Hola a todos, es lunes, ya saben lo que significa.
¡Actualización!
Disfruten y muchas gracias por todos sus comentarios, me llenan de ánimos y de inspiración. Agradezco a mi editora bella y hermosa que me corrige todos los horrores ortográficos, no se que haría sin ella.
Capítulo 15: Improvisar.
Harry estaba teniendo una semana terrible, ya era miércoles, la clase de DCAO había terminado, al igual que la hora de la comida, el profesor lo esperaba en su despacho a las ocho.
Además Draco y él volvían a tener una mala relación. No había podido hablar con el rubio desde que a la hora de la comida, le había insistido en no asistir a la reunión con el profesor Godefroy Engelmann, pero al negarse y antes de que pudiera retomar el tema, una chica había llegado a la escuela gritando de emoción al verlo y con un enorme cartel mágico donde se leía:
Club de Fans Oficial de Harry Potter (CFOHP)
El cartel mostraba un dibujo de Harry entre un montón de chicas que lo abrazaban y besuqueaban en la cara, tenía una sonrisa soñadora en el rostro y una camiseta con la palabra "Héroe".
Draco se había ido cuando todas las chicas le rodearon, lo último que pudo ver antes de que el círculo se cerrara alrededor de él fue su rostro consternado y enojado, luego salió del lugar corriendo.
"Estúpido club de fans". No tenía idea de cómo se habían salido las cosas fuera de control.
Todo empezó a ir mal desde que llegó al Gran Comedor el lunes, encontrándose con un montón de lechuzas que se arremolinaban en los alrededores de la mesa de Gryffindor.
Draco y él habían estado hablando el día anterior, sin pelearse, bueno, casi sin pelear. Pero ahora oficialmente podía pensar que pasaban de una relación de enemigos a ser amigos al menos.
Al separarse de Malfoy y acercarse más a su mesa las lechuzas se abalanzaron para así ser la primera en entregar su carta.
—¡Hey, tranquilas! ¡Una a una! –Ya antes las lechuzas se habían adueñado de la mesa, pero no dejaba de ser frustrante para los demás tener que apartarlas para que plumas o algo peor no acabara en su desayuno. Cuando todas las cartas, que en verdad formaban una buena pila, fueron entregadas a su destinatario, retomaron el vuelo para un merecido descanso.
—¿Quién te ha escrito tanto, Harry? –Dean se acercó con mucha curiosidad al igual que Seamus.
—No lo sé, no parecen venir de una sola persona –Solo observando los sobres se daba cuenta, ya que eran de colores diferentes, aunque le aterró el hecho de observar corazones en muchos de ellos, de diferentes tamaños.
Una última lechuza se acercó a el, tenía en el pico una carta con un sello del actual Ministro de Magia.
"Esto no puede ser bueno". Comenzó a leer esperando una explicación de cualquier índole.
Harry Potter;
Un saludo cordial de parte del Ministro de Magia y Jefe de Aurores.
Es mi deber informarte que después de la caída de Voldemort todo el correo dirigido a tu persona por parte de gente que no conoces ha sido retenido y examinado para prevenir cualquier ataque por medio de éste.
Esta revisión fue conducida por el Departamento de Seguridad Mágica. Hemos terminado de examinarlo y ahora es seguro para ti. Puedes abrirlo.
Atte: Kingsley Shacklebolt.
"Pues vaya, gracias por avisarme".
El mal humor se instalo en él. Entendía las cosas, pero ¿no podían haberle enviado las cartas por partes? Fastidiado, comenzó a tomar su desayuno.
—Bien compañero, ¿qué harás con todo esto? –Su amigo Ron comenzó a examinarlas.
—Harry debes responder a estas personas –Hermione también tomó varias cartas revisándolas.
—Harry, eres popular, muchas son de chicas –Seamus olisqueó uno de los sobres—. Este tiene perfume –Siguieron examinando la apariencia de las cartas un poco más, pero tenían clase así que se apresuraron a terminar su desayuno.
Hermione redujo las cartas hasta que éstas cupieron en un bolsillo de la túnica de Harry, quien se alejó para ser interceptado por un arisco Draco exigiendo ver las cartas. Pero al ser tantas no notaron que una se quedó olvidada en su asiento, claro que al tener los ojos de todas las casas puestos en sus movimientos, pronto esta nota dejada detrás había caído en manos de una sonriente Cho Chang.
"Veamos qué puedo lograr con esto". Al ver los corazones en ese sobre color magenta una idea surgió en su mente.
A Pansy podría caerle muy bien esta ayuda.
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—¿Por qué tantas cartas, Potter? –Draco trataba de tomarse con calma las cosas, necesitaba mostrarle a ese cara rajada que podía controlarse.
—Correo atrasado –Le pasó la carta del Ministerio que Draco leyó rápidamente.
—Bien, así que las cartas de tus admiradores al fin te han alcanzado –sonaba molesto.
—Vamos Draco, probablemente conteste algunas –Pero no estaba tan seguro, si la gente quería agradecerle sería descortés no responder, ¿no? Aunque las cartas de chicas realmente no tenía intención de leerlas, porque una cosa eran las cartas de gente agradecida y otra la de alguna chica que lo invitara salir, entendía lo que él sentiría si invitaran a salir a Draco ahora.
"No me gustaría nada".
—De acuerdo —"Más te vale". No quería ser posesivo y arruinar lo que había avanzado, pero esas cartas llenas de perfumes, porque podía olerlas al estar cerca de Potter, le facilitaban el mal humor.
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Pansy estaba endemoniadamente feliz, ella junto con Daphne se encontraron ese lunes en la noche con Cho, quien les mostró el sobre y la carta perfumada de una chica llamada Deirdre MacGowan que decía lo siguiente:
Querido Harry Potter;
Me presento, soy Deirdre MacGowan, una chica del sur de Irlanda, Co-fundadora de tu club de admiradoras. Te escribo porque estoy totalmente enamorada de ti, de tus acciones desinteresadas por el bien de la comunidad mágica y por derrotar al Que-No-Debe-Ser-Nombrado (no me atrevería como tú, a llamarlo por su verdadero nombre). No me conoces, pero si me dieras una oportunidad sé que podría mostrarte que soy digna de ti y que te haría muy feliz.
Una vez expresados mis sentimientos quiero agregar que todas en el club esperamos nos concedas una reunión para conocerte mejor y darte en persona las gracias por todo lo que has hecho.
Sinceramente tuya: Deirdre MacGowan
PD: Te envió una foto mía para que pongas rostro a mi carta.
La fotografía mostraba a una chica de cabello corto color paja, piel bastante pálida, tal vez algo menuda, que sonreía y saludaba con gran entusiasmo. Tenía una sudadera color gris y una gorra roja en la cabeza.
—Creo que encontraste algo estupendo.
"Esto definitivamente los separará". Parkinson comenzó a maquinar su estrategia, mientras que Cho rumiaba sus motivos.
"Con esto Draco se sentirá humillado al ver a Harry interactuar con ellas y desplazarlo, como logró que hiciera conmigo".
Si de paso podía salvar al héroe de una fan con las hormonas muy elevadas, bueno, seguramente serviría de algo.
Daphne mientras tanto continuaba suministrando información a su hermana Astoria, desde su última reunión con Pansy había empezado a cuidarse las espaldas, podía creer que la tenía engañada, pero obviamente no entendía que ella también estaba en Slytherin por una buena razón.
Pero entonces se dedicó junto a ellas a escribir una respuesta convincente a esa chica.
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De manera ingenua pensó que al no responder ninguna de las cartas de esas chicas el asunto habría terminado allí. No tenía idea de por qué se habían sentido invitadas a venir a verle, ni cómo la Profesora McGonagall les había concedido ese permiso sin avisarle.
Ahora mismo estaba rodeada de chicas en medio del Gran Comedor que daban saltitos y lo observaban con fascinación.
—¡Harry! ¿¡Estas bien! –Hermione trataba de alcanzarlo, pero le era imposible pasar entre tantas chicas.
—¿Hermione? ¡Sí, estoy bien! ¡Busca ayuda! –Esto era peor que estar rodeado de mortifagos.
—Harry, es un honor, soy yo, Deirdre MacGowan –La chica lo contemplaba como si se conocieran, eso lo asustó.
—Sí… —Retrocedió un poco topándose con las otras acompañantes.
—Es más guapo en persona –murmuró una de ellas y las demás asintieron y dieron más saltitos.
—Perdona, ¿cómo llegaron aquí? –Esto era desconcertante. La chica lo miró y sonrió, ampliamente. De nuevo se asustó.
—Pues por tu carta, claro, nos alegró mucho recibirla –Le mostró un pedazo de pergamino donde aceptaba gustoso su visita para conocerlo.
"Yo no escribí ninguna carta". Observó incrédulo el papel.
La voz de Hermione se escuchó de nuevo:
—¡Harry! ¡Aquí esta la Profesora McGonagall! –La actual Directora de Hogwarts caminaba hacia ellos y con su cuerpo se abrió paso hasta llegar a él.
—Potter, aunque concedí permiso a tu visita, desearía que me hubieras avisado antes de decir que sí, creo que tu reunión con el club de fans deberías llevarlo a cabo en los jardines, hay más espacio y no molestarás a nadie.
Se acercó para murmurar en su oído:
—Profesora, yo no las invité.
—¿De qué hablas, Potter? Ellas me mostraron la carta al llegar.
—Lo sé, la acabo de leer, pero yo no la escribí.
A una distancia prudente las responsables de ese embrollo contemplaban con alegría su obra. Al ver a Malfoy alejarse sonrieron satisfechas, todas habían alcanzado su objetivo.
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No podía creer el descaro de Potter, después de haberle prometido hace dos días que no recibiría fans, todo el club venía al castillo. ¿Acaso no cumplía sus promesas?
Pero lo peor era el olor, esas chicas morían por estar con él, su aroma era nauseabundo.
"Maldito cara rajada". Le dolía, era frustrante haberse ido con esa idea en la cabeza.
Azotó la puerta nada más entrar a su cuarto, su padrino apareció inmediatamente en el cuadro.
—¿Qué pasó? –Había escuchado el alboroto en el castillo, no estaba interesado en mirar. Pero si su ahijado salía afectado por eso, para él era importante.
—Potter –Justo lo que no quería escuchar. Draco estaba sentado en su cama apoyando los codos en sus piernas, tenía una expresión abatida.
—¿Qué hizo ahora? –Justo cuando pensaba que podía portarse bien con él.
—Trajo a todo su club de fans –Resopló y se tiró en la cama boca abajo para tratar de ahogarse con las sabanas.
Snape procuró mantener la calma.
—Club de fans –Le sonaba ridículo.
—¡Sí! ¡Están todas sobre él! –No entendía cómo Potter podía tener un ego tan necesitado que llamara a semejantes desequilibradas.
—No merece que te molestes –Draco en verdad se notaba afectado.
—Encima, se irá a ver a ese remedo de Auror por la noche –Snape gruñó. ¿Acaso ese chico no entendía nada? Su ignorancia comenzaba a molestarle más que cuando estaba vivo.
—No dejes que te afecte, vamos, ocupa tu tiempo en algo más productivo —A regañadientes Malfoy se levantó y comenzó sus deberes.
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Al fin se había librado de ellas.
Después de un forzado tiempo de calidad con su Héroe, donde había posado para fotos, firmado todo lo que le habían puesto enfrente incluso aceptado que un postre fuera bautizado en su honor, el cual decidió jamás probaría, decidieron que estaban satisfechas para después irse con total calma. Le alegraba mucho, pero ya faltaban menos de veinte minutos para las ocho.
"Apenas me dará tiempo a llegar". No iba a ser fácil, pero tenía que hablar con Malfoy antes.
Llegó a la entrada del cuarto y se encontró con un lienzo vacío.
—¡Profesor Snape! –No tenía tiempo. Pero no hubo respuesta—. Vamos, tengo que hablar con Draco –Esto era típico, cada vez que tenía prisa algo lo atrasaba aún más.
—Deja de gritar, Potter –Severus regresaba al retrato de la entrada porque suponía que en algún momento regresaría.
—Lo siento, "Serpientes y escaleras".
"Es tan tentador no dejarlo pasar..." Pero su deber era dar el paso a quien mencionara la contraseña correcta. La puerta se abrió y se apresuró a tocar en la habitación de Malfoy.
—¡Draco, sé que estas ahí! Abre la puerta –Esperó, pero no hubo movimiento ni respuesta.
"Yo sabía que algo así iba a pasar". Entró a a su cuarto, tomó lo que necesitaba de su baúl y saliendo se apresuró a abrir la puerta del rubio.
—Draco, vas a venir conmigo quieras o no –La cara del Slytherin era de total desprecio por el chico que se presentaba ante él.
—¿Ya te han aburrido tus admiradoras…? –Su rostro aparentaba frialdad, pero sus ojos estaban ardiendo de furia.
"Realmente no tengo tiempo para esto". Se apresuró a tomar del brazo a Malfoy.
—¡¿Qué te has creído? ¡Suéltame! –Pero haciendo caso omiso de sus quejas lo arrastró fuera de su habitación y fuera del cuarto.
—Solo cállate y sígueme –Ignorando todas las quejas y maldiciones que siguieron a su persona durante el recorrido, llegó al pasillo donde estaba el despacho del profesor.
—Quédate quieto –Le puso encima su capa invisible. Draco no entendía nada—. No puedo faltar a mi palabra, pero así puede que estés mas tranquilo, ¿no crees?
Le quedaron claras las cosas entonces, Potter lo estaba llevando a escondidas a su reunión.
—A buena hora se te ocurre explicarme –murmuró el rubio.
—Si lo hacía no iba a llegar a tiempo –Sonreía—. Además, ¿te han dicho alguna vez que esa expresión molesta luce muy bien en tu rostro?
Malfoy sintió cómo le ardían las mejillas ante el comentario.
"Vamos Draco, contrólate, no es la primera vez que te hacen un cumplido". Empezó a caminar lentamente tras Potter.
—Bien, aquí estamos –Harry tocó la puerta, el profesor salió a recibirlo con tranquilidad.
—Harry, me alegra que vinieras –Su aroma mostraba interés, lo cual le molestaba, pero no era exactamente un interés amenazador.
—Sí, para serle sincero pensé que no llegaría –Ojalá esas chicas se hubieran ido antes.
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La Directora de Hogwarts estaba de muy mal humor. La gente solía verla como una mujer severa, con intolerancia a las tonterías y bastante recatada, lo cual incluía dirigir su enojo hacia algo productivo. Por eso, si alguien la viera en ese momento nadie la reconocería: su habitual bien peinado y recogido cabello tenía mechones fuera de lugar, así mismo su impecable vestimenta se encontraba arrugada.
—En efecto, esta no es la letra de Potter –Al comparar la caligrafía de la carta con un apunte de Harry las diferencias saltaban a la vista, pero claro, eso no lo sabía la fundadora del club, que nunca antes vio su letra.
Delante de ella estaban Hermione y Ron, quienes le habían confirmado que ninguno había respondido a la carta.
—¿Por qué alguien querría que vinieran? –Ron no entendían lo que pasaba.
—Hay algo más, alguien no quiere verlos juntos –Hermione estaba comenzando a atar cabos con los hechos.
—Parece lucir así, debemos encontrar al responsable, cualquier información que encuentren deben comunicármela, esto ya no se limita a bromas pesadas.
Ambos Gryffindor temblaron, quien quiera que fuera el responsable, las iba a pasar muy mal cuando lo encontraran.
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—¿Lo dices por la visita de tu club de fans? —Parecía muy divertido con la idea.
—Sí, ¿podríamos olvidar eso? —Le preocupaba que Draco no fuera muy paciente.
—Claro, pasa —Draco escondido, y Harry se adentraron en el despacho del Profesor, notaron enseguida que no parecía pasarse mucho por allí. Había un par de cosas, pero en general no mostraba que alguien viviera allí.
—¿Y cómo le ayudo? —También le parecía una buena oportunidad para averiguar más sobre ser Auror.
—Bueno, primero debo encontrar un pergamino para anotar las cosas, no he estado aquí desde el miércoles pasado, llegué hoy para la nueva clase —Mientras decía esto removía entre sus cosas. Parecía un buen momento para preguntar.
—¿Cómo es? Ser Auror –Godefroy alzó la mirada.
—Tú quieres ser Auror ¿verdad? –Sonrió-. Es mucho trabajo, frustración cuando no puedes hacer que las cosas cambien –Sus ojos se nublaron un poco.
—Pero ayudas a los demás –Sus palabras sonaron un tanto acusadoras.
—Es verdad, por eso uno ingresa en el Departamento –En sus manos tenía ya una pluma y un trozo de pergamino.
Draco permanecía quieto para no revelar su presencia, notando las intenciones de Harry para aceptar hablar con el Profesor Engelmann.
—¿Qué quiere que le diga? —Tampoco quería ser grosero, pero parecía que el Auror no estaba teniendo una buena semana.
—Bueno, solo quiero saber si hay mejores maneras para hacerlos poner atención sin recurrir a criaturas mortíferas –Con este comentario el ambiente pareció relajarse y los tres se sintieron más tranquilos.
La conversación siguió por ese camino, Harry le describía algunas de las cosas que habían hecho con el Profesor Lupin, aunque sintió una punzada en el corazón. Ensalzó sus logros con el examen final del tercer curso, Godefroy pareció muy entusiasta con esto último y Harry se preguntó si no estaría armando ya algo parecido para ese año.
Draco casi lo patea cuando recordó lo mal que lo había pasado con ese examen.
Ya estaban terminando, cuando Engelmann recordó algo más.
—Harry, durante la clase de hoy –Parecía un tanto indeciso sobre continuar. Tenía un vaso de jugo de calabaza en su mano, después de tanto charlar ambos estaban sedientos.
—¿Qué pasa Profesor? —Harry comenzó a beber con avidez de su copa.
—Noté hoy que varios chicos murmuraban entre ellos, no me importa realmente, pero, ¿tengo un sobrenombre o algo así? –Harry casi se atraganta con el jugo.
—¡Cuidado! –Se acercó para darle un par de palmadas, encontrándose con el tacto de una mano antes de llegar a la espalda de Harry—. ¿Qué demonios…?
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Al llegar a la torre de Gryffindor se encontraron con Ginny, que descansaba en una butaca de la sala común.
—¿Cómo ha ido? —Habían prometido contarle todo.
—La Profesora está furiosa, cree que se están burlando de ella —Ron aún temblaba de miedo.
—Pero tiene razón, no puede dejar que alguien haga estas cosas, es peligroso dejar entrar extraños al castillo –Hermione recordaba cuando Sirius se había colado—. Harry nunca contestó esa carta, no sabemos quién lo hizo.
—Bien, pues yo también tengo algo que contarles —No los tenía al tanto de lo que escuchó en Hogsmeade, pues había pensado esperar a hablar con Blaise para ver si completaba algo más, pero decidió que era mejor decírselo en ese momento.
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Malfoy se había apresurado también a ayudarle, sin tomar en cuenta que el profesor se acercara.
—¿Qué…sucede? –Ya un poco mejor y con ayuda de las palmadas volteó a verlo.
—Harry, hay alguien más aquí –sacó la varita con la rapidez de un auror, moviendo sus ojos de un lado a otro del cuarto.
"Demonios". Casi lo habían logrado. Draco se alejó un par de pasos en silencio.
—¿De qué habla…? Además, me estaba preguntando si tenía un sobrenombre –Trató de disuadirlo.
—Alguien más está aquí, toqué algo al acercarme a ti, te convendría ponerte de pie y alejarte de este lugar.
Harry maldijo mentalmente, si le hacía algo a Draco se lo tendría bien merecido.
"Piensa, cómo disuadirlo". Entonces supo que tendría que contarlo.
—Profesor…—Se acercó a donde él estaba.
—¿Notaste algo Harry? —Seguía inspeccionando con su mirada.
—Lo que murmuraban hoy, son rumores que dicen que usted y yo estamos saliendo a escondidas.
Godefroy volteó a la vez que su brazo bajaba la varita, su rostro mostraba incredulidad y confusión.
—¿Qué…?
La misma cara que él había mostrado al enterarse.
"Lo sé, a mi tampoco me causó gracia".
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Hasta aquí, pobre maestro, por eso no debes dar clase a chicos que estén cercanos a tu edad jajaja.
