Esta es una traducción de la historia de Sensibly Tainted, "Growing Pains".

Los personajes originales son de JKRowling, por supuesto.

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Creciendo con dolor

Capítulo 21

Después de la cena, Remus cargó a Harry hasta la sala de estar. Severus y Draco los siguieron. Narcissa intentó hacer lo mismo, pero Draco les pidió, educadamente, a ella y a Moony que los dejen. Harry les aseguró que no se trataba de que no confiaran en ellos, sino que les resultaría más fácil hablar de lo sucedido si sólo había una persona en la habitación. Narcissa y Remus lo comprendieron y salieron, sin hacer reclamos.

Los tres restantes se quedaron sentados en silencio, unos minutos, reuniendo sus pensamientos. Severus estaba sentado frente a los niños, sin expresión en el rostro; ya había hablado de lo que pasó, con los dos: con Harry y con Draco.

Draco dijo lo menos posible y relató las cosas sólo con cuatro frases y se rehusó a decir más:

'Fueron capturados, escaparon, corrieron por sus vidas, fueron recapturados y los rescataron.'

Severus no sabía qué fue lo que Harry le había dicho a Draco para hacerlo reaccionar, pero el chico tampoco había dicho mucho más que Draco. Le preocupaba su estado mental y emocional, por eso ansiaba escuchar más detalles para poder ayudarlos a superar lo que había pasado.

Observándolos, ahora, sentados uno al lado del otro, casi podía sentir el vínculo entre ellos, y supo, sin lugar a dudas, que Remus tenía razón sobre el avance de su relación. Él ya sospechaba que la relación progresaría en ese sentido, pero descubrió que no estaba preparado, realmente, para lidiar con eso. Los chicos tenían trece años, pero Harry no los representaba para nada.

La camiseta y los jeans que usaba eran tres talles más chicos que los de Draco y aún así, le quedaban sueltos; lucía mucho mejor que cuando despertó del hechizo, había ganado unas cinco libras, pero tenía un largo camino por delante. Le tomó todo su autocontrol no prohibirles, reflexivamente, cualquier contacto de naturaleza física.

-Tú sabes que me...torturaron… los Mortífagos, antes de que ustedes llegaran- Comenzó Draco, con sus ojos grises fijos en la pared, evitando la mirada de su padre y de Harry. Sin embargo, no podía escapar completamente a Harry, y sonrió levemente al sentir la calidez y el apoyo a través del vínculo, cuando la pequeña mano de Harry envolvió la suya.

-Lo sé- Dijo Severus, cariñosamente. –Si hubiesen seguido lastimándote, no hubiésemos llegado a tiempo para rescatarlos.

Draco asintió. –Supongo que así fue…el punto es… lo odié; me aterrorizaba estar a merced de ellos, y yo sabía que lo que me hicieron a mi no era nada, comparado con lo que le harían a Harry si le ponían las manos encima. Lo sé… yo vi lo que le hicieron a…su presa en Halloween. Yo la saqué barata, podría haber sido mucho peor, y ese es el punto.

Se detuvo y respiró hondo. Harry apoyó la cabeza contra el hombro, ocultando su expresión alterada. Qué gracioso, tan pronto como Draco percibió el miedo y el dolor de Harry, se sintió más fuerte. Sonrió ante la ironía, suponiendo que era verdad eso de que el dolor compartido es medio dolor; acarició la piel de Harry con su pulgar, tranquilizándolo. El moreno se calmó.

-Yo sabía que no debían atraparnos- Continuó, encontrando la fortaleza para mirar a su padre a los ojos. Severus le mantuvo la mirada, sin juzgarlo, sólo había aceptación y prontitud para lidiar con lo que sea que le confiara. Más tranquilo, Draco se preparó para contar la parte más difícil. –Sabiendo eso, no podía dejar a… Devon, una vez que nos arreglamos para derribarlo. Levanté una roca y…- Tragó saliva y sus ojos se agrandaron; un pánico sin control comenzaba a llenarlo.

-No- Harry negó con la cabeza y pasó un brazo alrededor del hombro de Draco. –Eso no fue lo que pasó-. El rubio lo miró, confundido. –Yo fuí el que le dí la roca a Draco, después encontré una segunda roca. También sabía que si nos íbamos dejando a Devon, cuando despertase iría detrás nuestro y probablemente con refuerzos, y sería sólo cuestión de tiempo antes de que termináramos torturados y asesinados delante de Voldemort.

-Debíamos matarlo; se lo dije a Harry y él coincidió- Asintió Draco, recordando. –Yo no sabía cómo hacerlo, no tenía mi varita ni nada, y entonces, Harry puso la roca en mi mano. Era pesada.

-Yo tomé otra porque quería hacerlo con Draco- Harry miró suplicante a su padre, con los ojos verdes brillantes cargados de lágrimas. –No quería que lo hiciera solo, porque era por los dos; pero yo dudé y él me empujó.

-Yo no pude… no pude soportar la idea de que Harry… hiciera algo así-. Draco se cubrió la cara con las manos. Temblaba. -Devon estaba inconsciente, indefenso, sólo imaginarme a Harry matándolo…era demasiado horrible. Así que lo empujé, giré muy rápido y bajé la roca lo más fuerte que pude, antes de acobardarme. Lo maté.

-Él salvó nuestras vidas-. Harry abrazó a Draco con fuerza. –Tú salvaste nuestras vidas, Ray-. Levantó la vista y miró fijamente a Severus. –Esa noche, tuvimos una visión, cuando los Mortífagos encontraron el cuerpo de Devon. Ellos tuvieron que averiguar qué era lo que estuvo haciendo Devon como para que le cueste la vida. Voldemort no sabía que Devon planeba capturarnos. Él no estaba listo. Para cuando los Mortífagos lo encontraron, nosotros andábamos en el área con los collares que bloqueaban nuestra magia; era madrugada y teníamos todo un día de ventaja. ¡Fue mi culpa! Yo asumí que no podía quebrar los collares, pero podría haberlo hecho, podríamos haber tenido nuestra magia y Draco no hubiese tenido...podríamos haber escapado sin necesidad de matarlo.

-No- Severus se arrodilló delante de ellos. –Cuando se libraron de los collares nosotros lo sentimos; hubo una poderosa onda mágica, eso sólo hubiese atraído a los Mortífagos. Ustedes no saben aparecerse y si lo hubiesen intentado se habieran matado porque los lugares que ustedes conocen estaban muy lejos de allí.

-Tiene razón- Draco respiró hondo. -Harry, tú no hiciste nada malo.

-Tú tampoco- Harry se secó las lágrimas y miró fijo a su amigo.

-No, él tampoco- Severus abrazó a su niño rubio. –Tú hiciste lo correcto. A veces nos vemos forzados a hacer cosas horribles, pero no hacerlas resultaría aún peor. Draco, tú tomaste la decisión más difícil y yo estoy orgulloso de tu fortaleza. Te mantuviste calmo en una situación muy peligrosa y pensaste con claridad.

-Pero él era el hermano de Blaise- Draco suspiró. –Si hubiese sido un extraño…

-Estarías igualmente disgustado y horrorizado-. Corrigió Severus. –No te engañes. Matar siempre es horrible, conozcas o no a la persona. Y siempre debería ser algo horrible; pero, a veces es inevitable. Tú tenías derecho a sobrevivir y a protegerte a ti mismo y a Harry. Lo que hizo Devon fue un error y él tuvo que enfrentar las consecuencias, así como lo hiciste tú.

-Lo sé-. Draco abrazó a su padre. –No lo cambiaría; quiero vivir y haré cualquier cosa para evitar que Harry y yo seamos llevados ante Voldemort, pero aún...aún me dan náuseas.

-Siempre te hará mal, Draco, pero no dejes que eso te quiebre- Severus se levantó.

-No lo haré- Prometió, suavemente. Harry le sonrió y le tomó la mano otra vez. Draco se la apretó.

-Bien- Severus se apoyó en su silla. -¿Por qué no me cuantan lo que pasó después?

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Hacía una hora que los chicos se habían acostado, ya dormían plácidamente –al menos eso esperaba-. Severus dio un respingo, pensando en que los chicos podrían estar experimentando con sus recién descubiertos sentimientos. Detrás suyo, se abrió una puerta y supo, sin mirar, que era el Lobo. Dos brazos fuertes y delgados se abrazaron a su cintura; él no hizo ningún movimiento para inclinarse.

-¿Cómo están?- Preguntó Remus, en tono cansado; la pasada semana y media había sido muy difícil.

-Fueron torturados y apenas sobrevivieron, pero van a recuperarse- Respondió Severus, se sentía exhausto;se apoyó contra el estante de la chimenea, pero el calor de las llamas sólo acentuaba la súbita fatiga; buscó una poción entre sus ropas.

-No-. Dijo Remus, con firmeza. –No más pociones, necesitas dormir.

-Tengo trabajo que hacer- Severus negó con la cabeza, empujando al otro hombre.

-Severus- Gruñó Remus. –Te estás exigiendo demasiado, pronto vas a derrumbarte.

-Conozco mis propios límites- Espetó, intentando abandonar el cuarto.

¿Por qué había venido? Todo el trabajo que le habían enviado con lechuzas, lo esperaba en la oficina, tal vez sólo necesitaba espacio, lástima que no podía deshacerse del maldito Lobo que le respiraba en la nuca. Antes de que se diera cuenta de qué era lo que pasaba, fue sujetado y lanzado hacia atrás. Severus entró en pánico, pero su mente establa nublada por la fatiga y sus miembros se sentían inusualmente pesados. Tal vez se estaba pasando con las pociones. Aterrizó en la cama e inmediatamente fue cubierto por el cuerpo de Remus.

-¿Tengo que sujetarte para obligarte a dormir? Bueno, no importa- El hombre de ojos ámbar sonrió, mostrando todos sus dientes. Se permitió bajar la cabeza y lamió lujuriosamenete el cuello de su pareja.

-Basta- Siseó Severus. –Aquí no, imbécil.

-No hay nadie aquí, sólo nosotros, Severus.

Remus sonrió, encontrando un punto particular que hizo que el hombre al que sujetaba, involuntariamente inclinara la cabeza, sumiso, ofreciéndole más piel para lamer. Remus podía percibir que la temperatura de su pareja se elevaba y que su corazón se aceleraba; todo lo que quería era tomarlo. Hacían casi seis días desde la última vez que tuvieron sexo, y para una pareja recién formada era demasiado tiempo; pero él no mentía cuando dijo que Severus estaba al borde del colapso. No le haría nada bien que sus sistemas se aceleraran otra vez; necesitaba descanso. Se movió, para quedar acostado en parte sobre la cama y en parte sobre el su testarudo compañero.

-Duérmete, querido.

Severus frunció el ceño. –No me llames así, Lobo. Es asqueroso.

-¿Y qué prefieres? ¿Pareja?

-¡Llámame por mi nombre o nada!- Siseó.

-Duérmete, mi Severus- Gruñó Remus, ligeramente, mordiendo apenas el cuello de su pareja.

Severus se estremeció, apesar de sí mismo, ante lo dominante que se mostraba el Lobo, entrecerró los ojos, se movió preparándose para pelear, pero una mano delgada le recorrió los cabellos y la tibieza mucho más caliente que el fuego, lo envolvió; y todo su cuerpo se derritió. Severus abrió los ojos preguntándose cuando los había cerrado, frunció el ceño. ¡El Lobo lo estaba manipulando!

-¿Por qué peleas?- Preguntó Remus, suavemente, con la voz cargada de preocupación. –Por favor, descansa, los niños van a necesitarte.

-Bien; con una condición- Cedió Severus, pero iba a hacerlo con gracia.

-¿Cuál?

-Que mañana hables con los niños sobre sexo.

-¿Y tú dónde estarás?- Remus se apoyó en un codo, y sonrió al hombre exhausto, junto a él.

-Poniéndome al día con mi trabajo, ese que no me dejas hacer esta noche- Severus sonrió satisfecho y sus ojos se cerraron otra vez, malditos. Se preguntó si el Lobo sonreiría o frunciría el ceño.

-Bien. Ahora, duerme- Remus lo besó en los labios.

Severus se durmió. Nunca supo que sonreía.

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Draco despertó lentamente. Sus sueños habían sido problemáticos y no se sentía más descansado que cuando se acostó. Mientras recobraba la conciencia, lo invadió la calidez y una felicidad burbujeante le cosquilleó el pecho. Abrió un ojo y vio que Harry le sonreía feliz, y juagaba con su cabello rubio. En segundos, su fatiga y el resto de su sensación desagradable, se esfumaron y sonrió sinceramente a su amor. Sostuvo la cara de Harry con su mano y acarició la todavía delgada mejilla con el pulgar. La sonrisa de Harry se amplió y se inclinó en la caricia, con los ojos entrecerrados.

-Eres tan hermoso- Susurró Draco, ásperamente, con la voz aún ronca del sueño.

Los ojos de Harry se abrieron y sonrió brillante y alegremente. Draco sentía como si un sol en miniatura se instalara junto a su corazón. Harry se inclinó hacia adelante y lo besó, no suave ni anhelante, como el primer beso; éste beso era demandante. Draco sonrió contra la boca de Harry. El chico no sabía lo que hacía, apretaba con fuerza, con los labios cerrados. El instinto y algunos recuerdos difusos le informaron a Draco que esto podría ser mucho mejor; levantó la otra mano, de modo que pudiera sostener la cara de Harry y movió la boca para besarlo más profundamente. Harry ahogó una exclamación y sus labios siguieron la guía de Draco. Se separaron jadeando.

-Guau- Dijo Harry en voz baja. Sus ojos brillaban tanto que casi parecían encendidos, sus mejillas rojas con el rubor de la excitación; sus labios húmedos e hinchados.

Draco gimió y lo atrajo para besarlo otra vez, comenzaba a considerar el enseñarle a Harry a besar con lengua, cuando se abrió la puerta. Se tensó, pero lo complació mucho que Harry no se separara de él de un salto. El pequeño apenas levantó la cabeza con un gemido ahogado. Su padre estaba de pie, con su rostro inexpresivo. Harry se sentó, con una sonrisa nerviosa y se acomodó la arrugada camisa de dormir.

-Buen día, Papá- Ofreció Harry con la voz entrecortada, pero no de nervios, sino porque ya estaban en la edad en que sus voces empezaban a cambiar. El rubor de Harry se acentuó.

-Veo que los dos están despiertos- Los miró a ambos a la cara, pero no dijo nada sobre el beso. –Vístanse, en diez minutos desayunaremos.

-Sí, padre- Draco le sonrió dulcemente y se ganó una mirada de enojo, que lo hizo sonreír aún más. Severus resopló y salió del cuarto.

-¿Crees que se enojó con nosotros?- Preguntó Harry, mordiéndose un labio.

El buen humor de Draco menguó porque la ansiedad de Harry crecía. -¿Y qué importa si se enoja? Te amo, Bebé.

-Yo también te amo- Harry sonrió, nervioso. -¿Por qué se enojaría Papá?

-No está enojado- Lo tranquilizó Draco, abrazándolo cariñosamente. –Tiene que acostumbrarse, somos chicos, aunque realmente no lo somos...Es complicado.

-Ah- Harry levantó la vista, confiado. Su incomodidad pasó y una profunda satisfacción tomó su lugar; sonreía, nuevamente.

-Vamos a vestirnos.

Diez minutos más tarde, Remus trajo una gran bandeja con comida. Apareció un elfo doméstico y preparó dos bandejas para los chicos y las colocó sobre sus regazos. Remus preguntó sobre los sueños y qué querían hacer hoy, mientras ellos comían. Era agradable. Harry se alegraba de que Remus no estuviera molesto con ellos, se encontró con los ojos de su 'novio', y sonrió. Draco guiñó un ojo.

-¿Quieres más?- Remus preguntó a Harry. El chico ya podía comer porciones normales, había comido lo mismo que Draco, pero si podía comer más, lo alentaban a hacerlo. Negó con la cabeza. –No, estoy lleno- Permitió que sacaran la bandeja.

Draco se levantó y le besó la mejilla. –Voy a comenzar con mis clases. Te veo en el almuerzo.

-¡Adiós, Ray!- Saludó Harry, alegremente.

-No tan rápido- Remus le tomó el brazo al rubio. –Necesitamos hablar, Draco Malfoy.

El rubio agrandó los ojos, luciendo completamente inocente. -¿Sobre qué?

-Ya lo sabes. Siéntate-. Frunció el ceño a Harry. –No me mires así. No están en problemas. Sólo tenemos que dejar claras algunas cosas.

Harry asintió, pero no pudo evitar revolverse y morderse el labio nerviosamente. Draco le sonrió y pasó un brazo por sus hombros delgados. Harry se acomodó en el abrazo y tomó la mano del rubio. Remus los observó un segundo, y sacudió la cabeza, sonriendo.

-¿Ustedes se aman?

-Sí- Respondió Harry, con sinceridad en sus ojos brillantes.

-Por supuesto- Draco levantó la nariz.

-Y sienten nuevas cosas uno por el otro, sentimientos de placer y deseo- Continuó Remus. Los chicos se ruborizaron y él sonrió ampliamente. Ni pensar en que sólo él sería el incómodo durante la charla. Ellos también la iban a sufrir.

-Esto no es necesario- Protestó Draco. –Yo sé todo sobre sexo...o creo que sé...

-Tal vez- Remus se encogió de hombros y se apoyó en el respaldo de su silla. –Pero porque tengan esas sensaciones y se amen, eso no significa que estén ni física ni mentalmente preparados para continuar.

-¿Qué quieres decir? Draco frunció el ceño.

-Quiero decir que deberían tomar las cosas con tranquilidad, disfrutando una cosa a la vez, haciendo que lo nuevo dure-. Remus se puso serio y se inclinó hacia adelante. Sus ojos se pusieron casi dorados. Los chicos sabían lo que eso significaba. –Su padre y yo discutimos esto. Sabemos lo que es estar enamorado y tener trece años, pero también sabemos que este es un tiempo en que se cometen errores muy fácilmente. Tienen permitido estar juntos y compartir el mismo cuarto, pero no dormirán más en la misma cama.

-Pero…- Protestó Harry, con los ojos agrandados.

-No- Remus negó con la cabeza. –Pueden estar en el mismo cuarto, sólo si me dan su palabra de que permanecerán en camas distintas, a menos que tengan una pesadilla. En ese caso, podrán despertar al otro e ir al cuarto de su padre. ¿Comprendido?

-Sí, Moony- Harry suspiró, no le gustaba nada; no porque planeara continuar avanzando con los nuevos sentimientos que tenía, sino porque no dormía solo desde hacía años, y le resultaba un prospecto amenazante.

-Tienen permitido besarse, pero nada de manos- Continuó Remus, mirando más a Draco con las últimas palabras.

-¿Qué quieres decir?- El rubio entrecerró los ojos.

-Puedes abrazar a Harry, pero no dejar que tu mano vagabundée debajo de su camisa ni más abajo- Remus tosió, incómodo. –Tal vez, cuando sean mayores, ¿correcto?

-Eso es ridículo- Gruñó Draco.

-Siempre nos queda hablar con tu madre-. Remus sonrió dulcemente y el rubio lo miró furioso.

-No lo harías.

-Lo haríamos, si ustedes no se controlaran. Dense tiempo para disfrutar esto. Confíen en nosotros y nosotros confiaremos en ustedes- Se levantó y apoyó las manos en los hombros de ambos chicos. –Serán mayores en cuestión de días. Por favor. No es mucho lo que les pedimos.

-Muy bien- Harry asintió. -¿Pero no es porque esto es malo, no? ¿amar a Draco? ¿No es por eso que nos estás diciendo esto?

-¡No!¡Por supuesto que no es malo!- Remus lo sacudió cariñosamente. –Amar nunca está mal, no importa a quién. Yo amo a tu padre, como bien sabes. No hay nada malo en ello. Nuestra preocupación es porque pueden lastimarse uno al otro, accidentalmente. O perderse algunas de las mejores partes de una nueva relación: han crecido juntos. Pueden saltearse etapas porque piensan que se conocen, pero a esta altura de sus vidas, están en constante cambio y descubriéndose a ustedes mismos. No sería sabio que se pasen todo eso por alto. Queremos que la relación que tengan sea lo más sana posible. Han apasado por muchas cosas, y queremos asegurarnos de que estén bien.

-Yo jamás lastimaría a Harry, accidentalmente o no- Dijo Draco, enojado. –Puedo sentir todo lo que él siente, no podría hacerlo.

-Ya lo sé, Draco-. Lo tranquilizó Remus. –Realmente lo sé. Sin embargo, Harry puede verse sobrepasado por esos sentimientos, estar bien ahora, pero más tarde, cuando todo se enfríe, puede sentirse diferente.

-Yo amo a Draco- Protestó Harry. –Nunca voy a sentir nada diferente por él.

-No digo que lo harás- Remus suspiró, frustrado. –Pero esas son las reglas y si no pueden aceptarlas, van a estar acompañados por alguien todo el tiempo y dormir en cuartos separados. Eso no es negociable.

-Está bien- Draco se levantó, rígido. –Tengo que ir a clases.

Harry lo observó irse, solemnemente. Remus se encogió de hombros, incómodo. Se quedaron sentados en silencio, por unos cuantos incómodos minutos, pero pronto, Harry interrumpió pidiéndole a Remus que le explique más sobre esos collares y cómo funcionaban. Agradecido, Remus aceptó el cambio de tema y fue a buscar los libros.

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Después de las clases, a la hora del almuerzo –o segundo almuerzo para Harry, que luchaba por ganar peso-, Draco subió a ayudarlo a bajar las escaleras. Remus venía detrás, y Severus iba a unos pasos delante, por si caían.

Harry estaba acalorado y tuvo un nuevo ataque de asma. Todos esperaron a que se recupera, pero Harry no estaba contento. Se sentía cansado de tener que ser cargado para ir a todas partes, estaba cansado de que todos tuvieran que esperar por él. Y lo que más odiaba era tener que estar en una sola habitación todo el día, sólo bajando para almorzar con el resto de la casa. Quería ir a las clases con Draco, quería caminar por el jardín que, Remus le había contado, había en la parte de atrás. Quería poder estar en el baño más de cinco minutos, no quería depender de nadie... quería ser más fuerte.

Aún se sentía mal por haber sido una carga para Draco cuando escapaban.

Draco sonrió, Harry era tan decidido; en este momento, su cuerpo se sentía débil, pero su interior era fuerte; las emociones en Harry eran el doble de intensas que las propias, y Draco sospechaba que podía decirse lo mismo de todos los demás. No había nadie tan vivo como Harry. Draco le tomó la mano a su amor y se la apretó, tranquilizándolo. Harry le devolvió el apretón y miró a Draco a los ojos, con sus ojos verdes ardiendo con determinación.

-Quiero hacer esto solo- Dijo.

Draco asintió y lo soltó. Sabía que Harry hablaba en serio y él no iba a negarle la posibilidad de intentarlo, además él estaría cerca para recibirlo si caía. Severus frunció el ceño, pero el pequeño Lord le devolvió una mirada enojada y el hombre se quedó callado. Harry respiraba lentamente, tratando de evitar otro ataque de asma. Dio un paso, solo, alentado con la sólida presencia de Draco. Dio otro paso, sus piernas comenzaron a temblar y sus pulmones se apretaron en advertencia. Casi estaba al pie de la escalera, sentía su cuerpo cansado; frustrado y enojado, frunció el ceño.

-Olvídalo- negó con la cabeza, hablándose a sí mismo. –No voy a seguir atrapado allí. Voy a hacerlo por mí mismo.

Como si le respondiera, sintió que su magia se arremolinaba hacia la superficie; era poderosa, mucho más poderosa de lo que podía percibir en sus recuerdos de los tiempos de Hogwarts, con Ron y Hermione; abrazó su magia y le pidió poder andar sin cansarse ni exigirle a su cuerpo. Su magia se derramó y le respondió con un alegre grito, Harry sintió que se elevaba unas pulgadas en el aire. Flotaba. ¡No! ¡Estaba volando!

Severus se quedó mirándolo fijamente, sin saber si decirle a su hijo que se detuviera o no. La camisa azul de mangas largas de Harry ondeaba suavemente contra el cuerpo de su hijo, que flotaba en el aire; el cabello despeinado se movía como si fuese tocado por la brisa; los brazos de Harry se extendieron a los lados, como para conservar el equilibrio.

Severus estaba aterrorizado, ¿y si Harry caía?, abrió la boca para detenerlo, pero entonces notó los ojos felices y brillantes de su hijo, y su amplia sonrisa. No lo había visto sonreír así en casi dos semanas, así que cerró la boca.

-Asombroso, Harry-. Remus sonrió. -¿Es difícil de mantener? No quiero que agotes tus reservas mágicas.

-No-. Draco respondió por él. –No percibo esfuerzo, aún.

-Es fácil, sólo me hace algunas cosquillas- Harry rió. -¡Es grandioso!

Voló hacia Severus en una velocidad mayor a caminar, se desvió y pasó a su lado. Si iba hacia adelante, su cuerpo se inclinaba un tanto, y a Draco le recordaba a los fantasmas. Remus reía, pero Severus, cuyo corazón casi se detuvo de temor cuando su hijo pasó a su lado, lucía a punto de gritar.

-¡Miren!¡No estoy cansado, para nada!¡Y puedo respirar bien!- Justo cuando dijo eso, su pecho se tensó y Harry se obligó a calmarse. Puede que volar de ese modo no exigiera a su cuerpo, pero excitarse demasiado podría hacerlo. Sonrió alegremente y llamó a Draco. -¿Me mostrarás el jardín después de la comida, Draco? Quiero salir.

Voló hacia la cocina y se perdió de vista. Draco corrió trás él, dejando solos a los dos hombres en las escaleras. Severus sacudió la cabeza, maravillado. Remus bajaba, deconcertado. –Realmente es poderoso- Dijo, suavemente.

-Muy- Coincidió Severus.

-¿Cómo es posible? Creí que era imposible que un hechizo permitiera volar a un mago- Remus no podía dejar de mirar fijamente al lugar donde su ahijado había hecho lo imposible.

-Él sólo quiso hacerlo, y su magia es lo suficientemente fuerte como para concederle el deseo- Dijo Severus, con igual suavidad. –Creo que lo importante es que Harry no sabía que eso era imposible, así que lo hizo.

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