Capítulo 16. Atreverse a tanto
En cuanto Draco consiguió tranquilizarse a él mismo, convocó la desaparición conjunta llevándose a Harry consigo; así sin vestirse, sin limpiarse, sin salirse del cuerpo del otro. Los apareció a ambos en su cuarto y fue entonces que procedió a salirse de Harry, a aplicar encantamientos de limpieza sobre él y, luego, lo arrastró hasta la cama donde los dos esposos se acostaron muy pegados.
Harry no dejaba de sollozar quedamente y Draco no hizo comentario alguno al respecto. Lo que hizo fue abrazarlo apretado contra su pecho y, poco a poco, mientras Harry se calmaba, Draco pudo percibir un cambio en el ánimo de Harry: había dejado de parecer temeroso o desesperado, y ahora, en cambio, se notaba aliviado.
Draco no pudo dejar de sonreír con orgullo conforme Harry se quedaba dormido entre sus brazos.
Después de un rato, cuando se aseguró de que Harry ya estaba en su sueño más profundo, Draco se desenredó de él con cuidado y se levantó de la cama.
Se quedó sentado durante unos minutos, pensando en todo lo que había pasado, especialmente, rememorando la experiencia de haber creado un patronus por primera vez y la forma que éste había adoptado. Arqueó las cejas y sonrió enternecido; todavía le costaba creerlo. Tendría que haber sospechado que su patronus tendría algo que ver con el amor que le profesaba a su heredero.
Suspiró y se frotó los ojos, sintiéndose tan agotado que sabía que no le costaría ningún trabajo quedarse dormido junto al calor intoxicante que emanaba el cuerpo de Harry Potter.
Pero la verdad era que no quería quedarse dormido. Estaba aterrado de que esa fuera su última noche ahí; de que, después de sucumbir al sueño, fuera a despertar en esa misma cama pero en otra realidad muy distinta donde, ni por asomo, tendría a Harry cerca de él.
Temblando y no precisamente de frío, Draco le echó un último vistazo a Harry y, sintiéndose deprimido por no poder ceder a las ganas que tenía de dormir pegado a él, se levantó de la cama y se duchó con agua helada.
Ya más espabilado gracias a la gélida temperatura, se vistió y decidió ir a la cocina a buscar algo que le ayudara a soportar la noche sin dormir. En las alacenas donde guardaban las pócimas preparadas, encontró una botella de poción herbovitalizante y se la bebió casi toda de un trago. Entonces, miró el viejo reloj que colgaba de la pared y maldijo entre dientes: apenas eran las once de la noche.
Esa iba a ser una velada muy, muy larga.
Fue a su despacho y trabajó un par de horas hasta que, a pesar de los efectos de la poción, comenzó a sentirse adormilado. Se levantó entonces de su silla y fue al cuarto de Eltanin.
Ahí pasó otro par de horas mirando al bebé dormir y distrayéndose a él mismo con algunos libros infantiles que encontró en una repisa. Cuando de nuevo el sueño lo atacó, se levantó decidido a cambiar de aires, no sin antes volver a darle un beso en la mejilla al niño.
Regresó a la cocina, donde un elfo que estaba de guardia se ofreció a hacerle una cena tardía. Draco aceptó aunque no tenía mucha hambre, porque sabía que eso lo ayudaría con la vigilia. Comió un poco, bebió agua muy helada para despejarse la mente, y volvió a mirar el reloj.
Apenas eran las cuatro de la mañana. Faltaban cuatro horas más para el amanecer.
Desesperado y ante la mirada preocupada del elfo, se frotó la cara con ambas manos y soltó un bramido. ¿Qué demonios era lo que estaba pensando, de todas formas? Aun si conseguía mantenerse despierto durante esa noche, no podía no volver a dormir lo que le restaba de vida. Tarde o temprano, muy seguramente en algún momento del día siguiente, caería rendido por más que tratara de evitarlo.
Pero la cuestión era que ese día era especial... Ese día era la víspera de Año Nuevo. Se suponía que iría a Londres con Harry y con todos sus amigos a mirar los fuegos artificiales y no sólo eso. Según había alcanzado a entender, el plan era que después de las campanadas, del show de luces y de la música, iría con todos ésos, a quienes había aprendido a tomarles cariño, a beberse unos tragos a un pub muggle. El plan se escuchaba tan divertido que Draco no quería perdérselo, menos si Enescu y Gabrielle iban a estar ahí para verlos a él y a Harry juntos y muy enamorados.
Además... Quizá era algo tonto, pero la verdad era que Draco quería con todas sus fuerzas pasar esa transición del 2006 al 2007 dándose un beso con Harry, tal como lo dictaba la tradición. Sonrió ante el pensamiento tan cursi, pero no podía dejar de sentirse ilusionado ante la perspectiva ya que, según contaba una leyenda que databa desde tiempos de los romanos, si el Año Nuevo te pillaba besando a alguien, durante el resto del año tendrías mucha suerte en el amor, especialmente con ese alguien con quien te habías besado.
Si de verdad no le quedaba más remedio que regresar a su realidad como Snape le había anunciado, al menos quería pasar un día más ahí. Ese día. Con Harry, con Eltanin, con sus padres, con Blaise, Pansy y todos los demás.
Se levantó de la mesa de la cocina, le agradeció al elfo la comida y salió a los jardines de la mansión para caminar un rato entre la nieve y conseguir que el puto frío de la madrugada lo mantuviera despierto.
A las seis de la mañana, Draco ya no daba más.
Siendo invierno, el sol no iba a salir hasta las ocho, así que a las seis todavía estaba oscuro y helado. Draco fue de nuevo a la cocina, se bebió tres tazas de café negro muy cargado y luego subió a su cuarto.
Harry continuaba dormido y Draco sintió un placentero vuelco en el pecho cuando se acercó a la cama y notó que el moreno tenía el rostro relajado e, incluso, una muy pequeña sonrisa dibujada en los labios.
—Oh, Harry —masculló, casi adolorido físicamente por aquellos sentimientos tan enormes que amenazaban con desbordarlo.
Harry se removió debajo de las mantas y entreabrió los ojos.
—¿Draco? ¿Qué-qué haces? —preguntó con voz ronca. Intentó sentarse, comenzando a preocuparse—. ¿Vas a salir a esta hora?
Draco se sintió culpable por la inseguridad que ahora sentía Harry acerca de su relación de pareja: sabía que era debido a todos los desplantes que él le había hecho y los pleitos que habían tenido durante la última semana. Si es que acaso conseguía quedarse en esa realidad, le iba a costar tiempo y delicadeza recuperar la confianza de Harry hacia él.
Negó con la cabeza al tiempo que comenzaba a quitarse la ropa.
—No, no voy a salir, sólo... sólo me vestí para bajar por un té a la cocina. No podía dormir —añadió mientras terminaba de quitarse todo menos los calzoncillos.
Harry se relajó de inmediato. Le sonrió tímidamente y levantó las mantas para hacerle lugar.
—Siento mucho escuchar eso —le dijo el moreno con la voz soñolienta—. Especialmente porque yo dormí tan bien, como no dormía en meses... —Se interrumpió mientras observaba a Draco acostarse a su lado y taparse con las mantas. Tenía en la cara la expresión de quien no puede creer en su buena suerte. Le dedicó a Draco una enorme sonrisa enamorada al tiempo que decía—: Lo de anoche fue...
No terminó la frase. Negó con la cabeza y apretó los labios. Miró a Draco con los ojos entrecerrados, seguramente en un esfuerzo por enfocar su imagen ya que no traía los anteojos puestos.
—Que digo lo de anoche —continuó hablando Harry con la voz escurriendo agradecimiento—. Más bien, lo que pasó durante todo el día. El centro deportivo, mi nombramiento como director, tú en la fiesta... Oh Merlín, la manera en que me dejaste follarte en la oficina —agregó con voz ronca, cerrando los ojos, como si el recuerdo fuera demasiado para soportarlo—. Y finalmente, lo que pasó aquí en casa. —Harry suspiró y se abrazó de Draco, pasándole un brazo por encima y atrayéndolo hacia él. Clavó su rostro en el pecho de Draco—. Recuperé mi patronus —agregó con la voz quebrada, su aliento tibio rebotando contra la piel de Draco—. Recuperé mi patronus —repitió incrédulamente.
Draco le correspondió el abrazo y suspiró encima de su cabello. Quiso sonreír, pero no podía. Se sentía demasiado cansado y triste. Era una suerte que Harry no estuviera viéndolo.
—Sí —dijo finalmente, usando la mano para acariciar la espalda desnuda de Harry—. Es maravilloso, ¿cierto? Sabía que podrías hacerlo, nunca dudé de ti.
Harry se separó para poder mirarlo a la cara.
—Pero no lo hubiera conseguido de no ser por ti —le dijo con una gran sonrisa—. Además, mi recuerdo más feliz... ¿Quieres saber cuál fue?
Draco arqueó una ceja. Claro que quería saber.
—¿El nacimiento de Eltanin?
Harry negó con la cabeza sin dejar de sonreír.
—Cerca, pero no. O sea, es cierto que tengo muchos recuerdos muy felices desde que tú y yo estamos juntos, y por supuesto que Eltanin protagoniza una gran cantidad de ellos, pero por alguna razón ayer, cuando me exigiste que pensara en mi memoria más feliz, la primera que vino a mi mente fue la del momento en que tú hiciste que todo esto fuera posible.
Draco frunció el ceño. Si de él hubiese dependido la respuesta, le habría dicho a Harry que el momento crucial en que todo eso se volvió posible había sido aquella tarde en el baño de Myrtle donde ellos dos no se habían peleado a punta de varitas.
Pero para Harry eso no tenía ningún sentido porque, obviamente, él no tenía idea de que en otra vida esa pelea lo había trastornado todo.
Draco se aclaró la garganta y cuestionó:
—¿No te molesta si te pregunto cuál fue ese momento? Ya sabes que he tenido algunos problemas de memoria últimamente...
Si Harry se sintió ofendido porque Draco no lo recordaba, no lo demostró en absoluto. Sin perder el gesto de sosegada felicidad que tenía en la cara, comenzó a narrarle:
—El recuerdo que anoche me ayudó con mi patronus, fue el de nuestro primer beso —susurró y sonrió resplandeciente, sus ojos perdidos hacia la nada mientras recordaba—. Porque ese día fue cuando yo me di cuenta de qué era lo que me estaba perdiendo al no tenerte, al no aceptar mi bisexualidad.
—Oh —dijo Draco, sintiéndose conmovido—. ¿Así que nuestro primer beso fue lo que te hizo decidir eso?
Harry se separó de Draco para apoyarse sobre un codo y mirarlo a los ojos.
—Obviamente. Hubiera sido imposible quedarse impávido ante semejante beso. Me removiste todos los putos cimientos en los que había construido mi vida. —Suspiró y miró a Draco con cariño—. Fuiste tan jodidamente valiente, tan... descarado, que... —Soltó una risita—. Me hiciste sentir tantas cosas con un solo jodido beso.
—Cuéntamelo —le rogó Draco, muriéndose por saber más—. Cuéntame las cosas como tú las recuerdas, por favor.
Harry volvió a suspirar.
—¿Te acuerdas que, después de la Batalla Final y de haber ayudado a trasladar a los heridos a San Mungo, tú te fuiste con tu familia y no volvimos a vernos durante meses? —Draco asintió aunque, obviamente, no recordaba nada porque no lo había vivido—. No nos vimos durante mucho tiempo, y yo no quería reconocerlo, pero te echaba de menos terriblemente. Ya ves que tú siempre nos acompañaste en las búsquedas de los horrocruxes y todo eso, y bueno, vivimos tantas cosas juntos que... Como sea, yo estaba en negación total durante aquellos tiempos, aferrándome a la idea de que lo que había entre tú y yo sólo era una buena amistad forjada bajo el calor de la guerra. Y cuando todo terminó y nuestra amistad quedó reducida a una carta de vez en cuando, fue bastante deprimente para mí. Me sentía triste y no comprendía por qué. Creí que necesitaba retomar mi relación con Ginny, ¿recuerdas? Te escribí una carta avisándote que volvería con ella y tú me mandaste un vociferador rogándome que no tomara decisiones precipitadas basadas en la soledad. Oh dios —exclamó y se rió—, ese vociferador me llegó justo cuando estaba en una cafetería muggle con Dudley y tía Petunia, intentando retomar nuestros lazos. ¡Ambos salieron corriendo muertos de miedo y de vergüenza, jurando que ahora sí no volverían a verme!
Se rió más y Draco no pudo evitar reírse también. Mandar un vociferador sonaba a algo que él perfectamente habría hecho, y con mucha más razón si ya sentía algo más por Harry Potter que sólo amistad.
—Y... supongo que te enojaste conmigo por arruinarte ese reencuentro con tus parientes, ¿no?
Harry asintió.
—Así es. Tenía meses intentando convencerlos de que nos viéramos de nuevo para charlar, pero después de eso... —Se encogió de hombros—. De todas formas, con el tiempo me di cuenta de que no había modo de que me pudiera llevar bien con ellos, así que se me pasó y te perdoné. Además, no es como si tú hubieras sabido que yo iba a estar con ellos esa tarde. Creo que tu plan secreto era que fuera Ginny o los Weasley los que estuvieran a mi lado al explotar el vociferador. —Harry sonrió y suspiró—. En fin. El punto es que, justamente porque me enojé contigo, fui y le pedí a Ginny que volviéramos a ser novios. Ella aceptó, claro, y bueno... Tú y yo dejamos de escribirnos. Fueron los meses más solitarios para mí, si te soy sincero. Extrañaba tanto tu retorcido sentido del humor, el modo en que me hacías reír o reflexionar con tus certeros comentarios, tu… tu atractiva presencia. Estar con Ginny no era nada en comparación.
Draco apretó los labios y agachó la cabeza.
—Siento haberme alejado... Debí haber comprendido que tú...
Harry negó con la cabeza.
—No, Draco. Tú tenías razón. Yo no debí haber vuelto con Ginny. Sólo prolongué su sufrimiento. Jamás se lo dije a ella para no humillarla, pero la realidad era que, aun estando juntos, yo no podía dejar de pensar en ti.
Harry se silenció un momento y miró hacia el techo del dosel de su cama, como perdiéndose en recuerdos muy tristes. Draco esperó a que continuara.
—Entonces, llegó el primer aniversario de la Batalla de Hogwarts y todos fuimos convocados a la ceremonia. Yo asistí muerto de los nervios y de la emoción, preguntándome si estarías ahí, muriéndome de ganas de volver a verte... —Se giró hacia Draco y lo miró a los ojos con gran cariño—. Y ahí estabas. Nunca olvidaré lo que sentí cuando salí a los jardines y te localicé a la distancia, tan... tan jodidamente guapo. ¿Recuerdas cómo ibas vestido? Dios, se me pone dura sólo de recordarlo. Llevabas una túnica oscura con detalles plateados y parecías resplandecer. Te veías mayor, mucho mayor y maduro de como yo te recordaba. Y entonces, te vi, y yo... Bueno. Tuve que usar mi túnica para cubrirme la entrepierna y no pasar semejante vergüenza. Nuestras sillas estaban la una junto a la otra, no sé de quién fue la idea de sentarnos juntos, pero que Merlín y todos los magos lo bendigan por siempre. Recuerdo que te vi venir hacia donde yo estaba ya sentado, sin comprender qué demonios pasaba conmigo porque, joder, se me había puesto dura sólo de verte, y tú me sonreíste y...
Draco tenía los ojos húmedos.
—¿Y...?
Harry suspiró hondamente.
—Fue cuando tuve que aceptarlo. Aceptar que no era tan heterosexual como yo creía y que además estaba loco por ti.
Se quedaron viéndose a los ojos durante un momento sin decir nada. Draco tuvo que hacer un gran esfuerzo para que Harry no notara que los labios le temblaban.
—Te sentaste junto a mí y, no sé cómo, pero te las ingeniaste para quedar completamente pegado a mi lado. Toda la maldita ceremonia sentí tu muslo pegado al mío, y no recuerdo ni una puta palabra de lo que dijeron todas las personalidades que dieron discursos porque en lo único que podía pensar era en el calor que tu cuerpo le trasmitía al mío a través de la tela de nuestros pantalones. No quería entender lo que me pasaba, no quería creerlo porque... porque tenía tanto miedo. Yo... Tú lo sabes, yo siempre quise formar una familia, tener hijos, y bueno... Estaba aterrado de ser gay y no poder.
—Pero pudimos... —quiso interrumpirlo Draco.
—Claro, pero eso fue después, mucho después, cuando ya éramos mayores y nos enteramos del procedimiento. Pero en ese momento, yo no tenía idea de que se podía tener hijos así, entre dos hombres, con la ayuda de una mujer. El punto es que aquel día, en medio de mi epifanía, yo tenía tanto terror que, cuando acabó la ceremonia, supongo que te acuerdas, me levanté y huí de ti. Para mi mala suerte, aunque luego fue buena, claro está, hubo una fiesta en el Gran Comedor después de la ceremonia y tuvimos que quedarnos. Y ahí... —Miró a Draco con los verdes ojos resplandeciendo de emoción—. ¿Te acuerdas? De algún modo, un poco más tarde, me atrapaste a solas en un rincón del salón y me besaste. —Hizo una pausa y suspiró—. Me besaste tan duro, tan excitante, tan... entregado y durante tanto rato, que yo sentí como si los dedos de mis pies se enroscaran dentro de mis zapatos y un fuego de excitación me invadiera todo el cuerpo, tan intenso que el cuero cabelludo comenzó a sudarme.
Draco soltó una larga carcajada.
—Oh dios mío, ¿así de bueno fue?
Harry asintió con ojos soñadores.
—El mejor beso que me habían dado jamás. No sé si tengas idea de lo que ese beso significó para mí en ese entonces. Yo me había besuqueado mucho con Ginny, pero jamás había sentido ese nivel de pasión. Fue... fue toda una experiencia religiosa. Y si a eso le sumas que te veías tan apetecible y guapo como ibas vestido, con tu cabello en aquel corte moderno que te quedaba tan bien, todo seguro y confiado de ti mismo, Dios... Se me hace agua la boca sólo de recordarlo. —Se rieron juntos otra vez—. Bastó eso y un beso y no pude seguir negándome a mí mismo que estaba enamorado de ti. Que lo que sentía por Ginny no era absolutamente nada en comparación.
Draco le sonrió mucho aunque la verdad era que el pecho le dolía por la tristeza de no haber vivido esa experiencia.
—¿Y luego...?
Harry suspiró profundamente antes de continuar.
—Pues sólo eso. En resumen: me acorralaste en un rincón, me tomaste de las solapas de la túnica y me besaste. Una... sola... vez. Pero con el mejor beso de la historia, estoy seguro. Ni siquiera necesitaste hacerme más. Te separaste de mí después de un rato de comerte mi boca y me dijiste, mirándome a los ojos: "Si quieres más de esto, ya sabes en dónde encontrarme". Y te fuiste, dejándome más caliente que el infierno, pero totalmente curado de mi confusión sexual. —Harry hizo una pequeña pausa donde volvió a mirar hacia un lado, como perdiéndose en sus recuerdos—. Así que, después de unos días, en lo que reuní valor, terminé con Ginny y te mandé una lechuza para encontrarnos en un café. Y ahí, así… Así fue que comenzó nuestra historia juntos.
Harry se quedó mirando hacia arriba, una sonrisa boba en su gesto y los ojos ensoñadores. Era obvio que sus recuerdos eran de lo más agradables, y Draco sintió que el corazón se le estrujaba en el pecho. Suspiró de tristeza y hundió la cabeza en la almohada, intentando visualizar en su mente todo lo que Harry acababa de contarle.
—Y... ¿ese fue el recuerdo que usaste anoche para conjurar a tu patronus? ¿Nuestro primer beso?
Harry sonrió de lado.
—Sí, pero no completamente... Es curioso, pero el recuerdo no es sólo el beso en sí, sino lo que implicó en ese momento. Lo que más me enternece es pensar en tu valentía.
Draco se incorporó para verlo a la cara.
—¿Mi valentía, dices? ¿A qué te refieres?
Harry lo vio a los ojos.
—¿Cómo que a qué me refiero? Pues a ese atrevimiento descarado que te movió a seducirme así, a buscarme en la fiesta y a besarme de aquel modo. No sé si fue lo que viviste durante la guerra o qué, pero... Estabas muy cambiado a como eras antes, en nuestros primeros años en Hogwarts. Creo que fue la incursión a Azkaban porque, ahora que lo recuerdo, una vez después de eso me dijiste que después de haber sacado a tu padre de ahí, te sentías capaz de realizar cualquier cosa.
Draco arqueó las cejas. Eso era comprensible, incluso ahora podía pensarlo así.
—Entonces...
—Entonces eso fue lo que me volvió loco por ti, lo que me terminó de convencer que lo que sentía por ti era mucho más grande que lo que creía sentir por Ginny. No fue sólo el beso. Fue... fue toda esa fuerza interna tuya que te llevó a ello. No sé si me entiendes...
Draco no le respondió. Se quedó pensando en esas palabras, las cuales rebotaban en las paredes de su cerebro como pelotas de ping pong. Atrevimiento descarado, había dicho Harry. Vaya. Nunca se hubiera imaginado a él mismo así, compitiendo en temeridad con el mismísimo Harry "Embajador de los valientes Gryffindor de los cojones" Potter.
—¿Lo que quieres decir es que te enamoraste de mí sólo porque te gané el puesto del intrépido del año? —preguntó sonriendo.
Harry soltó risitas.
—No precisamente, tonto. Fue más bien que... No sé, pero me pareció sumamente tierno que tú, que siempre te preocupaste por las apariencias y lo que los demás pensaran de ti, que estabas muy angustiado por cumplir con los estándares de tu legado de mago sangre pura y de complacer a tu exigente padre, fueras y te atrevieras a hacer algo como besar a un chico supuestamente hetero y con novia, sin que te importara en lo más mínimo si resultabas humillado o si eras rechazado.
De pronto, algo amargo le subió a Draco por la boca del estómago y sintió náuseas. Se incorporó de golpe hasta quedar sentado en la cama. ¿Dónde había oído eso antes?
No lo oíste en ningún lado, estúpido, le respondió aquella molesta voz interior que sonaba como Snape, tú mismo lo pensaste.
Cierto, se respondió a él mismo. Había sido en aquella ocasión en la que, mirando el retrato que estaba en la galería este de la mansión, Draco había "odiado" a su "otro yo" por haberse atrevido a tanto y haber conseguido, de ese modo, el amor de Harry Potter y todo lo bueno que le llegó después. Se había sentido celoso por la aparente valentía de ese otro Draco que en realidad era él mismo. Parecía que, por alguna razón, el hecho de hablar con Harry en el baño de Myrtle en vez de haberlo atacado, lo hubiese vuelto más audaz de lo que Draco era en su vida real.
Se dejó caer en las almohadas y clavó su ojos en el techo del dosel, analizando todo eso.
—Entonces —comenzó a decir en voz baja—... Fue mi "intrepidez" lo que te enamoró de mí. Mi… mi poca preocupación a que me rechazaras aquel beso.
Harry suspiró con nostalgia.
—Pudiéramos decir que contribuyó enormemente entre otras cosas, así es. Aparte de que tu beso fue la experiencia más orgásmica que había vivido en mis casi diecinueve años de existir. Joder, recuerdo que me dejaste tan excitado que tuve que ir a los baños más cercanos al Gran Comedor para... ya sabes para qué —se rió—. Aparte de todo lo que eres y que me vuelve loco, tú lo sabes bien.
Draco se incorporó y miró a Harry con coquetería.
—Lo sé, pero me gusta que me lo digas. Dímelo, anda —insistió con voz ronca, llevando una mano hasta el rostro de Harry y usando el dedo pulgar para acariciarlo en la mejilla, rozándole los labios.
Harry cerró los ojos, suspiró y volvió a abrirlos, mirando a Draco fijamente.
—Qué vanidoso eres. Sabes bien todo lo que veo en ti que me tiene enamorado perdido. Me vuelve loco la seguridad en ti mismo que tienes, tu carácter venenoso y sarcástico con la gente que te trata mal, pero extremadamente dulce y generoso con aquellos a quienes quieres. La devoción que le dedicas a tu familia. Tu elegancia. Lo culto, inteligente y divertido que eres. —Harry volvió a suspirar y Draco sintió un nudo en la garganta. Jamás se habría imaginado que Harry Potter podría verlo así y, todavía más allá, amarlo por esas características—. No tienes idea de lo enamorado que estoy de ti. Estoy convencido de que moriría si nos separamos.
Draco negó con la cabeza.
—Por supuesto que no, Harry. Pero de todas maneras, no hay que arriesgarnos.
Harry soltó una risita sofocada.
—No, no hay que arriesgarnos.
Se quedaron viéndose a los ojos durante mucho rato, Draco todavía acariciando el rostro de Harry con la punta de sus dedos. Le parecía tan hermoso. Los ojos verdes de Harry lo admiraban con anhelo y, cuando uno de los dedos de Draco tocó sus labios, Harry entreabrió la boca y se lo lamió. Draco gimió ante el erótico gesto.
No pudo soportarlo más: se le echó encima a Harry, lo cubrió totalmente con su cuerpo vestido sólo con calzoncillos y devoró su boca con el beso más entregado que, estaba seguro, jamás le había dado a nadie más. Con ambas manos lo tomó de las mejillas y sumergió su lengua en Harry, y fue tan duro y tan pasional que Harry sólo pudo reaccionar dejándose hacer, gimiendo largamente, llevando sus manos hacia el cabello de Draco y enredando sus dedos entre sus hebras platinadas. Draco sintió un escalofrío de placer y lo besó todavía más rudamente.
—Dra-Draco, oh Draco... —gimoteaba Harry entre besos. Parecía totalmente extasiado si algo se podía deducir de la forma en que arqueaba su cuerpo desnudo hacia Draco, su erección haciendo acto de presencia casi de inmediato—. Así, exactamente así.
Draco separó un poco sus labios para poder hablar.
—¿Así?
—Sí, así. Me encanta que me beses así —decía Harry, quien acercaba su cara hacia Draco, como buscando más de sus labios—. Me recuerda a nuestro primer beso. Exactamente así.
Draco sonrió presuntuoso. Sabía que él besaba bien, pero suponía que era el amor que ya sentía por Harry lo que lo llevaba a besarlo con mayor intensidad. Y, aparentemente, eso era todo lo que necesitaba para derretir al Gryffindor.
No se hizo del rogar. Volvió a dejarse caer sobre Harry y volvió a besarlo durante un largo rato, lo más rudo que pudo, sumergiendo su lengua, mordiéndole los labios, Harry gimiendo incontrolable, Draco prácticamente violándole la boca y el otro respondiendo fascinado. Harry abrió las piernas lo más que pudo para dejar que su entrepierna y la de Draco entraran en contacto, llevando sus manos por la espalda de Draco, acariciando con fervor y, luego, estirándolas hacia abajo para quitarle sus calzoncillos. Draco le ayudó elevando un poco su cuerpo. Y así, estando ambos totalmente desnudos, pudieron entrar en contacto total.
Sus erecciones, ya húmedas con sudor y preseminal, se rozaron y los dos jadearon ante la sensación.
—Dios mío, Harry... —masculló Draco, incrédulo. Jamás pensó que se podía sentir tanto en algo como eso.
Harry echó la cabeza hacia atrás y dobló las rodillas, abriendo más las piernas. Draco le mordió el cuello.
—Draco, fóllame, simplemente... fóllame, te lo suplico —gimoteó.
Draco asintió y procedió a obedecer.
Se levantó un poco, le ayudó a Harry a sostener sus piernas abiertas y buscó con su erección la entrada todavía húmeda por sus actividades de la noche anterior. Sintió el modo en que la punta de su pene comenzaba a adentrarse en el culo de Harry y los dos gimotearon, ansiosos.
—Dios mío, Draco, cómo te amo, cómo te... Fóllame, lo más duro que puedas, por favor, por favor. Necesito sentirte dentro, ya... ah.
Draco se dejó caer con todo su peso y, de un sólo movimiento muy brusco, se metió por completo en Harry, silenciándolo. O al menos, obligándolo a dejar de hablar, porque a partir de ese instante, Harry fue sólo un grifo abierto de gemidos desesperados totalmente pornográficos.
Draco comenzó a follárselo lo más duro y rápido que pudo, no sólo porque Harry se lo había pedido, sino porque él también lo necesitaba así. Con cada estocada cambiaba un poco el ángulo, buscando, buscando. Con las manos movía y acariciaba las piernas de Harry, levantándolas lo más que podía, elevándose él mismo de a poco con cada embestida. Pronto terminó de rodillas sobre la cama con Harry totalmente doblado debajo de él, sumergiéndose tan fuerte una y otra vez que la cabecera no dejaba de hacer ruido con cada golpe contra la pared.
Tan concentrado estaba en poner toda su alma y fuerzas en follarse a Harry lo mejor que podía, que se sorprendió cuando, de pronto, Harry comenzó a eyacular sin siquiera tocarse su erección. El moreno apretó los labios y gimoteó como Draco jamás lo había escuchado, y éste lo observó, fascinado y completamente perdido, mientras Harry se retorcía en medio de espasmos de placer y su erección arrojaba espesos hilos color perla, empapando su estómago y el de Draco.
La visión, tan deslumbrante y embriagadora, sumada al modo en que el culo de Harry apretó a Draco a niveles que se volvieron insoportables, provocó que éste se dejara perder también casi inmediatamente. Incapaz de sostenerse con las piernas, Draco sintió el orgasmo invadiéndolo y se desplomó sobre Harry, arrancándole un gemido sofocado. Harry lo envolvió entre sus brazos, llevó sus manos hasta el trasero de Draco y, con los dedos, le rozó la hendidura entre sus nalgas mientras éste se vaciaba dentro de él, empujándose lo más que podía, lo más profundo, experimentando un nivel de pasión que jamás pensó que podía existir.
—Oh, Harry, te amo, te amo, te... —decía una y otra vez, al mismo ritmo que las pulsaciones de su culminación. Creyó escuchar que Harry le respondía de igual modo, y lo oyó gimotear en medio de un gran placer a pesar de que él ya había terminado, como si el orgasmo de Draco fuera compartido por Harry de alguna jodida y romántica manera.
Cuando finalmente todo terminó para Draco, ambos magos se quedaron quietos, jadeando ruidosamente, sintiendo sudor y semen escurriéndoles por toda la extensión de sus cuerpos. Harry dejó sus caricias lascivas y se concentró en la espalda de Draco, recorriéndola tiernamente con sus dedos. Draco, con la cara clavada en el cuello de Harry, comenzó a darle besitos y mordidas, sonriendo satisfecho, maravillado porque en menos de veinticuatro horas, habían tenido el sexo más espectacular, nada más y nada menos que en tres ocasiones.
Pensó en lo que sería poder estar así lo que les restaba de existencia y los ojos se le humedecieron.
Harry volvió a repetirle lo mucho que lo amaba, lo mucho que le agradecía todo lo que hacía por él, por haberle devuelto su patronus, por haberle dado a Eltanin. Draco sólo cerró los ojos y dejó que una lágrima traicionera pasara desapercibida entre el sudor que escurría desde su cabeza hasta la piel ardiente y sonrojada de su compañero.
Después de varios minutos de quedarse así, Draco comenzó a sentirse adormilado y decidió levantarse. El amanecer apenas se vislumbraba en el horizonte: las nubes anteriormente muy azules estaban comenzando a teñirse de rosa y anaranjado. Draco calculó que faltaría un poco menos de media hora para las ocho de la mañana, la hora que finalmente saldría el sol. Se preguntó cuánto faltaría para que Eltanin despertara.
—Voy a darme una ducha —le susurró a Harry mientras se levantaba de encima de él y su pene, ahora fláccido, salía todo embarrado y pegajoso del trasero del otro. Harry hizo un ruidito de decepción y lo abrazó, negándose a dejarlo ir.
—Sólo si me dejas acompañarte —le masculló al oído.
Draco lo miró a la cara y sonrió mucho. No dejaba de maravillarle que, a pesar de tener tantos años juntos, Harry pareciera insaciable como si estuvieran en plena luna de miel. ¿Acaso Granger se habría equivocado y sí existían parejas de casados que hacían el amor todos los días de su vida?
Él no iba a negarse.
—Claro —dijo sin poder dejar de sonreír—. Vaya que te hace falta, ¿eh? Apestas a elfo anciano.
Harry se rió, se incorporó y, mientras Draco se levantaba de la cama, le soltó un almohadazo. Draco escapó por poco y se alejó riéndose mucho.
Ambos entraron a la ducha (ahora con agua tibia: Harry no quiso ni escuchar hablar de bañarse con agua helada en pleno invierno), se enjabonaron lentamente el uno al otro y Draco terminó haciéndole una mamada lenta y escrupulosa a Harry que lo dejó respirando agitado apoyado de espalda contra el muro azulejeado.
Harry le correspondió de la misma manera.
Al terminar, Draco había estado a punto de soltar un "¡Dios mío, no había tenido tanto sexo en tan poco tiempo nunca en toda mi vida!", pero tuvo que contenerse porque la verdad era que presentía que, al lado de Harry, sus días, todos sus días, eran así de sexosos. El corazón le saltaba de gozo sólo de imaginar lo que le esperaba al lado de Harry si podía continuar viviendo ahí.
Estaban vistiéndose cuando la varita de Harry se accionó con el encantamiento monitor. Ambos, sonriendo mucho y con tremendo gesto de satisfacción en la cara, se miraron a los ojos al escuchar los balbuceos alegres de su pequeño hijo.
—Yo voy —dijo Draco—. Voy a vestirlo bien abrigado porque quiero que salgamos a desayunar los tres juntos. Hay un lugar en Londres que...
—¿El Dalloway Terrace? —interrumpió Harry con una sonrisa enorme—. ¡Oh sí, vamos! Me muero por ver su decoración invernal de este año.
Draco soltó una risita. Aparentemente, sus gustos pijos continuaban siendo los mismos ahí.
—Bien, armemos un plan, entonces. Desayunamos ahí, regresamos a la casa a pasar un rato con mis padres y nos arreglamos para ir a Londres en la noche a reunirnos con los demás. ¿A qué hora debemos estar allá?
—A las once, en el Big Ben, como siempre —respondió Harry radiante mientras se calzaba sus viejas botas.
Draco abrió mucho los ojos. ¿El Big Ben? ¿Se refería Harry a arriba del Big Ben? No se atrevió a preguntarle para no parecer sospechoso, pero ahora que lo pensaba, montarse en la torre más alta del Palacio de Westminster, aprovechando sus poderes mágicos, le parecía la mejor opción. Desde ahí arriba, tendrían una vista espectacular del London Eye al otro lado del río, que era el sitio preciso donde se lanzaban los fuegos artificiales.
La perspectiva lo llenó de emoción.
—Siempre me he preguntado —comenzó a decir mientras se peinaba frente al espejo, dándole los últimos toques a su atuendo—, por qué a Hermione, trabajando para el Ministerio y todo, no le molesta que nos trepemos de incógnito al Big Ben.
Harry sonrió mucho.
—Incluso a alguien como a ella le gusta, de vez en cuando, romper las reglas... ¿Nunca te contamos que, en nuestro quinto año, ella fue quien...?
Se interrumpió porque Eltanin comenzó a hacer sonidos más demandantes a través de su monitor, como si estuviera a punto de llorar.
Draco se alejó del espejo, le dio un rápido besito a Harry en los labios, le sonrió y salió del cuarto para ir a ver a su pequeño hijo.
Después de haber acomodado a Eltanin en su lujoso carrito de bebé y de arroparlo bien con su linda ropa invernal, los esposos se desaparecieron hasta El Caldero Chorreante, desde donde caminaron hasta el lujoso restaurante donde pensaban tomar su primera comida del día. Aquel era un domingo donde se sentía el ambiente festivo del Año Nuevo que se avecinaba, así que no se sorprendieron de encontrar el centro de la ciudad abarrotado de turistas y locales.
Tomaron un espléndido desayuno, caminaron un poco más y compraron algunas cosas. Entraron al Callejón Diagon, pasaron por afuera de la tienda de antigüedades del señor Kline y fue cuando Draco recordó, con un sobresalto, el reloj de Harry que todavía no le había devuelto.
Miró hacia el escaparate de la tienda y trató de acordarse en dónde había dejado el reloj. Seguramente en el abrigo que traía ayer, se respondió, comenzando a preocuparse.
—¿Sucede algo malo? —le preguntó Harry.
—Tu reloj —le respondió Draco, sorprendiéndose a él mismo por la respuesta tan sincera—. ¿Recuerdas que desapareció de tu tocador hace unos días? Yo lo tengo, Harry. Había olvidado regresártelo, pero está a buen resguardo, no te preocupes.
—Oh —exclamó Harry. El semblante se le suavizó—. ¡Genial! Me sentía terrible, creí que lo había tirado por algún lado sin darme cuenta.
Draco le sonrió con tensión y no dijo más, agradecido de que Harry no hiciera preguntas. Ambos continuaron su paseo empujando por turnos el carrito de su bebé y, después de un rato, decidieron regresar a casa para comer con los padres de Draco.
En cuanto arribaron a la mansión, Harry le comunicó a Draco que se encargaría de acostar a Eltanin, quien había caído rendido y estaba echándose una siesta todavía montado en su carrito. Draco lo aceptó y corrió escaleras arriba para buscar el reloj. Revolvió todo su guardarropa sin éxito. Llamó a Ashy y lo cuestionó al respecto, pero el elfo, casi llorando, le juró que él no había encontrado nada entre la ropa para lavar. Draco comenzó a preocuparse de verdad. ¿Acaso lo habría perdido en algún lugar afuera de la mansión? Ni siquiera recordaba en dónde lo había dejado después de recogerlo de la tienda del señor Kline, hacía dos días ya.
Suspiró y trató de no angustiarse. Harry no iba a molestarse por eso, ¿verdad que no? De todas maneras, decidió no sacar el tema a colación mientras se daba tiempo de buscarlo. Quizá se le había caído en casa de Pansy, pues había ido ahí justo después de la tienda de antigüedades. Le preguntaría esa misma noche a su amiga.
Sintiéndose un poco más satisfecho, salió de su cuarto porque la sola visión de su cama lo hacía sentir sueño: llevaba ya más de treinta horas sin dormir y, con tanta actividad y emociones, su cuerpo estaba comenzando a sentirse pesado y bastante cansado.
Salió a toda prisa para evitar la tentación de recostarse un rato.
Harry y él se encontraron en el comedor con sus padres, comieron juntos y charlaron durante un rato. La pesadez que Draco sintió después de los platillos, hizo que el cansancio que experimentaba se volviera casi insoportable. En más de una ocasión dio un cabezazo, a punto de quedarse dormido, lo que le acarreó más de una mirada de preocupación de parte de sus compañeros comensales. Harry le preguntó si no quería dormir una siesta antes de su salida a Londres y Draco rechazó esa sugerencia tan fervientemente que Harry se asustó.
—Voy a ir a... A trabajar un momento a mi despacho —dijo Draco de pronto, poniéndose bruscamente de pie—. Necesito terminar algo urgente antes de mañana.
Salió a toda prisa del comedor, fue a la cocina, se echó otro gran trago de poción herbovitalizante cuyo efecto apenas sí sintió, y luego se puso a pasear por toda la mansión como desesperado porque presentía que, si se quedaba quieto más de un minuto, caería dormido.
Le estaba costando no sucumbir ante aquella necesidad fisiológica tan demandante. El cansancio llegó a ser tan intenso que lo sentía en lo más profundo de los huesos. Los párpados se le sentían pesados y arenosos contra los globos oculares, y pronto se encontró con que no sabía qué más hacer para poder aguantar despierto. Miró su reloj con desesperación. Eran apenas las tres de la tarde.
Gimió con frustración y caminó a toda prisa. Sin proponérselo, terminó paseando por las galerías de la mansión, así que se entretuvo intentando concentrarse en admirar cada una de las pinturas de los antepasados de su familia, los cuales no dejaban de mirarlo con curiosidad y cierto grado de rechazo, como si ellos supieran que esa vida no era la que le correspondía en realidad.
Un escalofrío recorrió la espina dorsal de Draco al pensar en eso. Lentamente, se encaminó hasta el cuadro de él con Harry y Eltanin y el cual, se había prometido, no volvería a visitar.
Pero ahí estaba de nuevo. Ahora que sabía que no existía ningún otro Draco Malfoy porque no había un multiverso como él había pensado, la experiencia de mirar aquel retrato era totalmente diferente.
Draco, soñoliento y cansado, se quedó observando largo rato la pintura, suspirando de vez en cuando y sonriendo con nostalgia, deprimido por no haber vivido en carne propia todos aquellos años con Harry y los primeros meses de vida de Eltanin.
De cuántas cosas se había perdido.
Pero no importa, se dijo firmemente. Lo pasado, pasado es. Lo valioso es el momento presente y lo que queda por venir. Se acaloró al pensar en todo el sexo que planeaba tener con Harry de ese día en adelante para compensar los años que no había vivido a su lado, no le importaba si lo dejaba flaco, ojeroso y exprimido por tantas eyaculaciones. Sonrió, y también se ilusionó al pensar en Eltanin y en la maravillosa aventura que sería verlo crecer, educarlo, verlo volar en escoba, subirlo al expreso de Hogwarts por primera vez.
Había agachado la cabeza mientras pensaba en eso, así que la elevó hacia el cuadro para admirarlo por última ocasión antes de marcharse. Observó su propia imagen con detenimiento, preguntándose cómo algo tan simple como no haber peleado con Harry en un baño había cambiado su carácter otorgándole más arrojo e imprudencia. Quizá era, como había dicho Harry, el haber irrumpido en Azkaban y haber sobrevivido para contarlo, lo que lo volvió tan temerario. Tanto que, un tiempo después, no tuvo miedo de besar a Harry Potter en una fiesta a pesar de saber que él era novio de Ginny Weasley.
Draco se llevó una mano a la boca y pensó en lo mucho que lo asombraba ese nuevo aspecto de él mismo. Él, en su vida real, jamás se habría atrevido a algo así. Una vez había pillado a Harry bañándose a solas en las duchas del estadio después de un partido y, a pesar de la tentación, jamás le pasó por la cabeza de manera seria haber hecho cualquier intento de acercarse al héroe. Y después, el mismo Harry había tratado de invitarle un trago en una fiesta donde se habían tropezado, pero Draco, aterrorizado de lo que pudiera pasar, se había negado.
En cambio, acá... Acá había sido Draco, apenas con diecinueve años, quien había besado a Harry Potter de un modo tan ardiente que éste no había tenido más remedio que aceptar su bisexualidad y que Draco no le era indiferente.
Fui yo, pensó Draco con emoción, cayendo apenas en cuenta de eso. No fue Harry. Si por él hubiese sido, habría continuado de novio con la Weasley sin atreverse a buscarme a mí. Fui yo quien se atrevió. Fui yo quien no tuvo miedo a ser gay, ni a verme rechazado.
Era eso lo que lo maravillaba más: haberse sobrepuesto al temor a que Harry lo hubiese hechizado, golpeado o simplemente ignorado cuando lo besó por primera vez. Esa... esa era un tipo de intrepidez a la cual no estaba acostumbrado.
Y gracias a eso, como bien le había dicho Harry allá arriba en su habitación, era que ahora estaban juntos formando una familia.
La revelación le cayó como balde de agua helada.
Era eso. Era eso a lo que Snape se refería. Te quedarás en este vistazo hasta que te des cuenta de qué es lo que te falta en tu vida.
Draco dio varios pasos atrás, alejándose del retrato. Se dio la media vuelta y comenzó a correr por la galería rumbo a las escaleras.
A lo que Snape se refería era, ni más ni menos, a algo bastante sencillo en apariencia.
Lo que le hacía falta era simplemente valentía: vencer el miedo al rechazo.
Buscó a Harry por toda la mansión y finalmente lo encontró en su cuarto. Harry estaba acostado en la cama cuidando al bebé, quien, rodeado de varios juguetes, estaba sentado justo en el centro de la misma.
—¿Qué tienes? —le preguntó Harry, incorporándose hasta quedar sentado—. Te ves muy pálido.
—¿Eh? No, no, no es nada, no te preocupes. —Draco intentó sonreír y suspiró para tranquilizarse—. ¡Hola, cosita bella! —le dijo a Eltanin y se sentó en la cama junto a ellos. Eltanin lo recibió con grititos de alegría y trató de darle el juguete que tenía en la mano en ese momento.
Harry le dio unas palmaditas a la almohada que estaba junto a Draco.
—Vamos, acuéstate un rato. Todavía faltan varias horas para nuestra salida. ¿Por qué no descansas? La noche va a ser muuuy larga, mejor que te prepares para que puedas aguantar, ¿eh? —añadió, dándole a Draco una mirada lasciva y arqueando una ceja.
Draco soltó una risa sofocada y se dejó caer en la almohada. Oh dios, era tan suave y esponjosa. Suspiró de placer.
—¿Te he dicho alguien lo insaciable que eres? ¿No te bastan los cuatro orgasmos que has tenido entre ayer y hoy?
Harry fingió que se escandalizaba ante lo dicho por Draco. Le tapó al bebé las pequeñas orejas con sus manos.
—¡No hables de temas sexuales delante del niño! —exclamó en un fingido tono azorado.
Draco se rió mucho y se arremolinó sobre la almohada, buscando la postura más cómoda. Harry lo miró con ternura y, tomando una manta que estaba al pie de la cama, se la puso encima, cobijándolo.
Draco no quería dormir, por supuesto que no. Lo único que quería era descansar un poco, quedarse un rato ahí en su cama, con Harry mirándolo con aquel cariño y tratándolo así de bien, con el bebé en medio de los dos jugando alegremente con sus pequeños animales coloridos de plástico, balbuceando tiernas palabras sin significado que eran música para los oídos de Draco...
La oscuridad y el silencio lo envolvieron. Se quedó dormido sin darse cuenta.
Despertó sobresaltado muchas horas después, o al menos, así fue como se sintió.
Se aterrorizó y se enojó por partes iguales porque, al juzgar por la luz que entraba por la ventana, parecía que ya era de mañana. ¡Carajo! ¿Acaso se había quedado dormido toda la tarde y toda la noche y se había perdido el festejo de Año Nuevo?
Joder, iba a matar a Harry.
Pero, no… No era posible, Harry no era así. Harry lo habría despertado, ellos...
Se sentó en la cama. Estaba acostado del lado contrario a donde se había quedado dormido y estaba vistiendo un pijama. Afuera, estaba nevando levemente.
Miró a su alrededor. No había señales de Harry ni del bebé. El corazón comenzó a latirle de manera dolorosa; el pánico que lo invadió repentinamente casi lo hizo vomitar.
Se levantó tan rápido que se tropezó con las mantas y las sábanas. Miró hacia la cómoda donde estaban las fotos más queridas de él y Harry y...
Nada.
No había nada.
Sólo una foto de él con su madre y un retrato de Lucius. Eran las fotos que estaban antes, en su otra vida, en...
—No... No, no, no, no puede ser —gimió, aterrorizado, negándose a creerlo. El pánico amenazaba con darle un ataque cardíaco. Con las manos temblándole violentamente, tomó su varita de la mesita de noche y convocó un encantamiento de calendario—. ¡¿Qué maldito día es hoy?! —gritó, comenzando a perder los estribos por culpa del miedo.
Las letras se formaron ante sus ojos y él las observó, atónito.
"Lunes 25 de diciembre del 2006", le manifestó el encantamiento.
Draco se le quedó viendo sin poder creerlo, sin querer creerlo. Había retrocedido en el tiempo casi una semana completa. Había vuelto a su realidad, exactamente a la misma mañana en la que había comenzado todo eso.
Se quedó en shock y, mientras las palabras del encantamiento se desvanecían lentamente ante sus ojos, él se dejó caer de rodillas sobre el helado suelo.
