Esta es una traducción de la historia de Sensibly Tainted, "Growing Pains".
Los personajes originales son de J., por supuesto.
Agradezco todos los reviews y repito: todas las historias serán terminadas, todas. Paciencia pido, porque tiempo no tengo...
D.L.
Capítulo veintiocho
Severus abrió los ojos, sobresaltado. Lo último que recordaba era que corría hacia Harry, y que su hijo volaba como una flecha ardiente para enfrentarse con el Señor Oscuro. Remus estaba a su izquierda –con su cabello suelto y salvaje y los ojos brillantes-, y el hombre lobo aulló cuando vio caer a Draco. Todos los demás se quedaron parados, demasiado sorprendidos como para moverse. Todos esperaron un duelo, una batalla prolongada; no que Harry se prendiera fuego y forcejeara con el Señor de las Tinieblas antes de explotar.
Sacudió la cabeza con fuerza. ¡No tenía tiempo para ponerse a divagar! ¡Tenía que concentrarse! Abrió los ojos. ¿No los tenía abiertos, ya? Yacía donde había caído, tenía hierba y barro en la cara. Podía oír gemidos, podía ver formas oscuras sobre el rocío...Espera, ¿podía ver? Se sentó, ahogando un grito. ¡El sol estaba asomando!
Miró alrededor, los Mortífagos seguían inconscientes, pero los Aurores comenzaban a moverse. Su brazo...se sentía raro. Torpemente, levantó la manga y luego... apenas fue capaz de sentarse y mirarlo fijamente. Su brazo… desde que le había dado la espalda a sus deberes de espía, lo ponía –literalmente-, en hielo. Sentía un dolor sordo y persistente, todo el tiempo, como si el Señor Oscuro estuviera furioso por su traición. Pero allí estaba el dolor, siempre; y ni siquiera un aislado encantamiento enfriante mermaba el dolor.
¡Merlín, su brazo! Estaba intacto...la piel blanca, suave y lisa, no tenía ni una peca siquiera. La marca tenebrosa había desaparecido completamente; a diferencia de cuando el Señor de las Tinieblas había sido vencido, quince años atrás, cuando Harry era un bebé. Trató de levantar el brazo, para ver mejor, pero no pudo. Trató de mover los dedos, y nada...Bien, podía lidiar con eso. Hubiese preferido no perder el brazo, pero aún así, se alegraba de no tener ya la marca tenebrosa.
Los Aurores comenzaban a gruñir y a sentarse; los mortífagos aún no se habían movido ni una pulgada. Sospechaba que la pérdida de la marca los tendría un poco más de tiempo en la inconsciencia. Afortunadamente para él, su brazo estuvo en hielo y además, tenía un fuerte deseo por permanecer consciente. ¡Harry! Recordando, al final, por qué era tan urgente que no se durmiera, Severus luchó por ponerse de pie.
Su cuerpo se sentía extrañamente suspendido -como si sus miembros estuviesen desconectados y debiera hacer consciente cada pequeño movimiento, como flexionar o extender un músculo-. Se movía en cámara lenta, pero sus ojos buscban el área del campo donde se habían enfrentado, Harry y el Señor de las Tinieblas. Estaba helado, y una neblina fría se arremolinaba sobre el césped marchito y el barro oscuro, cobijando a los muertos, a los moribundos y a los inconscientes y ocultando completamente la vista de dónde debería haber caído su hijo. Y Draco. ¡Merlín, Draco…!
Gruñó y dio unos pocos pasos. Se sentía como un niño pequeño, se quejó de impaciencia contra sí mismo. Los pies crujieron, pero eso era normal, eran los finales de diciembre, y la nieve...Nieve...¿Por qué podía ver la hierba y el barro? Miró alrededor, asombrado. Allí había nieve, al costado del castillo, dentro del bosque, pero alrededor suyo, no había nieve. Ni derretida, ni acumulada hacia otro lado, sino desaparecida. Tembló, y decidió no pensar ahora. Después. Más tarde, cuando haya hallado a Harry y a Draco.
Se encontró con Hermione y Pansy; se pudo pálido y, con voz ronca, pidió ayuda. En cambio, obtuvo un grito vago, y lo tomó como una afirmación. Siguió moviéndose, tenía que llegar hasta sus hijos. La niebla se partió y vio que alguien se movía, trató de levantar la varita, pero no pudo y sólo siguió adelante.
Al fin, vio a Harry, un hombre lo tapaba casi por completo, pero Severus podía verle la cabeza ladeada, con los ojos cerrados y los párpados levemente amoratados. Tenía el cabello mustio, como si estuviera empapado. El hombre giró la cara, para mirar por sobre el hombro. Severus reconoció a Remus.
-Severus-. El hombre lobo levantó en brazos a Harry. El adolescente colgaba, fláccido, con sus miembros pesados y quietos. Ni siquiera se movió; Remus se volvió a mirarlo. -Voy a llevarlo a la Enfermería.
-¿Respira? ¿Está herido?- Severus no podía quitarle los ojos de encima, su hijo estaba demasiado delgado, demasiado pequeño, ¡tan frágil!….¡Y tan poderoso!
-Sí, y ninguna que pueda ver; aunque huele a dolor.
-Remus…- Comenzó Severus, pero se interrumpió abruptamente, sabía que iba a desmayarse y no quería alertar a su pareja sobre su debilidad. No quería que Remus se tardara ni un segundo en llevar a Harry hasta Poppy.
Al pasar a su lado, el hombre lobo le acarició la mejilla con la nariz y los labios. Severus se quedó parado, quieto, hasta que estuvo seguro de que Remus estaba lo suficentemente lejos como para no regresar por él, y entonces cayó a un lado. Un rayo blanco captó su atención y se las arregló para caminar, tambaleándose, los pocos pasos que lo separaban de Draco. Podía sentir que tenía rastros de la magia de Remus. Hechizos sanadores. Respiró hondo, observando las heridas que había sufrido su fuerte hijo Slytherin. Esta vez, pudo sacar la varita y comenzó a recitar los hechizos sanadores. Realizó tres, antes de que la oscuridad se cerrara sobre su mente.
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Remus cargó a su amor hasta la Enfermería, donde los medimagos se apresuraban en atender a los heridos. Los cinco estudiantes de Hogwarts que habían optado por aprender Sanación, en lugar de entrenar con el ED, probaban su eficiencia, manejándose competentemente entre los profesionales. Los esquivó a todos, con movimientos gráciles, y se encaminó hasta la esquina del fondo, donde yacían Harry y Draco y ya recibían atención. Cuidadosamente, Remus colocó a Severus sobre la cama de al lado y se enderezó, cansado.
El campo de batalla era una masa de confusión, los Mortífagos seguían inconscientes, listos para ser apresados, pero los Aurores -que comenzaban a ponerse de pie-, notaban que su magia no funcionaba correctamente. Algunos hechizos fallaban, algunos resultaban tres veces más poderosos. Un auror trató de levitar a un Mortífago y lo levantó quinientos pies en el aire y éste murió después de aterrizar- era justo, ese fue el que atacó a Hermione y a Pansy cuando se retiraban hacia el colegio-.
La cuestión era que debían hacer todo manualmente, y nadie estaba en condiciones, por lo que la tarea de rodear a los Mortífagos, apresarlos y llevarlos dentro del colegio se hizo mucho más difícil -entre las paredes del castillo la magia funcionaba bastante bien, aunque a veces, hasta allí, los hechizos fallaban-. Además, debían llevar a la Enfermería a aquellos que necesitaban una atención más especializada.
Nadie quería hacer nada, aún, con el cuerpo mutilado, calcinado y humeante de Voldemort.
Remus era el más fuerte, allí. Debía ayudar. Lo sabía, pero lo odiaba con todo su corazón. Quería quedarse con Harry, Draco, y Severus; quería quedarse ahí para escuchar el pronóstico de los sanadores. ¿ Y si alguno se ponía peor cuando él no estuviera?
Pero no podía abandonar a los demás, lo necesitaban. Harry no lo hubiese permitido; Severus sí, si eso significaba ayudar a sus hijos, pero Remus sabía que estaban en buenas manos. No podía hacer otra cosa, excepto observar, así que giró y salió.
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326 adultos, incluídos Aurores, los Profesores de Hogwarts y los padres de los alumnos, lucharon contra los Mortífagos y Voldemort en el ataque al colegio. 39 murieron en la batalla, 22 en la Enfermería, 49 de los sobrevivientes sufrieron heridas que les dejarían secuelas por el resto de sus vidas.
21 estudiantes lucharon, incluído Draco, 4 murieron -Colin Creevey, de quinto año, Justin Finch-Fletchley y Daphne Greengrass, de sexto; y Geoffrey Hooper de séptimo-, todos ellos antes de recibir atención médica, 13 sobrevivientes sufrieron heridas que dejarían secuelas durante años, si no por el resto de sus vidas.
Poppy dejó a los Aurores y heridos adultos, a cargo de los medimagos del Ministerio, y ella, con la ayuda de Dennis, Luna, Padma, Susan y Greg, se hizo cargo de los estudiantes heridos. Casi todos los chicos que pelearon, tenían alguna herida; pero había trece casos muy severos que requerían toda su atención.
Cho y Seamus, estaban ciegos, y descansaban. Ambos conservaban los globos oculares, pero no podían ver nada. Eran casos muy delicados, y curarlos tomaría un trabajo muy cuidadoso, además de pociones. El tratamiento debería esperar hasta que ella tuviera el tiempo para dedicarles. Además de eso, ambos sufrieron quemaduras, escoriaciones y hematomas. Dennis quedó a cargo.
Parvati y Anthony estaban siendo observados por Padma y Luna; los dos sufrieron un severo traumatismo craneano; hicieron lo mejor que pudieron para tratarles la inflamación de la corteza cerebral y la fractura de cráneo. Además, Parvati tenía quemaduras graves en la espalda, y Anthony se había quebrado la cadera; y ambos tenían hematomas y escoriaciones leves, pero esos habían sido curados hacía rato.
Ernie le tomó toda la habilidad de Poppy para ser salvado, tenía una falla orgánica múltiple, pero finalmente, la medimaga pudo estabilizarlo. Además, tenía cortes profundos en el rostro y en los brazos. Iba a tener que tomar pociones semanales, para mantener funcionando correctamente sus órganos, y deberá cuidarse con lo que coma y beba. A Terrence, una maldición le provocó un ataque cardíaco. Ahora permanecía estable, pero después de esto, iba a quedar con un corazón frágil. En este momento, Susan lo observaba, asegurándose de que su condición no empeorara.
Cinco estudiantes habían perdido miembros, y tendrían que volver a crecerles. El brazo de Hermione había quedado tan dañado por la maldición invertidora que hubo que cortarlo a la altura del hombro, para que volviera a crecer. Terry y Ron perdieron la mano de la varita, Zacharias fue golpeado por el mismo hechizo, pero a él le cortó el brazo a la altura del codo, así como el pie derecho de Pansy.
El asunto del nuevo crecimiento de los miembros era increíblemente doloroso, y no se podía aplicar ningún hechizo o poción para el dolor, porque podían interferir con la cura, así que el paciente tenía que soportar muchas horas de un dolor altísimo. La mayoría de los pacientes terminaban locos, y esa era la razón por la que algunos magos y brujas elegían vivir con la pérdida del miembro y no trataban de hacerlo crecer nuevamente.
Pero, Pomfrey no iba a aceptar que ninguno de sus chicos tuviera que vivir así. Por eso, ella y Greg, cantaron, sostuvieron y limpiaron las caras de las víctimas con paños fríos, mientras tanto; hicieron todo lo que pudieron para mermarles el dolor y mantenerles las mentes sanas. Terry y Ron se desvanecieron, después de catorce agonizantes horas, pero sus manos regresaron. El pie de Pansy estuvo curado después de diecisiete horas, y el brazo de Zacharias paró de crecer a las veinte horas. Y Hermione, la pobre Hermione, tuvo que sufrir veintisiete horas. Aún no despertaba ninguno de ellos, así que todavía no sabía cómo habían sobrevivido sus mentes al proceso. Ahora que había terminado con Hermione, podía centrar su atención en Harry y en Draco. Ya los hechizos de diagnóstico le habían asegurado que estaban lo sufientemente estabilizados y podían esperar. Ellos iban a necesitar toda su atención, y ahora que los demás estudiantes estaban atendidos, ella podría dársela. Greg se ofreció para ayudar, pero Poppy lo envió con los seis que dormían profundamente después del nuevo crecimiento de sus miembros.
Poppy observó a los adolescentes inconscientes, y sintió que las lágrimas le quemaban los ojos. ¡Ya habían pasado por tanto, y ahora esto! ¡No era justo! Si pudiera, ella soportaría cien veces sus heridas, para evitárselas a ellos. Sacudiéndose a sí misma, se concentró en su trabajo. Debía estar cansada, si no, no estaría tan sensible.
-¿Puedo ayudar?
Giró y se encontró con Severus, parado, luciendo demacrado, pero con su ojos brillantes de fortaleza. Notó que su brazo izquierdo caía a un lado. -¿No pudieron reparar el daño nervioso?
-Hay una poción, pero tomará unas cuantas dosis para que comience a hacer efecto.
-¿Cuánto creen que tomará?
-Siete meses, y puede que nunca recupere la función completa del brazo-. Respondió, llanamente.
Ella lo observó, buscando algún signo de alteración, pero no halló ninguno. Estaba demasiado centrado en los chicos como para que le molestara su propio dolor. -¿Dónde está Remus?
-Durmiendo.
-Tú también deberías descansar-. Frunció el ceño.
-Yo he dormido en las últimas cuarenta y ocho horas, desde que terminó la batalla. ¿Y tú?- Preguntó, gentilmente, pero sus ojos brillaban, maliciosos. No iba a permitir que lo echara.
Ella suspiró. No era momento para no decir la verdad. -Te guiaré con Harry, primero. Cuando lo hayas aprendido, me dedicaré a Draco-. Severus asintió. Poppy le señaló la silla que estaba al lado de la cama de Harry y él se sentó, preparado. Ella buscó otra silla y se sentó, con un suspiro cansado. Severus la observaba expectante; la medimaga se enderezó.
-No sufrió heridas físicas, pero su magia...está hecha nudos. Los canales mágicos de su cuerpo están rotos o quemados. Tenemos que desenredar, alisar la magia y reconstruir los canales en los lugares correctos. No es un trabajo, exactamente, difícil, pero es muy tedioso y nos tomará muchas, muchas horas. Comienza en el corazón y desde allí, para afuera; únete a mi conciencia y a mi magia y obsérvame trabajar. Luego yo te supervisaré, para asegurarme de que lo haces bien.
-Muy bien-. Dijo Severus, suavemente, y se unió a su mente.
Poppy volvió sus ojos hacia Harry y realizó un hechizo muy prolongado. De repente, ambos estaban dentro del centro mágico de Harry. Severus dio un respingo. El daño era extenso. Lenta y cuidadosamente, Poppy comenzó a corregir el desastre enrededado, pulsátil y doloroso. Severus observaba cada movimiento. Poppy tenía razón, esto iba a tomar mucho tiempo, semanas, tal vez, meses. Y Harry no despertaría hasta que terminaran, y si cometían el más mínimo error, podían dañar su poder, y hasta convertirlo en squib.
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Cuatro horas más tarde, Poppy se retiró, dejando a Severus detrás. Parpadeó, dándose cuenta que Dennis la esperaba, pacientemente, con una comida de altas calorías. Le sonrió, su hermano había muerto y el chico se estaba comportando heróicamente; se sentó a comer. Dennis le respondió la sonrisa y regresó a sus pacientes. Poppy comió lentamente, descansando y recuperando fuerzas; de otro modo no iba a durar mucho sin cometer errores. Después del primer paso en curar a Draco, tendría que descansar.
-¿Poppy, cómo están?
-Estarán bien, Remus-. Lo tranquilizó, con voz acerada, desafiándolo a que le diga que era inútil, como habían dicho otros sanadores. El hombre lobo inclinó la cabeza, comprendiendo, y ella se levantó. -Severus está haciendo lo que puede por Harry, pero es un trabajo delicado y el más mínimo error puede ser desastroso. Dale una hora más y oblígalo a descansar.
-Sí, señora-. Remus sonrió con suavidad, pero la expresión de sus ojos era sombría.
Poppy no podía dedicarle nada de su energía para consolarlo, Draco la necesitaba más. Se dirigió al rubio como un prisionero a su ejecución; el estado de Draco era, de lejos, el peor que ella hubiera tratado nunca. ¡Pero, iba a curarlo! Realizó un hechizo y asintió, satisfecha porque sus seis costillas rotas ya estaban curadas completamente. La herida en el costado y el veneno ya habían sido solucionados, también. La herida severa de la pierna se estaba curando, pero aún tardaría varias semanas más. Quedaría una cicatriz leve, pero no como limitarle el movimiento.
Lo que, realmente, le aterrorizaba, era la fractura de columna. Ella podía curar huesos rotos, pero los nervios...y especialmente la médula...Apretó lo dientes y se armó con ocho pociones diferentes y su varita. Iba a curarlo. Lo haría. Punto final.
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-Severus, vuelve a mi, mi amor-. Remus rozó el cabello suave del hombre con sus labios, y recibió como premio que Severus parpadeara rápidamente y girara para mirarlo. -Necesitas descansar. Vamos, Harry seguirá aquí, y tú no quieres cometer un error-. Pareció que Severus iba a protestar, pero Remus negó con firmeza. -No. Poppy me dijo que te detuviera después de una hora y te dejé tres.
-¿Tres?- Severus elevó una ceja, sorprendido.
-Sí. Ahora, ven a comer y a mantenerme calentito mientras duermo unas horas-. Remus sonrió y tironeó de su amor, para ponerlo de pie.
-¿Estuviste en el Ministerio?
-Sí, estuve-. Remus asintió y se dirigió con él hacia las mazmorras. -Los Mortífagos se hallan en celdas bien vigiladas y separados unos de otros. Están siendo interrogados exhaustivamente.
-¿Cómo se las está arreglando Albus, como Ministro?
-Lo está haciendo mejor que Fudge-. Rió, Remus.
Severus se halló a si mismo sonriendo. -Bueno, eso no es difícil.
-El Señor Oscuro tenía varias armas, la noche de la batalla, pero nunca pudo usarlas. Supongo que quería hacerlo frente a las puertas del castillo. Si las hubiese usado, no hubiésemos sobrevivido-. Remus se estremeció y se acercó a su pareja. -Albus ha puesto cuantos Aurores y especialistas pudo, para desmantelarlas.
-¿Dijo, qué son capaces de hacer?
-¿De verdad, quieres saberlo?
Severus lo pensó y decidió que no, no quería saberlo.
-¿Cómo está Harry?- Remus abrió la puerta y ambos entraron.
Sin discutirlo, ambos se acercaron a la chimenea y convocaron la mesa, para poder sentarse a comer cerca del calor y de la luz del fuego. Se sentaron juntos; Remus escuchó la descripción que hizo Severus, del estado de la magia de Harry, y cuando Severus terminó, preguntó por Draco -nadie le había informado nada sobre él-.
Remus suspiró y apoyó el tenedor. -Severus, su columna fue quebrada a la mitad, tiene dañada la médula. Está paralítico, de las costillas hacia abajo.
Severus se puso pálido y se apoyó contra el respaldo de la silla. Sus ojos, muy abiertos, eran túneles oscuros que veían pasar horrores. Remus voló de su silla y se arrodilló junto a su amor, abrazándolo, mientras él se quedaba allí, sentado. Remus le acarició el cabello y le besó la sien, una y otra vez. Le tomó varios minutos a Severus, salir del estado de shock.
-No-. Susurró. -No puede ser verdad.
-Lo siento-. Remus lloró, suavemente. -Pero Poppy tiene confianza en que podrá curarlo. Ahora mismo, le está dedicando todo su tiempo, sólo a él. Hasta permitió que los sanadores del Ministerio atendieran a los otros pacientes. Se va a curar.
-Lisiado. Ay, no, no Draco. No Draco-. Severus hundió la cara entre las manos y se sacudió.
Remus lo abrazó con fuerza, llorando despacio sobre su hombro, todo el tiempo.
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La mañana de Navidad, el miércoles 25 de diciembre de 1.996, cuatro días después de que Harry Potter venciera al Señor de las Tinieblas, Poppy despertó de sus escasas seis horas de sueño, y se preparó para seguir trabajando en Draco. Ya había comenzado a tratarle la médula, veinticuatro horas antes, y le quedaba mucho por hacer. Salió de su oficina y a medio camino, en la Enfermería, las puertas se abrieron y un Greg jubiloso llegó corriendo a su encuentro.
-¡Despertaron! ¡Pansy, Terry, y Ron despertaron y están hablando!¡Parece que están bien! ¡Van a estar bien!
Poppy lo empujó hacia la puerta y prácticamente corrió por el pasillo hacia las habitaciones privadas que se le dieron a los pacientes más graves. Y así fue, entró a la habitación y vio que Ron estaba sentado, hablando lentamente, titubeante, al medimago que lo atendía. Dio un salto al verlos acercarse, pero luego le sonrió a Poppy.
Con los otros pasó igual, se sobresaltaban ante cualquier movimiento o sonido repentino, pero estaban coherentes; el hablar lento y la falta de concentración mejorarían con el tiempo. Se curarían. Poppy sintió tal alegría ante las noticias, que besó a Greg. El chico se puso colorado, pero rió, con ella. ¡Era maravilloso!
La próxima en despertar fue Pansy, alrededor de la una de la tarde. Muda, pero sus ojos mostraban inteligencia, y movía la cabeza para decir 'sí' o 'no', y comunicarse. También se sobresaltaba, pero no había perdido la cordura. Cinco horas más tarde, Zacharias despertó en la misma condición que Pansy, y a medianoche, despertó Hermione. Tuvo varios ataques de pánico, pero mientras una persona estuviera con ella en la habitación y las luces permanecieran prendidas, era capaz de hablar -aunque arrastrara las palabras-.
¡Todos se recuperarían! Los miembros que volvieron a crecerles siempre dolerían -si los ejercitaban mucho, o por el frío-, pero sanarían. Fue el mejor regalo de Navidad, para todos los que vivían en el castillo.
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Dos días más tarde, Remus despertó en su cama y besó apasionadamente a su pareja, para despertarlo. Severus abrió los ojos y le lanzó una mirada enojada. Remus rió y bajó de la cama. Severus oyó cómo sus huesos crujían y dio un respingo. -¿Esta noche es luna llena?
-Sí. Debo irme. Te veré en algún momento de la tarde.
Remus se vistió con cuidado, tratando de no agravar el dolor en sus articulaciones. Hubo un golpe en la puerta. Severus gruñó, se vistió y murmuró un encantamiento para planchar su ropa. Remus rió, detrás, pero fue ignorado. El Profesor de Pociones abrió la puerta. -¿Sí?
-Buen día, señor-. Luna Lovegood le sonrió brillantemente. -Sólo quiero que sepan que, finalmente, Anthony y Parvati despertaron de sus comas. Los dos están cuerdos, aunque creemos que Parvati sufrió una pérdida de memoria permanente y cree que tiene diez años. No sabemos si permanecerá en ese estado mental, o podrá madurar con el tiempo. Anthony recuerda todo y sus funciones se han preservado, pero cuando se exige mucho o se emociona, se queda mudo y a veces, tiene convulsiones. Pero, considerando sus lesiones, se han recuperado maravillosamente bien. Sin embargo, ambos seguirán necesitando cuidado contínuo. Parvati tiene a su hermana sanadora, así que no tendrá problema, y los padres de Anthony están aquí.
-Gracias, Luna-. Gruñó Severus. ¿Acaso esta chica no se callaba nunca?
-Sí, gracias-. Dijo Remus, honestamente. -Estamos muy felices porque han despertado. Sé que Poppy temía que sus comas fuesen permanentes.
-Sí. Todos estamos felices. Ahora sólo falta que despierten Harry y Draco, y volveremos a estar todos juntos-. Hizo una reverencia y se fue por el pasillo, cantando y dando saltitos.
-Si esa chica no fuera una sanadora tan buena...
-Pero lo es-. Remus le besó la mejilla. -Come, antes de volver con Harry. Y no pelees con Poppy cuando te diga que necesitas descansar.
Severus lo miró con enojo y Remus salió, dejando risas a su paso.
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Cuando Remus entró, trastabillando, a la Enfermería, el domingo por la tarde, Severus estaba allí. Greg y Susan se apresuraron a atenderlo, y a acostarlo. El hombre lobo les aseguró que estaría bien, que sólo necesitaba descansar, pero ellos no le hicieron caso. Severus sonrió con malicia en el trasfondo, comiéndose su almuerzo tardío, y disfrutando muchísimo porque su pareja soportaba los mimos a los que el jodido lobo lo sometía constantemente. Remus le gruñó, en broma.
-Bien. Me alegro de que estén aquí los dos-. Poppy se acercó, luciendo muy cansada y consumida. Se pasaba cada momento de lucidez, trabajando en Draco. Severus hacía lo mismo con Harry, pero su tarea no era ni de cerca, tan difícil como la de ella, y él lo sobrellevaba mejor. -He mantenido a Draco en un sueño reparador, desde que comenzamos, pero esta inconsciencia forzada no es sana para él, por tanto tiempo. Estoy planeando despertarlo mañana por la mañana, y mantenerlo despierto por veinticuatro horas. Va a estar dolorido e inmovilizado, así que no estará nada contento. Me gustaría que ustedes estuviesen allí, y si lo maneja bien, hasta podríamos dejar que lo visiten sus amigos.
-Sería maravilloso-. Remus le sonrió.
-Bien-. Repitió Poppy, y se quedó allí, parada, parpadeando.
-Tal vez deberías descansar-. Murmuró Severus. -No vas a hacerle ningún bien a Draco si te equivocas a causa de la fatiga.
-¡Difícilmente me equivoque!- Bufó Poppy.
-Vamos, Madam Pomfrey-. Dijo Susan, con dulzura, tomándole el brazo a la medimaga. -Ya tengo su cama lista. La despertaré en unas horas. El Profesor Snape solo ya es imposible, usted no necesita dar un mal ejemplo.
Poppy suspiró. -Sí, sí, tienes razón.
Los hombres observaron cómo la alumna de sexto año cuidaba de la bruja de casi cuarenta y cuatro. Severus sonrió sombríamente, y Remus rió. Greg sonrió con ellos y colocó un encantamiento calentador en las sábanas ajustadas alrededor de Remus. -¿Hay alguna manera de que lo convenza de ir a la cama, Profesor Snape?
-No-. Severus miró enojado a su estudiante.
-Vamos, Severus. Puedo asegurar que no dormiste desde que yo me fuí-. Aunque sus palabras eran livianas, los ojos de Remus se mostraban firmes. -Duerme una siesta. Cuando despiertes, Harry seguirá allí. Y querrás estar descansado cuando hables con Draco, mañana. No querrás preocuparlo luciendo tan terrible, ¿verdad?
-Lobo retorcido-. Severus hizo una mueca burlona, pero se levantó y se dirigió a la cama, junto a la de Remus.
Greg sonrió y bajó las luces del cuarto. Debería haber entibiado las sábanas de la cama del Profesor, pero no se atrevió. Quería vivir un día más, después de todo.
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Draco despertó, lentamente. Al principio, creyó que seguía siendo prisionero de Voldemort; tenía la espalda gravemente lastimada, el dolor bajaba por sus caderas y sus piernas, en rítmicos latidos; pero escuchó que Severus lo llamaba y supo que ya no lo era. No podía moverse, su cuerpo estaba completamente inmóvil, ni siquiera podía girar la cabeza. Por lo menos sabía que tenía el control de sus expresiones faciales, porque tenía el ceño fruncido. Abrió los ojos, y sí, estaba en la Enfermería. Pomfrey, Severus y Remus estaban parados muy cerca, podía verlos sin mover la cabeza.
-¿Por qué no puedo moverme?- Dijo, con voz ronca, frunciendo aún más el ceño, al oírse tan débil. ¿Qué pasaba con su voz?
-Sufriste una herida muy severa en la columna, Draco. Si te mueves sólo harás que empeore. Has sido mantenido en un sueño sanador durante una semana, mientras Poppy te curaba-. Respondió Severus. -¿Te duele?
-Sí-. Siseó Draco.
-Aquí tiene, señor Malfoy. Tómelo todo-. Poppy colocó un frasco junto a sus labios y él bebió, obedientemente. Segundos después, el dolor pasó, de ser picos ardientes a un dolor sordo.
-Mejor-. Admitió. -¿Agua?
Remus apoyó un vaso de bendecida agua fría sobre sus labios. –Cierra los ojos cuando hayas tenido suficiente.
Draco recordó la batalla. Las imágenes volvieron a él, terroríficas. Durante la lucha, había estado demasiado concentrado como para que le afectaran, pero ahora…le daban náuseas. Sabía que si no estuviera inmóvil por el hechizo, estaría temblando. Unas gruesas gotas de sudor le mojaron la frente. El vaso desapareció. ¿Había cerrado los ojos? Sí. Bien, no quería ahogarse. Alguien le susurraba cosas al oído. Lo tranquilizaba, y no halló la fortaleza como para disgustarse consigo mismo cuando se quebró y lloró. ¡Merlin, la batalla había sido horrible!
Cuando se calmó, vio que Poppy no estaba, sólo permanecieron Remus y Severus. Se acercaron a él, tanto que podía sentir el calor de sus cuerpos, y lo agradeció. De repente, la habitación le pareció demasiado grande y se sintió protegido y a salvo con esos cuerpos tibios tan cercanos. Pero, él era un Lord, y no podía replegarse por mucho tiempo, a sí que cerró los ojos y pidió que le informaran.
-¿Dónde está Harry? ¿Qué pasó?
-Harry está a tu lado- DijoRemus, tranquilizándolo y quitándole el cabello de la cara. -Destruyó al Señor Oscuro con un poderoso ataque y la reacción dejó inconsciente a todo el colegio durante horas, pero también enredó terríblemente su sistema mágico. Severus está trabajando para arreglarlo y hacerlo fluir, otra vez. Por ahora, está en coma. Su cuerpo está en un estado de profundo shock mágico como para despertar.
-¿Cuándo mejorará?
-Tal vez en algunas semanas-. Murmuró Severus. -A veces, el trabajo de sanar su sistema va bien, otras, es difícil. Es difícil predecir cuándo terminaré.
-¿Y yo?
-Tu caso es muy severo-. Severus tomó la mano de Draco -no se movió, pero sabía que su hijo podía sentirlo-. -Curar tu lesión tomará tres o cuatro meses, pero Poppy planea liberarte de la inmovilización en tres semanas.
Draco sintió que su corazón caía, dándose cuenta de lo que eso significaba. -Me quebré la columna.
-Sí-. Dijo Remus, entre lágrimas. -Pero estás mejorando. Draco, vas a curarte.
-¿A qué altura?- El rubio lo ignoró. Era realista, y sabía que las lesiones de columna eran casi imposibles de sanar.
-Justo bajo las costilla-. Dijo Severus, suavemente.
-¿Dónde está mi madre? ¿Le han informado?
-Draco…-. Severus no pudo continuar.
-Draco, Narcissa murió-. Remus apretó los labios contra la mejilla del chico. -Lo siento. Cubría la retirada de los Aurores y del ED, hacia el este, un grupo de Mortífagos atacó y ella los enfrentó...mató a cuatro de los siete, antes de caer.
-¿Quién?- Dijo Draco, con voz ronca. -¿Quien la asesinó?
-Quintus Lestrange-. Respondió Severus. -Fue capturado y será ejecutado el 6 de enero.
-¿Qué día es hoy?
- 30 de diciembre. El próximo semestre del Colegio ha sido cancelado, para celebrar y para recuperarnos de la guerra...El Ministro también murió en la batalla, Albus ha tomado su lugar. Está ocupado con la restauración del Ministerio y calmando a la opinión pública. No va a poder seguir como Director; Minerva ha sido elegida como nueva Directora y va a tener que encontrar nuevos profesores para Encantamientos y Astronomía, porque el Profesor Flitwick y la Profesora Sinistra, murieron. Los estudiantes y los padres que se han recuperado lo suficiente, van a regresar a sus casas, el 1 de enero, y los que no, serán trasladados a San Mungo. Hogwarts estará cerrado hasta agosto del año próximo.
-¡No me llevarán a San Mungo!- Gruñó, con lágrimas aún cayendo de sus ojos. ¡Ay, su madre, su preciosa y valiente madre! No siempre se habían llevado bien, pero ella lo amaba; y ahora, cuando habían estado cerca de comprenderse. ¡Le habían arrebatabo esa posibilidad! ¡Estaba furioso! Lo sentía mucho, y sólo quería volver a dormirse.
-No-. Severus apoyó la mano, suavemente, sobre su cabeza. -Quiero llevarte a casa. Poppy dijo que vendrá a quedarse con nosotros, para continuar con el tratamiento y para supervisar tu terapia física. Por supuesto, Harry también vendrá, y Remus, y yo.
-A casa-. A Draco se le cerró la garganta. -Sí. Quiero volver a la Mansión Malfoy. Hay lugar de sobra para todos, y yo tengo que volver a tomar el control de la familia.
-Sí-. Coincidió Severus.
-¿Cuántos Malfoy vinieron a pelear a Hogwarts?
-Dos-. Respondió Remus. -Donovan Malfoy luchó junto a los Aurores, y Jewel Malfoy ayudó a los sanadores.
-Los dos son primos en tercer grado-. Draco suspiró. -Voy a tener que investigar qué estaba haciendo el resto de la familia, mientras sucedía todo esto.
-Probablemente, protegiendo sus negocios-. Ofreció Severus. -Sólo la rama a cargo de la familia es combativa, la mayoría de los Malfoy son hombres de negocios.
-Es verdad-. Los ojos de Draco se oscurecieron. -Sólo espero no descubrir que alguno de ellos financiaba secretamente al Señor Oscuro.
-Si fue así, ya lidiarás con eso. Por ahora, debes descansar. La próxima vez que te despiertes, estarás en la Mansión Malfoy, y te ocuparás-. Severus se enderezó. -¿Quieres ver a tus amigos? Ellos estás deseosos de verte, antes de regresar a sus hogares.
-Sí, después de comer-. Draco dio largas, no quería que lo vieran cuando su mente aún se retorcía de dolor y de ira, y, definitivamente, no quería que lo vieran siendo alimentado como un bebé.
Afortunadamente, Severus asintió y lo dejó solo con Remus. Draco se alegró. Amaba a su padre, pero no se sentiría cómodo si fuera él quien lo alimentara. Por otro lado, Remus era gentil, y Draco sabía que nunca pensaría menos de él por mostrar debilidad. Tomó casi dos horas, comer todo lo que Poppy quería que comiera, y que Remus lo limpiara. Ahora, estaba listo... Aún no podía creer que su madre estuviera muerta.
-¡Draco!- Vince entró, apresurado, y con Greg pisándole los talones.
El rubio les sonrió. -¿Cómo están ustedes dos?
-Bien-. Vince se paró cerca, para que Draco no tuviera que forzar la vista para verlo. -Me alegra que todo haya terminado. ¿Sabes que la marca tenebrosa desapareció completamente esta vez? El Señor Oscuro se ha ido, de verdad.
Draco cerró los ojos con fuerza y sonrió. -Eso es realmente gandioso, Vince. Ya no tendremos que preocuparnos más por él.
-¿Cómo te sientes?- Preguntó Greg, con suavidad. -¿Tienes dolor?
-No-. Draco abrió los ojos y sonrió de lado. -Me dijeron que voy a estar bien, y saben que lucharé hasta que tengan razón.
-Lo sabemos-. Vince sonrió ampliamente. -Pansy también se pondrá mejor.
-Pansy-. Draco abrió mucho los ojos. -¿Cómo está ella?
-Perdió el pie y hubo que hacérselo crecer nuevamente...todavía se sobresalta, pero está mejor. Creen que estará totalmente recuperada en un par de meses. Su madre le compró un bello bastón con mango de plata, para que use cuando le duele el pie.
-Eso es genial.
-Daphne murió-. Dijo Greg, suavemente. -y Terrence sufrió un ataque cardíaco, pero se está reponiendo.
Se quedaron callados por unos momentos. Draco no podía creer el precio que todos debieron pagar para destruir a ese monstruo enfermo, era demasiado. -¿Cómo está Harry?- Preguntó Vince.
-Estará bien-. Respondió Draco, sinceramente, y pensó que, tal vez, todos se sobrepondrían a todo esto.
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Draco pasó el resto del día con sus amigos y su familia. Tuvo tres comidas, y le dio instrucciones a Severus, para su mudanza a la Mansión. Una vez pasadas las veintricuatro horas, Poppy lo encantó nuevamente, y lo puso a dormir. El Año Nuevo llegó y Hogwarts se vació, lentamente. Severus y Remus aseguraron a los chicos y tomaron un carruaje mágico hacia la Mansión Malfoy, ninguno de los adolescentes estaba en condiciones de viajar de otra manera.
Augustus Malfoy, el primo favorito de Lucius, y primo segundo de Draco, les dio la bienvenida, con su esposa; su hija Elizabeth, de cuatro años; y su hijo Kenneth, de doce, alumno de Beauxbatons -ahora cerrada, como los tres colegios europeos, para celebrar la caída de Voldemort-.
Con el pasar de los días, Severus supo que Margaret Malfoy, de soltera Glory, venía de una familia francesa de sangre pura, y era una mujer muy dulce y hospitalaria. Aunque lo intentara, no podía ser más diferente a Narcissa; era una anfitriona perfectamente mansa y una madre amorosa. Augustus manejaba los negocios en el nombre de Draco, hasta que estuviera de pie -por así decir-. Era un hombre frío, pero honestamente, no codiciaba el título de Lord y cabeza de la familia. Era demasiado leal para eso, pero tampoco iba a mimar a Draco.
Cuando Draco despertó, después de otra semana de tratamiento, el hombre expresaba su desdén, si alguna vez Draco mostraba debilidad, y su inteligencia aguda, se burlaba de Draco si alguna de sus decisiones era tibia. Liza, como llamaban a la pequeña, por alguna razón, adoraba a Harry, y cada vez que le permitían ver a su primo Draco cuando estaba despierto, le preguntaba por el príncipe dormido en la habitación de al lado. Draco sonreía y le contaba historias fantásticas sobre Harry. Por otro lado, Kenneth estaba más interesado en Draco. Atosigaba al rubio con preguntas sobre la batalla y sobre quidditch, pero se quedaba mudo alrededor de Severus y de Remus. Margaret les aseguraba que sólo era vergonzoso con las personas ajenas a la familia y que entraría en confianza, eventualmente.
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Draco durmió una semana más, pero el día anterior, tuvo que ser depertado y hasta liberado de la inmovilización. Severus terminó de trabajar con la magia de Harry, y de reparar los canales mágicos en su cuerpo. Salió del trance y abrió los ojos, entusiasmado. Se levantó, quitó el cabello de la cara de Harry, mientras lo llamaba para que se despierte. Los ojos verde esmeralda se abrieron lentamente y su rostro pasó por tantas expresiones que Severus no pudo adivinar qué sentía o qué pensaba.
-Papá...- Dijo Harry, con voz ronca. Los ojos se le llenaron de lágrimas y la cara se le contorsionó dolorosamente.
Severus lo abrazó, mientras lloraba y temblaba, lo meció tiernamente y ni levantó la vista cuando se abrió la puerta. No podía poner su atención en otra parte. Unos brazos cálidos lo envolvieron y supo que era Remus. Sintiéndose cobijado, Severus permitió que las lágrimas brotaran y escondió la cara en el suave cabello negro de su hijo. Los sollozos quebrados de Harry eran demasiado para soportar.
-Draco…- Gritó Harry. -¡Draco!
-Está en la habitación de al lado, Harry-. Dijo Remus, dulcemente, pero Harry comenzó a luchar y a entrar en pánico.
Severus lo levantó en brazos y lo cargó hacia el cuarto de al lado. Poppy estaba sentada junto a la cama del rubio, en trance sanador, con los dedos y su varita moviéndose y danzando sobre su cuerpo. Sin embargo, cuando Harry comenzó a llorar con fuerza ante el rubio inconsciente, ella giró.
-¡Está vivo, Harry!- Prometió Severus. -¡Sólo está dormido para que Poppy pueda curarlo!
Los gritos de Harry se suavizaron y hasta dejó de llorar. Con la cara empapada y los ojos oscurecidos se estiró hacia su amor. Severus miró a Poppy y ella suspiró. -Adelante, acuéstalo al lado de Draco, ya está bien como para que le quite la inmovilización-. Severus acostó a su hijo junto a Draco y Poppy murmuró el hechizo que lo liberó de la sujeción y canceló en encantamiento del sueño sanador.
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Draco abrió los ojos e inmediatamente se dio cuenta de que podía mover los brazos y la cabeza; luego notó la calidez y el peso contra su cuerpo y giró la cabeza. Sus ojos hallaron los de Harry, oscuros y húmedos, y su corazón saltó hasta su garganta de la alegría. Casi dos meses hacía que había visto por última vez a su pequeño amor, demasiado tiempo. ¡Merlin, cómo había extrañado a su Harry!
-¿Bebé?- Sus manos subieron y enmarcaron la cara preciosa y la boca de Harry se curvó en una sonrisa suave.
-Ray… No me dejes, todo es demasiado oscuro sin ti.
Draco tiró de él, y lo besó con firmeza. Harry se tensó, pero enseguida se derritió en el beso y envolvió sus brazos en el cuello de Draco. Se besaron hasta que sus pulmones ardieron y Harry fue inundado desde lo más profundo, por olas trás olas de una alegría fiera, y amor, y alivio, todo fluía a través de su vínculo con Draco. Sabía que mientras Draco estuviera allí, todo estaría bien, la oscuridad no podía lastimarlo mientras Draco brillara con semejante luz.
Draco interrumpió el beso y Harry apoyó la cabeza en el hombro del rubio, temblando. La mirada de Draco se encontró con las su padre y la medimaga. -Gracias-. Dijo. Él sabía que ellos entenderían el por qué de su gratitud, y apretó sus brazos alrededor de su amor. Poppy sonrió, llorosa y asintió. Remus la abrazó, sonriendo de oreja a oreja. Severus sólo sonrió, con la cara y los hombros relajados, por primera vez en semanas. Sí. Lo superarían. Todos iban a estar bien.
xxxxxxxxxxxxxxxDulzura Letal, 25 de marzo de 2012 xxxxxxxxxxxxxxxx
