Esta es una traducción de la historia de Sensibly Tainted, "Growing Pains".

Los personajes originales son de J., por supuesto.

¡Por supuesto no era el final de la historia, sino el final del capítulo 18!

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Creciendo con dolor

Capítulo 19- Primera parte

Harry despertó confuso, su mente luchaba con los nuevos recuerdos. Los dos días posteriores a la visión de Halloween los habían pasado descansando. Todavía nadie les había hablado sobre lo que vieron. Su Papá lo había intentado, pero Harry aún no estaba listo, en ese momento todo era una masa de confusión en su cabeza; pero ahora, que tenía un año más, la visión estaba más clara, así como todo lo sucedido en segundo año. Draco giró hacia él, cuando oyó un gruñido de dolor de su Bebé.

-¿Estás bien?- Preguntó, con voz quebrada; levantó la mano y recorrió la mejilla de Harry y su frente, alisando los frunces.

Harry sonrió y se acurrucó a su lado. –Sí- Tembló. –Fue tan horrible…- Draco frunció el ceño, percibía que Harry se sentía paralizado y descompuesto y lo abrazó con fuerza. –Todas esas muertes…los gritos…¿Por qué? ¿Por qué Voldemort quiere destruir todo? ¿Por qué la gente lo ayuda?

-No lo sé, Bebé- Draco se mordió el labio, sabía que él casi se había convertido en uno de los que apoyaban esa muerte y destrucción. No podía entender cómo había sido tan estúpido, y lo alegraba muchísimo haber sido capaz de ver la verdad antes de que fuese demasiado tarde.

-Yo…-Harry se movió hasta que pudo mirar a Draco a los ojos; su corazón se aceleró otra vez y Draco tragó saliva ante la ola de terror mortal que le llegó de su mejor amigo. –En la Cámara…yo… tuve tanto miedo, Draco…pensé…realmente creí que iba a morir…y Ginny también y…que era mi culpa por no ser lo suficientemente fuerte…

-Harry…- Draco se inclinó hacia adelante, cerrando el espacio entre ellos, y cariñosamente besó los labios temblorosos del pequeño. Harry cerró los ojos y el miedo comenzó a ceder. El corazón de Draco se aceleró en respuesta, sentía que su pecho se apretaba de felicidad, porque Harry confiaba tanto en él. –Te amo, Bebé. Todo va estar bien.

-Yo también te amo-. Harry se sonrojó y hundió la cara en el pecho del rubio. Su mano libre rodeó la cintura de Draco y comenzó a juguetear con los sedosos mechones. – Pero…lo derroté. Tuve suerte, y lo derroté. Destruí el diario y salvé a Ginny…Y eso que soy tan pequeño y no soy muy inteligente o muy fuerte…entonces…entonces puede ser que tengamos una oportunidad de vencerlo, ¿verdad?. Papá y Dumbledore y la Orden…todos podremos ganarle…

- Por supuesto que sí-. Lo tranquilizó Draco. – Definitivamente no vamos a perder contra un monstruo como Voldemort; y vamos a tener muchísima ayuda. El mundo mágico no va darnos la espalda y a dejar que ese bastardo tome el poder. Mucha gente tendrá miedo, pero eso no va a evitar que peleen para salvarse a sí mismos y a sus familias.

Harry asintió y se sentó, de mala gana. -¿Ya es hora del desayuno? Tengo hambre.

Draco rió y bajó de la cama. Eligió la ropa para los dos, y rápidamente se vistieron. Harry sonrió cuando Draco le hizo un gesto indicándole su cabello y, obedientemente pasó las manos, desarmando la maraña peinándolo mágicamente en una trenza firme -ahora era lo suficientemente largo como para rozar el extremo superior de las nalgas de Draco-. Harry sonrió, feliz, con los ojos brillantes mientras jugaba con el cabello.

Draco disfrutó de la calidez del placer y del cariño de Harry por unos minutos, antes de tomarle la mano y conducirlo a la cocina.

-Buen día- Draco saludó a su madre y a su padre.

-Buen día. ¿Cómo se sienten?- Preguntó Narcissa, con preocupación, con su mirada tensa por el estrés de los últimos días.

-Bien-. Draco le ofreció una pequeña sonrisa.

-Buenos días, chicos. Me alegra que estén mejor-. Saludó Severus.

-Buen día-. Saludó Harry, tímidamente. -¿Volvió Moony? Dijo que iba a regresar el lunes.

- Está durmiendo; sospecho que despertará esta tarde-. Respondió Severus.

Mientras comían, hablaron de cosas sin importancia, pero, cuando terminaron, Harry sacó el tema al que todos temían. -¿Qué…qué se hizo…con los…asesinatos?- Preguntó, con timidez.

-Vengan, vamos a la sala de estar-. Dijo Severus, gentilmente. Narcissa y los niños lo siguieron. Todos se pusieron cómodos. -¿Pueden contarme lo que vieron?

Harry y Draco asintieron. Los niños estaban sentados uno al lado del otro; Narcissa junto a Draco y Severus en frente de ambos. Los niños se tomaron las manos y Harry se apoyó en el rubio; un brazo de Draco sostenía protectoramente los hombros de Harry . El pequeño habló primero.

-Yo…esta visión fue más clara que las anteriores. La mayor parte…sólo me hacía doler…y las emociones que…no eran mías, me abrumaban-. Suspiró y apoyó la cabeza en su amigo. –Creo que era lo que Voldemort sentía…estaba terriblemente feliz y seguro de su victoria…La sangre le parecía hermosa, y la anhelaba…sentía un…placer en las muertes, en los gritos. Realizó varios hechizos para torturar, pero sólo sentí…ecos, esta vez. Traté de ocluir mi mente con mucha fuerza, y eso me ayudó-. Sonrió débilmente a su padre, y Severus le devolvió la sonrisa con orgullo en la mirada. Harry se sonrojó y bajó la vista. –Puedo decirte que eso fue un…ensayo; planea hacer del mundo entero un campo de dolor y sangre…estaba entusiasmado Él es frío, paciente y está hambriento.

-¿Lo viste torturar?- Preguntó Severus, con cuidado.

-Algunas veces…algunas veces las emociones eran tantas que no podía ver. Pero…a veces, cuando podía, era como si yo lanzara esos horribles hechizos…- Harry rompió en llanto, escondiendo la cara entre las manos. Draco lo abrazó y le susurraba en el oído.

Severus se acercó y lo abrazó. –Sabes que no fuiste tú, Harry. Nunca lo harías. Siento tanto que hayas tenido que experimentar eso.

Eventualmente, Harry se calmó y Draco comenzó a relatar. –No fue así en mi caso. Era como si flotase por encima de todos; no podía hacer nada más que ver. Lo vi todo. A veces, Voldemort ni siquiera estaba allí, a veces flotaba sobre los Mortífagos.

-¿Los reconociste?

-No-. Draco negó con la cabeza. –Todos usaban máscaras. Yo no oía sus pensamientos como Harry oía los de Voldemort… Pero…nunca podré olvidar sus voces. Si…si los escucho otra vez, los reconoceré.

-Eso sería útil, Draco. Gracias-. Severus le apretó la mano con fuerza. El niño estaba muy pálido y parecía querer vomitar. – Sé que esto es difícil, pero ¿oíste que alguien hablara de futuros planes?

-No, realmente, no-. Sacudió la cabeza. –Mayormente sólo reían y fanfarroneaban, y competían entre ellos.

-Muy bien-. Asintió Severus. -¿Desean preguntar por algo de lo que vieron? Pueden decirnos lo que sea.

-¿Por qué lo hacen? ¿Por qué les gusta hacer eso?- Preguntó Harry, entre lágrimas.

-No hay una respuesta fácil a esa pregunta-. Severus suspiró, levantó a su hijo, lo puso sobre su regazo y lo acunó contra su pecho. –Mi teoría es que están enfermos.

-Realmente me dan miedo-. Harry tembló.

-A mi también-. Severus le besó el cabello.

-¿Por qué Voldemort tiene tantos deseos de matarme?- Preguntó, en un sollozo ahogado. –Yo…no quiero luchar con él.

-Ay, Harry, ya no estás solo. Estamos contigo y vamos a protegerte-. Prometió Severus, con vehemencia.

Draco asintió y apretó con fuerza la mano de Harry. –Tú tienes que prometer que nunca más vas a enfrentarlo solo.

Harry sonrió, entre lágrimas, y afirmó con la cabeza. –No sé en qué estaba pensando.

-Creo que no estabas pensando en nada- Severus sacudió la cabeza, suspirando sin esperanza. Los niños rieron débilmente.

-¿Creen que podrán ir a la Enfermería?- Preguntó Narcissa, masajeando amorosamente la espalda de su hijo. El rubio la miró y sonrió. –Creo que podremos arreglárnosla.

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Los niños estaban sentados sobre una cama de la Enfermería, chupando sus dulces y hablando con Narcissa. Severus los observaba con ojos inexpresivos. Puede que se haya suavizado entre las paredes de sus habitaciones, pero, en público, tenía que mantener la fachada cruel y maligna; los demás no podían enfrentarse a menos. Poppy se aclaró la garganta para llamar su atención; cuando se encontró con sus ojos, supo que no iba a darle buenas noticias. Se enderezó y esperó.

-La semana pasada no creí que fuera nada, pero Harry es más pequeño de lo que debería. La semana pasada era media pulgada más bajo de lo que fue en su primer año. Pensé que, tal vez, crecería durante el verano y compensaría la diferencia, pero no fue así. Ahora, es una pulgada más pequeño que en su segundo año: antes, en sus doce años, medía cuatro pies y siete pulgadas; ahora, sólo mide cuatro pies y cinco pulgadas y media. Draco está en su medida correcta de cinco pies y una pulgada. Por lo tanto, creo que el daño que sufrió en las visiones no está siendo completamente sanado con los hechizos.

-Me pareció más pequeño de lo que recordaba- Respondió Severus, tranquilamente.

-Eso significa que el otro daño también persiste- Siguió Poppy. –Continuará fatigándose rápidamente, sus manos comenzarán a temblar cuando esté cansado. Además, tengo evidencias de que su sistema inmune ha sido dañado. Tendrá tendencia a pescarse gripes y resfriados con mucha mayor frecuencia que los demás niños. Su peso también está peligrosamente bajo, y sus órganos estás sobre exigidos. Recomiendo pociones nutrientes, ya sé que son difíciles de tolerar en el estómago, pero no tenemos alternativa. Además, necesita alimentarse de cuatro a cinco veces en el día.

-Comprendo-. Severus bajó la cabeza. –Gracias por toda su asistencia.

-Quiero verlo tres veces a la semana. Lunes, miércoles y viernes estará bien.

-Por supuesto- Concedió Severus. -¿Cuánto pesa? Necesito saberlo para ajustar la dosis de la poción nutriente.

-Sólo setenta y ocho libras-. Dijo ella, con tristeza.

Severus asintió y regresó con su familia. Los niños, ignorantes de la condición seria de Harry, charlaban alegremente mientras se dirigían a sus habitaciones vía flú. Narcissa los llevó al cuarto de juegos para sus lecciones de la mañana, y Severus se retiró a su laboratorio privado a preparar la poción para Harry.

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Una vez que Narcissa dejó a Harry con su tarea, se dedicó a su hijo. Convocó una carpeta, la abrió y la colocó frente a él. Draco levantó una ceja y ella sonrió inocentemente. Eso sólo provocó que él frunciera el ceño, y ella contuvo la risa.

-Estos son los reportes del progreso de los negocios en que está invertido el dinero Malfoy. Estos papeles de atrás son pedidos y preguntas. Ahora que tienes doce años, Dragón, es tiempo de que tomes algunos de tus deberes como Lord.

Draco suspiró y tomó la carpeta. –Sí, madre.

Ella sonrió y lo dejó con su tarea.

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-¡Moony!- Exclamó Harry, alegremente, cuando encontraron al hombre lobo sentado a la mesa del almuerzo.

-¿Cómo están ustedes dos?- Preguntó, atrayendo a Harry hacia sí.

-Estamos bien- Respondió Draco, sentándose. Le ofreció una sonrisa al Lobo, para hacerle saber que estaba tan contento de verlo como Harry, pero que no tan cómodo con mostrarlo.

-Me alegro-. Remus le sonrió a su vez, haciéndole saber que comprendía y no le molestaba.

-¿Tú estás bien?- Preguntó Harry, preocupado, con los ojos oscuros de temor.

-Estoy bien, cachorro, sólo cansado-. Le desarregló el cabello y Harry pasó a su asiento de mala gana. -¿Qué hicieron hoy?

Draco se quejó por el dolor de cabeza que le dejó la política y Harry le contó sobre el examen y que obtuvo una B+. -¿Dónde está papá?- Preguntó Harry.

-Trabajando en una poción- Rió Remus.- ¿Dónde más podría estar?

Todos rieron, hasta Narcissa.

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Después del almuerzo, Harry y Draco fueron a la Sala Multipropósitos, bajo el hechizo desilusionador, con Narcissa; sólo encontraron a los Slytherin. Hermione, Ron y Ginny estaban en la Madriguera, haciendo duelo por el hermano mayor, y Neville, en su casa, haciendo lo propio por sus padres. No regresarían hasta el viernes.

-Hola Draco. Potter- Los saludó Pansy, con una sonrisa. –No estábamos seguros de que lo lograrían.

-Estamos mejor- Explicó Draco, y convocó una escoba. -¿Les gustaría jugar, chicos?

-Seguro-. Vince se encogió de hombros y pateó el suelo. -¿Cómo quedan los equipos?

-Greg, Harry y yo contra ustedes dos- Draco sonrió dulcemente.

-¡Eso no es justo!- Pansy hizo pucheros, pero voló junto a Vince.

Draco se encogió de hombros y comenzó el juego. Era agradable olvidarse de todo por un rato. Él no bromeaba cuando dijo que las delicadas políticas relacionadas con los negocios de los Malfoy le habían provocado un dolor de cabeza, además, el horror de la guerra nunca dejaba su mente. Se sobreponía bien porque tenía que ser fuerte por su Bebé. Harry no estaba para nada bien, aunque fingía estarlo; bajo la superficie de su fingida alegría yacía una dura bola de miedo, determinación, horror y fe.

Harry sólo jugó durante una hora, antes de que sus manos comenzaran a temblar y Draco le ordenó descansar. El pequeño sonrió feliz, conmovido porque Draco había notado su fatiga y lo cuidaba.

Sus sueños resultaron oscuros y sangrientos; Draco bajó volando del cielo tan pronto como sintió la creciente intranquilidad de su Bebé, y se sentó, abrazándolo hasta que el sueño se tornó calmo. Los otros no dijeron nada; en cambio, bajaron, se sentaron con él, hablando sobre naderías y haciendo un esfuerzo por alegrar a su líder. Draco les sonrió, haciéndoles saber que valoraba el esfuerzo.

-Es hora de la cena-. Interrumpió Narcissa, suavemente.

El rubio asintió y sacudió a su amigo. –Harry, es hora de irnos-. Los ojos verdes parpadearon somnolientos, Harry levantó la vista, se agarró de su trenza y se puso de lado, cerrando los ojos nuevamente. Draco no pudo evitar la gran sonrisa en sus labios al sentir la calidez del afecto de Harry que brotaba de su mirada. –Vamos, Bebé- Susurró directamente en el oído de Harry. –Vamos a comer algo.

Harry abrió los ojos y bostezó. Draco lo ayudó a levantarse y ambos esperaron pacientemente a que Narcissa realizara el encantamiento. Dijeron adiós a los Slytherin y se dirigieron a sus habitaciones. La mano de Harry en la de Draco, todo el camino.

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Severus comió con ellos y le dio a beber una poción a Harry, antes de ir a la oficina de Dumbledore a practicar duelo.

Durante la práctica, Severus probó sus defensas mentales, y los niños lo hicieron bien. Sonrieron satisfechos cuando él se los dijo, en el camino de vuelta a las habitaciones. Comieron una colación de pastel y helado, después tomaron un baño y Severus los arropó, antes de retirarse a su propia cama, con el Lobo.

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Harry se despertó a mitad de la noche, con dolores de estómago.

Después de la cena, Narcissa había apartado a Draco para hablarle de la salud de Harry, así que él sabía el porqué de los dolores de su Bebé. Harry no se quejó ni preguntó qué era lo que estaba mal, sólo se disculpó por despertarlo y se quedó quieto, masajeándose el abdomen.

Draco odiaba a los Dursley; era culpa suya que Harry había aprendido a sufrir en silencio. Bueno, por lo menos, nunca más iba a sufrir solo. Se acurrucó alrededor de su amigo y agregó su mano a la de Harry, masajeando suavemente en círculos.

-Deberías volver a dormirte-. Murmuró Harry.

-Estoy bien-. Prometió Draco y le besó la sien. –Relájate y nos dormiremos juntos.

Harry sonrió en la oscuridad y dejó que el calor del cuerpo de su amigo lo calme.

-Gracias, Ray.

-Te amo, Bebé-. Respondió Draco, suavemente.

- Yo también te amo-. Dijo Harry, justo antes de dormirse.

Draco se quedó despierto un rato más, sólo masajeando el abdomen de Harry y asegurándose de que el pequeño no vuelva a despertarse. Cuando estuvo seguro de que Harry dormía tranquilamente, se permitió cerrar sus ojos.

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-Despierta Bebé- Llamó Draco, gentilmente.

Harry abrió los ojos y agradeció que Draco le bloqueara la luz del sol, para que no le diera de lleno en la cara. Bizqueó y se sentó, bostezando.

Pansy sonrió. –Eres un niño adorable, Potter. ¿Lo sabes?

-¡Ah, sí que lo sabe!- Rió Draco. Harry se sonrojó y lo empujó. –Tú cállate-. Se levantó y se estiró. -¿Quién ganó?

-¿Tienes que preguntar?- Draco sonrió satisfecho y lo envolvió con sus brazos; el moreno se apoyó en el rubio y Pansy les hizo monerías. Vince y Greg pusieron sus ojos en blanco. –Hasta mañana, Draco.

-Adiós- saludó Draco. -¡suerte la próxima vez, Pansy!

-Hazle caso a Harry y cállate-. Dijo ella, dulcemente y le sopló un beso antes de dejarlos, junto a los otros dos Slytherin.

-¿Listo?- Preguntó Narcissa.

-Sí-. Asintió Draco. Ella realizó el encantamiento y todos se encaminaron a la puerta.

Narcissa iba adelante, Draco un paso atrás y Harry al final, aferrando la mano del niño mayor. Era gracioso, pensó Harry, él nunca había andado de la mano de nadie en sus previos doce años, y creía que Draco tampoco. Aún así, él no querría tomarles la mano a Ron o a Hermione, pero con Draco, lo sentía completamente normal y hasta placentero.

Harry se encogió de hombros, para él era algo norma, sus sentimientos por Draco eran mucho más profundos de lo que jamás fueron sus sentimientos por Ron o por Hermione –por lo menos así lo creía-. Por un momento, se preguntó si debería resultarle algo extraño, pero desechó el pensamiento. Él había crecido con Draco, excepto por los días en que Narcissa se lo había llevado lejos. El rubio lo había ayudado a enfrentar sus miedos y con él había sido feliz, como nunca antes. Era natural sentirse más cerca del rubio que de sus otros amigos. ¿Verdad?

Fue arrancado de sus cavilaciones cuando, de pronto, hubo un destello de luz y una bocanada de aire lo golpeó con fuerza. Cayó, cegado, con un grito de sorpresa, junto a Draco. El rubio buscó su varita, las manos le temblaban por su propio miedo y el de Harry, pero, justo cuando sus dedos la tomaron, algo se cerró alrededor de su cuello. Un ruido similar le avisó que a Harry le sucedió lo mismo. Y entonces, todo se tensó. Al principio fue doloroso, pero notó que se debía a que, instintivamente, empujaba contra la restricción invisible y fría. Hiperventilando, aún ciego y sorprendido, Draco se forzó a calmarse y a dejar de luchar contra la restricción. Lentamente, las olas de dolor retrocedieron. Lo primero de lo que tuvo conciencia, fue de las emociones de Harry.

¡Gracias a Merlín! La barrera no había roto la conexión. Harry tenía miedo, pero no sentía mucho dolor; debe haberlo notado con más rapidez que él, y debe haber dejado de luchar contra lo que reprimía su magia. Draco sabía que había instrumentos, hechizos y pociones capaces de hacerlo, pero nunca había oído de que existiera algo así en forma de collar. Parpadeó y se dio cuenta de que estaba siendo cargado sobre el hombro de alguien, aún bajo el encantamiento desilusionador, a través de una muy atareada Hogsmeade; sus manos estaban atadas a la espalda; trató de gritar, pero no pudo hacer ningún ruido. Cuando tuvo la brillante idea de tratar de zafarse, un puño impactó con dureza contra su costado y todo se apagó dolorosamente por varios minutos. Despertó cuando alguien lo bajó, duramente sobre su trasero, y lo puso junto a Harry, sobre dos pulgadas de nieve, en la Casa de los Gritos.

Harry estaba exactamente en la misma condición que él: con las manos atadas a la espalda, con su boca fuertemente cerrada, sus ojos agrandados por el miedo y sin sus lentes. Definitivamente no estaban vestidos para salir, ambos temblaban. Pudo ver bien el collar alrededor del cuello de Harry, era negro y brillante, como una sólida banda de sombras. Se estremeció de disgusto, pensando que un aparato igual de asqueroso le tocaba la piel. El miedo de Harry era mucho, pero Draco aún se sentía un tanto separado de la realidad, él sabía que debería estar furioso.

No había nadie más alrededor, sólo los captores; Draco volvió su atención hacia ellos. Uno, era Theodore Nott; otro, Blaise Zabini, y el tercero, Devon Zabini. Todos estaban vestidos para el frío y sólo Devon parecía calmado. Blaise miraba hacia otro lado, con las mejillas rojas de vergüenza y nerviosismo. Theo lucía nervioso y excitado, y sus ojos los devoraban a ambos, triunfantes. La ira de Draco comenzó a despertar.

-Te ves bien, Draco-. Gruñó Theo, con una gran sonrisa de satisfacción. –Me gusta tu cabello.

-No tenemos tiempo para eso-. Devon miró al joven Slytherin. –Ve a buscar el traslador.

-¿Por qué no va Blaise?- Theo le lanzó una mirada enojada, pero cuando Devon le clavó su mirada fría, giró e hizo lo que le ordenaba. Blaise habló, apenas vio que el otro estaba lo suficientemente lejos como para no oirlo.

-¿No podemos hacer que Draco olvide esto y lo dejamos ir?- Preguntó, suavemente, mirando a su hermano con ojos suplicantes.

-El Señor de las Tinieblas los quiere a los dos-. Respondió Devon, sin mirar siquiera a su hermano menor, su atención estaba fija en los dos cautivos.

-Pero, una vez que tenga a Potter, realmente no va a notar que Draco…

-No-. Interrumpió Devon, y Blaise quedó en silencio.

Draco se alegró; no quería ir a ningún lado sin Harry. Necesitaba pensar en un plan. Volvió a mirar a Harry, buscando inspiración. El encantamiento desilusionador estaba a punto de terminar. Devon también lo notó y frunció el ceño, profundamente. Levantó la varita y les apuntó; antes de que pudiera realizar el hechizo, volvió Theo, con una larga cadena dorada alrededor del cuello. Se la quitó y se la alcanzó a Devon con una inclinación burlona.

-Bien- Devon la tomó y se la colocó alrededor del cuello.-Le hablaré al Señor de las Tinieblas de sus habilidades y de este éxito. Ahora, los dos deben volver al colegio antes de que alguien note que no están allí.

-¡¿Qué!?- Gritó Theo, ultrajado. –¡Yo voy a ir contigo a entregar a Potter!

-No, no lo harás-. Respondió Devon, con calma. -¿Vas a ir contra sus órdenes?

-¡Tú quieres todo el reconocimiento!- La varita de Theo apuntó al hombre joven. Devon ni se molestó en levantar su varita, la mantuvo al costado y subrepticiamente apuntó al adolescente. Sus labios no se movieron, pero Theo trastabilló, sus brazos cayeron y la varita dio contra la nieve. Sus ojos marrones quedaron abiertos y apagados.

- No será problema. Sólo di que bebió demasiado-. Ordenó Devon a su hermano. Blaise no dijo nada, se acercó a Theo y lo ayudó a mantenerse en pie. –Te veré más tarde, hermanito. Cuídate.

Draco miró con furia al hermano de su amigo cuando el hombre le pasó un brazo alrededor y el otro alrededor de Harry, y los atrajo a su lado; murmuró algo que Draco no pudo oír y luego sintió el tirón del traslador. Cuando aterrizaron, Draco golpeó con fuerza contra su secuestrador y quedó sin aliento. No tenía idea de dónde estaban: había árboles y aunque no había nieve, hacía frío.

-¿Están bien, chicos?- Preguntó Devon, mientras los soltaba con cuidado. Sus manos se mantuvieron a la expectativa, para que no cayeran. Harry se tambaleó, pero permaneció de pie. Draco ni se movió, sus ojos furiosos, eran como mercurio. -¡Qué pregunta idiota!- Espetó, sin sorprenderse porque el hechizo silenciador ya no tenía efecto. -¿Cómo crees que estamos?

Devon lo miró de frente y su cara se mantuvo inamovible. Draco continuó fulminándolo con la mirada, pero consideró que era mejor no decir nada más. Harry temblaba de miedo y de frío. Draco se acercó y se inclinó hacia él, quería tranquilizar a su amigo, pero no se atrevió a decirle nada, Devon podría pensar en que era necesario ponerles más restricciones. El miedo de Harry menguó sin que le dijera nada, y apoyó parte de su peso contra el hombro de Draco.

-Síganme. No corran ni hablen, o los lastimaré-. Les dijo Devon, con calma. No obtuvo respuesta; se volvió y comenzó a caminar por del bosque. Draco lo seguia unos cuantos pies detrás, con Harry a su lado. El rubio hizo señas a Harry para que se adelantara y el pequeño lo hizo sin dudar. Draco examinó sus ataduras: parecían sogas, pero eran grises. Al tacto eran suaves como metal, pero livianas como soga; por lo tanto eran una combinación mágica de ambos. Eso significaba que el hechizo debería debilitarse o hasta terminarse si no lo realizaban nuevamente. Devon era, con seguridad, el que lo puso sobre ellos, así que sólo deberían alejarse de él. Draco resopló: era más fácil decirlo que hacerlo.

Hacía una hora que caminaban, cuando Harry comenzó a tropezar: el miedo, el viaje con el traslador y el maldito collar que bloqueaba su magia lo habían agotado. Devon siguió caminando, sin notarlo. Draco gruñó a su espalda y trató de apoyar a Harry de la mejor manera posible, caminando a su lado y permitiendo que el pequeño se apoye en él. Cuando Harry cayó, ya no lo soportó más.

-¡Necesitamos descansar!- Espetó y se arrodilló junto a su amigo caído.

-No-. Respondió Devon, sin siquiera molestarse en darse vuelta a mirarlos. –Sigan.

-¡No podemos, idiota! ¡Esto no es mentira!- Gritó Draco, antes de volverse hacia Harry.

-¿Estás bien?

-Sí-. Jadeó. –Tengo una punzada en el costado.

Ambos levantaron la vista, Devon se detuvo y caminó hacia ellos. Los ojos de Harry se agrandaron e instintivamente trato de ocultarse detrás de Draco. La respiración del rubio se aceleró, debido a su ira y al terror de Harry.

-Les dije que iba a lastimarlos. Levántense-. Dijo Devon, tranquilamente.

-¿Cuál es tu problema?- Demandó Draco. –¡No podemos seguir!, entiende que por más que nos amenaces, físicamente no podemos.

-No estoy de acuerdo. Crucio.

El dolor explotó en la cabeza de Draco. Todo su cuerpo sufrió el espasmo y la tensión. Gritó de dolor, parecía que iba a durar eternamente; se acurrucó a la defensiva; la agonía crecía, supo que iba a quebrarse y…se detuvo. Por sobre sus propios lamentos y húmedos sollozos, escuchó el sonido de maldiciones y golpes. Parpadeó, deshaciéndose de las lágrimas calientes y vio que Harry mordía la mano del hombre que, ahora ya no sostenía su varita. Devon golpeaba a Harry en la cabeza, en la espalda, gritándole que lo suelte; ahora le agregaba las piernas, pero las mandíbulas de Harry no se abrían, un hilo de sangre caía por su barbilla y por la mano de Devon.

Draco se puso de pie, trastabilló, sus músculos le gritaban que deje de moverse y que se quede quieto esperando que el dolor pase, pero ésta era su única oportunidad. Gritando, cargó contra Devon, golpeándolo con la cabeza y dejándolo sin aire.

Todos cayeron al suelo. Draco lo golpeaba con la cabeza, con las rodillas, lo mordía, lo pateaba. Gritaba como una animal salvaje. Le dolía y lo único en lo que pensaba era en detenerlo para que nunca más lo lastime de ese modo.

-¡Ray!- Gritó Harry. -¡Ray, Draco, detente! ¡Ray, por favor!

Le tomó un momento entender el significado de las palabras de Harry, y se forzó a sí mismo a detener el ataque salvaje. Difícilmente podía respirar y su corazón latía con la fuerza de un martillo contra sus costillas. Se tambaleó hacia atrás, unos pasos y cayó de rodillas. Devon estaba inconsciente. En algún punto, las manos de Harry se liberaron de las ataduras, y Draco había comenzado a usar las suyas en su furia ciega para destruir a Devon; tenía sangre en la boca, en la barbilla, bajo las uñas, los pies le dolían de patear al hombre con tanta fuerza y durante tanto tiempo.

-Ray…-Sollozó Harry, aferrándose al rubio. –¿Es…estás…bien?

-Sí-. Dijo Draco, con voz áspera, le ardía la garganta. –No podemos quedarnos aquí. Debemos movernos.

Se obligó a volver hasta el cuerpo golpeado de Devon. Lo asombraba cuánto daño le habían hecho, no podía recordar ni la mitad. La cara de Devon ya se hinchaba, tenía varios moretones y sus ropas desarregladas revelaban feos golpes. Por la manera en que se elevaba su pecho y su respiración parecía húmeda y dificultosa, Draco supuso que tenía algunas costillas rotas.

No se arrepentía, pero tampoco se sentía orgulloso. Las palabras más cercanas que encontró para describir cómo se sentía eran determinada satisfacción. Tiró del colgante que pendía del cuello del hombre, buscó en todos sus bolsillos, tomando todo lo que encontró, en caso de que alguna cosa fuese un traslador. Hizo señas a Harry para que tome la varita de Devon y el pequeño se apresuró a obedecer.

-Deberíamos matarlo…va a venir detrás nuestro… va buscar a más Mortífagos y nos apresarán- Reflexionó.

Harry se paró a su lado, temblando, con sus ojos verdes llenos de comprensión y horror. Draco dio un respingo, una nube caótica de emoción y sufrimiento le colmó el pecho; no podía siquiera comenzar a descifrar los sentimientos de su amigo. Eran poderosos y crujían todos juntos. Sujetó los hombros de Harry con fuerza y lo sacudió para que se concentre en sus palabras.

-Tenemos que hacerlo. ¿Entiendes?

-Es el hermano de Blaise-. Apuntó Harry, débilmente. No era exactamente una razón, sólo era un modo de establecer el hecho y las consecuencias de lo que iban a hacer.

-Es un Mortífago- Dijo Draco, con determinación. –Que nos entregará para que nos asesinen…él nos torturará…Seguramente estamos cerca de un campamento de Mortífagos. Nosotros…sabemos de qué son capaces…Y tú eres el Niño Que Vivió. Yo…yo no voy dejar que te maten.

Harry asintió, débilmente, las lágrima caían por sus mejillas, pero la nube de emociones estridentes menguó. Draco percibió ahora, comprensión, remordimiento, culpa, y horror. Se sintió nauseoso, desesperado y atemorizado, pero debía ser fuerte, por Harry. Se había prometido que protegería a su amigo; él no permitiría que lo maten ni que lo lastimen; no quería ni imaginarse los horrores que esperarían a Harry si lo llevaban frente a Voldemort en su estado de vulnerabilidad e impotencia. No podía permitir que sucediera.

-No mires-. Dijo, suavemente, apartando los mechones de cabello del rostro de Harry. –Ve hacia allí. Lo haré rápido.

-No-. Susurró Harry, la determinación se elevó por encima de todas sus emociones. –No vas a hacer esto tú solo. Voy a estar contigo hasta el final.

Draco ahogó un sollozo y abrazó a Harry con fuerza, por un momento. – Muy bien. Tenemos que apurarnos…- Se volvió y se aproximó a Devon. No podía hacer magia por el maldito collar, debería hacerlo a la manera muggle. ¿Pero, cómo? Harry debió sentir sus dudas, por lo que tomó una roca apenas más grande que un puño cerrado y se la alcanzó. Draco la tomó y dio un paso hacia la cabeza de Devon. Ay…Merlín…pero, tenía que hacerlo…tenía que sobrevivir, tenía que proteger a Harry.

Harry se colocó a su lado, también sostenía una roca…realmente iba a estar junto a Draco en este momento. Lloraba. Draco detestó esto, y, de pronto, no pudo soportar la idea de que Harry golpeara al hombre inconsciente con la roca. Con un grito, empujó a Harry hacia atrás, y giró nuevamente, y, con toda su fuerza, bajó la roca, que golpeó con un ruido húmedo. De la cabeza de Devon comenzó a manar sangre. Draco dejó caer la roca y se alejó para vomitar, trastabillando. Harry se acercó, pero Draco volvió a alejarlo. El moreno lloraba, impotente, mientras Draco se limpiaba la boca.

-Vamos-. Gruñó el rubio, caminando rápidamente en la dirección opuesta a la que Devon los había llevado.

Harry lo siguió, con los brazos apretados con fuerza, sin apartar los ojos de la trenza rubia; estaba colmado de tristeza, amor, remordimiento y culpa. Draco le extendió la mano y Harry la tomó, aferrándola con fuerza. Draco agradecía que Harry aún lo amara y quisiera tocarlo…nunca notó que él también lloraba.

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Pronto vendrá la parte final de este capítulo…Un saludo.

D.L.