Capítulo 12. Una sola realidad

Draco se quedó un rato contemplando la puerta del cuarto sin saber cómo reaccionar. ¿Qué demonios era lo que acababa de pasar? ¿Qué metida de pata tan profunda había hecho ahora?

Ahora... Ahora... ¡Jamás iba a poder salir de ese vistazo!

Se llevó las manos a la cabeza y soltó un gemido de desesperación. ¿Qué es lo que iba a hacer ahora? ¡Le había hablado con la verdad a Harry y éste no le había creído! Ahora sería imposible convencerlo de que Draco realmente venía de otra realidad, ya ni hablar de la posibilidad de retractarse de todo y fingir que había sido sólo una broma. De cualquier forma, Draco estaba completamente jodido.

¿Por qué Harry no le había creído con la facilidad con la que Teddy y Granger sí lo habían hecho?

Un momento...

—¡Granger! Por supuesto —murmuró Draco, dándose cuenta de que si alguien podía ayudarlo, esa sería ella y nada más.

Caminando a grandes pasos, Draco dejó su cuarto y miró a través del corredor, pero no vio rastros de Harry por ningún lado. Entonces, después de suspirar tristemente, se dirigió a toda prisa a su despacho.


Una hora después, Draco, casi furioso, llegó al Ministerio de Magia porque sencillamente se había hartado de esperar a que Granger le respondiera la llamada a través de la chimenea. Eso, sumado a que había salido de su despacho todo frustrado sólo para darse cuenta de que Harry había salido de la mansión sin avisar a dónde iba y, peor, llevándose a Eltanin con él, tenía a Draco al borde de un ataque de nervios. No podía dejar de pensar en la posibilidad de que Harry y el bebé no regresaran a dormir esa noche y se volvía loco de la ansiedad. Sólo lo consolaba el hecho de que Harry, aparentemente, no se había llevado ningún baúl consigo sino solamente el bolso del niño.

Se moría del miedo de que Harry, por despecho, hubiese ido a ver a Gabrielle.

Como fuera, no tenía idea de cómo arreglar el problema en el que se había metido, así que, ahí estaba en el Ministerio, buscando a quien él creía, sería la única que podía ayudarlo.

Llegó al segundo piso y salió pitando del ascensor. Pasó las oficinas de los aurores y buscó la puerta del Departamento de Investigaciones. Ahí, la misma bruja joven y malhumorada que le había respondido las llamadas por la red flu, le indicó que esperara a Granger a que volviera de una reunión.

Y eso fue lo que Draco hizo a pesar de que los nervios se lo estaban comiendo vivo: se sentó y trató de esperar con paciencia. En un momento dado tuvo un acceso de risa histérica cuando pensó en que, de las cosas más inverosímiles y ridículas que le habían sucedido desde que había llegado a ese vistazo, la peor de todas era la de ver a Hermione Granger como la única salvadora de su completa situación. La secretaria de Granger lo miró como si se hubiera vuelto loco y Draco tuvo que obligarse a serenarse.

Después de un rato, Granger finalmente apareció. Llegó acompañada de tres magos que venían cargados de pergaminos y libros y que la seguían con algo que parecía devoción. Granger miró a Draco sentado en la minúscula salita de espera y se alegró sinceramente.

—Oh, hola, Draco —le dijo, sonriéndole con cariño, y Draco se preguntó si de nuevo ella había olvidado que él no era "su Draco" sino simplemente "otro Malfoy"—. ¡Qué bueno que viniste! Justo contigo quería hablar. Pasa a mi despacho. A ver, chicos, pónganme todos los documentos ahí. Gracias. Pueden retirarse.

Granger y Draco se quedaron solos en una bonita y confortable oficina y ella cerró la puerta. Le indicó con una mano a Draco que se sentara en el sillón frente al escritorio y éste así lo hizo. Ella encendió el fuego de la chimenea con un movimiento de varita.

—¡Qué clima tan espantoso! —exclamó—. No para de nevar. Pero a pesar de eso, todo sigue en pie para la inauguración de mañana.

Draco carraspeó.

—Granger, creo que te estás olvidando de algo —susurró, armándose de paciencia. Granger lo miró, Draco se señaló a él mismo con un dedo y arqueó las cejas. Entonces, los ojos de Granger resplandecieron al recordarlo.

—Ohhh, cierto, tú no eres... Ya, ya, perdóname, Malfoy. Supongo que no has conseguido volver a tu realidad, lo siento mucho. Por un momento, creí que eras mi… En fin. Tanto trabajo me está volviendo loca y había olvidado todo. —Draco se aguantó las ganas de decirle que desde Hogwarts él ya la veía así de demente, y se preguntó cuál habría sido la excusa que había puesto entonces—. ¿Por qué estás aquí? ¿Ha sucedido algo con Harry? ¿Conseguiste averiguar acerca de lo que me contaste, de sus ataques de pánico? Yo no he tenido tiempo de ir a San Mungo, por más que haya querido, he tenido una mañana terriblemente ocupada con el evento de Nottingham encima. Mandé una lechuza al hospital, pero me devolvieron una carta llena de palabras bastante groseras que no pienso repetir. Si fuera yo otro tipo de persona, alguien más corrupta o abusiva, ya estaría buscando el modo de tomar represalias o de obligarlos a decir algo por medio de un documento oficial de petición de información, pero yo...

—Granger —la interrumpió Draco y la miró arqueando las cejas—. ¿Podemos volver a lo nuestro, por favor?

—Oh, sí, a ver. Cuéntame, entonces. ¿Averiguaste algo del problema de salud de Harry?

Draco suspiró.

—Sí, un poco. Durante la madrugada, Harry tuvo pesadillas y gracias a eso, por más terrible que suene, pude descubrir que su trauma es debido a los dementores. Aparentemente y en concreto, por culpa del episodio ése del que me contaste, cuando entraron a Azkaban a liberar a Lucius.

Granger abrió mucho los ojos mientras se sentaba frente a Draco, al otro lado del escritorio.

—Oh. Así que, dementores, ¿eh? —suspiró con mucha pena—. Bueno, es que aquella ocasión sí fue realmente espeluznante, y te lo digo yo que ya había vivido un ataque de dementores antes de ese en particular. Aunque, por más peligroso que haya sido, no pensé que a Harry le hubiese afectado tanto. Quizá fue porque los dementores estuvieron muy a punto de matarte a ti... Bueno, al otro Draco. Quizá... Quizá eso fue lo que hizo la diferencia. —Draco asintió lentamente, pensando en que Granger tal vez tenía razón. Ella siguió hablando—: Aunque quizá no es sólo por ese hecho aislado. En realidad, Harry tiene una historia horrible con los dementores. El hecho de que, cuando ve a un boggart, éste se transforme en un dementor, debería explicarlo todo. Seguramente sufre de un trastorno tardío de estrés postraumático que es resultado de la suma de todas sus experiencias con dementores, y tal vez no tiene tanto tiempo con él porque, ahora que lo pienso, sus terapias en San Mungo comenzaron apenas hace algunos meses.

Draco suspiró profundamente, sintiéndose muy conmovido a causa de Harry. La impotencia de no poder ayudarlo le calaba fuerte.

—Además —dijo Draco—, por otras cosas que Harry me dijo, creo que perdió la capacidad de invocar a su patronus. Y le aterra estar así de indefenso por si algún día vuelve a toparse con ellos.

Granger arqueó las cejas.

—¡Oh! Entonces, quizá de ahí viene el detonante de su trastorno. Quizá hace algunos meses, por alguna razón, intentó conjurar su patronus y se dio cuenta de que ya no podía. Oh, pobre Harry... —Se le llenaron los ojos de lágrimas y sofocó un sollozo—. Lo que debe sufrir. Sigo sin comprender por qué no nos contó nada a Ron y a mí. Tal vez... tal vez teme que nos sintamos culpables porque, en aquella ocasión en Azkaban, Ron y yo no le fuimos de mucha utilidad para combatir a los dementores. Prácticamente, fue él solo contra cientos de ellos.

Draco asintió.

—Conociendo a Harry, no dudo que sea por eso. Como sea, para consolarlo, le dije que iba a tratar de ayudarlo a recuperar su patronus. Quizá eso sea lo que necesita para sanar.

Granger lo miró inquisitiva. Había dejado atrás cualquier señal de llanto y ahora sólo era toda curiosidad. Sacó un pañuelo de un bolsillo de su túnica, se limpió los ojos y dijo:

—Te agradezco que me hayas contado todo esto, Malfoy. Así también yo podré tomar medidas para ayudarlo. Por cierto, tengo el presentimiento de que no viniste hasta acá sólo para hablarme de este asunto. ¿Cuál es la verdadera razón? ¿Tuviste algún problema con él?

Draco suspiró.

—Podría decirse —respondió. Entonces, procedió a contarle a Granger todo lo que había pasado durante ese día. Le contó que Harry había deseado saber "el porqué" de su anterior comportamiento tan cretino y que Draco se había visto acorralado hasta que tuvo que decirle la verdad. Le contó todo lo que hablaron e hicieron, a excepción del momento en que, invadidos por la pasión, Harry y él se habían besado y frotado el uno contra el otro como dos adolescentes en plena explosión hormonal. Antes de que Draco terminara de hablar, Granger ya había puesto cara de horror.

—¿LE CONTASTE LA VERDAD? —gritó cuando Draco se silenció—. Pero, Malfoy, ¿cómo se te ocurre? ¡Harry jamás iba a creerse algo así! ¡Se nota que no lo conoces en absoluto!

Draco se molestó tanto que se puso de pie.

—Bueno, ¡claro que no lo conozco, Granger! —exclamó—. ¡Yo no soy el Draco que ha sido su pareja desde hace años! ¡Por eso mismo te pedí ayuda, ¿lo olvidas?!

Granger se mostró un poco avergonzada de su exabrupto.

—Tienes razón, perdóname, debí haberte advertido que no intentaras eso...

—Hubiera sido una advertencia excelente, así es —exclamó Draco, manoteando hacia todos lados—. Ahí estaba yo, todo idiota, creyendo que hacía bien en decirle toda la verdad a Harry porque pensé que valoraría mi honestidad y porque creí que sería la mejor explicación para demostrarle que en verdad no pienso todas esas cosas de él. Además, también quería sincerarme porque... Pues, porque...

Se interrumpió y miró a cualquier lado menos hacia Granger. Ésta lo miró entrecerrando los ojos, puso gesto de sabihonda y le dijo en tono duro:

—Oh... Ya veo. Querías tener sexo con él y no te pareció correcto que Harry no supiera que tú no eres su verdadero esposo. ¿O me equivoco?

Draco se sonrojó y comenzó a caminar alrededor de la oficina.

—¡Pues no, no te equivocas! ¡Pero no fue sólo eso! ¡También tienes que comprender que para mí se estaba volviendo francamente imposible llevarme bien con Harry sin tener idea de nada, metiendo la pata cada dos por tres, sin saber cuál es nuestro maldito lugar preferido en la mansión, sin poder responderle el porqué de lo que le dije en Navidad! Pensé… pensé que si tú y Teddy me habían creído, también él lo haría. Y que… bueno, que trataría de seguirme el juego sabiendo que, aunque no soy su Draco, también soy un Draco. Un Draco que también lo… —Draco dejó de caminar y agachó la mirada—. Un Draco que se preocupa por él y le tiene estima. Y que no tiene la culpa de estar aquí suplantando el lugar de su verdadero Draco.

A Granger se le suavizó la mirada ante esas palabras.

—Te entiendo, Malfoy, pero creo recordar que yo te dije que no hicieras nada con Harry sin consultarme primero. Podrías haberme mandado una lechuza durante la mañana y yo habría podido decirte que Harry nunca iba a creerte esa historia. Y juntos podríamos haber encontrado una excusa aceptable para que te explicaras. Cuando estuviste internado en San Mungo, Ron, Harry y yo hablamos de la posibilidad de que fueras otro Draco, y Harry estuvo completamente negado a la idea de que existan realidades alternas y tú provinieras de una de ellas. Él prefería creer que ya no lo amabas a aceptar esa posibilidad por más mínima que fuera. Y el hecho de que yo no pude encontrar nada de literatura acerca del tema, lo vuelve un hecho extremadamente difícil de creer. Pero mira, ahora que lo pienso, creo que lo mejor es que no te haya creído.

Draco la miró con escepticismo.

—¿Por qué dices eso?

—¡Porque si te hubiera creído, entonces se habría vuelto loco pensando en cómo hacer volver a su verdadero Draco, y quizá eso habría echado a perder la prueba a la que Snape te está sometiendo y jamás podrías terminar con el vistazo y te quedarías aquí para siempre!

Draco analizó eso y supo que Granger tenía razón. Agachó la mirada mientras se embutía las manos en los bolsillos de la túnica y no decía nada. Porque, ahora que lo pensaba, ya no le horrorizaba como antes la idea de no volver a su realidad. Desde hacía días intuía que, en el fondo de su corazón, la verdad era que no quería volver. Pero no se lo dijo a Granger porque sabía que a ésta no le iba a gustar escucharlo. Ella no lo quería a él, ella quería al otro Draco. Igual que Harry. Igual que todos ahí.

Draco arrugó el gesto en una mueca de angustia al darse cuenta de que, con todos sus errores y meteduras de pata, lo único que estaba haciendo era prolongar su tiempo en aquel vistazo y, por ende, el tiempo que Harry no pasaba con su verdadero esposo. Con el Draco que él verdaderamente amaba, el que conocía sus secretos y sí lo trataba bien.

—Demonios —murmuró al percatarse de que, con cada día que permanecía ahí, estaba haciendo sufrir más y más al Harry Potter de esa realidad. Y él no quería eso. Quizá antes no le había molestado y hasta lo había disfrutado, pero en ese momento ya no. Ahora sí le importaba y mucho—. Yo... —comenzó a decir sin mirar a Granger a los ojos—. Yo lo único que quiero es que Harry esté bien y sea feliz. En serio, Granger, estoy harto de hacerle pasar malos ratos.

Granger pareció ablandarse totalmente ante eso. Se levantó de su asiento, avanzó hasta Draco y lo tomó de un brazo, obligándolo a verla a la cara.

—Oh, Malfoy… Creo que te has enamorado —afirmó ella en voz baja.

Si Draco no se hubiera sentido tan derrotado, habría respingado y dicho que no era así; lo habría negado con toda vehemencia. Pero el punto es que no tenía energía para discutir y además, quizá eso tenía algo de cierto. No sabía si era amor tal cual lo que sentía por Harry, pero sí estaba seguro de que éste no le era indiferente. Sólo sabía que quería verlo bien, verlo feliz, protegerlo de todo daño y abrazarlo hasta fundirse en un solo ser a su lado. ¿Eso era amor? No tenía idea.

Miró a Granger a los ojos sin decir nada y ella hizo una mueca.

—Lo siento mucho, Malfoy —continuó diciendo Granger en voz baja y comprensiva—. Puedo entender lo que sientes por nuestro Harry. Después de todo, si el otro Draco lo ama, es natural que tú también te hayas enamorado, pero… Bueno, tienes que comprender que este Harry no te ama a ti, sino al otro. —Draco esquivó sus ojos y ella agregó rápidamente—: No obstante, cuando vuelvas a tu realidad, estoy muy segura de que el otro Ha...

Draco se sacudió de su agarre, interrumpiéndola, y se alejó unos pasos de ella.

—El Harry Potter de mi realidad está totalmente fuera de mi alcance, Granger, si es que acaso ibas a sugerir que al regresar me dedique a enamorarlo —dijo con voz dura, mirándola con enojo—. Pero gracias por la preocupación y el consejo. Resulta… enternecedor —agregó con sarcasmo—. Ahora, ¿podemos pasar a la parte donde me ayudas a volver a mi realidad para poder dejarlos a todos ustedes en paz y regresarles al Draco que tanto aman e idolatran? —concluyó con la voz llena de amargura.

Granger lo observó con las cejas arqueadas y no dijo nada durante un momento. Draco la miró con gesto provocador, retándola a decir más acerca del aparente "enamoramiento" que sufría él por ese Harry Potter. Quizá ella presintió que era mejor dejar el tema por la paz, porque suspiró, se frotó la barbilla y dijo:

—De acuerdo, veamos... Conociendo a Harry como lo conozco, estoy segurísima de que no va creerte. Esto de las realidades alternas que no pueden probarse, está mucho más allá de sus ganas de entender. De hecho, estoy convencida de que se sentirá tan herido por ti que se aferrará a no creer esa historia para tener la razón en estar enojado y no perdonarte. Entonces... quizá, lo mejor sería que intentaras inventar alguna excusa convincente. Ah... ¡Ya sé! Algo tipo "quise dejarte por tu propio bien, por eso inventé lo que te dije, pero la realidad es que estoy muriendo de amor por ti", para que cambies las tornas y así, en vez de que Harry te vea como un mentiroso, te verá como alguien dispuesto a sacrificarse por su felicidad. Y no hay nada que Harry valore más que a una persona valiente dispuesta al sacrificio por el bien de otros, te lo aseguro.

Draco la miró con creciente admiración.

—Merlín, Granger, esa es una idea fantástica. ¡Eres maquiavélica! ¿Cómo fue que el Sombrero no te puso en Slytherin? —preguntó, sonriendo. De pronto, se sintió mucho más animado y con esperanza, especialmente porque gracias a éso último dicho por Granger, se le acababa de ocurrir un plan que seguramente sí funcionaría. Al menos, el intento valía toda la pena del mundo.

Granger le sonrió mucho, aparentemente halagada por el cumplido.

—No habría podido llegar a ser jefa de este Departamento ni de ninguno si no fuera yo un poco maquiavélica, te lo aseguro —dijo y se rió—. En fin. Espero que ahora sí hagas caso a mis consejos y no te pongas a improvisar, Malfoy. —Suspiró hondamente y miró unos papeles que tenía sobre el escritorio—. Yo tenía la esperanza de que para mañana ya hubiera regresado nuestro Draco porque... —Se interrumpió y miró a Draco con culpa—. Oh, lo siento. No es nada. Creo que he sido un poco insensible al mencionar cada dos por tres al otro Draco. Perdona, Malfoy.

Draco se encogió de hombros, restándole importancia. Por el momento eso no le molestaba tanto porque se había ilusionado de nuevo con arreglarse con Harry y lo iba a conseguir, le costara lo que le costara. Y si lo conseguía, disfrutaría al máximo todos los momentos que pudiera pasar con él y ya le plantaría cara a cualquier cosa mala que sucediera posteriormente.

Elevó la vista y se dio cuenta de que Granger lo miraba intensamente.

—¿Algo más que quieras decirme, Granger, o ya puedo retirarme a tratar de reconciliarme con mi "no-mío" marido?

—En realidad… sí hay algo más que quisiera hablar contigo —dijo ella mirándolo con extraño interés—. Verás, traigo un asunto entre manos y me gustaría contar con tu opinión. Quizá tú, como mago que se ha dedicado a llevar los negocios millonarios de su familia, podrás pensar en algo respecto a esto —finalizó ella y empujó un legajo de pergaminos por encima de su escritorio hacia Draco.

Éste, con gran curiosidad, se acercó al mueble y observó de qué se trataba. Echó una rápida ojeada y se dio cuenta de que eran estudios estadísticos, económicos y sociológicos del problema de pobreza y marginalidad que sufría la comunidad mágica en Nottingham. Aquel estudio se enfocaba especialmente en las viudas y los huérfanos de la guerra, quienes, según concluían los expertos, eran los más vulnerables y propensos a convertirse en magos oscuros con el pasar del tiempo. Con interés renovado, Draco tomó los papeles y los revisó más detenidamente, tanto, que no se dio cuenta de que Granger abría la puerta de su oficina y le pedía una bandeja de té a su secretaria.

Unos minutos después, la secretaria entró con el té solicitado. Dejó la bandeja sobre el escritorio y se retiró, cerrando la puerta tras ella. Fue cuando Draco bajó los papeles y dijo, mientras Granger servía dos tazas de té:

—Como un mago que ha visto a su familia no solamente hacer negocios, sino participar activamente en obras de caridad de diversos tipos, yo sugeriría, si es que se cuenta con el dinero, el establecimiento de algún tipo de centro cultural o deportivo para que los niños y niñas se alejen de la tentación de las malas compañías. Incluso se pueden ofrecer becas a los mejores estudiantes o deportistas. Cualquier cosa que los aleje de lo que llevó a sus padres a convertirse en magos oscuros, en sicarios baratos para el Señor Tenebroso. Y… no sé, ¿quizá también algún tipo de centro educativo para las brujas viudas? Quizá algo donde se les enseñe un oficio y se pueda implantar una bolsa de trabajo. Incluso, si es necesario, ayudarlas a mudarse a otro sitio más propicio para educar a sus hijos pequeños antes de que entren a Hogwarts…

Se interrumpió porque descubrió que Granger lo estaba mirando con los ojos llenos de lágrimas. Pero no era llanto de tristeza, si es que algo se podía deducir de la sonrisa enorme que tenía ella y del modo en que sus ojos resplandecían mientras lo observaba, como si… Como si estuviera orgullosa.

—¿Pasa algo, Granger? —preguntó él con voz cauta, entregándole los papeles. De pronto, aquella bruja comenzó a darle mucho miedo. No sólo era maquiavélica, sino que estaba completamente inestable emocionalmente hablando.

Ella negó con la cabeza y se limpió las lágrimas con el pañuelo que había sacado antes.

—No pasa nada, al menos nada malo. De hecho, creo que todo está mejor de lo que esperaba —dijo ella y Draco abrió la boca para preguntarle a qué se refería, pero ella suspiró hondamente y le preguntó—: ¿Gustas una taza de té? —Draco negó con la cabeza; no quería té, sólo quería saber de qué se trataba todo eso. Ella sorbió un poco de una de las tacitas y dijo—: Bien. Ahora, Malfoy, imagina que contamos con un empresario filántropo muy rico que ha donado el dinero justo para comprar un edificio, restaurarlo y fundar un centro deportivo para los niños marginados de Nottingham. ¿Qué otra idea te viene a partir de ahí?

Draco miró a Granger sin comprender, pero decidió seguirle el juego. Recordó lo bueno que era Harry como entrenador de quidditch y el estupendo trabajo que hacía con los niños, porque no solamente los enseñaba a volar y jugar sino que sus clases estaban llenas de motivación, valores e inyecciones de autoestima para los pequeños. De pronto, se dio cuenta de lo beneficioso que podría ser para un puñado de niños que habían perdido a sus padres en la guerra tener al héroe Harry Potter entrenándolos en quidditch y se emocionó. Le preguntó a Granger:

—¿Los entrenadores deportivos recibirán algún sueldo?

Granger sonrió mucho y, con ojos brillantes, respondió:

—Así es. Y uno muy bueno, debo añadir. Nuestro benefactor es un mago demasiado generoso y que disfruta mucho del quidditch. Por no hablar de sus cualidades como empresario: ya tiene lista la fundación que se hará cargo de todo a base de donaciones y aportaciones de los miembros más distinguidos de la sociedad mágica.

Draco sintió que el corazón le daba un vuelco:

—Entonces, si ya se cuentan con los medios, ¿por qué no se usan esas instalaciones para un club infantil de quidditch sólo para niños marginados y pones a Harry como entrenador? Estoy seguro de que él estaría orgullosísimo de ese trabajo porque, con lo bueno que es, y no me refiero sólo a su habilidad en el quidditch sino también a su valor como ser humano, creo que marcaría una diferencia en la vida de esos pequeños magos y brujas, ¿no crees?

Draco se aterrorizó porque Granger reaccionó de un modo que jamás se habría esperado. Comenzó a sollozar sin control y, de nuevo, se lanzó hacia él, sólo que ahora no se conformó con tomarlo del brazo, sino que lo rodeó con sus brazos y lo apretó tan fuerte que lo dejó sin aire. Todo lo que Draco podía ver era la melena enmarañada de esa bruja mientras ella lo estrujaba y decía:

—¡No puedo creerlo, no puedo creerlo! Parece que, entre más tiempo pasas aquí, más y más te conviertes en él. Oh cielos, simplemente, no puedo creerlo.

Draco intentó armarse de paciencia y aguantar el abrazo de Granger, pero llegó un punto donde se volvió demasiado. La empujó lo más suave que pudo y le espetó:

—¿Serías tan amable de explicarme qué pasa contigo?

Granger se separó de él y volvió a usar su pañuelo para limpiarse la cara. Draco pensó que esa bruja lloraba demasiado y en serio se preguntó cómo había hecho para escalar tan alto ahí en el Ministerio si era así de sensible. Pero no tuvo mucho tiempo para pensar en eso porque no pudo pasar por alto un cambio notorio en Granger. Ahora, la bruja lo estaba mirando con más cariño y atención que antes.

—Claro, claro, te explicaré, Draco, dame un momento —dijo ella y se limpió sonoramente la nariz. Draco se quedó boquiabierto porque era la primera vez que ella, conscientemente, lo llamaba "Draco" y no "Malfoy—. Verás… No, no, espera. Antes de explicarte por qué reaccioné así, necesito que veas esto. Te va a encantar y quizá comprendas todo.

Ella tomó una carpeta de su escritorio y se la pasó a Draco. Éste la recibió y la abrió con cautela. Adentro, venían los pergaminos de lo que parecía ser el reporte de la creación de un centro deportivo infantil y un centro educacional para personas adultas en Nottingham. Draco arqueó las cejas al darse cuenta de que era exactamente lo mismo que él acababa de sugerirle a Granger, y todavía se sorprendió muchísimo más cuando leyó los nombres de ambos centros.

"Club Infantil Deportivo James Potter" y "Centro Educacional para Brujas Lily Potter". Eran los nombres de los padres de Harry. Asombrado, Draco continuó leyendo aquel reporte, el cual certificaba que los nombres de los centros habían sido idea y petición del generoso benefactor, quien, por cierto, elegía mantenerse en el anonimato. Aparte, el mismo benefactor ponía como condición que se incorporara a Harry Potter como director y entrenador del centro deportivo infantil. El reporte finalizaba con la noticia de que la ceremonia de inauguración de ambos centros estaba programada para el día sábado 30 de diciembre de ese año. O sea, el día siguiente.

Mañana.

Draco levantó los ojos de los papeles y miró a Granger, comprendiendo.

—Fui yo… Quiero decir, mi otro yo, ¿verdad? Mi otro yo es este misterioso benefactor, ¿cierto?

Granger asintió con una enorme sonrisa de orgullo.

—Así es. Y no sólo eso. Draco no es sólo el benefactor que ni siquiera pide reconocimiento, sino que todo esto, de principio a fin, fue completamente su idea. Yo sólo le ayudé a llevarla a cabo, pero fue todo cosa de él. Lo hizo tanto para ayudar a los pobres de Nottingham como porque estaba seguro de que Harry estaría más que feliz de participar porque a él, especialmente, le afecta mucho el tema de los niños huérfanos por la guerra.

Draco recordó entonces la cena que habían tenido hacía dos días en la mansión, donde Granger había sacado el tema y Harry se había mostrado bastante molesto de que se tratara a la población mágica de Nottingham como a un grupo propenso a caer en la magia oscura. Viéndolo así, lo que Granger afirmaba bien podía ser cierto: Harry estaría mucho más que feliz y orgulloso de ser partícipe para evitar eso.

Miró a Granger con renovada admiración.

—Ahora entiendo tantas cosas —le dijo en voz baja, un tanto incrédulo—. Ahora entiendo por qué sacaste este tema de conversación en aquella cena. Querías medir mi reacción, ¿cierto?

Granger asintió sin atisbo de vergüenza.

—Exactamente. Y al hablar de ello y ver que no reaccionabas de ninguna manera, estuve completamente segura de que tú no eras nuestro Draco de siempre.

Draco negó con la cabeza, incapaz de enojarse ante la astucia de Granger.

—Eres increíble. Hablando de ese tema como si fuera un gran problema cuando, aparentemente, tenías todo ya solucionado —dijo Draco, y Granger sólo se encogió de hombros.

—Tenía que hacerlo, lo siento. Fue por una buena causa.

Draco asintió.

—Sí, sí, de hecho, lo comprendo. Y ahora entiendo también porque tenías la esperanza de que yo me hubiera ido ya para mañana y hubiese vuelto el otro Draco. Supongo que lo querías a él aquí para la ceremonia en Nottingham, ¿o me equivoco?

Granger abrió mucho los ojos.

—No, no te equivocas. No obstante, si eres tú quien está aquí, creo que realmente ya no hace diferencia.

—¿Qué quieres decir? —preguntó Draco mientras le devolvía la carpeta de papeles.

—Lo que quiero decir es que yo habría querido que regresara el otro Draco porque todo esto fue su idea, pero… ¡Bueno, Draco! ¿No te has dado cuenta? Al mostrarte todos los estudios realizados en la comunidad, tú me sugeriste exactamente la misma cosa: ¡la creación de los dos centros e incluso reclutar a Harry como entrenador! Es como… Dios, no lo sé, pero es como si, con el pasar de los días, tú me estuvieras demostrando que en el fondo eres exactamente nuestro mismo Draco sólo con algunos retrasos en exponer su verdadera naturaleza. Como si… Es como si, si te diéramos la oportunidad y el tiempo suficientes, actuaras exactamente y sintieras exactamente como él.

Draco había visto a la cara a Granger mientras ella decía todo eso y se daba cuenta de que era completamente sincera. Un golpe de calor le inundó el pecho al sentirse raramente orgulloso de él mismo. Granger tenía razón. Él también había tenido exactamente las mismas ideas. Quizá no había pensado en el nombre de los centros, pero supuso que eso sería algo que, quizá, se le habría ocurrido después.

—¿Entonces…?

—Entonces, supongo que para mañana sábado, si es que tú sigues aquí y no ha vuelto el otro Draco, te mereces tanto como él estar presente en la ceremonia y entregarle a Harry la dirección del centro deportivo, tal como lo habíamos acordado —le dijo ella con una sonrisa radiante.

—Oh —exclamó Draco, emocionándose ante esa perspectiva—. ¿Harry sabe algo de esto…?

Granger negó con la cabeza.

—Oh no, vamos a darle la sorpresa mañana. Ron se va a encargar de llevarlo a la ceremonia con alguna excusa. Ahí, a la hora programada, tú vas a dar tu discurso y vas a nombrarlo director del centro deportivo después de revelar los nombres de éste y del centro educativo para adultos.

—¿Yo… yo iba a dar un discurso?

—Lo vas a dar. Mira, por suerte, el otro Draco, antes de cambiarse por ti, me dejó una copia —dijo ella y sacó un pergamino de una de sus gavetas. Sonrió cálidamente mientras le pasaba la hoja—. Ten. Sería bueno que lo repasaras.

Draco recibió el papel y miró un pequeño texto escrito con una letra que era completamente idéntica a la suya propia, como si lo hubiera garabateado él mismo. No era muy largo y, en general, se deshacía en halagos hacia Harry Potter. Draco sonrió. Quizá… quizá también aquello ayudaría a aliviar su situación tensa y conflictiva con Harry. Si es que todo salía bien. Miró a Granger a la cara.

—¿Estás segura de esto, Granger?

Ella asintió.

—Completamente. Como te dije, te lo has ganado. Tú, al igual que él, llegaste a la misma solución y creo que es justo que tomes la estafeta que ha dejado tu otro tú, ¿no crees? Además, es por la mejor de las causas.

Claro, claro, pensó Draco. Ayudar a una comunidad entera de magos y brujas marginados y, además, darle a Harry un trabajo que seguramente estaría extasiado de tener, ni hablar del honor de ver aquellos dos centros de ayuda social bautizados con el nombre de sus padres. Draco sonrió muchísimo más.

—Pues… tengo que confesarlo: estoy muy orgulloso de mi otro yo.

Granger le correspondió la sonrisa.

—Esa es la actitud que quería ver en ti, Draco —le dijo ella—. Ahora, no es que te corra, pero debo pedirte que te vayas. Tengo un millón de cosas que hacer para tener listo todo para mañana. Te necesito ahí a las dos de la tarde, vestido de gala, por supuesto. ¡Ah! Por cierto, después de la ceremonia, habrá una fiesta en las instalaciones. Harry no es muy bueno bailando, pero adora que Draco le insista que baile con él —finalizó y le guiñó un ojo.

—Gracias… Hermione —le dijo.

Se despidió de Granger dándole un cordial y fuerte apretón de manos y salió de su oficina. Apenas había cerrado la puerta detrás de él y comenzado a caminar a través de la recepción, cuando una voz masculina proveniente del escritorio de la secretaria, dijo pausadamente:

—¿Ya se va, señor Malfoy? ¿No gusta una última taza de té?

Draco se detuvo tan bruscamente que casi se cae de bruces. Se giró sobre sus talones y descubrió a Snape sentado detrás el escritorio de la recepción, vestido con la misma túnica femenina que había tenido puesta la secretaria malhumorada de Granger. Draco apenas sí podía creerlo. Tenía tantos días que Snape no se le aparecía que ya hasta había olvidado que éste tenía la capacidad de hacerlo.

—¿Qué hizo usted con la secretaria de Granger para poder tomar su lugar? —le espetó en mal tono—. ¿La mandó a otra realidad alterna, para variar?

Snape suspiró, arqueó las cejas en un gesto burlón y se apoyó cómodamente en el respaldo de la silla.

—¿Realidad alterna? ¿Realidad alterna? —repitió en el característico tono irónico que solía usar siempre en el colegio para reírse de las estupideces de sus alumnos—. ¿De qué sandeces estás hablando, Draco?

Draco suspiró para armarse de paciencia, miró a todos lados y, al percatarse de que estaban a solas, caminó hasta el escritorio de la recepcionista y apoyó las manos sobre el mueble para acercar su cara a la de Snape, quien sólo lo miró impasible.

—¿Cómo que de qué estoy hablando? ¿Qué acaso no es usted quien ha abierto las puertas de este infierno de realidades paralelas para sacarme de la mía y arrojarme a esta? Y, ya que hablamos de este tema, me gustaría saber qué demonios fue lo que hizo con el Draco Malfoy de esta realidad. ¿Lo mandó a la mía? ¿Se… se encuentra bien?

Snape soltó una risita entre dientes y miró a Draco con sus malévolos ojos negros brillando con incredulidad.

—Oh, estimado Draco, me parece que has dejado que tu razonamiento se vea afectado por la espantosa ficción muggle. Yo jamás te hablé de realidades, ni alternas, ni paralelas, ni de ningún otro tipo. No sé de dónde has sacado semejantes conceptos. Si haces bien en recordar, yo sólo conversé contigo de una sola cosa que, por cierto, pareces no comprender: esto —dijo, mientras miraba a su alrededor y movía una mano como para abarcar lo que les rodeaba—, es sólo un vistazo.

Draco volvió a suspirar pero esa vez lo hizo con más impaciencia. Se paró derecho y exclamó:

—¡Ya sé que esto es un vistazo! Es una realidad alterna consecuencia de lo que habría pasado si yo le hubiera pedido ayuda a Harry en vez de atacarlo en un baño de Hogwarts. Aquí todo ha transcurrido de modo diferente a partir de ese punto. El Draco de aquí es…

—¿El Draco… de aquí? —lo interrumpió Snape y volvió a reírse con sorna—. Draco Malfoy, ¿acaso no escuchaste lo que acabo de decirte? Creer en este tipo de estupideces lo esperaría de alguien como Potter, pero, ¿de ti? Qué… gran… decepción —dijo Snape lentamente mientras se ponía de pie. Caminó para rodear el escritorio y encaró a Draco—. Esto que mencionas sin parar, lo de "realidades alternas", es sólo una patraña inexistente. Al menos, no es lo que yo estoy haciendo contigo. Si de verdad existieran realidades paralelas entre sí, yo no tengo el poder, y dudo mucho que alguien lo tenga, para intercambiar personas entre ellas.

Draco lo miró boquiabierto y un tanto desconcertado porque, ahora que Snape lo mencionaba, era verdad lo que él le estaba diciendo: jamás, en sus anteriores encuentros, el ex profesor venido a fantasma le había mencionado nada acerca de la existencia de diferentes realidades. Había sido el mismo Draco quien había llegado a esas conclusiones, inspirado por Granger quien le había insistido que "su Draco" tenía que estar en algún otro lado.

—¿No? —preguntó, azorado.

Snape puso los ojos en blanco.

—Por supuesto que no, Draco. Soy un mago fantasma poderoso, pero no tanto. Lo único que yo hice fue fabricar este vistazo para ti. Este vistazo de lo que pudo haber sido tu vida y la vida de todos los que te rodean. Pero este vistazo ha sido conjurado dentro de la única realidad que conocemos y habitamos, si tú hubieras tomado otra decisión en un momento dado. Presumo que ya te diste cuenta de cuál decisión estamos hablando, ¿no?

Draco, congelado de la impresión por lo que Snape le estaba explicando, sólo pudo asentir antes de poder encontrar su voz para responder distraídamente:

—Sí… sí. Fue… Fue un momento cuando estaba por cumplir diecisiete. Le pedí ayuda a Harry en vez de atacarlo. Eso… Eso fue lo que cambió todo. Pero… Pero… Snape, yo creí que esto era otra realidad. ¿Cómo es posible que esto no sea real? Se siente tan… auténtico.

Snape arqueó una ceja y sonrió de medio lado, presuntuoso.

—Yo no he dicho que no sea real.

Draco negó con la cabeza.

—¡No-no entiendo! ¿No hay otra realidad alterna a esta, sucediendo en este justo momento?

Snape negó levemente mientras hacía un gesto despectivo.

—No que yo me haya dado cuenta.

—¿Qué sucedió entonces con el mundo donde yo habitaba antes? —preguntó Draco, cada vez más confundido y al borde de un ataque de algo.

Snape se encogió de hombros.

—Sigue donde se quedó.

Draco soltó una risita histérica.

—¿En dónde?

—Yo nunca dije que estuviera en un lugar, ¿o sí, Draco? —respondió Snape comenzando a fastidiarse—. Lo estás sobreanalizando todo, típico de ti. Esto, Draco, como me he hartado de decírtelo, es sólo un vistazo. ¿Cuándo vas a comprenderlo?

—¡¿Con eso está tratando de decir que esto es sólo un sueño, una ilusión?! —preguntó Draco escandalizado, incrédulo, porque aquello no podía ser sólo una jugarreta de su mente. Como acababa de decírselo a Snape, se sentía demasiado real.

Snape, aparentemente harto, se tomó unos segundos para llevarse los dedos de una mano a la frente, frotársela y suspirar con hastío.

—No, Draco, no. Este vistazo es tan real como lo puede ser la vida misma. Como lo era tu vida de la cual te saqué y a la cual volverás cuando hayas comprendido por qué te puse aquí. ¿Vas a dejarte llevar de una vez por todas? Deja de mortificarte con cuestiones filosóficas y saca de tu mente la idea de que existen diversas realidades. No. Es. Así. Merlín bendito —gimoteó Snape mientras se daba la media vuelta y hacía ondear sus túnicas en un movimiento muy melodramático—. Eres idéntico a Potter cuando el idiota insistía en que la legeremancia era como "leer la mente". Parece que les cuesta captar las sutilezas de la magia.

Draco estaba azorado y, aunque no entendía a qué se refería Snape, tartamudeó:

—La-la mente no se lee como un-un libro. La mente se siente.

Snape se giró hacia él y le obsequió la misma sonrisa que solía ofrecerle cuando respondía bien una pregunta en clase y se ganaba puntos para su casa. De pronto, Draco se sintió de nuevo como un adolescente en el aula de Pociones de Hogwarts.

—Exactamente, Draco. Muy bien. Y ahora, responde esto: ¿existen diversas realidades o es una sola?

—Es… ¿una sola? —contestó, lleno de inseguridad.

—Así es, Draco. Puedes tener la certeza de que no existe "otro tú" en ningún otro sitio, ni tiempo, ni mundo. Lo que estás viviendo aquí es simplemente la realidad que pudo haber sido, la vida de Draco Malfoy que pudo haber sido y que eres sólo tú. ¿Me entiendes ahora, sí o no?

Draco comenzó a asentir pero entonces meneó la cabeza en un gesto negativo.

—No, no, no, espere Snape, ¡no entiendo nada! O sea, ¿está queriendo decir que realmente yo soy el Draco de aquí? ¿No existe en otro sitio? ¿He sido yo todo este tiempo?

Snape lo miró haciendo una mueca de disgusto pero asintió levemente.

—Lo has entendido. Esta vida es la tuya si simplemente hubieras tomado otra decisión. No es que existan dos Dracos viviendo vidas diferentes, ¡qué tontería! ¿Cómo algo tan simple te ha sido tan difícil de entender?

Draco miró a Snape con creciente admiración. Sea como fuere, Snape era un mago muy poderoso aun como fantasma. ¡Había logrado crear una vida diferente que se sentía completamente auténtica! Eso… eso era increíble.

Y, como si un encantamiento lo golpeara de repente, Draco se vio invadido de pronto por la revelación de lo que aquello significaba. ¡Con razón sucedía que él terminaba teniendo las mismas ideas que su "otro yo", que en realidad no era "otro Draco" sino él mismo! Él siempre había sido ese Draco. Siempre. Un poco diferente porque, obviamente, habían tenido vidas adultas diferentes. Pero eran el mismo. No existía "otro Draco" de los mil cojones viviendo en otro lado y por quien él había estado incluso preocupado y hasta sintiéndose celoso y envidioso. Por lo tanto, eso quería decir que...

Harry no estaba casado con otro Draco. Estaba casado con él.

Aquel hallazgo lo hizo llevarse las manos a la cara y gimió de alegría. Eso… eso… ¡Eso era estupendo! Harry era suyo por todas las de la Ley. Las implicaciones de eso le humedecieron los ojos de la alegría y el alivio que sintió.

Se destapó la cara y buscó a Snape para preguntarle si existía alguna posibilidad de continuar viviendo aquella vida y no regresar a la anterior, pero Snape ya había desaparecido.

No obstante, Draco no se preocupó. Se sentía tan liberado por aquel descubrimiento que no pudo más que salir corriendo de aquella oficina para ir a buscar al que, ahora sabía con certeza, sí era su marido y lo amaba a él.

No a otro.

A él.