Esta es una traducción de la historia de Sensibly Tainted, "Growing Pains".
Los personajes originales son de J.K.Rowling, por supuesto.
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Advertencia: Este capítulo tiene contenido sexual.
GRACIAS A: Ginebra, hana, anarkia0, Isabela Black; Leslie Rebeka Black Snape, Sayuri Hiro, gladiz, rlucy, AlmaRosaNS, arya-ellesmera, mila22, Hikaru HK, Aris.Melcra, Murtilla, Sami-Mauraurder girl, Olimka, Quisso-Hp, sara, niladye, danae, norah, Selene Nekoi, Naeh, Aykasha-peke, SuirisE'Doluc, Neyade y TODOS los que leen esta historia y la disfrutan conmigo
Creciendo con dolor
Capítulo 17
Harry despertó con una sonrisa. Estaba realmente tibio, y algo le recorría suavemente la mejilla.
Abrió los ojos y sonrió cuando encontró a Draco a su lado, sonriendo. La cortina de cabello rubio platinado caía sobre sus hombros y entre ellos. Harry pasó sus dedos por él, somnoliento, y cerró los ojos otra vez.
-¿ Bueno, no vas a contarme ?- Demandó Draco. Harry notó la alegría en la voz, y supo que su amigo no estaba enojado realmente.
- Tal vez-.Sonrió y se acurrucó más profundamente entre las sábanas.
- Ah, ya veo-. Draco resopló y se acostó sobre su espalda, cruzándose de brazos mientras miraba con enojo al cielo raso. – Ahora voy a tener que pensar en un castigo apropiado, por negarte a complacer al fundamental señor de la familia Malfoy.
Harry rió y le palmeó el pecho, bromeando, sus ojos verdes brillaban felices.
– No seas tonto. No hay mucho que contar. Recuerdo que mi primo era un matón; y que tenía muchísimas tareas, y no tenía amigos en la escuela;, y que me encerraban en el armario; pero tío Vernon no me golpeó ni una vez. Todavía temía que mi magia le hiciera algo sí me golpeaba otra vez. Las cosas estaban mejor en la casa.
Draco se volvió para mirarlo de frente, y con su brazo libre, suavemente retiró el mechón rebelde de cabello negro de la cara de Harry. – Bebé, ¿ sabes que todo eso no está bien, verdad ?. Aunque las cosas estén mejor, no significa que estén bien o que debas estar contento con eso.
- Lo sé, Ray- Prometió Harry. – Realmente, ahora lo sé. ¿ Pero, por qué pensar en eso ?. Ahora estoy aquí contigo, con Papá y con Moony. Ya no importa.
Draco sonrió y besó castamente a su amigo, antes de levantarse de la cama.
- Tal vez podamos ir a volar. ¡ No veo la hora de mostrarte !. Encontré un libro genial sobre Quidditch cuando mi madre me llevó, y me olvidé de mostrártelo, con todo lo que pasó. Hoy vamos a tener tiempo, si lo hacemos juntos, hasta podemos lograr que Papá nos deje salir afuera.
- Tendremos una mejor oportunidad si esperamos a cuando Papá se vaya a trabajar, y entonces se lo pedimos a Moony-. Sugirió Harry, mientras se vestía con la ropa que Draco le alcanzaba.
- Buena idea-. Draco sonrió pícaramente, y luego la sonrisa se convirtió en risa cuando observó a su pequeño amigo. – Difícilmente necesites un encantamiento agrandador en esa ropa, pero yo apenas quepo en la mía.
- Eso es porque te estás poniendo gordo-. Harry levantó su nariz en el aire.
- ¡ No es cierto !. ¡ Tú eres demasiado flaco !- Protestó Draco, ultrajado.
Harry rió y salió corriendo del cuarto. Draco lo siguió, gritándole amenazas, pero sus ojos brillantes mostraban a quien se molestara en verlos, que no estaba realmente enojado, estaba demasiado feliz para molestarse. Era difícil enojarse cuando su Harry lo llenaba con auténtico buen humor. Así era como Harry debería sentirse siempre.
-¿ Qué están tramando ustedes dos ?- Preguntó Remus, sonriendo al niño que chocó contra él.
Levantó a Harry sobre sus rodillas, y debió esconder un gesto de enojo, al percibir lo pequeño que Harry era, aún. Draco se detuvo y les lanzó una falsa mirada de furia. El rubio había crecido, notó Remus, y subrepticiamente, realizó un encantamiento para ajustar la talla en la ropa del pequeño Lord. El rubio le dedicó una rápida sonrisa y retornó con sus regaños al pequeño sentado en su regazo. Harry trató de lucir arrepentido y correctamente reprendido, pero difícilmente podía contener las risas detrás de sus manos.
Severus entró a la cocina y recorrió la escena con la vista. Harry sentado en el regazo de Remus, y Draco regañándolo sonoramente. Remus le sonreía a Draco y le lanzaba miradas de reproche a Harry al mismo tiempo.
Eventualmente, Draco perdió el control y explotó en carcajadas. Harry también rió, y Remus miró a Severus con ojos irritantemente alegres.
- Están de muy buen humor esta mañana-. Ofreció como explicación, el Lobo.
- Puedo verlo-. Suspiró Severus y se sentó. – Creo que agradezco tener que volver a clases, lidiar con estos dos cuando están así, es agotador.
- ¿ Debes volver ?- Dijo Remus, y se sorprendió por la decepción que oyó en su propia voz. Se sonrojó y bajó la vista hacia su comida.
Severus sintió que algo cálido se elevaba en su pecho al ver la reacción del hombre, pero lo desestimó. – Sí, el Profesor Harris estará disponible si lo necesitamos, pero el Director no quiere que pierda más clases de las necesarias-. Los niños intercambiaron una mirada, y él frunció el ceño. – Eso no significa que van a aflojar en sus tareas. Van a hacer lo que Remus les indique, y si escucho otra cosa, estaré muy decepcionado.
Harry lo miró con ojos bien abiertos y solemnes, pero Draco sonrió inocentemente y dijo. – Sí, padre.
Remus sonrió, y casi pudo esconder su diversión del hombre de ojos oscuros, sentando en frente, pero Severus era demasiado observador.
- Lo digo en serio, Lobo. No los dejes jugar todo el día-. Dijo, severamente.
- No lo haré, Severus-. Remus sacudió la cabeza, sin molestarse en esconder su alegría, esta vez. – Seré bueno, te lo prometo.
Severus luchó contra el rubor en sus mejillas y asintió bruscamente. Estos tres van terminar matándolo a disgustos...
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Remus observaba cómo Harry trabajaba en sus tareas de ciencias y matemáticas. Draco estaba en la esquina estudiando uno de sus propios libros. Remus no era sangre pura ni cabeza de familia, y no tenía idea de qué debería estudiar el rubio, así que dejó que se las arregle solo, lo que parecía venirle bien al pequeño Lord. Frunció el ceño, recordando el viaje de la mañana a la enfermería, para que Poppy se asegurara de que no habían aparecido complicaciones.
Poppy le dijo que el estado de Harry había sido corregido tanto como era posible, y que el niño continuaría fatigándose más rápidamente que lo normal, y que deberían dejar que tome siestas cuando eso sucediera. Apenas sacudió la cabeza cuando él preguntó por la baja estatura del pequeño.
- No puedo corregir eso. Severus y yo coincidimos en que Harry está siguiendo su patrón de crecimiento original. No podemos hacer nada.
Eso no lo había contentado en absoluto. Al lado del alto, fuerte y saludable Draco, el pequeño tamaño de Harry era descorazonador, y cada año que crecían, eso se hacía más evidente. Era exasperante, especialmente porque sabía la razón por la que Harry era así. Gruñó, sólo al pensarlo. Si alguna vez se topaba con esos mal nacidos Dursley...
-¿ Moony ?- Preguntó Harry, levantando la vista de su hoja de ejercicios.
Remus sonrió y le desarregló el suave cabello. – Lo estás haciendo bien, Harry. Sigue así. Casi terminas.
El niño sonrió y se inclinó otra vez sobre su trabajo. Remus vio que Draco lo observaba con una mirada cómplice. Se movió incómodo y volvió a sus pensamientos. Poppy apuntó que Harry medía sólo cuatro pies y tres pulgadas, y pesaba unas irrisorias sesenta y nueve libras. A Draco le faltaban apenas tres pulgadas para los cinco pies, y pesaba noventa y siete libras y media.
A pesar de lo que Poppy había dicho, él leshabía ofrecido detenerse en la cocina, después del control para llevar algo de comida, pero los niños no tenían hambre. Remus notó que Draco esperó a que Harry dijera algo, y después habló él. Sospechaba que el rubio estaba tan deseoso como él en aumentar el peso de Harry. Eso era un alivio. Si alguien era capaz de lograr que Harry hiciera alguna cosa que no deseaba hacer, esa persona era el joven Lord Malfoy.
Sonrió cariñosamente a Harry, contento de que al fin, la personalidad fuerte del niño comenzara a surgir. Cuando recurrió a Draco, cuestionando la confianza y alegría de Harry, el rubio respondió que ya no lo golpeaban en la casa. Remus estaba alelado por la diferencia.
Pensaba que si él hubiese estado en lugar del niño, se hubiese derrumbado, y sólo bajo la mitad de lo que padeció Harry. Sabía que nunca hubiese sobrevivido al abuso que sufrió por su propia maldición, si no hubiese sido por el amor y apoyo de su madre. Y Harry nunca tuvo a nadie, hasta ahora.
- Terminé, Moony- Harry levantó su trabajo con orgullo.
- Buen trabajo. Déjame revisarlo-Tomó el papel. Harry brillaba de alegría cuando se lo devolvió sin ninguna corrección.
- Estoy cansado de trabajar-. Dijo Draco, y se estiró. Remus lo miró con sospecha. – Moony, ¿ podemos salir a volar ?
- Tú sabes que no podemos. No es seguro-. Dijo, negando con la cabeza, tristemente.
- Estuvimos trabajando por horas-. Lloriqueó Draco.
- Sólo dos horas-. Rió Remus.
- De verdad, me gustaría salir-. Dijo Harry, con suavidad, mirando a su amigo tímidamente.
- Ahhhh, no es justo-. Gimió Remus, en broma, y se cubrió los ojos. – Tú sabes que no puedo.
-¡ Por favor, Moony !- Draco se acercó y agregó su propia mirada suplicante. – Necesitamos algo de ejercicio, y el almuerzo será en un par de horas. No es que estaremos afuera mucho tiempo.
Remus, comenzaba a ceder, y seriamente luchaba porque se le ocurriera alguna idea. Finalmente, dio con una. – Ya sé qué hacer. Vamos.
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- ¿ A dónde vamos ?- Preguntó Neville, siguiendo a Ron. Estaban en clase de Encantamientos cuando el pelirrojo llamó su atención y la de Hermione, y les pidió que lo sigan. Hermione no dejó la clase, pero Neville sí. ¿ Qué era media hora después de todo ?
- A la Sala Multipropósito-. Respondió Ron.
-¿ Por qué ?. ¿ Y a quién estás escribiéndole ?
- A Crabbe y a Goyle; y ya verás-. Sonrió.
- ¿ Harry y Draco salieron de las mazmorras ?- Se animó, Neville. – Deberíamos buscar a Ginny.
- No-. Ron negó con la cabeza. –No podemos llamar demasiado la atención sobre nosotros, o nos meteremos en problemas.
Neville lo miró dubitativamente. Llegaron al pasillo correcto, y encontraron a Crabbe, Goyle y Parkinson caminando hacia ellos desde el otro lado. Ron frunció el ceño. – ¿ Pensé que íbamos a guardar el secreto ?
- Teníamos hora libre y ella nos siguió-. Crabbe se encogió de hombros tontamente.
-¿ Qué sucedió ?- Preguntó Goyle.
Ron se cruzó de brazos, rehusándose a hablar. Neville estaba a su lado, nervioso.
-Ah, Vamos- Resopló Pansy, empujando su cabello por sobre los hombros.
-¿ Qué daño puede hacer que yo lo sepa ?
- Todo. No voy a decir nada, Serpiente. Piérdete. Estoy seguro de que estos dos pueden contarte más tarde.
- Ron...- Advirtió Neville, observando que los ojos de la chica se encendían con furia.
- No. Está bien, Longbottom- Siseó ella. – Puedo defenderme sola.
Con eso, giró y se alejó. Crabbe y Goyle intercambiaron una mirada y adoptaron una expresión agradecida. Ron se mostró satisfecho y se acercó a una pared blanca. Neville había visto el breve brillo de inteligencia, sin embargo se quedó atrás para poder observar más de cerca a los dos Slytherins de sexto año.
- Están aquí- Explicó el pelirrojo, yendo y viniendo delante de la pared.
Los rubios estaban a punto de decir algo pero apareció una puerta y Ron la abrió. Cerraron las bocas de golpe, y Ron sonrió maliciosamente, haciendo un gesto grandilocuente para que ellos pasen primero. Neville los siguió, sacudiendo la cabeza al pasar junto a su amigo. Ron lo ignoró y cerró la puerta.
La habitación lucía como un campo de hierba. Había sólo cuatro árboles, que marcaban sus límites- la habitación estaba tan extendida como era posible, casi trescientos pies cuadrados- y el resto era una ilusión. No obstante, el sol se sentía real, en el cielo azul, y el viento cálido movía los cabellos y las ropas. Escucharon risas provenientes de arriba, levantaron la vista y vieron a Draco, a Harry y al Profesor Lupin, volando sobre escobas.
-¡ Greg, Vince !- El rubio los saludó al verlos. - ¡ Suban, juguemos un partido !
-¡ No tenemos escobas !- Gritó Crabbe, a su vez.
- Sólo deseen una- Les dijo Ron, y se rió de las miradas asombradas que recibió cuando apareció una escoba en su mano. Con una exclamación de alegría, se elevó hacia el cielo. Neville fue el siguiente, pero mucho más lentamente.
Harry había mejorado con su miedo a los extraños, pero aún lo hacían sentir incómodo y tímido. Por eso, voló hacia el rubio y le preguntó suavemente si podía estar en su equipo.
Draco levantó una mano de su escoba y la pasó por el hombro de Harry. – Por supuesto, tú estás en mi equipo.
- Yo seré el árbitro-. Ofreció Remus. – Neville, Ron y Gregory en un equipo; Draco, Harry y Vincent en el otro.
Todos concordaron y comenzó el juego. Los equipos, sorpresivamente, combinaban bien. Harry no recordaba haber volado antes, pero Neville difícilmente lo hacía mejor. Draco era casi tan bueno como Ron. Greg y Vince volaban en forma similar. Aún así, el equipo de Draco perdía, media hora más tarde.
Harry jadeaba sobre su escoba, y sus manos comenzaron a temblar. Draco pidió tiempo-afuera, y voló hacia él.
- Creo que necesito una pausa-. Harry sonrió vacilante. Sentía haber interrumpido la diversión, pero sabía que extralimitarse hasta caer, haría que Draco estuviese mil veces más alterado. El rubio asintió tranquilamente, y Harry miró alrededor, anhelante. – En realidad, no quiero entrar todavía.
- Muy bien- Draco cedió y llamó a Remus. El hombre de ojos ámbar, bajó obedientemente. - ¿ Tomarías el lugar de Harry en el equipo ?. Él necesita descansar unos minutos.
- Tal vez deberíamos terminar-. El hombre frunció el ceño, preocupado.
- Le hace bien estar aquí-. Argumentó Draco. – Puede estar tranquilo, acostado en el pasto, y puede descansar.
- Muy bien, pero avísanos si quieres entrar- Concedió Remus.
- Lo haré, Moony, lo prometo-. Harry lo abrazó y bajó.
- Yo puedo estar con él-. Ofreció Neville, cuando vio que su amigo pequeño dejaba el juego.
- No, Remus tomará su lugar-. Draco desestimó la oferta. -¡ Vamos !. ¡ Voy a ganar, ahora !
- ¡ En tus sueños, Malfoy !- Rió Ron, dando una vuelta competitiva en el aire.
El juego continuó, y el equipo de Draco comenzó a recuperarse. Harry sonrió escuchando cómo Draco festejaba alegremente después de cada anotación, y ladraba órdenes a los demás jugadores. Sus ojos de cerraron y pronto se durmió.
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- ¿ Puedo ayudarlo, Director ?- Preguntó Severus, entrando a la oficina de Dumbledore.
- Sólo pensé que sería agradable tener un almuerzo en privado, y que podamos discutir algunas cosas-. El anciano sonrió con ojos brillantes. Señaló un asiento y con un movimiento de su mano, el escritorio quedó limpio. Otro movimiento y aparecieron los platos con comida. Severus dudó, pero al final, se sentó. –Comencé a enseñarles a los niños a batirse a duelo. Aprendían muy bien. Creo que continuar con la práctica sería una buena idea. Digamos, después de tu última clase, ¿ puedes traerlos aquí ?
-¿ Les enseñó a batirse a duelo ?- Severus no lo sabía, pero no podía culpar a Draco, había estado preocupado por Harry, su enfermedad y la visión.
- Así es-. Dumbledore asintió, y mordió su sandwich. Severus siguió el ejemplo.
-Harry es excepcionalmente poderoso. Hizo todos los hechizos sin varita y le hizo frente al pequeño Lord, que sí estaba armado.
- Sin varita-. Repitió Severus, aunque no estaba sorprendido después de ver lo que casi hizo con Narcissa. El niño era increíblemente poderoso. Más fuerte de lo que él recordaba, antes del hechizo.
- Sí, he estado pensando en eso-. Dijo Dumbledore con aire pensativo.
Severus dio un respingo. No se había dado cuenta de que habló en voz alta. Entrecerró los ojos, ciertamente, no lo hizo. Con una mueca de desprecio, reforzó sus barreras mentales. Sutil, fisgón, viejo confabulador; pensó, confiado en que ya no podría conocer la superficie de sus pensamientos.
- Creo que diez años con los Dursley hicieron que Harry temiera a su propia magia, de modo que la limitó, y separó una enorme porción. Por supuesto, no pudo contenerla totalmente y se filtraba, produciendo magia accidental-. Se inclinó con una sonrisa. – Ahora que retornó a esos años, y se le enseña a respetar y a enorgullecerse de sus habilidades mágicas, no pone límites. Toda su magia es libre. Este podría ser el poder que el Señor de las Tinieblas no conoce.
Severus se tensó. Maldita profecía. Maldito Señor de las Tinieblas. Y doblemente maldito Albus Dumbledore. – Señor, él es un niño. Y creo firmemente que es tonto esperar que un niño nos salve.
- Y yo te digo, otra vez, que Harry no va a pelear solo, pero no podemos cambiar su destino. Sólo podemos prepararlo y protegerlo- Dumbledore suspiró. -¿ Vas a traerlo para las clases ?
Realmente no era una pregunta; y Severus asintió. Además, el anciano dijo que trajera a los niños después de clases. Por lo menos, él estaría en la misma habitación, por si algo sucedía. Él quería que Harry y Draco fueran capaces de defenderse. Dumbledore necesitaba ser controlado, pero si podía enseñarles a los niños cómo sobrevivir, Severus no iba a interponerse.
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Harry aún dormía cuando terminó el partido, y Draco dijo que tenía hambre.
El rubio se despidió de sus amigos Slytherins, y sonrió sobradoramente al derrotado pelirrojo. Neville lo había felicitado, así que le pareció mejor no refregar la derrota en la cara redonda del chico, pero sí lo hizo con el furioso pelirrojo.
Sí. Había sido un buen día. Siguió a Remus hasta las mazmorras, bajo la capa invisible, mientras el hombre lobo cargaba en sus brazos a un dormido Harry. Una vez allí, despertaron a Harry para comer. Pero, no se despertó del todo hasta que Draco sugirió que redecoraran el cuarto de juegos. Era demasiado 'para bebés', se quejó. Remus accedió, riendo, y los niños tuvieron una fiesta, cambiando los colores de la habitación y descartando los juguetes que ya no les interesaban.
Para la hora en que Severus regresó, la habitación tenía un cielo raso y paredes que reflejaban el clima exterior. Hombres y mujeres sobre escobas y con ropa de colores volaban alrededor jugando Quidditch. Los niños corrían tratando de seguir ciertas figuras y discutían las jugadas. La alfombra era de color verde hierba.
El cofre de juguetes continuaba allí, pero le habían quitado la pintura, dejándolo con el color natural de la madera. Sus juguetes favoritos estaban guardados dentro, pero le dieron más de la mitad a Remus para que se los lleve. Había dos escritorios haciendo juego, para sus tareas escolares, y un caballete de pintor en una esquina, para Harry, que quería aprender a pintar.
Draco prefirió la música, y tenía una caja encantada, que tocaba música popular cuando Draco la tocaba con su varita- Bueno, en verdad, cuando la tocaba con la varita de Harry; pues aún no tenía la suya y la de Harry funcionaba más que perfectamente para él-.
- Bueno, bueno- Severus sonrió, mirando alrededor del cuarto.
-¿ Te gusta ?- Preguntó Harry, corriendo a abrazarlo.
Severus se agachó y lo levantó con facilidad hasta sus caderas. – Sí. Ustedes están creciendo con gustos sofisticados.
- Por supuesto- Draco levantó la nariz, con altanería, y se cruzó de brazos.
Harry sonrió y Remus rió a carcajadas. Draco les lanzó una mirada enojada a ambos y salió a grandes pasos del cuarto. Severus lo siguió hasta la mesa del comedor, sonriendo. Bajó a Harry hasta su silla y se sentó. Una vez que todos estuvieron ubicados, la comida apareció sobre la mesa.
-¿ Mi madre va a venir ?- Preguntó Draco, despreocupado.
-¿ Quieres verla ?. Yo le dije que la llamaríamos cuando estés preparado-. Respondió Severus.
- Todavía no, entonces- Respondió Draco, y se sirvió.
- Después de la cena, el Director quiere que continúen con las clases de duelo, ¿ les parece bien ?- Miró a Harry. – Si estás cansado puedo pasarlas para otro momento.
- Estoy bien-. Harry sonrió. – Tomé una siesta hoy, después de volar.
-¿ Volar ?- Severus levantó una ceja y fijó una mirada fría sobre el hombre lobo que tenía en frente. Remus se sonrojó y miró su plato.
- ¡ No fuimos afuera !- Harry se apresuró a informarle. –¡ Moony no hizo nada malo !
- Entonces, ¿ dónde volaron ?. Ciertamente, no aquí.- Gruñó Severus.
- Fuimos a una habitación mágica que te da lo que tú deseas-. Respondió Draco. – Y no nos mires así. Realmente lo necesitábamos, y mira a Harry. ¡ Nunca lució mejor !
Era verdad. El niño tenía color en su cara y sus ojos estaban libres de sombras, por primera vez en semanas. Severus lo reconoció, pero no iba a aceptarlo graciosamente, así que decidió pelear con el joven Lord unos cuantos minutos más. Harry podía asegurar que su padre ya no estaba enojado, y le sonrió a Remus, quién le guiñó un ojo a su vez. Riendo, terminó su cena con los sonidos de una 'aristocrática discusión', como la llamó Draco. Decidió que, realmente, amaba a su familia.
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Harry y Draco aprendieron hechizos y practicaron duelo por tres horas. Severus había querido detenerlos dos veces, pero el Director lo disuadió.
Severus se arrepintió luego y prometió frenarlo la próxima vez, al ver que Harry se quedó dormido dos veces durante el baño. Draco también estaba cansado, pero se las arregló para permanecer despierto hasta que su cabeza tocó la almohada.
Suspiró y arropó a los niños. No necesitaron una historia para dormirse. Se alegró de no tener que corregir los exámenes escritos o los trabajos de sus clases de Pociones, y poder ir directamente a la cama, él también.
Dumbledore le había dado la tarea a Harris. Severus fue a su sala de estar y se sirvió un trago. Remus estaba sentado en un sofá junto al fuego, con un libro sobre el regazo.
-¿ Cómo les fue ?. ¿ Alguno de ellos salió lastimado ?- Preguntó.
- No. Lo hicieron muy bien, realmente. Draco es apenas más poderoso que Harry, capta los hechizo más rápidamente. Creo que es porque los recuerda, en parte, y Harry los está aprendiendo por primera vez-. Severus se sentó al lado del hombre de ojos ámbar, en vez de hacerlo en frente. Sonrió interiormente cuando el Lobo no se movió para poner más distancia entre ellos. Suspiró y se inclinó hacia atrás, permitiendo que el cabello cayera y despejara su cara.
-¿ Por qué Draco es más fuerte ?- Preguntó Remus, suavemente. No quería molestar el descanso del hombre de ojos oscuros.
- Él tiene una varita, y para más datos, la varita de Harry-. Severus tomó un sorbo. – Puede que Harry nunca más la necesite... aunque esto puede venir bien. Esa es la hermana de la del Señor de las Tinieblas.
- Quisiera que no dijeras eso-.Los ojos de Remus se clavaron en los del otro. Los ojos oscuros se abrieron y le devolvieron la mirada. – Detesto oírte decir ese nombre.
-¿ Qué preferirías ?- Preguntó Severus, suavemente, sin desprecio.
Remus se sonrojó al escuchar la voz suave y sedosa, pero no desvió la mirada.
- Llámalo Voldemort, y si eso es imposible, entonces el Innombrable o Quien Tú Sabes. Harry cree que no decir su nombre hace más poderoso a Voldemort.
- Esa son palabras del Director- Severus hizo una mueca de desprecio y miró al fuego. – En general, esa creencia es verdad, pero en mi caso...no puedo decir su nombre sin causarme dolor a mi mismo.
- Severus- Remus buscó su mano, ofreciéndole consuelo. Severus se lo permitió. – No puedo imaginar...la fortaleza que debió exigirte volverle la espalda...y ofrecerte a ti mismo como sacrificio para vencer a este loco.
- No, no puedes- Dijo con suavidad. – Pero, no espero que lo hagas, Remus.
El hombre lobo contuvo el aliento al escuchar su nombre en los labios del otro, tan fácilmente. Su mano apretó con más fuerza la de Severus, y una sonrisa sorpresivamente gentil se esparció en los labios finos del hombre. – Creo que hemos llegado suficientemente lejos como para llamarnos por nuestros nombres. Aunque siempre pensaré en ti como Lobo.
Remus dio un respingo y trató de retirar su mano, pero Severus no lo dejó.
- Solía temer a lo que eso significaba. Y esa fue la raíz de mi animosidad en tu contra. Ahora puedo admitirlo-. Se acercó. –Puedo admitir, además, que el miedo se convirtió en respeto. Y así como tú no puedes comprender la ruta que yo recorrí, yo no puedo comprender la tuya.
Remus miró profundamente en los ojos del otro, y sintió que su corazón latía furiosamente. Comprendía. Comprendía que Severus Snape veía la fortaleza que él poseía, veía cómo continuaba soportando todo lo que le sucedía, y sabía que él retornaba ese sentimiento completamente.
Pero, no estaba seguro de poder darle más que eso. Darle ese plus que veía en esos ojos oscuros, profundísimos. Sonrió, con una expresión dolorosa. De todas las personas de las que se supuso en peligro de recibir esa expresión alguna vez, Severus Snape jamás fue una de ellas. Se levantó y caminó con rapidez hasta el fuego, envolviéndose en sus propios brazos, mientras unos ojos azules risueños y un cabello negro y rebelde le llenaban los ojos de su mente.
Severus observó la espalda por un minuto. Calmándose mientras la vergüenza, el deseo, el rechazo y el enojo, lentamente se disipaban. Tomó el control de sí mismo, otra vez. ¿¡ En qué estaba pensando, cómo pudo decir todas esas sandeces sentimentales ?!. No era que él quisiera lograr algo de este...hombre y bestia, que tenía en frente. ¡ Sólo estaba cansado !. Fingir que tenía un hijo lo estaba destruyendo, convirtiéndolo en alguien que no era él.
Se levantó y caminó hacia su dormitorio. Con determinación, pensó que no tendría que soportar esa nueva debilidad por mucho más tiempo. Una vez que Harry recuerde...Una vez que eso suceda...dejaría de ser padre. Harry nunca lo querría. Cerró los ojos, ante el indeseado dolor. Abrió la puerta; con un sentimiento de autodesprecio, de incertidumbre, de enojo...Una mano sobre su brazo lo detuvo. Abrió los ojos.
- Severus, no- Suplicó Remus en un susurro. – Yo sé...yo sé lo que se siente cuando temes perder a alguien que amas. Sé lo que se siente estar absolutamente solo, y sé el temor que produce abrirse y permitirte ser vulnerable a la pérdida, una vez más. Lo sé porque he estado en ambas posiciones. Yo...yo perdí todo. Perdí a mis amigos, mi manada, mi cachorro. Vagué solo durante años. Luego, Harry vino a Hogwarts y yo lo seguí. Sirius retornó y...y nos convertimos en amantes. Él fue...él fue el primero. ¿ entiendes ?. No estaba interesado en hombres, pero esa prisión mugrienta lo quebró y nos necesitábamos para sanarnos...Y luego lo perdí. Él no regresará, y si no fuera por Harry...Si no fuera por él, yo no estaría aquí. ¿ Sabes por qué ?
Severus no podía decir nada, estaba atrapado en los apasionados, doloridos y llorosos ojos ámbar.
- Porque...porque no sobreviviré para estar solo otra vez. No, después de haber comprendido lo que significa tener una familia y un amante. Es más insoportable estar solo que vivir con el miedo de perder a los que amas. Así que...por favor...por favor, no te encierres, no te alejes otra vez, ahora que encontraste a alguien a quien temes perder. Ten fe en que Harry se quedará contigo, y no lo alejes pensando que estarás mejor solo. Por favor, confía en mi cuando te digo que sólo lograrás que las cosas empeoren.
Severus desvió la mirada. No podía. No podía admitir que necesitara algo, y menos aún a alguien. Le importaba Harry, pero Harry lo necesitaba más de lo que él necesitaba a Harry – por lo menos eso era lo que él se decía a sí mismo-. Pero esta repentina confusión alrededor de este hombre, no podía ser explicada con excusas. No podía permitirse ser más vulnerable.
Zafó su brazo del contacto con el otro hombre y cerró la puerta. Tampoco le había hecho ninguna proposición. El Lobo estaba sacando todo de proporción. A Severus no le importaba nada de él ni de su pasado con el Perro Sarnoso. Estaba siendo amigable a causa de Harry, nada más. Ese discurso había sido inútil e innecesario. Frunciendo el ceño profundamente, tragó una poción para dormir y se desplomó en la cama.
Afuera, Remus Lupin se sentó pesadamente en el sofá y lloró entre sus manos.
Sintió la conexión que crecía entre los dos, pero al igual que Severus, luchaba contra ella. Luchaba contra ella, porque su primer amor aún lo perseguía, y pensaba que no podría amar de ese modo, otra vez. No estaba seguro si era injusto para Sirius o para su nueva pareja. Pero él creía en lo que había dicho, que la soledad era peor. Quería un compañero que cuidar, proteger y apoyar.
Confuso, solo y dolorido por la pérdida de sus amigos y de su amante, lloró hasta dormirse.
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La semana pasó rápidamente, debido a la felicidad que la atravesó. Harry y Draco trabajaron en Oclumancia y en sus estudios académicos, en las mañanas después del desayuno. Luego, después del almuerzo iban a volar, y sólo regresaban a las habitaciones cuando finalizaban las clases de Severus. Diferentes Gryffindors y Slytherins se les unían. Draco prefería a sus amigos Slytherins, pero se estaba encariñando con Neville y Ginny. Ron y Hermione eran molestos, y no le gustaba el modo en que miraban a Harry, algunas veces.
La opinión de Harry, realmente era similar a la de su amigo rubio, excepto que no le gustaba Pansy, para nada. Era demasiado pegajosa y peleadora, y su voz se parecía mucho a la de Petunia. Todos los días debía interrumpir el juego para tomar una siesta de dos horas, y siempre se despertaba en sus habitaciones, cuando su padre regresaba para cenar.
Después llegaban las clases de duelo y magia, y los niños de divertían mucho, especialmente cuando Dumbledore los dejaba batirse contra él, en lugar de enfrentarse entre ellos. No importaba lo que les dijeran, ellos no podían pelear uno contra el otro.
¿ Y si accidentalmente se lastimaban ?. El pensamiento era demasiado horrible para ambos, así que sólo se lanzaban hechizos y encantamientos ligeros. Su padre nunca los dejó agotarse como la primera noche, pero Harry aún caía dormido apenas tocaba la cama. Draco lo soportaba mejor, y era capaz de estar despierto para oír una historia.
Pero los únicos felices, eran los niños. Severus y Remus andaban tensos y trataban de evitarse tanto como podían. No era muy difícil durante el día, porque estaban ocupados con los niños, y haciendo cosas separados, pero por la noche, era difícil escapar a la compañía del otro. Severus sólo podía manejar unos pocos minutos antes de volar hacia su cuarto y su poción para dormir. Remus no volvió a llorar, pero con frecuencia, se quedaba mirando el fuego y pensando, hasta que caía en sueños turbulentos. Ninguno sabía cómo detener la atracción que había entre ellos, ni tenían la fuerza para actuar en consecuencia.
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Llegó la mañana del sábado y los niños se vistieron y fueron a desayunar como cada mañana. Su padre y Remus ya estaban sentados, y eso les resultó sospechoso. Usualmente, su padre no venía a desayunar hasta más tarde. Harry sonrió y los abrazó a los dos, antes de sentarse en su sitio, mientras Draco les dio los buenos días.
- Como no tengo clases, hoy me quedaré con ustedes-. Comenzó Severus, cuando apareció la comida.
- ¿ Quieres decir que no tienes tareas ?- Preguntó Harry, excitado. Amaba pasar tiempo con su padre, y normalmente, en los fines de semana él debía tomarse su tiempo para corregir y esas cosas.
- No. No tengo tarea-. Severus sonrió. – El Profesor Harris lo hará por mi.
Draco rió. – Padre, pensé que hacer trampa era malo.
- Sólo cuando te descubren. Y no estoy haciendo trampa-. Replicó Severus.
-¿ Qué vamos a hacer hoy ?- Interrumpió Harry.
- Me gustaría hablar contigo sobre cosas que vas a recordar el domingo por la noche-. Respondió Severus, con seriedad.
- ¡ Yo también voy !- Dijo Draco, inmediatamente. No le agradaba la idea de no estar invitado.
- Puedes venir, pero quiero hablar con Harry en privado, más tarde- Dijo Severus, serio.
Draco hizo un mohín, pero lo dejó pasar.
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Los niños estaban acurrucados a cada lado de su padre, en el sofá de la sala de estar. Remus se excusó, pero Severus lo detuvo, diciéndose a sí mismo que le pedía que se quedara sólo porque tenía derecho a saber de Harry y no porque él necesitara su apoyo. Apretó el abrazo alrededor de Harry, evitando mirar al hombre sentado en frente. ¿ Este sería el último fin de semana ?. ¿ El primer año de Harry sería suficiente para renovar el odio del niño hacia él ?
-¿ Papá ?- Preguntó Draco, con curiosidad. -¿ Vas a empezar la historia ?
Severus asintió. – Como ustedes saben, cumplirán once años, la noche del domingo, y cuando despierten recordarán todo lo sucedido ese año. Draco debe saber que once años es una edad especial, ustedes fueron invitados a un colegio de magia, para aprender sobre sus habilidades y dones.
- Pero, nosotros ya empezamos a aprender-. Cuestionó Harry.
- Eso es porque ustedes dos son especiales-. Remus le sonrió.
- Eso ya lo sabemos-. Draco hizo un gesto altanero, en broma, y Harry lo golpeó sonriendo.
- Creo que es sabio prepararlos para recibir los nuevos recuerdos-. Continuó Severus, ignorando el juego. – Me temo que van a ser muy sorprendentes, Harry.
-¿ Qué quieres decir ?. ¿ Yo no voy a ir al colegio ?. ¿ Me quedaré con los Dursley ?- Preguntó Harry, asombrado.
- No. Vendrás al colegio, pero además, descubrirás la verdad sobre tu pasado-. Severus suspiró. – Remus te contó que tus padres fueron asesinados, pero no te respondió cuando le preguntaste quién lo hizo. Ahora, voy a responder esa pregunta.
Harry afirmó con la cabeza, y sus ojos se llenaron de lágrimas. Draco se estiró por sobre su padre y le tomó la mano al pequeño. Harry se la apretó con fuerza, agradecido.
Remus, con frecuencia les hablaba de los padres de Harry a ambos, hasta el punto en que sentían que los conocían, especialmente Harry. Recordar sus horribles muertes no iba a ser fácil, pero él realmente quería saber. Se enderezó y miró a su padre con determinación.
- Harry, tu madre y tu padre peleaban una guerra contra gente muy mala. El hombre malo de las visiones que ustedes tienen, es el líder de esa gente, y cuando tú eras un bebé, lastimaste muchísimo a ese hombre malo. Eso te hace muy especial. Te han dado el título de El Niño Que Vivió, y por diez años, el Señor de las Tinieblas estuvo desaparecido y hubo paz. Pero, él no estaba muerto realmente, y comenzó a tratar de obtener un cuerpo que no muriera, esto pasó cuando tú tenías once años. ¿ Vas entendiendo hasta ahora ?
El pequeño de ojos verdes se aferraba fuertemente a su padre, con una mirada horrorizada, pero claramente consciente. Tenía preguntas, pero su garganta cerrada no le permitía hacerlas. Draco tragó saliva. Él conocía la historia, pero era diferente oírla de boca de su padre y sintiendo con agudeza las emociones de su Bebé, clavándose en el pecho. Pero, comprendía que Harry necesitaba saber, y él debería ser fuerte y hacer las preguntas.
- ¿ Cómo lo lastimó Harry ?. ¿ Y cómo murieron sus padres ?
Severus lo miró, cuestionándolo. Él quería que Harry hiciera las preguntas, pero la mirada en la cara de Draco le indicó que no debía presionar. – Hay tres Maleficios Imperdonables. Uno causa inmenso dolor, otro se adueña de la mente de la víctima, dejándolo incapacitado y a merced de su victimario; y el último, mata a las personas instantáneamente. Es el Maleficio Asesino. El Señor de las Tinieblas lo usó contra James y Lily Potter. Luego lo usó contra Harry, pero rebotó y se volvió contra el Señor de las Tinieblas, destruyendo su cuerpo, y dejando detrás esa cicatriz con forma de rayo.
Harry hundió la cara en el pecho de su padre y lloró. Draco se acurrucó más cerca, temblando, mientras las lágrimas caían por sus mejillas. Remus no pudo soportarlo y se arrojó a los pies de Severus, para poder alcanzar a ambos niños. Les pasó una mano por sus espaldas y acarició sus cabellos. Severus se abrazó con fuerza a los niños, inexpresivamente, escondiendo su propio dolor.
Eventualmente, Harry se calmó y Remus se sentó en el sofá junto a él.
-¿ Qué pasó cuando yo lo descubrí ?- El niño de ojos verdes preguntó, cansado, volviendo a mirar a su padre.
- Dejaste a los Dursley, descubriste que eras famoso y algunas cosas sobre tus padres. Entraste al mundo mágico y todos se asombraban y querían fotografías tuyas, te observaban, querían hablar contigo. Mucha gente pensó que eras consentido y un héroe mimado-. Severus respiró hondo. – Yo era un espía de Dumbledore. Fui Mortífago, pero me volví contra ellos. Dumbledore me pidió que continúe siéndolo, para traerle información que podía salvar a mucha gente. Era muy difícil, pero yo accedí porque necesitaba expiar por todas las cosas muy malas que hice...
Por eso, yo no podía tratarte bien. Tú eras el enemigo de mi señor, y sabíamos que el Señor de las Tinieblas regresaría, eventualmente; y yo debía crear una coartada que me permitiera ser aceptado de nuevo por él; y mi animosidad contra ti fue la llave. Pero yo llevé eso más lejos de lo que debía, porque me desagradaba la arrogancia, y yo estaba seguro que tú eras arrogante como tu primer padre, y por tu posición de celebridad. Te dije cosas crueles, y te traté injustamente.
- Creo que recuerdo eso-. Dijo Draco, lentamente. – Pero, también recuerdo que tú salvaste a Harry. Casi se cayó de la escoba, ¿ verdad ?. Recuerdo que yo estaba decepcionado. Quería que Harry se lastimara, estaba enojado con él porque no quiso ser mi amigo. No entendía por qué él era malo conmigo, así que yo también fui malo con él-. Miró al escandalizado Harry. – No creo que te agradáramos mucho.
- Yo...¿ ustedes no me agradaban ?. ¿ Ustedes fueron malos conmigo ?- Preguntó Harry en voz baja.
- Por eso quise decírtelo, antes de que lo recuerdes-. Severus tomó al niño, lo subió a su regazo y lo abrazó contra su pecho. – Quiero que sepas que te queremos, que somos una familia. Lo que tú vas a recordar está en el pasado, realmente, aunque no parezca así al principio. Las cosas han cambiado entre nosotros, ahora entendemos las verdades que escondíamos uno del otro. Estas semanas que hemos pasado no son una mentira, Harry. Esta es la verdad, ahora, y nuestra relación es más fuerte porque hemos pasado por muchas cosas.
- Te amo, Bebé-. Draco se envolvió en él. – De verdad, siento mucho lo que hice. Sólo quería que tú me notes, y que te arrepientas porque me alejaste y elegiste ponerte del lado de alguien que me odiaba. El pelirrojo, creo. Él me odiaba, y tú quisiste ser su amigo y no el mío. Pero eso no significa que lo que hice esté bien, porque nunca está bien lastimarte, está muy mal. Lo siento, Bebé. ¡ No me odies otra vez !. ¡ Por favor, no me odies !
Harry se arrojó desde los brazos de su padre a los de Draco y lo abrazó con fuerza. - ¡ No te odio !. ¡ Nunca podría odiarte, Ray !. No llores, por favor. Siento no haberte elegido, pero todo va a estar bien. Yo te amo, y a Papi, y a Moony, y no importa lo que recuerde, no voy a olvidar cómo me cuidaron y me amaron y me salvaron de los Dursley.
Severus abrazó a los niños y cerró los ojos, esperando que Harry tuviera razón, pero no podía creerlo. Él recordaba muy claramente las cosas que le había dicho a Harry, y sabiendo la verdad sobre cómo creció, sus acciones se tornaban más horrorosas.
No importaba que había evitado que Quirrell matara al niño, eso no justificaba su odio malicioso hacia un niño inocente, al que lastimó.
-¿ Papi ?- Preguntó Harry con suavidad, aún envuelto en los brazos de Draco y de Severus. –Tú dijiste...dijiste que fuiste malo porque yo era una celebridad y que no sabías que los Dursley eran malos, pero también dijiste que era a causa de mi primer padre. ¿ Qué quisiste decir ?
Remus observó al hombre y supo que Severus no podría responder. Él se inclinó y sonrió tristemente a Harry. – Tu primer padre fue al colegio con Severus. Estaban en el mismo año, pero en casas diferentes. Hogwarts tiene cuatro casas, y Gryffindor y Slytherin son los mayores rivales. Siempre quieren derrotarse una a la otra. Así que James y sus amigos, incluyéndonos a mi y a Sirius, nos metíamos con los Slytherins, especialmente con Severus porque era el más pequeño y nunca nos devolvía la pelea. Severus no hacía nada cuando nosotros éramos malos, y eso lo convertía en un blanco fácil.
- No nos agradábamos- Interrumpió Severus, con dureza. Él no quería hablar sobre esto, y no quería que Harry conociera la extensión de ese odio. – Ambos hicimos cosas para molestar al otro, éramos...rivales. Pensé que tú serías como tu padre, porque te parecías mucho a él. Así que te traté con un enojo mezquino.
- ¿ Mi primer padre te lastimó mucho ?- Harry no quería dejarlo pasar, y sus grandes ojos se llenaron de lágrimas.
- Éramos chicos, y estúpidos-. Severus secó las lágrimas de Harry. –No pienses que yo era una víctima inocente. No lo era. Yo lastimé a tu padre, también. Y peor, yo te lastimé, Harry. Estoy muy arrepentido de eso, pero eso no va a cambiar lo que tú vas a recordar. Yo quise que lo supieras todo, y que lo siento.
Harry asintió y se mordió el labio. – Tú...¿ Tú me amas, ahora, Papi ?
- Así es. Tú eres mi hijo. Aún si no quieres que sea tu padre, siempre voy a verte como mi niño-. Severus se puso de pie y se aclaró la garganta, obviamente dando por terminados los asuntos emocionales. Harry levantó sus brazos con una sonrisa lacrimosa, y él lo alzó hasta su cadera. – Vamos a volar un rato. Ustedes dos querían mostrarme.
- Sí-. Draco forzó una sonrisa y se levantó. – ¡ Deberías vernos jugar a las carreras, y Harry es muy bueno atrapando la snitch !
Remus los siguió, haciendo lo mejor que podía para ayudar a Draco, a cubrir el momento incómodo, y hacerlos olvidar en lo posible, lo que sucedería el domingo por la noche.
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El fin de semana pasó, y ninguno de ellos volvió a sacar el tema. En lugar de eso, pasaron juntos todos los momentos que pudieron, divirtiéndose. Jugaron, volaron, pintaron, bailaron, comieron sus comidas favoritas. Severus les hizo practicar Oclumancia y duelo, pero sólo un par de horas. Los arropó, les leyó historias para dormir. Fue el mejor fin de semana.
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- ¿ Bebé ?. ¿ Estás despierto ?- Murmuró Draco. Su padre los dejó y se suponía que dormían, pero el rubio tenía tanto miedo a lo que podría traer la mañana que no podía dormir.
- ¿ Sí ?- Respondió Harry, aturdido, y giró para mirar a su amigo.
- Yo...Yo...bueno, no...no me odies mañana, ¿ sí ?- tartamudeó incómodo.
Harry sonrió y se movió para besarlo suavemente. – Lo prometo, Ray. No voy a odiarte.
Draco asintió y abrazó al pequeño. -¿ Dímelo otra vez ?
- Te amo, Ray, y nunca voy a odiarte, no importa lo que recuerde. Yo sé quién eres ahora, y no lo voy a olvidar cuando recuerde cómo eras. ¿ Mejor ?- Rió.
- Sí-. Draco rió con él. – Es un poquito mejor ahora.
- Bien- Los ojos de Harry se cerraron y comenzó a relajarse.
- Bebé, si te enojas conmigo y me detestas, ¿ vas a hablar conmigo sobre eso y vas a darme otra oportunidad ?- Murmuró.
- Mmmm- Murmuró Harry, con un leve movimiento de cabeza, casi dormido.
- Buenas noches, Harry. Yo también te amo-. Y Draco, finalmente cerró sus ojos.
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Severus estaba parado junto al fuego, y ya iba por su tercer trago. Remus había sido llamado a la oficina de Dumbledore, mientras él arropaba a los niños, y se alegraba por el momento a solas. Estaba tan inmerso en sus pensamientos que no se dio cuenta del tiempo que pasaba ni del retorno de Remus. El hombre lobo lo observó en silencio: parado sombríamente junto al fuego, bebiendo un trago rico en alcohol. Sus sentidos podían captar el aroma de la pena, del temor, de la nostalgia que el hombre emanaba.
Remus conocía el dolor. Lo conocía íntimamente, y lo cargaba a donde fuese. La vida era una batalla para él, y siempre lo sería. Nadie, jamás lo había comprendido. Ni sus amigos, ni Sirius, que recién había comenzado a vislumbrar lo terrible y difícil que era continuar luchando. Pero este hombre que tenía delante, él lo sabía. Él conocía todos los rangos del dolor, y tan de cerca como Remus. De pronto se hizo la luz para el hombre lobo, y comprendió.
Estaba mirando al único hombre en el mundo capaz de comprender lo que significaba tener que luchar por cada sonrisa y cada momento de felicidad.
Comprendió, verdaderamente, por primera vez, que la vida de Severus había sido dura desde el comienzo y se hacía más difícil con cada año. Remus sintió que se le contraía el corazón, tal era la fortaleza y la belleza desplegada en la lucha por sobrevivir de Severus. El Profesor de Pociones nunca se había sometido, excepto por el breve período en su vida cuando llevó la marca voluntariamente, y más tarde, cuando se arrojó a los pies de Dumbledore pidiendo misericordia. Este hombre conocía un tipo de dolor y tormento que le eran familiares, Remus ya no estaba solo con el conocimiento del sufrimiento y la realidad cruel del mundo.
Severus, alto, sombrío, atractivo, que tenía en él una oscuridad brillante y ardiente que se rehusaba a inclinarse otra vez; estaba ahora a punto de quebrarse pensando en perder a la única persona que amaba. Peor aún, Harry era la única persona que alguna vez lo había amado. Remus quería aliviar su pena, con todo su corazón, quería consolar a este bello hombre frente a él. Quería hacerle saber que no era sucio como pensaba y que no necesitaba pararse por encima de nadie, solo, ya no; que podía suavizarse, permitirse sentir otra vez, y ser feliz.
Sin saberlo, los ojos de Remus se hicieron dorados. Faltaba menos de una semana para la luna llena, y el aroma del hombre que tenía a menos de cinco pies, era embriagador. Especiado, poderoso, agudo. Sabía que él podía suavizar esas aristas, podía gustar la suavidad que esa amargura escondía. Sólo tenía que tomarlo, estirar la mano y tomarlo.
Severus giró, demasiado ebrio como para sorprenderse cuando se encontró cara a cara con el Lobo. Abrió la boca para decir algo, y fue arrojado firmemente contra la pared, con una boca sobre la suya, con una lengua deslizándose contra la suya, un gentil gruñido vibrando en el pecho del otro hombre, contra el suyo. Su ebriedad cálida se evaporó instantáneamente, y su corazón se aceleró con una corriente de adrenalina.
Remus tenía su misma altura, pero era varias pulgadas más estrecho en la cintura y los hombros, y lo asombró lo fuerte que era ese cuerpo delgado. Había músculos de acero bajo esa piel suave y dorada.
Unos ojos dorados y hambrientos se clavaron en los suyos, por un momento sintió miedo, y luego alivio. Alivio porque este hombre, llevaba todas sus cargas sin destruir su compasión y su corazón tierno, y no temía ensuciarse tocándolo, no temía a la oscuridad que él contenía. Alivio porque el dolor y el temor absurdo que sentía por perder a Harry, se retiraba mientras fuego y placer se esparcían por todos sus sentidos.
Dos fuertes manos lo sostuvieron por las caderas, mientras el hombre lobo se inclinaba sobre él, arremetiendo una vez, violentamente, antes de quedarse quieto.
El beso se hizo tierno, cuando dejó de luchar contra él y no intentó zafarse. Unos cabellos color miel cayeron sobre las mejillas y el cuello de Severus, y se moría de ganas de recorrerlo con sus dedos, tocarlo, pero no podía permitirse eso, y sus brazos permanecieron a los lados de su cuerpo.
Los ojos del hombre lobo parecían fundirse cuando se separó de su boca. Severus respiró hondo, tratando de evitar un jadeo.
Pero no pudo evitar el gemido cuando la boca cálida volvió, esta vez para lamer y succionar su cuello. Gimió, y sus manos, finalmente se envolvieron en las caderas del hombre, atrayéndolo contra las suyas, para mostrarle su deseo creciente.
- Severus.
La voz de Remus se tornó baja y ronca, con un dejo de gruñido. Severus lo miró a los ojos, esos ojos dorados; y su mente buscó la otra, relajada y saturada por el alcohol y el deseo. Y lo golpeó lo que encontró, respeto, deseo, recuerdo del dolor. La mente de Remus presionó su conciencia, y se quedó anonadado por el tormento que contenía la mente del tierno y amable hombre. Dolor controlado, suavizado, abrazado, en lugar de encadenado y conquistado como el suyo.
Sonrió con determinación. No era amor lo que los unía. No era lujuria o deseo carnal. Era la necesidad de existir más allá de la dura realidad, deseo de alivio, y la necesidad de compartir fortalezas, para que sobrevivir no sea tan tedioso. Sabía que no estaba tan sobrio como creía, sabía que lo más probable era que se arrepintiera de ir más lejos, sabía que se estaba poniendo a sí mismo en una posición dónde o se adaptaba o se quebraba. Pero, no podía alejar este calor ardiente de la mente del otro, ni su cuerpo duro y poderoso. No podía conjurar lo suficiente para negarse a sí mismo el placer que se despertaba en cada uno de sus nervios.
- Lobo.
Dijo el nombre, lentamente modulando con sus labios, acariciándolo; inclinó la cabeza hacia un lado y movió su cuerpo. Remus reaccionó a la seducción sujetando con sus dientes la piel pálida que se le ofrecía; mientras sus manos abrían su toga exterior. Ésta se deslizó de los hombros de Severus, y pronto, su camisa estaba siendo desabotonada.
Severus ahogó un grito y frotó sus caderas contra las del Lobo. Remus gruñó y comenzó a lamerlo y a besarlo, explorando con sus manos el pecho expuesto, antes de poder hacer lo mismo con su boca. Las manos de Severus se hundieron en el suave cabello entrecano, tironeando y atrayéndolo, dejando que su pasión se eleve mientras la húmeda y cálida boca de Remus la despertaba.
Se besaban nuevamente, y esta vez, Severus luchaba, probándolo, quería dominarlo. La camisa de Remus cayó a un lado, y la de Severus le siguió. Los pantalones comenzaron a desabrocharse mientras se empujaban, se atraían y luchaban por hacer que el otro se sometiera. Ambos sudaban, marcas de dientes les surcaban la piel y rodeaban sus cuellos. Se mordían y se arqueaban, sabiendo que caerían; perderían el control ante el deseo ardiente; pero ¿quién sería el primero, quién se abriría a sí mismo para el último alivio y se sometería completamente ?.
La fuerza de Remus se dio con un grito de pasión cuando los dedos de Severus se deslizaron hábilmente en su caverna. Nunca había experimentado algo así, y sus piernas no lo sostuvieron. Sirius nunca había luchado con él así, nunca había hecho que su sangre ardiera y se quemara. Siempre fue dulce entre ellos, Sirius siempre se rindió y fue tomado, pero esto...Esta batalla, esta pasión, este calor, se estaba volviendo loco.
Severus lo siguió hasta el suelo, frente a la chimenea. Sus cuerpos desnudos se retorcían juntos, y Remus gritó otra vez cuando sus piernas fueron separadas y Severus lo penetró con una rápida y dolorosa arremetida. Pero él conocía el dolor, y este dolor era bienvenido, gozoso y perfecto. Se arqueó y suplicó pidiendo más. Y Severus le respondió.
Se movieron juntos, hambrientos, llenos de necesidad. Severus se hundió dentro del hombre que tenía debajo, que lo envolvía. Saboreó el alma del Lobo, su magia; lamió sus lágrimas y tragó su llanto. Remus le dio todo; dejó que lo tomara, lo consumiera; y se regocijó por el hambre creciente que Severus le demostraba, cuando Remus había esperado repulsión. Aulló y se envolvió alrededor de su amante; el final estaba llegando, y estaba seguro de que lo arrasaría.
La explosión llegó y ambos gritaron roncamente, arqueándose y embistiendo violentamente hasta que las olas se calmaron. Jadeando, se desplomaron a la par. Los ojos dorados de Remus brillaban, entrecerrados; Severus mantuvo sus ojos cerrados dejando que el agotamiento dulce impregnara su alma. Su olor llenaba el cuarto. El sonido del fuego aún se oía en la chimenea, y ese fuego iluminaba la habitación. El calor les pertenecía y descansaron pacíficamente.
Remus sonrió ampliamente al notar que la respiración de su amante cambiaba, en sueño profundo. Afectuosamente acarició la piel húmeda y el cabello sedoso teñido por las pociones. Lo besó suavemente, y el otro ni se movió. Rió profundamente antes de levantarse y cargar a Severus entre sus brazos, sin decir palabra, hasta la cama. Lo arropó y se acomodó a su lado, completamente satisfecho.
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