Esta es una traducción de la historia de Sensibly Tainted, "Growing Pains". Los personajes originales son de JKR., por supuesto.

Agradezco todos los reviews, a todos los que pusieron la historia en alerta y quienes se toman el tiempo de compartirla conmigo.

Capítulo XXII

Draco despertó abruptamente, sin intermedio entre el sueño y la conciencia; dolor e ira le brotaban de las entrañas y la magia crepitaba en el aire. Se sentó, ahogando un grito y observó que las paredes despedían humo, los muebles crujían y lentamente se venían abajo, ropas y libros eran arrojados contra las paredes, una y otra vez. Draco giró y se enfrentó a Harry; el adolescente estaba sentado, con la espalda apoyada en el respaldo de la cama, las rodillas contra el pecho y la cara hundida entre ellas. Sin miedo, lo atrajo a sus brazos.

-Bebé…- No sabía qué más decir, así que meció cariñosamente al pequeño.

Harry temblaba en los brazos de su amor, mirando fijo, sin ver. Su mente se revolvía alrededor de los nuevos recuerdos llenos de terror y culpa. Sus pulmones se contrajeron y se aferró a Draco; su magia arremetía brutalmente, frustrada, haciendo crujir las paredes. Su papá y Moony trataban de entrar al cuarto, la puerta se movía unas cuantas pulgadas y volvía a cerrarse en sus rostros. Gritaban, preguntando qué sucedía y demandando que los dejen entrar; pero él no lograba que eso le importara en ese momento.

-No es justo-. Susurró, rígido.

-¿Qué, Harry?- Preguntó Draco, con calma, suave y amorosamente le apartó el largo cabello de la cara. No le sorprendió ver que la ira superaba al dolor en los espectaculares ojos verdes de su amor, podía sentirlo, después de todo.

-¡No es JUSTO!- Gritó Harry; miró a los ojos del rubio con furia, aunque sabía que no debería descargarse con Draco. -¿Por qué A MI? ¿Por qué quiere MATARME? ¡COMO SI YO PUDIERA HACER ALGO PARA DETENERLO! ¡sólo quiero que ME DEJE EN PAZ!

Severus entró al cuarto, trastabillando, finalmente pudo pasar por la maldita puerta. Remus entró detrás, y ambos se quedaron de piedra al ver la mirada ardiente de Harry sobre ellos. Draco sonrió desoladamente y apretó al pequeño contra su pecho. Harry comenzó a gritarles a ellos.

-¿Por qué yo NO HICE NADA? ¿por qué no protegí a Cedric? ¿Cómo PUDE QUEDARME PARADO AHÍ? ¿Y por qué dejé que WORMTAIL ME ATARA!¡Tomó mi sangre y Voldemort regresó! ¡TODO FUE MI CULPA!¿QUÉ ME PASABA? Me enfrenté con cosas peores y nunca fuí tan IMPOTENTE COMO ESA VEZ!

-Harry, hijo…- Dijo Severus, adelantándose.

-¡NO! No quiero que me lo digas, Papá. ¡No quiero oír que no fue mi culpa, que no podía hacer nada! ¡MALDITA SEA, PODRÍA HABER HECHO ALGO!

-Ahora puedes-. Ofreció Draco. -Has visto y hecho más cosas que cuando tenías catorce años por primera vez.

-Y esta vez tienes una familia que te apoya y de la que puedes tomar fuerzas-. Agregó Remus.

-Hiciste lo mejor que pudiste, Harry-. Dijo Severus, con voz ronca. -Siempre lo haces. No habías sido preparado como ahora tratamos de prepararte.

-¿Por qué?- Harry sacudió la cabeza. -¿Por qué mi magia es mucho más fuerte ahora?

-Es porque pudimos criarte sin miedo a ti mismo-. Respondió Severus. Se había acercado lo suficiente como para sentarse al pie de lacama. Remus se arrodilló sobre el piso, junto a él, y le tomó la mano a Harry, sin atreverse a abrazarlo o alejarlo de Draco. - Los Dursley te hicieron temer a la magia, Harry. Tú la aislaste para tratar de evitar que te castigaran por tu magia accidental inevitable. Pero ahora no aislas a tu magia porque no le temes, está libre, como debería haber sido siempre.

-¿Por qué no la dejé libre?- Demandó Harry. -Cuando estuve en problemas, ¿por qué no la dejé libre?

-No es tan simple-. Severus negó con la cabeza, una vez. -Tú ni siquiera eras consciente de que tu magia estaba allí. La mente es compleja y difícil de comprender. Aún después de que entraste a Hogwarts, en lo profundo de tu interior, no podías creer en la magia. Los Dursley te hicieron temer tanto que no podías confiar completamente en la magia, así que aún cuando tu vida dependía de ello, tú la mantenías sujeta. No podías creer que podía ayudarte.

-¡Eso es ESTÚPIDO!- Rugió Harry; las paredes crujieron.

-No es estúpido, Bebé-. Argumentó Draco. -Eras un niño inocente al que le machacaron durante años que la la magia era mala y antinatural. Tú lo sabes. Eras un niño y eso se convirtió en una verdad para ti.

-No fue tu culpa, Harry-. Remus conocía esa mirada en la cara de su ahijado. -Fuiste maltratado, y ese maltrato dejó cicatrices. Tu magia tenía cicatrices y estaba incapacitada.

-Pero, ¿por qué? -La voz de Harry se oyó lastimosa y perdida, pero su magia se debilitó y se dejó caer contra Draco. -¿Por qué él quiere matarme con tanta fuerza?

-Hay una profecía-. Severus suspiró. -No estoy seguro de qué es lo que dice, pero tú eres el único capaz de enfrentarlo. Pero no estarás solo, ¿me oyes? Nunca más deberás hacerlo, cuando vuelvas a a enfrentar a ese monstruo, nosotros estaremos allí, ayudándote tanto como podamos.

Harry se lanzó a los brazos de su padre y comenzó a llorar. Draco lo palmeó en la espalda, con los ojos llenos de lágrimas a causa de las lacerantes emociones de Harry que le rasgaban el corazón. Sonrió cuando Moony se sentó a su lado y le envolvió los hombros con un brazo; le alegró de que no lo abrazara, realmente no lo necesitaba, el brazo sobre los hombros era suficiente.

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-Bueno, chicos-. Sonrió Poppy. -Sus resultados están bien. Draco, ahora mides cinco pies y cinco pulgadas y media; y pesas un poquito más de ciento veintiocho libras. Estás completamente saludable, sólo tienes una pequeña cicatriz en tu espalda y en tu tobillo-. Volvió su mirada al pequeño moreno y le sonrió. -Tus nervios se han recuperado completamente, están sanos. Tus pulmones aún tienen cicatrices, pero están ligeramente mejor, así que confío en que continuarás mejorando. Dudo que las cicatrices se vayan por completo, pero los ataques van a mermar con el tiempo. Aún eres pequeño y tienes bajo peso para tu edad, mides cuatro pies y ocho pulgadas; y pesas ochenta y cinco libras y media, pero considerando lo que pesabas después del cambio la semana pasada, estás recuperándote.

-Gracias-. Harry le sonrió, ruborizándose levemente.

-Yo creo que te han hecho con un molde pequeño-. Draco sonrió, burlándose.

-¡Estoy creciendo todavía!- Protestó Harry, dándole una palmada en el hombro. -¡Tú eres medio gigante!

-¡No lo soy!- Exclamó Draco, horrorizado por la imagen que se le presentó de sí mismo, creciendo tanto como Hagrid.

-Ejem-. Poppy los miró, severa.

-Ah, perdón, Madam Pomfrey- Sonrió, Draco, encantador. -A veces es difícil hacer que él actue de acuerdo a su edad.

-¡Ey!- Rió Harry. Los labios de la medimaga se contrajeron.

-De cualquier modo, espero que sigas tomando tus pociones nutrientes y multicalóricas-. Le dijo al morenito.

-Sí, señora-. Harry deslizó una mirada a su padre: sabía que no le dejaría pasar ninguna.

-Muy bien-. Ella le dasacomodó el cabello y él hizo pucheros. -¿Les gustaría comer chocolate, o ya son muy grandes para eso?

-No creo que nadie, jamás, sea demasiado viejo para comer chocolate-. Rió Remus.

-Bien-. Poppy les alcanzó un pedazo a cada uno y suspiró. -Recuerdo la primera vez que traté de que tomaras el chocolate, Harry. Draco tuvo que dártelo. ¡Eras un bebé tan lindo!

-Todavía lo es-. Interrumpió Draco, y salió corriendo de la sala. Harry voló trás él, prometiéndole una dolorosa retribución.

-Ese chico nunca deja de asombrarme-. Poppy sacudió la cabeza y volvió su atención a Severus. -Me gustaría que le dés una miradda a algo.

Severus aceptó los papeles y se quedó mirándolos inexpresivamente. Levantó la vista, preguntándole con los ojos si estaba segura de la exactitud de los resultados. Ella asintió solemnemente. -Esto significaría que Harry equipararía a Dumbledore en poder mágico.

-Sí; y combinado con su juventud y la fuerza de sus emociones, puede hacer más que Albus con ese poder, porque no está encajonado por la edad y por la certeza de lo posible o imposible-. Suspiró y comenzó a tocar su túnica. -Sólo tiene catorce años y su poder continuará creciendo.

-Necesitamos comenzar a entrenarlo seriamente-. Dijo Remus. -El nivel de poder de Draco también está creciendo. Es un poco más alto que en sus originales catorce años, ¿verdad?

-Así es-. Asintió ella. -Mi suposición, bien fundada, es que él llegará a tres quintos del poder de Harry cuando dejen de crecer. Será un tanto más poderoso que Severus.

Severus coincidió; él equiparaba a Minerva, y ellos eran los más poderosos del cuerpo de Profesores, además de Albus. Flitwick seguía, en tercer lugar, y los demás venían detrás. Remus era apenas más débil que Flitwick, pero tenía un control extremado de su poder, así que él podía hacer cosas que algunos con menos control y más poder no podrían.

-¿Deberíamos contarle a Albus?- Preguntó Remus.

-Sí. Vamos a necesitar su ayuda-. Asintió Severus, aunque no le gustaba la idea; el anciano era demasiado codicioso cuando se trataba de Harry.

-Yo puedo ir-. Se ofrreció Remus. Severus accedió.

Narcissa estaba sentada frente a su hijo; había hecho su informe diario de los negocios e inversiones de la familia Malfoy y Draco estaba ocupado escribiendo respuestas oficiales. Ella estaba orgullosa de su capacidad: ni una vez dudó en las palabras, siempre expresándose con el perfecto equilibrio entre mostrarse superior y colaborador. Seguramente se convertirá en un gran líder. No, negó con la cabeza, ya era un gran líder. Nunca hubiese podido hacer las cosas que hacía ahora, en sus originales catorce años, entonces, ¿por qué estaba tan preocupada por él?

Suspiró y miró a través de la habitación: Severus hacía practicar teoría mágica y otras cosas a Harry. Más tarde practicarían duelo, cuando Albus estuviese disponible; él había informado a Narcissa que iban a aumentar la exigencia del entrenamiento y ella había aceptado de todo corazón. Cuanto más pudiera defenderse su hijo, tanto mejor se sentiría ella.

Pero no había defensa contra su propio corazón. Detestaba que se haya enamorado tan profundamente del pequeño morenito. No podía creer en que todo iba a salir bien. La historia probaba, una y otra vez, que aquellos que habían sufrido semejante profanación, no sobrevivían. Harry era especial y poderoso, pero no podía ganar contra sí mismo. Y Draco moriría también, con Harry. No lograría sobreponerse; él vivía por y para Harry.

-Madre.

Narcissa levantó la vista y se encontró con los ojos de su hijo que la escrutaban. -¿Sí, Dragón?

-¿En qué estás pensando?- Empujó el resto de los papeles a un lado y la esperó pacientemente. -Has estado nerviosa durante días, ya me cansé de esperar. ¿Qué es lo que te molesta?

Ella lanzó una mirada a los demás, pero Severus y Harry estaban concentrados en su propio mundo. -Estoy preocupada por ti.

-¿Por qué?- Draco elevó una sola ceja.

-Tú sabes por qué-. Respondió, con suavidad. -Sé que tus sentimientos...por ese chico...se hacen cada vez más profundos. Me preocupa que si sucede lo peor, tú no sobrevivas. Me rompería el corazón si te perdiera, y yo sé que Harry tampoco querría perderte.

-Madre-. Draco suspiró y se puso de pie. -Ven conmigo, por favor.

Harry levantó la vista apenas Draco se levantó del asiento; le sonrió y Draco le devolvió una pequeña sonrisa. Severus los observó salir de la habitación con ojos insondables. Narcissa trató de ignorarlos y siguió a su hijo. Draco la llevó al jardín, silbó a las lechuzas que esperaban en un árbol, hábilmente ató un mensaje en cada lechuza y las envió. Ella esperó pacientemente a que la enfrentara.

Draco giró y miró a los ojos a su madre, unas cuantas pulgadas hacia arriba. -Sé que me amas, que has sacrificado muchísimo por mi y has hecho todo lo que has podido para acallar la influencia de mi padre. Me salvaste cuando yo podría haber caminado fácilmente hacia la locura de Voldemort, y te estoy agradecido. Realmente, te agradezco, madre. Te amo; pero tú te preocupas demasiado. No voy a ir a ninguna parte, y Harry tampoco. No me engaño, sé que el camino será duro y extremadamente doloroso, pero vamos a superarlo. Te doy mi palabra de que no vamos a dejar que esto nos mate, tenemos demasiados motivos para vivir.

-No es tan simple-. Narcissa juntó las manos delante de ella. -Han habido personas profanadas que han tenido compañeros, hijos, esposos, amantes, metas en la vida, pero nada de eso los salvó.

-Ninguno de ellos era Harry. Ninguno de ellos me tenía a mi-. Dijo Draco, tranquilamente, pero sus ojos eran agudos y duros. -No puedes negarlo y yo te suplico que lo consideres. Has creído en mi toda mi vida. No dejes de hacerlo ahora, madre. Yo voy a salvar a Harry. Él se va a salvar a sí mismo.

Narcissa se sintió tan débil, allí, parada junto a su joven hijo -tan seguro de sus convicciones-. Hacía mucho, mucho tiempo desde la última vez que se había sentido débil, y no le gustaba nada la sensación. -¿Y la guerra? No quise que te unieras a los Mortífagos, pero tampoco quiero que estés en el frente de batalla.

-Pasan cosas que no esperamos o que no necesariamente nos agradan, pero tenemos que adaptarnos y tornar la situación en nuestro beneficio. Eso es lo que tú me has enseñado, y eso es lo que estoy haciendo-. Draco le tomó la mano y la miró a los ojos. -Siento causarte preocupación o decepción, pero confía en mi cuando te digo que Harry merece la pena, él es extraordinario y va a sorprenderte. Su fortaleza no es sólo de naturaleza mágica. Vamos a vencer al pasado y vamos a vencer a Voldemort. Te pido que ayudes a suavizar el precio que esa victoria va a costarnos y te quedes con nosotros.

-Por supuesto que lo haré-. Dijo ella, en tono gélido. -Siempre estaré a tu lado.

-Gracias-. Draco sonrió y le besó el dorso de la mano. -Ahora, por favor, deja de preocuparte y de observarme como un halcón, es molesto.

-Voy a hacer lo mejor que pueda-. Sonrió. -Realmente lo amas.

-Sí-. Respondió Draco, tranquilamente.

-¿Y siempre preferiste chicos?- No pudo evitar la pregunta.

-Sí-. Admitió Draco, sin desviar la mirada, pero no pudo esconder un leve rubor. -Después de Pansy, me di cuenta que me interesaban más los chicos del equipo de Quidditch. Por mucho tiempo tuve un gran temor en hacer algún movimiento real de mi parte, temía que mi padre lo descubriera. Pero, en quinto año tuve algo con un chico de Hufflepuff. No podía confiar en que otro Slytherin no me chantajeara, eventualmente. No nos amábamos, pero nos hicimos amigos. En el verano siguiente, él encontró novio; eso fue antes de que volviéramos al Colegio y sucediera todo esto.

-¿Quién era?- Sonrió Narcissa.

-¡Madre!- Exclamó él, en tono de asombro burlón. -¿Cómo puedes preguntarme semejante cosa? Tú me criaste bien, no se deben revelar los secretos.

-¡Ah, entra a la casa y terminba tu tarea!- Rió ella. Draco le sonrió. -Gracias, madre.

-Vé adentro-. Ella le hizo señas para que entrara, él asintió y la dejó sola en el jardín, para que pudiera pensar.

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A todos los que no participarían en el ejercicio de guerra que se iba a realizar en Grimmauld Place esa tarde, se les pidió que dejen la casa. Albus, Severus, Remus, y Narcissa serían el equipo de los Mortífagos. Harry y Draco, solos, serían el otro equipo.

Los enviaron al jardín, a esperar mientras preparaban la casa con trampas y los adultos tomaban posición. Iban a saber cuando comenzara el ejercicio, con el primer ataque. Harry estaba un poco nervioso y entusiasmado; Draco sólo estaba entusiasmado. Se paró junto a su amigo y le susurró sus planes al oído. Harry flotaba, colocando sus cabezas exactamente al mismo nivel.

-Tú eres mejor en percibir la magia de alrededor, así que tendrás que estar a la defensiva, hasta que estemos seguros de que la casa está limpia. Ve al frente, manteniendo los escudos necesarios. Yo me concentraré en atacar al enemigo. Cuando tengas la certeza de que el área está libre de trampas, hazme una señal, inclinándote un tanto a la derecha, posicionándonos casi codo a codo y concéntrate primero en quitar todos los escudos y obstáculos que protejan al enemigo. Después de eso, hazte cargo de los de la derecha y yo dirigiré mi fuego a los de la izquierda. Cuando el enemigo retroceda, vuelve a tu posición resguardada y deja algunas trampas detrás, para que no les sea fácil colarse por allí. Haremos un barrido circular de la casa, cuidándonos de no volver por los lugares de las trampas.

-Muy bien-. Susurró Harry.

-No te reserves mucho, Bebé-. Draco sonrió ampliamente. -Ellos son unos viejos jodidos y resistentes. Además, Madam Pomfrey está aquí.

-Lo sé-. Harry asintió con una expresión resuelta. -Nos entrenamos para pelear contra Voldemort, no podemos permitirnos reservar energías.

-Exactamente-. Draco le tomó la mano y se la apretó.

Harry lo miró y le sonrió, agradecido. -Me alegra tanto que estés aquí, Ray.

-A mi también-. Le devolvió la sonrisa. -Sabes que esto me encanta.

-Ya lo sé-. Sonrió Harry. -De otro modo, me sentiría culpable por ponerte en semejante peligro.

-Bueno, me alegra que lo sepas-. Dijo Draco, agachándose violentamente hacia la derecha y lanzando a Harry hacia la izquierda.

Un extraño hechizo anaranjado que ninguno de ellos reconoció, cayó justo adonde habían estado parados y explotó, dejando un agujero de tres pies. Draco sonrió con sus ojos brillantes y entró de un salto por la puerta de atrás. Harry voló hacia la posición de avanzada, examinando rápidamente la puerta y desarmando dos encantamientos que encontró allí, antes de abrirla y pasar por ella. Aterrizó en el pasillo, de rodillas, más allá de la puerta, con las manos extendidas al frente y a un lado. Draco se detuvo a sus espaldas, apuntando con su varita -en verdad, la de Harry-, confiando completamente en la habilidad de su amigo para protegerlo. Tenía su cabello en una apretada trenza y enrollado en un rodete seguro sobre la nuca; estaba vestido con su túnica negra de entrenamiento de duelo. Harry, igual.

No había nadie en el pasillo. Harry agitó las manos, cerró la puerta y le puso un hechizo. Mientras tanto, Draco colocaba sus propias trampas en el cielo raso y el los rincones del suelo de la habitación. Había tres puertas: una al final del breve pasillo, que conducía a la sala de estar; una a la derecha, que llevaba a la cocina, y una a la izquierda, que llevaba a un pequeño estudio. Harry controló las puertas y encontró encantamientos en dos de ellas; señaló dos -excepto la de la cocina-, Draco apuntó a la izquierda. Primero a las puertas con hechizos. Harry coincidió con él, abrió la puerta mientras Draco sellaba las otras dos, para ocuparse de ellas cuando estuvieran listos para lidiar con lo que fuera que había detrás.

Remus los esperaba. Saltó sobre ellos. Tenía los ojos dorados. Estaban a once días de la próxima luna llena, por lo que contaba con toda su fuerza y con un control absoluto, -aparte de su período mensual como hombre lobo, en éstos días era más peligroso-. Harry lanzó volando a su mentor, quien cayó del otro lado del cuarto, pero el hombre lobo usó su varita, suavizó la caída y volvió a arremeter contra ellos, esta vez lanzando hechizos al avanzar.

Draco los respondió; el hombre rodó y esquivó, pero unos cuantos dieron en el blanco; él aulló y maldijo. La barrera de Harry parpadeaba entre colores, porque la ajustaba constantemente según los hechizos, mandándolos a rebotar por la habitación. Uno de ellos le dio a Remus en una pierna y cayó. Draco animó el sofá para que se mueva y atrape al gruñón. Harry controló, por si había más hechizos, mientras Draco se aseguraba de que el hombre estuviera fuera de juego. Inconsciente y envuelto en maderas y almohadones, Remus yacía, inofensivo, dentro de su prisión. Harry realizó un encantamiento diagnóstico.

-Nada permanente. Un hechizo adormecedor en la pierna, dos quemaduras desagradables en el pecho y un poderoso encantamiento aturdidor. Madam Pomfrey podrá arreglarlo.

-Tenemos que seguir moviéndonos. Activa su traslador para mandarlo a la Enfermería, ella espera allí.

Harry asintió y lo hizo. Draco colocó trampas en el cuarto y Harry preparó la puerta. Cuando terminaron, salieron hacia la sala de estar, bloqueando el estudio. El corazón de Draco latía como loco y la adrenalina corría por sus venas.

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El ejercicio de guerra duró tres horas y media. La casa terminó destruída y todos heridos. Harry con un ojo en compota, Draco con una muñeca rota y un corte en la mejilla, Severus sin lengua, Narcissa con la espalda magullada por haber sido arrojada contra una pared, y Albus con una rodilla quebrada. Poppy trabajaba furiosamente en todos ellos, pero ellos la ignoraban, hablando sobre lo que aprendieron y dicutiendo las mejores maneras de manejar las situaciones que se presentaron. En medio de la conversación, Harry se durmió y Draco lo miró, sonriente.

-He mandado a los elfos a restaurar Grimmauld Place, tanto como puedan-. Rió Albus. -Creo que estará listo pasado mañana, para otro ejercicio. ¿Te parece bien que invite a unírsenos a algunos miembros de la Orden?

-¿A quiénes?- Preguntó Severus, con cautela.

-Sturgis y Charlie. Podemos agregar algunos a medida que avanzamos. Hasta entonces, ¿por qué no se quedan todos en el castillo? Pueden continuar con las clases mientras reparan la casa.

-Muy bien-. Asintió Severus. Remus se alegró de escuchar la voz de su compañero. Había sido muy perturbador verlo sin lengua. ¿Dónde habrá aprendido Draco semejante hechizo? Sacudió la cabeza, sabía la respuesta. Al menos, estaba seguro de que podían defenderse.

-¡No sé por qué insistes con esta locura!- Exclamó Poppy.

-Shh, querida-. Albus le sonrió con sus ojos brillantes. -Es para bien...además, no querrás despertar al joven Harry, ¿verdad?

-Por supuesto que no-. Resopló. -¡Lo dejaron exhausto!

-Está bien-. La tranquilizó Draco. -Se siente mejor que antes. Él no puede soportar que no lo dejen hacer nada.

-Puede ser, ¡pero esto no es sano! Tuvo tres ataques de asma y uno de ellos pudo haberle causado un daño severo.

-Pero no sucedió-. Razonó Severus. -Tiene que conocer sus límites y cómo manejarse bien con ellos. No puede adivinar qué hacer y qué no cuando esté peleando por su vida en verdad.

-Es sólo un niño-. Se lamentó Poppy.

-Es más que un niño, Poppy-. Dijo Remus, con tristeza.

-Bueno, si terminaron con los lamentos-. Draco hizo una mueca, sabiendo que Harry detestaba la lástima. -Nos gustaría volver a nuestras habitaciones.

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Remus, Severus, Narcissa y los niños regresaron a las mazmorras. Los hombres hicieron algunos trabajos de escritorio; cuando Harry despertó, los niños tomaron clases de danza con Narcissa. Comieron un par de veces y luego tuvieron una gran cena. Todos tenían en mente el objetivo de aumentar el peso de Harry y hacerlo más fuerte, por lo que aprovechaban cada oportunidad para que el chico tomara leche, jugo, o comiera galletas o colaciones. Después de la cena pasaron algunas horas afirmando sus barreras con Oclumancia. Ambos progresaban con rapidez y Severus esperaba que Harry no sufriera tanto durante la próxima visión.

Al día siguiente tuvieron ocasión de comprobar si Severus estaba en lo cierto. Apenas dos horas después del desayuno, hicieron un alto en sus estudios para comer algo, cuando Harry se puso rígido y cayó de su asiento. Severus se inclinó sobre él y Remus sobre Draco, ambos les ordenaron rápidamente a los niños que ocluyeran sus mentes.

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Voldemort estaba de pie, delante de su trono y sus seguidores lo rodeaban. Detrás de ellos, estaban sus aliados; criaturas mágicas que gritaban y se agitaban, pero que se convertirían en obedientes instrumentos una vez que los hechizos correctos les fueran lanzados. Cada una de las criaturas tenía un responsable de controlarlas. Setenta y cinco de sus preciosos Mortífagos eran los favorecidos con ese privilegio. Observó a sus seguidores más cercanos, allí estaban, rígidos. Sonrió con placer, había castigado con severidad a una cuarta parte del grupo, por haber fallado en traerle a dos niños vulnerables, pero ahora no era el momento para esos pensamientos.

-Este es el momento en que le mostraremos al mundo de qué estamos hechos y que no deben tomarnos a la ligera. Los colmaremos de terror, tomaremos el control del gobierno, ¡seremos nosotros los que pongamos las reglas y guiemos a nuestro país a un futuro glorioso, donde el mundo entero esté donde le corresponde: los muggles serán nuestros esclavos como debe ser, reinaremos triunfantes sobre nuestros hermanos y hermanas que no son lo suficientemente fuertes como para tomar el lugar que les corresponde por derecho! Seguidores míos, no me fallen, ¡ahora es el tiempo de la victoria!

El grupo, de alrededor de trescientos cincuenta hombres, mujeres y adolescentes, vivó histéricamente. Voldemort les sonrió y con un gesto cortante de su brazo, los hizo desaparecer de la habitación. La mitad fue al Ministerio, a Londres; la otra mitad, a Hogsmeade, para convertirlo en base del futuro ataque a Hogwarts.

Una hora más tarde, tres manzanas de Londres estaban en llamas, igual que Hogsmeade.

Voldemort echó la cabeza hacia atrás y rió.

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-¡No!- Draco y Harry se sentaron y gritaron al mismo tiempo. Harry levantó la vista hacia su padre y comenzó a balbucear lo que había visto. Draco se paró, llamó a Dumbledore por la red flú y le explicó rápidamente. El Director comenzó a llamar a la Orden y a los Aurores

-¡Tenemos que ayudar!- Gritó Harry, con furia.

-No estás listo-. Espetó Severus.

-Tal vez no para enfrentar a Voldemort-. Coincidió Harry, pero agregó. -Pero puedo levantar barreras y ayudar a curar como para que la gente pueda sobrevivir hasta que los doctores reales los atiendan.

El rostro de Severus se oscureció, pero Draco lo interrumpió. -Harry tiene razón. Necesitamos juntarnos, todos nosotros tenemos que cumplir nuestra parte o fallaremos. No podemos permitir que Voldemort tome Hogsmeade, si eso sucede el castillo será demasiado vulnerable. Tenemos que ir a ayudar todo lo que podamos, ustedes también. De hecho, deberían enviar a los de sexto y séptimo año que saben primeros auxilios o que pueden preparar pociones sanadoras para que preparen la Enfermería para los heridos que vendrán.

Harry se puso de pie y voló a los brazos de Draco. Sus ojos tenían una expresión de disculpa, pero no podía perder más tiempo discutiendo; cerró los ojos con fuerza y con un rugido silencioso forzó las barreras antiaparición y ambos aparecieron en Hogsmeade. Severus gruñó con furia y corrió hacia la salida del castillo. Narcissa, pálida, no fue trás él y el lobo, sino que se dirigió a cumplir con lo que su hijo había ordenado indirectamente: a buscar a los que podían ayudar, para llevarlos a la Enfermería.

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La batalla fue dura. La Orden estaba preparada, pero era un pequeño grupo. Dumbledore escogió enviar a la mayoría a Hogsmeade, confiando la defensa del Ministerio y de Londres a los Aurores. Los Mortífagos eran unos ciento cincuenta; reían mientras mataban y destruían. Cerca de cincuenta criaturas con garras, dientes filosos, y en algunos casos, venenos mortales corrían sin control. Los treinta miembros de la Orden se hallaban superados. Harry, Draco, Severus y Remus hacían todo lo que podían, pero eran sólo cuatro personas. Harry estaba agotado por haberse esforzado en aparecerse junto con Draco; sus pulmones aún le dolían, pero era el más poderoso allí. A Albus lo llamaron desde el centro de la batalla en Londres –también allí se veían superados-.

Harry ya no podía soportarlo. Tenía la cara manchada con suciedad; aún había inocentes atrapados en Hosmeade, gritando, ocultándose aterrorizados. Los muertos sembraban el suelo como muñecas tiradas por un niño caprichoso; muchos eran Mortífagos, pero no todos. Harry escudaba a la mayor cantidad posible de personas, pero comenzaba a sentirse exhausto...y aún había tantos Mortífagos. Observó con horror cómo una mujer corría para defender a una niña aterrorizada; la bestia saltó sobre la espalda y la decapitó. La niña giró, gritando, y la sangre de la mujer le salpicó la cara.

Harry gritó y buscó a sus amigos en su memoria: Hermione, Ron, Neville, los gemelos –que no estaban en el colegio, sino luchando al final de la calle, en su negocio-, Charlie –que luchaba del otro lado de Hogsmeade-, Arthur –que luchaba en la batalla de Londres-, y los obligó a aparecerse a todos a su lado. Ellos ahogaron un grito, mirándolo. Draco luchaba detrás de Harry, lanzando hechizos sin pausa, cubriendo la espalda del morenito.

-Necesitamos ayuda-. Dijo Harry con voz quebrada y tambaleándose por el cansancio. –No puedo hacer mucho más que cubrirnos. Ayúdennos-. Se desplomó. Ron lo sostuvo y lo ayudó a apoyarse contra la pared. Harry luchaba por mantenerse consciente para que sus barreras no cayeran, pero no podía hacer más.

-¡Voy a traer al resto del ED!- Gritó Hermione. -¡Charlie! Rápido, hazme un traslador para poder volver enseguida.

Charlie asintió y buscó a su padre por asistencia; les tomó casi quince minutos, pero lo hicieron. Mientras tanto, Neville, los gemelos y Draco continuaron peleando con los Mortífagos. Enormes felinos y rabiosos threstrals atacaban las barreras que Harry había erigido para mantenerlos lejos de sus amigos y los demás magos que luchaban en la calle.

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Las batalla duró casi catorce horas. Muchos murieron, pero afortunadamente ninguno del grupo de Hogwarts. Al final, todos los Griffyndor de sexto y séptimo años se unieron a la lucha en Hogsmeade, más los Creevey y Ginny Weasley, que había formado parte del ED el año anterior, doce en total. Cinco Hufflepuff y nueve Ravenclaw también se les unieron, todos miembros del ED. Y, sorpresivamente, cinco Slytherin: Pansy, Vince, Greg, Terrence Higgs, y Daphne Greengrass, llegaron a ayudar, después de atar y encerrar a los que trataron de detenerlos. En total, sin contar a Draco y a Harry, treinta y un estudiantes ayudaron a los miembros de la Orden y del cuerpo docente.

Muchos de los 'Soldados de Hogwarts', como los llamaban los periódicos; sufrieron heridas, pero todos iban a recuperarse completamente, aunque algunos cargarían cicatrices de por vida.

Harry aguantó hasta el final, pero tan pronto como el último Mortífago huyó o fue sometido, se desmayó. Draco no estaba mucho mejor, pero se negó a ser mimado.

En el colegio surgió una sorpresiva unidad grupal, las rivalidades fueron dejadas de lado pues lucharon codo a codo para defenderlo. Hogsmeade quedó destruido, muy pocos edificios permanecieron sin daño. La mayoría de los ciudadanos que sobrevivieron, estaban ahora viviendo en el castillo.

El Ministerio no tuvo la misma suerte, fue completamente tomado y semi destruido. Muchas manzanas de Londres incendiadas, muggles aterrorizados pensando que eran atacados por terroristas extranjeros. El mundo estaba conmovido y peligrosamente tambaleante. Los muggles se enfrentaban entre ellos, culpándose por la destrucción y las pérdidas de vidas; podían terminar en guerra, tal como el mundo mágico, que luchaba por vencer a la oscuridad. Afortunadamente, muchos de los empleados del Ministerio se salvaron y fueron trasladados a Hogwarts, que comenzó a funcionar como Ministerio temporario. Los periódicos escribían como locos para mantener informada a la población, sobre el nuevo líder -Fudge murió y fue reemplazado-, sobre lo que sucedía y lo que debían hacer para protegerse.

El castillo era un caos. Muchos padres demandaron que sus hijos volvieran a sus hogares. Dumbledore les suplicó que reconsideren, que Hogwarts era el lugar más seguro; muchos cedieron o pidieron poder unirse a sus hijos en el colegio. Dumbledore aceptó. Sin embargo, algunos padres creían que como Hogwarts era la estructura más protegida del mundo mágico, sería el próximo blanco, y atacado con gran fuerza, por eso retiraron a sus hijos. Dumbledore hizo todo lo posible para que esos chicos lleguen a salvo a sus hogares y no sean atacados en tránsito.

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-¡No tengo tiempo para esperar a que vuelvan mis recuerdos!- Gritó Harry. Hacía una hora que había despertado y estaba muy enojado porque lo habían dejado dormir casi por veinticuatro horas, siendo que su ayuda era necesaria, obviamente. –Quiero saber lo que no recuerdo, y quiero saber qué está pasando en la guerra.

-Severus-. Interrumpió Albus, conocía a su espía y sabía que su mirada era un signo de que estaba a punto de explotar. -Puede que tenga catorce años, pero está creciendo en tiempos muy difíciles. La guerra no esperará por él, debe estar informado lo más posible.

El hombre lo miró con furia, pero no dijo más. Había sido uno de los heridos más graves; su pierna izquierda había quedado inutilizada, tardaría meses en sanar y en rehabilitarse. La herida lo había hecho reaccionar con una mayor furia protectora para con sus dos chicos. Si no fuera porque Remus permanecía a su lado, decidido y fuerte, el hombre estaría confinado en una cama de la muy poblada Enfermería.

-¿Usted conoce la profecía, señor?- Preguntó Draco, sentado junto a Harry. Ambos parecían calmos, serios y preparados; sus ojos mostraban la fortaleza que encontraban uno en el otro y en sus experiencias difíciles. A Albus ni se le pasó por la cabeza pedirle a Draco que saliera; sabía que esos chicos estarían unidos por siempre.

-Sí, ciertamente-. Suspiró. Lo que siguió fue la explicación de lo sucedido en el quinto año.

Harry bajó la cabeza cuando escuchó sobre la muerte de Sirius y cómo había sido manipulado por Voldemort porque había sido tan testarudo que había rechazado aprender de Severus. La culpa y el horror lo carcomían, pero Draco le tomó la mano y lo forzó a levantar la cabeza. Este no era el momento para arrepentimientos ni confusión. Harry escuchó la profecía completa y miró a su novio.

-¿Crees que el poder que Voldemort no conoce eres tú?

-Tal vez-. El rubio asintió una vez. –Merlin sabe que estaré a tu lado cuando enfrentes a ese bastardo loco.

Harry asintió, mostrando su aceptación. Si algún otro hiciese una declaración semejante, él se sentiría culpable porque esa persona se convertiría en un blanco para Voldemort y sus Mortífagos al pelear a su lado, pero no cuando se trataba de Draco. Harry no se engañaba con su rubio compañero; Draco iba a estar en el medio de todo, con o sin Harry. El rubio disfrutaba la batalla, aunque no le agradaba matar o lastimar a la gente, sí le gustaba probarse a sí mismo y pelear por lo que creía. JAMÁS se quedaría a un lado, siempre se coloría en el centro de la atención, aunque esa atención fuese negativa. Draco estaba seguro de sí mismo, era un líder natural. Nunca correría a esconderse, porque esta lucha afectaría su mundo y su vida.

-Harry…-Dijo Dumbledore, levantando la voz. El moreno se volvió hacia él. -Lo siento. Tu quinto año fue desastroso. Las cosas podrían haber sido manejadas de otro modo, mucho mejor...

-Tal vez, pero ahora no podemos preocuparnos por eso. Díganme qué es lo que está pasando-. Harry sacudió la cabeza.

-Voldemort se ha quedado en silencio-. Dumbledore suspiró, aliviado y decepcionado por la respuesta de Harry. -No sabemos qué es lo que planea hacer con las cosas del antiguo Ministerio, que ahora están en su poder. Los artefactos más peligrosos fueron destruidos antes que los Mortífagos pudieran ponerles las manos encima; pero no todo, hay archivos y registros a su alcance. Así como algunos puntos de poder que sirven de sostén para ciertos hechizos que mantienen el funcionamiento diario de algunas cosas en el mundo mágico. Por darte un ejemplo: el hechizo que aumenta la inteligencia de las lechuzas y las ayuda en sus deberes de mensajeras.

-¿Todos nuestros Aurores y los que nos han cedido otros países tienen su base en Hogsmeade?- Preguntó Draco.

-Así es. Son unos cuatrocientos -. Asintió Dumbledore.

-¿Quién los lidera?- Draco torció la cabeza.

-El nuevo Ministro, Rufus Scrimgeour tiene el control de todas las fuerzas de seguridad. Él o los tres Jefes Aurores son los que dan las órdenes.

-¿Y ellos quiénes son?- Gruñó el rubio, con impaciencia. ¡Era como si tuviera que sacarle las palabras a tirones!

-Amelia Bones, Kingsley Shacklebolt y Vance Robards-. Respondió Dumbledore.

-¿Nadie sabe dónde podrá ser el próximo golpe de Voldemort?- Preguntó Harry, con solemnidad.

-No-. Dumbledore negó con la cabeza. -Asumo que le tomará tiempo consolidar lo que ha ganado con la toma del edificio del Ministerio y recuperarse de las pérdidas. Mientras tanto, nosotros prepararemos al mundo mágico y protegeremos los sitios vitales de nuestra sociedad.

-Gracias, Director-. Draco se levantó. -Casi es hora de almorzar y prometimos juntarnos con algunos amigos.

-Por supuesto-. Dumbledore le sonrió con ojos brillantes.

-¿Podemos volver a hablar después?- Preguntó Harry.

-Por supuesto que sí, hijo mío.

Severus inclinó la cabeza; sus hijos y su amante salieron de la oficina. Dumbledore le sonrió, con complicidad. Severus hizo una mueca y los siguió escaleras abajo y de vuelta al interior del castillo. Remus lo esperaba, más los niños ya iban por la mitad del pasillo. Draco iba dando grandes trancos, con actitud segura y con la cabeza erguida; pero su imagen se debilitaba por el hecho de que tenía a Harry suspendido en el aire, detrás, rodeándole el cuello con los brazos y murmurándole al oído.

Severus sacudió la cabeza, exasperado. -¿De veras van a reunirse con sus amigos?

-Sí. Creo que quieren hablar con el ED-. Remus sonrió.

-¿Deberíamos dejarlos?- Severus frunció el ceño. -Los alumnos no deberían ser alentados a dejar los terrenos del colegio.

-Hubiésemos perdido Hogsmeade, si no nos hubiesen ayudado-. Replicó Remus. Suspiró y retrocedió unos pasos, mirando por sobre el hombro. -¿Vienes?

-¿Adónde?- Severus entrecerró los ojos, con desconfianza.

-Pensé que podíamos hacer planes por nuestro lado-. Una gran sonrisa se esparció lentamente en la cara de Remus y sus ojos ámbar relampaguearon.

-Tengo Pociones que preparar-. Espetó, tratando de ocultar el deseo que le despertó la expresión del hombre.

-Pero ya es hora de mi ungüento-. Remus inclinó la cabeza a un lado, con ojos provocadores.

Severus frunció el ceño con fuerza, pero siguió a su amante arrastrando la pierna con gracia, fingiendo que fue idea suya volver a las habitaciones. Para ser completamente honesto, se sentía bastante conmovido. La herida en la pierna no era lo peor que podría haberle pasado en la batalla. De hecho, casi pasó lo peor: dos Mortífagos lo tenían arrinconado, él había caído al suelo a causa del dolor en la pierna. Uno de ellos le lanzó un hechizo lacerante que lo hubiese decapitado si no fuese por la intervención del Lobo. Con un grito de ira, Remus lo obligó a aplastarse contra el suelo y luego saltó sobre uno de los Mortífagos, demasiado enfurecido como para acordarse de su varita. El hechizo le alcanzó, provocándole un corte diagonal en la espalda, desde el hombro derecho hasta la cadera izquierda. Era una herida que podía infectarse con facilidad y Severus juró que no dejaría que eso pasara. La defensa apasionada del Lobo lo había dejado estupefacto, y por primera vez en su vida, se sintió protegido.

Era una sensación increíble, pero sumada a todas las otras emociones causadas por la batalla y la participación de sus hijos, Severus se sentía abrumado. Y, como siempre que se sentía conmovido, reaccionaba lanzando golpes o escondiéndose. Desafortunadamente, para él, el Lobo no iba a permitírselo.

Entraron al cuarto. Con despreocupación, Remus se quitó la camisa y se acostó boca abajo. Severus se sentó a su lado, con el ungüento en una mano. Cuidadosamente le quitó el vendaje. El corte seguía abierto, y continuaría sangrando profusamente si no fuese por los encantamientos que Poppy había aplicado. Era una herida lo suficientemente profunda como para llegar al hueso, y si Remus no fuese un hombre lobo con un proceso de curación acelerado, sin dudas hubiese sido una herida mortal.

-Quédate quieto-. Dijo Severus, seriamente, y comenzó a aplicar suavemente el ungüento. Las manos le temblaban ligeramente. Pensó que el hombre podría haber muerto, sacrificándose para salvarlo a él. Agachó la cabeza, dejando que el cabello le cayera como cortina sobre la cara. Su infancia había sido oscura y llena de dolor; y la escuela, un lugar de humillación y temor. Después, se convirtió en Mortífago, y luego en espía. Recién cuando Harry y Draco llegaron a su vida y lo llamaron padre, recién entonces conoció algo luminoso y bueno. Recibir el amor de un niño que lo necesitaba tan completamente como Harry, hizo nacer en él sentimientos y emociones que jamás había poseído antes. Aún continuaba adaptándose a ellas. Por el Lobo había sentido deseo, comprensión y respeto; pero había sido sólo sexo con un amigo. Sin embargo, lo que Remus hizo por él en la batalla le derribó en pedazos esa ilusión cómoda. Ahora no podía negar la gratitud y el amor que le provocaba este hombre. Las manos le temblaban tanto que no podía seguir aplicando el ungüento. Se alejó, sentándose en el borde de la cama y apretó los brazos con fuerza alrededor de su abdomen, encorvándose y tratando de aplacar las oleadas de emociones que le surgían de las entrañas.

-Severus-. Dijo Remus, tiernamente, envolviendo con sus brazos a su estoico amante. -Está bien, amor.

Voluntariamente, con total conciencia, Severus se volvió hacia la calidez del Lobo y comenzó a llorar en silencio; lágrimas frías de aceptación: finalmente poseía y reconocía algo que se le había sido negado por tantos años. Remus lo sostuvo, en silencio, acariciándole el cabello, respirando su aroma, atesorando el momento y ardiendo de amor.