Capítulo 7. Crema de menta
Cuando Draco llegó al salón comedor con Eltanin en brazos, se sorprendió mucho de ver a Hermione Granger ahí hasta que recordó que ésta se había "autoinvitado" a cenar con los Malfoy. Lo había olvidado completamente. No pudo evitar ponerse nervioso: le parecía que estar frente a esa bruja sería la prueba más dura de todas las que había tenido que enfrentar.
Entró al recinto y caminó lentamente hacia la silla alta del bebé. Granger estaba charlando en voz baja con Potter, ambos de pie detrás de las sillas; no parecieron darse cuenta de que Draco había arribado. Ninguno de los dos sonreía y a Draco eso le dio muy mala espina. Justo abría la boca para saludar (suponía que tenía que hacerlo si es que Granger y él eran tan amigos en esa vida como parecía), cuando se vio interrumpido por la llegada de sus progenitores, quienes entraron al salón por otra puerta.
—¡Hermione, cariño! —exclamó Narcisa, quien se abalanzó de inmediato hacia la bruja hija de muggles para abrazarla y besarla en las mejillas—. ¡Nadie me dijo que vendrías a cenar! ¿Draco?
Todos se giraron hacia Draco, quien estaba haciendo el esfuerzo de acomodar a Eltanin en su silla. Evitó verlos a los ojos mientras comenzaba a mascullar una disculpa.
—Fue mi culpa, Narcisa, no la de Draco —dijo Granger entonces, interrumpiéndolo y salvándolo—. Yo le avisé con muy poco tiempo de anticipación. Mis padres estaban ansiosos por transmitirles sus deseos navideños y por mandarles esto. Ellos esperan que sean de su agrado —finalizó, entregándoles a los padres de Draco sendas cajas envueltas en regalo.
Lucius se acercó hasta ella, le obsequió una mirada llena de calidez y le tendió una mano.
—Madam Granger-Weasley, como siempre, me produce un gran gusto verla —le dijo con gran formalidad y respeto. Granger le tomó la mano y ambos se saludaron efusivamente.
Draco no podía con su asombro, ni siquiera sabía qué decir. Terminó de poner al bebé en su silla alta y entonces todos tomaron asiento. Narcisa dio una palmada y los elfos se aparecieron para servir la cena. Granger miró a los sirvientes con gesto resignado, suspiró y aceptó los alimentos y bebidas que le ofrecían como si le produjera un gran dolor; Potter, mientras tanto, estaba muy entretenido y divertido observándola con atención.
Draco perdió unos segundos admirando la sonrisa que tenía Potter en la cara, preguntándose si algún día él mismo podría ser el autor y la causa de una sonrisa así. Suspiró y comenzó a cenar con cierta desgana, preguntándose por millonésima ocasión cómo demonios podía hacer para ganarse el perdón de semejante hombre tan obstinado. Intentó distraerse escuchando la conversación de los otros cuatro comensales, pero sus ojos, necios no dejaban de observar a Potter mientras éste alimentaba a un entusiasmado Eltanin. Se preguntó si siempre era Potter el encargado del bebé a la hora en que todos se sentaban a la mesa a comer.
—¿Y cómo van las cosas en el trabajo? —preguntó Narcisa en un momento dado—. ¿Conseguiste reunir los fondos que eran necesarios para la fiesta navideña de los huérfanos de Nottingham?
Granger pareció resplandecer ante ese cuestionamiento. Como si le hubiesen dado cuerda, comenzó a hablar hasta por los codos.
—¡Oh, Narcisa, qué amable eres al preguntar! Afortunadamente sí conseguimos reunir cada galeón que era necesario, y eso fue mucho gracias a la donación que hicieron ustedes, los Malfoy. De nuevo, les reitero mi agradecimiento. ¡La fiesta estuvo realmente linda! Creo que salieron algunas fotos en la sección de sociales de El Profeta, voy a buscarlas y te las envío... Ahora, claro, tenemos otro tipo de problemas con la zona. El Ministerio los ha tenido abandonados por años, pero ahora que mi departamento ha conseguido finalizar un estudio donde comprobamos que esa ciudad de Inglaterra fue la que presentó mayor incidencia de seguidores de Voldemort durante la Segunda Guerra... Oh, lo siento... —Granger se interrumpió porque tanto Narcisa como Lucius habían dado un respingo en su asiento ante la mención del nombre del Señor Tenebroso.
—¿Qué es lo que están queriendo decir con eso, Hermione? —preguntó Potter con el ceño fruncido, aprovechando la pausa hecha por la bruja—. A mí me parece un gran prejuicio el que le están echando encima a esa población. ¿Etiquetándolos como productores de mortífagos? Es igual como cuando éramos niños y nos dijeron que Slytherin era la casa de Hogwarts que producía más magos oscuros.
Granger pareció acalorarse ante el rebatimiento de Potter y comenzó a hablar todavía con mayor rapidez:
—Bueno, Harry, es que justamente esa es la misión del Departamento de Investigación: determinar en qué casos pudiera haber brotes de magos oscuros y presentar estrategias para combatirlos, ¿lo olvidas? Siento mucho si esta conversación les produce incomodidad —agregó con voz más acomedida, mirando sobre todo al padre de Draco—. Puedo cambiar de tema, si ustedes gustan.
Lucius miró a Granger con gesto duro durante unos segundos, pero al final le obsequió una media sonrisa.
—En absoluto, madam. En realidad, es un tema interesante. Por favor, prosiga. ¿Cuáles han sido los resultados de sus investigaciones?
—Bueno, pues no es nada complicado. Simple y llanamente, es la demostración de la correlación entre pobreza y delincuencia, un fenómeno que causa polémica porque se cree que aumenta el prejuicio hacia los pobres, pero que creo que es importante tomar por los cuernos de una vez por todas. Durante generaciones, el Ministerio no ha querido hacerse cargo de las bajas condiciones de vida que prevalecen en la comunidad mágica de Nottingham y las consecuencias están ahí a la vista de todos. Muchos de los niños que viven ahí ahora mismo son huérfanos, hijos de mortífagos fallecidos en la guerra, o que tienen a sus padres en prisión por ese mismo motivo.
El tema de conversación parecía molestarle mucho a Potter. Draco lo miró apretar la mandíbula y no decir nada. Lucius y Narcisa, por otra parte, escuchaban con educado interés.
—¿Y cuáles podrían ser las estrategias para el cambio? —preguntó Lucius.
Granger se encogió de hombros.
—Bueno, el Ministerio alega que no tiene recursos ahora mismo y, como no es un tema urgente, se ha dejado de lado. Pero mi departamento sugiere, en cuanto sea posible, aplicar las típicas estrategias. Ya se sabe: mejoras en el sistema educativo, pensiones para las viudas, ayuda social, etcétera. Lamentablemente, Nottingham y su problemática es la última preocupación del Ministerio. Ahora mismo existen otras cosas más urgentes que atender, como la huelga de sanadores en los hospitales regionales, las consecuencias de la sequía en la región sur, etcétera —finalizó con desgana y soltó un largo suspiro.
—Oh cariño, lamento que esto te ponga triste —dijo Narcisa entonces al tiempo que los elfos comenzaban a servir el postre y Granger no dejaba de darles las gracias, provocando que los sirvientes la miraran con desconfianza—. Si hay algo que podamos hacer para ayudarte...
—Oh no, Narcisa, ustedes ya me han ayudado tanto. Cada idea loca que se me ocurre, siempre son ustedes los primeros en colaborar y donar montones de oro. De cualquier forma, si encuentro otras maneras de ayudar se las haré saber con gusto, ¿de acuerdo? Bueno, para animarnos un poco y cambiar de tema —agregó, sonriendo mucho—, déjenme contarles los chismes de la fiesta navideña del Departamento de Aurores, ¿a qué no imaginan a quién hechizó Ginny Weasley porque trató de propasarse con ella?
Y con eso, Granger dio rienda suelta a una serie de divertidas anécdotas acerca de lo sucedido en dicho evento y que provocaron que Potter sonriera de nuevo. De ese modo, Draco también pudo enterarse de varias cosas, como que Granger trabajaba justo en el Departamento de Investigación (oficina auxiliar al Departamento de Aurores), que Ginny Weasley era una auror y que, aparentemente, los padres de Granger y los padres de Draco se conocían en persona por las pocas menciones que pudo atrapar en uno o dos instantes de la conversación.
Al finalizar con el postre, todos se pusieron de pie. Granger le dio la mano a Lucius y un abrazo a Narcisa y se despidió cálidamente de ellos. Entonces, se giró hacia Draco y le dijo lo que éste estaba temiendo escuchar desde que la cena había comenzado:
—Draco, antes de retirarme, me gustaría pasar al salón bar a tomar un digestivo y charlar un rato contigo. ¿Será posible?
Todos los demás comensales se les quedaron viendo y Draco no tuvo más remedio que fingir una sonrisa y aceptar con un asentimiento de cabeza que trató de ser cortés.
—Me encantaría —le dijo, y entonces, miró hacia Potter, quien llevaba a un agotado Eltanin en brazos—. Harry, ¿te gustaría acompañarnos?
Potter pareció desconcertarse mucho ante esa invitación. Miró a Draco con la boca abierta, dubitativo.
—Oh no, Draco —dijo entonces Granger, caminando hacia Draco y tomándolo de un brazo. Lo alejó de Harry para salir del salón comedor rumbo a la galería—. Harry va a acostar a Eltanin y, además, quiero estar un rato a solas contigo. Vamos, anda. ¡Buenas noches, Harry! ¡Hablamos mañana! —exclamó, girándose un poco hacia atrás y despidiéndose de Potter con una mano.
Draco miró por encima de su hombro y vio a Potter despedirse de Granger con gesto confundido. Draco lo observó intensamente a la cara para obligarlo a que se diera cuenta y le prestara atención.
Resultó.
Potter lo miró a él a los ojos y Draco, casi sin proponérselo, le obsequió una leve sonrisita que, intentó, resultara encantadora. Agitó una mano a manera de despedida.
—Buenas noches, Harry —murmuró con voz suave.
Potter pareció quedarse sin saber qué hacer durante unos segundos. Entonces, milagrosa e inesperadamente, le devolvió a Draco una sonrisa apenas perceptible mientras estrechaba a Eltanin muy fuerte entre sus brazos.
Draco sintió que el corazón le daba un vuelco de la emoción y eso fue lo último que vio de Potter antes de que Granger terminara de sacarlo del comedor.
El salón bar era una pequeña pero bonita habitación que quedaba justo junto a la biblioteca. Granger dirigió ahí a Draco con toda presteza, moviéndose por la mansión como si la conociera bastante bien y hubiese estado ahí en incontables ocasiones. Iba bastante callada y eso puso a Draco en extrema alerta. Después de haber sido testigo de lo parlanchina que podía ser esa bruja, Draco creyó que no era buena señal que estuviese tan silenciosa.
—Um, y... ¿Y Ron? ¿Cómo está? —preguntó Draco entonces, sintiendo que algo se le retorcía en las entrañas por tener que usar el nombre de pila de Weasley con aquella fingida naturalidad.
Granger lo miró de reojo y le dedicó una sonrisa de lado.
—Está muy bien, gracias. Hoy le tocaba cerrar la tienda y por eso no ha podido acompañarme a cenar con ustedes.
—La tienda, claro —confirmó Draco, recordando repentinamente que, en su otra vida, Weasley estaba asociado con el hermano gemelo sobreviviente en una tienda de bromas. Supuso que ahí era igual—. La tienda del Callejón Diagon. Una tienda genial, si me lo preguntas.
Granger lo miró con los ojos entrecerrados pero no hizo ningún comentario. Llegaron al salón bar y entraron. Draco usó su varita para encender la chimenea y las lámparas de gas. Acto seguido, se dirigió a la barra del bar.
—¿Qué te sirvo, Gr... eh, Hermione? —le preguntó mientras echaba un vistazo al amplio contenido de la cantina.
Granger se acercó con paso felino, como asechando, hasta quedar enfrente de él con la barra de madera oscura y granito negro interponiéndose entre ellos.
—Lo de siempre, por favor... Draco.
Draco pasó saliva y sonrió, sabiéndose derrotado. Lo estaba haciendo a propósito, la muy maldita. Y con eso, con esa simpleza, ella iba a descubrirlo. Draco se mordió los labios, todavía incapaz de rendirse, y trató de adivinar qué sería lo que siempre tomaba. Un digestivo, había dicho ella. Quizá...
—¿Crema de menta, cierto? —preguntó en un hilo de voz, atreviéndose a elevar los ojos de las botellas para encarar a Granger. Ésta lo estaba viendo con furia mal disimulada. De pronto, antes de que Draco se diera cuenta de qué era lo que pasaba, tuvo la varita de Granger apuntándole a la cara.
—Tú no eres Draco. Al menos, no nuestro Draco —dijo con voz calmada pero peligrosa—. ¡Mentiroso actor de cuarta! A mí no me engañaste nunca. Y ahora, quien quiera que seas, vas a decirme toda la verdad o yo misma voy a dejarte petrificado por toda la eternidad. ¡Ni creas que voy a permitir que pases un solo segundo más al lado de mi mejor amigo y de su bebé sin saber quién demonios eres en realidad! ¡Sube las manos a donde yo pueda verlas, ahora!
Draco la miró a los ojos con furia y apretó las manos en puños, sopesando sus alternativas. Podía jugársela y tratar de sacar su propia varita, pero, ¿qué ganaría con eso? Si se peleaba a hechizos con Granger, seguramente nadie en su casa estaría muy contento con él, muchísimo menos Potter. Además, Granger parecía tener un puesto importante en el Ministerio: atacarla, aun alegando que fue en defensa propia, sin duda alguna le acarrearía montones de problemas legales si no es que incluso lo mandaba hasta la cárcel. Por otra parte, estaba bastante seguro que pelear con ella era todo lo contrario a lo que Snape le había indicado que hiciera con su puto "déjate llevar" de los mil cojones.
Decidió optar por la diplomacia en vez de por la fuerza bruta.
Lentamente, Draco levantó las manos hasta la altura de su cabeza.
—Hermione —le susurró—, créeme. Estás cometiendo un grave error. Yo soy Draco Malfoy, te lo puedo jurar con una mano sobre el corazón.
Granger soltó una risotada medio histérica.
—No, gracias. Estoy segura de que no lo eres. Creo que soy muy capaz de reconocer al esposo de mi mejor amigo, quien también es gran amigo mío y, por lo mismo, me doy cuenta cuando alguien lo está suplantando. Tú no eres él.
—Pero sí soy Draco Malfoy. Eso lo sabes con certeza, ¿no, Granger? —masculló Draco con enojo, retándola—. Todas las pruebas médicas y mágicas que me hicieron en el hospital lo demuestran. ¿Qué tienes qué decir ante eso?
Granger se quedó callada y sólo apretó los labios. Sin dejar de apuntarle a Draco, negó con la cabeza.
—No lo sé. No me lo explico. Hoy me tomé entero el día libre para ir a la biblioteca de Hogwarts a investigar y no encontré nada, absolutamente nada, acerca de mundos o realidades alternas, o de magos que pudieran viajar entre dimensiones, o de intercambiarse con otros como ellos. ¡No hay nada de información! —exclamó con un dejo de desesperación—. Así que he venido ante ti para que tú mismo me digas quién eres y qué es lo que buscas aquí. Pero, más que nada, lo que necesito saber es en dónde está el verdadero Draco Malfoy —finalizó con un murmullo amenazante.
Draco pasó saliva y meditó muy bien lo que iba a decir a continuación. Viéndose así de acorralado por esa bruja y sabiendo que jamás la convencería con mentiras, optó por decirle toda la verdad.
—Bien. De acuerdo. Tienes razón, no soy tu Draco Malfoy. Pero sí soy Draco Malfoy. ¡De otro mundo, realidad, dimensión, no sé qué mierdas, pero lo soy! El maldito fantasma de Severus Snape se me apareció durante la Nochebuena para decirme que me había ganado un regalo y luego, al otro día, simplemente aparecí aquí. No tengo ni la más mínima idea de en dónde está "tu Draco", ¡yo no lo toqué ni lo conocí! Sólo sé que el día de Navidad desperté aquí al lado de Harry Potter, enterándome de que él es mi esposo y que tengo un hijo con él. Es todo lo que sé. Te lo juro.
Granger, aparentemente, no se esperaba semejante confesión. Miró a Draco con horror, abriendo sus ojos de color castaño como platos.
—¿Qué? ¿Lo dices completamente en serio? ¿Snape hizo esto? ¿De verdad vienes de otra vida? ¿Qué tiene de diferente esa vida a ésta?
Draco suspiró cansinamente. Vaya que era una mujer curiosa.
—Granger, se me están entumiendo los brazos. ¿Puedo bajar las manos?
Granger frunció los labios durante un segundo y exclamó:
—¡Accio varita de Draco!
Draco sintió cómo su varita resbalaba por el interior del bolsillo de su túnica, salía al exterior y volaba directo hacia la mano izquierda de Granger.
—¡Oye! —reclamó, pero entonces Granger le apuntó con las dos varitas.
—Ya puedes bajar las manos —dijo ella con una sonrisa burlona.
Draco suspiró con fastidio, bajó las manos y, haciendo caso omiso de las amenazas de Granger, procedió a servirse un vaso lleno del mejor whisky de fuego que tenía en ese bar.
—Con tu permiso, porque, créeme, lo necesito con urgencia. ¡Salud! —le dijo a Granger en tono burlesco, levantando el vaso hacia ella antes de empinárselo de un largo trago. Granger esperó pacientemente a que se lo terminara.
—¿Y bien? —espetó de mala gana—. No tengo toda la noche. Quiero la verdadera historia, y la quiero ya.
Draco azotó el vaso contra la encimera de granito, casi quebrándolo. Volvió a suspirar profundamente, dándose por vencido. Miró a la bruja a los ojos y pensó que ya nada podía agravar su situación a la mirada de Snape, así que... ¿qué mas daba? Después de todo, lo que Snape le había dicho era que "se dejara llevar", que "dejara de desear salir de esa vida y de verla como un castigo". En realidad nunca mencionó que estuviese penado que Draco le confesara la verdad a alguien. Así que, llegó a la conclusión, nada podría empeorar con eso, ¿o sí?
—De acuerdo, te contaré todo. ¿Podemos sentarnos? Creo que es una historia un tanto larga.
Granger volvió a apretar los labios, pero accedió. Sin dejar de apuntarle a Draco, lo acompañó hasta los sillones de cuero marrón que estaban a unos metros junto a la chimenea. Ambos se sentaron, uno frente al otro.
Y fue así que Draco le contó absolutamente todo.
Le contó de su vida, de su verdadera vida, de cómo estaban las cosas allá para él siendo soltero, alejado de Potter, con su padre muerto. Le contó de la aparición tan bizarra de Snape, lo que le dijo y lo que sucedió al despuntar la mañana de Navidad. Le narró con sumo detalle (porque ella se lo exigió) los encuentros posteriores que tuvo con Snape y las palabras exactas que éste le había dicho. Lo que sí, se abstuvo de contarle acerca de lo que él había estado sintiendo o experimentando durante aquellos tres días: esa información le parecía demasiado íntima, demasiado personal. No tenía por qué confesarle que estaba seguro de que, al terminar con ese vistazo, iba a desear poder arrancarse el corazón por la pena que le embargaría al volver a su vida real y saber que Eltanin no existía ahí.
Eso se lo guardó para él.
Cuando terminó con su historia hasta llegar a lo que había sucedido en esa cena que acababan de tener, Draco se silenció y bajó los ojos. Granger había sido una buena oyente, absteniéndose de interrumpirlo más que para pedirle que le detallara algunas cosas, como las palabras dichas por Snape. Entonces, en ese momento, lo que ella quiso saber fue:
—¿Has tenido sexo con Harry? Con este Harry, específicamente.
Draco sonrió sarcástico y elevó los ojos. Ya quisiera yo, pensó.
—No —respondió y meneó la cabeza—. Ni con este ni con ninguno. Por eso mismo me la he pasado insultándolo, ¿no lo ves? Pensé que si él estaba enojado conmigo, no tendríamos que llegar a hacer... eso.
Granger lo miró inquisitiva.
—Pero, ¿te has negado a acostarte con él porque en el fondo eres una persona con valores y creíste que estaba mal tener sexo con alguien que piensa que eres otra persona, o lo hiciste porque tú no deseas nada con Harry Potter?
Draco frunció el ceño. No le estaba gustando para nada el derrotero que estaba tomando aquella conversación.
—No lo sé, Granger. Sólo sé que entré en pánico y tuve muy poco tiempo para pensar en una mejor solución. Quizá fue una mezcla de las dos cosas. Quizá fue otra cosa completamente diferente.
—¿Cómo cuál?
Draco no respondió. Negó con la cabeza, se levantó del sillón y fue al bar a servirse más whisky. Granger no dejaba de observarlo como si quisiera atravesarle el alma.
—Oh. Ya veo —dijo ella en un susurro.
—¿Qué? —espetó Draco de mala manera.
—Entraste en pánico porque Harry, el de tu mundo, realmente te gusta y no quisiste "probar" lo que sería estar con él. Quizá porque te aterra que lo vayas a disfrutar... ¿demasiado? Y como allá no lo tienes...
Draco no le respondió. Le dio la espalda y se bebió otro vaso de whisky de un tirón.
—Por lo que haya sido —dijo entonces Draco sin girarse hacia Granger—, creo que esas decisiones no han sido del agrado del maldito de Snape y me dijo que para sacarme de aquí, tengo que "dejarme llevar". Y no estoy muy seguro, pero creo que se refiere a que debo vivir esta vida como si fuera el Draco de aquí, y supongo que eso implica reconciliarme con el que supuestamente es mi marido.
—Ajá —dijo Granger entonces—. Espera, vamos a dejar este punto pendiente por un momento. Volveremos a él después. Primero, necesito saber otras cosas. Quiero que me cuentes más acerca de cuando descubriste que aquí no tienes las cicatrices que dices que sí tienes en tu otra vida. Cuéntame cómo te las hiciste. ¿Qué fue lo que pasó?
Draco apretó la mandíbula muy fuerte. Jamás se imaginó que, de tener que contarle todas aquellas cosas a alguien, sería a Granger de entre toda la maldita gente. Era desconcertante que ella pareciera creerle cada palabra y, todavía peor, que pareciera querer enterarse para poder ayudarle. Eso lo dejaba bastante perplejo. Se sirvió otro trago de whisky, la miró por encima de su hombro y le preguntó:
—¿Te sirvo algo? ¿Qué es lo que sueles beber?
Para su sorpresa, Granger le sonrió.
—Crema de menta.
Draco giró el cuerpo hacia ella y la miró, incrédulo.
—Entonces, si adiviné lo que sueles beber, ¿cómo supiste que yo no era tu Draco?
Granger meneó la mano como restándole importancia.
—Es tu actitud y tu comportamiento, Malfoy. Eres idéntico a como yo recuerdo que era nuestro Draco en el colegio, cuando éramos adolescentes. La misma mirada de desprecio, la misma desconfianza, el mismo resentimiento. Te envuelves en un capullo metafórico que nadie puede atravesar para llegar a ti. Nada que ver como es Draco actualmente. Me sorprende que Harry o tus padres no lo hayan notado.
Draco no dijo nada durante un momento. Le sirvió a Granger un vaso de licor de menta francés, se acercó de nuevo a ella y se sentó enfrente.
—Lo siento —fue lo que dijo mientras le pasaba el vaso—. No es mi intención despreciarte. Creo que es… la fuerza de la costumbre, más que otra cosa.
Granger de nuevo meneó la mano.
—No tienes que disculparte. Si en tu otra vida no somos amigos, es comprensible. Muy bien, cuéntame de las cicatrices entonces. ¿Cómo pasó?
De ese modo, Draco suspiró y comenzó a narrarle con lujo de detalles lo que había sucedido en su verdadera vida y que ahí, aparentemente, no: la pelea entre Potter y él en un baño de Hogwarts y, sobre todo, la maldición de magia negra llamada sectumsempra que el otro mago le había lanzado cuando Draco, a su vez, intentó atacarlo con un cruciatus. Granger lo escuchó con atención sobresaliente, y, después de que Draco finalizara contándole que casi muere y que terminó pasando varios días en la enfermería de Hogwarts, Granger quiso saber todavía más allá. Continuó bombardeándolo con preguntas acerca de lo que sucedió después durante toda la guerra, con él y con sus padres.
Parecía horrorizada con lo que Draco estaba narrándole.
—Ahora veo claro —dijo entonces cuando Draco terminó—. Definitivamente, sí estoy de acuerdo contigo. Ahí, justo ahí, fue donde todo cambió. Con nosotros, las cosas fueron muy diferentes porque, bueno... tú y Harry comenzaron a acercarse poco a poco después de que le hubieses contado que Voldemort te tenía amenazado y que debías cometer un asesinato, ahí justamente, en un baño de Hogwarts con Myrtle como testigo. Por supuesto, Harry no te atacó. Lo que hizo fue escucharte. Con desconfianza e incredulidad, pero te escuchó. Entonces, justo cuando comenzó a brindarte alternativas como que fueran ambos a hablar con Dumbledore para que tú te unieras a la Orden del Fénix, entraste en pánico y saliste corriendo del baño.
Draco abrió mucho los ojos.
—¿O sea que le pedí ayuda y luego, cuando me la ofreció, la rechacé?
Granger sonrió.
—Sí, pero sólo por un tiempo. Como sea, después de que hablaste con Harry en aquel baño, él nos contó todo a Ron y a mí, y los tres decidimos ir con Dumbledore a enfrentarlo y a exigirle que te ayudara. Para nuestro asombro, el director se hizo el loco y se negó a escucharnos. Lo más que pudimos sacarle fue la promesa de poner a tu madre a salvo. Sin decirte nada a ti, la Orden del Fénix vino una noche a la mansión y prácticamente secuestraron a Narcisa. La llevaron a fuerzas a la casa de tu tía Andrómeda, donde pasó oculta toda la guerra y donde estuvo segura porque esa casa estaba protegida bajo el encantamiento fidelius. Sé que tu madre se enojó mucho al inicio, pero después comprendió que lo hacían por su seguridad y para poder ayudarte a ti. Dumbledore actuaba así porque no quería ponerte en peligro ante Voldemort. Quería que Snape lo matara, y así pasó. Por lo que me has contado, el enfrentamiento que tuvieron en la Torre de Astronomía transcurrió completamente igual aquí en esta vida, pero lo que cambia es lo que sucedió después.
—¿Y qué fue lo que sucedió después? —cuestionó Draco, ardiendo en curiosidad.
—Después de que tú desarmaste a Dumbledore y Snape lo asesinó, Harry dejó de estar inmovilizado bajo la capa y los siguió a ustedes dos. Su intención era atacar a Snape y no dejarlo escapar, pero pareció pensarlo mejor y lo que hizo fue retenerte a ti.
—¿Retenerme a mí?
—Sí. Te lanzó un hechizo inmovilizador y no permitió que Snape te llevara con él. Snape huyó y tú no tuviste más remedio que aceptar unirte a la Orden del Fénix, especialmente cuando te informaron que tu madre ya estaba a salvo con tu tía. Posteriormente, nos enteramos de que Voldemort pensaba sacar a los mortífagos presos en Azkaban, así que le pedimos ayuda a los adultos de la Orden para poner a salvo a tu padre.
—¿Y aceptaron?
Granger negó con la cabeza y soltó una risita.
—No. Me temo que la suerte de tu padre no estaba entre sus prioridades. Pero nosotros no íbamos a quedarnos con los brazos cruzados, nunca lo habíamos hecho y no íbamos a comenzar en ese momento. Harry estaba decidido a ayudarte porque estaba convencido de que sólo con tus dos padres a salvo te unirías de todo corazón a nuestra causa, así que entre los cuatro planeamos una incursión a Azkaban y sacamos a tu padre antes de que Voldemort pudiera llegar a él.
Draco estaba boquiabierto.
—¿En serio?
Granger afirmó con la cabeza, sonriendo. Parecía estar rememorando muy buenos tiempos.
—Oh, vaya que sí, fue toda una aventura. Casi nos matan los dementores, pero, por suerte para nosotros, Harry es muy bueno con su patronus. Sacamos a tu padre y con ayuda de Tonks, tu prima, conseguimos un traslador ilegal para mandarlo lejos del país.
—¿A dónde lo...? —Draco comenzó a preguntar.
—A Australia. Lo mandamos con mis padres. Ellos estaban ocultos en Sidney, así que los visitamos, les pedimos su ayuda y aceptaron a tu padre como su huésped. Los tres estuvieron ahí todo lo que restó de la guerra, y los trajimos de vuelta a Inglaterra cuando todo finalizó.
Draco no dijo nada durante un largo rato. Miraba a Granger con la boca abierta, tratando de analizar y asimilar todo aquel panorama que se le antojaba completamente irreal. Él, uniéndose a la Orden del Fénix, peleando junto a Potter. Él, participando con el Trío Dorado en una incursión ilegal a Azkaban, de entre todos los putos lugares de la Tierra, para sacar a su padre y ponerlo a salvo. Su padre, su maldito padre orgulloso sangre limpia, conviviendo durante meses con una pareja de muggles en la jodida Australia para poder sobrevivir.
Abrió y cerró la boca varias veces, no sabía qué decir.
—Bu-bueno —tartamudeó, emocionado. Sentía el corazón hecho un puño en el pecho—. Ahora entiendo tantas cosas —dijo en voz baja—. Lo que hicieron aquí por Lucius terminó salvándole la vida a largo plazo. Como no estuvo en esta casa mientras el Señor Tenebroso la usó de cuartel, no pudieron presentar cargos en su contra por haberlo ayudado con todos sus crímenes, supongo. Y no tuvo que volver a Azkaban. Ahora... ahora entiendo...
Granger pareció apenarse mucho.
—Siento muchísimo que tu padre... digo, el de tu otra vida, haya fallecido, Malfoy. De verdad. Yo he aprendido a comprenderlo y a tenerle estima con los años. —Sonrió mucho antes de agregar—: Mis padres, por alguna razón, lo quieren mucho. Creo que imaginan que es alguien de la realeza y le tienen gran admiración porque se comportó como todo un caballero cuando estuvo refugiado con ellos. Y sé lo mucho que tú lo amas y respetas, no... No puedo imaginar el dolor que te ocasionó perderlo.
Draco apretó la mandíbula. No quería la lástima de Granger ni de nadie.
—No, no me tengas compasión, Granger. Hazme ese favor —dijo con voz dura, y se puso de pie, repentinamente furioso con él mismo, con ella, con todo. Comenzó a caminar en círculos alrededor de los sillones, desesperado, pensando en lo diferente que habría podido ser su vida si se hubiese atrevido a algo tan simple como hablar con Potter en vez de atacarlo en aquel baño.
Granger se puso de pie y lo encaró. Draco no perdió nota de que ella había dejado las dos varitas sobre la mesa ratonera.
—Escucha bien, Malfoy. Lo que estoy sintiendo por ti en este momento no es lástima ni estoy dándote por tu lado. El punto es que no puedo dejar de... ¿Cómo explicarlo? No puedo dejar de "confundirte", por llamarlo de alguna manera, con el Draco que yo conozco y he tratado durante todos estos años. El Draco que está casado con mi mejor amigo y que también es amigo mío. El Draco que una vez, en medio de una borrachera en un pub muggle, se abrazó a mí llorando, me pidió perdón por las veces que me llamó "sangre sucia" y me confesó que jamás podría terminar de pagarme lo que mi familia había hecho por la suya. —Lentamente, Draco se giró hacia ella y recordó la fotografía que había visto en el despacho: él y Granger abrazados en un pub. ¿Sería esa ocasión?—. O sea, sé que no eres él pero, al mismo tiempo, no puedo dejar de tenerte cariño porque, de cualquier forma, eres un él... —Granger se rió con incredulidad y se sentó en el sillón—. ¡Qué tonterías estoy diciendo! Y es que, además, si es verdad lo que me cuentas, tú no tienes la culpa de estar aquí. Dios, sólo espero que Draco, el otro, el nuestro, esté bien si es que está en algún otro lugar...
Draco se sentó de nuevo y le dijo:
—Granger, entonces hazlo por él.
—¿Que haga, qué?
—Ayudarme.
Granger frunció el ceño.
—¿Ayudarte?
—Sí, a salir de aquí, a volver a mi realidad. Supongo que, de ese modo, el otro Draco regresará aquí.
Granger se encogió de hombros.
—Pero, ¿qué puedo hacer yo? Ya te dije que busqué por toda la biblioteca de Hogwarts y ni siquiera hay un solo caso similar a este registrado nunca en...
—Ayúdame a hacer lo que Snape me pide. Él me lo ha repetido hasta el cansancio: cuando yo descubra qué es lo que me hace falta en mi otra vida y deje de ver esta como un castigo, entonces me sacará de aquí.
—De acuerdo —dijo Granger sin sonar convencida—. Pero, ¿eso qué quiere decir exactamente?
Draco se encogió de hombros.
—Realmente sigo sin estar seguro, pero creo que se refiere a que tengo que disfrutar de mi vida como pareja de Potter y como padre de Eltanin. Y me está costando trabajo porque, como te conté, en mi vida jamás he tenido ninguna relación seria ni mucho menos he sido padre de ningún niño. No tengo ni una maldita idea de qué estoy haciendo.
Granger lo miró arqueando las cejas.
—¿Me estás pidiendo que te ayude a reconciliarte con Harry? —Draco asintió y ella se rascó la barbilla—. Bueno, pero... Lo haré con una condición. No tengas sexo con él, por favor. No sé, no... Digo, no me parece correcto. Porque él piensa que tú eres otra persona y... Bueno, aunque sí eres Draco y él está enamorado de ti, bueno, de tu otro yo, y quizá... No, no... ¡Dios, no lo sé! ¿Será inmoral? ¿Tú que has pensado al respecto?
Draco no pudo evitarlo: sonrió. Por primera vez en toda esa noche, se sintió esperanzado y, de cierta manera, relajado. Tener a una persona adulta e inteligente que supiera completamente su secreto y que incluso estuviese dispuesta a ayudarlo, le quitaba un gran peso de encima.
Se sentía... menos solo.
—Lo he pensado y creo que no debo tener sexo con él, en efecto. Te propongo un trato: ayúdame a que me perdone, y yo te aseguro que no terminaremos en la misma cama. Respetaré su honor de hombre casado con mi otro yo —prometió levantando la mano derecha, sonriendo. Granger sonrió y lo miró con ojos enternecidos.
—Me caes bien. Definitivamente, aunque no eres tan maduro, cariñoso y tolerante como mi Draco, tienes mucho de él.
Draco arqueó una ceja pensando que el Draco de Granger bien podía haber sido él si hubiera tomado una sola puta decisión, así que tenía todo el sentido del mundo.
—¿Cómo fue que Potter y mi otro yo terminaron siendo novios? ¿Casándose?
Granger sonrió mucho, suspiró y se acomodó de espaldas en el sillón.
—No es una historia complicada. Draco estuvo muy cercano a nosotros durante toda la guerra. Tuvimos que escapar del control de los adultos e ir a la caza de unos artefactos para acabar con Voldemort. Draco nos acompañó y ayudó. Eso los unió mucho a Harry y a él. Hasta el final, durante la batalla de Hogwarts, Harry ató cabos y se dio cuenta de que Draco era el verdadero amo de la varita de saúco y, gracias a eso, pudo vencer a Voldemort.
Draco asintió.
—Bueno, sí, eso mismo pasó en mi realidad. Lo de la varita, quiero decir. Yo no tenia idea, lo supe cuando Potter se lo gritó al Señor Oscuro antes de derrotarlo. Pero allá, fue Potter quien tenía la lealtad de la varita de saúco porque me había arrebatado la mía durante... durante una pelea que tuvimos aquí en la mansión. —Draco no dio más detalles porque no le iba a contar a Granger que, en aquella realidad, ella había sido torturada por Bellatrix ahí mismo en su casa—. ¿Cómo fue entonces en esta realidad?
Granger abrió mucho los ojos.
—Oh, acá fue bastante simple. Tú le cediste tu varita de espino a Harry. Creo que eso es tan poderoso como si él te la hubiera arrebatado porque, al prestársela, estabas compartiendo la lealtad de la varita con él, lo que provocó que Harry fuera también amo de la varita de saúco. De ese modo pudo vencer a Voldemort cuando éste trató de matarlo. —Granger soltó una risita cómplice y miró a Draco con cariño—. Además, si me lo preguntas, creo que en eso tuvo mucho que ver el hecho de que tú y él... Bueno, quiero decir, nuestro Draco y Harry ya tenían... ciertos sentimientos entre ellos, si entiendes lo que quiero decir.
Draco la miró, sintiéndose bastante triste. Pasó saliva, sin saber qué decir ante eso.
—Pero, ¿se supone que él y Potter comenzaron a salir bastante tiempo después, no?
—Sí, un año después, más o menos. Pero estoy segura de que ya se gustaban desde mucho antes —respondió ella y Draco asintió, comprendiendo—. Harry comenzó con su carrera como jugador de quidditch, carrera que nuestro Draco apoyó completamente, tengo que agregar, y él... Bueno, él se dedicó a ayudar a sus padres a reconstruir esta casa y a echarle una mano a Lucius con los negocios pues él no se encontraba en sus mejores momentos. Con el tiempo, Draco le pidió a Harry que se casara con él, pero Lucius al principio no lo aceptó. Intentó sobornar al Wizengamot para que aplicaran una cláusula sobre ti, digo, sobre el otro Draco, donde se restringía tu derecho a elegir con quien podías casarte para tener descendencia, así que Draco tuvo que hacer bastante investigación, a la cual yo le ayudé, por cierto —añadió, sonriendo orgullosa—, para defenderse en un juicio contra el Wizengamot donde demostró que estaba en completo uso de sus facultades y además podía tener descendencia con un hombre. De ese modo, después de meses de peleas legales, se les permitió casarse.
Draco suspiró.
—Vaya. Mi otro yo sí que está enamorado, ¿no? —fue lo único que se le ocurrió decir, recordando la mirada empalagosa que tenía el Draco del retrato de la planta baja.
Granger asintió, sonriendo triste.
—Draco y Harry se aman como nunca vi a una pareja amarse antes. A veces... a veces, resulta difícil de creer. —Hubo una pausa donde ninguno de los dos dijo nada y sólo se escuchó el crepitar del fuego en la chimenea. Draco le dio traguitos a su whisky y Granger hizo lo propio con su crema de menta. Entonces, ella dijo—: Por eso mismo me afecta tanto ver a Harry sufrir por ti... Bueno, por el otro Draco, como sea. —Se encogió de hombros—. Necesitamos traerle a su Draco de vuelta. Mandarte a ti a tu propia realidad. Y si para eso necesitamos que Harry perdone la barbaridad que le dijiste, tenemos que hacerlo. Aunque, te soy sincera, Malfoy, te va a costar. Lo que le dijiste a Harry le afectó profundamente porque justo le diste el golpe en una inseguridad que ya venía arrastrando desde mucho antes: él siempre ha temido no estar a tu altura y que tú pensaras que él estaba contigo por tu dinero. Así que... auch.
Draco suprimió un escalofrío, arrepintiéndose como nunca por aquellas palabras pronunciadas. Joder, ¿por qué había sido tan estúpido?
—¿Crees que... crees que exista algo que pueda hacer? Noté que el reloj que trae ya está muy viejo y maltratado, quizá podría comprarle uno nuevo y...
Granger lo miró con horror.
—¡No, no, ni lo pienses! Ese reloj se lo obsequiaron los Weasley cuando Harry cumplió diecisiete años y nuestro Draco lo sabe bien. Es un objeto de mucho valor sentimental para él pues perteneció al hermano de Molly quien murió en la Primera Guerra. ¡Pero qué barbaridad, Malfoy! Me parece que de aquí en adelante, no deberías hacer nada con respecto a Harry sin consultármelo primero.
Draco suspiró con pesar y se apoyó en el respaldo de su sillón.
—Sí, me temo que así tendrá que ser. Pero, ¿qué puedo hacer, entonces? Apenas lo conozco. En realidad sé tan poco de lo que le gusta, de lo que no...
Granger lo miró con los ojos entrecerrados.
—No creo que eso sea tan cierto. Tú y Harry siempre estuvieron tan obsesionados el uno con el otro que se la pasaban todo el tiempo observándose. Algo lo has de conocer. Además, dices que en tu mundo sigues la carrera deportiva de Harry muy atentamente. Vamos, Malfoy, date algo de crédito. ¡Usa tu imaginación! Haz algo por él donde le demuestres que valoras el sacrificio que hizo al dejar su carrera y que lo amas por quien es. Y sobre todo, pídele perdón. Con sinceridad. Harry se dará cuenta si no se lo estás pidiendo de corazón.
Draco se llevó las manos a la cara.
—De acuerdo. Lo intentaré. Ya... ya pensaré qué hacer.
Granger se puso de pie.
—Bien. Por lo pronto, me voy que tengo que levantarme temprano para ir a trabajar. Si se me ocurre algo nuevo, me comunicaré contigo de inmediato. De cualquier manera, continuaré buscando en los archivos del ministerio, en cada libro y pergamino, a ver si encuentro algo que pueda ayudarnos con tu extraño caso de intercambio de realidades. Y por amor a Merlín, antes de hacer cualquier cosa por Harry, mándame una lechuza y pregúntamelo primero, ¿de acuerdo? Ah, por cierto, tenemos la costumbre de juntarnos con los hermanos de Ron para ir a Londres a mirar los fuegos artificiales la víspera de Año Nuevo, y luego, nos vamos a un pub muggle a brindar. Te lo aviso para que no te coja desprevenido. Bueno, igual faltan cuatro días para eso, espero que para ese entonces este asunto ya esté arreglado y quizá hasta tú ya hayas regresado a tu realidad.
Draco arqueó una ceja y no respondió nada. La verdad era que lo dudaba mucho. De cierto modo, estaba comenzando a creer, muy en el fondo, que nunca podría regresar a su mundo y que se quedaría atrapado para siempre ahí. Lo curioso era… que eso ya no lo aterrorizaba como antes. Y darse cuenta de ello era demasiado desconcertante.
Se despidió de Granger sin poder dejar de pensar en eso. Subió las escaleras e, intentando no hacer ruido, caminó a paso lento por afuera de los cuartos de Eltanin y de Potter. No vio ninguna luz encendida por el resquicio de las puertas, así que asumió que ambos ya estarían dormidos.
Suspiró profundamente y, sintiéndose excesivamente triste sin ninguna razón aparente, se fue a dormir a su solitaria y helada cama.
