con horror, cómo los ojos se iban hacia atrás, y comenzaba un ataque.

Severus cayó al suelo, y protegió la cabeza de Harry, a través del violento acceso. Draco saltó, pero Remus lo sostuvo. Poppy corrió, pero los hechizos no calmaban los espasmos de Harry. Todo pasó tan rápido como vino, y los ojos verdes, borrosos, se elevaron.

-¿ Papá ?- Murmuró Harry, confundido.

- Sh. Está bien, tengo el remedio, tómalo, por mi, hijo.

Las manos de Harry, lentamente quisieron alcanzar el frasco, pero Severus le adfministró él mismo las pociones. Harry bebió, obedientemente; una, dos, y una tercera, antes de caer exhausto y dormirse. Poppy hizo una seña afirmativa, en silencioso permiso para que Severus levante al niño del suelo, y él lo hizo. Draco se separó de Remus y se apretó desesperadamente contra las piernas de Severus, con la mano agarrando la camisa de Harry.

- ¡ Merlín !- Dijo Dumbledore, cuando entró a su oficina y la encontró tan concurrida.

- Lo llevo a la sala escondida, en la enfermería- Dijo Severus, caminó hacia la puerta y al anciano; pero el Director no se movió. Severus le lanzó una mirada furiosa, advirtiéndole, con sus brazos apretando la preciosa carga, todavía afectado por haber presenciado el sufrimiento de Harry.

-¿ Albus ?- Cuestionó Remus, y sus ojos comenzaron a brillar.

- La guerra comenzó, realmente- Dijo Dumbledore, con tono grave. – San Mungo está desbordado, y el número de muertes es elevado. Diecisiete establecimientos han sido atacados. Sólo pudimos proteger a cuatro, los restantes han sido destruídos.

- Yo no puedo hacer nada por ellos, Albus. Pero sí puedo cuidar de mi hijo. A un lado-. Dijo Severus, suavemente.

- Yo abrí la enfermería del colegio para los sanadores. Te dije que San Mungo está colmado. Harry se quedará aquí, a salvo, por el momento-. Albus sacudió la cabeza y miró al niño, con tristeza.

- Entonces, lo llevaré de vuelta a mis habitaciones. Poppy hizo todo lo que pudo, por ahora. La llamaré, si la necesito nuevamente.

Severus no iba a dejar a Harry en compañía del anciano manipulador, menos en ese estado, vulnerable y enfermo. Dumbledore debió haberlo sentido, porque aceptó de mala gana, y se hizo a un lado. Severus pasó, con Draco pisándole los talones. Remus y Narcissa intentaron seguirlo, pero Dumbledore los detuvo.

- Vamos a necesitar toda la ayuda que podamos conseguir con los heridos, y en la protección de los cuatro establecimientos que pudimos salvar-. Suspiró cansadamente y se apoyó contra la pared. – Podría servirnos su ayuda.

- El Señor de las Tinieblas puso precio a mi cabeza-. Respondió Narcissa, con frialdad.- Estoy segura de que no servirá mi ayuda.

- Podemos usar un hechizo o puedes tomar poción Multijugos-. Dumbledore sacudió la cabeza. –Puedo entender que no quieras hacerlo, sería peligroso, y tienes un hijo en quien pensar. ¿ Y tú, Remus ?

Remus se sintió desgarrado. Temía volver a caer bajo el control del Director. Quería estar disponible para Harry y para Draco. Aún más, para Severus; pero Narcissa estaba allí, y también Poppy. Sabía que la medimaga no estaba para nada contenta con el Director, y apoyaría a Harry por todos los medios. No podía dejar que otros sufrieran por su desencanto con Dumbledore. Asintió. El anciano sonrió aliviado y le hizo un gesto al hombre lobo, para que se acercara y pudiera explicarle qué hacer.

Narcissa sacudió la cabeza y s dejó. Ella tenía un hijo por el cual debía preocuparse, después de todo, aunque en este momento, él la odiara.

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Harry despertó con el sonido de alguien cantando suave y lentamente. Abrió los ojos y pestañó sorprendido, tenía la cabeza en el regazo de Draco, y el rubio cantaba mientras jugaba con el cabello de Harry. Draco sonrió, pero no se detuvo. Harry cerró los ojos y sólo se quedó allí, disfrutando de la atención gentil y del cariño de su mejor amigo. Era uno de los mejores momentos de su vida. Demasiado pronto, la canción terminó. Abrió los ojos otra vez, y vio los ojos grises de Draco preparados para él.

-¿ Cómo te sientes ?- Preguntó suavemente.

- Me siento bien-. Respondió Harry, honestamente, y levantó los brazos para probarlo. Los envolvió alrededor del cuello de Draco y tiró hasta que el rubio estuvo acostado a su lado, sobre la cama, prácticamente sobre él. Harry suspiró, contento, los brazos de Draco se envolvieron a su alrededor, haciéndolo sentirse absolutamente a salvo y querido. Suspiró otra vez, con una sonrisa en los labios.

- Estás de buen humor- Draco rió suavemente.

- Te amo, Ray- Respondió Harry y se acurrucó más cerca de su cuerpo cálido.

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Severus y Draco estaban sorprendidos por el buen humor de Harry durante los días siguientes. Él trató de explicarles que, finalmente, creía que lo amaban y que no lo abandonarían; pero ellos no lo entendían, en realidad. Así que sólo sonreía dulcemente y se encogía de hombros.

Tuvo cinco ataques más, y dos hechizos de ceguera. Y, aunque los ataques eran espantosos, Harry aborrecía aun más los hechizos de ceguera. Cuando llegaban, Severus o Draco tenían que sujetarlo, hasta que pasaban. Su odio por la oscuridad no mermó.

El tercer día después de la visión, Harry se sintió lo suficientemente fuerte como para mantenerse despierto por más de un par de horas y pudo dar una vuelta sin caer exhausto después de una docena de pasos. Severus retomó las clases de Oclumancia y trabajaron juntos hasta que los niños pensaron que sus cerebros explotarían. Narcissa podía estar en la misma habitación con ellos; y a estas alturas, Draco le hablaba, pero era cortante. Ella aceptaba esto mansamente, pero Harry sospechaba que no lo haría por mucho más tiempo.

- ¿ Qué quieres comer ?-Preguntó Severus a Harry, pasando una mano por el cabello del niño.

Harry se inclinó en la mano de su padre. Severus respondió atrayendo al niño hacia él y lo alzó. Harry envolvió sus piernas alrededor de la cintura de su padre y apoyó su cabeza sobre el hombro, cansado. Severus continuó pasando los dedos por el cabello de su hijo. Draco observaba todo esto desde su posición desparramado sobre el sofá. Arrugó la nariz sintiéndose levemente celoso, pero no dijo nada. En cambio, demandó a su padre.

- Yo quiero un filete.

Severus inclinó su cabeza, de acuerdo, con una mirada que borró cualquier sentimiento de celos que Draco pudiera tener. Había orgullo y respeto en esa mirada oscura. Draco se enderezó, con el pecho ardiendo de afecto.

Severus alargó la mano, al pasar, y acarició la cabeza de Draco con ternura. Draco los siguió, haciendo morisquetas a Harry, por sobre el hombro de su Papá. Harry le devolvió las muecas. Y Draco fue el primero en reír a carcajadas.

- Si tienen suficiente energía para hacer payasadas, tal vez no trabajamos bastante- Recriminó Severus, en broma.

- Por favor- Dijo Draco, arrastrando las palabras, sentándose junto a Harry mientras su padre rodeaba la mesa, para sentarse frente a ellos. – Estoy mareado de cansancio. Si tú estás molesto, tal vez trabajaste demasiado duramente.

- Come tu cena, mocoso-. Puso su servilleta sobre sus piernas. Narcissa hizo lo mismo, a su lado. Harry y Draco los copiaron y la mesa se llenó de cosas deliciosas. Los minutos siguientes los pasaron comiendo en silencio.

Dos veces, Severus probó las barreras mentales de los niños, para comprobar si las mantenían. Las de Draco eran más débiles que las de Harry, pero el rubio podía mantenerlas y erigirlas por más tiempo. Las barreras de Draco estuvieron presentes las dos veces que hizo la prueba, pero él pudo ver a través de ellas. La primera vez, la mente de Harry estuvo abierta, pero la segunda, se mantuvo cerrada totalmente. Él asintió, aprobando.

-¿ Cuáles son sus planes para después de la cena ?- Preguntó Narcissa, a la mitad de la comida.

-¿ Baño y cama ?- Dijo Harry, esperanzado.

- Para ti, sí-. Aceptó Severus. Todos podían ver que el tenedor que Harry tenía en la mano, temblaba ligeramente. Estaba alcanzando sus límites. –Pero, Draco tiene trabajo.

- Pero, padre...- Protestó Draco, frunciendo el ceño. Él no estaba tan cansado como Harry, pero un baño y la cama, sonaban celestiales.

- Tú necesitas trabajar en tus estudios. Pronto asumirás tus obligaciones como Lord-. Le dijo Severus.

Draco miró a su madre, con desconfianza, pero su cara no mostraba nada. Si hubiese mostrado triunfo, él se hubiera rebelado. Suspiró, y miró enojado a su padre, en silencio. A Severus, no pareció importarle. Una vez terminada la cena, guió a Harry al baño, mientras Narcissa llevó a su hijo a la sala de estar.

- Me estoy cansando de esta habitación-. Draco sonrió con pesar. Severus, Harry y él, habían estado estudiando allí en cada oportunidad que se presentaba. Severus había tomado una licencia temporaria hasta que los niños aprendieran Oclumancia; Dumbledore contrató un sustituto, el señor Harris.

- Tal vez, cuando Severus anuncie que están preparados adecuadamente, pueda sacarlos a ti y a Harry- Ofreció ella, sentándose en una silla.

- Yo no voy a dejar que me lleves a ninguna parte-. Respondió Draco con frialdad.

Narcissa dio un respingo y miró hacia otro lado. Draco se mostraba petulante, pensando que ella debía permanecer culpable y sumisa, pero no resultó así. Ella se volvió, lo miró con ojos duros como diamantes, y cuando habló, Draco pensó que debería ver su aliento helado, dada la frialdad de su voz.

- Yo menosprecié tus deseos y sentimientos, Dragón. Te causé dolor sin intención. Pero, mira la situación desde mi punto de vista. Tú eres mi hijo, el líder y el orgullo de la familia. Tienes riqueza, poder y privilegios. Pero todo pasa a un segundo plano por Harry Potter, un niño que tú no soportabas siquiera. Soy consciente de que las cosas cambiaron, de que estás unido a él casi tanto como a un gemelo. Me importa Harry. No quiero verlo lastimado. Pero mi prioridad eres tú; tu honor y tu reputación, y tu vida, todo es más importante para mi que tu vínculo con Harry. Yo no hubiese actuado de ese modo, si no estuvieses tan involucrado con él como lo estás. Yo actué para salvar tu vida.

- Mi vida nunca estuvo en peligro, madre-.- Espetó Draco, reuniendo su coraje, finalmente.

- Sí lo estuvo, y aún lo está, Dragón, pero sé que tratar de evitarte ese camino fatal es inútil.

- Estás equivocada- Él hizo un gesto de desprecio. – Estás aferrándote a cualquier razón para justificar tu comportamiento. No va a resultarte.

- ¿ Recuerdas la historia de Aurora Haidyn ?- Preguntó ella, suavemente, con los ojos en su regazo.

- ¿ Qué tiene que ver con esto ?- Los ojos de Draco se entrecerraron peligrosamente, pensando que su madre cambiaba de tema.

- Relátame la historia. Te prometo que tiene importancia.

- En 1549, Jeffrey Gordon asesinó a su hermano como venganza por su padre, y ella lo atacó. Se batieron a duelo. Fue parejo, pero Jeffrey la abrumó. Dicen que él enloqueció con la victoria y se excitó por lo reñido del duelo. Le arrancó el resto de su ropa y la profanó. Ella no pudo luchar, su magia estaba demasiado disminuida. Los Haidyn, declararon Disputa de Sangre con los Gordon y fueron a la guerra. Los Haidyn hicieron todo lo que pudieron por Aurora, pero ella enloqueció. Los mejores sanadores de la época no pudieron hacer nada, y en 1550 la magia de Aurora se rebeló y la mató. El último Gordon murió en 1564, asesinado por los Haidyn.

-¿ Alguien sobrevivió a la profanación ?

- No. Aurora está registrada como la que sobrevivió durante más tiempo, después de semejante acto-. Draco movió la mano con impaciencia, y la miró furioso.

-¿ Qué tiene que ver esto con que tú ignoraste mi deseo expreso y actuaste contra mi ?

- Dragón...- La voluntad de Narcissa pareció vacilar, y Draco sintió que el miedo se levantaba en sus entrañas. ¿ Por qué su madre lo miraba de ese modo ?. –Dragón, tú sabes que hemos discutido por qué Harry actúa y piensa del modo en que lo hace, por qué tiene tanto miedo.

- No-. Draco saltó, sus manos se cerraron con fuerza. La magia se agitó a su alrededor, comenzando a moverse y a sonar con su ira y terror. – Fuiste muy lejos, madre.

- La familia de Harry abusó de él desde que era pequeño, pero cuando cumplió los dieciséis, su tío...

- No lo digas-. Dracó cortó, apretando los dientes. –No lo digas.

- Su tío lo drogó, para paralizar su cuerpo y su magia, y lo profanó-. Finalizó Narcissa en un murmullo.

-¡NO!- Rugió Draco, y su magia se desbocó. Ciego al llanto de su madre, ciego ante la destrucción de la habitación alrededor suyo.

Recuerdos apagados se elevaban en su mente. Al principio lo único que podía reconocer era una melodía dolorosa y lacerante, un ángel cantando, un piano llorando, palabras de dolor y desesperación, de resignación, de muerte. Ojos verdes pálidos y vacíos, en un cuerpo sin vida que obedecía órdenes como lo haría un títere. Ojos que comenzaban a despertar cuando lo miraban, sólo para cerrarse definitivamente. Recordó que recitaba, que ofrecía su magia y su mente en un intento desesperado por sanar al ángel caído que tenía en frente. No podía recordar las palabras, ni siquiera podía recordar si había dolor.

Pero, pronto, esos rayos de recuerdos fueron arrasados por recuerdos vívidos, claros, su Bebé riendo con él, jugando, bañándose, comiendo con él, llorando sobre su hombro, necesitándolo, abrazándolo, amándolo. Su Bebé acariciando su cabello con dedos impregnados en magia, sufriendo su ausencia, acurrucándose junto a él para dormir. Su Harry, torturado por el hombre malo lejano, su Harry que le sonreía a través de su dolor para que él no se preocupara.

Harry, quien llenaba su corazón con una alegría simple que él nunca había sido capaz de sentir por sí mismo, quien lo llenaba con el amor más puro y poderoso que jamás había experimentado, quién conocía el verdadero terror. Su Bebé, que finalmente, se había puesto de pie y comenzaba a enfrentarse al dolor y al horror del mundo, quién finalmente, había abierto su corazón totalmente para él y para su padre, y les había dado el más precioso de los dones: su amor incondicional.

Aún ahora, Draco podía sentirlo como un pequeño sol quemando en su pecho, podía sentir el calor, la magia y la fuerza que Harry tenía escondidas debido a sus temores y autodesprecio; y que finalmente se liberaban. Harry se había dado totalmente a él y en menos medida a su padre. Draco podía sentir que su Bebé se acercaba, atraído por su explosión de magia. Harry la atravesó, separándola gentilmente con su propia magia, mucho más poderosa. Draco esperaba que tratara de someterlo, pero Harry no lo hizo.

Sus ojos se encontraron y Draco vio en ellos: preocupación, amor, aceptación. A Harry no le importó su ira ni su descontrol. No quería dejarlo solo. Harry se detuvo a su lado, apenas separado por unas pulgadas, esperando con calma que hiciera lo que necesitaba hacer. Draco gritó otra vez, negándolo. Profanado, este ángel que lo miraba tan abiertamente, ignorando las atrocidades a las que despertaría en unas pocas semanas.

Su cabello negro desarreglado, sus labios llenos, sus lentes burdos que no podían contener el brillo de los ojos que había detrás; un cuerpo delgado, demasiado pequeño y bajo, testimonio del abuso que sufrió, sobrevivió y venció. Draco era dos pulgadas más ancho, cinco pulgadas más alto, veintiún libras más pesado, y aún así, Harry era más grande interiormente. Draco sabía que apenas percibía un trocito del corazón de Harry a través de su conexión, y eso lo llenaba hasta dejarlo a gusto en su interior, sin espacio para ecos de otra vida.

Él admiraba el corazón enorme de su Bebé, con sus emociones jodidamente fuertes y puras, y poderosas. No había nada débil en ellas; no estaban atenuadas con razones o justificaciones. Harry debería haber sido atesorado, protegido; porque esas mismas emociones que lo hacían fuerte y extraordinario, también lo hacían frágil. Profanado. ¡ Era un sacrilegio !. ¡ Era horroroso !. ¡ No era justo !. ¡ No, para Harry, no para su Bebé !

-Ray- Harry levantó sus pequeñas manos y las apoyó gentilmente en las mejillas de Draco.

Draco sólo podía mirar fijamente, sin articular palabra con un horror tan grande... sólo podía mirarlo a él, que era su mundo; a él, cuya alma había sido asesinada, a él a quién habían rescatado del borde de la muerte para ser temporalmente encerrado en la mente y el cuerpo de un niño. Su magia se debilitaba, no porque se tranquilizara, sino porque no tenía reservas para lanzarle al mundo. Estaba vacío. Vacío de todo excepto el calor de Harry aún quemando, sin flaquear dentro su pecho.

- Ray- Repitió Harry, preocupación y miedo llenaban su voz, y su amor se levantaba y envolvía a Draco, ofreciéndole consuelo inconscientemente. Harry limpió las lágrimas silenciosas de su amigo y miró a los ojos grises; eran mayores, crecidos de golpe por el dolor y el horror. -¿ Fue el hombre malo, Ray ?

Mudo, gritando en su mente y en su corazón, las manos de Draco se abrieron y se levantaron suavemente. Los dedos largos y pálidos cubrieron las manos de Harry que permanecían tan gentilmente sobre sus mejillas. Con el contacto, los pulgares de Harry se detuvieron en su trabajo de quitar las lágrimas. Los dedos de Draco se cerraron lentamente alrededor de los de Harry y le bajó las manos, hasta que descansaron justo sobre el corazón esforzado de Draco. Los ojos de Harry se abrieron mucho y se dilataron sus pupilas, no quería perder ni un latido. El verde nunca abandonó al gris.

De pronto, Draco se sintió demasiado pequeño, su cuerpo no estaba bien. De pronto, tenía dieciséis años otra vez, con la claridad de la edad que no recordaba haber perdido. Era consciente de la mortalidad, consciente de lo que iba a perder, cuando miraba a los ojos a su Bebé. Vio y comprendió que él no sabía nada de dolor, aún, y eso lo aterrorizó.

Harry se inclinó sobre él, cuando cayó de rodillas con un sollozo impotente. Draco sintió que su amigo lo sostenía, sintió que caía al suelo con él, y quería gritar que Harry estaba mintiendo, que no estaría con él siempre, que iba a dejarlo solo y quebrado como Harry no lo estuvo jamás.

-¡ Draco !- Gritó Harry, asustado.

El sonido de su nombre verdadero, viniendo de la boca de su Bebé sorprendió a Draco. Sintió el miedo de Harry y su creciente pánico. Eso lo movió, aunque no sabía qué hacer. Todo lo que sabía era que aún destruído, él no podía ignorar la llamada de Harry. Se encontró a sí mismo abrazando al pequeño, y eso pareció calmar en algo a su Bebé.

- Harry-. Murmuró roncamente. Quiso decir algo para tranquilizarlo, y en cambio fue una súplica.

-¿ Qué pasa, Ray ?. ¿ Estás lastimado ?- Preguntó Harry, frenéticamente.

- Te amo, Bebé- Draco hundió su cara en el hombro de Harry y lloró.

Harry levantó la vista a su Papá y a la señora Malfoy. Ellos estaban parados, inmóviles contra la pared, a donde los había arrojado la explosión mágica de Draco. Demandó ayuda, pero ellos no podían moverse. Narcissa sólo sacudió la cabeza mientras caían sus lágrimas. Severus dijo que no había nada que él pudiera hacer. Draco no paraba de llorar. Nunca lo había visto así. Ni cuando sufrían esas visiones horribles; el arrogante, seguro y protector Lord Malfoy, jamás se quebró de este modo. Sus ojos volvieron a la señora Malfoy y se endurecieron.

-¿ Qué le hizo ?- Demandó. La ira comenzó a elevarse en él, como un lento espiral, desde sus entrañas. Nunca había estado tan enojado y sabía que sería peor, y no quería detenerse. Quería respuestas. Quería saber qué estaba mal con su Ray, para arreglarlo. – Dígamelo. Ya. Mismo.

Narcissa ahogó un grito. Sintió cómo la magia se elevaba, y supo que estaba en peligro. El sumiso, frágil niño que tenía delante, repentinamente tomó una nueva forma ante sus ojos. Por primera vez entendió verdaderamente porqué Harry Potter era el Niño Que Vivió, el niño que derrotó al Señor de las Tinieblas dos veces, y sobrevivió combatiéndolo dos veces más. Primero fueron palabras, conceptos del poder, pero ahora, ella lo sentía de primera mano y era terrorífico. Miró a Severus desesperadamente, pero el hombre sólo tenía ojos para el niño e ignoró su súplica.

-¡ DÏGAME !- Rugió Harry. Soltó a Draco y se puso de pie. El llanto quebrado de Draco se detuvo, pero aún yacía desplomado a los pies de Harry. Sus ojos grises puestos sobre el niño que estaba delante, como hipnotizado.

-No hice nada-. Trató de decir Narcissa. Pero fue la respuesta equivocada.

Llamas verdes se elevaban de la piel de Harry, sin calor, eran energía pura. Narcissa podía sentirlas lamiendo su piel desde donde estaba. Como una brisa sólida, las ondas que manaban las llamas la aplastaban rítmicamente contra la pared. Cada onda se hacía más fuerte y el fuego verde se hacía más grande. Las llamas viboreaban alrededor de la pequeña forma de Harry. Sus lentes se desintegraron, sus ropas se disolvieron como polvo y su cabello voló salvajemente. Pero eran sus ojos lo más perturbador, brillaban más que las llamas. Sus manos se elevaron y las llamas verdes fluyeron por su cuerpo hacia sus manos, moviéndose hacia las palmas. Originalmente las llamas eran de un verde esmeralda, verde Slytherin, pero mientras se combinaban, el color se aligeró y se hizo más brillante. Los ojos de Narcissa se agrandaron cuando reconoció el color exacto de la maldición 'Avada Kedavra'.

- Nunca más va a lastimar a mi Draco-. Prometió Harry, con furia en su voz y en sus ojos.

- No-. Jadeó Draco, que finalmente había hallado la fuerza para levantarse. Luchar contra la ira fue difícil. Era tan brillante y cálida que él tuvo que esforzarse en decirse a sí mismo que no era su propia ira, él no era el que quería destruir. Sabía la fuerza que contenía esa ira, por eso, Draco se sorprendió cuando Harry respondió inclinándose contra él. Y allí, Draco comprendió.

La ira era tan fuerte porque estaba apoyada por el amor. El amor de Harry por él se elevaba alrededor, haciendo a la ira mucho más poderosa de lo que podría haber sido en solitario. Harry lo estaba protegiendo. Sonrió, las lágrimas retornaron a sus ojos. Draco se inclinó y apoyó la cabeza sobre el hombro de Harry, su cabello rubio cayó en cascadas alrededor de los hombros del pequeño como si fuera su propio cabello. Brillaba a la luz de la furia protectora de Harry.

- No, Bebé. No fue ella quién me lastimó. Déjala, Bebé-. Murmuró Draco, y el fuego comenzó a retraerse, pero no se fue del todo, quemaba sobre la piel y las manos de Harry bajaron. –Harry, estoy mejor, ahora...Yo...sólo no puedo decirte por qué me alteré...pero...estoy mejor, ahora.

Harry tembló y el fuego desapareció. Con un grito ahogado, Harry giró en el abrazo de Draco y se pegó al rubio, con la cara hundida en su pecho, mientras se sacudía por las secuelas de su ira. Draco lo meció, sin lágrimas. La ira de su Bebé lo había dejado limpio, y como resultado, quedó una absoluta determinación. Harry no era como nadie más. No hubo nadie como él en el pasado, ni habrá nadie como él en el futuro. No le importaba lo que les pasó a los que fueron profanados. Harry no iba a morir. Su Bebé iba a vivir. Porque Harry lo tenía a él, y porque Harry era un sobreviviente.

- No hagas eso nunca más, Draco-. Dijo Harry con seriedad mortal, aún temblando por el miedo, el enojo y la preocupación.

–Nunca más.

- Lo prometo-. Sonrió Draco, y bajó la cabeza para depositar un beso salado sobre los labios de Harry. Harry le devolvió el beso, castamente, y se desmayó, exhausto. Ahora, fue el turno de Draco de caer al suelo bajo el peso de otro cuerpo. Miró a Severus con ojos cansados. -¿ Me ayudas un poco, Papá ?

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Draco se despertó famélico, a la mañana siguiente. Recordaba todo lo sucedido la noche anterior, pero difuso, como un sueño horrible. La conversación con su madre era aún peor, pero él sospechaba que se debía a que era demasiado joven para entender. Tal vez se debía al hechizo que Dumbledore les mencionó antes de la maldita visión que lastimó tanto a su Bebé. De todos modos, lo que él sabía, con un cien por ciento de claridad, era que su Bebé podía morir cuando pase el efecto del hechizo y recuerde algo realmente, realmente malo que le pasó, y Draco estaba decidido a evitar que eso suceda.

- Tienes arrugas-. Rió Harry, entre dormido, levantando una mano para acariciar la frente de Draco.

- Arrugas- Draco levantó la nariz en el aire, y sonrió ampliamente, atacando al pequeño con cosquillas, hasta que suplicó misericordia. -¡ Eso te va a enseñar a no insultar a un Malfoy !

- P..p..per...dón !- Harry rió, tratando de recuperar el aliento.

- ¡ Vamos, tengo hambre !- Exclamó Draco, saltando de la cama.

Harry lo siguió lentamente, con una sonrisa feliz. No iba a preguntar qué sucedió la noche anterior, qué fue lo que alteró tanto a Draco. Sólo quería olvidar que su amigo alguna vez estuvo tan quebrado. Pero, sí iba a observar, y a prevenir para que eso no suceda nunca más.

- Apúrate, Bebé-. Draco le sonrió dulcemente, y Harry aceleró el paso.

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-¿ Podemos detenernos ?- Draco lloriqueó, cayó contra el sofá, cansado. La cabeza le estallaba. Habían estado estudiando Oclumancia por horas, y ya se acercaba la hora de retirarse.

Severus frunció el ceño, mirando a los niños, pero Harry no podía verlo. El pequeño moreno estaba sentado en el regazo del rubio, completamente ciego. Eso no evitaba que estudiaran Oclumancia, Severus insistió en que necesitaban practicar. Ambos niños lucían cansados, pero Severus no podía detenerse, no podía dejar que Harry sufriera otra visión como esa. Podía causarle daño permanente o aún matarlo. Pero, antes de que pudiera reclamarles recomenzar la clase, la puerta se abrió y el lobo entró. Hacía días que no lo veían, desde que habían vuelto de la oficina de Dumbledore.

-¡ Moony !- Gritó Draco, aliviado. No había manera de que su padre los hiciera retomar la práctica.

-¿ Moony ?- Se alborotó Harry, entusiasmado.

- Hola, cachorro-. Remus sonrió cansadamente, se desplomó junto a los niños en el sofá. -¿ Estás bien ?

- Ciego, pero debería pasar pronto, ¿ verdad, padre ?

- Sí-. Severus se sentó, cansado, y se frotó la cara con sus manos de largos dedos. –Los hechizos de ceguera más prolongados duraron cerca de tres horas, y este va para las dos horas y media, debería terminar en cualquier momento.

-¿ Cómo estás Moony ?. ¿ Dónde estuviste ?- Preguntó Draco, curioso, mirando al hombre, con su ropa sucia y expresión ojerosa.

- Estuve reforzando las barreras, con otras personas, para resguardar lugares y protegerlos de Voldemort.

Severus siseó, por el uso del nombre del señor de las Tinieblas, pero Draco movió la cabeza con curiosidad. -¿ Voldemort ?. ¿ Ese es el nombre del tipo malvado ?. Yo me preguntaba por qué nadie me lo decía. ¡ Qué vergüenza, como nos va a derrotar un tipo con un nombre tan ridículo !

Harry rió y Severus lucía a punto de explotar. Remus sonrió y miró a Severus, tranquilizándolo. Aunque el hombre no se calmó, al menos se quedó callado. Era un avance, por lo menos.

- Entonces, ¿ qué van a hacer este fin de semana ?- Preguntó, cambiando el tema, lejos de la guerra.

- Probablemente, practicar hasta que nuestros cerebros nos salgan por las orejas-. Murmuró Draco, y abrazó a Harry con fuerza, esforzándose en esconder su expresión amotinada.

- Primero tienen que tener cerebro, para que pueda salir por algún lado-. Severus hizo una mueca, bromeando. -¿ Por qué no llevas a Harry a la cama ?. Iré más tarde a arroparlos.

Draco se apresuró a actuar, antes de que su padre cambie de idea. Saltó, agarró la mano de Harry y, prácticamente salió corriendo de la habitación. Harry rió a carcajadas, tras él, todo el tiempo.

Remus sacudió la cabeza y lanzó una mirada severa al hombre. –¿ No estarás torturando a esos niños, no Severus ?

- Estoy torturándome a mí mismo-. Sonrió, pero pronto su expresión se volvió seria. Remus suspiró, sabía que semejante mirada no duraría en el rostro del Profesor de Pociones. -¿ Qué sucede afuera, Lobo ?

Remus le detalló su trabajo con los Aurores, por unos buenos veinte minutos. Severus se levantó durante el relato y le sirvió un whisky de fuego. Remus tomó un sorbo, agradecido. -¿ Dónde está Narcissa ?- Preguntó cuando terminó.

- Ella cometió un error muy grande-. Severus suspiró cansadamente, y para sorpresa de Remus fue a sentarse a su lado, en lugar de enfrente. – Le dijo a Draco que Harry fue profanado-. Remus ahogó una exclamación y su vaso cayó por entre sus dedos. Severus lo agarró y lo colocó a un lado. – Para que pudiera comprender el concepto, el hechizo se movió y recobró su mente de dieciséis años por unos minutos. Puedes entender que estaba muy consternado. Harry, por supuesto, no entendía qué era lo que pasaba, aún en sus nueve años, pero sabía que Draco sufría y montó en cólera. Nunca vi algo así. Tendré que hablar con Albus...

-¿ Qué sucedió ?- Demandó Remus, cuando el otro, dilató el relato.

- Su magia se manifestó, de modo que podíamos verla. Era tan poderosa que las ondas que emanaba, me aplastaron contra la pared, a pesar del esfuerzo por evitarlo. No creo que él supiera lo hacía, pero conjuró la maldición asesina sin varita.

-¿ Qué ?- Remus se puso pálido. –Eso es imposible.

- Ya no-. Respondió Severus, con determinación. –Como sea, Draco lo detuvo antes de que llegue más lejos. Luego, ambos se desmayaron de cansancio. Les había estado enseñando Oclumancia, y eso sumado a todo lo demás, fue demasiado para ellos. Cuando Draco despertó, su mente de niño suprimió los conceptos de más largo alcance, y todo lo que dejó fue el conocimiento de que Harry puede morir cuando pase el efecto del hechizo, y que él va hacer que eso no suceda.

-¿ Cómo hará eso ?- Preguntó Remus, temblando.

- Ordenándolo-. Severus hizo una mueca, y luego se encogió de hombros.

– Todo lo que a mi me importa es que él ya no desespera.

Remus se sentó silencioso, por un rato. –Crees...¿ crees que Harry podrá lograrlo ?

- Sí. Lo hará-. Respondió Severus, con certeza.

-¿ Cómo lo sabes ?- Demandó Remus, con miedo y dolor en sus ojos ámbar.

Severus le mantuvo la mirada y susurró. –Porque no puedo soportar la alternativa.

-¿ Y Narcissa ?- Preguntó Remus, mirando hacia otro lado, ruborizado.

- Draco la mandó lejos- Severus se puso de pie. –Le recomendé que no regrese hasta el lunes, cuando los niños tengan un año más, tal vez la madurez que gane, haga que Draco no la mate.

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El fin de semana pasó sin demasiadas molestias. Severus hizo que los niños practiquen Oclumancia durante horas, cada día; Remus intervino antes que el temperamento de Draco explote, o antes de que Harry se desplome. Tomaron las comidas juntos, jugaron, contaron historias. Harry no tuvo más ataques, y Severus le administró las últimas dosis de sus pociones, anunciando que Harry estaba curado. Los cuatro se retiraron a sus camas el domingo a la noche, deseando que la próxima semana esté libre de desastres.

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Más de 30 páginas !! Extenuante...pero me encantó traducir este capítulo,

Ojalá lo hayan disfrutado tanto como yo...Sobre todo la interacción de Draco y Harry

Hasta el próximo.

D.L.