Antes que nada quería desearles a todos un Feliz Año Nuevo (por más cursi que les paresca), espero que este año terminen todas sus historias pendientes, tengas gran cantidad de seguidores y se inspiren como nunca.

Dicho esto, quiero agradecer sus comentarios, porque me alegran el día y me inspiran.

También agradecer a mi editora Fanfiker_Fanfinal por editar incluso en el fin de año, un abrazo para ella.

Capítulo 18: Potter, el conquistador.

Una vez que Pansy se había retirado en compañía del profesor Slughurn la atmósfera en el despacho de la Directora pareció calmarse.

—No puedo creer que llegara a tanto por un chico –El profesor Diped parecía molesto—. Sin ofender, muchacho.

A Draco no podía importarle menos, en ese momento estaba furioso. ¿Cómo no había notado las intenciones de Pansy?

—Será mejor que vayamos todos a descansar, esto ya ha quedado resuelto.

Abandonaron el lugar tranquilamente, Snape se apresuró a ocupar sus aposentos en el cuadro para que pudieran pasar. Ya hablaría con su ahijado cuando tuviera tiempo.

—Draco –El chico casi ni lo miró—. Escúchame por favor.

—¿Qué? –Realmente estaba furioso, ella había logrado dañar a Harry y engañarlo a él. Horrible.

Pero cuando se volvió hacia Harry, no fueron palabras las que le recibió, sino un abrazo cálido y un aroma que lo dejó desarmado. Solo atinó a responderlo después de unos segundos.

—Nada de esto es responsabilidad tuya –Probablemente se estuviera culpando, lo notó en su mirada, era necesario que Draco lo supiera.

—Ella te perjudicó –Era espantoso pensar en las consecuencias si hubiera tenido éxito en su plan.

—Aún así, no podías saberlo –Sintió al Slytherin aferrarse con mas fuerza. No era nada que Harry no hubiera pensado antes, pero notaba la culpa que Malfoy sentía, no quería eso, quería que Draco se relajara y le reclamara por no saber qué hacer todavía para compensarlo.

—Potter, si algo te hubiera pasado…—Harry se separó un momento y deslizó sus labios por el rostro de Draco varias veces, en su frente, mejillas y en sus labios. Nunca se había considerado meloso, pero en ese momento brotaba de él de forma tan natural que se preguntó si en verdad era real.

—No me llames Potter, soy Harry –murmuró con cariño en el oído del rubio. Lo llevó a los sillones y lo acurrucó.

—¿Qué te pasa hoy…? Estás siendo tan…—La palabra cursi murió en su garganta, no había queja, la sensación en su cuerpo era maravillosa, el aroma se intensificó ligeramente, consiguiendo relajarlo por completo dejándose llevar fácilmente y disfrutando la cercanía.

"Espero poder tranquilizarlo". Parecía que lo estaba logrando, Draco distaba cada vez más de tener una mirada apagada, ahora que básicamente lo estaba recostando en el sillón, buscaba sus labios con ansiedad, no opuso resistencia.

Su boca se unió con la de Draco de forma casi urgente, succiones, mordiscos y lamidas fueron las acciones dominantes en ese momento. Desde sus manos hasta sus pies cada parte de sus cuerpos parecían agitarse cada vez más; cabello revuelto, ropa deslizada como estorbo aunque sin ser removida y jadeos comenzaron a llenar el lugar.

—Harry –Sus dedos se perdían en la melena más que revuelta y negra del chico que vivió, sus piernas se enredaban mientras buscaban acomodarse.

—Draco –La necesidad invadía su pensamiento, esos labios, Merlín, succionarlos una y otra vez hasta dejarlos rojos y ligeramente hinchados no era suficiente, tenía que degustarlos más, conocerlos por completo, grabarlos en su memoria.

—Mis labios, duele –Pero el tono que salió de los inflamados labios del Slytherin no era precisamente un reproche pidiendo que se detuviera.

—Lo siento –Pero solo paró para pronunciar esas palabras, pues ahora comenzaba a alternar entre delinear esos labios con su lengua y besarlos.

Sintió una oleada estremecedora cuando sus vientres se friccionaron por un momento mientras trataban de tomar una posición más cómoda.

—Vamos…—Como un ciego se dejó llevar por Draco hasta su habitación, la cama parecía bastante fría al sentirla bajo su espalda. Draco simplemente se sentó sobre su regazo un momento para después continuar con las caricias.

Sus cuerpos pedían ser liberados de esa prisión incómoda de tela que los envolvía de forma tan horrible. La orden en sus cerebros los hizo deshacerse de esa molestia.

La ropa salió con lo que parecía lentitud pasmosa, pero su piel tibia entrando en contacto era una bendición.

Los jadeos se estaban intensificando y nublando cualquier razonamiento que pudieran tener.

—Demonios, Potter –maldijo Draco al reconocer que el chico que vivió estaba bien dotado, cosa que no había notado aun después de verlo semidesnudo antes.

Este solo atinó a sonrojarse por la manera en que la mirada del rubio escaneó cierta área.

Estaban por retomar las cosas cuando escucharon un ruido que trataron de ignorar, hasta que se convirtió en un gruñido que reconocieron al instante.

—¿Podrían dejar eso para después? –Ambos se refugiaron bajo las sábanas en un intento por esconder su cuerpo solo cubierto por ropa interior. La mirada molesta del profesor Severus Snape los acosaba desde su retrato.

—Merlín –murmuró Harry por lo bajo, después de eso no podría mirar a Snape de nuevo a la cara, aunque fuera una pintura mágica.

Escuchó una maldición de Draco seguido de varios empujones que lo sacaron de la habitación del rubio, abrió la boca para pedir una explicación pero fue atacado con su uniforme que voló por los aires y terminó sobre su cabeza.

"Merlín, ¿qué rayos pasó?". Entró a su propia habitación sintiendo todavía la necesidad latente de su parte baja. Iba a ser una noche incómoda.

—Podrías darme las gracias –Snape contemplaba como su ahijado recogía sus ropas y daba un portazo en el baño.

—¡Déjame solo! –Volvía a estar furioso, pero no con su padrino, sino consigo mismo. Había sido descuidado, el calor, ese aroma…Podía haber acabado en desastre si no los hubieran interrumpido.

"El enlace no puede realizarse de esta manera". Estaba vulnerable, Potter lo notó y le brindó consuelo, no era algo fácil de combatir, el que la pareja con la que vas a formar un enlace, voluntariamente se rinda a tus acciones. Pero si hubieran continuado, si su padrino no hubiera intervenido, las cosas habrían terminado mal.

Para colmo, tuvo que expulsarlo del cuarto como si estuvieran haciendo algo malo, seguramente estaría indignado y probablemente dolido.

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La noche estuvo llena de sueños donde ambos se rendían ante el otro y complacían a su cuerpo.

"Esto va a volverme loco". Varias veces por la noche había tenido que levantarse y darse una ducha fría que aplacara el calor de su cuerpo, no había sido nada fácil, teniendo esa visión de cabellos rubios y piel suave que en su mente buscaba su persona y mostraba esa mirada salvaje y necesitada.

Por ahora tenía un estomago que pedía comida.

"¿Draco se habrá despertado ya? ". No estaba muy seguro de cómo actuar después de lo acontecido anoche. Pero en cuanto salió de su habitación lo encontró dormido en el sillón. Al parecer lo estaba esperando.

"Debió pasar también una mala noche". Indicios de esto eran las ojeras que tenía el rubio bajo los ojos.

Pero era algo nuevo para Harry observarlo de esa forma, vulnerable, siempre tenía la barbilla en alto, el orgullo dispuesto y el ego a flor de piel. Era interesante cómo la expresión de alguien cambiaba tanto simplemente al verse despejado de un público ante el cual actuar.

"Parece otra persona". Se acercó y dudando, tocó su cabello que estaba perfectamente peinado, desacomodando mechones. Un suspiró brotó de esos labios que hace unas cuantas horas estaba disfrutando, ates de ser interrumpidos por Snape, su rostro se tiñó de rojo ante el recuerdo.

Observó alrededor, no había ningún retrato por donde se pudiera asomar. Arriesgándose, se inclinó deslizando fuera su mano y acercando su rostro, le entraron unas ganas incontrolables de hacerse con esos labios rosados, que ahora, por decisión misma de Draco, eran de su propiedad.

"Eso es lo que se me permite hacer si somos novios, ¿no?"

Sus labios simplemente tocaron los de Draco con suavidad, con mucha calma y sin moverlos. Percibió y se concentró en el calor que transmitía ese contacto. Ese calor se aglomeró en su pecho de forma agradable, ¿podría pasar su vida teniendo esa sensación con él?

Concentrado en sus pensamientos no se había percatado de que unos ojos como la plata lo observaban curiosos sin entender lo que sucedía.

Había salido de su habitación para encontrarse que como siempre, Potter aún no estaba listo. Estaba algo cansado por pasar la noche debatiéndose entre estar preocupado por la reacción del Gryffindor, y dándose una bofetada mental por dejar que algo así le robara preciosas horas de sueño.

En algún punto mientras esperaba sus párpados habían bajado pero no vuelto a subir, dejándolo en la semiinconsciencia. Por eso cuando sintió el toque de una mano en su cabello, la cercanía del aroma fragante le pareció parte de algún sueño, lo mismo cuando unos labios deliciosos y suaves se posaron en los suyos, excepto que después de entrar en contacto no hubo ningún movimiento, simplemente el calor que comenzaba a formarse para igualar la temperatura entre ambos. Eso sí era extraño y no parte de su sueño. Abrió los ojos para encontrar el rostro de Harry un tanto borroso por la cercanía, tenía los ojos cerrados y parecía disfrutar de esa manera.

"Solo a Potter se le ocurre encontrarlo placentero". Pero se alegraba interiormente de que se hubiera acercado aun después del episodio de anoche.

—Potter –murmuró despegando sus labios tan poco como le fue posible, pero suficiente para que Harry diera un respingo y cayera al suelo sobre su trasero.

—Uh –Una expresión de dolor se formó en su rostro—. Draco, hola –Sonrió tranquilamente y se puso de pie tratando de dejar de lado el penoso incidente del cual acababa de ser víctima.

—¿Qué es exactamente lo que estabas haciendo? –Levantó una de sus cejas como solo un Malfoy sabía hacer, para enmarcar su cuestionamiento.

Harry tuvo la decencia de sonrojarse y mirar a otro lado por un momento antes de contestarle.

—Cuando duermes eres casi una persona agradable –En otros tiempo eso hubiese comenzado una pelea, pero ahora le dirigía un cumplido obvio.

—Como si tú fueras digno de mis atenciones.

—Recuerdo que lo fui –Harry se refería al sectumsempra que le habían lanzado.

Ambos sonrieron y se apresuraron a salir para tomar el desayuno.

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Parecía que las cosas entre Blaise y Ginny iban bastante bien, los encontraron compartiendo el desayuno en la mesa de Gryffindor, era bastante tarde, casi medio día, por lo cual pocos alumnos estaban allí, dejándoles mucho espacio.

—Veo que todo marcha bien –Harry saludó animadamente a la pareja.

Zabini asintió:

—Sí, eso creemos –Se sonrieron y Blaise buscó la mano de la pelirroja para enlazarlas.

—Deberías aprender algo de ellos –murmuró por lo bajo Hermione quien ya le dirigía a Ron la palabra, aunque seguía molesta.

—Mione, ya te lo dije, lo siento –Ginny se había cansado de ver a Hermione enfadada sin que su hermano entendiera el motivo, así que le había explicado la situación.

Lo que Hermione no sabía era el plan que Ron tenía en mente aclarada la situación.

El día transcurrió sin apenas nada que contar, solo con la sorpresa de que Granger ya tenía listos los horarios de repaso, nadie rechistó cuando se los entregó, no querían ningún sermón.

Harry explicó con calma que en época de exámenes siempre les organizaba uno, a fin de que cubrieran todos los temas; Blaise pareció bastante de acuerdo con ese sistema. Pero Draco, quien no había tenido un horario para estudiar que no hubiera sido hecho por él, trató de protestar, siendo interferido por un oportuno beso de Harry en los labios.

Ron se puso color verdoso ante esa escena, pero el resto de los presentes simplemente siguió a lo suyo.

—Así que van en serio, ¿no? –Ron trataba de hacer la vista gorda ante la visión de su mejor amigo y un ex enemigo besándose con tanto ahínco.

—Eso pienso –Harry más que en ningún otro momento desde que esa situación se había desatado estaba considerando seguir junto al Slytherin.

—Yo pensaba que Draco seguía enojado con Potter –comentó casualmente Blaise en un intento de molestar al rubio, quien alzó su mentón de manera orgullosa y se prendó de Harry. Era realmente extraño para el cuerpo estudiantil la estampa que los seis representaban reunidos cerca del lago, siendo dos de esas parejas de casas que desde siempre habían sido rivales.

—Puedo tolerarlo un rato, pero no te engañes Potter, aún me debes algo–Draco se cruzó de brazos mientras los demás reían. La tranquilidad reinaba en ese momento.

El viento soplaba, tenía una temperatura muy baja y las hojas de los árboles caían cerrando así un ciclo más de vida denotando la entrada del otoño.

Cuando la tarde comenzaba a dar paso a la noche, se levantaron con desgana para tomar la cena, pero Harry estaba bastante entusiasmado pues pronto llevaría a cabo la idea surgida en sus pensamientos. Sabía que no era precisamente algo que satisfaciera del todo al rubio, pero se tendría que aguantar. Él era nuevo en cuanto a los detalles románticos.

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La cena comenzó y Harry se apresuró cuanto pudo en comer, aunque fue muy poco lo que ingirió, terminando antes que todos.

—Lo siento, creo que me siento mal del estómago –Se excusó para salir antes.

—Pues por la velocidad con la que comiste no me sorprende, ni siquiera a Ron había visto comer así –comentó Hermione un tanto sorprendida y hasta cierto punto asqueada.

—¡Hey! –Su amigo comenzó a debatir con su novia mientras él se alejaba, Draco lo miró y él le hizo una seña de que se iba a dormir ya.

—¿Desgastaste mucho a Potter? –Blaise estaba bastante risueño ahora que salía con Ginny.

—Eso desearías con Weasley ¿no? –Ambos sonrieron, pero Draco hizo una mueca al encontrar a Pansy cenando a unos pocos lugares de donde ellos estaban sentados, su rabia despertó, pero la controló por momentos.

Zabini observó su comportamiento y con discreción dijo:

—Deja ya ese tema, todo está bien ahora, la humillaron –No es que se compadeciera de ella, pero tampoco quería a su amigo saltando fuera de control para asesinarla.

—De acuerdo –Terminó de cenar lo poco que se había servido, se le había arruinado el apetito, y se dirigió a su cuarto después de soportar un buen rato de Zabini hablando sobre citas dobles. Horrible.

"Ojalá Potter aún este despierto". Tenía ganas de exigir su compensación.

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En cuanto Harry llegó se dedicó a acondicionar el lugar, incluso le explicó rápidamente a Snape sus intenciones para que no se alarmara si llegaban tarde. Aunque casi no pudo mirarlo a la cara.

"No pensaba que esto pasaría jamás". Pero se alegraba de tener al rubio con él.

Dejó todo en penumbra y se sentó a esperar la llegada de Draco.

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Blaise resultó una molestia, él y la hermana de la comadreja lo escoltaron por todo el camino tratando de entablar conversaciones con lo que le parecieron los temas mas variados e insulsos nunca escuchados.

—Así que algún día podemos ir a visitar a mi tía Muriel –dijo Ginny, que no pensaba en cumplir la invitación, todo era por ayudar a Harry.

—Claro, algún día –La cara de Draco expresaba su pensamiento de rotunda negación ante esa invitación.

—Bien, creo que aquí te quedas –Blaise se adelantó y tomo a Ginny de la mano—. Te veremos mañana.

—De acuerdo –Ya bastante más aliviado de haberse librado de esos dos, se adentró en su cuarto. Snape lo recibió como siempre aunque con una sonrisa burlona.

¿Es que jamás le dejaría olvidar que presenció esa escena?

—Potter no es tan cabeza dura como pensaba –mencionó de forma casual pero intrigante el ex profesor de pociones.

—¿Ahora se supone que te cae mejor? –Draco no iba a soportar ningún chistecito sobre lo ocurrido.

—Simplemente te pasaré un mensaje, busca en el sillón de la entrada –Un tanto descolocado, Malfoy salió a buscar lo que su padrino le decía. Se encontró un pergamino con el siguiente mensaje:

Draco:

Espero que Blaise y Ginny te hayan entretenido con su amena plática. Ven al campo de quidditch tan pronto como recibas esta nota.

Harry

"Merlín, más vale que tenga permiso para lo que sea que hará". Dudaba que la Directora quisiera alguna sorpresa.

Se metió al baño para ver que todo estuviera en orden con la higiene de su persona y poco después caminaba por los terrenos de la escuela hacia su destino.

Todo estaba bastante oscuro, iba a usar el hechizo lumus cuando varias velas se encendieron poco a poco mostrando un camino recto que terminó después de unos segundos revelando una mesa arreglada para dos personas.

—¿Dónde estás, Potter? –No le hacía gracia estar allí parado. Solo.

—Por aquí, Malfoy –La voz que escuchó le pareció venir de arriba, se topó con que el chico que vivió estaba montado en una escoba.

—Merlín ¿qué haces allí arriba? –No era que fuera a lastimarse, pero no entendía qué pretendía, cuando la mesa se encontraba allá abajo.

No obtuvo una respuesta. En lugar de eso Harry ganó varios metros de altura y extendiendo su brazo demostrando su agilidad en la escoba, donde con su varita comenzó a trazar con luz lo que en un inicio fue una serpiente, que se movió y en una hermosa caligrafía resplandeciente completaba el mensaje "Lo siento Draco".

Después de unos minutos todo se desvaneció suavemente como si una lluvia de estrellas cayera sobre Draco.

Potter apareció entonces sin escoba, con su túnica de gala puesta y lo invitó a sentarse.

—Eso ha estado aceptable –Harry solo sonrió ante el comentario del rubio.

—¿Deseas cenar conmigo? –Draco sonrió de medio lado y tomó asiento.

—Si lo que has elegido es aceptable, con gusto –Harry depositó un plato frente a él, Draco parpadeó para saber si lo que veía era cierto.

—Esto es sopa fría de naranja, ¿cómo supiste…? –Harry solo sonrió satisfecho. Draco estaba agradablemente sorprendido.

—Tengo mis maneras –Ambos comenzaron a comer, muchas más velas se encendieron a su alrededor dando un toque muy agradable a la velada.

—Elegiste bien –Draco estaba bastante satisfecho con la preparación de la sopa.

Continuaron conversando tranquilamente, y Draco volvió a sorprenderse cuando Harry le mostró una Jarrete de ternera con ciruelas.

—Alguien te ha pasado información –Si no era Blaise, podía haber sido su madre. Aunque dudaba de que Potter la hubiera escrito.

—Tengo mis contactos, sí –Parecía feliz al escuchar su comentario.

Incluso había traído una botella de Cabernet Sauvignon, aunque en realidad Harry casi no tocó su copa.

—Es increíble que consiguieras todo –A pesar de tener la información, obtener las cosas era otro tema.

Para el final, disfrutaron de un trozo de Milhojas de membrillo y queso de Burgos.

Una vez terminada su cena Harry pidió a Draco permanecer en su silla.

—Han pasado muchas cosas en estos meses—Comenzó a explicar—. Me parece justo que sepas que después de convivir todo este tiempo he pensado que yo te quiero –Mientras estas palabras eran pronunciadas, detrás de Harry aparecieron en el cielo esas mismas palabras con la misma caligrafía de antes, solo que estas explotaron en hermosos destellos como fuegos artificiales.

Draco se levantó de su silla justo cuando Potter se aproximo para besarlo, tal vez era culpa del postre, tal vez era su buen humor, pero ese beso le pareció increíblemente dulce.

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Ron estaba esperando en la sala común de Gryffindor, tenía su bata puesta y esperaba que Hermione apareciera. Había pedido a una de las chicas de primero que le diera un mensaje.

Pronto la vislumbró bajando las escaleras del dormitorio de las chicas. No parecía muy feliz.

—¿Qué sucede, Ron? –Cualquier cosa hubiera podido esperar a mañana.

—Bien yo…¿recuerdas que trabajé con George en el verano mientras contrataba a alguien que le ayudara en la tienda? –La chica asintió.

—Si, lo recuerdo, ¿por qué?

Ron, quien había tenido ambas manos a la espalda todo ese tiempo, sacó una caja adornada con un moño.

—Iba a dártela en navidad –Parecía azorado—. Pero creo que es mejor entregártelo ahora.

Estiró el brazo hacia ella, en su mano se encontraba una caja que era de color dorado con un moño rojo que se movía ligeramente como si flotara.

—Ron…no tenías que comprarme nada –Tomó la caja en sus manos.

—Lo siento Mione, en verdad fui un tonto –Se acercó a ella y le pasó una mano por el cabello, acomodándolo un poco—. ¿me perdonas? Sé que te saco de quicio a veces, pero –Se enrojeció hasta las orejas—... de verdad me importas, te quiero Hermione.

La castaña se olvidó del regalo en ese momento y con algo de fuerza se abrazó a su novio tratando de esconder su cara furiosamente sonrojada.

—¡Oh Ron! Claro que te perdono, ¡te quiero, tonto! –Ambos se quedaron así por unos minutos. Después Ron insistió en que Hermione abriera la caja.

—Ron, es muy hermoso –Dentro había un colgante en forma de esfera, el cristal llevaba grabado un corazón, y dentro parecía tener una galaxia en miniatura, acompañado de una delgada cadena de oro.

Se apresuró a colocarlo alrededor del cuello de su novia. Ambos se quedaron dormidos frente a la chimenea.

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Solo miel en este capítulo jeje, pero no se engañen, las desgracias esta por llegar.