Esta es una traducción de la historia de Sensibly Tainted, "Growing Pains".
Los personajes originales son de JKRowling, por supuesto.
GRACIAS por todos los reviews!
Capítulo 26
Draco estaba consciente. Nunca antes había estado consciente durante el cambio. Pudo sentir que su cuerpo crecía, a la distancia, como si hubiese tomado una poción muy fuerte para el dolor. La última niebla que bloqueaba o embotaba su memoria, se evaporó; y por primera vez en meses, sintió que se ajustaba a su piel. Estaba completo, al fin.
Y allí, comenzó el llanto. Draco era incapaz de moverse, no podía ni voltear la cabeza, mientras la magia golpeaba, surgía y pasaba sobre él en capas, alterando su cuerpo y derribando las barreras de su mente. Oyó cómo Harry Potter –su rival, su hermano, su mejor amigo y su amante-, comenzaba a llorar como un niño devastado, suplicando que aquello terminara, suplicando poder olvidarlo, suplicando a Draco por ayuda. Draco permaneció inmóvil, sujeto; gritó, para ahogar esos horribles sonidos, pero eso no funcionó; aún podía oír cómo Harry sufría. Harry realmente sufría, acostado junto a él, y Draco era incapaz de hacer algo para ayudarlo.
…
Remus entró, vacilante, a la habitación de Severus. El aroma de su pareja lo rodeó y el dolor en su cuerpo menguó, aliviado por la cercanía. Severus le salió al encuentro y, sin palabras, le extendió una poción. Remus no la tomó; sabía que lo dormiría y él quería estar despierto. La hizo a un lado. Severus lo miró a los ojos con una expresión completamente vacía. Remus, literalmente, dio un respingo y se retrajo, exhalando un lamento.
-Toma la poción-. Severus habló con tono neutro, sin ninguna inflexión.
-Severus…
-Tómala.
Remus la tomó -haría cualquier cosa para ayudar a su pareja-, y cayó inconsciente sobre el sofá. Severus se quedó observándolo, y un dejo de calidez apareció en los límites de su mirada. Permaneció velando el sueño de su amante herido por una hora, pero se movió tan pronto como acabó la explosión de magia en el cuarto de los chicos. Se encontró con Narcissa en la puerta y entraron juntos.
…
Apenas tuvo el control de sus miembros, Draco se sentó y miró a Harry. Hacía rato que se había callado, y de algún modo, eso era peor. Draco no podía sentirlo, en absoluto. Por los últimos meses, en el centro de su ser, había sentido la calidez de los sentimientos de Harry, y ahora ya no estaban. Sentía como si se hubiera separado del mundo, como si no puediera tocar nada, como si él fuese el único ser real en el universo y todo lo demás fuese un sueño. Dejando de lado la disociación que, intelectualmente sabía, acabaría tan pronto como se adaptara a la ausencia del vínculo, tocó al adolescente que tenía al lado; necesitaba saber que estaba allí y que estaba bien.
Harry tenía la mirada fija, los ojos abiertos y vidriosos; parecía dormido pero parpadeaba. No respondió al contacto con Draco. Severus y Narcissa entraron corriendo. Draco no les prestó atención y sacudió el hombro de Harry con más fuerza. Su amante había ganado peso con esta última transformación; ya no era tan huesudo; hasta parecía más alto, más cerca del tamaño que tenía antes de ir a casa ese verano.
-¡Harry, vamos! ¡Despiértate!- Gritó. De algún modo, supo que no funcionaría. Era inútil, pero ahora que podía, tenía que hacer algo.
Severus lo apartó con cuidado y comenzó a realizar hechizos. Narcissa lloraba, apoyada en Draco. Esperaron. Draco no se movió para salir de la cama o vestirse. Severus y Narcissa no mencionaron nada sobre la cama compartida ni sobre que ambos estaban desnudos. Draco sonrió, recordando la noche anterior. ¡Merlin, sus dedos ansiaban volver a tocar a Harry! quería gustarlo y oirlo gritar de placer y no de dolor.
-No está en coma-. Severus negó con la cabeza, frunciendo el ceño, pero un brillo ardiente regresó a su mirada: tenía esperanza. –Las lecturas son confusas, dicen que está en un sueño muy profundo, pero hay segundos en que sus funciones cognitivas superiores se disparan. Yo diría que pasa de un sueño profundo a unos sueños vívidos y activos. Poppy podrá decirnos más.
-Dejen que me vista-. Draco se levantó y se dirigió al armario. –Traeré algo para vestir a Harry.
Narcissa puso unos dedos temblorosos sobre sus labios; la alegría la inundó, porque su hijo había regresado. Draco actuaba con seguridad, controlado y frío, como antes de que el hechizo interfiriera con su mente. Se esperanzó, tal vez sus sentimientos por el chico fueron inducidos por el hechizo, y si Harry muriera, él sobreviviría. Después de todo, no lo había llamado Bebé.
…
-Obtengo las mismas lecturas que tú, Severus-. Poppy frunció el ceño. -¡pero este no es un sueño normal! nada lo despierta, ni pociones ni un shock físico. No puedo pronosticar cuánto tiempo estará así.
Severus asintió. –Pero no luce como cuando regresó, a principio del año escolar.
-No-. Coincidió ella. –Y eso tiene que ser algo bueno.
-Está sobrellevándolo.
Giraron, sorprendidos, y miraron a Draco. Se habían olvidado que seguía allí; hasta Narcissa se sobresaltó por su comentario– dicho arrastrando las palabras-. Draco estaba apoyado contra la pared de la Enfermería, con las manos en los bolsillos, con el rostro duro e inexpresivo. Severus fue el primero en reaccionar.
-¿Aún puedes sentirlo?
-No-. Draco se encogió de hombros y se enderezó; sacó las manos de los bolsillos, aburrido miró alrededor y se dirigió a la salida.
-¿Qué quieres decir?- Espetó Severus, para nada divertido.
-Sueños. Está recordando en partes-. Murmuró Draco. –Y luego duerme para descansar de esos fragmentos. Discúlpenme, tengo que ponerme al día con mi trabajo.
-Bueno-. Poppy resopló y se cruzó de brazos. –Por todos los...¡¿qué le entró a ese chico?
-No…- Severus se volvió para mirar a su hijo. –Nos dijo algo importante.
-¿Qué?- Preguntó Narcissa, tan desconcertada por el comportamiento de Draco como los demás. ¿Tal vez él se sentiera violado? Tal vez, por verse forzado a sentir semejante contacto profundo y obsesivo con alguien se sintió traumatizado...y si no fue voluntario...Tendría que hablar con él.
-Cuando dormimos, puede parecer que pasa mucho tiempo, pero el ciclo REM, donde suceden los sueños, sólo sucede por unos minutos, cada vez. Draco sugiere que Harry está tratando de enfrentar sus recuerdos y luego retrocede, sólo para volver a empezar-. Explicó Severus.
-Pobre chico-. Dijo Poppy, entre lágrimas. –Espero que no esté atrapado en sus pesadillas, puede que no despierte de una de ellas.
-Los períodos durante la actividad no son exactos y sugeriría otra cosa-. Severus sacudió la cabeza, suspiró y se cubrió la cara con las manos. Había sido una larga noche y no había descansado nada. Estaba exhausto. Bajó las manos y miró a Harry. Parecía más saludable que en mucho tiempo, había ganado cinco pulgadas y media y casi veinte libras; pero sus ojos estaban fijos e inexpresivos. No respondía, no había nada que él pudiera hacer. Habían usado hechizos sanadores...hicieron lo mejor que pudieron, ahora el resto estaba a cargo sólo de Harry. Nunca había sido tan difícil para él no hacer nada.
-Severus, necesitas descansar-. Dijo Poppy, amablemente, apoyando una mano en su hombro. -Harry es fuerte y va a sobreponerse a esto.
-Lo sé-. Asintió Severus. –Voy a llevarlo a su cuarto. Él lo preferiría.
Poppy quiso discutirlo, pero no pudo. Nunca había visto así a Severus. Narcissa le dio una ligera negativa con la cabeza y suspiró. –Bien, pero yo iré tres veces por día para controlarlo.
-Lo apreciaría mucho-. Severus realizó un encantamiento alivianador y acunó a su hijo en sus brazos.
Mientras Severus atendía a Harry, Narcissa fue en busca de Draco. Esperaba que estuviera en la sala común de Slytherin, pero no lo habían visto. Alegremente, los Slytherin dijeron que la ayudarían, y se apresuraron a buscar a su retornado amigo y líder. Prometieron que le enviarían un mensaje encantado cuando lo hallaran. Narcissa fue a buscarlo en los jardines, pero el tiempo pasaba y el mensaje no llegaba y su hijo no aparecía; comenzó a temer y recurrió al Director.
-Los estudiantes van y vienen a Hogsmeade, todo el tiempo. Rara vez controlo las barreras de protección-. Murmuró Dumbledore y exclamó. -¡Ajá! Lo encontré. Salió hace exactamente dos horas y treinta y siete minutos.
-Esa es casi la hora en que dejó la Enfermería. Debe haberse ido inmediatamente-. Dijo Narcissa, con un profundo frunce en la frente. Sus instintos le gritaban que algo estaba mal. –Tal vez fue a encontrarse con algún contacto de negocios.
-Es muy probable, querida. No creo que deje al ED o a Harry por alguna otra razón-. Dumbledore sonrió, tranquilizadoramente.
-Por supuesto-. Saludó ella, tensa y cortesmente, y salió de la habitación dando grandes pasos, con el propósito de encontrar a su hijo. Con un movimiento de varita, llamó a Pansy, a Gregory, y a Vincent, para que se encontraran con ella en los portones; tenía el presentimiento de que necesitaría apoyo.
…
Draco se apareció en Private Drive como un ángel vengador: con la túnica abierta y flameando con la brisa helada de diciembre. A propósito, dejó suelto su cabello -largo hasta el muslo-, que brillaba bajo el sol como si fuera blanco. Sus ojos lucían duros, como espejos, y en sus labios había una sonrisa. Le había tomado demasiado tiempo encontrar la exacta ubicación de Privet Drive, pero ahora que estaba allí, nada lo detendría. Se adelantó con determinación. Si sus ropas o su cabello se movían con más violencia de la explicable, nadie lo observó con el suficiente detenimiento como para notarlo. Las cortinas se cerraban con fuerza a su paso. La sonrisa de Draco se hizo más grande.
…
Vernon Dursley había tenido invierno muy, muy malo. Su esposa se divorció de él y hasta su hijo le dio la espalda, y todo porque le enseñó a ese Fenómeno, la lección que se merecía. Ese Fenómeno inservible jamás debió nacer. ¿Por qué les importó que recibiera lo que merecía? Ellos sabían que él tenía razón en todo lo que hizo. Ese Monstruo debió haberlos hechizado. Sí. Era eso: los hechizó. La próxima vez que viese al Fenómeno, iba a segurarse de recobrar la razón de su familia, y después lo mataría, de una buena vez.
Vernon sostuvo entre sus manos sus negros pensamientos y su vaso de cerveza, como cada mañana. La mesera del pub ya no le cuestionaba que ordenara alcohol con el desayuno, antes de ir a trabajar. No estaba completamente sobrio desde el final del verano. Los mismos pensamientos ocupaban su mente, difícilmente cambiaban. Corría el riesgo de perder el trabajo. Otra razón más para odiar y culparlo. La única felicidad que le quedaba era planear la muerte del Fenómeno.
…
-Hola, Petunia. Tenemos que hablar-. Dijo Draco, y su sonrisa se extendió más.
Petunia se puso pálida y retrocedió, alejándose del mago parado en su puerta. Las lágrimas cayeron por sus mejillas y el reconocimiento le surgió en los ojos: sabía porqué estaba él allí y que ella merecía lo que fuera a hacerle. Pero, tenía un hijo que -aunque participó del abuso-, era inocente. Le tocaba a ella sobrevivir para cuidarlo, porque Vernon ya no estaba. Puede que Dudley haya lastimado a Harry, pero había sido criado para hacerlo. Ahora ya no pensaba lo mismo y no merecía perder a su madre.
-Lo siento-. Susurró. Draco entró y cerró la puerta, sin quitarle la vista de encima. –Nunca moví un dedo en favor de Harry y lo traté mal. Fue un error que repararé de todas las maneras posibles, pero no me mate. Mi hijo me necesita.
-Harry la necesitó-. Draco practicamente cantaba, con su voz baja y lenta.
-Lo sé-. Sollozó Petunia, estrujando el delantal entre las manos. –Sé que me necesitó y yo me comporté horriblemente con él. Iré al infierno por lo que le hice a ese niño; pero, por favor, puedo corregir el daño que le hice a mi hijo. Castígueme, hágame sufrir, pero permítame repararlo. Por Harry y por mi hijo.
-Harry fue golpeado, sangró en su casa; lloró aquí, suplicó su amor y fue esclavizado para complacerlos-. Dijo Draco, gentilmente, como si hablara con un niño pequeño. –Usted le enseñó lo que es el miedo y la impotencia; le enseñó a negarse a sí mismo, a odiarse a sí mismo. Usted le enseñó lo que es la ira.
Petunia chocó contra la pared; unas fotografías cayeron y los cristales se quebraron. Sollozaba y se lamentaba, pero no podía dejar de mirar esos ojos brillantes. En ellos, podía verse a sí misma, y lo que veía era feo.
-¡Ay Dios, perdóname! Lo siento tanto-. Gimió, cayendo al piso. No le importó sentarse sobre vidrio ni cortarse, eso no era nada, nada que no mereciera.
-Deténgase.
Draco volvió sus ojos, sin parpadear, hacia la puerta de la cocina. Allí estaba Dudley –aún con un grosero sobrepeso-.
-No he hecho nada-. Sonrió, señalando a Petunia. –No la he tocado.
-Entonces es magia-. Dudley enrojeció de ira. -¡Déjela en paz!
-Estoy aquí para cobrar la renta-. Draco flexionó sus dedos hacia la sala de estar.
-Esta casa está pagada. No debemos ninguna renta-. Además de enojado, Dudley estaba confundido.
-Para que Harry viviera aquí, ustedes le cobraron dolor. Ahora están un poquito atrasados con los pagos de su cuota-. Draco volvió a sonreír.
-Harry…-. Dudley se movió, incómodo. -¿Conoce a Harry? ¿Está...bien?
-Lo estará-. Draco se encogió de hombros.
-Lamento lo que le sucedió. Aunque sea...mágico-. Dudley bajó la vista hacia su madre. –Lo que hizo mi padre estuvo mal, por eso lo hemos echado de aquí y no lo veremos más. Se ha ido. Déjenos en paz. ¿Qué más quiere de nosotros?
-Vernon Dursley se ha ido-. Repitió Draco, airadamente.
-Sí- Petunia se puso de pie. Aún temblaba. –Me divorcié de él y ya no tiene nada que ver con nosotros. Lo que hizo...fue indefendible. También lo es lo que yo hice, pero, por favor, Dudley no sabía hacer otra cosa. Déjeme corregir mi error.
-Nunca podrá corregirlo-. Draco negó, gentilmente. –Es demasiado tarde para eso. Dígame a dónde está Vernon.
-¡No lo sabemos!- Gritó Dudley, enojado. -¡Ya se lo hemos dicho!
Petunia ignoró a su hijo y habló con prontitud. –Compró un departamento al otro lado de la ciudad. Come en un pub llamado Broken Barrel, ahora debe estar allí.
-Gracias-. Draco hizo una semi inclinación y cuando se enderezó tenía la varita en la mano. –Ustedes dos tienen mucho por que pagar, pero en este momento, Vernon es más importante.
Movió la varita y una luz llenó el pasillo. Petunia trató de lanzarse delante de su hijo, pero no había forma de escapar al hechizo, que saturó el aire con su poder y su intención maliciosa. Las paredes mismas brillaron; la luz se apagó y Draco sonrió. Petunia miraba a su hijo con una expresión de terror, que lentamente se convirtió en confusión, porque no pudo notar nada malo. Dudley y ella compartieron la misma mirada confundida, porque él se pasó las manos por el cuerpo y no sintió nada diferente.
Draco giró y salió sin decir palabra. Iba a mitad de cuadra cuando oyó sus gritos. Su sonrisa se hizo expresión de satisfacción; por el resto de sus vidas –o hasta que él levantara el hechizo-, tendrán que pasar por inesperados momentos, tan vívidos que no podrán distinguir si son reales o no hasta que terminen. Draco extrajo los recuerdos de las mismas paredes de la casa y los enterró en sus mentes. Iban a verse a sí mismos torturando a Harry, una y otra vez, conociendo la maldad del acto y sintiendo el dolor de Harry.
Sí, Pensó Draco, alegremente. Eso será suficiente, por ahora. Pueden esperar hasta que termine con Vernon Dursley.
…
Narcissa y los tres Slytherin llegaron al número 4 de Privet Drive y se estremecieron. Dado que el Ministerio estaba quebrado, nadie controlaba el uso de la magia, y esa era una buena cosa. La casa de los Dursley exudaba magia negra y poderosa, y parecía que sus alrededores también. Narcissa enderezó su columna, se dirigió a la puerta principal y golpeó. No obtuvo respuesta.
-¿Escucharon eso?- Preguntó Greg. Tal vez debido a su entrenamiento como sanador, fue el primero en notar el llanto suave en el interior.
…
Draco no necesitó preguntar quién era Vernon Dursley, lo reconoció inmediatamente. Puesto junto a su hijo, en realidad no se parecían en la cara, pero sí en el color del cabello y en la obesidad, que los hacían tan familiares que Draco lo supo enseguida. Vernon salía del pub al que Draco intentaba entrar. Draco casi se lastimó tratando de reprimir su risa complacida, creyó que le iba a resultar más difícil, ¡pero Vernon se lo había hecho tan fácil!
Con una mueca de disgusto hacia el hombre de cabello largo, Vernon nunca vio que el extraño extendió la mano. Inmediatamente, sintió un dolor en el codo, donde Draco aplicó presión con maestría. -¿Ey! ¿Qué está...'
-No haga una escena-. Murmuró Draco. –Tengo algo que usted querrá ver en secreto.
-¿Y qué es eso?- Gritó Vernon, la sospecha se acrecentaba detrás de esos ojos llenos de odio.
-Cierto sobrino, capturado y listo para ser usado. Creímos que usted querría tener el honor de quitarle la vida. Nosotros no queremos hacernos cargo del desastre-. Respondió Draco, mientras lo conducía hacia un callejón.
La cara de Vernon se iluminó con la comprensión y el deleite. –Por supuesto-. Murmuró. –Muéstreme el camino.
Draco lo condujo a las sombras del callejón y ambos desaparecieron. Estaba preparado para lidiar con Vernon. Antes de comenzar la búsqueda en Privet Drive, se aseguró de tener listo el castigo perfecto. Llegaron a un pequeño cuarto, de paredes de madera y piso de piedra –alguna especie de sótano-, muy frío. Había hombres y mujeres allí, vestidos con túnicas del blanco más puro; todos con las capuchas puestas. Draco sonrió ampliamente y permitió que Vernon cayera al piso. Los muggles nunca reaccionan bien a la desaparición.
-Le saludamos y le damos la bienvenida, joven Lord-. Una mujer dio un paso, frente al grupo de siete personas. –Nos ha dejado un mensaje interesante. He traído a tres Maestros en su Arte y a sus aprendices predilectos.
-Yo les prometí un sujeto merecedor de su Arte. Lo juro por mi honor, como Lord, como Malfoy, y como mago-. Draco se inclinó profundamente. –Sólo les pido, en cambio, que me permitan observar hasta que esté listo para partir.
-Primero, déjenos juzgar la perfección del sujeto. Parece insignificante-. La voz de la mujer estaba cargada de escepticismo.
-Su secta es antigua y desconocida. Adoran a Cristo y han jurado ayudar a Su causa.
-Sabemos quiénes y qué somos-. Dijo una mujer, desde atrás. –Tomamos las almas que han cometido maldad, conscientemente, voluntariamente y por placer; y les infligimos a ellos un dolor que rivaliza con el que sufrirán en el infierno, con la esperanza de comenzar el proceso de purificación y aliviar el trabajo de Dios. Este hombre es miserable, en verdad, pero debe haber más que miseria para que una persona sea lo suficientemente vil como para merecer el Arte misericordioso.
-Ah, él es maligno. Se los aseguro-. Draco miró fijamente al hombre que destrozaría a Harry, aterrorizándolo, si alguna vez volvía a ponerle los ojos encima. –Se le cedió a su cuidado a un niño mágico muy especial; un niño con la más pura de las almas: Harry James Potter.
Los hombres y mujeres ahogaron un a exclamación. Draco sabía que ellos veneraban a Harry, ellos creían que era un don de Dios a la humanidad, un santo. Creían que esa era la razón por la que sobrevivió a la Maldición Asesina: no había maldad inherente en Harry que permitiera el acceso de la maldición a su alma. En cambio, rebotó y se adhirió al Señor Tenebroso, donde halló una gran puerta. Draco suspiró satisfecho. Esta gente haría que Vernon Dursley pagara verdaderamente por lo que hizo.
-Inmendiatamente odió al niño por ser diferente. Para él, diferente es igual a maligno. Le dio como dormitorio un armario debajo de una escalera; con frecuencia, lo encerró allí como castigo, privándolo de comida y agua. Le decía que era un fenómeno, inservible. Aún así, Harry trataba de complacerlo; hacía sus tareas con frenesí, pero eran imposibles para su pequeño cuerpo. Nunca podía cumplirlas y lloraba por no poder hacer lo que este hombre quería, este hombre que se suponía que debía ser su segundo padre. Vernon trató de golpearlo y la magia del niño se interpuso, por eso lo lastimó todo lo posible con decepción, odio, degradación verbal. Y a pesar de todo, Harry protegió a este hombre, nunca contó lo que sucedía, en parte porque creyó que era inservible, como Vernon le decía; y en parte porque seguía viéndolo como familia, y él jamás lastimaría a su familia voluntariamente, sin importar lo que le hicieran. Desafortunadamente, aunque Vernon no pudo quebrar el espíritu de Harry, el mundo sí pudo. Voldemort lo atacó y buena gente y amigos murieron, poniéndose entre ese hombre diabólico y Harry; y Harry cargó con la culpa. Sintió la necesidad de hacerse castigar por permitir que murieran buenas personas.
Este verano, este hombre lo golpeó, y la magia de Harry no lo protegió. Alegremente, Vernon comenzó a abusar físicamente de Harry. Lentamente pensó en maneras más creativas de hacerlo sangrar, gritar y llorar. Al principio se contuvo, temeroso de ser descubierto y castigado; pero cuando se dio cuenta de que nadie lo vigilaba y nadie irrumpía, dio rienda suelta a sus deseos. Se deleitó en lastimar a Harry, pero quiso más. Lo planeó bien; descubrió una manera de contrarrestar la magia, en caso de que Harry reaccionara finalmente. Puso drogas en la comida que, golpeado e inocente, Harry comió.
No sé qué fue lo que puso, pero paralizó su cuerpo, dejándole la capacidad de sentir; bloqueó su magia, pero su mente estaba clara y consciente. Vernon lo buscó y alegremente profanó a Harry Potter. O debería decirlo sin cortapisas y usar palabras muggles. Vernon Dursley lo violó. Aún ahora, no puede entender por qué su mujer y su hijo lo repudiaron y echaron de la casa, aún ahora quiere hallar a Harry y lastimarlo. Díganme, ¿es lo suficientemente maligno para ustedes? Tomó al más inocente de los niños, de apenas un año, y comenzó con el abuso; hizo pasar hambre a un niño de tres años; le hizo creer que era un fenómeno inservible a un niño de siete años; tomó a un chico de quince años, de duelo por las muertes injustas, y lo profanó. Díganme si este hombre no es lo suficientemente diabólico como para ser purificado por su Santo Arte.
Silencio. La mujer del frente, aunque Draco no podía verle la cara, temblaba visiblemente. Fue el hombre el que habló, con voz suave, pero por debajo, Draco pudo oír el grito de la ira. –Sí. Es suficientemente maligno.
-Que...en qué infierno...qué demonios está pasando...- Vernon se sentó, todavía muy nauseoso y desorientado.
-El infierno, tienes razón, hijo de Adán. Pronto pasarás por el infierno y retornarás al Padre doliente. No temas por tu alma inmortal, estás en buenas manos-. Entonó la mujer, y los otros se adelantaron.
Draco retrocedió y sonrió. Cerró los ojos y se apoyó contra la pared del sótano, escuchando la delicada introducción que esos Maestros del Arte de la Tortura le daban a Vernon Dursley. Podían hacer que los sujetos duraran años, con su cordura intacta. Usualmente, suplicando dolor. Draco sonrió, mientras los gritos de ultraje y las amenzas pasaban a ser, lentamente, miedo, terror y agonía.
Había escuchado los sollozos y gritos de Harry en sus recuerdos, y sabía que Vernon no había sufrido nada todavía; pero lo haría; Draco estaba completamente seguro de eso. Contento, volvió a aparecerse en Surrey. Aún no había terminado.
…
Narcissa se sentó en la cocina, con Petunia. Dudley estaba acostado, arriba, inconsciente por el esfuerzo. Greg lo acompañaba, monitoreando su corazón, por temor a un ataque cardíaco. Vince y Pansy acompañaban a Narcissa, inseguros, ¿por qué estaban allí y quién era esta mujer muggle? Todo lo que sabían era que fue hechizada y que parecía completamente golpeada y horrorizada por lo que sea que la maldición le causara.
-Insisto en que me describa lo que siente-. Apuntó Narcissa. –No puedo ni comenzar a revertir lo que le han hecho si no conozco los síntomas.
-Por lo menos, díganos quién la hechizó-. Dijo Pansy. Sabía que Narccissa pensaba que había sido Draco, pero, ¿por qué iba a torturar a estos muggles? ¿con qué propósito?
-No-. Gimió Petunia. –No puedo decirlo. Ayuden a mi hijo y váyanse.
-Está inconsciente, él no puede decirnos lo que le pasa-. Dijo Narcissa, impaciente. –Dígame, él podría morir.
Petunia rompió en llanto.-¿Qué he hecho?
Pansy y Vince compartieron una mirada prolongada. –¿Tal vez deberíamos tomar té?- Ofreció la chica. Podrían ponerle una poción calmante. Greg siempre acarreaba suficientes pociones encogidas, como para llenar un gabinete, prácticamente.
-Sí-. Narcissa concedió.
Vincent caminó alrededor de la cocina, no tenía ni idea de cómo hacer té en una casa muggle. Pansy ni se molestó en ayudarle, sabía que sería peor. Quince minutos pasaron y Petunia comenzó a calmarse. Greg regresó y la mujer lo miró, suplicante.
-Dígame que mi hijo está bien.
-Está bien. duerme-. La tranquilizó Greg. -¿Puede decirme qué fue lo que causó eso?
Petunia se estremeció. –Recuerdos. Son recuerdos. Caen sobre uno y uno cree que está allí realmente, que está sucediendo de verdad, pero no puedes moverte ni detenerlo. Uno sólo puede verlo, y a veces puedes sentir lo que...¡ay Dios!- Petunia hundió la cara en sus manos y comenzó a llorar, nuevamente.
-Nunca escuché nada semejante-. Se preocupó Vincent.
-Yo sí-. Narcissa se levantó y se enfrentó a una pared. Cuidadosamente, enunció el hechizo que activaría los residuos absorbidos por la casa y que haría que los recuerdos se revivieran en la mente del autor. Nada. Las paredes estaban tan limpias como si la casa fuese recién construida.
-Pero...- Pansy tartamudeó. Era algo inaudito, transferir las impresiones de un edificio a la mente de una persona, e ir más allá, haciendo que esos recuerdos se levantaran y atacaran la mente de esa manera...
-Con la suficiente voluntad e inocencia, la magia puede hacer lo que sea. Sólo que no esperen poder duplicar el efecto-. Murmuró Narcissa, pensativa. –Sería imposible recrear la intensidad y la necesidad del momento, para hacerlo otra vez. Por eso es que usamos hechizos de todos los días, siempre funcionan y son predecibles; pero la magia, inherentemente, es poder y la fuerza de voluntad sobre la realidad. Ahora, Harry tiene ese tipo de magia por deseo todo el tiempo, por la cantidad de poder que puede canalizar y al que tiene acceso. Esto es más de lo mismo.
-¿Por que Draco haría esto?- Vincent sacudió la cabeza.
-Porque se lo merecen-.
Todos giraron hacia la puerta de la cocina. Allí estaba parado Draco, su cara inexpresiva, pero sus ojos revelaban su enojo. No estaba contento de verlos. Pansy abrió la boca para decir algo, pero Greg le tomó el brazo en advertencia. Por una vez, ella le hizo caso y se mantuvo en silencio. Nadie se movió. Petunia comenzó a llorar con más fuerza. Eventualmente, Narcissa se movió hacia su hijo.
-Draco. Ya hiciste lo que viniste a hacer. Volvamos.
-Recién empecé, madre-. Respondió Draco. Inclinó la cabeza, apenas, y Narcissa se quedó helada –conocía esa postura, se preparaba para atacarla-. Vince también debió reconocerla, porque habló, tratando de dividir la atención de Draco entre ellos.
-¿Por qué lo hiciste? ¿Quiénes son?
-Son...- Los ojos de Draco se deslizaron y reposaron sobre Petunia. Aunque histérica, ella sintió la mirada y levantó la vista. Draco le ofreció su sonrisa gentil. –Monstruos-. Petunia dio un respingo y se dejó caer un poco más.
-¿Qué hicieron?- Susurró Pansy, con curiosidad mórbida. ¿Qué cosa podía provocar que Draco actuara de ese modo? Ella había oído sobre la furia fría de los Malfoy; descripta como lluvia helada cayendo lentamente, mordiendo la piel y desgarrándola hasta los huesos. Había sido inspiración para historias de fantasmas cuando ella era pequeña, pero comenzaba a ver que era verdad y empezaba a temerle.
-Abusaron de un niño inocente, le hicieron creer que era feo y anormal. Lo esclavizaron: en la cocina, en la limpieza de la casa, en reparar cosas que no tenía idea en cómo arreglar, en embellecer el jardín para ellos. Le hicieron pasar hambre, lo golpearon, no lo cuidaron y ni una vez, jamás, le demostraron amor...Eso y más-. Draco, prácticamente ronroneaba, con los ojos bien abiertos y sin parpadear, mirando a la mujer quebrada como si fuera una presa. –Ella no sufre por mi mano ni por el hechizo, sufre por su propia mano: ve claramente lo que ha hecho. Yo sólo le he dado la verdad...y un poco de lo que su víctima sintió bajo su cuidado. Lo mismo con su hijo.
La habitación quedó en silencio. Los Slytherin miraban a la mujer con un horror fascinado. Narcissa observó a su hijo y se dio cuenta de que había cometido un gran error en creer que los sentimientos de Draco por Harry Potter habían mermado; habían crecido con la ausencia del vínculo y con el regreso de todo lo que Draco era. Estaba vengando a su único amor. No descansaría hasta terminar. Draco no sería capaz de respirar sin dolor, hasta que sintiera que aquellos que lastimaron a Harry habían sido convenientemente castigados. A diferencia de otros, ella era muy conocedora de la furia de los Malfoy. Los Black eran famosos por su temperamento y su locura, pero nada comparables con la verdadera ira de los Malfoy.
-¿Qué más planeas hacer aquí, hijo?- Preguntó, en tono neutro. Sabía que él la quitaría del medio si tenía la más ligera sospecha de que iba a intervenir. Sólo esperaba que los Slytherin fuesen fieles a su Casa y comprendieran, lamentaría verlos lastimados.
-Sufren, pero yo necesito más. Necesito que se hundan hasta el nivel de desesperación pura al que hundieron al pequeño inocente. Entonces...entonces habrán dado algo a cambio, como don de reparación para Harry, aunque sea muy chiquito.
Pansy ahogó un grito, las manos de Greg se cerraron en puños y Vince siseó entre dientes. Esto era por Potter. Ésta era la familia de Potter. Finalmente, se dieron cuenta de la verdad sobre esa pequeña casa, los horrores que debía haber guardado y que ahora estaban en las mentes de Petunia y Dudley. Ahora comprendían la ira de Draco, y temían; temían a Draco y lo que podía hacer.
-¿Y cómo planeas hacer eso?- Preguntó Narcissa.
Draco observó pensativamente a Petunia. -¿Dónde está Dudley?
-Arriba, durmiendo. Su corazón debió esforzarse demasiado y estaba inconsciente cuando llegamos. Petunia lloraba en un rincón-. Le respondió.
-¿Cuántos ataques tuvieron desde que me fuí?
-Uno-. Susurró Petunia. –Sólo uno. ¿Quiere decir que pasará otra vez?
-¡Ah, sí!- Sonrió Draco. –Sucederá una y otra vez, azarosamente. Nunca sabrá cuando comenzarán-. Ella rompió en llanto, suplicándole que cediera. Afirmó que lamentaba lo sucedido y que daría lo que fuera para que levantara el hechizo. Draco se mostró inconmovible: sopesó la alteración de la mujer con la mirada y pareció llegar a una conclusión. -No. No lo levantaré. Si así es como se siente después de un ataque, será suficiente por ahora. Volveré, y hablaremos de su penitencia por Harry. Esto, sólo es estar a mano; recuérdelo. Aún está en deuda con él.
Petunia lloraba demasiado como para responder.
-¿Y si el corazón de Dudley falla?- Preguntó Narcissa, fríamente. –No puede sufrir si está muerto.
-Ah, estoy seguro de que algunos creerían que, en verdad, sufrirá después de muerto-. Respondió Draco, crípticamente. –Pero no...No, no, no, no voy a dejar que se muera antes de devolverle algo a Harry. ¿Se esforzó su corazón, dices? Es porque es tan...como decirlo...gordo, sí, gordo. Es tan gordo y débil...pero eso es fácilmente arreglable.
-Es imposible-. Murmuró Greg. Existían pociones y hechizos para perder peso, pero tomaban tiempo y ejercicios. Draco hablaba de algo completamente diferente.
-Nada es imposible si lo quieres lo suficiente-. Draco sonrió su sonrisa fría y gentil. -¡Y cómo lo quiero!
Giró y, a grandes pasos, subió las escaleras. Se movió lenta, hipnóticamente, como un gato cazando su presa, con cuidado de no moverse demasiado rápida o abruptamente y sobresaltarla. Pansy se estremeció y se aferró al brazo de Vince. Vince estaba pálido; también Greg, pero amagaron en seguirlo, para presenciar lo que iba a hacer. Narcissa los detuvo. Se quedaron juntos y sintieron que la magia se levantaba y crecía en una ola, aullando por sobre sus cabezas, poderosa y salvaje, apenas contenida y dirigida, porque no había hechizo, ni movimientos de varita, sólo la guiaba la voluntad de Draco –afilada como una daga-. Probó su fortaleza terminando el hechizo antes de que la magia terminara completamente liberada y los matara a todos, destruyendo entera la manzana de muggles.
-¡Mamá! ¡Mamá! ¡Mira! ¡Mírame! me siento...me siento genial!- Dudley entró corriendo a la habitación.
Los magos y brujas, que pasaron desapercibidos para el excitado adolescente, lo miraron asombradísimos. Dudley ya no lucía como su padre. De hecho, se parecía un poco a Lily: tenía cabello dorado y suave, cejas bien formadas sobre una cara fuerte, que poseía una barbilla afilada y ojos grandes. Los suyos eran azules, pero tenían la misma forma que los de Harry. Su complexión era fuerte, similar a la de un nadador. Sus manos, ¡Merlin, eran pequeñas! Dedos cortos y muñecas casi delicadas, como las de Petunia. Definitivamente, Dudley se parecía más a su madre que a su padre.
Petunia lo miraba con una expresión de júbilo. -¿Dudley? ¿Mi bebé?
-¡Soy yo, Mamá!- Dudley la abrazó, riendo. -¿Puedes creerlo?… la magia me sigue…Bueno, es...- Tosió, incómodo. -¡Pero mira lo que me hizo!...Creo que ya no la odio.
-¡Ah, Dudders…- Petunia lo abrazó y lloró, ante la inocencia de su hijo.
-Tu madre sabe-. Dijo Draco, desde la puerta. Rió, divertido. –No estarás agradecido por mucho tiempo, pequeño Dudley. La magia te mejoró, pero sólo te hará sentir bien físicamente; a diferencia del remedio espiritual, que será bastante doloroso.
-Por favor-. Gimió Petunia. –Por favor, no lo haga. Él no sabía actuar de otro modo. Su padre y su madre le enseñaron a odiar, no sabía que lo que hacía estaba mal. Ahora voy a arreglarlo, déjeme arreglarlo. No le muestre...No haga que vea lo que yo tuve que ver.
-Petunia, querida, él sabía que estaba causando dolor. Él sabía que el dolor es algo indeseable en sí mismo. No hace falta ser un genio para darse cuenta de que el dolor es malo y causarle dolor a otro también lo es. Como fuese, pronto sabrá que lo que hizo estuvo mal. Esta no es una lección que debas evitarle-. Sermoneó Draco.
-¿De qué están hablando?- Quiso saber Dudley. -¿Quiénes son ellos?
-Nadie, Dudley-. Draco hasta le dio una palmadita en la cabeza. –Nadie. Tienes mucho que hablar con tu madre. Ella va a explicarte la enfermedad que tienes. Volveré a visitarte.
-¿Estoy enfermo?- Dudley se asustó y miró a su madre.
Draco sonrió ampliamente al ver que Petunia volvía a llorar por su hijo, ignorante y digno de lástima; juntó a los demás con la mirada y salieron. Nadie habló. Difícilmente Draco los tuvo en cuenta, se sentía demasiado satisfecho recontando su trabajo como para notarlos realmente. Hasta difícilmente notó cuando volvieron a aparecerse en Hogsmeade y comenzaron a caminar hacia el colegio. Nunca escuchó que tarareaba.
-Nosotros...nosotros tenemos que ir a una reunión del ED-. Dijo Pansy, suavemente, al llegar a las puertas del castillo, -¿Él...irá?
-No creo que Draco vaya-. Respondió Narcissa, cansada.
-Haremos excusas por él-. Replicó Greg, y los tres Slytherin se encaminaron a la Sala Multipropósito. En cambio, Draco y Narcissa fueron hacia la Enfermería.
-Quiero verlo a solas-. Dijo Draco, y el corazón de Narcissa casi deja de latir, atemorizada por la inflexión helada de su tono. Los ojos grises se volvieron hacia los azules. –Vete, madre. Déjame con él.
-No está aquí. Está en las mazmorras-. Se ruborizó, había estado tan preocupada que ni siquiera se le ocurrió decírselo.
Draco gruñó. –Ve a atender al ED-. La magia crujió a su alrededor y su cabello flameó detrás suyo como si se tratara de alas. Narcissa dio la vuelta y se alejó rápidamente.
…
Harry yacía en su cuarto. La segunda cama había sido reemplazada y estaba arropado amorosamente. Severus no quería dejar su puesto junto a la cama, pero Remus se las había arreglado para sacarlo del cuarto. Draco se adelantó y dejó salir un suspiro grave y largo. Regresar era como volver a casa, como volver a ser él mismo. La ira y la venganza que lo llenaron, se disolvieron y sólo quedó la ternura que sentía por el jovencito que yacía en esa cama.
-Harry-. Susurró, acariciando el nombre. -Harry, amor, he vuelto-. La tensión de la cara dormida de Harry se alivió un tanto y Draco rió con suavidad. –Sí, aquí estoy. Siempre regresaré a ti-. Se sentó en la silla y tomó la mano de Harry. -¿Sabes? Ahora que recuerdo completamente quién soy, y que no tengo tus emociones poderosas oscureciendo las mías, me doy cuenta de que te amo más que nunca. Puedo apreciarte mejor. Eres todo un leoncito-. Rió otra vez y pasó su mano libre por el cabello de Harry. –Enfrentándote a mi como lo hiciste todos esos años, cuando debí recordarte tremendamente a tu terrible primo. Enfrentándote a todos. Tal vez esos fanáticos tienen razón y eres un santo. No sé cómo explicarte a ti; eres tan jodídamente Sytherin, además. Has ocultado tu dolor por tanto tiempo, has soportado tanto sin contar tus secretos. Tienes que dejar de hacerlo, sabes. No permitiré que me escondas tus heridas.
La mano de Draco aferró con más fuerza la de Harry y su humor reflexivo cambió abruptamente hacia la pena; se puso rígido y comenzó a respirar con rapidez; trató de sobrellevar el ataque de pánico –no podía demandarle a Harry que le mostrara sus heridas y mantener las propias escondidas-. Draco dejó llegar al pánico y lo dejó pasar, cuando pudo volver a respirar con facilidad se dio cuenta de que estaba llorando.
-Mi amor, tienes que volver a mi. No puedes ocultarte para no afrontar lo sucedido; por mi, enfréntalo, ponlo en su lugar y vuelve a la realidad. No puedes dejarme solo, porque yo no puedo vivir en un mundo que puede lastimarte de ese modo y dejar que te mueras. ¿Oyes lo que le has hecho al gran Draco Malfoy? ¡Prácticamente estoy recitando poesía!
Suspiró y apoyó el torso sobre el de Harry. –Tómate tu tiempo, amor. No me importa cuánto, mientras lo derrotas; yo te esperaré y me aseguraré de que sepas cuando empiece a impacientarme-. Rió. –Ah, apúrate. No puedo esperar a que sepas cómo está pagando tu familia por lo que te ha hecho. Sé muy bien que tú no quieres que los lastime, pero hasta tú no podrás enojarte por lo que le hice a tu tía y a tu primo horrorosos. Básicamente se están castigando solos, no puedes objetarlo. Y tu tío… bueno...en verdad no puedo adivinar cómo vas a sentirte con lo que hice con él. Probablemente lo desapruebes por principio, pero voy a insistir, es un completo jodido maldito y se lo merece. En esta relación, vas a tener que concederme algunas cosas, algunas veces, y esta es una de ellas.
Además, te prometo no descuidar nuestros deberes-. Draco suspiró y se enderezó un poco, puso su boca justo sobre la de su amor y cuidadosamente, inhaló cuando Harry exhaló, y exhaló cuando Harry inhaló. –Te amo, Harry Potter. Juro no decirle esto nunca a otro ser humano, sólo a ti. Te amo, así que más te vale volver pronto, Bebé, o puedo enojarme mucho contigo.
Gentilmente, le besó los labios. Una pequeña partecita suya se preocupaba porque Harry no sobreviviera, pero la mayor parte recordaba la fortaleza de Harry y no dudaba en su retorno. Volvió a besarlo, un poco más –no pudo evitarlo, aún inconsciente, se sentía tan bien estar con Harry-. Finalmente, Draco se forzó a alejarse, suspirando. Sin cuidado, se trenzó el cabello y lo tiró por sobre el hombro.
-No soy bueno con esto-. Se quejó. –Voy a parecer un desastre hasta que tú vuelvas a peinarme-. Draco lo miró. –Más te vale que no estés sonriendo-. Sonrió cariñosamente. –Dales una buena tunda a esos bastardos, por mi-. Y dejó la habitación. Tenía una reunión del ED a la que colarse y no iba a decepcionar a Harry.
