Capítulo 19. Otro Harry
Aquella cena de Navidad fue como ninguna otra que Draco hubiese celebrado antes, más que nada, por las situaciones y conversaciones que tuvieron lugar.
Después de que Harry tomara la caja de las pelotas de quidditch y la llevara a algún sitio fuera de la cocina, él y Andrómeda terminaron de servir todas las viandas en la mesa y de colocar algunos adornos navideños para, finalmente, sentarse ante ésta. Andrómeda lo hizo frente a Draco, y Harry, a su derecha.
Teddy casi pega un brinco en su silla de la alegría que le causó ver que por fin estaban todos acomodados.
—Y ahora, lo mejor de la cena navideña… ¡Los petardos! —gritó el niño y tomó uno de los cilindros envueltos en papel de regalo que estaban colocados encima de los platos—. ¡Tú y yo, tío Draco! ¡Tú y yo! ¡A ver quién lo gana!
A pesar de que los petardos de sorpresas eran una tradición muy inglesa, Draco nunca los había visto en las cenas navideñas de la mansión pues a Lucius siempre le habían parecido de mal gusto, muy del… vulgo. Draco había pensado que estaba de acuerdo con su padre, o al menos, lo pensó hasta ese momento.
Sonriendo mucho y sintiendo una extraña ternura por las atenciones que Teddy le prodigaba, Draco tomó el extremo del petardo que el niño le ofrecía. Entre los dos tiraron del petardo al unísono y éste explotó con un estallido de chispas multicolores. Teddy se rió con ganas.
Draco se quedó con la parte más grande del ahora roto petardo, por lo que él resultaba "ganador" y tenía que ponerse el sombrero que venía dentro y que, en el caso de esos petardos elaborados con magia, aparecían durante la explosión. A Harry le brillaron los ojos con diversión cuando Draco, sin titubear y a pesar de que Teddy se estaba burlando de su aspecto, se puso sin dudarlo un enorme sombrero de charro mexicano, el cual era bastante feo.
Rompieron más petardos: a Teddy le tocó ponerse una gran corona llena de joyas falsas y a Andrómeda le salió un sombrero de copa bastante gracioso con una tetera encima. Draco miró interrogante hacia Harry, y fue cuando se dio cuenta de que sólo había habido tres petardos sorpresa en la mesa: normalmente, la tradición dictaba que hubiera al menos uno por comensal para que todos tuvieran un sombrero que usar. La falta de un cuarto petardo se debía, obviamente, a que ellos no habían estado esperando otro invitado a cenar.
Harry no le dio importancia, pero entonces Draco sacó su varita y tomó la bufanda que había colgado en un perchero junto a la puerta. Transfiguró su prenda en un sombrero de guarda forestal pero muchísimo más alto: la copa fácilmente medía al menos un metro de largo. Era horrendo y, ante las risas de todos, Draco le pasó el sombrero a Harry.
—Vamos, Potter. No creas que te salvarás de hacer el ridículo. En Navidad, somos todos o ninguno.
Harry tomó el sombrero y lo observó detenidamente. Arqueó una ceja.
—Impresionante transfiguración, Malfoy. No sabía que eras tan bueno en esta rama de la magia.
Draco se quedó mudo durante unos segundos, azorado por el cumplido. No era para tanto, era sólo una bufanda convertida en sombrero, pero… aún así.
—Oh, cierto, no lo sabías porque los de Gryffindor nunca compartieron la clase de McGonagall con nosotros, pero sí... Soy muy bueno, ahora que lo mencionas. Era uno de mis grandes talentos en el colegio. Para mi gusto, la transformación es una de las ramas más útiles de la magia.
Harry se puso aquel sombrero enorme, cuya punta de la copa casi rozaba el candelabro que colgaba del techo. Miró a Draco a los ojos y le dijo en voz baja, con una sonrisa ladeada:
—Ahora no puedo dejar de preguntarme en qué otras cosas serás así de bueno y... de cuales otros talentos tuyos me habré estado perdiendo.
Draco se estremeció y abrió mucho los ojos, incrédulo. ¿Acababa de oír bien? ¿Acaso ese era Harry insinuándosele? Como si respondiera a sus preguntas mentales, Harry le arqueó una ceja y le sonrió apenas levemente.
Draco, muy acalorado de repente, quiso sonreír y abrió la boca sin saber qué decir pero deseando poder responder algo, entre más encantador o sarcástico, mejor. Pero era como si su cerebro se hubiera desconectado.
No obstante, lamentable o afortunadamente (Draco no estaba seguro cual de las dos), Andrómeda carraspeó muy fuerte e interrumpió aquel extraño momento de seducción entre aquellos dos magos. Claramente, ella había comprendido la insinuación que Harry acababa de hacerle a Draco y no le había hecho ninguna gracia, seguramente porque Teddy estaba presente.
Draco miró a su tía y vio que ella estaba mirando a Harry duramente, como advirtiéndole algo. Teddy los observaba a todos con el ceño fruncido, sin entender nada pero también sin dejar de sonreír.
—Bueno, padrino —dijo el niño—, es obvio que otro de los talentos del tío Draco es el quidditch, ¿no? ¿No recuerdas lo que sufrías en el colegio para ganarle la snitch?
Draco quiso reírse pero mejor agachó la cara.
—Creo que es hora de servir el pavo asado, Harry —dijo Andrómeda con seriedad mientras mirara a Harry con reproche, como diciendo: "ya nos arreglaremos luego tú y yo"—. ¿Nos haces el honor?
—Claro, Andrómeda —respondió Harry con voz divertida, sin pizca de culpa o remordimiento.
Draco levantó la mirada y lo observó mientras Harry se ponía de pie y usaba un gran cuchillo para partir rebanadas del pavo relleno. Luego, comenzó a servirlas en los platos de cada quién. Se inclinó para poner carne en el plato de Draco y aprovechó para mirarlo fijo con una ceja arqueada.
Draco estaba boquiabierto, pero no podía negar que también se sentía fascinado.
Porque este Harry... Este Harry era un tanto distinto al Harry del "vistazo" pero a Draco no le molestaba sino todo lo contrario. Cada detalle diferente entre ambos Harrys era asombroso de descubrir. Aparte de la desconfianza normal que este Harry había manifestado hacia Draco y sus intenciones, tenía también cierta aura de travesura, de coquetería y de mayor seguridad en sí mismo que no había tenido el otro Harry Potter, el que estaba casado con Draco en "el vistazo". Todo eso era bastante comprensible ya que no habían tenido la misma vida adulta. En esta realidad, Harry Potter no había tenido pareja formal desde los diecinueve años. Había vivido soltero todo ese tiempo y, Draco lo sabía muy bien por los periódicos, desde que había terminado con la chica Weasley al comenzar su carrera deportiva, había sido un galán empedernido conquistando magos y brujas al por mayor, aunque nunca tomando a nadie en serio…
Como si…
Draco se estremeció cuando se le ocurrió la quizá ingenua idea de que Harry no se había enamorado de nadie durante sus años de estrella de quidditch porque estaba destinado para él, y de inmediato rechazó ese pensamiento, sintiéndose avergonzado por ser tan cursi.
Pero, ¿qué tal si…?
Meneó ligeramente la cabeza como para sacarse aquella ridícula idea y se inclinó hacia delante para servirse de las guarniciones que su tía le ofrecía. Se le ocurrió entonces que otra de las razones por las que este Harry era tan diferente al Harry del "vistazo", tal vez tenía que ver con el trauma a causa de los dementores que había sufrido éste durante su incursión a Azkaban, un evento que jamás había sucedido ahí, obviamente.
Draco apretó los labios y bajó la mirada durante un momento, distrayéndose mientras se servía vegetales salteados y coles de Bruselas asadas. Le estaba costando discernir cómo se sentía ante eso. Aquí, Harry no sufría de estrés postraumático y, tal vez a consecuencia de eso mismo, era mucho más arrojado y con mayor autoestima que su otro Harry.
Comenzaron a cenar. Mientras los otros tres se enfrascaron en una charla animada donde Harry estaba contándoles que al inicio de su estadía en Estados Unidos iba a estar apostado en Washington D.C. y de las peripecias que había sufrido para encontrar un lugar decente que arrendar, Draco se quedó en silencio sólo escuchando y observándolos. No dejaba de mirar fijamente a Harry cada vez que creía que nadie lo veía, sintiéndose terriblemente atraído hacia él a pesar de todo, a pesar de las diferencias con el que había sido su esposo. Sabía que la ternura y el instinto de protección que el otro Harry había despertado en él, eran elementos que iba a echar de menos, cómo no, pero...
—No te olvides del jugo de carne, Malfoy —le dijo Harry de pronto, interrumpiendo sus pensamientos—. El pavo no sabe igual sin él. —Draco elevó la mirada. Harry le estaba ofreciendo una pequeña jarra con la salsa.
Sus miradas se cruzaron y entonces Harry Potter le sonrió con una coquetería que a Draco le quitó el aliento. Sonrió también, tomó la jarra y bajó la mirada a su plato.
Este nuevo Harry Potter también le gustaba. Vaya que le gustaba muchísimo.
Le cruzó por la cabeza que, sin importar la historia entre ellos dos o el carácter que Harry hubiese desarrollado, Draco siempre, siempre, terminaría enamorándose de él.
Y por alguna razón, ese pensamiento lo aterrorizó mucho.
¿Qué tal si este nuevo y mejorado Harry Potter no se enamoraba de él como lo había hecho el otro?
Draco había estado tan sumido en sus pensamientos y temores que no se percató de que había pasado casi toda la cena en silencio, hasta el momento en que Andrómeda, usando su varita, transportó los platos sucios al fregadero y comenzó a servirles pudín navideño flameado en brandy.
Pensó que estaba viéndose muy maleducado e intentó hacer conversación y dejar sus elucubraciones para después.
—Toda la cena ha estado deliciosa, tía —le dijo a Andrómeda con una gran sonrisa, intentando parecer encantador, a pesar de lo nervioso que se sentía—. Y el postre se ve espectacular. Eres una cocinera estupenda.
Andrómeda sonrió satisfecha mientras Teddy gritaba "¡Así es!"
—Gracias, Draco. Pero tengo que reconocer que Harry me ayudó bastante con esta cena. Él también es muy bueno cocinando, ¿lo sabías? Aunque siempre usa unas técnicas muggles que me ponen los pelos de punta —finalizó, haciendo una mueca de espanto.
Harry soltó risitas.
—Esa fue la manera en que aprendí, lo siento mucho. Los encantamientos para preparar alimentos no se me dan muy bien. Siento que en vez de ahorrar tiempo, es al revés. En cambio, haciéndolo al modo muggle… Deberías verme con un cuchillo, Malfoy. Doy verdadero miedo —añadió e hizo, con una mano, el ademán de cortar algo a gran velocidad.
Draco abrió mucho los ojos y lo miró con terror, recordando… El corazón comenzó a latirle más rápido y doloroso, la adrenalina recorrió su torrente sanguíneo a velocidad pasmosa y él estuvo a punto de levantarse y salir corriendo de ahí. Harry lo miró durante unos segundos sin entender su expresión de susto pero, entonces, pareció comprender. Avergonzado, abrió mucho la boca y farfulló, estirando una mano hacia Draco pero sin atreverse a tocarlo:
—Lo-lo siento mucho, Malfoy. En serio, lo siento, no sé… No sé en qué estaba pensando. Dios mío, soy un imbécil —murmuró.
Draco trató de sonreír pero sabía que sólo conseguiría hacer una mueca. Negó con la cabeza, sintiéndose mareado y percibiendo sudor helado escurrirle por las sienes, desesperado por acabar con aquel momento tan incómodo.
—¿Qué te sucede, sobrino? —preguntó Andrómeda, asombrada, bajando su tenedor—. ¿Te encuentras bien?
—Estoy bien, todo está bien, no pasa nada… —mintió Draco, esforzándose por tranquilizar su corazón desbocado y por fingir que no se sentía así de asustado.
¿Qué era lo que había pasado? ¿Por qué había reaccionado así?
A su lado, Harry, el único que sabía la verdad detrás de su reacción, lo estaba observando con gesto culpable. Draco, incapaz de sostenerle la mirada, se negó a verlo a la cara mientras se concentraba en respirar hondo.
—¿Qué? ¿Qué sucede? —preguntó Teddy, mirando a Draco y a Harry de manera alterna—. ¿Tienes miedo de los cuchillos, tío Draco? —preguntó con inocencia—. ¡No te avergüences de eso! Todos aquí tenemos miedo a algo, hasta mi padrino. ¿Sabías que cuando ve a un boggart, se le convierte en un dementor?
Draco soltó una risita de alivio, agradecido por la cuerda salvavidas que le lanzaba el niño. Quiso decir "Sí, lo sé muy bien", pero sólo masculló, intentando recuperar la compostura:
—No me extraña nada. En Hogwarts, todos sabíamos que les tenía miedo. Una vez, en medio de un partido, unos amigos y yo tratamos de asustarlo disfrazándonos de dementores.
Harry se rió un poco. Al igual que Draco, se veía aliviado de que aquel terrible momento hubiese sido salvado por Teddy.
—Es cierto, pero, ¿también te acuerdas de mi patronus, supongo? Yo recuerdo vívidamente que los puso patas arriba a ti y a todos tus ocurrentes amigos.
Teddy se veía pasmado.
—A ver, a ver —interrumpió, hincándose sobre la silla para verse más alto—. O sea… ¿ustedes dos no eran amigos en el colegio? ¿O por qué se hacían esas cosas tan feas?
Harry volvió a reírse con incomodidad y comenzó a explicarle a Teddy que no, que ellos dos no habían sido amigos sino todo lo contrario.
—Fueron las circunstancias de la guerra —intentó justificarse ante su ahijado, quien los miraba a ambos con gran decepción—. Tanto Malfoy como yo cometimos algunas equivocaciones porque… pues porque éramos muy jóvenes para saber y ambos estábamos erradamente influenciados por los adultos que nos rodeaban. Especialmente yo… Yo hice algo bastante horrible de lo cual me arrepiento mucho —agregó, mirando a Draco con insistencia y éste supo que se refería precisamente a ese episodio con el sectumsempra.
—¿Qué? ¿Qué fue? ¡Yo quiero saber, padrino!
Harry negó con la cabeza y sonrió triste.
—Ya que seas mayor te contaré. ¿Qué te parece si mejor te cuento de la ocasión en que a tu tío Ron le salió mal un hechizo y terminó vomitando babosas durante horas?
Y así, comenzó a narrarle al niño aquel episodio, brincándose muy hábilmente la parte donde Weasley había tratado de hechizar a Draco porque éste le había dicho "sangre sucia" a Granger.
Draco miró de reojo a su tía, quien se había quedado muy taciturna mirando los restos de su postre. Era evidente que cualquier conversación que recordara a la guerra, le resultaba triste.
Draco, por otra parte, no podía con el desasosiego que le provocaba darse cuenta de que Harry y él tenían demasiada historia, demasiado terrible. Tanto, que ni siquiera podían narrar ni un solo suceso del colegio que los implicara a los dos delante de un niño, porque todo lo acontecido entre ellos había sido demasiado penoso como para repetirlo, además de un pésimo ejemplo para su pequeño sobrino.
Draco suspiró, preguntándose cómo Harry y él habían podido superar esos temas dentro del "vistazo" para poder casarse y llevar un matrimonio aparentemente sano… Y todavía peor, se preguntó si acaso él y este Harry podrían superarlo en esta realidad. Especialmente, él... ¿Algún día podría dejar de sentirse asustado por lo que había ocurrido en el baño de Myrtle?
Se sintió muy desesperanzado, como si de pronto se diera cuenta de que todo aquello era un sueño imposible, que él y Harry nunca conseguirían llevarse bien, ni perdonarse tanto daño mutuo, mucho menos enamorarse...
—¿Cómo está tu madre, Draco? —le preguntó de pronto Andrómeda, sacándolo de sus deprimentes cavilaciones—. Sabes, no la he visto desde hace años… Desde una vez que nos encontramos en el Ministerio cuando fueron aquellos juicios después de la guerra. Iba acompañando a tu padre.
Draco pasó saliva. No alcanzaba a descubrir si Andrómeda le preguntaba aquello sólo por compromiso para sacarle charla, o si tenía verdadero interés en Narcisa. Harry, quien ya había terminado de contarle el episodio de las babosas a Teddy, se había quedado callado y los contemplaba a ambos con expectación. Teddy estaba muy entretenido terminándose su pudín.
—Está muy bien, dentro de lo que cabe... Tan bien como puede estar alguien que pasa sus días sola —respondió Draco en voz baja, agachando la mirada—. La muerte de mi padre fue un duro golpe para ambos y yo... yo prácticamente huí de mi casa, dejándola atrás. Eran demasiados recuerdos desagradables para procesarlos. Y sé que soy responsable de su soledad, así que ahora estoy intentando pasar más tiempo con ella en Wiltshire a pesar de vivir en Londres —finalizó.
Draco no se atrevió a mirar a nadie a la cara, y sintió que comenzaba a enrojecer. No entendía por qué había dicho todo lo anterior: normalmente, él no era así de expresivo y menos con gente que apenas conocía.
Pero, bueno… De nuevo, ni Andrómeda ni Harry eran unos completos desconocidos para él, ¿o sí?
Eran su familia.
O, al menos, Draco pretendía y luchaba porque así fuera.
—Lamento el fallecimiento de Lucius —dijo Andrómeda en voz muy baja, finalizando con aquel penoso silencio y sonando bastante sincera. Draco elevó los ojos—. El hombre podrá no haber sido santo de mi devoción, pero si hay algo que debo reconocerle, es que los amaba a ti y a tu madre con locura.
Draco asintió. En eso, ella tenía razón.
—Y yo lamento lo ocurrido durante la guerra… —susurró sin saber qué más decir, refiriéndose a la familia muerta de su tía. Era cierto que esos fallecimientos habían ocurrido hacía casi una década, pero aun así.
Andrómeda le sonrió forzadamente.
—No te preocupes. No es como si tú hubieras tenido la culpa.
—Yo también lamento lo ocurrido a tu padre, Malfoy —dijo Harry de pronto, casi como si intentara interrumpir aquel momento antes de que empeorara—. Supe que… supe que fue por complicaciones de salud debido a su último encarcelamiento en Azkaban. Ojalá… ojalá hubiéramos podido hacer algo por él.
Draco lo miró, aguantándose las ganas de decirle tantas cosas.
Lo sé, Harry. Yo sé de primera mano que habrías hecho todo lo posible por ayudarlo.
Sintió que se le humedecían los ojos. Saber lo que Harry habría hecho por Lucius si Draco y él hubiesen sido amigos desde antes, de pronto dejó de parecerle amargo y, en vez de eso, le llenó el alma de calidez y agradecimiento. Comprendió que no tenía caso lamentarse por lo que no había sucedido. Era mucho más sencillo y soportable pensar en los motivos de lo que pudo haber sido. Pensar que Harry lo habría ayudado sin dudarlo.
No pudo evitar esbozar una pequeña sonrisa y de pronto pudo entender. Pudo entender por qué, en "el vistazo", Harry y él habían conseguido superar todo lo malo.
Porque sí, habían sucedido verdaderas calamidades entre ellos dos, pero también cosas buenas. Pruebas desinteresadas de valor y empatía. En "el vistazo", Harry se había metido a Azkaban por Lucius. Ahí, en esa realidad, Draco no había delatado a Harry ante su propia familia, y Harry lo había sacado a él del Salón de los Menesteres en llamas, a pesar de que, por esos tiempos, ambos chicos estúpidos se veían el uno al otro como enemigos jurados.
Imagina si hubiéramos sido amigos...
Al final, pese a todo, había prevalecido el interés por ver al otro con vida y con bien.
Sintiéndose un poco mejor, Draco carraspeó y dijo:
—No te preocupes, Potter. Hiciste lo que pudiste, por quienes pudiste. No olvido que testificaste en favor mío y de mi madre.
Y también eso.
Harry negó con la cabeza, provocando que el sombrero enorme y ridículo que traía puesto se moviera de modo cómico.
—Ustedes dos me salvaron la vida en diferentes momentos. No fue más que lo justo —dijo y sonrió. Draco le correspondió la sonrisa débilmente.
—¿Quién es Lucius? —preguntó Teddy entonces, quien no dejaba de contemplar y escuchar a los adultos con sumo interés.
Draco se giró hacia el niño y trató de sonreír con despreocupación.
—Era mi padre. Murió hace algunos años.
Teddy hizo un mohín de tristeza verdaderamente adorable. Tanto, que Draco tuvo un extraño deseo de abrazarlo y darle un beso sólo por eso.
—Qué feo, tío, sé lo que se siente, ¿sabes? Mi papá también murió hace mucho, cuando yo era un bebé. Junto con mi mamá. ¡Fueron héroes de guerra! Igual que los papás de mi padrino. —Miró a Harry y luego a su abuela—. Mi abue tampoco tiene papás, ni esposo. Pero, ¡tú todavía tienes mamá! ¡Eres el más suertudo de todos aquí! —exclamó—. ¿Puedo conocerla? ¿Cómo es? ¿Se parece a ti?
Draco sintió que el corazón le latía muy deprisa al notar que ahí había una oportunidad. Decidió tomar el graphorn por los cuernos y dijo:
—Sí, se parece a mí pero... creo que se parece más a tu abuela Andrómeda. —Miró hacia ésta—. Mi mamá y tu abuela son hermanas —finalizó, hablándole a Teddy pero dejando en claro que su aseveración estaba totalmente dirigida a su tía.
—¿HERMANAS? —exclamó el niño, casi cayendo encima de los restos de su pudín—. ¡ABUE! ¡Nunca me dijiste que tenías una hermana! ¡Yo quiero conocerla! ¿Qué es ella de mí? ¿Otra tía? ¿Otra abuela?
Draco se rió y observó complacido que Andrómeda se ponía un tanto colorada de las mejillas. Lo consideró un gran logro porque la mujer, por lo regular, era bastante estoica.
—¡Mucho mejor que todo eso, Ted! La señora Malfoy es tu tía abuela —fue Harry quien respondió con entusiasmo. Draco giró su rostro hacia él y Harry le correspondió la mirada, observándolo con intriga, como si intentara adivinar qué era lo que Draco estaba tramando y no le desagradara del todo—. Quizá, ahora que yo no voy a estar por aquí... —continuó diciendo Harry, mirando a Andrómeda—, ustedes podrían darse tiempo y oportunidad de retomar lazos con su familia... Si entienden lo que quiero decir. Yo… yo estaría mucho más tranquilo sabiendo que no están tan solos.
Andrómeda carraspeó muy fuerte.
—¿Les ha gustado el pudín? —preguntó ella, ignorando los últimos comentarios de Harry y cambiando descaradamente de tema. Se puso de pie con brusquedad. Volvió a usar su varita para llevar los platos sucios al fregadero y, luego, arrimó copas y vasos—. Los invito a pasar a la sala a brindar, ¿les parece bien? Se está haciendo tarde y pronto será la hora de ir a la cama para Teddy.
Draco, desconcertado, se puso de pie lo más aprisa que pudo. Harry lo imitó enseguida.
—Sí, tía, por supuesto —dijo Draco mientras se abotonaba la chaqueta—. Gracias. Permíteme ayudarte con los platos sucios.
Andrómeda lo miró con algo que parecía desprecio. Draco sintió un escalofrío. Aparentemente, cuando Andrómeda se enojaba, se resaltaba el parecido físico que compartía con la loca de Bellatrix.
—¿Y alguien como el único heredero de los Malfoy sabe lavar platos? ¿Con semejante ejército de elfos domésticos que tienen en su casa? Permíteme ponerlo en duda, sobrino —dijo con crueldad. Draco pasó saliva y sintió que comenzaba a enrojecer.
—Yo le ayudaré, Andrómeda —dijo entonces Harry, salvando a Draco quien se había quedado sin saber qué responder—. Tú y Teddy pueden adelantarse, hay algunos regalos extra que mandaron para ustedes mis ex compañeros de equipo. Están bajo el árbol. ¿No quieres ir a abrirlos, Teddy?
—¡Claro! —gritó el niño, brincando de la silla. Todavía con la enorme corona puesta en la cabeza, corrió hacia la puerta, gritando—: ¡REGALOS!
Andrómeda les dirigió una extraña mirada tanto a Harry como a Draco. Elevó mucho la barbilla en un gesto altanero que era indudablemente "marca Black", se quitó el sombrero, lo abandonó en la mesa y salió de la cocina siguiendo a su nieto.
Draco y Harry volvieron a quedarse a solas en la cocina y, de nuevo, en medio de un incómodo silencio.
Draco evitó mirar a Harry a los ojos; se sentía avergonzado y no quería causarle lástima. Se sacó el sombrero de charro y lo dejó también sobre la mesa, analizando lo que acababa de pasar. De pronto, toda la ilusión que había sentido ante la inminente reconciliación con su tía y la oportunidad de acercarla a su madre, se había desvanecido. No entendía que había salido mal con Andrómeda. Había pensado que las cosas con ella iban bien… Y ni hablar de los extraños momentos de "recuerdos engorrosos" que había compartido con Harry durante la cena. Seguramente, éste no querría seguir pasando más tiempo con él.
Frustrado, Draco caminó hasta el fregadero y, usando la varita, lo llenó de agua jabonosa. Agitó de nuevo su varita y un estropajo comenzó a tallar los platos. Se quedó ahí en silencio, dirigiendo con la varita la mundana tarea, todo mientras pensaba si sería mejor salir de ahí de una vez por todas o si valía la pena quedarse a continuar insistiendo en acercarse a su tía y a Harry Potter.
Cerró los ojos, suspiró quedamente y se armó de valor. Sabía que debía quedarse e insistir. Si se marchaba ahora, se arrepentiría para siempre.
Harry, también en silencio, se acercó hasta quedar a su lado y lo observó durante un par de minutos. Draco trataba de ignorarlo pero era difícil, especialmente porque Harry estaba muy cerca y continuaba trayendo puesto el enorme y ridículo sombrero de guarda que Draco le había confeccionado. Tuvo que hacer un gran acopio de fuerza de voluntad para no quedársele mirando, cosa que deseaba hacer con bastantes ganas, la verdad fuese dicha.
Entonces, Harry carraspeó bajito, se acercó más, tomó una toalla y comenzó a secar los platos que Draco iba lavando y dejando a un lado.
—De verdad sí sabes lavar platos —afirmó y soltó una risita. Draco puso los ojos en blanco—. Pensé que te habías ofrecido a hacerlo sólo para impresionar a tu tía.
Draco lo miró con el ceño fruncido.
—Creo que la parte de "impresionar a mi tía" no me salió muy bien que digamos, ¿o tú que dices? —preguntó con sarcasmo.
Harry se encogió de hombros como si no le diera importancia.
—Creo que puedo comprender qué es lo que estás tratando de hacer aquí con ella y Ted. Y también creo que estás pensando en huir por la chimenea en cuanto termines con los platos —añadió Harry y Draco se sorprendió de que pudiera leerlo así de bien cuando se suponía que ahí no lo conocía tan íntimamente como en "el vistazo". Aturdido como se sentía, no dijo nada. Harry continuó—: Sobre lo primero, me gustaría charlarlo contigo después. Y sobre lo segundo… No huyas, Malfoy. Será muy poco caballeroso de tu parte rechazar la invitación de tu tía a tomar una copa. Ella… Mira, Malfoy, la conozco mejor que tú. He convivido con Andrómeda muy de cerca los últimos ocho años. Prácticamente, sólo me tiene a mí y a Teddy. No es que esté enojada contigo. Bueno, quizá un poco —reconoció—. Pero, lo que pasó hace un momento, fue… fue que pusiste el dedo en una llaga muy profunda, es todo.
Es todo, claro, pensó Draco con ironía. Asintió lentamente y optó por cambiar de tema antes de que a Harry se le ocurriera ponerse a hablar de otras llagas muy profundas:
—Vivo solo en un apartamento muggle desde hace años, Potter, y no tengo ni un solo elfo. —Harry puso cara de perplejidad como si no entendiera a qué se refería. Draco sonrió y agregó—: Por eso sé lavar platos. Tuve que leer libros de encantamientos domésticos y aprender un par de trucos. Algo que te recomendaría encarecidamente a ti también —dijo con fingido desprecio porque Harry estaba secando y acomodando los platos sin usar magia. Éste soltó una risita y negó con la cabeza.
—Los encantamientos de limpieza me hacen sentir torpe. Hago las cosas mucho más rápido así.
Draco intentó disimular una sonrisa al recordar que en "el vistazo", su Harry había sido un experto en los encantamientos sexuales necesarios para agilizar las cosas a la hora de follar. Se preguntó si habría sido porque Draco se los había enseñado.
Pero entonces recordó que este Harry tenía cierta fama de promiscuo y el ánimo se le desinfló un poco. Seguramente acá tenía mucha más experiencia sexual que en "el vistazo" donde, aparentemente, sólo había tenido un compañero sexual: Draco.
Bueno, yo mismo he estado también acostándome con todos los que he podido durante estos años, ¿que no?
Ambos habían estado llevando vidas sexuales muy activas, pero, hasta ese momento, ninguno se había enamorado ni comprometido. De nuevo, Draco permitió que una cálida sensación de esperanza le inundara el pecho al creer que quizá era porque estaban destinados el uno al otro y, mientras se encontraban, continuaban buscándose en cualquier otra persona más.
Aquello era tan sensiblero y ridículo que Draco no pudo evitar esbozar una sonrisa más amplia, sintiéndose ingenuo pero un poco más ligero que un rato antes. Le costaba no aferrarse a ese tipo de cosas para no deprimirse por todo lo demás que le estaba saliendo mal.
—¿Por qué sonríes? —le preguntó Harry—. ¿Qué es tan gracioso?
Draco, quien ya había terminado con los platos y ahora lavaba fuentes, ollas y cacerolas, continuó agitando la varita para mandar todo los cacharros limpios hasta donde Harry estaba secándolos.
—Tú y tú ridículo sombrero —le respondió Draco. Pero entonces, se puso serio. Carraspeó y miró hacia Harry—: ¿Quieres… Quieres aprovechar que mi tía se ha ausentado de la cocina para hablar conmigo de una vez por todas de los temas que te preocupan? O, en vez de eso, quizá podríamos…
Harry dejó de secar platos y también lo miró.
—¿Podríamos, qué, Malfoy? —le preguntó con un tono que sonaba insinuante y retador a la vez.
Draco se armó de valor. Atrévete, se dijo. Él también quiere. Sólo… atrévete.
—O... podríamos bebernos algo aquí con Andrómeda y, luego, no lo sé... salir de aquí, juntos, y yo podría invitarte un trago más fuerte en mi apartamento, donde podremos hablar largo y tendido del tema que quieras —dijo como si tal cosa, inclinando la cabeza y mirando a Harry de reojo.
Pudo ver que Harry sonreía y el temor a verse rechazado comenzó a disiparse.
—Me parece una idea excelente —respondió Harry con un dejo de diversión en la voz. Draco, asombrado de que todo estuviera resultando así de fácil, terminó con todos los cacharros sucios, se guardó la varita y giró su cuerpo hacia Harry.
—¿Lo dices en serio? ¿Irás a meterte tú solo a mi guarida de maldad después de que tuviste que recurrir a la ayuda de una auror y de un rompe-maldiciones para contenerme? —se burló, cruzándose de brazos.
Harry se rió y se sonrojó un poco. Terminó con la última olla y la dejó a un lado. Se apoyó de espalda contra la encimera y también se cruzó de brazos.
—Digamos que... nunca he sido muy listo que digamos, puedes preguntárselo a Hermione, y digamos también que me encanta meterme en problemas. —Hizo una pausa donde miró a Draco de arriba abajo de modo apreciativo. Soltó un suspiro discreto y, dejando de sonreír, añadió—: Pero, hablando totalmente en serio, Malfoy, necesito charlar contigo. Me urge tratar contigo un par de cosas, y tiene que ser hoy mismo porque me voy mañana, y aunque, claro, puedo ir y venir de manera constante, nunca será lo mismo que vivir aquí cerca de mi ahijado. Necesito asegurarme de que tus intenciones hacia él son honestas y que te estás acercando por las razones válidas. Que no vas a… ya sabes. A lastimarlo.
Draco lo miró a los ojos un momento.
—De acuerdo. Me parece justo —accedió en voz baja.
Su cuerpo había comenzado a reaccionar en cuanto su mente dibujó el posible escenario posterior donde se encontraría a solas con Harry en su propio apartamento, pero la excitación se fue tan pronto como llegó conforme el otro mago le decía lo demás. Ya que, si la intención de Harry era hablar acerca de Teddy antes que nada, antes de hacer nada, eso podría echarlo todo a perder. Porque, ¿qué podría decirle Draco a Harry que explicara sus repentinas ganas de buscar a un sobrino al que no había visto durante toda su vida a pesar de vivir en condados vecinos?
Harry volvió a mirarlo de arriba abajo, sonrió y frunció el entrecejo con curiosidad.
—¿Por qué estás vestido con un traje muggle?
Draco no le respondió. Le sonrió también y caminó hacia la puerta de la cocina. Se quedó de pie ahí, esperando que Harry se adelantara y le señalara el camino. Harry pasó muy pegado a él y salió por la puerta de la cocina, agachándose para pasar porque el sombrero gigante que traía puesto topaba con el dintel.
Draco se rió mientras lo seguía a un corredor muy oscuro.
—¿Por qué no te quitas eso? Se supone que sólo estamos obligados a usarlos mientras dura la cena.
Harry se giró hacia él mientras le abría otra puerta que quedaba justo enfrente de la de la cocina, al otro lado del corredor.
—¿Bromeas? Es el mejor sombrero que he tenido nunca. De hecho, creo que voy a llevármelo a América como recuerdo.
Draco meneó la cabeza, entró por la puerta que Harry le había abierto y de nuevo se vio inmerso en abundante luz. Se trataba de una sala de estar muy amplia con algunos pocos muebles muy viejos pero cómodos, un precioso árbol navideño en una esquina, una escalera que dirigía al piso superior y puertas que daban a otras habitaciones. Una chimenea pequeña ubicada en el muro contrario estaba encendida, y Andrómeda estaba sentada en uno de los sofás con Teddy a su lado.
El niño estaba admirando una colección de juguetes y libros que seguramente le habían enviado de regalo. Draco notó, con orgullo, que mantenía la caja de las pelotas de quidditch muy cerca de él.
En cuanto entraron a la habitación, tanto Andrómeda como Teddy levantaron la mirada hacia ellos.
—Ahí están las botellas de licor, caballeros —dijo ella, señalando hacia una repisa—. Pueden servirse ustedes mis… oh. —Se interrumpió y frunció las cejas con disgusto mientras miraba a un punto justo encima de las cabezas de los recién llegados.
Teddy también miró ahí y rompió a reír.
—¿Qué? ¿Qué pasa? —preguntó Harry, quitándose el sombrero, pensando que se trataba de eso.
Pero no era por el sombrero. Draco y Harry levantaron la vista al mismo tiempo y descubrieron el adorno navideño que colgaba justo encima de los dos: era una típica esfera hecha de ramas de acebo... la cual estaba profusamente decorada con hojas de muérdago.
Draco abrió mucho los ojos y quiso sonreír, pero se contuvo a tiempo. Muérdago. Pero qué casualidad. Bajó los ojos hacia Harry y sus miradas se encontraron. Harry tenía una expresión abierta y divertida, como si pensara exactamente lo mismo que Draco.
—¡Ahora van a tener que darse un beso! —exclamó Teddy, a quien aquello parecía hacerle muchísima gracia. Pegó un brinco encima del sofá y se quedó parado sobre el asiento.
—¡Edward Lupin, compórtate!
Pero Teddy no le hizo caso a su abuela. Continuó dando saltitos arriba del mueble, provocando que juguetes y libros cayeran por todos lados.
—¡Y pensar que ustedes dos ni siquiera eran amigos en la escuela! ¡Y ahora tienen que besarse! ¡Tío Draco, no sé a ti, pero a mi padrino sí le gusta besar chicos! ¡Ya ha tenido varios novios!
Draco se llevó una mano a la cara para esconder una sonrisa. Le enternecía ver a Teddy reaccionar así ante un beso entre él y Harry. De cualquier forma, pensó en darle un rápido beso en la mejilla a Harry para salir de ese compromiso, pues de ningún modo iba a darle "un primer beso" en aquellas circunstancias. Justo se giró hacia Harry para proponérselo, cuando vio a su tía levantarse del sofá y caminar determinada hacia ellos.
La bruja iba echando chispas. Draco la vio venir con los ojos muy abiertos.
—¿Me permites unas palabras en privado, sobrino? —le pidió Andrómeda de muy mal talante. Draco, asombrado, asintió obedientemente. Andrómeda volteó a ver a Harry y le dijo—: Y tú, Harry, hazme el favor de ayudarle a Teddy a guardar en su habitación todos sus regalos. Ya casi es hora de que se vaya a la cama.
Harry apenas abría la boca para responder, cuando Andrómeda tomó a Draco duramente de un brazo, envolviéndoselo como tenaza, y lo arrastró junto con ella. Lo sacó de la sala y lo llevó varios metros por el oscuro corredor hasta que llegaron a una puerta que, aparentemente, daba a la parte trasera de la casa.
Draco se sentía muy avergonzado de haber hecho enfadar así a la hermana de su madre. ¿Quizá sería que ella no quería que Teddy viera demostraciones de afecto entre personas del mismo sexo? Pero, pero… eso no tenía sentido. Draco sabía que su tía no era homofóbica, y el mismo Teddy acababa de mencionar que su padrino había tenido novios… ¿Entonces?
Su tía lo soltó y lo encaró. Draco comenzó a farfullar a toda velocidad:
—Tía, no sé qué sucedió para que te enfadaras así, pero te ruego que me disculpes. No fue mi intención ofenderte de ninguna manera —suplicó Draco comenzando a entrar en pánico. Le horrorizaba haber perdido la oportunidad de reconciliar a las hermanas Black aun antes de comenzar.
Gracias a la brillante luz de la luna reflejándose en la nieve y la cual entraba por el cristal de la puerta, Draco pudo notar que Andrómeda ya no se veía enojada, sino preocupada. Miró a Draco con algo que incluso podía clasificarse como ternura.
—Oh Draco, cómo te pareces a Cissy cuando… Ah, olvídalo. Lo que quiero decirte es que tengas cuidado con Harry, por favor. No me gustaría… Ya sabes. No quisiera verte salir lastimado.
Draco miró a su tía a los ojos y se quedó sin saber qué decir durante unos segundos. Bueno, no debía sorprenderle que ella se hubiera dado cuenta de la atracción mutua que sentían Harry y él, después de todo, no habían sido nada discretos, pero…
—Tía, perdóname, pero te juro que no entiendo a qué te refieres. —Sonrió nervioso, intentando aligerar el ambiente—: Me sorprende que tú digas eso de Potter, ¿cómo podría él hacerle daño a alguien? ¿Acaso no es el héroe mágico y la estrella deportiva que todos adoran? ¿El padrino de tu nieto?
Andrómeda puso los ojos en blanco en un gesto que a Draco le recordó muchísimo a su madre.
—No me estoy refiriendo a un tipo de daño físico, y tú lo sabes bien. Mira, Draco, querido… Yo no nací ayer. No tiene caso que lo niegues. Durante toda la cena he sido testigo de todas las señales que se han enviado ustedes dos. Es notorio que… Bueno. Es notorio que se gustan, por decirlo de algún modo. No dudo que de aquí vayan directo a uno de sus apartamentos a pasar la noche… juntos.
Ella hizo una pausa y Draco le preguntó en voz baja:
—¿Y… y eso tiene algo de malo?
Andrómeda cerró los ojos y negó con la cabeza.
—No, Draco, no. Los dos son adultos libres y saben lo que hacen, pero… Mira, yo a ti te he tratado poco, por no decir nada, pero a Harry lo conozco demasiado bien. El chico se ha pasado años rompiendo corazones a diestra y siniestra. ¡Cosa que a mí no me ha importado en lo más mínimo, pues no conocía a nadie de la gente con la que ha salido! Pero, tratándose de ti, tenía que advertírtelo. Ahora que has decidido inmiscuirte en la vida de Teddy, voy a tener que pedirte que vengas a verlo con frecuencia o él va a sufrir. Tú lo has visto, se ha prendado completamente de ti, como si te conociera de toda la vida. Y yo… yo confío en el instinto de ese niño. Si él te acepta, yo también, Draco. Pero por eso mismo… No quiero ver que Harry te rompa el corazón y luego decidas alejarte de nosotros por causa de eso.
Draco jadeó y se quedó con la boca abierta. Se sentía mareado, no tanto por las advertencias de Andrómeda, sino porque su tía prácticamente estaba exigiéndole que, ahora que había entrado en las vidas de Teddy y de ella, no se escapara más. Su tía lo estaba aceptando como sobrino y estaba exigiéndole que visitara a Teddy. ¡Era increíble! ¡Lo había logrado!
Draco sonrió ampliamente y se atrevió a sostener a su tía de los brazos, cariñoso y apretado.
—Querida tía, no te preocupes por mí. Potter no va a romperme nada —dijo, y luego frunció el ceño porque le pareció que aquello no había sonado muy bien que digamos, pero se encogió de hombros y continuó hablando—: Pero aun si lo hiciera, yo te juro por la memoria de mi padre que no voy a dejar a Teddy tirado a un lado. Realmente quiero ser parte de su vida. De la suya y de la tuya. Y realmente me gustaría que tú, más adelante, cuando te sientas lista y dispuesta, te reencontraras también con mi madre.
Andrómeda arqueó las cejas y sonrió levemente. Suspiró. Se notaba más tranquila.
—Bueno. Por lo que me dices, veo que no desistirás de irte con Harry esta noche. Sólo te lo pido: ten cuidado. No… no te encariñes —agregó ella y Draco casi suelta un resoplido sardónico. Demasiado tarde para eso, tía—. Él se va mañana durante una larga época, si no es que para siempre. Quiero muchísimo a Harry, él ha sido como un padre para Teddy y se lo agradezco, pero no puedo cegarme a la realidad de quién es él. Él no es para ti, Draco. No te conviene.
Su tía le dio un apretón sobre la mano con la que Draco la sostenía, y se alejó. Draco la dejó ir, apretando los puños y pensando furiosamente: Te equivocas, tía. Te equivocas totalmente.
No obstante, una inquietud helada y creciente se le anidó en el pecho, resistiéndose a irse, robándole la alegría que había sentido unos segundos antes.
Después de que todos se bebieran un solo vaso de ponche de huevo con brandy, comenzaron las despedidas porque ya era bastante tarde y Teddy ya mostraba señales de cansancio.
Draco se mantuvo un tanto al margen mientras Harry abrazaba tiernamente a su ahijado, pues el niño había comenzado a lloriquear debido a la inminente marcha de su padrino al otro día. A Draco se le estrujó el corazón cuando observó de reojo a Harry meciendo suavemente a Teddy, acariciándole el cabello, susurrándole palabras de consuelo al oído…
Draco cerró los ojos, sintiéndose sobrepasado del peor modo posible, recordando lo buen padre que Harry podía ser, recordando a Eltanin y percibiendo un hueco enorme y doloroso en su pecho…
—Joder —masculló entre dientes, negándose a ese pensamiento, apartándolo de inmediato de su mente, porque, si seguía por ese camino, iba a terminar llorando sin poder explicarse ante los demás. Aguzando el oído, alcanzó a escuchar que Harry le decía a Teddy que todavía se verían un gran rato al otro día pues él partía hasta muy tarde.
Draco intentó no sentirse ofendido porque a él nadie lo invitó a la aparente despedida que tendría lugar en el sitio donde Harry iba a tomar el traslador hacia su aventura en América.
Finalmente, Harry bajó a Teddy al suelo y luego, le dio un beso en la mejilla a Andrómeda.
Draco, viendo que Harry había terminado, se acercó a su tía. Se inclinó caballerosamente ante ella, le tomó la diestra y le dio un delicado beso en el dorso de la mano, agradeciéndole las atenciones y prometiéndole que, a la siguiente ocasión, él compensaría las molestias causadas.
—No olvides lo que te dije, sobrino —le dijo ella a manera de despedida cuando Draco y Harry se dirigieron a la puerta del salón que llevaba a la cocina, mientras ella subía con un adormilado Teddy hacia la planta alta.
—¡Adiós, tío Draco! —exclamó el niño con voz soñolienta—. ¿Vendrás pronto a visitarme, cierto? ¡Y jugaremos quidditch con las pelotas de los Black!
—Claro, Teddy, cuando quieras —respondió Draco, sonriendo. Se despidieron con ademanes de mano mientras se alejaban unos de los otros.
Harry miró a Draco con curiosidad mientras salían del salón.
—¿Qué fue lo que te dijo Andrómeda? —lo cuestionó—. ¿Malas noticias?
Draco evitó verlo a los ojos. Ingresaron a la cocina, Draco tomó su abrigo del perchero y se dirigieron a la chimenea. No le pasó desapercibido el hecho de que Harry llevaba con él el ridículo sombrero de guarda, ni tampoco que pareciera genuinamente preocupado de que Andrómeda le hubiese dicho algo negativo.
—No, nada malo —le respondió Draco—. Creo que fue todo lo contrario. Me dijo que si había tomado la decisión de aparecerme ahora en la vida de Teddy, entonces tendría que continuar visitándolo para no romperle el corazón. Quiero decir, me exigió que continuara viniendo a verlo —concluyó con una sonrisa que era bastante sincera.
—Oh, ¿en serio? Vaya, Malfoy… Me parece grandioso porque justo yo también quería pedirte algo similar.
Draco lo miró de reojo mientras tomaba un puñado de polvos flu.
—Hablemos de eso en mi loft, ¿te parece bien? Me muero por un trago de whisky de fuego, y tengo en mi bar uno de la mejor calidad. La dirección es el número 103 de Wardour Street.
Miró a Harry a los ojos, le sonrió tensamente y se sumergió dentro de la chimenea, confiando su vida entera en que Harry iría tras él.
Y así fue.
Draco apenas estaba sacudiéndose el hollín de su costoso traje, cuando Harry atravesó las llamas verdes directo a la salita de su loft.
Draco lo vio salir y sintió que el estómago se le apretaba en un puño compacto. Volvió a darle a Harry una sonrisa bastante tensa y caminó directo a la barra de su bar a buscarse un extremadamente necesario trago de su whisky más fuerte. Joder, joder, no puedo creerlo, pensaba mientras le daba la espalda a Harry y servía dos vasos con hielo. Finalmente tenía a Harry ahí, a solas, con él.
Las manos le temblaban cuando tomó la botella y sirvió generosas porciones de alcohol en cada vaso. Trató de disimular sus nervios cuando caminó de nuevo hacia Harry y le ofreció su bebida. Harry se había quedado de pie justo ahí junto a la chimenea, sólo observándolo.
El pensamiento de que Harry hubiese estado pasándole revista mientras él servía el whisky, lo emocionó de un modo que no era en absoluto normal. Draco volvió a sonreírle, sintiendo los labios más tensos que cuerdas de violín.
—Siéntate, por favor —le pidió, señalándole con una mano el sofá más cercano al fuego—. Dame tus cosas, te las guardaré.
Harry le pasó su capa y el sombrero de guarda. Draco no pudo evitar sonreír ampliamente mientras colgaba ambas prendas en un perchero de acero que tenía junto a una pared.
—Wow —murmuró Harry, mientras se sentaba con el vaso en la mano—. ¡Qué lugar, Malfoy! Está increíble, felicidades.
—¿Tú no tienes tu propio apartamento? —le preguntó Draco como quien no quiere la cosa. Se abrió el botón de su chaqueta y se sentó en otro sofá frente a Harry, cruzando las piernas del modo más desenfadado pero sensual que pudo conseguir. Comenzó a darle traguitos a su bebida, conteniéndose de empinársela de una sola vez como estaba deseando.
Harry negó con la cabeza, pero luego asintió. Parecía bastante distraído observándolo.
—No, bueno, sí… Tengo una casa. Una casa vieja y maltratada que me dejó Sirius como herencia, y ahí he estado viviendo todos estos años. Bueno… "viviendo" es un decir. Casi nunca estoy ahí. Como viajo tanto y rara vez estoy en Londres… Ahora, en Estados Unidos, intenté buscar lo mejor que pude arrendar con la partida que me incluyeron para gastos de vivienda. No he visto el lugar con mis propios ojos, pero me mandaron fotos por internet. Se ve agradable. ¿Sí sabes lo que es la internet, no?
Draco arqueó las cejas e hizo un gesto afirmativo.
—Por supuesto. Yo también hago negocios usando esa interesante e increíblemente veloz herramienta muggle. Lo que son capaces de inventar, ¿cierto? —dijo con admiración sincera—. Si siguen a este paso, llegarán a superarnos en habilidad y sin usar magia —comentó, bajando la voz hasta enmudecer.
Fue silenciándose porque vio a Harry beberse su whisky de un solo tirón, como si estuviese muy sediento o muy nervioso. Fue curioso porque Draco se sentía exactamente igual.
Entonces, Harry puso el vaso sobre la mesa que tenía a un lado y miró directo hacia Draco. Los ojos verdes le relampagueaban por el reflejo de las llamas de la chimenea y Draco se quedó hipnotizado, mirándolos.
—Malfoy —dijo Harry, arrastrándose por el sofá hasta quedar sentado apenas en el borde del mueble, apoyando los codos sobre sus rodillas y mirando a Draco fijamente. Éste sintió que se le secaba la boca—. Dejémonos de tonterías, que ambos sabemos que esta no es una visita de cortesía.
—¿Ah, no? —masculló Draco. No alcanzaba a detectar si Harry le estaba hablando con enojo o con otra cosa diferente, y la duda lo estaba matando.
Harry negó con la cabeza sin dejar de ver a Draco a los ojos.
—Creo que no. —Nervioso, Harry se frotó el puente de la nariz con dos dedos, se quitó los anteojos, los limpió un poco y volvió a ponérselos—. De acuerdo. Mira, cuando le mandaste el regalo a Teddy durante la tarde, encendiste todas las alarmas "anti-Malfoy" que han estado instaladas en mí desde nuestro primer año de colegio. Primero pensé que el regalo estaba maldito y, al comprobar que no, no entendí un carajo por qué lo hacías. Especialmente porque esa caja de pelotas tiene que ser algo sumamente valioso. No comprendía tus razones porque Teddy tiene ocho años y medio. Francamente, podrías haberte aparecido mucho antes en su vida de haberte interesado convivir con el niño.
—Bueno, sí, pero…
—Pero entonces acudiste a mi llamado —continuó hablando Harry, como si no hubiese escuchado a Draco—, dejaste que te quitáramos la varita y que Bill te revisara, y resultó que no tenías malas intenciones. Y… llámame loco, si quieres, pero durante la cena pude darme cuenta de que no estás fingiendo. Realmente estás interesado en Teddy. Incluso… —Harry miró a Draco a los ojos con intensidad, como si quisiera atravesarle el alma y descubrir sus sentimientos más ocultos—… Incluso, me atrevería a decir que hasta le tienes cariño.
Draco carraspeó, nervioso. Dejó salir una risa sofocada.
—Debe ser el llamado de la sangre —masculló.
—Probablemente —acordó Harry de manera distraída como si en realidad estuviese pensando en otra cosa, todavía mirando fijo a Draco—. El punto es que me voy mañana y, no voy a negártelo, eso me pone muy nervioso. No estaré aquí para cuidarlo de ti, Malfoy —agregó con un tono más duro, casi como de advertencia.
Draco miró a Harry a los ojos y trató, con todas sus fuerzas, de transmitirle la sinceridad de las palabras que dijo a continuación:
—Puedes marcharte tranquilo, Potter. —Pero mejor no te marches, pensó, sin atreverse a decirlo—. Puedo jurarte por lo que quieras que lo único que deseo es estar cerca de mi sobrino y que mi madre se reconcilie con su hermana. De hecho, hablando de juramentos —dijo y se puso de pie, dejando el vaso de whisky a un lado y abotonándose la chaqueta—, podemos buscarnos un testigo y hacer un juramento inquebrantable, tú y yo. Te juraré lo que…
No pudo terminar de hablar porque, de pronto, Harry se puso de pie, caminó el par de pasos que lo separaban de Draco y, con un brazo, le rodeó la cintura y lo atrajo hacia él bruscamente.
Draco, interrumpido a media frase, soltó un gemido sofocado que fue ahogado por la boca de Harry, quien comenzó a besarlo con ímpetu y algo que casi parecía enojo.
Draco, azorado y con los ojos muy abiertos, tardó varios segundos en reaccionar. Comenzó a cerrar lentamente los párpados, atreviéndose a levantar las manos y a tocar a Harry de los brazos, apretando la tela de su túnica con los puños mientras Harry lo besaba y lo besaba y gruñía contra sus labios. Harry usó su otro brazo para pasárselo por la espalda y sujetarlo con más fuerza, pegándolo completamente a él.
Si la esperanza fuera mortal, Draco habría caído fulminado como por un rayo.
