Esta es una traducción de la historia de Sensibly Tainted, "Growing Pains".
Los personajes originales son de J., por supuesto.
Capítulo 24
Draco sabía muy bien que Harry no estaba en la sala común de Gryffindor, porque podía sentir que seguía alterado por lo que había pasado con Ron y Hermione. Se concentró con todas sus fuerzas en las emociones oscuras y revueltas del pequeño, y las siguió hasta su fuente. Casi media hora más tarde, se halló llegando al techo de la Torre de Astronomía, jadeando, después de haber trepado, por lo menos, doscientos escalones.
El cielo de finales de noviembre estaba lleno de finas nubes grises. La luz del sol se sentía débil y difícilmente acarreaba algo de calidez. Hacía mucho frío, pero podría haber sido peor si hubiese algún tipo de brisa. Draco se alegró porque tenía puesto su sweater verde oscuro, pero aún así, tuvo que hechizar su ropa con un encantamiento calentador. Estaba seguro de que Harry ni se había molestado en realizarlo sobre su ropa, y rápidamente se acercó a su amor para hacerlo él mismo.
El pequeño moreno estaba parado junto a la pared -que le llegaba a la cintura-, con la mirada fija sobre los terrenos del colegio y los brazos alrededor del pecho, como si el sweater blanco que tenía puesto fuese una chaqueta; además, usaba unos pantalones negros finos y unas zapatillas de tenis que no servían demasiado para mantener calientes sus pies. Draco se arrodilló y golpeó los zapatos con su varita, luego hizo lo mismo con los pantalones y el sweater. Harry no se volvió hasta que Draco terminó, y cuando lo hizo, sus ojos lucieron tensos, detrás de los lentes.
-No quise hablar donde pudieran oírnos-. Respondió Harry, con suavidad, a la pregunta que Draco no había verbalizado.
-No entiendo por qué estás tan alterado-. Draco respondió con la misma gentileza. –Nunca me importó Pansy, ni nadie más, del mismo modo en que tú me importas; y, ciertamente, nunca besaría a otra persona ahora que estamos juntos.
-Ya lo sé-. Harry volvió a mirar hacia los terrenos del colegio. –Pero ese no es el problema, Ray.
-¿Y entonces, cuál es?- Draco lo miró enojado, con la sensación de que no iba a gustarle nada para dónde se encaminaba esto.
-¿Y si tú realmente no me amas como crees? Quiero decir, ¿por qué me amarías?- Harry rió autodespreciativamente. -¿Y si sólo es el hechizo?
-Bebé, mi amor por ti no tiene nada que ver con el hechizo.
-Sólo tenemos catorce años. ¿Cómo sabes lo que es amar?- Preguntó Harry, volviéndose a mirarlo. –Puede ser sólo consecuencia de las hormonas o algo así, exagerado por el hechizo.
-Estás equivocado-. Dijo Draco, fríamente. Odiaba que Harry dudara de él. –En primer lugar, realmente no tenemos catorce años. En febrero cumpliré diecisiete, y recuerdo algunas cosas de mis dieciséis. En tu caso, tú sí tienes catorce, así que tal vez, tú sólo estés entusiasmado conmigo…- Levantó una mano cuando Harry abrió la boca; no sabía si quería protestar o no, pero aún no había terminado. -…pero lo dudo. Puede que físicamente tengas catorce, pero hemos pasado por mucho más que cualquier chico de catorce años normal. De hecho, antes del hechizo, ya eras más maduro que los chicos de tu edad y si les agregamos las últimas nueve semanas a tus experiencias anteriores, has madurado aún más.
-Yo te amo, Draco. Si no te amara, creo que mis recuerdos de cómo eras antes de que todo esto pasara, hubiesen sido suficientes para matar mis sentimientos-. Dijo Harry, levantando la vista y suplicándole con la mirada que lo entendiera. -¿Pero por qué me amarías tú? Tú no tienes motivo, excepto por el hechizo. Tú me estabas ayudando y es por mi culpa que terminaste metido en este desastre de la edad. Pero yo no hice nada por ti, y recuerdo que tú me odiabas mucho. Yo no he cambiado.
-Pero yo sí he cambiado-. Apuntó Draco. –Y este que soy ahora, te ama-. Suspiró y jugueteó con su trenza, mientras miraba fíjamente el lago. Sabía que tendría que hablarle claro para que Harry le creyera. –Yo no entendía, realmente, quién eras tú. No estaba preparado para hacerlo, porque comprender lo que tú significabas, hubiese sido darme cuenta de lo equivocados que eran mis creencias y percepciones, y...eso era algo muy, muy difícil para mi. Ya hablamos de lo que yo creo y cómo me siento con esas cosas ahora, pero nunca te expliqué lo que sucedió en verdad. Realmente, no lo supe hasta el último crecimiento, mis recuerdos eran muy vagos y esquivos; pero ahora recuerdo lo más importante, supongo-. Respiró hondo. Harry lo escuchaba con avidez. –Estaba furioso por el arresto de Lucius; me parecía algo imposible, porque yo pensaba que él era invencible, perfecto, todo lo que se suponía que yo debía ser. Busqué a mi madre y le demandé que me dijera qué íbamos a hacer y ella me golpeó. Me golpeó fuerte. Nunca antes me había golpeado; ella siempre me mimó y me adoró de pequeño; me enseñó a cantar y a cuidar el jardín. Me enseñó a ser un Malfoy, pero también me enseñó a ser clemente. Cuando Lucius me alejó de ella y me tomó bajo su ala, me olvidé de todo eso. Ocasionalmente, él me lanzaba hechizos dolorosos, si yo hacía algo muy vergonzoso o equivocado, pero ninguno de los dos me tocaron con violencia, nunca. Así que, el cachetazo de mi madre me paralizó. Me habló lentamente y con calma; sabía que lo que iba a hacer era increíblemente duro y que me lastimaría; además no estaba segura de que yo no quisiera seguir el camino que mi padre había trazado, aún sabiendo la verdad. Tenía sólo una oportunidad, y debía aprovecharla bien. Me llevó a las mazmorras, para que viera la verdad brutal, desnuda y sin atenuantes.
Yo sabía que teníamos mazmorras, Lucius bajaba allí, a veces, pero a mi nunca me lo habían permitido. Mi madre activó una esfera grabadora, escondida en la pared. Supongo que a Lucius le gustaba volver a mirar las cosas que hacía...Lo que ví allí…Harry, fue tan malo como nuestra visión de Halloween. Vomité. En ese momento, él era todo para mi, y verlo torturar por placer...Y era muy bueno con eso, Harry-.
Draco cerró los ojos con fuerza; le alegró que Harry le tomara la mano. La calidez de la simpatía y el respeto provenientes del pequeño quebró el hielo de su pecho. -Mi madre me explicó las opciones que me quedaban, después de mostrarme la verdad sobre mi padre; podía elegir entre continuar con el mismo camino o cambiarlo. Honestamente, consideré seguirlo, porque lo opuesto me parecía terrible. Pero sabía que no podría...no podría hacer lo que mi padre había hecho; no era lo suficientemente fuerte para torturar a nadie de ese modo. Acepté la mano que me tendió mi madre y mi mundo entero cambió.
Fuimos juntos al Ministerio y entregamos la esfera, exigiendo que Lucius permaneciera encerrado para siempre. Yo debía hacerme cargo de los negocios y cortar las conexiones oscuras. Cada minuto de cada día, tuve que luchar contra los reflejos y los hábitos, debí cuestionarme mis razones y pelear contra las expectativas de mi padre y de todos los demás en el mundo mágico.
Papá, -bueno, entonces era sólo Severus para mi-, él iba a verme y a hablar conmigo cada vez que mi semana se tornaba tan mala que no lograba dormir nada. Me contó sus experiencias con los Mortífagos y reforzó mi decisión de permanecer limpio. Así fue que cambié y me rehice; tuve que deshacerme de todo lo que pensaba y en lo que me había convertido. Me sentí morir-. Miró a Harry a los ojos. –Quise ayudarte, quise hacer algo por el mundo mágico; quise probarme a mi mismo, de una vez por todas, que era capaz de ser otra persona, y no otro Lucius. Tú estabas tan lastimado que elegí ayudarte, porque tú eres la esperanza de este mundo, y yo sabía que si podía ayudarte, si podía interesarme honestamente por tu bienestar, entonces habría esperanza para mi.
-Ay, Ray…- Harry se mordió el labio, tenía los ojos llenos de lágrimas.
-Sé que parece que lo único que me importaba era lo que tú defendías; pero en ese momento aún no te conocía bien. Ahora que te conozco, puedo decirte honestamente que te amo. No tiene nada que ver con lo que tú significas para el mundo. Si fueras muggle, Harry, aún así te amaría-. Sonrió irónicamente. -Tendría algunos problemas serios que considerar, pero te amaría.
-¿Por qué?- Harry sacudió la cabeza; se sentía desgarrado por dentro; quería creer en Draco y de igual modo, no se creía capaz de hacerlo.
-No tienes idea de lo bello que eres-. Respondió Draco, con solemnidad. -Vives hacia adentro y no puedes ver cuán valioso eres. Tu familia te ha lastimado terríblemente, y aún así te preocupan los demás. Creíste en la bondad de tus padres, a pesar de que te dijeron que fueron malas personas, y los has defendido, aunque no estaban presentes. Aceptaste ser quién eres y lo que significas para el mundo mágico, casi inmediatamente. Das tu mejor esfuerzo en cada circunstancia, y estás vivo, Harry.
Estás tan lleno de pasión y emoción, mucho más que otras personas. Dejas que el mundo te toque de una manera que la mayoría de las personas no es capaz de aceptar, y en cambio, tú tocas al mundo. Sé que no eres un santo, ni perfecto; cometes errores, y eso me agrada, porque me gusta que me necesites. Pero también quieres aprender de tus errores, quieres ser cada día mejor. Atesoras cosas simples-. Draco suspiró, se estaba quedando sin palabras, sólo le restaban los sentimientos verdaderos que las inspiraban. -Simplemente, eres hermoso, y te amo. Quiero estar contigo; quiero tenerte y conservarte para mi. Eres mío y no a causa del hechizo; soy yo el que siente todo esto.
Harry lo miró fijamente por todo un largo minuto. Draco contuvo la respiración, mientras sentía -literalmente-, las emociones de Harry y su lucha interior. La balanza se inclinó y Draco tuvo sólo medio segundo para abrir los brazos, antes de que su amor volara hasta ellos. Como antes, Harry envolvió la cintura de Draco con sus piernas y se abrazó con fuerza a su cuello. Draco hundió la cara en el cabello de Harry y dejó que el estremecido alivio y el amor del moreno le recorriera cada uno de sus nervios. Las manos y las rodillas le temblaban. Rió.
-Jamás vuelvas a cuestionarme, pendejo-. Rió Draco. -De verdad, puedo llegar a enojarme mucho contigo.
-Nunca más-. Prometió Harry, riendo y llorando al mismo tiempo. -¡Me hace tan feliz que estés aquí! ¡Trataba de prepararme para cuando tú me dejaras, y era tan horrible! ¡Me hace tan feliz que me ames, porque creo que moriría sin ti, Ray!-
-Entonces, vivirás eternamente-. Murmuró Draco, junto a su boca, antes de besarlo.
Harry se apretó contra su novio con toda la fuerza posible, sus manos subieron y se deslizaron en el cabello de Draco, para evitar que termine el beso. Respirando por la nariz, sus lenguas se rozaron; Draco lamió el techo de la boca de Harry con la punta de la lengua y el moreno gruñó, apretando aún más sus piernas. Draco comenzó a gemir, la sangre se le agolpaba en los oídos y unas sacudidas eléctricas le recorrían los brazos y la columna. Chupó la lengua de Harry y la rozó con sus dientes. Harry embistió contra su abdomen, con un gemido. Aferrándose a su sanidad mental, mientras el deseo de Harry se elevaba más y más, Draco hizo a un lado la cara, apoyando la frente sudorosa sobre el hombro de Harry.
-Deberíamos detenernos-. Jadeó, levantando la cabeza para mirar a los ojos a su amor. Los ojos de Harry brillaban y Draco sintió que su alma respondía con un hambre doloroso.
-¿Por qué?- Preguntó Harry, con voz ronca. Sonrió. Todo su cuerpo se estremeció y se prendía fuego, y la expresión en la mirada de Draco hizo que su corazón se acelerara más. No quería detenerse. Nunca. -Esto se siente tan bien.
Draco gruñó y hundió la cara contra el cuello delgado de su amor. Harry era aún demasiado pequeño y demasiado delgado. Draco temía que si continuaban, pudiera lastimarlo. Y no sólo eso, era consciente de que él sabía más que Harry sobre lo que estaban haciendo, porque él podía aprovechar su conocimiento y experiencia de cuando tenía deciséis años; pero Harry no podía. Draco temía estar aprovechándose y se rehusaba a lastimarlo.
-Ahhh...eso me gusta...- Dijo Harry, jadeando y disfrutando muchísimo el aliento cálido de Draco contra su cuello. Gimió cuando Draco comenzó a besarlo y a chuparlo suavemente, rozándolo apenas con los dientes. -Me gusssta, ssssí-. Gimió en Pársel.
Las caderas de Draco respondieron y se tambaleó al oir ese siseo descontrolado. -¡Merlin, Harry!- Miró a la cara al moreno y descubrió los ojos de Harry casi nublados, más allá de la razón. Sintió la obvia necesidad del moreno, presionando con dureza contra su abdomen. Fue allí que notó que Harry se frotaba contra él. Desafortunadamente, su autocontrol era mínimo...y lo perdió. Dejó que sus manos cayeran y aferraran el trasero de Harry para ayudarlo a obtener un contacto más firme. La boca de Draco chupó y mordisqueó el cuello sedoso y la mandíbula.
-Raaayyy- Siseó Harry, con sus ojos entrecerrados por el placer.
Cada músculo del cuerpo de Draco se endureció al escuchar ese siseo. Cuando sus ojos se aclararon, bebió la imagen de Harry: su cabeza echada hacia atrás, sus ojos cerrados, su boca entreabierta y los pequeños gruñidos y gemidos que se escapaban por sus labios hinchados. Observó, quemándose vivo de deseo, cómo la cabeza de Harry se inclinaba hacia adelante y esos ojos verdes lo consumían y lo reclamaban. La magia de Harry los inundó a los dos, llenándolos con un zumbido agudo. El cabello de Draco se soltó y cayó alredeor de ambos cuando alcanzaron el orgasmo. Harry lanzó una exclamación de alegría y Draco gritó. Cayeron al suelo, con el cabello de Draco cubriéndolos a ambos como una cascada blanca, haciéndoles cosquillas en la piel sensibilizada de sus cuellos y mejillas. Harry rió, estremeciéndose contra el pecho del rubio.
-Eso fue...intenso…- Draco jadeó; no podía quitar los ojos de Harry, se sentía lánguido y mareado, y sus emociones eran iguales a las de Harry y se mezclaban con ellas tan completamente que no sabía dónde terminaba él y dónde comenzaba Harry.
-Sssí-. Harry siseó, aún en Pársel. Draco tembló y giró la cabeza para besarlo profunda y lentamente. Harry culebreó contra él y le devolvió el beso. Se separaron jadeando y sonriendo.
-No sisees a menos que estés preparado para afrontar las consecuencias-. Gruñó Draco, roncamente, con los ojos del color de la plata fundida.
-¿Te excita que hable en Pársel?- Rió Harry. -¡Ni siquiera tuve intención de hablar así! Usualmente necesito ver una serpiente.
-Yo tengo una serpiente que puedo mostrarte-. Bromeó Draco, lascivamente.
Harry le palmeó el hombro y rió. -Creo que ya estamos suficientemente desarreglados, gracias-. Se revolvió, sonrojándose. -Estoy pegoteado-.
-Siéntete libre para quitarte la ropa si te molesta-. Draco se encogió de hombros.
-Habla en serio-. Harry lo palmeó de nuevo.
-¿Por qué?- Draco le dedicó una sonrisa suave y sensual. Harry se puso rojo.
-Tal vez porque es casi la hora del almuerzo y tenemos que cambiarnos, comer y entrenar con el ED-. Apuntó.
-Mmmm…- Draco frotó la nariz contra el cuello de Harry y le encantó que él no se alejara. -Esto me gusta más-. Le lamió lentamente la mandíbula, y el moreno suspiró, derritíendose en sus brazos. Draco giró, acostando a su amor sobre su espalda, cuidadosamente manteniendo el peso de su cuerpo sobre sus codos para no lastimarlo. Se besaron lánguidamente, Harry levantó las manos y enredó sus dedos posesivamente en el cabello de Draco. El rubio levantó la cabeza y sonrió al montoncito de puré en que había convertido a Harry.
-Vamos. No sé tú, pero yo puedo pensar en muchas cosas más suaves que el piso de la Torre de Astronomía para acostarme-. Se levantó, puso un mechón trás una oreja con una mano, y le extendió la otra mano a Harry.
El moreno la aceptó, se levantó, y flotando graciosamente en el aire, abrazó a su novio. -Siento haber dudado de ti, Ray-.
-Bien-. Draco elevó la nariz, altanero; pero el efecto se arruinó porque sus ojos seguían brillantes, sus mejillas sonrosadas y sus labios hinchados.
Harry rió. Draco respondió sonriendo ampliamente; dirigiéndose a las mazmorras, casi a los saltos. Podría bailar, adueñarse del mundo, o reír hasta que se le rompan las costillas de tan feliz que se sentía; le dolían las mejillas de tanto sonreír. Las risitas de Harry y sus acrobacias en el aire igualaban su buen humor. Afortunadamente, Draco aún podía pensar con cierta coherencia y antes de llegar a su puerta, condujo a Harry a un lado para tratar de eliminar la mayor parte de la jodida evidencia: realizó algunos encantamientos de limpieza y le pidió a Harry que le trenzara el cabello. El moreno hizo pucheros todo el tiempo y Draco no pudo resistirse: lo besó.
-¡Merlin!- Gruñó Draco, sosteniéndolo. -Tenemos que concentrarnos, no podemos darle motivos de sospecha a Papá o nos va a hacer dormir en distintos cuartos-.
Harry asintió, calmándose, cuando se dio cuenta de esa desagradable posibilidad. Ya era suficientemente difícil dormir en camas separadas; él no podría soportar dormir en habitaciones diferentes. -¿Cómo me veo?
-Delicioso-. Respondió Draco, con seriedad.
Pasaron otros apresurados cinco minutos tratando de acicalarse, hasta que decidieron que mejor no podían lucir y atravesaron el retrato. Remus estaba sentado en un sofá, leyendo, Severus no estaba a la vista. El hombre lobo levantó la mirada cuando ellos entraron y les dio la bienvenida con una sonrisa, complacido al ver que Harry tomaba la mano de Draco.
-El almuerzo ya está listo-. Se puso de pie para tomar la delantera, pero se quedó quieto y olió el aire.
Harry bajó al suelo, junto a Draco y ambos se quedaron allí, terríblemente sonrojados. No habían pensado en protegerse contra los sentidos de hombre lobo de Remus; distraídos como estaban, sólo habían pensado en su Papá.
Remus entrecerró los ojos y se cruzó de brazos. -¿Ustedes tuvieron sexo?
El rubor de Draco se hizo más pronunciado, pero miró a Remus a los ojos. -No es asunto tuyo.
-Draco Malfoy-. Gruñó Remus, y sus ojos comenzaron a tornarse dorados. -Hablamos sobre esto-.
Harry se adelantó y se colocó entre ellos, elevándose en el aire hasta quedar cara a cara con su padrino. -No, Remus. Tú hablaste con nosotros, pero las cosas han cambiado. Draco y yo no hicimos nada malo, y tampoco tuvimos sexo. No nos quitamos la ropa, te lo juro. No está bien que tengamos vergüenza por algo que tú dijiste que es normal y está bien. Tú dijiste que confiarías en nosotros si te respetábamos; y nosotros te respetamos a ti y a Papá...Así que confía en nosotros un poco, sabemos que hay límites.
-Yo nunca lastimaría a Harry-. Agregó Draco, con su rostro frío y serio. Harry seguía con las mejillas rosadas, pero ya se había sobrepuesto a la vergüenza inicial.
-Eso es...muy maduro...de parte de los dos-. Admitió Remus. -Sé que han pasado por mucho, juntos. Es natural que quieran experimentar el lado físico de su relación-. Suspiró y se pasó las manos por el cabello entrecano. -Déjenme hablar con su padre.
-Gracias, Remus-. Harry se deslizó y le dio un abrazo. -Voy a tomar una ducha rápida.
-¿Yo puedo...?
-¡No!- Espetó Remus, al rubio.
Draco resopló y entrecerró los ojos. -Iba a decir, en la ducha ducha de Papá y tuya.
-Ah-. Remus se sonrojó. -Seguro. Ve, Draco.
Riendo, Harry pasó volando por la cocina, hacia el baño, mientras Draco caminaba majestuosamente hacia la habitación de sus padres. Remus sacudió la cabeza y murmuró. -Severus va a matarme.
Cccccccccccccccccccccc
-Harry, ¿podemos hablar contigo?- Preguntó Hermione, después de que Draco los despidiera al terminar el entrenamiento de esa noche.
-Mmmm…- Harry se mordió el labio y miró a Remus.
-De todos modos, debería hablar con su padre antes de que ustedes lleguen-. El hombre lobo suspiró. -No tarden mucho.
-No lo haremos-. Asintió Draco.
Remus salió. Draco y Harry enfrentaron solos a los cuatro Gryffindor. Harry estaba especialmente nervioso, tanto que le producía náuseas a Draco. El último le tomó la mano al pequeño, ofreciéndole apoyo silencioso. Harry le dedicó una sonrisa incierta, antes de volver a enfrentar a sus amigos.
-Yo quiero decir, personalmente, que creo que hacen una pareja caliente-. Sopló Ginny.
-Malfoy ha cambiado y te está ayudando; y yo estoy dispuesto a darle una oportunidad-. Concedió Neville.
-Gracias-. Harry sonrió y corrió a abrazarlos a ambos.
Draco se quedó donde estaba, mirando a Ron y a Hermione. Hermione parecía querer ofrecerle su apoyo, pero vacilaba. Ron miraba fija y tozudamente, a la pared, sin mirar a ninguno. Seguiría siendo un problema. Draco lo miró enojado, amenazante. Más le valía no hacer llorar a Harry, porque si lo hacía, él le lanzaría un hechizo que lo dejaría mudo para siempre.
Harry se paró entre Ginny y Neville, observando a Hermione con una mirada esperanzada. -¿Tú querías hablar?
-Sí, bueno…- Se mordió el labio. –Yo te quiero, Harry. Tú y Ron son mis mejores amigos. Me preocupas, y no entiendo cómo fue que pasó esto.
-¿Estás seguro que no es el hechizo el que hace que te sientas así?- Murmuró Ron, aún sin mirarlos.
-Estoy absolutamente seguro-. Afirmó Harry. –Sé que esto es extraño para ustedes, pero en realidad, no lo es. Papá y Draco cambiaron mi vida. Recuerdo lo que fue crecer sin ellos, y sé lo que es crecer con el apoyo y el amor que ellos me dan. Tenerlos, realmente sentir que me cuidan, que tengo a alguien conmigo cuando tengo una pesadilla o cuando estoy enfermo; ...no puedo explicarles lo que fue para mi, recordar el tiempo en que no los tuve. Deben haber notado que ahora, mágicamente, soy mucho más fuerte de lo que era. Eso es porque los Dursley hicieron que yo odiara y temiera a la magia hasta el extremo de que aún viviendo aquí, no podía confiar completamente en mi magia y la aparté de mi. Papá y Draco me liberaron del miedo y me ayudaron a respetar la magia, y a creer verdaderamente, y por primera vez, que no soy un fenómeno inservible.
-¡Harry!- Gritó Hermione, entre lágrimas.
-Sé que ustedes me quisieron siempre, pero en el fondo, yo no podía creer que lo mereciera. Ahora lo sé. No me siento sucio, ni siento que tengo que probar nada, ni vencer a Voldemort sólo para merecer un hogar y personas que me quieran. Me he dado cuenta de que ya los tengo, y Draco es uno de los grandes responsables de que yo pueda creer todo esto. Él me ayudó a curar heridas que ni sabía que tenía.
-¡Ay, Harry…!-. Ella se arrodilló y lo abrazó con fuerza. –Yo también le daré una oportunidad. Si hizo todo eso, ¡hasta podría besarlo!
-¡Mejor no!- Harry la miró enojado y ruborizado.
Todos rieron, excepto Ron. El pelirrojo miró a su amigo a los ojos. –Lo siento. Supongo que tendré que acostumbrarme.
-Muy bien-. Harry asintió, inclinando la cabeza. –Comprendo.
Ron también inclinó la cabeza y se fue. Hermione abrazó a Harry por última vez y prometió volver a encontrarlo la mañana siguiente, después corrió trás Ron. Ginny desarregló aún más el cabello de Harry y sonrió. –Me alegra que seas feliz, Harry. Y no te preocupes por Ron, ya va a regresar con el caballo cansado.
-Siempre lo hace-. Neville sonrió.
-Gracias a los dos-. Harry sonrió brillantemente.
-No hay problema, Harry-. Ginny lo besó en la mejilla, retrocedió antes de que el rubio enojado le lanzara alguna maldición, y salió corriendo de la habitación, entre risas.
-No le hagas caso; está loca-. Neville sacudió la cabeza, saludó con la mano y fue trás sus amigos.
-Salió mejor de lo que esperaba-. Harry sonrió a Draco, flotó hasta su altura y le tomó la mano. -¿Listo para enfrentar a Papá?
-Estás feliz, de verdad-. A Draco le sorprendió lo ligero que sentía a su amor. -¿No te preocupa Weasley?
-No-. Harry sonrió.-Es como si lo hubiese aprobado. En serio, ya va a mejorar, es sólo que le toma más tiempo hacerse a nuevas ideas.
-No me sorprende-. Murmuró Draco.
Harry le dio una palmada en el hombro. -Pórtate bien-. Su humor juguetón mermó y la preocupación se acrecentó. -¿Te sientes mal? Por Pansy, quiero decir...
-Me siento mal por haberla besado el año pasado y por haberla conducido a pensar que me importaba más de lo que realmente me importaba-. Admitió Draco. -Pero ella también va a regresar; hemos sido amigos por demasiado tiempo como para que terminemos así. Tengo que darle el tiempo suficiente para que planee una venganza adecuada, y tengo que acordarme de no tomar represalias, porque me lo merezco.
-¡Ustedes, los Slytherins son tan extraños!- Harry rió.
-Todavía tenemos que hacerle frente al Jefe de Slytherin. ¿Crees que sobreviviremos?
Harry se mordió el labio, preocupado. -Espero que sí.
-Estoy bromeando, Bebé-. Draco le besó la mejilla. -Estaremos bien.
Empujaron el retrato y entraron a la habitación. Remus estaba sentado en una silla y lucía completamente acobardado. Severus permanecía de pie, con su túnica negra abotonada hasta arriba y sus brazos cruzados sobre el pecho. El rostro inexpresivo, pero los ojos tenían un brillo intenso. Instintivamente, los chicos ajustaron sus barreras mentales con Oclumancia.
-¿Qué decías?- Murmuró Harry a su novio, temeroso.
Draco se puso pálido y le sudaron las manos. -Padre.
-No me vengas con 'padre'...- Dijo Severus, con frialdad. -Remus me dijo que ustedes rompieron las reglas que les hemos puesto con respecto a sus actividades sexuales.
-Para ser justos, esas reglas las pusieron cuando teníamos trece años, y él nos dijo que se iban a ir ablandando a medida que creciéramos.
-Pero ninguno de ustedes se acercó para discutir los cambios-. Replicó Severus.
-No sabía que querías conocer cada uno de nuestros avances.
-Draco, considerando las circunstancias; sí, quiero saberlo.
-Sin ofender-. Interrumpió Harry, nervioso.-Pero eso un poco extraño. Te amo, Papá, pero no quiero contarte lo que hago con Draco. Algunas cosas tienen que ser privadas. Los chicos de mi dormitorio ni siquieran hablaban entre ellos sobre los detalles de las cosas que hacían con las chicas. Y difícilmente me interese saber lo que pasa entre tú y Remus.
-Harry, tú no eres consciente de todas las consecuencias que pueden acarrear tus actos-. Espetó Severus, furioso.
-¡Por el amor de Dios! ¡A veces no se trata de consecuencias o responsabilidades, sino de sentimientos!- Gritó. Su temor dió lugar al enojo. –Yo soy perfectamente capaz de decirle 'no' a Draco, o de pedirle que vayamos más despacio. No tengo ninguna duda de que él me escuchará y no me hará sentir mal por eso. No somos exactamente niños, aunque luzcamos así. Nos han torturado, hemos luchado por nuestras vidas, hemos estado en una batalla. Ahora mismo estamos entrenándonos para luchar en una guerra. Nos han secuestrado. Hemos vuelto a ser niños. ¡Yo he visto y participado en el renacimiento del Señor de las Tinieblas; he visto cómo asesinaban a un compañero de colegio y he traído su cuerpo de vuelta aquí porque su espíritu me pidió que lo hiciera! He enfrentado dragones y conspiraciones enrevesadas. Pasé de ser un huérfano abusado a un adolescente seguro de mí mismo, tengo una familia que me ama y me apoya en cada paso que doy. ¡Me he enfrentado a debilidades físicas y puedo controlar un enorme poder mágico, por todo eso, creo que puedo arreglármelas con un novio!
Tres pares de ojos miraban a Harry, llenos de asombro. Remus y Draco, lieteralmente, con la boca abierta, y Severus con unas manchas coloradas en sus pálidas mejillas. Ninguno de ellos, jamás, dudó de la fortaleza de Harry, pero nunca antes se habían enfrentado al joven. Usualmente, ellos estaban junto a él o detrás de él, cuando Harry actuaba de esta manera. Ahora, Severus observaba a su hijo, que flotaba en el aire con ojos brillantes, luciendo como un guerrero, emanando poder y madurez en la mirada.
-Me corrijo-. Murmuró Severus.
Harry parpadeó un par de veces y luego sonrió ampliamente. -¿De verdad?
Severus asintió. Con un grito de alegría, Harry voló hasta su padre y lo abrazó con tanta fuerza que le hizo crujir la espalda. Sonriendo, Severus apoyó la mejilla contra el cabello de su hijo y susurró. –Estoy tan orgulloso de ti, Harry. Pero, por favor, ve despacio.
-Te lo prometo-. Harry le besó la mejilla y salió volando hacia la cocina. -¡Vamos, chicos, muero de hambre!
Draco sonrió y pasó junto a su padre. Remus lo siguió, pero se detuvo junto al hombro de su pareja. Severus lo miró de reojo. –Están creciendo.
-Así es-. Remus sonrió con tristeza y le pasó un brazo alrededor de los hombros. –Está pasando demasiado rápido, ¿verdad?
-Podría tolerar tenerlos como mis niños, otra vez-. Gruñó, simplemente.
-Ah, Severus; ellos siempre serán tus hijos-. Murmuró Remus, soltándolo al entrar a la cocina, donde Draco y Harry peleaban por el puré de papas. –¡Vamos, chicos, no peleen!
Severus sonrió, y tomó asiento, con ojos brillantes.
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El día siguiente fue difícil. Los chicos se levantaron y entrenaron por la mañana. A la hora del almuerzo, Severus fue a buscarlos, mientras Remus se quedaba a darle clase al ED. Harry sabía lo que venía, y valentemente, le tomó la mano a Draco. No iba a echarse atrás por lo que iban a contarle; sabía que era algo malo por la solemnidad que los rodeaba, pero él era fuerte y tenía el apoyo de todos.
Sin embargo, ambos se sorprendieron al hallar a Dumbledore y a Narcissa esperándolos en la sala de estar. Días atrás, la madre de Draco había dejado el colegio en busca de datos sobre los planes de Voldemort; los hombros de Draco se relajaron un poquito al verla.
-Harry, hijo mío. Draco. Han hecho un maravilloso trabajo con el ED-. Les sonrió cordialmente.
-Gracias, señor-. Harry sonrió también. Draco apenas inclinó la cabeza majestuosamente; estaba en modo Malfoy, completamente. Harry lo miró, sonriéndole con ternura, antes de volver su atención a los adultos. -¿Cómo le fue, señora Malfoy?
-Como esperábamos-. Suspiró. –Me conecté con algunos amigos, pero lo que ellos sabían no nos sirve demasiado. Voldemort está construyendo algo en el Ministerio, y no lo dejará hasta que termine. No saben qué es lo que hace el aparato.
-¡Qué útil!- Gruñó Draco.
-Sí-. Sonrió ella. –Me alegra estar de vuelta.
-Luces bien-. Draco le devolvió la sonrisa.
-¿Te molestaría que la señora Malfoy se quede mientras les explico lo que sucedió en quinto año, Harry?- Preguntó Dumbledore.
-No me molesta-. Harry sonrio forzadamente y se sentó junto a Draco, en su sofá favorito. Narcissa se sentó en una silla junto al fuego y Dumbledore frente a ellos. Severus eligió sentarse junto al Director, para poder ver las caras de sus hijos.
Harry permaneció rígido y pálido, mientras Dumbledore describía el año escolar que terminó con la batalla en el Departamento de Misterios. Se sintió decepcionado por no haberles dado la atención que merecían sus clases de Oclumancia, y triste, porque Severus lo detestó tanto que no quiso hacerle las clases más leves. Sintió un gran dolor cuando oyó cómo había sido asesinado Sirius. Bajó la cabeza y se aferró a las manos de Draco y de su padre, pero no lloró. Eso sería más tarde, cuando estén solos y Dumbledore ya no esté allí.
-Gracias por decirme la profecía-. Dijo, levantando la cabeza y revelando sus ojos tristes y cansados.
-No hay problema, hijo mío-. Murmuró Dumbledore. –Yo tengo parte de la culpa por cómo resultaron las cosas. Traté de protegerte y sólo logré incapacitarte. Lo siento muchísimo. Además, nunca debí lanzarte a Severus sin prepararlos a ambos. Me equivoqué.
-Está bien, señor-. Dijo Harry, tenso. –Desearía que las cosas hubieran sido diferentes, pero estoy seguro de que Sirius querría que mirásemos al futuro, tenemos que vencer a Voldemort, y él se pondría furioso si su muerte nos distrajese de esa meta o de nuestras vidas.
-Muy sabio, Harry-. Dumbledore sonrió. Se puso de pie y apoyó una mano en el hombro del chico. –Buena suerte, y si necesitas algo, aquí estaré para ti.
-Gracias-. Harry sonrió.
Severus se levantó y acompañó al Director, mientras Draco envolvía a Harry con sus brazos y dejaba que el pequeño se apoyara en él. Se quedaron sentados por un rato. Narcissa permaneció muy quieta y respetuosa; y ni siquiera notaron cuando Severus regresó y se unió a su silencio. No reaccionaron hasta que Remus les pasó un chocolate caliente. Cuando todos tuvieron una taza, Remus se sentó en el suelo, inclinándose contra las piernas de Severus. Harry sonrió ante la escena y descansó aún más contra el cuerpo de Draco. Sin darse cuenta, se quedó dormido.
-¿Crees que estará bien?- Murmuró Remus.
Draco estiró la mano y despejó la cara de Harry, acomodando su flequillo amorosamente. La apagada cicatriz en forma de rayo, resaltaba contra su piel; Draco la acarició con cuidado. –Estará bien-. Dijo, sonriendo suavemente. –Voy a acostarlo.
-En camas separadas-. Apuntó Severus.
-Ya está dormido, no vamos a hacer nada-. Contestó Draco, con calma.-Es mejor que estemos juntos durante la transformación.
-¿Me perdí algo?- Narcissa levantó una ceja.
-Estoy seguro de que ellos te van a poner al tanto, una vez que nos vayamos-. Gruñó Draco.
Severus suspiró.-Bien. En la misma cama, pero sólo por esta noche.
-Gracias, padre.
-Déjame cargarlo.
-Yo puedo hacerlo-. Protestó Draco.
-Por favor-. Severus miró a los ojos a su segundo hijo.
Draco sonrió débilmente, comprendiendo, y asintió. Severus se puso de pie y cargó a Harry gentilmente, acurrucándolo contra su pecho. Harry se movió, y con un suspiro aliviado se acurrucó aún más. Sonriendo, Severus lo llevó hasta la cama y con un hechizo, lo vistió con su pijamas. Draco se cambió y trepó a la cama junto a su amor, pasándole un brazo por sobre el pecho. El gesto demostraba a las claras los sentimientos de los chicos.
-Duerman bien-. Susurró Severus. Draco bostezó y cerró los ojos.
