Esta es una traducción de la historia de Sensibly Tainted, "Growing Pains".

Los personajes originales son de J., por supuesto.

Muchas gracias por los reviews a silhermar; Leslie Rebeka B.S.L.; Olimka;VVICKY;rlucy;Sami-Maraurder girl;Murtilla;aneychi;Kathy Sacuba;frokwears;Lou Malfoy-Lupin;Fran Ktrin Black; y a todos los que pusieron la historia en 'Alert' y en 'Fav' !!!

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Creciendo con dolor

Capítulo 20

A Harry le resultaba muy difícil respirar, hacía casi media hora que había sentido la magia y no iba a poder soportarlo más: estaba embotado y ya no sentía el frío; las piernas le quemaban y amenazaban con no sostenerlo.

Draco lo llevaba de la mano, pero el rubio no iba mucho mejor. Tenía problemas para respirar y tropezaba en raíces y rocas cada pocos minutos. Harry abrió la boca para suplicar un descanso, pero no emitió ningún sonido. Cerró los ojos con fuerza, la poca saliva que pudo tragar, le supo a vidrio en la garganta. Hizo una mueca de dolor y cayó, casi arrastró a Draco con él.

-¡Harry!- Gritó Draco, con voz ronca, arrodillándose y acostándolo de espaldas.

La cara de Harry estaba blanca y parecía que luchaba por respirar. Rápidamente, Draco lo sentó y le masajeó la espalda. Harry respiraba con ruido, tenía los brazos caídos a los lados y la cabeza colgaba sobre el pecho. Atemorizado por el pánico y la desorientación que recibía a través de la conexión, Draco apoyó cuidadosamente la mano sobre la frente de su amigo y lo reclinó sobre el hombro. Ahogó un grito. ¡La cabeza de Harry estaba caliente!

-¿Bebé qué te duele?- Preguntó, con la voz quebrada de preocupación.

Harry abrió la boca pero no le salió nada; las lágrimas le quemaban los ojos, se sentía impotente y tenía miedo. La presión sobre la barrera seguía allí, no había cambiado. Los Mortífagos los encontrarían, y él, literalmente, no podía moverse; ni siquiera podía respirar en ese momento.

-Shhhh, descansa, ahora descansa-. Draco miró fijo hacia atrás. -¿Todavía hay alguien usando magia?

Harry asintió débilmente y señaló.

-Bien...súbete a mi espalda. Voy a buscar una corriente de agua y allí nos detendremos.

Draco gruñó y se levantó. Harry no era pesado, pero cualquier peso añadido era una tortura para su cuerpo abusado, apenas unos minutos después, transpiraba, no se había sentido realmente caliente desde que los habían secuestrado -¿sólo hacía un día? ¡Parecían semanas!- Harry irradiaba calor. Draco caminaba fatigosamente, jadeando y gimiendo, buscando agua con desesperación.

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La Orden debía dar el primer reporte y Albus esperaba junto a la chimenea de su oficina. El fuego verde flameó y apareció la cabeza de Arthur, quien reportó que Severus los había conducido por la sección del este y aún no habían encontrado nada. Del equipo de Remus, apareció la cara de Minerva y reportó lo mismo desde la sección norte.

Sturgis Pomodore fue elegido para dar el reporte del equipo de Kingsley; era un mago de mandíbula cuadrada y cabello grueso pajizo, dos años mayor que Severus; él reportó que no habían encontrado nada en la sección oeste. Del equipo de Narcissa, Hestia Jones, una bruja de mejillas sonrosadas y cabello negro, reportó lo mismo desde la sección sur.

Albus les agradeció los reportes y les repitió que sean cuidadosos. Una vez que terminaron, los hombres y mujeres intercambiaron reportes más completos sobre el terreno y los muggles locales antes de volver a sus equipos, luego salieron de los límites de la ciudad para poder 'aparecerse'.

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Draco disminuyó su marcha a una caminata trastabillante; estaba exhausto y parecía que Harry se hacía más y más pesado sobre su espalda. Justo cuando pensaba que debería detenerse, Harry le dio un golpecito en el hombro. Suspirando aliviado, se arrodilló para permitir que su amigo se deslizara. Harry cayó, dando un golpe seco, y con una mueca de dolor porque el golpe empeoró su dolor de cabeza.

Draco se volvió hacia él y le pasó sus manos temblorosas por la cara afiebrada.

-¿Estás bien?- Preguntó, con voz áspera.

Harry asintió y dijo dolorosamente, en voz baja. –La magia se fue.

-¿Sí?- Preguntó Draco. –Gracias a Merlín- Se dejó caer sobre su espalda y se quedó mirando, apagadamente, la copa de los árboles. –Tengo tanta hambre-. Gimió, haciéndose un ovillo alrededor de su estómago vacío. –Podría dormir durante un año entero.

-¿Escuchaste eso?- Gruñó Harry, sentándose rígidamente, ignorando las quejas de su amigo, pues no podía hacer nada al respecto.

Draco se sentó, frunciendo el ceño. –Dime que eso no fue un trueno.

Harry asintió y lentamente se puso de pie. –Necesitamos un refugio-. Draco se apresuró a ayudarle y Harry se tomó del brazo con gratitud. Llorando de frustración, Draco guiaba a Harry; sus pies le latían, toda su piel expuesta estaba cubierta de mugre; manos, cuello, cara; su cabello continuaba trenzado, pero se le habían adherido ramitas y hojas y unos cuantos mechones se le habían soltado. Harry lucía tan mal como él, y tal vez, peor, porque estaba acalorado y sus ojos tenían un brillo enfermizo. Draco, nunca se había sentido más desesperado o atemorizado. ¿Por qué seguir, hacia dónde iban? Si las cosas no cambiaban pronto, morirían sin necesidad de que los ayuden los Martífagos.

-Agua-. Dijo Harry, roncamente, y cayó de rodillas.

Draco levantó la cabeza y vio que más adelante había un arroyito. Creyó que saltaría de júbilo; esta vez, si debían salir corriendo, seguirían la maldita corriente de agua. No iba a seguir sin agua. Tironeó de Harry unos pies, y el pequeño se las arregló para gatear un poco. Ambos cayeron sobre el agua con sus bocas sedientas: bebieron frenéticamente. Harry bebió demasiado rápido y debió alejarse para vomitar. Draco también se retiró, para masajearle la espalda compasivamente. Su estómago también se rebelaba. Volvieron hacia el agua y bebieron más lentamente. Harry se encorvó, gimiendo.

-Harry...- Draco se mordió el labio, preocupado; se quitó su sweater y mojó la manga en el agua fría. Temblando, colocó la cabeza de Harry sobre su regazo y le pasó la ropa húmeda y fría sobre la frente y las mejillas. Los ojos de Harry ni se movieron.

–No te enfermes, por favor, Bebé-. Draco mecía al pequeño y lloraba; no sabía qué hacer.

No habían pasado diez minutos, cuando el trueno se oyó con fuerza y el cielo se oscureció. Harry despertó de un salto, con un grito de terror. Draco lo abrazó y lo calmó. Parpadeando, con los ojos afiebrados y borrosos, Harry comprendió que debían buscar refugio, o intentarlo, al menos; la lluvia iba a ser fría.

-Necesitamos refugio-. Dijo, débilmente, y apoyándose en Draco se puso de pie.

El rubio no discutió y se volvió a colocar el sweater húmedo, los dientes le castañeteaban y el miedo a la tormenta le dio la suficiente motivación para continuar. Sin embargo, recordó su promesa y siguió la corriente de agua. No habían avanzado mucho, cuando comenzó a llover. Como habían predicho, el agua era helada, y en minutos terminaron empapados. No había refugio a la vista, sólo árboles y más árboles. Draco se mordió el labio con fuerza para no llorar. Continuó caminando.

-Paremos-. Harry trastabilló, no podía ver, todo nadaba a su alrededor; tenía los pies y las manos adormecidos, no recordaba porqué, pero sabía que eso era algo malo. El pecho le dolía y le picaba la garganta, pronto comenzaría a toser, lo sabía. No podía seguir, era difícil caminar en el barro, y ahora, Draco temblaba violentamente. Harry hacía rato que no temblaba, estaba tan embotado que no sentía el frío.

-¿Ha-h-h-Ha-rr-rry?- Tartamudeó Draco, castañeteando sus dientes.

Ah, sí, él tenía una idea, ¿cierto? ¿Qué iba a decir? Harry se mareó; otro relámpago y volvió a ver un viejo árbol. –Ahí hay un refugio- Señaló, y se lanzó hacia allí, tambaleándose, en zigzag, pero llegó hasta el árbol, llovía bajo las ramas, pero no tanto. Harry se sentó contra el tronco y le hizo señas a Draco para que se sentara a su lado, el rubio lo hizo, torpemente. –Quítate el sweater- Dijo Harry, con dificultad. Estaba tan cansado; quería dormir. ¿Por qué no estaba durmiendo?

Draco no entendía por qué debía quitarse el sweater; era lo mismo si lo tenía puesto o no, así que le hizo caso. Harry se quitó el suyo y se las arregló para sentarse a horcajadas, en el regazo de Draco, con los torsos desnudos apretados. Draco abrazó a su amigo, bien cerca, Merlín, esto se sentía muy bien…

-Escúrreles el agua y…óc..los…sobre…los dos…-Dijo Harry, con voz quebrada.

Comprendiendo lo que le pedía, Draco los escurrió lo mejor que pudo y después los colocó de modo que cada uno los envolvía a ambos, con el pecho desnudo de Harry apretado contra el suyo. Draco levantó las piernas, tratando de capturar la mayor cantidad de calor corporal. El moreno se durmió minutos después, y Draco lo siguió, casi enseguida.

Desafortunadamente, Draco sólo durmió un par de horas, hasta que Harry lo despertó con su tos débil. El rubio frunció el ceño, sentía los fluidos en los pulmones de Harry en cada una de sus respiraciones irregulares, además, estaba muy caliente y los mantenía calientes a los dos. Acurrucándose aún más alrededor de Harry, Draco bajo la cabeza; estaba demasiado cansado, demasiado embotado como para llorar, pero la desesperación se henchía en su pecho.

Estaban absolutamente perdidos; tenían Mortífagos tras ellos, no tenían comida ni refugio, ni ayuda de ninguna clase. Con cada hora que pasaba, Harry empeoraba, y quedarse sentados bajo la lluvia –que ahora era una llovizna- en noviembre, no ayudaba para nada. ¿Qué podía hacer él? ¡Tenía que hacer algo! ¡No podía dejar que Harry muriera! ¡Él tampoco quería morir! ¡No era justo!

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Arthur esperó a que todos hicieran sus reportes, antes de pasarles las pociones energizantes que había preparado Severus y que llevaba consigo. Se preguntó cuántas pociones tendría el hombre, encogidas y escondidas entre su flameante túnica negra. Sturgis tomó varias y le pasó algunas a Hestia. Minerva tomó el resto.

-¿Y no hallaron ninguna pista, tampoco ustedes?- Preguntó ella, con un suspiro desesperanzado.

-Nada-. Arthur negó con la cabeza y los otros dos hicieron lo mismo.

-¿Qué tan lejos llegaron?-Preguntó a los otros.

-Como quince millas- Respondió Sturgis, con determinación.

-Diez-. Suspiró Hestia, pasándose la mano por su cabello corto, cansadamente.

-Catorce-. Minerva frunció el ceño.

-Trece-. Agregó Remus.

-¿Creen que mi equipo se mueve muy rápido?- Preguntó Minerva a los otros.

-Puede que nuestro equipo se mueva muy lento-Hestia se encogió de hombros. –Narcissa está decidida a no dejar pasar nada.

-Debemos hacer lo mejor que podamos-. Arthur sonrió, tratando de alentarlos. –Los encontraremos…es cuestión de tiempo.

Sturgis sacudió la cabeza y dejó el hotel; Hestia lo siguió, con una simple inclinación. Minerva sonrió y apretó el hombro de Arthur, antes de salir. La sonrisa del hombre desapareció apenas se quedó solo; apretó los puños; no podía perder a Harry, el pobre chico era como un hijo para él, y ya habían perdido demasiados niños. Sacudiendo la cabeza, se apresuró a dejar la habitación, cerrando la puerta con cuidado.

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La lluvia paró, pero ya era de noche; fría y oscura noche. El arroyo había crecido después de la tormenta y se oía como si estuviese junto a él, pero Draco sabía que estaba a unos veinte pies de distancia. No estaba seguro qué lo había despertado, podían ser muchas cosas: su cuerpo le dolía, rígido y frío. Se sentía débil y tenía hambre; Harry temblaba contra él y cada uno de sus gemidos húmedos parecía el último. La fiebre impresionaba más alta, y calentaba casi demasiado el frente del cuerpo de Draco, y su espalda y sus piernas permanecían heladas. Se asombró porque había podido dormir.

-Ray…-Gimió Harry. –Más…magia…para…aquél lado…-Señaló con la cabeza. La magia que sentía estaba directamente frente a Draco, detrás de Harry. Se mordió el labio; si seguían arroyo abajo, irían hacia la magia; si tomaban arroyo arriba, se alejarían, pero…realmente, él no creía poder cargar a Harry; y Harry, ciertamente, no podía caminar. Gruñó, dejó caer la cabeza de modo que su mejilla descansó contra el cabello húmedo del pequeño.

-Gracias, Harry-. Susurró. –Descansa, yo te cuido.

Harry asintió débilmente y volvió a su sueño intranquilo. Draco lo abrazó. No podían ir a ninguna parte. Ahora no, no en este estado. Deberían esperar, esperar hasta la mañana, o hasta que los Mortífagos los encuentren. ¡Malditos bastardos! Pensó, Draco, cruelmente; los mataría a todos, lo haría. ¡Estaba cansado de escapar, cansado de tener miedo y de sentirse impotente!

Se obligó a respirar hondo y a calmarse, tenía que hacer planes. Cuando salga el sol, y las cosas se entibien un poco, llevaría a Harry al arroyo y haría que beba, luego se alejarían, tal vez encontrasen una cueva o el fin de este maldito bosque…Pero, por ahora, cerró los ojos, otra vez. Mañana necesitaba estar fuerte.

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El tercer reporte no tenía novedades para Albus, pero esta vez no estaban solos. Cada equipo había mandado dos miembros para que descansen unas cuantas horas. Cambarían en el siguiente turno. Esto haría más lenta la búsqueda, pero no podían funcionar sólo con pociones, debían tener las mentes claras.

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Draco se mantuvo fiel a su plan. Llevó a Harry hacia el arroyo e hizo que el niño que deliraba de fiebre, bebiera lo más posible, luego él también bebió. Se colocaron los aún húmedos sweaters, y Draco cargó a Harry sobre su espalda, antes de retomar el camino, esta vez, arroyo arriba.

Harry dijo que la magia seguía a sus espaldas. Draco apretó los dientes y caminó. El dolor en los pies y en las piernas era cada vez peor, y comenzaba a sentirse mareado, pero ya no le importaba; todo lo que importaba era seguir en movimiento.

El tiempo pasó sorpresivamente rápido, mientras él entraba y salía de confusos sueños diurnos. Sin embargo, se despertó completamente cuando Harry se puso rígido sobre su espalda y su ruidosa respiración se detuvo. Draco lo estaba bajando, cuando el dolor lo golpeó, y sintió en sus ojos, la usual ola de vértigo que señalaba el comienzo de una visión. Apenas tuvo el tiempo suficiente para gritarle que ocluyera su mente, con todas sus fuerzas, antes de desmayarse.

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Voldemort lanzó una mirada asesina a sus temblorosos seguidores, la ira le corría por las venas. La tarde del día anterior, una de sus preciadas mascotas había sido hallada muerta a una milla del campamento. Él había ordenado a Mulciber, Avery y Nott que investiguen qué había sucedido. Entrada la noche, Avery regresó con el reporte.

Zabini había sido asesinado por un golpe en la cabeza con una roca pesada y lucía golpeado. Los Mortífagos se dirigieron a Hogwarts para ver si el hermano menor de Zabini sabía en qué cosas andaba envuelto su hermano últimamente, pero no lo encontraron. Tuvieron suerte, porque al entrar a Hogsmeade, se les acercó el hijo de Nott.

Al parecer, él y Blaise estaban escondiéndose en la ciudad, porque habían secuestrado a los niños Potter y Malfoy, y no querían ser interrogados sino hasta que fuese tarde para salvar a los mocosos. Nott y Mulciber regresaron a donde estaba el cuerpo de Devon y comenzaron la búsqueda de los niños perdidos –Blaise les había informado sobre su estado de regresión en la edad-, mientras Avery reportaba a Voldemort.

Voldemort se enfureció porque Devon actuó sin informarle y había tenido la insolencia de casi lograrlo. ¡Pensar que el Niño Que Vivió volvía a tener doce años y estaba a su alcance! Torturó a Avery durante unas horas para desahogar su furia; después convocó a su círculo de confianza, les ordenó que sigan a Avery, le ayuden a encontrar a los niños y los traigan vivos a su presencia.

Una hora después del amanecer, Avery reportó que no encontraban a los mocosos; al parecer Devon les había colocado un artefacto poderoso para evitar que hagan magia, y eso interfería con los hechizos de búsqueda. Deberían buscarlos por sí mismos.

Voldemort, encolerizado por la incompetencia de sus seguidores, torturó a Avery un poco más, hasta que pudo pensar claramente. Una vez calmado, hizo una convocatoria general –que fue lo que provocó la visón en los niños- y les ordenó a los doscientos Mortífagos que rastrillen Rumania hasta que los encuentren. Los amenazó con la muerte si, para cuando cayera el sol, no encontraban a los fugitivos.

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Draco despertó con un gemido. Esta vez, él había estado tras los ojos de Voldemort, tal como lo describió Harry en su última visión, y lo que vio, lo aterrorizó. Cientos de Mortífagos los buscaban, y debían llevarlos vivos ante el Señor de las Tinieblas.

Draco se estremeció recordando la sensación de la ira profunda de Voldemort y su enloquecido deseo de sangre. Luchó para llegar hasta Harry. El moreno tosía débilmente y luchaba por respirar.

Rápidamente, Draco lo sentó para aliviarlo. Harry gimió, tosiendo, y abrió los ojos; vidriosos y con sus pupilas dilatadas. Draco dio un respingo: el temor, la confusión y la necesidad desesperada en Harry lo cortaban por dentro.

-Harry...sujétate...tenemos que seguir...

Harry señaló detrás suyo y a la izquierda. -...magia...

-Ya lo sé, Bebé...-Draco lo puso sobre su espalda. –Por favor, sujétate, Harry...sujétate de mi cuello.

El moreno gruñó y débilmente envolvió el cuello del rubio con sus brazos. Tosió violentamente y se ahogó tratando de respirar. Draco comenzó a trotar, aunque sólo pudo mantener el paso por unos minutos, luego volvió a su caminar lento. Forzó a su cuerpo a obedecerlo; ¡estaban siendo cazados y los predadores se cerraban sobre ellos desde dos direcciones! Jadeando, Draco tropezó, con sus ojos agrandados y llenos de terror.

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Narcissa se agachó, acercándose al suelo, mientras observaba cómo un grupo de tres Mortífagos pasaban cerca. Dung, su hermana Andrómeda y Hestia se dispersaban alrededor, inmóviles como ella. Los Mortífagos no sospechaban que estaban siendo rodeados, sin embargo, ella no estaba segura de cuál debería ser la próxima movida.

Si los atacaban, alertarían a Voldemort de que había miembros de la Orden en los alrededores, y eso podía significar sus muertes y las muertes de su hijo y de Harry. Luego, recordó algo. Su hermana...Andrómeda era excelente en hechizos de memoria, si los capturaban y los interrogaban, su hermana podría hechizarlos con tal sutileza que nadie se daría cuenta.

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Los cuatro miembros de la Orden se reunieron en el hotel e intercambiaron novedades. Hestia les informó rápidamente sobre el encuentro con los Mortífagos y sobre el descubrimiento de que los niños habían escapado y estaban siendo cazados por todos los Mortífagos disponibles. Se quedaban sin tiempo, necesitaban encontrar a los niños. Por suerte, ahora tenían una pista.

Los niños habían salido del área de Narcissa, y por lo que ella había podido averiguar, se habían dirigido hacia el norte, lo que los llevaría a la sección de Severus. Por eso, ya no debían buscar a los lados, los equipos de Remus y de Shacklebolt podían unirse al de Narcissa.

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Draco cayó, gritando de dolor. Harry se desmoronó de la espalda de Draco y rodó; sus ojos verdes se abrieron y se quedaron mirando fijo, embotados. Su tos, como un crujido, resonó en sus oídos… la cabeza le dolía tanto... ¿Qué decía su padre sobre acostarse en el suelo? Esperaba que Ron esté bien, aunque no sabía por qué le preocupaba el pelirrojo.

Un momento...¿dónde estaba Draco? Se apoyó sobre sus manos y rodillas y miró alrededor. Realmente había muchas hojas allí. ¿Tal vez debería barrer? Tía Petunia se enojaría mucho… tanta suciedad.

Un cabello rubio platinado le llamó la atención y gateó hasta él, sonriendo. La sonrisa desapareció instantáneamente cuando notó que Draco lloraba. Un llanto agudo, de dolor, salía de la garganta del rubio y Harry frunció el ceño. Eso no era bueno, para nada. Sintió que la cabeza se le aclaraba y tosió con fuerza. Cuando pudo respirar otra vez, observó a su mejor amigo. Parecía que estaba bien, tan sólo sucio. Draco se va a enojar mucho cuando se dé cuenta de lo arruinadas que quedaron sus ropas, sus pensamientos se detuvieron cuando vio el pie y el tobillo de Draco.

Había un círculo de metal con dientes, clavado en la carne del rubio. Harry podía ver el hueso blanco y los tendones, hilos de piel ensangrentada colgaban por los agujeros que habían hecho los dientes de metal. Manaba sangre, olía caliente y penetrante. -Draco...-Gimió Harry. –Ay, no...Dios, Ray...que estés bien...

Draco no podía responder; mudo de dolor.

Harry levantó la cabeza, sorprendido y miró alrededor, escuchó que alguien se acercaba. Un ruido apagado, pero él sabía que estaban cerca. Tosió y escupió el moco que subía por su garganta. Draco hiperventivaba, sus ojos enormes por el impacto.

Harry recordó al rubio enfriándole la frente con su propio sweater, cargándolo todo el camino porque él era tan débil...y ahora los Mortífagos se acercaban y habían provocado que Draco sangrara, y lo habían hecho llorar...Harry cerró los ojos, se sintió nauseoso, y mareado.

Los sonidos de alguien que se acercaba se hacían más fuertes. Si se esforzaba mucho, podía descubrir las sombras moviéndose entre los árboles. No dejaría que lastimen a Draco. Miró a su amigo y sintió que el amor lo abrumaba. Draco había hecho todo lo que podía para salvarlo, estaba herido por su culpa.

-Harry...-Sollozó Draco. –Bebé…

El llanto de Draco rompía el corazón, y quebró completamente a Harry, de repente, todo explotó en una conjunción de sonido y luz; luego fue arrojado violentamente de toda sensación, como si un traslador velocísimo lo llevara a un agujero negro. Dejó de existir. Nada. Eternos ecos de nada.

Para Draco, era difícil pensar más allá del dolor: lo consumía y estaría gritando, si no fuese porque se sentía tan débil. Respiraba aceleradamente, la cabeza le daba vueltas y estaba seguro de que iba a vomitar. Olas de agonía lo invadieron, impotente. Eventualmente puedo volver a ver, y su Bebé lloraba, se mecía sobre sus rodillas, junto a él; vio la desesperación y el miedo, pero no podía sentir nada más que dolor. Le suplicó ayuda, aunque sabía que no podía dársela.

Harry se puso rígido, su cabeza fue hacia atrás, como si mirara la copa de los árboles. Draco ahogó un grito y se cubrió los ojos. El collar que Harry tenía alrededor del cuello brillaba de un color rojo ardiente y comenzó a desintegrarse. Gimió, sentía que a su collar le sucedía lo mismo; se derretía. La magia surgió a su alrededor y pudo sentir otra vez.

Cayó al suelo por la fuerza que emanaba de su amigo. Gritó, asustado por sí mismo y por Harry. Sin advertirlo, el dolor comenzó a ceder, miró hacia abajo: el metal se deshacía y su pierna comenzaba a curarse. A mitad de camino, la magia desapareció, se apagó como si fuese una vela. Draco gimió y levantó la vista hacia Harry que caía al suelo, como un montoncito.

-¡Harry!- Gritó, con voz ronca, y gateó hacia el pequeño. No respiraba. -¡No, Bebé! ¡No mueras! ¡No puedes dejarme!

Golpeó el pecho de Harry con sus manos, una y otra vez. Gritó con todas sus fuerzas, pero Harry no despertó. No respiraba. Unas manos lo agarraron y lo apartaron. Gritó. Un extraño, vestido con una capa negra se arrodillaba junto a su Bebé. Draco se enfureció y arremetió; el hombre que lo sostenía gritó y lo dejó caer.

Draco se abalanzó sobre el hombre que estaba junto a Harry, pero fue arrojado contra el suelo. Su magia explotó a su alrededor, haciendo volar hojas y a los Mortífagos que lo rodeaban. Gruñó y corrió contra el hombre junto a Harry y, esta vez, lo golpeó, cayendo enredado con él. Los otros Mortífagos lanzaban hechizos, sin importarles a quién le daban.

Draco no pudo evitarlo; le dieron. Sus músculos no lo sostuvieron y fue abofeteado duramente y golpeado en el abdomen. Quedó tirado, luchando por respirar, loco de dolor y pánico. Sus ojos se posaron en Harry: el pequeño respiraba y sus pulmones parecían más limpios. Al principio no comprendió, pero sintió plomo en el estómago cuando se dio cuenta: Voldemort los quería vivos. Por eso, los Mortífagos salvaron a Harry.

-¡Mocoso de mierda!-El Mortífago que lo había tirado al suelo lo escupió. Draco hizo una mueca de asco, el escupitajo caía por su mejilla. Con una diabólica sonrisa de anticipación, el hombre comenzó a mover su varita, los gestos se hacían más violentos y un complejo hechizo salió de sus labios. –'Paricreo tactus flagello excrucius'

Draco gritó, una línea de fuego le quemaba el pecho y un lado del cuerpo, otro latigazo y gritó, otra vez. Sintió que la sangre caía sobre su abdomen. Los Mortífagos reían. Los dos que miraban, lo levantaron, sosteniéndolo por los brazos. Otro latigazo, esta vez sobre su espalda. Draco se arqueó, con un débil sollozo de agonía, las lágrimas le caían por las mejillas, y se estremecía espasmódicamente. Ellos se mofaban, mientras él lloraba y más latigazos caían lentamente, cortando su piel y músculos, arrancándole gritos a su garganta torturada.

Sin aviso, el hombre que sostenía su brazo izquierdo, se desplomó. Sin balance, el otro Mortífago lo soltó, dejándolo caer. Su visión se nubló; el ruido de lucha, de hechizos se confundía con el rugido de sus propios oídos. Lo único que él sabía, era que quería a su Bebé; gateó ciegamente hasta que tropezó con un cuerpo y la figura de Harry se hizo clara por un momento, antes de que todo se volviera negro. Desmayado, cayó sobre el pequeño, escudándolo con la mitad de su cuerpo.

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Severus peleó ferozmente: lanzaba hechizos con mortal puntería; una ira helada gobernaba sus pensamientos. ¿Cómo osaban esos patéticos miserables, a darle latigazos su hijo? ¿Y Harry, estaba vivo? Desde que habían llegado, el pequeño no se había movido. Un hechizo lanzado por Podmore pasó por sobre su hombro y él giró justo para ver cómo el Mortífago que lo amenazaba por detrás caía. Sonrió fieramente y continuó peleando.

Moody y Shacklebolt peleaban lado a lado, maldijeron cuando aparecieron más Mortífagos. Los tres, atacados originalmente, debían haber llamado refuerzos. Tenían que llegar a los niños y salir de allí. No podían seguir peleando así, no cuando el número de Mortífagos crecía y los niños necesitaban atención médica. Gruñendo, como uno, los dos hombres forzaron su marcha hacia los niños caídos.

Tonks luchaba contra dos Mortífagos y perdía terreno. Maldijo y lanzó un hechizo de sujeción y uno de desarme. Uno cayó, y ella gritó su triunfo, pero aparecieron dos más. Maldijo, otra vez y continuó luchando. Justo cuando pensó que caería, Diggle apareció detrás de los Mortífagos, llamándola y repartiendo la lucha.

Emmeline Vance cayó bajo una maldición que le quebró los huesos de ambas piernas, pero eso no la detuvo, siguió lanzando hechizos desde el suelo. Varios Mortífagos cayeron y ella gritó de dolor, mientras seguía disparando; hasta que una maldición la lanzó por el aire y cayó como una muñeca de trapo. Alguien gritó su nombre, no supo quién. Todo se volvió negro y se derrumbó sobre sus piernas.

Arthur vio con horror cómo Emmeline caía y un Mortífago le lanzaba un cruel hechizo cortante. Él lanzó un escudo, pero fue demasiado tarde; la sangre voló por el aire desde la garganta abierta hasta el hueso, y ella se sofocó en minutos. Arthur gritó, con negación y horror, pero debió concentrarse porque otra andanada de hechizos iba hacia él.

Los equipos de Narcissa y de Remus llegaron a la escena, atraídos por la gran concentración de magia. Saltaron a la batalla para asistir a sus camaradas. Andrómeda llegó hasta su hija justo a tiempo. Tonks tosía sangre, con sus costillas quebradas del lado derecho, si otro hechizo cortante la alcanzaba, sería su fin.

Narcissa y Remus atacaron a los Mortífagos que mantenían a Severus alejado de los niños; y el Profesor de Pociones pasó; cayó de rodillas y con un rápido encantamiento amplificó su voz para ordenarle a los miembros de la Orden que se retiren.

Hubo una docena de sonidos de desaparición y los Mortífagos trataron de seguirlos desesperadamente. Por desgracia, algunos tuvieron la chance de aparecerse también; en verdad, siete terminaron frente al hotel, abalanzándose y hechizando muggles hasta que llegaron a la habitación correcta; pero, los miembros de la Orden usaron el traslador.

Los Mortífagos maldijeron en voz alta y comenzaron a incendiar el hotel.

Los niños habían escapado y sabían que su Amo no estaría contento, en lo absoluto.

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Me agotó esta mitad de capítulo; y me entristeció el relato de la muerte de Emmeline…

Les dejo un saludo grande.

D.L.