Esta es una traducción de la historia de Sensibly Tainted, "Growing Pains".

Los personajes originales son de J., por supuesto.

...................................................................................................

Creciendo con dolor

Capítulo 21 Segunda parte

Los miembros de la Orden permanecieron en silencio, viendo cómo un jubiloso Harry Potter entró 'volando' a la habitación y flotó hacia su asiento. Draco entró corriendo detrás, alabando con entusiasmo la nueva habilidad de Harry. Los otros sólo pudieron parpadear, asombrados. Los únicos que no se sorprendieron fueron Dumbledore y Narcissa. Ella recordaba que Harry estuvo a punto de matarla, por lo que ésta era otra demostración de la increíble fortaleza del niño. Dumbledore ya lo había notado cuando enfrentaba a los niños en los duelos; el niño era fuerte, aún cuando se reprimía por temor a lastimar a alguien. El Director estaba más que complacido por esta nueva y más obvia muestra de poder.

-Se sienten mejor-. Les sonrió a los niños.

-Sí, señor-. Harry sonrió ampliamente. -¡Esto es mucho mejor! ¡Ahora no tengo que quedarme todo el tiempo en mi cuarto!

-Es maravilloso, Harry-. Dijo Dumbledore.

Severus y Remus se les unieron y todos almorzaron, conversando alegremente. Cuando Draco terminó, saltó, diciendo que él llevaría a Harry al parque. El adolescente más pequeño se levantó de su asiento y flotó, detrás de Draco, envolviendo el cuello del rubio con sus brazos, varias pulgadas por encima del suelo.

-¡Mira, soy tan alto como tú!- Harry rió con deleite.

Draco sonrió satisfecho, tomándole una mano y corriendo hacia el parque trasero. Tuvo la sensación de que tiraba de un globo y rió ante la imagen mental. –No te vayas volando-. Sonrió, y salieron.

Harry lo palmeó en el hombro, bromeando y flotando de macizo de flores a macizo de flores, admirando las plantas y sus colores y disfrutando el sol. El aire estaba fresco, pero se sentía sublime. Harry miró hacia atrás y vio que Draco lo observaba: su gruesa trenza de cabello rubio platinado se mecía en la suave brisa, como la cola de un gato, colgando justo hasta debajo de sus nalgas. Tenía puestos pantalones negros y una camisa blanca de mangas largas. Sus ojos de plata brillaban suavemente llenos de cariño y sus labios esculpidos se veían relajados, en una sonrisa muy leve. El corazón de Harry se estrujó. Draco era tan fuerte y alto, tan bello. Harry voló hacia él y se detuvo a unas pulgadas de su rostro. Draco no se movió, su boca se curvó en una sonrisa feliz, mientras se miraban a los ojos.

Harry sonrió, travieso, y pasó las manos por el cabello de Draco. El rubio lanzó una exclamación: su cabello se soltó, varios mechones cayeron sobre su rostro y debió deslizarlos detrás de las orejas. Sin embargo, su ceño fruncido desapareció cuando Harry murmuró contra sus labios. -Eres tan hermoso. Te amo, Draco.

El moreno lo besó, lenta y profundamente. Los dos brazos de Harry se envolvieron alrededor del cuello de Draco, una mano se hundió en su cabello y la otra, sobre el hombro, lo sostenía cerca.

Draco abrazó la pequeña cintura de Harry y le devolvió el beso, vorazmente. Harry sabía a seda, cálido y suave; a colores brillantes y a magia poderosa. El rubio se sintió abrumado por el deseo, el amor, y la necesidad de proteger a Harry y hacerlo feliz, siempre. Esos poderosos sentimientos se espejaban en el amor que Harry sentía por él; agudos, consumiéndole el pecho y haciéndole brotar lágrimas. Draco cerró los ojos con fuerza, no quería que su Bebé pensara que lo alteraba. Eventualmente, se separaron y Draco se quedó contemplando con adoración, los ojos brillantes de Harry; preguntándose si habría algo que pudiera hacer por ellos. Quería poder verlos sin los lentes en el medio. Tendría que acordarse de preguntarle a Pomfrey.

-¿En qué estás pensando?- Preguntó Harry.

-Tienes unos ojos preciosos, son tan expresivos... Desearía que no necesites usar lentes, para poder verlos mejor. Estaba pensando en que deberíamos preguntarle qué hacer a Madam Pomfrey-. Explicó, quitando el cabello de la cara de Harry.

-¿Crees que ella podrá arreglarlos?- Preguntó Harry, inclinando la cabeza de una manera a adorable.

-Tal vez-. Sonrió Draco, inclinándose y besándole la nariz. -Vamos. Vamos a dar una vuelta-. Tomó la mano de Harry y comenzaron su paseo por el jardín. Caminaron en un silencio placentero, disfrutando la presencia del otro.

Narcissa retrocedió del jardín, en silencio, y cerró la puerta de atrás. El corazón le golpeaba el pecho, por la sorpresa, y se preguntó si no sufriría un ataque de pánico. No había esperado que las cosas derivaran en esto, para nada. Creía que la relación de su hijo con el Niño Que Vivió era fraterna. Actuaban como gemelos, como hermanos...y entonces, ¿cuándo pasó?…

Negó con la cabeza. Esto...esto estaba mal. Draco nunca había mostrado interés en chicos, y definitivamente ningún interés en Harry Potter. ¡Por amor de Merlin, había salido con Pansy durante meses, antes de decidir que seguirían como amigos. ¿Cómo pudo pasar esto? Era culpa del hechizo. Ella lo sabía. Sintió que sus nervios se tranquilizaban y su boca se apretó en una línea firme. Tenía que encontrar a Severus.

No le tómó mucho tiempo; él estaba en su oficina, trabajando en lo que le había enviado el Profesor Farris. El suplente se había hecho cargo completamente de los deberes de Severus, y Dumbledore actuaba como jefe de la Casa Slytherin, mientras los chicos permanecieran en Grimmauld Place. El hombre de ojos oscuros levantó la vista cuando ella entró, pero no dejó su trabajo.

-¿Por qué no me lo dijiste?- Demandó Narcissa.

Severus no se molestó en fingir que no sabía a qué se refería ella; eso hubiese sido demasiado insultante. -Yo lo supe hoy.

-¿Y qué vas a hacer al respecto?- Entrecerró los ojos.

Severus supo, al instante, que su suposición y la de Remus, eran correctas, a ella no le agradaba la situación. -Tienen trece años y creen que están enamorados. Les puse restricciones, y mientras no se excedan, no veo problemas. Es natural que los chicos de su edad sientan…

-Yo sé lo que es natural-. Gruñó ella, inclinándose agresivamente sobre el escritorio. -Draco comenzó a salir con Pansy en su tercer año, así que sé muy bien lo que es natural para un adolescente. ¡Lo que no es natural es que tenga esos sentimientos por otro chico, un chico que, prácticamente, es su hermano! Draco no era homosexual antes de ese hechizo, y ahora lo está convirtiendo en algo que él no es.

-Difícilmente sepas todo sobre la vida amorosa de tu hijo, antes de que todo esto sucediera-. Respondió Severus, con frialdad. -Él salió con Pansy en tercer año, por unos pocos meses y quedaron como amigos. No salió con nadie más por los siguientes dos años; estaba descubriendo cuáles eran sus preferencias y aún no se decidía. Pero puede que sus inclinaciones se hayan confirmado mucho antes del hechizo. Lo que yo sí sé es que este hechizo no los ha cambiado a ninguno de los dos; cambió sus cuerpos, no sus personalidades.

-¿Cómo puedes afirmar eso?- Chilló Narcissa. -Obviamente, han cambiado sus personalidades; ninguno de ellos actuaba antes de este modo antes del hechizo.

-Pero eso no es debido al hechizo-. Severus se levantó y luchó para mantener la voz baja. -Cambiaron porque sus experiencias son otras. Reaccionaron y se adaptaron a lo que les sucedió, a lo bueno y a lo malo. Sus mentes han crecido juntas, sí, pero siguen siendo ellos. Puede que Draco no sea tan egoísta como antes; es difícil serlo cuando se está siempre consciente de cómo siente otra persona. Y Harry es feliz y seguro de sí mismo; se siente a salvo, se siente amado, por primera vez en su vida y es natural que reaccione como lo hace. Ambos se han enfrentado a situaciones horribles y han sobrevivido. Eso los ha acercado y les ha mostrado la realidad de sus propias fortalezas y debilidades. Esos chicos son sanos y se están desarrollando muy bien, considerando por lo que han pasado.

-¡Sanos!- Rugió Narcissa. -¡Esto NO es sano! ¡Están obsesionados uno con el otro! ¡Prácticamente son una persona!

-El amor que sienten uno por el otro es profundo y auténtico-. Dijo una voz calma, desde la puerta. La cabeza de Narcissa giró velozmente y miró a Remus. -Ese es el motivo por el que siempre están uno en el pensamiento y el corazón del otro. Lo que hay entre ellos es muy raro y hermoso, Narcissa. Deberíamos agradecerlo. Draco no podría encontrar a nadie en todo el mundo que lo ame como lo ama Harry. Harry siempre pondrá a Draco en primer lugar, y lo protegerá lo mejor que pueda; hará feliz a Draco, tan feliz como ninguno de nosotros puede imaginar siquiera.

Y déjeme decirle, señora Malfoy; yo enseñé a Draco en su tercer año, cuando salía con Pansy. Ella no lo excitaba, sólo se trataba de curiosidad y experimentación. Era gay antes del hechizo; sólo que se sentía inseguro en cómo debía actuar. No me sorprendería saber que experimentó con otros chicos y usted nunca supo nada al respecto.

-¡Eso es ridículo!- Siseó Narcissa. -Yo sabría si mi hijo es… así...

-¿Sabrías?- Preguntó Severus, gentilmente. -Lucius fue una barrera enorme entre ustedes, hasta hace poco tiempo, y no hay modo en que Draco hubiese hablado con su padre. Lucius se hubiese puesto furioso porque su único hijo planeaba no dejarle un heredero.

-¿Y porque no?- Gruñó Narcissa. -Él es Lord Malfoy, tiene obligaciones y responsibilidades para con su familia.

-Y va a cumplir con ellas-. Discutió Remus. -Su vida amorosa no será obstáculo para que tome el lugar que le corresponde como Lord. Los Malfoy son muchos; Draco puede nombrar heredero a alguno de ellos y entrenar a esa persona para que ocupe ese lugar, mientras él comparte su vida con Harry. No puede pretender que venda su alma por el nombre de la familia, Narcissa. Es su hijo, debería desear verlo completo y feliz.

-¿Ustedes apoyan esto?- Miró a ambos hombres con furia. -¿Cómo pueden, sabiendo lo que sucederá cuando Harry recuerde que ha sido profanado?

-No sabemos lo que sucederá cuando recuerde-. Replicó Remus. -Esto, hasta puede ayudarlo a superar el horror, al saber cómo debería ser cuando se comparte el cuerpo con amor.

-Desde el principio, ustedes han sacrificado a mi hijo por ese niño sin remedio.

-Harry no es un niño sin remedio, Narcissa-. Espetó Severus. -Y nadie está sacrificando a Draco. Si abrieras tus jodidos ojos, verías que él es feliz como nunca antes; es más maduro y más fuerte. Nunca antes Draco se ha mostrado tan seguro de sí mismo, de quién es y del poder que tiene. No deja que nadie lo maneje, pero es inteligente y acepta consejos y guía. Se está convirtiendo en un joven muy fuerte y deberías sentirte orgullosa de él.

-¿Orgullosa de que dedique solamente unos minutos del día a sus deberes como Lord Malfoy?¿Orgullosa de que esté más preocupado por Harry y esta guerra que en su futuro? ¿Orgullosa de saber que él moriría por ese niño?- Tiró su cabello hacia atrás y se enderezó. -Están cometiendo un error al permitir esto.

-No interfieras, Narcissa-. Dijo Severus, con un tono de voz sedoso y amenazante. -Sólo vas a lograr poner a tu hijo en tu contra, definitivamente.

Ella lo miró fijo un largo rato, luego giró y salió de la habitación. Remus la observó con preocupación; se volvió hacia su pareja. -¿Deberíamos advertirles a los chicos?

Severus miró a puerta con sus ojos oscuros y pensativos. -No. Draco la enfrentaría y ella no está lista para eso; sólo lo apartaría. No. Debemos observarla de cerca y esperar a que logre aceptar las cosas. Creo que cualquier cosa que intente interponerse entre esos chicos terminará hecho trizas.

El día pasó y Narcissa no hizo nada para interferir. Ella observó a los chicos con disimulados ojos duros; pero ellos no lo percibieron, demasiado compenetrados uno en el otro como para notar a nadie más. Draco y Harry hablaron muchísimo sobre Hogwarts y lo que recordaban de sus años de colegio y cómo ahora sentían diferente o igual, en algunos casos. Draco contó sobre su relación con su padre y lo que se esperaba de él. Harry habló sobre las expectativas del mundo mágico y su padrino. Hablaron de sus amigos, de lo que echaban de menos y de lo que harían de modo diferente.

Cuando llegó la hora de ir a la cama, subieron de mala gana. Ninguno quería dormir en camas separadas. Draco trató de suplicar a su padre para que cambie de parecer, prometiéndole que ellos no harían nada, pero Severus se mantuvo firme. Cuando vio la infelicidad en sus rostros, cedió en acercar las camas lo suficiente como para que puedan tomarse de la mano si extendían los brazos.

Harry se acostó en una cama y Draco en la otra. Se miraron y suspiraron; no estaba tan mal, aunque la cama no estaba tan tibia como de costumbre. Severus se sentó entre las camas y ofreció contarles un cuento. Ambos chicos aceptaron, y escucharon la voz profunda y melodiosa de su padre hasta quedarse dormidos.

Severus los contempló por unos cuántos minutos más y se dirigió a su cuarto. Tenía que coincidir con el Lobo: el amor que esos chicos compartían era verdadero y poderoso. Si uno lo deseba, podía verlo en cada mirada y en cada gesto. Era desconcertante, porque él no podía comprender semejante devoción y conexión entre dos personas; y lo desconocido siempre lo perturbaba. Además, era algo hermoso, como el sonido de dos voces en perfecta armonía, cantando como una.

Abrió la puerta del cuarto y encontró al Lobo, acurrucado en la cama, durmiendo. Severus se descubrió a sí mismo sonriendo con malicia; se deslizó silenciosamente y mordió el cuello del hombre. Los ojos de Remus se abrieron y Severus lo giró violentamente, acostándolo sobre su vientre y lo sujetó allí. Remus ahogó un grito.

-Creo que es hora de que seas castigado por aprovecharte de mi la otra noche-. Murmuró suavemente en el oído de su amante.

Los ojos de Remus se pusieron dorados instantáneamente y comenzó a gemir. Severus sonrió satisfecho y susurró un encantamiento, sin varita, atando al Lobo a la cama. Levantó una mano y la hundió en los suaves cabellos dorados y grises, los acarició una vez, dos veces, y luego cerró un puño y tiró con fuerza, elevando la cabeza de Remus. El Lobo jadeó y se retorció, frotando las caderas contra el colchón, debajo de su cuerpo. Severus lamió el cuello del hombre lobo hacia arriba y mordió una oreja. Remus se estremeció.

-Sí, debo enseñarte una lección-. Severus se acomodó, sentándose sobre la espalda de su amante. Extendió la mano libre y le acarició la mandíbula, llevando sus dedos hasta los labios entreabiertos. Deslizó dos largos dedos dentro de la boca del Lobo y le ordenó duramente. -Chupa.

Remus cerró los labios alrededor de los dedos de su pareja y los lamió, arriba y abajo, chupándolos. La respiración de Severus se aceleró al ver cómo el Lobo le obedecía. Las sensaciones que esa lengua cálida y áspera le producía, le calentaban la sangre y lo ponían duro. Susurró otro hechizo y las ropas de Remus se desvanecieron, apareciendo luego en un rincón de la habitación. Sorprendido, el Lobo gimió y soltó los dedos húmedos.

-Bien-. Murmuró Severus, inclinándose hacia adelante y moviéndose, de modo que ahora estaba sentado sobre los muslos del hombre. Sin advertencia, deslizó ambos dedos en el cuerpo apretado de su amante. Remus se arqueó con un prolongado sollozo de placer.

Severus miraba, con ojos entrecerrados, cómo Remus se retorcía y gemía, mientras él lo llevaba más y más alto, hacia el clímax.

-Por favor… Severus… te necesito… Ahora… tómame…- Suplicó Remus, tratando de sonar autoritario pero oyéndose débil y necesitado.

-Dime que eres mío, Lobo. Admítelo-. Susurró Severus, roncamente.

-¡Soy tuyo!- Jadeó Remus, y gruñó profundamente. –Tuyo.

Severus no pudo esperar más, retiró sus dedos y rápidamente se quitó la ropa –demasiado caliente y distraído como para realizar el hechizo-. Remus sollozó y gruñó en la almohada, esperándolo. Cuando Severus retornó y empujó con violencia, Remus aulló.

Los jadeos de Severus acariciaban su hombro desnudo y Remus comenzó a luchar contra sus ataduras; quería girar, con desesperada pasión quería cambiar posiciones y tomar a su provocador y delicioso compañero.

-Mío… Mi Severus…-Gruñó, empujando sus caderas hacia abajo y tomando el control del ritmo. Severus hundió la cara entre su cuello y cabello y envolvió sus largos brazos alrededor del pecho. -Sí…te necesito…te amo…- Jadeó Remus, gruñendo mientras se movían.

Severus mordió con fuerza y explotó dentro de su amante. Remus estaba al límite, luchando contra el hechizo que lo mantenía en su lugar. El olor de su compañero y la sensación de que acababa en él, eran provocadores; gruñó y se sacudió. Severus se derrumbó, jadeando y con los ojos afiebrados. Remus, loco de lujuria y aún al límite del clímax hizo caer el hechizo; giró y se posicionó sobre su saciado compañero. Gruñendo de placer, casi ronroneando, el Lobo le quitó el resto de la ropa, colocó sobre él, pecho a pecho, y separó las piernas de Severus. El hombre observaba en silencio; Remus lamió y chupó a lo largo de su cuello y en los hombros desnudos, mientras se deslizaba dentro de su pareja.

Severus ahogó un grito y se arqueó débilmente. Remus lo besó con fuerza, lentamente, y comenzó a moverse. Penetraba profundamente con cada embestida y lentamente se retiraba, para volver a empujar con fuerza. Severus agarraba las sábanas a cada lado, cabalgando las olas de placer que crecían y crecían. Remus acabó violentamente al sentir que el semen caliente de Severus caía entre ellos débilmente; el olor lo llevó al clímax, gimió, mordió con fuerza el hombro de Severus, marcándolo, poseyéndolo, por dentro y por fuera.

Al día siguiente, Harry desayunó en la planta baja y se sentó en la sala de estar, con Draco, a estudiar sus lecciones. Remus le enseñó Transformaciones -cosa que le pareció fascinante-; un par de horas más tarde tomó su primer almuerzo, mientras Draco era liberado para su duelo con Dumbledore, antes del amuerzo con el resto de la casa.

Los chicos se manejaban bien; el poder mágico de Harry era más bajo que el normal, pero aún así, mucho más alto que en su vida anterior al hechizo porque mantenía su vuelo. Draco era muy bueno en estrategia y Harry lo seguía sin problemas; resultaban un equipo formidable.

Almorzaron y jugaron unos cuantos partidos de cartas con Tonks y Sturgis, en el jardin. Harry tomó otro refrigerio y una siesta antes de la cena. Narcissa permaneció en silencio y Draco comenzó a notar que pasaba algo. La observó con cuidado, para mantener sus sospechas para sí, sin que Harry las conociera. El moreno era tan feliz, y Draco no quería que eso cambiara tan pronto.

Después de la comida, su padre y Remus los llevaron a ambos a la pequeña sala de estar. Harry flotó hacia el regazo de Draco, quien sostuvo al pequeño en sus brazos, cómodamente. Harry liberó mágicamente un largo mechón de cabello de la trenza y suspirando, comenzó a juguetear con él. Severus ordenó chocolate caliente para todos y se sentó confortablemente por un largo minuto. Draco sonrió, notando la manera en la que Remus miraba a su padre.

Severus frunció el ceño, en broma, en dirección al rubio, pero luego se puso serio. –Creo que debemos hablar de los recuerdos que van a recobrar; el cuarto año fue difícil para ti, Harry.

Harry lucía muy preocupado. -¿Qué sucedió?

-Hay un Torneo en el que tres magos de los Colegios de Europa deben competir en tres pruebas; el ganador obtiene un trofeo, dinero y el honor para su colegio-. Explicó Remus. –Ese año, sucedió en Hogwarts. Fueron elegidos los tres campeones: Victor Krum, Cedric Diggory, y Fleur Delacour de Beauxbatons.

-Luego, fue elegido un cuarto nombre, el tuyo-. Continuó Severus. –El nuevo profesor de Defensa, en verdad, era un Mortífago oculto, él fue quien colocó tu nombre en el Cáliz, como el campeón de un falso cuarto colegio. Tu nombre fue elegido porque era el único en ese supuesto cuarto colegio. Participaste en las pruebas y lo hiciste muy bien. Ibas empatado con Cedric, en el primer lugar, y al final ambos tomaron el trofeo; que resultó ser un traslador, colocado allí por el Mortífago, para llevarte hasta Voldemort. Te sometieron y forzaron a participar en un ritual para devolver su cuerpo y su poder al Señor de las Tinieblas. Cedric murió.

-¿Qué?- Harry temblaba y tenía los ojos llenos de lágrimas.

Draco escondió la cara en el cabello de Harry y lo abrazó, tranquilizándolo.

-Tuviste un duelo con Voldemort-. Continuó Severus. –Terminó en un empate, y tú pudiste volver con el cuerpo de Cedric. El falso Profesor te llevó, pero antes de que pudiera lastimarte, lo descubrimos y lo apresamos. Murió más tarde, por el beso de un dementor.

-Ah, Harry-. Remus se arrodilló frente a los chicos. Harry escondía su cara contra el hombro de Draco, pero Remus podía oler su miedo y tensión y los abrazó a ambos. –Lo siento tanto.

Se sentaron juntos por algunas horas, hablaron de muchas cosas; al principio, de lo que sucedió en el cuarto año, pero pronto pasaron a asuntos más cómodos: comidas preferidas y música. Remus les contó unas cuantas buenas historias sobre los días en que anduvo por el mundo.

Pronto, los chicos estaban listos para ir a la cama; los acompañaron al cuarto, se aseguraron de que quedaran arropados en camas separadas y les dieron las buenas noches. Harry ya estaba dormido, Draco pudo responderles entre sueños, pero tan pronto como ambos hombres se fueron, Draco se deslizó de su cama y se trepó a la de Harry. El moreno le hizo lugar, aún dormido, y suspiró suavemente. Draco podía sentir cómo sus músculos se relajaban y la tensión de su pecho se liberaba. Sonriendo, acercó más a Harry y se durmió profundamente.

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx