Esta es una traducción de la historia de Sensibly Tainted, "Growing Pains".

Los personajes originales son de J., por supuesto.

GRACIAS por todos los reviews!

Capítulo veintisiete

Harry corría; había estado corriendo durante horas. Corría, atravesando la oscuridad. No podía ver nada, pero podía sentir el esfuerzo en sus piernas y cómo sus pies golpeaban el suelo. Cosas grandes acechaban sus talones, como hambrientas mandíbulas abiertas, listas para despedazarlo si mermaba la velocidad o si caía. No sabía dónde estaba, no sabía qué era lo que pasaba, pero sí sabía que los monstruos estaban allí. Eran cosas que le causaban dolor, y él quería escapar, frenéticamente, pero estaba completamente perdido. La carrera sin meta lo agotaba y estaba cerca de claudicar.

De repente, en la oscuridad, apareció una luz. Un haz de luz de sol la atravesó, creando una línea recta a la altura de su cintura. Harry casi lloró de alivio. Con gentileza, las emociones lo cubrieron, como nieve. Sintió amor, expectativa, un enojo profundo y miedo; pero el amor era la más fuerte de las emociones, y estaba dirigida hacia él. Alguien lo llamaba, alguien lo esperaba. Lo esperaban el amor y la aceptación, pero los monstruos iban a saltar sobre él si se detenía a tomar la invitación. Primero debería vencerlos.

Bajando la barbilla y apretando los puños, Harry se detuvo. Se quedó quieto y se armó con su voluntad. Enfrentaría a los monstruos sedientos de sangre, pero lo haría en sus propios términos. Se envolvió con la luz, en círculo, construyendo un pequeño santuario. Si los monstruos resultaban demasiado, podría regresar y ponerse a salvo. Llorando, literalmente temblando de miedo, se acurrucó en su círculo de luz y amor, escuchando los aullidos y el golpear de las garras afiladas de los monstruos que rondaban, esperándolo. Reuniendo su coraje y con el conocimiento de que alguien cercano lo amaba, Harry tensó sus músculos y saltó, dejando su círculo, hacia las mandíbulas de los monstruos.

Luchó con ellos, enfrentó lo que los monstruos traían y aceptó los recuerdos dolorosos que le lanzaron. Peleó hasta quedar apaleado y al borde de la locura. Luego se arrastró, débil y temblando, hasta el círculo, para recuperar su fuerza. Cuando pudo ponerse de pie sin tambalearse, volvió a salir y volvió a enfrentar a los demonios. Luchó con los miedos, con las debilidades que lo acechaban; y a medida que los examinaba sin retroceder, perdían algo de su poder. Lloró, gritó, rugió ante todo eso que ya no estaba escondido ni evitado. Lo hizo una y otra vez.

Aceptó el amor de su nueva familia: Severus, Remus y Draco. Aceptó que lo merecía. Reconoció que los Dursley eran incapaces de amarlo, sin importar qué hiciera. Aceptó la culpa de las muertes de Cedric y de Sirius. Se dio cuenta de que debía seguir adelante y aprender, para salvar a otros que de otro modo, morirían. Finalmente, aceptó cada golpe que recibió ese verano, en su depresión; reconoció que no merecía el dolor, pero podía sobrevivir. Aceptó que tenía debilidades, como todos los demás, y cuán bajo podía caer. Luego, llegó lo peor.

Harry pensó que estaba manejando bien esto; estaba sentado en el círculo, jadeando, recobrándose de la última batalla. Las heridas de su cuerpo sanaban lentamente y se hallaba en paz, después de enfrentarse con el dolor que le produjeron los horribles recuerdos. Pasó la mano por la luz y se estremeció porque el amor lo atravesó. Por ti. Le dijo. Aquí estoy, siempre, por ti...

Harry lloró; cansado, pero preparado. Estaba cansado de este lugar; se sentía tan agotado, sin embargo, fuerte. Quería regresar al mundo hecho de luz, al mundo que tenía a Draco, a su padre y a Moony. Quería volver a casa. Suspiró y se puso de pie. Quedaba un último monstruo y con él, terminaría.

El monstruo era enorme. El más grande de todos. Harry salió y lo enfrentó, con valentía -con paso vacilante, pero con fortaleza-. El monstruo lo golpeó, lo sacudió con la verdad: vio la cena envenenada, sintió su propia impotencia...descubrió una nueva hondura en el terror, al ver que su tío lo desvestía... Harry volvió a entrar al círculo, trastabillando, incapaz de ver más. Gimió, tembló y se acurrucó en el centro, meciéndose mientras lloraba, dándose cuenta de lo que seguiría, con el horror calándole los huesos. Severus se lo había dicho, pero él no lo había entendido.

Iba a ser violado. Harry gimió, acurrucándose más. Y tendría que revivir la violación para volver a vivir. No iba a poder regresar a Draco y a su familia sin destruir a ese monstruo que acechaba en la oscuridad –se quedaría aquí, atrapado para siempre, si no lo enfrentaba-.

-No puedo hacerlo-. Lloró Harry. –Lo siento, no puedo. No puedo.

Le respondió el silencio. El anillo de luz permaneció, protegiéndolo. Harry cerró los ojos, no quería ver. No podía soportar la visión de a qué estaba renunciando.

-No. No me obligues. Lo siento, no puedo hacerlo-. Le suplicó a la luz.

Imágenes de Draco: sonriendo, peleando; de pie, fuerte y confiado; con una sonrisa maliciosa, burlándose; su largo cabello suave como la seda corriendo entre sus dedos, cayendo alrededor de ambos como alas; los ojos de plata ardiendo de amor, deseo y alegría; besos, caricias; pudo sentir a Draco, apretado contra él, pudo sentir su sabor, su olor. Y Harry lo amó. Más que nada, Harry amó a ese Slytherin brillante y hermoso. Apretó los puños y golpeó el suelo con toda su fuerza.

-¿Por qué? ¿Por qué no me dejas en paz? ¿Dónde estabas, eh? ¿Dónde estabas cuando te necesité?- Le gritó a la luz, retándola a responderle o a darle excusas. -¿Dónde estás ahora? ¡Respóndeme, Draco! ¿Dónde estás ahora?

No tuvo respuesta, y Harry sintió que una fuente amarga de triunfo se abría en su corazón. Draco no estaba allí. Al final, estaba solo. En verdad, el amor era inútil, y nunca había hecho nada por él.

-No-. Susurró, negando con la cabeza. –Eso no es verdad. No es inútil, y sí hizo algo por mi.

Harry levantó la vista, entre lágrimas, mirando el círculo del amor de Draco. Allí estaba, con él, No estaba solo. El corazón de Draco seguía allí; podía sentir todo lo que era Draco; sólo que había escogido concentrarse en su amor. Podía sentir la frustración de Draco, su miedo, su preocupación. Podía sentir su diversión y su orgullo. Todo fluctuaba, siempre cambiaba, mientras Draco vivía y lo esperaba.

Harry se preguntó qué sería lo que hacía que Draco se sintiera así. ¿Estaría entrenando al ED? ¿Estaría cenando con papá y Moony y Narcissa? ¿Pansy estaría trayéndole nuevos problemas? Harry se mordió el labio. La única manera de saberlo era...Se estremeció. No podía, de verdad, no podía.

No supo cuánto tiempo estuvo allí, sentado, reprendiéndose a sí mismo por su cobardía, incapaz de moverse. Alternaba, cerrando los ojos ante la luz que lo conectaba con Draco y dejándose bañar por ella. Trató de dormir, pero aquí era imposible, donde quiera que fuera este 'aquí'. Tal vez, ya estaba durmiendo. No se sentía descansado, pero tampoco agotado. Sólo estaba acurrucado con su miedo y decepción y arrepentimiento y anhelo. Se resignó a quedarse en este lugar, para siempre...pero, entonces, algo cambió.

La cabeza de Harry se levantó y se quedó sin voz. Con frecuencia hablaba solo, para oír una voz, cualquier voz, para que la soledad no fuera muda. Gruñó y se esforzó por estar consciente. Tenía que concentrarse. La luz brillaba más. Levantó la mano y la atravesó con los dedos; ahogó un grito. Había dolor y adrenalina y determinación, y triunfo, y miedo. Draco estaba… estaba… peleando. Y herido.

-Solamente está entrenando-. Harry trató de convencerse. Sacudió la cabeza con fuerza. -No. Yo sé que no. Lo sé. Esto es diferente, esto es una batalla. Finalmente, Voldemort hizo su movida y Draco está luchando contra él. Probablemente, también el ED, aunque sepan que no podrán ganarle. Sólo yo puedo matarlo, así lo dice la profecía.

El amor seguía allí; aún ahora, en Draco había amor por él, empujado hacia el trasfondo, pero seguía allí. Harry se mordió el labio con tanta fuerza que sangró. El monstruo, su violación, lo esperaba. Draco lo esperaba. Ambos lo esperaban. El que debía hacer su movida era él. Él debía dar el próximo paso. No podía esconderse eternamente. No, a menos que estuviera dispuesto a dejar ir a la luz. Dejar morir a Draco, luchando una batalla que era suya. ¿Acaso podía dejar que murieran todos sus seres amados, porque no podía enfrentarse a lo que le había hecho Vernon Dursley, justo ese tipo? Su tío era un mal hombre, un muggle que no merecía ni una hora de su tiempo, y menos aún, la vida de Draco.

-Lo haré-. Harry se puso de pie. Temblaba, pero estaba de pie. Mostró los dientes, ni de cerca se trató de una sonrisa. –No dejaré que esto me mate a mi o a Draco. ¿Me oyes, Vernon? ¡No dejaré que me mates!

Harry saltó, fuera del círculo, dentro de su peor recuerdo, dentro del infierno.

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La noche era dolorosamente clara, sin nubes y con una fría y afilada media luna que, prácticamente, hacía brillar la nieve. Las sombras que proyectaba el Bosque Prohibido eran tan oscuras que se podía caer en ellas. Se oía fuertemente el crujir de los pasos y si no fuera por el encantamiento aplicado a los zapatos para nieve, se hundirían hasta las rodillas. Sin embargo, nada podía enmascarar completamente el sonido que hacían al correr atravesando los terrenos; pero eso significaba que el enemigo se hallaba en iguales condiciones.

Con la caída del sol, dos horas atrás, llegó el ataque contra los escudos de Hogwarts. Pronto sucumbirían. Draco terminó de asegurar al equipo de Goldstein en el colegio, al equipo de Higgs en el campo de quidditch; y ahora corría hacia el bosque, a enfrentar la primera ola de Mortífagos, con el equipo de Hooper. Con gracia, esquivó trampas y a unos aurores escondidos. Literalmente, escuchó cuando cayeron los escudos, un pitido agudo dio la alarma. De repente, el mundo parecía demasiado grande y cada sombra más siniestra.

… "Excrucio dolor morsus!" …

Los hechizos cortaban el aire, explotaban contra los árboles, dejando marcas de quemaduras o quebrándolos. Los Aurores se movían en silencio entre los Mortífagos y los asesinos vestidos de túnicas oscuras caían, uno tras otro. Pero eran cientos, y cuando uno caía, se levantaban dos. El ruido era horroroso y Draco rió, recordando que había estado preocupado porque la nieve podría delatarlos cuando se movieran.

Draco se lanzó hacia un lado y escupió una maldición. El Mortífago cayó, gritando agónicamente, con las dos piernas quebradas a la altura de las rodillas. El rubio mostró los dientes, con fiereza y le prendió fuego a otro. Su tercer maldición rebotó en una barrera y le dio al suelo, haciendo explotar la nieve alrededor.

… "Contego!" …

Alguien golpeó contra él, desde atrás, y Draco sintió que un cuchillo le rozó las costillas. Aullando de dolor y furia giró el cuchillo contra el Mortífago, clavándoselo en el pecho. La mujer se arqueó convulsivando, con un grito silencioso. Draco se levantó y se alejó, sosteniéndose el costado. Lo inundaban oleadas de dolor.

-Debe haber estado hechizado-. Murmuró. Ignoró el dolor lo mejor que pudo y caminó tenso entre los heridos, apuntando a cualquier figura negra que se moviera. Una maldición lacerante pasó el escudo de un enemigo y le cortó el brazo izquierdo a la altura del hombro; observó cómo la sangre saltaba por los aires, largando un olor, cálido y oscuro, como a cobre. ¿Era su imaginación o las sombras se acercaban a la sangre para alimentarse?

… "Exuro igneus dolens!" …

-¡Draco!- Lo llamó la voz de Neville, con desesperación. Giró y corrió. La chica Weasley yacía inconsciente, con la cara pálida y medio cuero cabelludo desaparecido, revelando el cráneo sangriento. Longbottom levantó la vista, aterrorizado, arrodillado inútilmente junto a su amor, con las manos ensangrentadas y gimiendo.

Draco le dio una cachetada y el Gryffindor parpadeó, mirándolo estúpidamente. -¡Llévala a la Enfermería! ¿Tienes la sábana quitapeso?

-S-sí-. Tartamudeó el pobre adolescente.

… "Repello extundo!" …

-¡Vete!- Draco volvió a palmearlo, y Longbottom rebuscó en su mochila, sacó la sábana, envolvió a Weasley y se dirigió al colegio. Draco cubrió su retirada, pero tan pronto como dejó el bosque, regresó a la pelea.

Se sentía extrañamente adormecido y dolorosamente consciente: cada sentido, afilado como una hoja de afeitar, la mente funcionando con aguda claridad y planeando y juzgando cada hechizo y cada movimiento. Pero el horror no lo tocaba, la carne era sólo carne; la sangre, un líquido de bello color; sus amigos no eran sus amigos, sino aliados y camaradas; no había apego emocional, sólo cálculos fríos.

... "Adflicto affligo!" …

Tres Mortífagos le saltaron, y danzaron. Uno quedó atrapado, tragado por un árbol –allí quedaría hasta que lo soltaran los Aurores-. Los otros dos cerraron filas. Draco gruñó, luchó, pero no pudo esquivarlos con la suficiente rapidez, ni interponer un escudo contra un hechizo que envolvió su pierna izquierda con fuego. El Mortífago que lo atacó cayó, con los pulmones invertidos. El dolor enceguecía a Draco, mientras la carne se quemaba y los músculos se encogían. Se dobló, y aún allí, atravesado de dolor, supo que el último Mortífago iba a matarlo.

… "Forca comprehendo!" …

Entonces, el dolor empezó a ceder . Y Draco se quedó mirando fíjamente, jadeando y sollozando, a Michael Corner. El Ravenclaw se arrodilló, le hizo tragar unas pociones y el dolor se volvió apenas quemante.

Draco luchó por calmar su respiración jadeante y para detener las lágrimas. De repente, se alegró mucho porque Harry siguiera en su estado de coma. Ya hacían diecinueve días desde que terminó el hechizo rejuvenecedor, y desde entonces, Harry seguía igual. En ese tiempo, Draco y el ED entrenaron duro, pero aún así, resultaron sobrepasados.

-¿Puedes seguir peleando, o te llevo a la Enfermería?- Preguntó Corner, con voz ronca. Draco notó que su cuello estaba envuelto con gruesas vendas.

… "Sanitas resarcio!" …

-Puedo pelear-. Draco se levantó; no sintió la pierna, sólo dolor –debería confiar en que su cuerpo sabría moverla por él-.

… "Eradico manus manus!" …

Cojeó hacia el lugar más cercano donde se juntaban gritos y rayos de hechizos. Vince y Finch-Fletchley peleaban, espalda con espalda. Draco maldijo, a gritos y ciegamente, a los enemigos que los rodeaban, modificando la batalla. Tropezó y cayó; los Mortífagos gritaron y se abalanzaron sobre ellos.

… "Pessum ire oculus!" …

Se encontró con la mirada perdida de la Auror Taylor; había tropezado y caído sobre su cadáver. Buscó en los bolsillos a la altura del pecho y sacó tres pociones, rompió frasco contra frasco entre sus manos. El vidrio lo cortó y una nube tóxica los rodeó. Cerró los ojos y contuvo la respiración. Los Mortífagos gritaron; Draco sintió que uno había caído a no más de tres pulgadas de distancia.

Unas manos lo agarraron y los dedos tocaron en código. Eran aliados, trabajaban con ellos. Vince gritó algo; estaban juntos, alejados de la pila de cadáveres, protegidos momentáneamente de la batalla. El Hufflepuff no se veía por ningún lado. Draco negó con cabeza, no podía oír a su amigo. ¡No podía oír nada! Ahora, Vince estaba frente a su cara, moviendo los labios.

-¡Muy bien!- Gritó Draco, comprendiendo. Los Aurores ordenaron la retirada hacia el campo de quidditch.

Los dos Slytherin provocaron a los Mortífagos, llevándolos hacia las trampas y a la próxima barrera de defensa. En el límite del bosque, se tiraron al suelo y cuatro Aurores surgieron, lanzando maldiciones por sobre sus cabezas y derribando a los diez Mortífagos que los perseguían. Los Aurores retrocedieron, llevándose a Draco y a Vince con ellos.

Los dejaron en la primera trinchera y ambos se sometieron a la rápida y eficiente atención médica de los Aurores. Luego se levantaron y volvieron a la lucha. Los Mortífagos caían por docenas, tratando de cruzar el campo de quidditch. Todas las entradas al colegio estaban bloqueadas. Habían cavado trincheras y estaban a salvo, defendiéndose desde la protección de la tierra.

… "Negotium somnium!" …

La audición de Draco retornó, pero deseó que no lo hubiese hecho; los gritos eran horribles y molestos. En las trincheras, algunos heridos sollozaban, pero todavía nadie podía dejar la protección y llevarlos al colegio, deberían esperar hasta la señal de fuegos artificiales que les darían la cobertura necesaria para retroceder.

… "Eructo!" …

Repentinamente, los Mortífagos se retrajeron y la multitud negra se movió: Voldemort se adelantaba, atravesando sus filas, iba vestido con una túnica rojo sangre y su rostro era tan pálido como la luna. Gritos histéricos se oyeron entre las filas de los Aurores, ante la imagen espantosa, pero ninguno dejó su puesto. El Monstruo levantó los brazos mientras caminaba, y desde las sombras del bosque, como una oleada maldita, volaron dementores hacia las trincheras.

Expecto Patronum!- Gritaron, a coro, y el campo se llenó de la luz plateada hecha de pensamientos felices, chocando contra las criaturas malditas, que chillaban -algunos cayendo bajo el peso de los Patronus-. Lanzaron el encantamiento una y otra vez.

Los dementores disminuían, pero los Mortífagos usaron la distracción para deslizarse entre las trincheras.

Draco gruñó, otra vez luchaba mano a mano con un Mortífago que , literalmente, le cayó encima. La bota del hombre le raspó la pierna y el rubio gritó, clavándole los dedos en la cara. Sintió que algo pulposo cedía bajo un dedo y el Mortífago chilló.

… "Inreto ligatio!" …

Draco sonrió. La sangre caliente le salpicó la cara. Empujó con fuerza; el Mortífago cayó hacia atrás, con la sangre chorreándole por el rostro y un ojo menos. Draco lanzó un hechizo y el otro ojo explotó, incapacitándolo por el dolor y así pudo retirarse fácilmente. Los fuegos artificiales brillaron encima de ellos, quemándole los ojos, a pesar de que los cerró fuertemente; pero no tenía necesidad de ver, habían practicado esto muchas veces. Salió corriendo hacia el castiillo.

Escuchó un grito y se detuvo. ¡Esas eran Pansy y Hermione! Se volvió y corrió hacia el sonido; intentó abrir los ojos y se le llenaron de lágrimas. Pudo ver el contorno de un cuerpo cuyo brazo se doblaba lentamente hacia atrás, era una maldición que invertía el hueso, pero el Mortífago que la había lanzado ya no estaba. Una segunda figura tironeaba del cuerpo de la que gritaba y se retorcía, hacia el castillo, pero ella se movía extrañamente. Draco gimió cuando se dio cuenta de que a la segunda figura le faltaba el pie derecho, y también gritaba.

… "Effloresco fragmen!" …

Cerró los ojos y corrió hacia ellas. Las desmayó rápidamente, convirtió las tres sábanas en un deslizador, para arrastrarlas. Un hechizo le dio en la espalda y cayó, gritando de terror porque no podía sentir nada del pecho para abajo. Los fuegos artificiales disminuyeron y pudo abrir los ojos. Siete Mortífagos corrían hacia ellos, con las varitas levantadas y espupiendo maldiciones. Algunas les dieron a las chicas, cuáles, no sabía. Luego, Draco se retorció de dolor, un hechizo pasó su escudo.

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Harry abrió los ojos. Su cuerpo se estremeció y las paredes temblaron con él. Estaba en su cama, en la segunda habitación de Dudley... en las mazmorras de Hogwarts. Aún a través de la piedra, podía oír los sonidos de sus gritos mudos, de los hechizos lanzados, podía sentir el gusto de la magia hirviendo y cortando el aire. El vómito le quemó la garganta y la boca mientras era violado...pero lo más importante era que podía sentir la agonía desnuda que le llegaba a través del vínculo que lo unía a Draco.

-¡Draco!- Gritó Harry, mitad con dolor, mitad con furia. -¡DRACO!

Gimió, sintiendo que unas manos le arrancaban las ropas de su cuerpo, otra vez, pero no se detuvo. Ni siquiera cuando llegó al primer piso y vio a los heridos, y los llantos, y los gritos. No podía desperdiciar su atención en ese horror. Draco lo necesitaba y Harry lo necesitaba a él con la misma fuerza. El mundo giraba alrededor y no tenía sentido; en un momento estaba en Hogwarts, en el furor de la batalla; y al siguiente, en su cuarto en la casa de los Dursley con su tío, tocándolo y violándolo.

La locura intentaba clavarle las garras y él se dirigió al único lugar sólido que podía encontrar: Draco.

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Voldemort se paró en el desnudo y destruído campo, había cuerpos caídos, como hojas –algunos se movían y estremecían, otros estaban quietos, muertos-. Draco era levitado delante del Monstruo, entre dos Mortífagos enmascarados. Las piernas le colgaban, inútiles; la varita quebrada y sus partes tiradas donde Pansy y Hermione seguían, inconscientes y heridas. La lengua de Voldemort se asomó, los ojos rojos brillaron como brasas siniestras y su voz se oyó pegajosa y fría como un cuerpo pudriéndose.

-Entoncess, pequeño lord-, Voldemort sonrió su sonrisa de hiena. -¿Dónde essstá tu Sssalvador? ¿Dónde essstá la gloria por la que me traicionassste?- Draco lo enfrentó con sus dolidos y desafiantes ojos grises. El Señor Oscuro echó la cabeza hacia atrás y rió. Los moribundos esparcidos en el campo chillaron ante el sonido, como una tetera hirviendo. -¿Aún tan desssafiante? ¿Debería quitarte también losss brazos, Dragón Incrédulo?

El Monstruo levantó las garras y Draco se rehusó a desviar la mirada. Todo lo que sentía era culpa y arrepentimiento. Había querido proteger a su amor, había querido que Harry tuviera tiempo para sanar, pero había fallado. Había sido vencido. Voldemort lo destruiría a él y luego atacaría a su amado, vulnerable e inconsciente. ¡No era justo! Enderezó la cabeza y gruñó, con los ojos llenos de lágrimas.

Voldemort hizo una pausa y sus ojos miraron más allá, detrás de Draco, hacia la entrada de Hogwarts. Un silencio cubrió la batalla. Mortífagos y Aurores por igual, se quedaron helados, mirando maravillados: Harry Potter, parado, desnudo, entre llamas blancas que no dañaban su piel. Sus ojos latían, verdes, como la más verde de las hojas; los cabellos flameaban alrededor de su cabeza como si fueran olas furiosas, y su boca abierta como una herida, exhalando un gemido que le resonaba en el pecho estrecho. Un Mortífago lanzó un hechizo, pero ardió en esas llamas, haciéndolas más brillantes por un segundo. Esos ojos verdes nunca se movieron ni registraron el ataque, sólo miraban hacia adelante, a través de los terrenos, fijos en el rubio quebrado.

-Y llegó el héroe. Dime, Draco Malfoy-. Voldemort se adelantó y acarició la mejilla del rubio. –Por cómo mira, ssssospecho que le importassss mucho más que cualquier otro que haya matado en su presencia.

Draco sintió que el pánico y la esperanza le surgían en el pecho...¿Harry? Trató de girar la cabeza, para verlo, pues no confiaba en la palabra de Voldemort, pero los Mortífagos no le permitieron el movimiento.

-¿Eresss el amantejo del niño héroe? ¿Eso es lo que eresssss, Draco, un catamita?- La lengua de Voldemort se deslizó a los largo del labio inferior del rubio.

-Hazlo otra vez-. Lo retó Draco, con la mirada ardiendo de odio y asco.

Voldemort rió, pero se calló al darse cuenta de los ligeros temblores bajo sus pies. Sus ojos volvieron a Harry, el chico caminaba robóticamente y la tierra temblaba suavemente con cada paso. Ya tenía hecho un cuarto de camino, irradiaba poder y calor; Voldemort entrecerró los ojos y un siseo le nació de la garganta. Golpeó y Draco gritó, doblándose hacia atrás y soltándose de la sujeción de los Mortífagos; cayó al suelo con las costillas rotas, llorando de dolor. La visón se le cerró y se desmayó.

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Harry se quedó quieto, sólo tenía ojos para Draco. Su amado estaba en una posición extraña, su trenza deshecha, con los cabellos quemados, aún colgando, más y más abajo.

Moviéndose sin pausa, Harry se acercó cada vez más a su amor, al alivio, a la cordura; pero entonces, el pecho se le atravesó de dolor y vio cómo su Draco caía al suelo hecho un manojo de miembros. Aún desde lejos, oyó el leve sollozo y eso lo cortó hasta las profundidades de su corazón.

Las llamas comenzaron a tornarse verdes mientras sus ojos se levantaban lentamente para enfrentarse a los rojos. La mano de Voldemort todavía latía con el residuo del hechizo. Harry comenzó a llenarse de ira, las llamas verde esmeralda le lamieron los brazos y le envolvieron la cabeza, como un halo. Levitó, con los brazos extendidos como alas y la boca afinada en un gruñido.

Voldemort tuvo el tiempo suficiente como para entrar en pánico, al verlo lanzarse contra él, cual demonio iracundo. Reunió toda su magia y expulsó la mitad por la conexión que tenía con el chico, con la esperanza de detenerlo y terminarlo atacándolo luego con el resto. Harry cabalgó la magia, se deslizó por ella y se le plantó en la cara al Monstruo. Voldemort gritó, estirando las manos entre las llamas para sostenerle las muñecas al chico y evitar sus garras. ¡El fuego le quemaba, le quemaba hasta el alma! Aulló, y su magia se esparció salvajemente. Tierra y Mortífagos volaron. El suelo empezó a temblar con más violencia, y el castillo crujió.

-¡No vas a lastimar a Draco! ¿Me oyes?- Gritó Harry, fuera de sí. Se arqueó y las llamas verdes explotaron de su cuerpo, envolviendo a Voldemort.

El Señor de las Tinieblas trastabilló y gritó, su cuerpo empezó a derrumbarse. Se retorció, tratando de deshacerse de Harry, pero el adolescente se aferró a él. El fuego asesino ardió y ardió, y lentamente lo consumió. -¡Lo mataré!- Chilló el Monstruo. -¡Lo mataré!

Harry rugió su furia y un rayo verde esmeralda cayó sobre el Señor Oscuro.

El mundo explotó.

Xxxxxxxxxxxxxxxxxxxx Dulzura Letal, 17 de septiembre, 2011 xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx