Gracias a todos por sus amables comentarios, me pone muy feliz leerlos.

También quiero dar las gracias a Fanfiker_Fanfinal por ser mi Beta Reader, ella hace posible que la ortografía del capitulo no sea horrorosa.

Aquí esta el plan maligno de nuestro amado rubio, ¡disfruten!

Capítulo 11: La guerra

Cuando el apellido Malfoy era pronunciado, la gente inmediatamente relacionaba el apellido con: poder, dinero, fama. Pero esto era apenas la superficie de lo que un mago o bruja de esta familia representaba en su tiempo. Fuera cual fuera este.

"Los Malfoy somos amados" ¿Cómo podía haberse olvidado de eso?

Su encanto con otras personas siempre había sido especialmente notable. Ahora con el conocimiento de su parte veela, entendía el motivo.

Ambos Slytherin salieron con paso firme, pasando al Trío Dorado, y dejando al chico que vivió preguntándose qué sucedería al sentir el cambio de actitud del rubio. No iba a ir a comer, ni siquiera se dirigía a su habitación, sino a su anterior cuarto en el castillo.

—Espero que esto lo solucione, porque sinceramente dudo que alguna otra cosa pueda funcionar—Blaise observó el radical cambio en su amigo, su expresión amargada había desaparecido y en su lugar plasmada una sonrisa ligera, que escondía el flujo de pensamientos que buscaban urdir un plan.

—Claro que funcionará, ¿Alguna vez se me ha resistido alguien?

El chico de color negó con la cabeza, aunque su pensamiento era ligeramente diferente "¿Además de Potter? Nadie, creo". Le reconfortaba ver cómo el rubio recobraba dominio de su persona y se concentraba en la meta: ganarse al chico que vivió.

—Aun así, tú sabes que Potter no es como otras personas —La sonrisa de Draco se tambaleó por unos segundos, antes de quedarse firmemente afianzada en su expresión e incluso se hizo un poco más amplia.

—Lo sé, y eso tal vez pueda facilitarme el camino —Si Potter era tan buen chico, caería ante sus artimañas sin enterarse de nada –Él es un buen chico —En su tono de voz sonó cierta burla.

Cuando por fin llegaron al cuarto de Blaise, después de recibir ciertas miradas y escuchar cuchicheos de los pocos miembros que se encontraban en la sala común a esa hora, Draco se sentó en el sofá que su amigo tenía en la habitación y cerrando los ojos comenzó a imaginar lo que haría para obtener obediencia del pelinegro.

—¿Te refieres a algo en especial cuando dices que Potter es un buen chico?, obviando el hecho de que es un héroe —Blaise empezaba a comprender hasta qué punto su compañero había estado involucrado en la guerra. No le había preguntado nada durante la lucha, lo había visto guardar con recelo cualquier información que le fuera confiada. Cansado, ojeroso, pálido como la cera. Los nervios del rubio se habían alterado y había temido por la sanidad de su amigo.

—Él solo ha llegado a besar a dos chicas, hasta ahora —Sabía sin peligro de equivocarse. Cuando estaba bajo las órdenes de los mortífagos había investigado, en secreto, a Potter. Querían saber todo lo posible sobre el pelinegro, para formar un buen plan y atraparlo. Así que tenía plena seguridad de que no había pasado de esos besos.

—¿Me estás diciendo que Potter no ha ido más allá? —Zabini lo encontraba difícil de creer, después de todo, si en él hubiera recaído salvar al mundo, con las probabilidades casi nulas de sobrevivir, hubiera hecho hasta lo indecible por disfrutar todos los placeres de la vida. Como lo había hecho hasta ahora.

—Si se trata de salvar al mundo, es especialista, pero para todo lo demás no sabe dónde está parado —Lo había comprobado con los encuentros que tuvieron en esos días, su boca era temblorosa, inexperta, sus brazos se quedaban rígidos en un principio y solo después de unos minutos se atrevían a moverse. Sus manos tenían un tacto áspero, cosa que no le quedaba muy clara, pues no creía que estuviera acostumbrado al trabajo pesado, era el chico que vivió, seguro que hacían todo por él.

Claro, no importa cuánto le explicaran, nadie podía ayudarle en el ámbito del sexo y lo previo a esto. Por eso tenía tanta confianza, no tendría que esforzarse. Pero lo haría, se esforzaría como nunca, Potter se iba a enterar de quién era Draco Malfoy.

Zabini de pronto se encontró sintiendo un poco de pena por el pelinegro.

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—¿Notaste la forma en cómo te miró el hurón? —Los últimos veinte minutos su amigo pelirrojo los había pasado hablando del plan macabro que seguramente se traía entre manos.

—Ron, lo has dicho desde que salimos de clase, sí, lo notamos —Su amiga estaba harta de las teorías conspiratorias de su novio.

Harry bufó.

—Estaré bien, solo debo tener cuidado—Francamente él también estaba cansado de escucharlo.

—¡Pero es que todo esto de ser su pareja puede ser parte de un plan! —Se levantó de la mesa mientras comía un pedazo de pollo asado. Después de masticarlo y tragar se dejó caer en su asiento con los brazos cruzados y el ceño fruncido—.Yo no confío en él —Hermione suspiró y negó con la cabeza.

—¿Cuándo te va a quedar claro que no puede hacerle daño a Harry? —El chico la miró como si estuviera loca—. El libro lo dice, si lo eligió como pareja no le hará daño. No voluntariamente —Miró de reojo al pelinegro cuando pronunció estas palabras para dirigirlas especialmente enfatizadas a él.

—Yo no me creo nada —Ron seguía comiendo pero ahora con algo de resignación a no ser tomado en serio.

—Tú has crecido entre magos y brujas, ¿cómo puedes dudar así? —Su novia castaña estaba comenzando a hartarse del escepticismo del pelirrojo.

El aludido guardó silencio y terminando de comer su postre (un pedazo de pastel de chocolate), se retiró en silencio de la mesa.

Harry suspiró, entendía el enojo de su amigo. "Pero Mione tiene razón, él creció rodeado de todo esto". No debía sorprenderle que cosas como aquellas pasaran.

—Hermione, hay algo que no les conté ayer —Y por cómo estaba reaccionando su amigo, se alegró de que lo dejara hablar con Hermione a solas.

—¿Qué sucede, Harry?—Su amiga lo miró preocupada.

—Ayer hablé con Malfoy, bueno, él vino a hablar conmigo después de evitarme todo el día —La chica asintió muy seria, notando la dirección en que se dirigían sus palabras. El pelinegro tomó aire y continuó su explicación—. Comencé a hablar y él explotó gritando que lo iba a dejar, que para mí zafarme era muy sencillo —Sonrió ante el recuerdo del rostro pálido del rubio tomando un tono rojizo, su amiga lo miró sin entender el motivo de su gesto—. Le he dicho que salgamos y nos conozcamos—. Draco no está seguro al cien por cien de la idea, pero quería darle una oportunidad al Slytherin.

Hermione alzó sus cejas junto con una sonrisa y una mirada divertida ante las palabras de su amigo.

—¿Me estás diciendo qué Malfoy y tú tendrán una cita?—Sonaba tan extraño cuando ella lo decía.

—Algo así, es para conocernos, ¿crees que estoy loco? Le sonrió, la mirada de su amiga le decía que la idea le parecía buena.

—Pienso que es la decisión más justa para él y para ti —Luego se movió para acercarse a Harry, a quien tenía enfrente, ofreciéndole un abrazo para reconfortarlo y mostrarle su apoyo—. Si terminas diciendo que sí a Malfoy, asegúrate de darle a Ron una poción relajante antes de contarle, de otro modo le dará un ataque de histeria —Ambos rieron ante el comentario, luego Hermione soltó a Harry—. Iré a buscar a Ron, tal vez ya se tranquilizó un poco—El pelinegro asintió, iría a buscar a Malfoy para que hablaran y así entender qué problema tenía con el profesor.

—Los veré en la cena —Le parecía que el día no había ido tan mal, extrañaba estar con sus amigos, a pesar de que los días con el Slytherin eran interesantes, a su manera.

"Algún día, como dice el señor Weasley, voy a recordar este momento y me reiré". No le parecía que ese día fuese a llegar muy pronto.

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—¿Seguro que estás listo? —Era una pena no poder presenciar el plan de su amigo, pero podía imaginarse algo que creía muy cercano a la realidad, de cómo reaccionaría el pelinegro cuando se topara con él.

Habían pasado juntos el resto del día, pensando la forma en que Draco comenzaría su plan. También lo había puesto al tanto del ataque que sufrieron en su habitación y el hecho de que ahora el padrino de Draco, Snape, fuera su guardián.

Le divertía pensar en la resignación del pelinegro para permitir que alguien que siempre atentaba a no favorecer a los de su casa, ahora fuera quien los tuviese como guardián de su privacidad.

Se había hecho de noche, el cielo estaba nublado, aunque algunos huecos entre las nubes dejaban ver unas pocas estrellas. El castillo se había ido calmando, quienes se habían ido de excursión a Hogsmeade volvían cansados pero alegres, con bolsas entre sus manos.

Claro, no es que Malfoy se hubiera acostado antes con alguien, pero siempre había sabido usar su encanto para conseguir lo que quería. Había besado a chicas y chicos, era excelente al respecto. Incluso había tenido algún roce de piel, pero no más allá. Cuando su verdadero trabajo con el bando del Señor Tenebroso empezó, no había tenido cabeza para pensar en algo así.

—De acuerdo, espero que todo salga bien —Se despidió del rubio esperando con verdadera euforia conocer el resultado.

Draco asintió y se marchó con un aura de tranquilidad y un ligero cosquilleo en su piel, ahora que estaba tomando un papel activo en cuando a la seducción del chico, aceptando, sin ser consciente, sus rasgos como veela, su cuerpo estaba transmutando poco a poco.

"Ya verás Potter, vas a caer ante mí". Con su confianza renovada se apresuró a llegar a su habitación, contemplando al pasar el cuadro donde estaba su padrino, quien lo miró de manera inquisitiva, preguntándose qué maquinaba su ahijado; conocía esa sonrisa, normalmente significaba que alguien tendría problemas.

—Serpientes y escaleras —Pronunciada la contraseña la puerta se abrió. Observó la sala, despejada, pero escuchó ruidos en el cuarto del Gryffindor. Sonrió ampliamente y cerró la puerta tan fuerte como pudo, se dirigió a su cuarto, prestando atención al sonido inequívoco de pasos acercándose a la puerta del cuarto de Harry.

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Harry se encontraba haciendo su tarea de pociones, al haber faltado a la clase del profesor Slughorn tenía trabajo extra. Acababa de sentarse para ponerse con ello cuando escuchó una puerta cerrarse. Se había dedicado casi toda la tarde a buscar al rubio, sin éxito. La mayoría de los alumnos estaban fuera, disfrutando de los días de verano que quedaban antes de que el otoño hiciera su aparición, enfriando el castillo.

Cuando llegó la hora de la cena, se adentró frustrado al Gran Comedor, esperando encontrarlo entre los comensales, pero nada.

Sus amigos estaban sentados con Ginny, quien lo saludó antes de retirarse, había cenado deprisa, con la excusa de que tenía algo que hacer.

Él también cenó apresuradamente, había invertido toda su tarde en buscar a Draco, y si quería tener algún día libre del fin de semana, era mejor que se apurara. Se despidió de sus amigos, Ron parecía mas tranquilo después de haber hablado con Hermione, le prometió que jugarían ajedrez mágico en cuanto pudiera resolver las cosas con el Slytherin.

Al regresar a su cuarto constató que Malfoy aun no volvía, se resignó y comenzó sus deberes.

El sonido del golpe lo hizo salir y mirar en la sala de la habitación, logrando captar el momento en que el rubio cerraba la puerta de su cuarto.

"Al menos ya regresó" , suspiró, era como tener un niño pequeño a su cuidado. Decidió seguir con la tarea, pero se hartó al poco tiempo y decidió hablar con Malfoy. Después de tomar la dosis de poción que le correspondía, se armó de valor y respiró profundamente un par de veces para prepararse por si venía una discusión antes de poder hablar en serio.

Tocó la puerta con calma y dio dos pasos hacia atrás, por si Draco lo golpeaba al abrir la puerta. Pero no hubo respuesta.

—Malfoy, no podemos quedarnos así, tenemos que hablar —Suspiró con la certeza de que pasaría bastante tiempo llamando al Slytherin antes de que le respondiera.

No se había equivocado, pasó la siguiente hora llamando al chico dando vueltas en la sala y sintiéndose cada vez mas irritado por su comportamiento.

"¿Por qué tengo que venir yo a arreglar las cosas?"

Mientras el chico que vivió daba una vuelta mas por la habitación, Draco se encontraba riendo para sus adentros, sentado en su escritorio terminando de redactar una respuesta para la carta que le había enviado su padre ese mismo día.

—Potter no va a rendirse—El profesor Snape también mostraba una sonrisa burlona en su rostro, le parecía muy divertida la situación del chico.

—Lo sé—Una sonrisa divertida se asomó en el rostro del mitad veela.

"Cuando termine con esto me tomaré el tiempo para hablar con él". Aunque el pelinegro lo estaba molestando un poco al tocar cada seis o siete minutos.

—Esto es irritante—Cansado de escuchar al chico que vivió aporrear la puerta, Snape se despidió de su ahijado y salió del cuadro. De todos modos tenía un asunto pendiente.

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Después de saludar a Harry a la hora de cenar, cierta chica pelirroja se había apresurado a escabullirse mientras aún no daban la hora del toque de queda.

Llegó fácilmente al lugar donde estaba la estatua, el cual permanecía, aunque el túnel que custodió alguna vez había desaparecido; allí vería al Slytherin.

Se sentía un poco nerviosa, sin entender el motivo, nada malo pasaría si la descubrían, los sucesos que habían tenido lugar durante la guerra habían sido verdaderos motivos para estar nerviosos y asustados de verdad. Una simple detención por estar en el pasillo a horas prohibidas no tendría que afectar su conciencia de ninguna manera. Pero allí estaba, quebrantando esa regla, esperando a un chico de dudosa credibilidad que incluso podía estar plantándola.

No muy dispuesta a creer esto se dedicó a esperarlo un rato, no lo había visto a la hora de la cena, ni tampoco al salir del Gran Comedor.

Cuando constató que llevaba mas de una hora de pie en aquel lugar, comenzó a caminar en dirección a la torre de Gryffindor. Estaba molesta consigo misma, en verdad había creído en ese chico. Sus mejillas estaban coloreadas de rojo, sentía vergüenza por haber confiado en su palabra.

"No porque me agrade, sino por ayudar a Harry".

Al menos eso es lo que se decía por haber esperado. Pensaba que había desperdiciado su tiempo cuando en la sala común de los leones alguien podía estar revelando algún dato que le fuera útil. Pero por encima de todo, se sentía ridícula.

Ginny iba caminando por la mitad del pasillo cuando escuchó su nombre, volteó sintiéndose descubierta, pero en vez del cuidador Filch, frente a ella se encontraba un chico de tez morena que respiraba agitadamente.

—Lo siento… se me… hizo…tarde—Se dio cuenta de la hora después de la marcha de Draco, había corrido desde las mazmorras hasta allí deseando que la menor de los Weasley no se hubiera ido, escondiéndose para no ser descubierto por él malhumorado conserje.

—Lo noté —No queriendo parecer demasiado aliviada con su presencia siguió caminando dejando al chico atrás, sintiéndose alegre y alejando sus negativos pensamientos.

—¡Espera! —Blaise corrió tras ella a pesar de no haber recuperado el aliento por la carrera—. No conseguí averiguar mucho, pero aun así vine —Parecía en verdad apenado.

—Yo tampoco, no perdamos el tiempo entonces —Que no la dejara plantada no quitaba el hecho de que ya no tenían nada de qué hablar.

—Tranquila, cielos ¿todos los Gryffindor son tan impacientes?—Bufó, molesto. Era consciente de su tardanza, pero estaba ayudando a un amigo, se preguntaba si esa no era una característica que los de esa casa respetaran.

La chica le lanzó una mirada fulminante

—Cuando nos dejan esperando mas de una hora, sí —El chico de color rió.

—¿Me esperaste con ansias? —Parpadeó de manera coqueta con sus largas y negras pestañas, tan coquetamente como cualquier chica podía.

—Por Merlín, deja de hacer eso— Pero le estaba comenzando a relajar, la pelirroja rió ante semejante espectáculo.

—Ya que estás de mejor humor, hablemos —Ginny asintió y ambos se sentaron cerca de la bruja tuerta para comentar los detalles de ese día.

Al parecer todos los rumores habían sido extendidos de persona a persona, pero seguía sin haber alguien que los corroborase, ninguna persona que hubiera visto o escuchado a Harry y el Profesor juntos. Blaise se mantuvo callado acerca del ataque, la pelirroja no daba muestras de saber algo al respecto, y así se quedaría hasta que demostrara ser necesario de mención.

—Han tenido mucho cuidado —La Gryffindor estaba pensativa.

—Sí, debemos seguir indagando —El Slytherin tuvo una idea que le permitiría encargarse de dos asuntos a la vez—. Tal vez, si investigáramos toda la semana, podríamos reunirnos el fin de semana para hablar fuera de la escuela.

La Gryffindor lo miró perpleja.
—¿Reunirnos fuera de la escuela tú y yo?— Él chico asintió—. ¿Reunirnos dónde?—Lo observó con desconfianza.

Blaise se encogió de hombros.

—No lo sé, ¿en Las Tres Escobas?—Observó cómo la pelirroja consideraba su oferta con cuidado. Casi podía ver una pequeña maquinaria en su cerebro que le daba las probabilidades de que fuera en verdad a ayudarle.

—Está bien, pero si no llegas a tiempo no voy a esperarte—. Frunció el ceño y le dedicó una mirada enojada, para después sonreír de medio lado cuando Blaise levantó su mano derecha e hizo un movimiento con ella a modo de promesa batiendo sus pestañas otra vez.

—Lo prometo, llegaré a tiempo—Su voz sonaba sincera y la miró con seriedad. Después, ambos se despidieron separándose en direcciones diferentes por el largo pasillo, olvidándose del otro y concentrados en que los prefectos de ese año no los vieran mientras hacían sus rondas nocturnas.

Solo cuando cada uno estuvo dentro de la habitación de su casa, en su cama, fue cuando recordaron el encuentro y sonrieron antes de quedarse dormidos.

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Harry estaba agotado, sentía sus parpados caer, había estado llamando a la puerta del rubio durante más de 3 horas, incluso había sacado sus deberes y cada 18 minutos mas o menos, tocaba, aunque ni siquiera se dignaba a responderle.

"Aunque sea solo para decirme que deje de molestarlo".

Lo que le hacía sospechar que en realidad el Slytherin se reía de él cada vez que golpeaba la puerta.

Sin importar lo que fuera, estaba determinado a hablar.

Mientras tanto, Draco había estado ocupado, sonriendo cada vez que el sonido se producía, arreglando los detalles de su plan.

Había seleccionado con cuidado, esmerándose en cada aspecto.

Cuando los golpes cesaron esperó un poco y abrió su puerta pensando que el chico que vivió había abandonado la idea, volviéndose a su cuarto.

"Pues vaya, qué persistente", se equivocaba, sencillamente el cansancio por fin estaba tomando efecto y el pelinegro caía ante él, dormido. "Así incluso parece algo atractivo". Tenía las gafas en una mano, y las facciones de su rostro estaban relajadas, su respiración era suave y sus mejillas tenían cierto rubor.

Por otro lado en los sueños de Harry, el rubio aparecía de forma algo diferente a como era en la realidad. Tenía el cabello un poco alborotado y bastante más largo, casi como una melena platinada, pero aun algo corta, su complexión era más musculosa, pero aun así esbelta, su piel resplandeciendo con luz propia.

Le estaba explicando al fin los motivos por los que detestaba al profesor.

Ambos chicos estaban en el cuarto del pelinegro, Harry sentado sobre un cojín en el suelo con la espalda contra la pared de piernas cruzadas. El Slytherin se encontraba sentado en la cama cuando comenzaron a hablar, mientras El chico que vivió terminaba de convencerlo de explicarle las cosas. Cuando lo logró, Draco se levantó, quedando de pie ante él antes de suspirar y pedirle que extendiera sus piernas para dejar que su persona se acomodara también allí, antes de hablar.

Quiere quedarse contigo —Dijo el rubio, sentado a horcajadas sobre el regazo del chico que vivió, Draco pasando sus brazos a los lados de su cuello y dejando su frente recargada contra la de Harry.

Pero eso no importa, yo no lo quiero —El Gryffindor se encontró calmándolo, asegurándole que no le interesaba ese hombre en absoluto.

¿Lo prometes? —Su expresión parecía inocente al preguntar, pero en el fondo casi podía ver una cara sonriendo con amplia satisfacción.

Lo prometo —Su voz sonó algo mas ronca que lo usual, sus propias manos tomaron la cintura del rubio con cierta posesividad.

Demuéstramelo —Le susurró en el oído, casi sintió una lengua viperina tocarlo, pero no le importó. Se dedicó a besarlo con hambre antes de dejarlo sobre el suelo, con ambas manos recorrió la piel del Slytherin, dispuesto a convencerlo.

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Muchas veces había tenido esa sensación de nerviosismo en su estómago, siempre le resultaba emocionante cuando la gente se ponía a investigar sobre los rumores, porque muy rara vez habían descubierto la verdad detrás de las cosas que había dicho.

Pero esta vez era diferente, no era una chica que se había fijado en el chico que le gustaba, no era un chico que molestó a una de sus amigas, ni siquiera era un rumor que hubiera iniciado solo por diversión al haber averiguado algo interesante por accidente.

No. Esta vez era algo serio, peligroso, y la gente estaba empezando a murmurar, a preguntarse unos a otros de dónde había venido ese rumor en particular. Esta vez no se trataría de una persona enojada que querría lanzarle una maldición, o vengarse con una tonta broma.

Esta vez en particular, hablábamos del salvador del mundo mágico, actualmente sin pareja, imputándole una relación clandestina con el nuevo maestro de DCAO. Dudaba en verdad, que su castigo, si la descubriesen, fuera comparable a cuando alguien quebrantaba alguna norma de la escuela.

Por eso ese nerviosismo no era el habitual, éste le estaba quitando el sueño, le hacía tener miedo.

Por eso estaba allí un sábado muy temprano en la biblioteca, esperando a Pansy, en vez de estar en su cama durmiendo hasta tarde cuando casi terminaba la hora del desayuno, para seguir instrucciones.

—Daphne querida, llegaste temprano —Su voz mostraba asombro. Se habían citado a las ocho y media, la biblioteca abría a las ocho. Pansy decidió llegar diez minutos antes para devolver el libro con información sobre veelas que se llevó, y se encontraba a Daphne allí. La chica le sonrió un poco temblorosa y se quedó quieta esperando que se sentara.

—Ahora vengo, debo entregar este libro —Caminó hasta la recepción y entregó el libro a la bibliotecaria Irma Pince, quien la mantuvo allí mientras con su escrupulosa mirada revisaba el libro. Cuando estuvo satisfecha al verlo intacto asintió y dejó que se fuera, colocando el libro en un carrito que decía "Entregas".

—Pansy ¿qué vamos a hacer si nos descubren? —Allí lo tenia, la chica era débil, el primer problema y se estaba desmoronando.

"Menuda cobarde" Aunque era mejor escucharla y calmarla, de otro modo podía ser que echara todo a perder.

—Calma querida, ¿qué te tiene tan preocupada? —Suavizó su voz para incitarla a hablar.

—Han estado haciendo preguntas, alguien está buscando la fuente de la cual vinieron los rumores —Ignoraba quiénes eran, pero varias personas habían comentado cerca de ella, incluso le habían preguntado sobre quién en realidad había visto a los implicados en pleno acto. Pero aunque esas personas lo buscaban por simple curiosidad y para tener detalles de primera mano, Daphne sospechaba que quienes investigaban probablemente fuesen amigos de Potter. Si descubrían que ella formaba parte de todo seguramente la expulsaran de la escuela, o incluso (le horrorizaba pensarlo), ¡llevarla a Azkaban!

—Pero Daphne, ¿acaso crees que no pensé eso ya? Me ofendes —Le sonrió falsamente de manera cálida y tomando una de sus manos, le dio algunas palmaditas de forma cariñosa y luego volteó a ver si no había nadie más antes de proseguir. Greengrass se sintió ligeramente mas relajada y totalmente concentrada en lo que a continuación le diría.

—Yo ya tengo a alguien que adora la idea de hacerse responsable por los rumores y que no nos va a delatar no importa lo que digan —La chica castaña la miró asombrada. ¿Quién querría el crédito por algo así? La pelinegra había dicho que no las delataría, pero, ¿cómo podía estar segura de eso?

—Pero Pansy, ¿quién te lo asegura? Si lo amenazan lo suficiente podría… —Pero su amiga le impidió hablar poniendo el dedo índice con mucha suavidad sobre sus labios.

—Confía en mí, hablaré con él hoy mismo —Le pasó una mano por el cabello, cosa que puso mas nerviosa a la castaña—. No preocupes a tu cabecita —Con estas ultimas palabras se levantó de la silla y caminó hacia el Gran Comedor, tenía hambre y asuntos que arreglar.

Daphne se quedó sentada en esa silla un rato más, con su mente confundida y sin sentirse mas calmada, hasta que la bibliotecaria la hizo salir por estar allí sin hacer nada.

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Despertó en mitad de uno de los "apasionados" sueños que llevaba teniendo toda la noche. No le sorprendían, toda la semana habían seguido el mismo patrón, parecían haberse colado en su mente, imágenes del rubio y él, en actos que no creía que fueran a ocurrir, aunque el Slytherin lo intentara esos días.

Pero esta vez había sido diferente, no intentaba seducir a Malfoy sin razón aparente, sucedía después de que le explicara los motivos por los que no quería que estuviera cerca del profesor. Aunque al despertar olvidó la conversación.

"Ojalá pudiera recordarlo, así tal vez nos entenderíamos".

De su túnica sacó un frasquito con la dosis de poción para la mañana. Desde el primer incidente había cargado con ellos encima. No se arriesgaría de nuevo.

—Buenos días, Potter —Alzó la mirada para reprocharle a Malfoy por ignorarlo toda la noche, pero en vez de fruncir su ceño en señal de ira, alzó sus cejas en señal de asombro: el chico estaba despampanante.

Draco vestía un traje algo ceñido de crepe cuya caída se asemejaba a una cascada; parecía un tejido pesado y sin embargo era ligero, de color verde azulado, detalles plateados en las mangas, cuello y bordes de la túnica. Con un cinturón de tela negra como escurridiza mamba (1) alrededor de él, ajustando y marcando su cintura estrecha. Su piel refulgía, su cabello estaba húmedo todavía, con mechones rebeldes ya que no se había aplicado gomina.

—¿Qué…?—No podía conseguir que otra palabra saliera de su boca, en verdad era toda una visión.

—¿Te pasa algo, Potter? —El Slytherin sonreía muy satisfecho contemplando la reacción del pelinegro.

— …N…no —¿Qué rayos hacía Malfoy vestido así?

—Yo creo que algo te pasa, suenas bastante mal—Notó como el rubio se movía para agacharse, provocando que Harry se apartase, poniéndose de pie y pegándose a la pared, tanteando con su mano al aire, buscando la puerta de su cuarto para escapar del chico, que se acercaba a él cada vez más. Seguramente la poción no hizo efecto, por eso estaba así.

—Estoy bien —Respondió tratando de encontrar la perilla de la puerta, que parecía haberse esfumado.

El rubio sonrió un poco más.

—Vamos Potter, ¿me tienes miedo acaso? —Su mano se deslizó por la mandíbula del chico que vivió, sintiendo como se estremecía y trataba de romper el contacto.

La mirada esmeralda se estaba nublando inevitablemente, pues inconscientemente, Draco usaba su poder veela para encandilarlo.

—Malfoy…—El pelinegro estaba quieto, con algo parecido a una sonrisa bobalicona en el rostro y sus manos quietas a ambos lados de su cuerpo.

—Puedes llamarme Draco, ¿quieres? —Era tan sencillo como quitarle un dulce a un niño pequeño. Estaba envuelto en sus encantos. Observó sus ojos directamente.

—Draco —Su cerebro se sentía como mantequilla en un sartén que estaba sobre el fuego, y le era imposible tragar.

—Así es, ¿sabes?, tengo que pedirte un pequeño favor—Su mano se posó en el cuello del chico que vivió, acariciándolo suavemente—. Es un favor insignificante realmente —Sus ojos no se despegaban de los del pelinegro.

—Insignificante —Repitió como autómata. Su cerebro comenzaba a recordar, esa sensación la había tenido antes, pero, ¿dónde?

—Solo declinar la invitación de cierto profesor que no quisiera que frecuentes —Ya casi lo lograba, tenía que ir despacio ahora que lo tenía controlado.

Harry comenzaba a recordar, había sido en el mundial de quidditch, la mascota de uno de los equipos bailó, dejando a todos confundidos. Su cerebro comenzaba a reaccionar.

—Vamos Harry, ¿puedes hacer eso por mí? —Potter no pareció escucharlo, parpadeó lentamente, y cuando sus ojos volvieron a abrirse habían recobrado algo de brillo.

El chico lo miró, ceñudo.

—Te he dicho que no decides qué hago y qué no —Draco se quedó estupefacto al escucharlo.

"Hace solo unos segundos parecía no tener voluntad". Muy enojado, trató de recobrar el control de nuevo, pero el Gryffindor ya estaba tomando otra dosis de poción.

—Vuelve a usar ese truco en mí, y te aseguro que me iré —De inmediato se dirigió a su habitación para tomar una ducha, le dolía la espalda por dormir en el suelo.

Malfoy no podía creer lo que acababa de pasar.

Potter había logrado evadir su poder. Pues bien, si quería guerra, la había conseguido.

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Pobre Harry, no basta que viva con Draco, ahora se atendrá a sus caprichos.

Si alguien quiere leer la descripción mas detallada de la tela (sugerida por mi querida editora) aquí dejo el sitio, solo quiten los espacios.

http:/ .info/ Tejido_de_crepe

(1)La mamba negra (Dendroaspis polylepis) es una especie de serpiente de la familia Elapidae; es la serpiente más venenosa de África. Con una longitud promedio de 2,5 m, puede alcanzar los 4,5 m. Su nombre se debe al color negro dentro de su boca. Es una de las serpientes más rápidas del mundo, capaz de la moverse de 16 a 20 km/h. Pesa en promedio 1.6 kilogramos y viven aproximadamente 11 años.

Amo los reptiles 3