Esta es una traducción de la historia de Sensibly Tainted, "Growing Pains".

Los personajes originales son de J., por supuesto.

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Capítulo 25 -Segunda parte

-Me alegro de que le hayan dado el día libre al ED-. Anunció Severus, cuando terminaron el desayuno. Harry miró preocupado a su padre.

El hombre de ojos oscuros parecía inusualmente abatido. Draco miró a Remus, buscando una pista, pero sólo lucía dolido y cansado –cosa que podía deberse a la luna-. Miró a su madre: su cara pálida no auguraba nada bueno. Por debajo de la mesa buscó la mano de Harry. Se aferraron uno al otro.

-¿Por qué no vamos a la sala de estar?- Severus se levantó, dejó la mesa y se alejó.

-¿Madre?- Preguntó Draco, tenso.

-Vé; Remus y yo esperaremos aquí. Llámennos si nos necesitan-. Respondió Narcissa, gentilmente.

Harry abrió grandes los ojos. -¿Qué sucede? ¿Voldemort hizo algo?

-No, Harry. No hay novedades-. Los ojos afectuosos de Remus estaban llenos de lágrimas y Harry sintió que su miedo crecía. –Vayan. Su padre los está esperando-.

Los chicos compartieron una mirada. Harry creyó ver, en los ojos de Draco, que él sabía de qué se trataba, pero no tenía tiempo para preguntarle a su amor. Entraron juntos a la sala.

Severus estaba sentado, rígido, en su silla favorita. No se dio vuelta para mirarlos. Harry se mordió el labio con fuerza; tenía las manos sudorosas. Draco lo tironeó hacia adelante; con cuidado, se sentaron en el sofá.

-Usualmente les hablo de los recuerdos que van a recuperar, el día anterior al cambio, pero he decidido que, esta vez, será mejor que tengan un mayor tiempo para prepararse. Es importante que entiendan lo que pasó y tengan más tiempo para aceptarlo. Esa puede ser la diferencia entre la vida y la muerte.

-Papá, me estás asustando.- Susurró Harry.

-Perdóname, hijo, no quiero asustarte-. Severus levantó la cabeza, con sus ojos llenos de dolor, y miró a Harry a los ojos.

-El verano pasado, tú sufrías por la muerte de tu padrino, sentías que había sido tu culpa, y la pena te consumía. Cuando volviste a la casa de los Dursley y a su abuso, el impacto fue mayor que nunca. Caíste en la creencia de que merecías el castigo-. Hizo una pausa. -¿Entiendes, Harry?

Harry se quedó mirándolo fijo, sin poder hablar. Recordó cómo se había sentido entonces, era como si fuese otra persona. No. Realmente, ahora era una persona diferente, pero podía recordarlo. Lentamente, asintió. Draco le apretó la mano, con la cabeza gacha. La mano que sostenía la de Harry estaba helada.

-Vernon abusó de ti y tú lo dejaste, pensando que lo merecías-. Dijo Severus, suavemente, pero se oyó como un grito. Harry dio un respingo. -Te golpeó terríblemente por muchos días. Tu magia no te defendió porque tú no querías que lo hiciera.

Unas lágrimas gruesas caían por las mejillas de Harry, pero no dejó de mirar a su padre a los ojos. Necesitaba saber. No podía mirar para otro lado. Sabía que ahora era más fuerte, mejor, y lo superaría. Ya no estaba solo.

-Envalentonado, Dursley se dejó llevar por sus peores deseos. Puso droga en tu comida y cuando tú te retiraste a tu cuarto, eras físicamente incapaz de defenderte, y eso, de alguna manera, también afectó a tu magia… Harry, te violó. Tu magia trató de surgir, pero no pudo, estaba bloqueada.

Harry se cubrió la cara, demasiado afectado, demasiado horrorizado como para llorar. Era como si todo su interior se hubiese embotado, apenas notó que Draco lo abrazaba con fuerza, o que su papá se acercó a abrazarlo del otro lado. Aunque no quisiera oírlas, las palabras sonaron altas y claras.

-Después de eso, rechazaste completamente a tu magia, te sentías traicionado. Sin tu magia, morías lentamente, día trás día; no podíamos llegar hasta ti. Estabas demasiado herido, así que probamos con el hechizo, esperando que nos permitiera llegar hasta ti y ayudarte en lo que pudiéramos. En lugar de eso, el hechizo te hizo pequeño.

Harry sacudió la cabeza, embotado, y siguió cubriéndose el rostro con las manos. Draco lloraba en silencio, con sus ojos grises oscuros como el humo y cargados de lágrimas dolorosas. Severus lo abrazó con fuerza, y por primera vez, Harry notó su propio tamaño; se sintió pequeño y frágil, y sólo deseó acurrucarse y dejar que su padre y Draco lo protegieran e hicieran que todo resultara bien. Pero no era posible; la herida no era externa, sino interna, y no podía esconderse de ella. Lo sabía, pero eso no lo hacía más fácil.

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Draco sintió que el embotamiento crecía en su pecho, embebiendo su interior y llenándolo de hielo duro, agudo; la desperación, el miedo y el dolor lo golpearon sin tregua. Alrededor de la habitación, muchos objetos pequeños, temblaban, con la magia de Harry. Era como si la magia estuviese encerrada en otra parte. Draco sabía que la magia de Harry estaba allí, podía sentirla, irradiando de su Bebé, pura y limpia como rayos de sol, apenas inclinándose y sacudiendo sus puntas. Los libros cayeron al piso, los vidrios se chocaron y los cuadros golpearon contra la pared.

Draco se aferró a Harry, tratando de transmitirle fuerza y seguridad. ¡Merlin, no podía perderlo! No podía; no sobreviviría. Bajó la cabeza, apoyó la frente contra el hombro de Harry. Moriría de dolor si Harry lo dejaba.

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Severus acunó a sus hijos. La ira y la agonía lo destrozaban por dentro. Daría lo que fuera, pagaría cualquier precio y sufriría cualquier dolor para evitárselo a Harry. Sabía Artes Oscuras y prohibidas, era joven y poderoso. ¿Por qué, entonces, era tan impotente cuando más necesitaba hacer algo? Había hecho cosas imperdonables, crueles, malignas; ¿por qué era Harry el que sufría?

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Remus y Narcissa se quedaron parados en la puerta; rígidos, silenciosos y compartiendo el dolor de los tres sentados en el sofá. Sufrían la necesidad de hacer algo para aliviar la pena de sus seres queridos, pero no podían hacer nada. Así que se quedaron allí, parados, silenciosos, ofreciéndose a sí mismos y deseando que sus presencias significaran algún consuelo.

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Harry yacía en su cama, de espaldas. Sabía que Draco despertaría pronto. El rubio dormía intermitentemente en la cama de al lado; se había dormido hacía apenas unas horas. Harry no había dormido nada. Pensaba. No recordaba mucho del día anterior; recordaba haber escuchado lo que pasó, lo que hizo su tío, pero el resto era algo borroso. El primer recuerdo claro, fue de cuando su papá lo acostó y él se quedó en silencio, luchando con lo que ahora sabía que vendría.

No quería recordar lo sucedido en el verano. No quería que terminara el hechizo. Sólo imaginarlo...Harry se estremeció y unas olas de náuseas lo envolvieron. La magia comenzó a girar en el cuarto, controlada, pero sólo porque Harry lo quería así, conscientemente. Era poderoso, lo sabía. Intelectualmente, sabía que su tío había hecho algo para que su magia no respondiera, pero al sentir con qué fuerza lo llenaba el poder de su magia, aquello le resultaba algo difícil de creer.

Draco no le había dicho nada, mientras esperaban a que el sueño llegara. No había necesidad. Harry podía oírlo: No mueras, te necesito. Te amo. Cerró los puños. No quería morir. Quería vivir para el ED; tenía que vencer a Voldemort, era el único que podía hacerlo. Pero,más que nada, quería vivir para Draco. Harry lo amaba con todo su corazón y con toda su alma. Draco era hermoso, y fuerte, y magnífico; y no quería vivir sin él, en ninguna forma.

-Bebé-. Se oyó un susurro suave, débil y necesitado.

Harry se movió sin pensar, sólo reaccionando al dolor que contenía esa voz amada. Voló, cerrando la distancia que los separaba y descendió suavemente sobre el pecho de Draco. El rubio lo rodeó con sus brazos, con fuerza, y lloró. Harry se sorprendió al hallar lágrimas en sus propias mejillas, aunque sabía que no debería sorprenderse.

-Ray… Ray, yo...no sé qué voy a hacer...

Draco no respondió. No pudo.

-Te amo, Ray. No quiero dejarte, y tengo miedo.

-Yo también-. Draco jadeó, sin aliento. -Pero nos tenemos uno al otro y no dejaremos que ese obeso bastardo sin alma... no dejaremos que ese desperdicio humano gane... ¿si?

Harry asintió en el pecho de Draco.

Se quedaron así, acostados, casi por una hora, hasta que entró Severus. No dijo nada al encontrar a Harry en la cama de Draco; se sentó en el borde y apoyó una mano de largos dedos sobre la espalda de Harry. -Remus me pidió que les diga adiós en su nombre, fue a prepararse para la luna llena; dijo que te acompañaría.

-Gracias, Papá-. Murmuró Harry.

-Vengan, vamos. Coman algo de desayuno-. Severus se levantó y los observó algunos minutos, luego los dejó para que se vistieran.

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Harry avanzó por el bosque. El aliento formó una nube frente a su cara. La nieve cubría el suelo, y se alegró de poder flotar por encima de ella –aún con sus ropas cálidas, el final de noviembre se hacía sentir-. De todos modos, le alegraba estar allí. Le costó mucho convencerlos de que era capaz de entrenar hoy con el ED, pero al final, lo consiguió.

Draco no discutió; entendía la necesidad de Harry de estar ocupado y de olvidar, aunque sea sólo un poco. Sin embargo, Severus, creía que sería mejor si lo tomaba con calma. Harry persistió y, finalmente, Severus cedió -pero, por si lo necesitaban, él también andaba por los alrededores-. Ante el hecho consumado, Harry tuvo que sonreír; realmente era afortunado por tener un padre como Severus.

Un hechizo lo golpeó y sólo la barrera que lo protegía, lo salvó de que se le quebraran unas cuantas costillas; a pesar de todo, terminó volando contra un árbol. Trató de recobrar el aliento, y respondió, enviando electricidad, por medio de la conexión residual que había quedado entre él y el atacante. Un grito agudo llegó a los oídos de Harry, desde unos veinte pies a la izquierda. Harry cerró la distancia y atontó al falso Mortífago, mientras estaba caído. El poder y la adrenalina envolvieron la sensación de adormecimiento que persistía en su pecho. Sí, ésta había sido una muy buena idea.

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Viernes, sábado y domingo, Harry y Draco entrenaron con el ED. Al principio, con la ayuda de los Aurores, los estudiantes se movieron con torpeza, pero a medida que pasaron los días, mejoraron. Harry andaba caído y retraído, pero pelear junto al ED, lo mantenía sin hundirse en el terror. Draco permaneció siempre a su lado, aún dándole espacio. Severus y Narcissa observaban con ojos cansados, cómo pasaban las horas, y se acercaba la última transformación y el final del hechizo. El domingo por la tarde, Dumbledore llamó a Harry y a Draco, para una charla; ambos chicos apenas se encogieron de hombros cuando les preguntaron de qué se trató.

Los Gryffindor y los Slytherin no sabían lo que sucedería, pero sí, que el hechizo terminaría y que Harry podía morir. Observaban, esperaban y ofrecían su apoyo y sus risas. Harry y Draco lo aceptaron todo, rodeándose de personas y esperanza.

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-Advertencia sobre contenido adulto-.

Cenaron en familia, y Harry permitió que su papá lo arropara. Narcissa se quedó parada en la puerta, tensa como una cuerda de arco y con los ojos llenos de lágrimas.

Draco y Harry aceptaron la atención en silencio y con sonrisas comprensivas. Finalmente, la puerta se cerró y se quedaron solos. El hechizo comenzaría a regresarlos a sus edades verdaderas, alrededor de la medianoche. Les quedaban dos horas. Harry giró la cabeza: Draco lo miraba fijamente, con sus ojos luminosos.

-Te amo-. Dijo, Harry, honestamente. Flotó, levantándose y descendiendo sobre el pecho del rubio; miró hacia la cara sorprendida de Draco y sonrió. –Te amo, Ray. Voy a estar bien. Va a ser difícil, pero voy a lograrlo. Tú lo sabes, lo haré.

-Lo sé, Bebé. Sólo que…

-Ya lo sé-. Harry lo hizo callar y se inclinó, besándolo larga y lentamente. Se inclinó hacia atrás y sonrió entre lágrimas. –Eres tan hermoso, Draco. Tú eres mi fortaleza.

-Basta con la sensiblería-. Rió Draco, con ojos ardientes.

Harry respondió a la risa y volvió a inclinarse para besarlo con más urgencia. Alegremente, Draco le dio lo que quería.

Yacieron entrelazados, besándose, acariciándose. Habían pasado por tantas cosas juntos, habían crecido juntos. Se conocían uno al otro como nadie. No eran necesarias las palabras entre ellos; su vínculo era tan fuerte que parecía tangible.

Draco chupó amorosamente el cuello de Harry, haciendo que el adolescente más pequeño se arqueara, gimiendo con abandono. Era tan hermoso; con su cabello negro salvaje, con sus ojos verdes ardientes. Harry era tan jodídamente fuerte, y a la vez, tan frágil; tan dulce, su piel suave, su risa contagiosa; irradiaba poder y esperanza.

Harry era suyo, no iba a ir a ninguna parte, Draco no lo permitiríó las manos por los mechones salvajes de su amor y su boca reclamó la del moreno con la lengua, pulgada por pulgada. Harry se dejó hacer, abandonándose; caliente, gimiendo en la profundidad de su garganta. Draco gruñó, giró, y quedaron de lado; sus manos se deslizaron por debajo de la camiseta de Harry, y el pequeño se arqueó hacia la caricia.

-Ray-. Jadeó, cuando al fin, sus bocas se separaron. Tenía los ojos brillantes por las lágrimas. -Te necesito. Necesito más.

Draco ahogó una exclamación y arrancó la camiseta del cuerpo de su amante. Harry sonrió y siseó incomprensiblemente. Draco gruñó y se inclinó para lamer y besar un pezón. El moreno contuvo la respiración, con sus ojos ardientes; la magia se esparció sobre ellos, como luz de sol. El cabello de Draco flameó y se extendió como si fueran alas.

Harry observó, embelesado, perdiéndose en las sensaciones. El amor y la confianza lo hacían adaptable. Deseaba tanto esto; quería perder su virginidad por amor; quería conocer lo bueno, antes de recordar lo malo.

Draco se separó un tanto y lo miró: Harry abrió los ojos nublados. -¿Estás bien?

-S-sí-. Susurró Harry. -M-muéstrame más.

Harry respiraba con rapidez, tenía los labios hinchados, rojos y húmedos. Draco tragó saliva; no quería ir demasiado rápido, pero era incapaz de resistirse al adolescente que tenía entre los brazos. Esta vez, sus labios chuparon cariñosamente el cuello pálido, y Harry se arqueó, embistiendo con sus caderas las del rubio y gimiendo de placer. Draco casi gritó, la sensación fue lo más intenso que haya sentido jamás, el vínculo abierto, de modo que sentía todo lo que sentía Harry. Difícilmente podía ver con claridad, pero no podía detenerse.

Harry nunca había había sentido algo así, ni siquiera las otras veces, cuando hicieron cosas parecidas -aunque esa vez en el techo había sido parecida-. El calor que se esparcía por su cuerpo, el aroma y el roce de Draco contra él; era asombroso, lo disfrutaba y se entregaba a esas maravillosas sensaciones voluntaria y completamente. Movió la cabeza de un lado al otro, y ondeó contra el rubio, lentamente, con abandono descontrolado; sus ojos miraron a Draco con ardor, y el rubio contuvo un gemido, dolorosamente excitado.

-Ay, Merlín, Bebé-. Dijo, con voz ronca. -¿Estás bien? ¿Quieres que me detenga?

-N-no… Ray...- Harry no pudo decir más, estaba más allá de las palabras.

Draco sonrió y lamió sus labios, sus propios ojos parecían derretirse. Se arrodilló, con Harry debajo, y lentamente le desabrochó los pantalones. Harry cerró los ojos e hizo un extraño sonido, como un pequeño maullido, apretándose suavemente contra las manos de Draco. El rubio se mordió con fuerza el labio. ¡Merlín, los sonidos que hacía su amor!

Harry yacía, desnudo -delgado-, Draco podía contar todas sus costillas, pero tenía músculos fibrosos que le daban curvas y líneas que Draco quiso trazar con su lengua. Y lo hizo. Los ojos de Harry se abrieron y gritó, y sus manos volaron hasta el sedoso cabello de Draco y lo aferraron con fuerza. -¡Mierda, Bebé! -Jadeó Draco.

Ni siquiera había elegido un lugar sensible para comenzar, apenas la última costilla; pero Harry se retorcía debajo suyo y unos suspiros suaves seguían en sus labios. Draco gimió y atacó nuevamente la piel desnuda, con el latido de su corazón rugiéndole en los oídos; su amor en sincronía con sus sensaciones y consumiéndole la mente. Sin darse cuenta de lo que sucedía, se halló desnudo, él también; y el sudor brillaba en cada pulgada de la piel de ambos.

-Harry…¿estás seguro?

Harry sólo pudo lanzar una exclamación incoherente, en protesta porque Draco se había detenido. Eso fue suficiente para el rubio y comenzó a penetrarlo, con cuidado. Harry se quedó inmóvil, y por un segundo, Draco temió que su Bebé sintiera dolor, pero lo miró a los ojos, y sólo encontró deseo y asombro. Cerró los ojos y empujó más. Harry sollozó y se arqueó, apurándolo con impaciencia, y a Draco se le cortó la respiración. Harry gimió, su pecho mojado de sudor se deslizó contra el de Draco, aceptándolo completamente.

Harry gritaba, arañaba sus hombros, jadeando. Draco estaba ciego de placer. ¡Cuánto calor!

Se movían, bailaban, relucían.

Los sentidos de Draco se despertaron dolorosamente, ya no estaba ciego; podía ver cada gota de sudor en el cuello de Harry; podía sentir cada respiración contra sus hombros desnudos, calientes y urgidas; podía oír cómo galopaba el corazón de Harry.

¡Merlín! Harry respondía a cada caricia, abierto completamente, con sus piernas separadas ampliamente, sin vergüenza; no tenía control, se lo había quitado a sí mismo, y se lo había puesto a Draco en las manos.

Gritando, Harry se arqueó, levantándose en el aire, y su dulce esencia se derramó entre los pechos de ambos. Despúes se relajó, arrojado a la inconsciencia por una oleada de placer demasiado intensa para que él pudiera soportarla. Draco gritó, porque el cuerpo relajado aceptó aún más del suyo; y no lo hubiese creído posible. Su propio cuerpo reaccionó, embistiendo profunda y duramente en su amante. Una y otra vez.

Harry estaba asombradísimo. ¡Merlín, Draco lo deseaba! Quería más de él, lo desaba aún ahora, cuando estaba siendo quemado vivo por su ardor. Draco mordió el hombro de Harry, haciéndolo sangrar, marcándolo y poseyéndolo, embistiendo y reclamando su cuerpo suculento, su paraíso. El fuego lamió su alma, creciendo y creciendo...

Lentamente, Harry volvió a la conciencia, sintiendo que el movimiento de ida y vuelta llenaba su cuerpo y su alma. Gritó, con voz ronca, abrazándolo. Lo siguiente que lo golpeó, fue el olor de Draco; fuerte y especiado. Abrió los ojos y vio la cara de Draco, junto a la suya, retorcida de placer y con los ojos fuertemente cerrados. Harry gimió y se envolvió en él, tratando de tocarlo todo; sus piernas lo rodearon, moviéndose con Draco, arqueándose y meciéndose. Los brazos rodearon el pecho y el cuello de su amante. Nada era suficiente. Gritó, pero su voz sonó ronca, casi inaudible. Draco contuvo un grito, abrió sus ojos y miró dentro del fuego verde...y se dejó llevar.

Una explosión lo arrojó contra Harry, y se dobló hacia atrás, gritando, elevándose, como si lo hubiese golpeado un rayo; vio estrellas, y el orgasmo lo sacudió, lo atravesó y se incrustó profundamente en su alma, sin detenerse. Draco creyó que se había desmayado, sintió que caía y comenzó a temblar, aún aferrado impiadosamente por el éxtasis. Harry lo sostuvo, meciéndolo amorosamente, haciendo que el placer continuara hasta dejarlo ciego, sordo; sólo podía sentir, y era algo tan abrumador que dolía.

La cortina de placer comenzó a retirarse, y lentamente, la vista volvió a sus ojos, grandes y nublados. Se quedaron quietos; la cabeza de Draco sobre el pecho de Harry, subiendo y bajando con la respiración jadeante; bajo su oído, el corazón fuerte de Harry, latía con firmeza. Los brazos seguían envolviéndolo, pero las piernas de Harry ya habían bajado. Draco levantó la cabeza; pareció pesarle como quinientas libras...

-¿Estás...estás...bien?- dijo, con una voz quebrada, agónica, saliendo de su garganta.

Con los ojos entrecerrados, cargados de un cansancio de satisfacción, Harry abrió la boca, pero no le salió nada. Lucía agotadísimo. Draco sonrió; Harry le devolvió una ligera sonrisa, y se durmió, feliz.

Draco gruñó y miró alrededor: la habitación era un desastre. Una tormenta mágica había arrojado las cosas por todas partes: ropa caída del armario tapizaba el piso, como nieve; la segunda cama estaba inclinada y las sábanas anudadas; se hundió en la calidez de Harry y los tapó a ambos con las sábanas. Afortunadamente, estaban intactas. Suspirando suavemente, Draco besó la mejilla de su Bebé, con sus labios secos, y dejó que la inconsciencia lo reclamara.

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Severus permaneció sentado en la silla, junto a la mesa de la cocina, rígido. Finalmente, los sonidos provenientes del cuarto de los chicos, se silenciaron. Narcissa observó con preocupación a su amigo de la infancia; el reloj marcó las doce y surgió una ola de poder, señalando el comienzo del fin del hechizo. Sintiéndose valiente y desesperada por romper el silencio, habló.

-¿Crees que estuvo bien permitírles que...consumaran su relación?

Severus permaneció quieto y en silencio. Justo cuando Narcissa pensó que debería hacer la pregunta nuevamente, él respondió. –Puede haber innumerables reacciones ante lo que acaba de pasar. Harry puede reaccionar positivamente y dejar que la experiencia le enseñe de qué manera se supone que deber ser, estar íntimamente con alguien; y que eso le ayude a sanar los recuerdos de cuando fue profanado. O, puede reaccionar negativamente, y dejar que el horror de la profanación manche todo contacto físico, y así, hasta los recuerdos con Draco resultarían traumáticos. Si eso ocurriera, apartaría a Draco de él, y hasta le temería. Por supuesto, asumiendo que no muriera, directamente.

-Y que mi hijo no muriera con él-. Dijo Narcissa, abatida. –Tal vez no de inmediato, pero él seguirá a Harry adonde quiera que vaya.

Severus levantó la cabeza y la miró fijamente: con sus ojos muertos, tan muertos como cuando era un Mortífago activo. Narcissa dio un respingo y deseó desesperadamente que Remus estuviera allí; pero el hombre lobo no regresaría hasta la mañana. Se sintió inútil ante esa mirada y desvió la suya.

-Haré té-.

Severus hizo una mueca maliciosa. -¿Por qué no esperas en tu habitación? Escucharás desde allí si sucede algo.

Narcissa supo que pedía que lo dejara solo. Bajó la cabeza. Era su casa y ella no tenía derecho a molestarlo. Apoyó la taza que sostenía y salió de la cocina con elegancia. Era como caminar dentro de una pared mágica invisible, pero ella siguió, lentamente, hasta llegar a su habitación. No recordaba que las veces anteriores, la magia haya sido tan poderosa. Se sentó derecha, en la silla de su cuarto, con el corazón saltándole de preocupación y las manos apretadas sobre el regazo, dispuesta a pasar la noche en espera. Por primera vez en años, comenzó a rezar, por el retorno a salvo de ambos adolescentes, y por todos los que acabarían devastados por la pérdida de cualquiera de ellos.

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