Esta es una traducción de la historia de Sensibly Tainted, "Growing Pains".
Los personajes originales son de JkR., por supuesto.
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Comprendo que para más de uno, va a ser necesario releer el capítulo anterior, como mínimo, para volver a relacionarse con la historia.
Intentaré, por todos los medios, que no vuelva a pasar tanto tiempo entre actualizaciones. - Inclinación respetuosa y mutis por el foro...-
D.L.
Creciendo con dolor
Capítulo 20- Segunda Parte
El traslador los llevó al recibidor vacío de Grimmauld Place; la entrada disparó alarmas puestas para que Dumbledore y Poppy acudieran en segundos. Arthur cayó sobre sus rodillas, bajo el peso del cuerpo de Emmeline. Andrómeda condujo a su hija hacia la pared, y Tonks gritó de dolor cuando sus costillas rotas le punzaron el pulmón y la sangre borboteó por su garganta y salió por sus labios. Shacklebolt corrió a ayudarlas.
Charlie se apresuró a ayudar a su padre, que sangraba y parecía no haberse dado cuenta de que estaba herido. Hestia y Hagrid corrieron a buscar elementos médicos y pociones; Mundungus andaba por los rincones con un brazo roto, había peleado cruelmente en muchas batallas, pero siempre se sentía inútil después de ellas. Dedalus estaba ciego, pero sostenía a Minerva, presionando la herida que ella tenía en el hombro. Sturgis y Narcissa se quedaron de pie, tensos, junto a Remus y a Severus, quienes comenzaron a trabajar en los niños.
Rápidamente, Severus les quitó las ropas –que molestaban, y podían ocultar la presencia de heridas-. Las manos de Narcissa se cerraron cuando vio la piel lacerada de su hijo. Inmediatamente, Severus realizó un encantamiento para detener el sangrado de las heridas producidas por los latigazos, sabiendo que Draco no podría soportar la pérdida de sangre; luego, cambió lugares con Remus, que se había hecho cargo de los hechizos de sanación generales. El Lobo los hizo ahora en Draco, mientras Severus trataba las lesiones específicas.
Poppy y Dumbledore llegaron y, por un momento, se quedaron asombrados por los gemidos, sollozos y sonidos mortales que oyeron. Ninguno de ellos había visto algo semejante desde la primera guerra. Poppy se recobró primero, ordenó a Dumbledore que consiga más médicos porque ella no iba a poder manejarse sola; él desapareció instantáneamente.
Hestia y Hagrid entraron con los materiales; Poppy le ordenó a Hagrid que informe a los elfos domésticos que preparen las diez habitaciones de huéspedes y que después regrese al colegio a ayudar en lo necesario, mientras el Director permaneciera ausente. Hestia ayudaba, y la medimaga comenzó a recorrer la habitación, evaluando a los pacientes que necesitaban atención urgente.
Tonks era la más grave; Poppy impartió órdenes a los que la bruja tenía alrededor. Se apresuraron a obedecerla, y pronto la joven metamorfomaga se vio en una camilla, tomando pociones y tratada con hechizos sanadores. El trabajo delicado tomaría, al menos, una hora. La medimaga hizo el trabajo de base y dejó a Andrómeda y a Shacklebolt para que aportaran la magia y la energía necesarias para terminarlo. Luego, corrió a atender a los niños. Para entonces, ya había llegado un segundo sanador que podía hacerse cargo de los demás, con ayuda de Albus. Poppy conjuró dos camillas y realizó hechizos extensivos para diagnosticar el daño en los niños. Los resultados se mostraron y ella apretó los labios con determinación; habían estado un poco más de cuarenta y nueve horas expuestos a horribles condiciones de estrés, además del clima; sumado al abuso de los enemigos y al sufrimiento emocional. Iba a tomar mucho tiempo curarlos. Ella se puso a trabajar, con la ayuda de Severus, Narcissa y Remus, quienes le ofrecieron su magia, fortaleza y manos.
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La mayoría de la cuadrilla de rescate ya había sido asistida y estaban descasando en las habitaciones de arriba. Las Tonks compartían un cuarto. Charlie y Arthur eligieron volver a su casa; si no, Molly se preocuparía; pero querían mantenerse informados sobre el estado de los niños. Minerva volvió al colegio a descansar en su propia cama; su hombro aún requería vendaje y cuidado por una semana –que podía ser menos si su magia lograba repeler la magia negra residual del maleficio-. Dedalus, Hestia y Sturgis optaron por quedarse, aunque no resultaron heridos de gravedad. Si atacaban Grimmauld Place, ellos podrían defender a los otros heridos. Mundungus eligió irse a casa, y nadie trató de convencerlo para que se quede. Shacklebolt quería quedarse, pero debió ir a casa, pues debía trabajar al día siguiente.
Severus, Narcissa y Remus eran los únicos de la cuadrilla que permanecían despiertos, en la cocina, con Poppy y Dumbledore, esperando las novedades sobre sus hijos. Hacía rato que la medianoche había quedado atrás y Severus estaba tan cansado que ni siquiera protestó cuando Remus se apoyó en él; así se ayudaban mutuamente a mantenerse derechos. Narcissa lucía apenas en mejor estado, pues había aparecido en la escena justo antes de que se retiraran.
-Bueno, ¿en qué condiciones estan?- Demandó, Narcissa.
Poppy suspiró y sacudió la cabeza. – No están bien, pero sanarán con tiempo. Ambos tienen severas ampollas en los pies, Draco más que Harry; ambos sufren las consecuencias de la exposición a la humedad y al frío; Harry más que Draco. Ambos tienen quemaduras circulares en el cuello que son resistentes a la magia de sanación, pero comienzan a responder lentamente al tratamiento. Ambos sufren debilitamiento por el severo agotamiento y el hambre; además, el tobillo de Draco fue severamente dañado, pero será relativamente simple de curar.
En lo más grave, Draco muestra evidencia de haber sido sometido a la maldición Cruciatus, además de haber sido sido golpeado con un látigo; tiene daño nervioso y una gran pérdida de sangre. He tratado ambas cosas, pero la recuperación será lenta.
Harry también presenta signos de daño nervioso, pero no por Cruciatus, parece debido a un ataque; sólo puedo pensar en que tuvo una visión mientras escapaban. Además, tiene una disminución en sus reservas mágicas y físicas. En realidad no podemos hacer más que mantenerlo bien hidratado y alimentado.
Lo más preocupante es que padece una neumonía; su condición ya era delicada antes del secuestro, y el estrés, el hambre, la exposición al clima; lo han debilitado completamente. Lo induje al coma para ayudarle en la recuperación, pero la enfermedad es resistente. La fiebre prolongada ocasionó un daño en el cerebro que va a requerir tiempo y unos hechizos muy complicados. Sus pulmones han quedado lesionados permanentemente, y el resultado es que ahora padece asma. Estamos haciendo todo lo posible para fortalecerlos y reparar el daño. Normalmente, afirmaría con certeza que ambos van a estar bien, pero con la situación del paso de un año al otro, no estoy tan segura. Van a tomar unas buenas dos semanas para que Draco regrese a una salud óptima, y en el caso de Harry, por lo menos un mes. Pero, en apenas tres días, los niños estarán a merced de una poderosa magia y sus cuerpos serán sometidos a un gran estrés durante el cambio. Ya sabemos que las lesiones que tienen pueden afectar su salud, lo vimos con Harry, que ahora es aún más pequeño de lo que fue en su segundo año. Sólo puedo imaginarme lo que podría suceder si soportan el cambio en esas condiciones; podrían seguir en iguales condiciones como si el cambio no hubiese pasado, o sus cuerpos podrían no soportarlo y entrar en falla orgánica debido a la debilidad y al esfuerzo. En verdad, no lo sé. Lo mejor que podemos hacer es fortalecerlos lo mejor posible.
-¿No podríamos usar un Giratiempo?- Preguntó Narcissa, apesadumbrada. –Podríamos darle más tiempo para sanar.
-No estoy seguro de que esa sea una buena idea-. Albus negó con la cabeza. –Ya están en una situación de alteración temporal, eso podría agregarles un trauma. Como sabes, el uso del Giratiempo toma magia del mago o de la bruja, y mantener la línea con el tiempo natural, consume más magia. No creo que los niños puedan soportarlo.
-Debemos hacer algo para resguardarles la vida- Exigió ella.
-Y lo haremos- Respondió Albus con calma. –Tengo fe en que el hechizo no los matará. Como sea, vamos a ponerlos lo más fuertes que podamos con un cuidado completo. Ustedes tres necesitan descansar; duerman algunas horas; los despertaremos si ocurre algún cambio.
Narcissa pareció querer rebelarse, Severus también, pero Remus, comprendiendo la necesidad del descanso y los convenció a ambos a retirarse.
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Poppy y el otro medimago, David Lauren, trabajaron cada minuto del día en ambos niños; controlaron las pociones al segundo, para administrarles lo más posible en setenta y dos horas, sin sobredosificarlos. Ningún niño despertó; Harry porque no podía, y Draco debido a la fatiga. Eran alimentados delicadamente, con una técnica que consistía en aparecerles el alimento en los estómagos, cada tres horas. Comenzaban a lucir más repuestos, pero, de ninguna manera preparados para el cambio de edad de sus cuerpos y mentes.
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Tan pronto como la magia de la transformación los dejó con una año más, en el espacio de siete horas -ya con trece años-; los dos medimagos corrieron junto a sus pacientes. Severus, Remus, Narcissa y Dumbledore sobre sus talones, pero se mantuvieron a un lado, observando a los niños y cualquier signo de vida o de enfermedad.
Draco despertó primero, mirando la habitación, confundido. Le tomó unos minutos aclarar la mirada, y cuando lo hizo, comenzó a agitarse, shockeado. Era demasiado abrumador. Rápidamente, Poppy lo encantó en un sueño plácido; decidió que levantaría el encantamiento una vez que hayan terminado y puedan darle espacio. Ella hubiese querido sacar a los demás del cuarto, pero sabía que no podía. En diez minutos, con los resultados de los hechizos de diagnóstico, trazó un plan. Con cuidado, levantó el encantamiento de sueño y salió del cuarto haciendo un gesto a los demás para que la siguieran. Lo hicieron de mala gana, querían quedarse con los niños, pero deseaban desesperadamente conocer los resultados.
Poppy sabía que no era conveniente abrumar a las víctimas de trauma, ellos necesitaban tiempo para darse cuenta de lo sucedido y de que ya era pasado; como su medimaga, lo menos que podía hacer era arregláreselas para darles unos minutos a solas.
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Draco despertó por segunda vez y se alegró de encontrarse solo en la habitación. En silencio, con las cortinas de la ventana firmemente cerradas, no sabía dónde estaba, pero eso no le importaba en ese momento. Sabía que no estaba con Voldemort porque recordaba a Madam Poppy, a su madre, a su padre y a Remus, del otro despertar. Se sentía tibio y sin hambre, y eso era mucho mejor de cómo había estado. Una vez que su corazón se tranquilizó, y que se convenció de que no seguía escapando, buscó a Harry. Su amigo estaba en otra cama, y comenzaba a despertar. Lentamente, Draco se sentó y se bajó de la cama; se sintió mareado, pero enseguida recobró el equilibrio; ya trepaba a la cama de Harry, cuando los ojos verdes se abrieron.
Harry miró fijo a su mejor amigo; su mente estaba atiborrada de recuerdos pesadillescos sobre el secuestro...y...¿días escapando por sus vidas? A la par, con esos recuerdos, Harry se halló rememorando a un padrino, a una rata, a un hipogrifo. Podía sentir el gusto de los recuerdos como si estuviesen ocurriendo; se sentía tres personas, cada una tan real como las otras. Un Harry seguía en el bosque, aterrorizado y débil; otro trataba de resolver el misterio del asesinato de sus padres; y otro Harry yacía en la cama, débil, con Draco Malfoy; un Draco Malfoy que no concordaba con sus recuerdos en absoluto.
Draco no comentó nada sobre la sorda disociación que sentía fluir de su amigo; él se sentía igual; la apatía surgió y se instaló, y él se quedó allí, mirando. Draco no sentía ninguna motivación interior para hablar, ni para moverse, ni para pensar; la única necesidad refleja era: seguir escapando. No podían detenerse, iban a capturarlos y...y, él no quería seguir pensando. Pero entonces, miró a su alredor: estaba a salvo; trató de acostarse y relajarse, pero interiormente continuaba escapando.
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-¿Cuáles son los resultados?- Demandó Narcissa, tan pronto como Poppy entró a la cocina.
-Son mejores de lo que esperaba-. Sonrió. –Las lesiones y enfermedades de los niños ya no existen. Es como si se hubiesen repuesto naturalmente durante un año. Draco tiene mínimas cicatrices de sus heridas, que pueden ser tratadas con ungüentos. Su fuerza y peso están apenas bajo lo normal, con un par de días de tranquilidad y descanso estará bien.
La enfermedad de Harry también se ha ido, pero hay secuelas en sus pulmones, tendrá asma; te daré la indicación del inhalador que deberá llevar, porque lo necesitará en sus ataques, Severus. Al principio serán al azar; sin embargo, como algunas secuelas pueden ser curadas, luego los ataques ocurrirán sólo cuando esté sobrepasado emocionalmente o muy fatigado. El pequeño daño en su cerebro se ha ido completamente. Continuará cansándose fácilmente y necesitará siestas durante el día. Su peso...-Negó con la cabeza. –Es peligrosamente bajo; va a tener que ser confinado a la cama por el resto de esta semana y nuestra meta será que coma lo más posible.
Severus no esperó por más, ni se molestó en agradecerle a la mujer por todo su cuidado; giró y, rápidamente volvió al cuarto de los niños. Narcissa hizo una leve inclinación y corrió trás él. La medimaga resopló y Dumbledore sonrió, con la mirada brillante.
-Gracias, Poppy- Sonrió Remus.
La mujer le devolvió la sonrisa y se sentó cansadamente. –De nada. Me importan esos niños, tanto como a ellos.
-Lo sé- Le aseguró Remus, acercándose a la cocina para preparar un té. –Te lo agradecemos.
-No sé qué ves en ese hombre, Remus-. Suspiró ella, tomando la taza. –No creí que se llevaran bien; son tan diferentes.
-¿Quién otro tendría la paciencia y la tolerancia para soportarlo?- Remus rió.
-Si lo dices así...-Ella sonrió ampliamente. -¡Son perfectos uno para el otro!
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Severus entró al cuarto y no le sorprendió ver que Draco se había pasado a la cama de Harry. Su cara se tensó por la preocupación cuando observó realmente a los jóvenes adolescentes: ambos tenían una mirada vacía que no le gustó nada. Además, podía decir, por la delgadez de la muñeca de Harry, que el chico estaba raquítico.
-¿Harry? ¿Draco?- Suavemente colocó sus manos en las cabezas y les acarició los cabellos.
-¿Están bien? ¿Necesitan algo?- Agregó Narcissa, sosteniendo la mano de su hijo.
-No-. Respondió Draco con suavidad, su voz sonó embotada, vacía.
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Ninguno de los chicos salió de su estupor; pero Poppy y Lauren les aseguraron que era algo esperable y que deberían darle tiempo y espacio al joven Lord. Todos trabajaron duramente para que ambos volvieran a estar completamente saludables. Después del segundo día, Draco fue liberado del reposo en cama, y Narcissa lo ayudó a retornar a sus lecciones. Parecía un robot, respondiendo a las preguntas con la menor cantidad posible de palabras, sin iniciar contacto, a pesar de que no le agradaba quedarse solo; quería que alguien de su familia estuviese con él a cada minuto; y por la noche, seguía pasándose a la cama de Harry.
Harry no tenía permitido levantarse más que para ir al baño. Remus y Severus pasaban los días leyéndole o contándole historias. Con el transcurso de los días, comenzó a ganar peso y fortaleza y sus ojos comenzaron a relajarse, empezó a sonreír más y a participar más en las conversaciones; además de relacionarse mejor con el ambiente, comenzó a preocuparse verdaderamente por su mejor amigo.
Harry recordaba todo lo que Draco debió pasar, sólo para protegerlo a él. Cómo el rubio sufrió porque él no podía caminar o porque se enfermó. ¿Por qué había tardado tanto en intentar romper esos collares? ¿Por qué asumió que no podía hacerlo? Si él hubiese roto los collares antes, Draco no hubiese tenido que esforzarse tanto, y...Devon. Draco lo había protegido pagando un altísimo precio para sí mismo; lo había hecho de modo que Harry no se involucrara. Y todo había sido su culpa, pensó Harry.
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El jueves por la noche, Harry se sobrepuso a su culpa y a su temor, y como se había prometido a sí mismo, trató de hablar con Draco. El rubio subió a la cama oliendo a jabón; Harry sonrió entre lágrimas y abrazó al rubio. Draco lo abrazó, automáticamente, sin calidez. Harry comenzó a llorar.
-Lo siento- Susurró. –Lo siento tanto. Todo fue mi culpa. Tienes razón para odiarme y comprenderé si no quieres estar más conmigo, no tienes que fingir más, ¿sabes? Sólo dímelo, Draco. Dime que me marche si me odias.
Draco parpadeó lentamente. -¿De qué estás hablando?
Harry se levantó, para mirar a su amigo; sus ojos verdes brillantes, llenos de amor y remordimiento. Draco sintió que algo se revolvía en su interior, en lo más profundo. Parpadeó otra vez.
-Terminaste lastimado tratando de salvarme la vida- Explicó Harry. –Yo debería haber tratado de romper los collares antes y debería haberte devuelto tu magia. No debería haber sido tan débil, ni hacer que tú me cargaras. Los Mortífagos nos agarraron por mi culpa. Y yo...debí haberte ayudado con Devon, no deberías haberlo enfrentado solo, Ray. Tú hiciste lo que era necesario y yo no fuí lo suficientemente fuerte como para ayudarte, y ahora estás lastimado y Madam Pomfrey dice que ellos no pueden hacer nada.
Harry se dejó caer, y lloró sobre su pecho. Draco sintió que algo en él, se quebraba; sus brazos se endurecieron alrededor de su amigo y lo invadieron las emociones, como si algo hubiese abierto una compuerta. Todo el miedo, la desesperación, la ira, y el horror que había mantenido a distancia, lo golpearon y comenzó a sollozar. Harry se pegó a él y lo meció, susurrándole promesas: todo iba a salir bien, él lo amaba.
-¡No!- Draco negó con la cabeza, firmemente. -¡No!- No podía expresarlo con palabras; se sentía sucio; increíblemente manchado. Podía sentir la roca en sus manos, podía ver la cara de Devon- el hermano mayor y adorado de Blaise-.
Blaise había sido su amigo por un largo tiempo, y aunque ya no lo eran, y habían sido arrojados en lados distintos por esta guerra, eso lo hacía sentirse horrible.
Harry no podía sentir las emociones de Draco del mismo modo que Draco podía sentir las suyas; pero ahora, tenía a Draco temblando entre sus brazos; le acarició el cabello rubio y le habló suavemente. –Draco, tú hiciste lo que tenías que hacer. Tú sabes, por la visión, que ellos encontraron a Devon muy tarde, esa noche; eso nos dio todo un día de distancia entre ellos y nosotros. Tú salvaste nuestras vidas.
-Debería haber encontrado otra manera- Draco negó con la cabeza, pero comenzaba a escuchar verdaderamente a su amigo.
-No había otra manera. No teníamos magia, teníamos doce años. ¿Cómo íbamos a forzar a Devon a venir con nosotros sin alertar a los Mortífagos? Él escogió secuestrarnos y trabajar para Voldemort. Papá dice que esto es una guerra y que todos los que peleamos debemos estar preparados para no resultar ganadores, algún día. Devon, y hasta Blaise, sabían lo que hacían; nosotros teníamos todo el derecho a defendernos, Ray-. Las lágrimas comenzaron a manar de los ojos de Harry, y escondió la cara en el cuello de Draco. –Tú fuiste fuerte cuando yo no podía serlo. Gracias, Draco, por protegerme...por ser mi fortaleza...
Draco seguía llorando, pero a medida que las palabras de Harry penetraban en él, se fue calmando. Continuaba sintiéndose muy mal, pero...tal vez las cosas podrían volver a estar bien; tal vez él podría perdonarse a sí mismo si Harry podía perdonarlo. Las manos de Harry le acariciaron las mejillas, y abrió más los ojos cuando sintió que la boca de Harry rozaba la suya; el corazón le latía con fuerza y se le aceleró la respiración. Harry lo observó con su cara marcada por las lágrimas.
-Te amo, Draco. Por favor, perdóname por no ayudarte más, cuando me necesitaste. Te prometo que lo haré mejor de ahora en adelante-. Suplicó Harry.
-Hiciste lo mejor que pudiste- Dijo Draco, con voz ronca, levantando las manos para despejar la preciosa cara de su Bebé. –Tú eres fuerte, Harry. Puede que no hayas podido cargarme, pero tú me mantenías en movimiento y nunca me abandonaste. Yo me hubiese rendido si tú no hubieses estado a mi lado.
Harry sonrió y se inclinó otra vez; Draco le devolvió el beso, y por primera vez notó que había algo más que amor de hermano en él; siempre supo que amaba a Harry, que debía cuidar al pequeño, pero esto...esto era mucho más. Harry se separó de Draco con los ojos enormes y la boca entreabierta por la sorpresa. Él sintió lo mismo. Draco vaciló, sabía que Harry había sido lastimado -aunque Harry no lo supiera-. ¿Deberían estar haciendo esto?
-Ray...-Harry lo miró con ojos llenos de incertidumbre, y si no fuera porque Draco podía sentir las emociones de Harry, hubiera creído que era incomodidad; pero no, era temor, era miedo a ser rechazado. Draco sonrió y atrajo a Harry a un nuevo beso. Ni modo que dejara que su Bebé creyera que iba a rechazarlo, Harry no lo merecía... además besarse se sentía tan bien...
No era como los besos que habían compartido antes, esta vez sus labios se deslizaron y permanecieron, suaves como seda. Ambos irradiaban calor, y Draco sintió como si surgiera de adentro hacia afuera. Sin decir palabra, Harry lo rodeó con sus brazos y separó los labios levemente, con un ligero jadeo, para tomar aire.
-Te amo, Bebé- Murmuró Draco.
Harry sonrió con deleite y abrazó al rubio; lo habían asombrado sus sentimientos, pero, como era natural en él, los aceptó con rapidez. Supuso que ya hacía tiempo que los tenía, se había sentido celoso cuando Pansy dijo que ella y Draco habían intentado tener una relación entre ellos; y él nunca había sentido lo que sentía por Draco, ni por Ron ni por Hermione. Admiraba al rubio y confiaba en él con una profundidad única; era hermoso, fuerte; era Draco, y Harry quería estar con él siempre. Quería la felicidad de Draco y quería compartir todo con él; Harry amaba a Draco como Papá amaba a Moony.¡La alegría que sintió cuando Draco le dejó claro que él también lo amaba! le daban ganas de bailar, sus mejillas le dolían de tanto sonreír.
-Basta- Rió Draco, excitado por la poderosa felicidad de Harry y la propia.
Harry sonrió más ampliamente y se inclinó para otro beso. –Gracias, Ray.
-¿Por qué?- Draco le devolvió la sonrisa.
-Por amarme...Ya sé que Papá me ama, y también Moony, pero...-La alegría de Harry se asentó en una poderosa satisfacción. –Tú eres el único que siempre está a mi lado y nadie me amó nunca como tú me amas. Nada es igual sin ti.
-A mi me sucede igual- Coincidió Draco, acomodando la cabeza de Harry bajo su barbilla y sobre su pecho.
-Buenas noches- Harry sonrió, adormilado; seguía con lo labios cálidos por el contacto con los labios de Draco; deseaba que en el futuro lo hicieran muchas veces más. Suspiró, feliz y se acurrucó contra Draco, fuerte y protector.
-Buenas noches-. Susurró el rubio, con una sonrisa.
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Severus y Narcissa no sabían qué fue lo que pasó; se despertaron el viernes y encontraron a Draco respondiendo, otra vez. Parecía haber retornado de su retiro defensivo del mundo, y más feliz de lo que había estado en mucho tiempo. Remus entró y con grandes pasos se acercó a ambos chicos y los abrazó, bromeó y jugó con ellos hasta que Narcissa obligó a Draco a bajar con ella, a continuar con sus lecciones. Severus se sentó con su hijo y su Lobo, cuestionando al moreno con la mirada.
Harry le sonrió. –Sólo hablamos- Su cara se puso seria. –Pero, creo que necesitamos hablar contigo. En verdad, no te dije...todo lo que pasó- Se miró las manos, y Remus lo rodeó amorosamente con un brazo.
-Hablaremos después de la cena- Decidió Severus. –Ahora, come tu colación.
-Eso es todo lo que hago...-Rió Harry; su buen humor regresó rápidamente.
Remus rió, le desarregló el cabello y le acomodó las sábanas alrededor de las pequeñas piernas y cintura, y le colocó la bandeja en el regazo. Severus se aseguró de que comiera todo, aunque el chico juraba que no tenía hambre. Usualmente, Harry hacía pucheros, quejándose, pero hoy obedeció; sabía que estaba demasiado delgado, Draco era mucho más grande que él y para nada gordo. Harry quería hacerse fuerte, por Draco y por él mismo; todavía tenía que luchar contra Voldemort.
-Moony, Papá...¿Dónde está Sirius?- Inquirió, recordando lo que quería preguntar. -¿Sigue escondido?
Ambos hombres se quedaron quietos y se tensaron. Los ojos de Harry se agrandaron y el tenedor cayó sobre la bandeja. –No-. Negó con la cabeza, los ojos se le llenaron de lágrimas y Severus se apresuró a abrazarlo. Harry se apretó contra su túnica y sollozó. Draco entró al cuarto a paso rápido y subió a la cama para envolver a Harry en un abrazo cálido desde atrás.
Los ojos de Remus se agrandaron, y se distrajo de los malos recuerdos. Él pasaba mucho tiempo con los chicos, más que Severus y Narcissa; y era más que consciente de cómo actuaban entre ellos; aunque era normal que Draco abrazara a Harry, aquí había una leve diferencia, y Remus sabía a qué se debía.
Los chicos tenían trece, las hormonas recién comenzaban a influir en su relación, había un dejo sexual entre ellos. Remus observó a Harry con preocupación, pero el pequeño moreno inmediatamente giró de los brazos de Severus a los de Draco y comenzó a calmarse a medida que Draco susurraba en su oído. Entonces era mutuo; de hecho, Remus podría asegurar que Harry había sido el instigador. Sacudió la cabeza, preguntándose cómo reaccionaría Severus; sabía que a Narcissa no le gustaría nada. ¿Tal vez podrían ocultárselo por un tiempo? Tenía la ligera sospecha de que Severus iba a cargarlo a él con la debida conversación sobre el sexo. Suspiró. Ser padre era más difícil de lo que había creído.
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Harry se calmó, aceptando la realidad de la muerte de Sirius; aún le dolía; quería saber cómo había muerto, pero respetaba el deseo de su Papá y de Remus de dejarlo para otro momento. Draco se quedó a su lado el resto del día, leyendo juntos en silencio, acurrucados y de la mano.
Harry se sentía mucho mejor con su...¿novio? El pensamiento lo hizo sonrojarse, pero tenía vergüenza de preguntarle a Draco qué eran exactamente. Sabía que el rubio se entristecía por él, pero por la expresión en su cara, a Draco también le complacía saber que él era la causa de que Harry se sintiera mejor.
Harry sacudió la cabeza y besó al rubio en la mejilla.
-¿Y eso por qué?- Draco sonrió.
-Sólo por ser lindo- Harry rió.
-Entonces, espero muchos de esos- Rió Draco, y su sonrisa se le quedó en el rostro. -¿Estás listo para cenar?
-Sí. Le dije a Papá que necesitamos hablar con él, después de comer. –Creo que sería bueno que hablemos de...Devon y otras cosas.
Draco desvió la mirada. –Tal vez tengas razón.
-Yo estaré ahí- Prometió Harry, apretándole la mano.
Draco asintió y ayudó a Harry a levantarse; la noche anterior, el moreno obtuvo permiso para cenar en la cocina, y estaba decidido a hacerlo otra vez, y sin que lo carguen durante la mitad del camino. Se encontraron con Severus y Remus en el pasillo; venían a avisarles que la cena estaba lista. Draco notó, por la mirada de su padre, que Severus ya sabía que su relación con Harry había cambiado; había un brillo calculador y calibrador en los ojos negros.
Severus, aún no decidía si era algo bueno o no. Draco lo miró a los ojos sin pestañar, y siguió sosteniendo a Harry mientras bajaba las escaleras.
En la mitad, los pulmones de Harry protestaron; al comienzo respiraba pesadamente por el ejercicio, pero ahora jadeaba; se detuvo y buscó entre sus ropas. El pánico lo atenazaba, pero era fácil de ignorar: Draco y su padre estaban allí; Moony también, no iban a dejar que se sofocara.
Aplicó el inhalador a la boca y respiró hondo tres veces. Sus pulmones se expandieron de mala gana. Harry sonrió a los demás, mostrándoles que había pasado. Ellos hablaban suavemente sobre las lecciones y la posibilidad de comenzar nuevamente con los duelos, mientras esperaban a que él se repusiera; nadie quería apurarlo. Harry sonrió y sacudió la cabeza; nunca creyó que iba a encontrar una familia que lo amara de verdad; pensó en los Dursley y en Sirius, y sintió un momento de humilde gratitud por su familia.
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