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N-O-Q-U-E-R-E-M-O-S-Q-U-E-C-I-E-R-R-E-N-I-N-T-E-R-N_E-T

Por eso he publicado el capítulo el día de hoy y no mañana, disfruten y por favor cooperen.

De nuevo gracias por esperar y a mi hermosa editora Fanfiker_Fanfinal.

Bueno antes que me olvide, he aquí mi regalo, solo quiten los espacios: http:/ lovelybunny90. /#/ d4nal4r

Recibí una tableta de dibujo así que estoy practicando, espero les guste el dibujo.

Capítulo 20: Dolor

Estaba furioso, ¿cómo se atrevía esa chica a besarlo con semejante descaro?

Su aroma era molesto, aunque no tan fuerte como el de Parkinson.

Todos en el comedor hablaban con asombro de lo que acababa de pasar.

—Oh, Draco, querido, te alegrará tanto como a mí saber que –Hizo una pausa, Draco abrió la boca para soltar un comentario mordaz—... ahora estamos comprometidos.

Draco se atragantó, acto que impidió mandarla a volar.

—Sinceramente, eso…

—Lo hace muy feliz –Una sonriente Daphne se había acercado poco a poco al ver a su hermanita Astoria entrar.

Malfoy la fulminó con la mirada.

—Daphny –Astoria estaba feliz de ver a su hermana, le dio un abrazo breve pero cálido.

—¿Podrías traerme un poco de jugo de calabaza? –Astoria hizo una mueca pero hizo caso a su hermana y se movió al lugar que ella le señaló.

—¿Qué demonios pretende Pansy con esto? –Porque obviamente esto tenía que ser obra suya.

—Oh, en fin, Malfoy, si no quieres que algo le pase a Potter, sería bueno que hicieras caso a mi hermana y fueras extremadamente feliz.

El rostro de Draco perdió el escaso color que poseía al escucharla decir eso. Pensó rápidamente quién podría ayudarle, sería mejor seguirle la corriente y avisar a alguien para que se enterase de qué iba todo esto. Cuando Astoria regresó con un vaso en la mano, Draco sonrió de manera forzada.

—Entonces Malfoy, ¿no estás contento? –A Draco se le erizó el vello, pero la mirada de advertencia que le mandó Daphne hizo que se calmara.

El Slytherin murmuró:

—Estoy en éxtasis –Astoria tomó su mano y pidió que le mostrara la escuela, Draco se preguntó dónde rayos estaban los amigos de Potter y cómo había sido tan fácil para Pansy y Daphne secuestrarlo.

—.—.—.—.—.—.—.—.—.—.—

Horas antes de que este evento tuviera lugar, Draco estaba despertando de un apacible sueño, fue la primera vez que él y Harry pasaron una noche juntos, en la habitación de este último, no querían repetir la experiencia de ser observados por Snape, quien por cierto maldijo a su ahijado desde el cuadro.

Después de un gran momento de hormonas elevadas y gemidos de placer acompañados de un pacífico momento de pequeños roces y besos, en el que Harry se aseguró de tomar la poción para evitar cualquier conflicto, Malfoy, como siempre, fue el primero en despertar. Era algo biológico, le era difícil dormir más de la cuenta. No como cierto Gryffindor que retozaba felizmente con sus brazos apresando la cintura del rubio.

Le parecía tan natural la forma en que se daban las cosas. Aunque se sentía muy calmado por cómo se portaba Potter. En cierto modo protector, aceptando sus berrinches y peticiones como si no fueran algo que pudiera sacar a otra persona de sus casillas, lo cual les había ocurrido incluso a sus padres.

"¿Por qué Potter? ¿Acaso en verdad, te intereso…? ¿me…quieres?". Ese pensamiento se le antojó cursi, pero era cierto, al principio, cuando Potter aceptó vivir con él, creyó que se arrepentiría de inmediato, que lo dejaría, había sido grosero con él para ahuyentarlo, pero inconscientemente esperaba que no se fuera.

Sucedió lo menos esperado, Potter todavía seguía a su lado.

Su relación era totalmente diferente, llegado al punto en que ambos disfrutaban de ese íntimo contacto, tan placentero, aunque no llegasen a consumar totalmente la relación.

Sus cavilaciones estaban sumergidas en esto, pero sus manos comenzaban a explorar el cabello de Harry, era suave, a pesar de su rebeldía.

—¿Cómo puedes confiar en mí ahora…? –murmuró mientras sus labios se aventuraban a besar su rostro cuidando de no despertarlo.

Se sentía genuinamente relajado, le parecía que tener a Potter a su lado era lo mejor que le podía suceder.

Sus manos recorrieron con caricias su cuello, el chico que vivió movió su cabeza dejando expuesto en su totalidad la zona, como si lo invitara a seguir.

"En verdad quiero enlazarme contigo, Potter". Sin lugar a dudas, la persona que más le había retado, producido dolores de cabeza y negado sus órdenes, era Potter.

Draco necesitaba decírselo a Harry, debía expresar ese sentimiento que se había desarrollado ya de manera tan fuerte, arraigándose en su corazón.

Quería rendirse, entregarse. En una eternidad que no tuviera ninguna interrupción, deseando que fuera Potter quien lo llamara cuando fuera necesario el consuelo.

Él, que lo conocía ahora más que nadie, todo lo malo y lo bueno que existía en su persona. Llenaba ese vacío que era envuelto por la pena desde que todo en la guerra había terminado.

Draco pronunció su nombre dentro de su mente y corazón, tratando de reflejar en ese momento algo parecido a una plegaria.
"Deseo confiarte cada parte de mi dolor, el cual dejó huellas en forma de cicatrices, espero que tus manos me aparten de ello, como yo quiero apartarte de tus propias pesadillas".
Malfoy pensaba que Harry, después de haberlo derretido tiernamente lo salvó de lo peor, su propia mente.
Potter creaba un mar de dependencia para él, hasta podía olvidarse de respirar, con su encanto solo dejaba un tibio calor.

Harry se removió de nuevo y entreabrió sus ojos, su visión desenfocada le dejaba captar cierta luz y los destellos luciendo en el cabello de Draco.

Alzó una de sus manos y buscó el rostro del Slytherin.

Malfoy encontró esa mano a mitad del camino y la dejó justo bajo su oreja, sintiendo la tibieza de esa mano áspera.

—¿Cómo logras dormir tanto? –La mano siguió su camino bajando hasta el pecho pálido, sin prestarle mucha atención a la pregunta, Draco se estremeció con el contacto, sentía su corazón acelerarse y su rostro cubrirse de cierto calor debido a la sangre que se agolpaba.

Potter era alguien extraordinario, no porque hubiera sido el elegido, no… eso no había tenido nada que ver con ellos en ese momento.

Aun así, él cambiaba a las personas, les mostraba que ciertos pensamientos o creencias no tenían ningún sentido. Así es él…

—Mmm no lo sé, ¿importa? –Sonrió de esa manera despreocupada, se resistió a romper la burbuja que compartían en ese momento, la cual los separaba del mundo real, pero al final terminó accediendo a salir cuando recordó que tenían clases.

Tomaron una ducha por separado. Snape estaba allí y lo observó de forma reprobatoria, pero su ahijado, mostrando desfachatez absoluta y destilando orgullo, le sonrió altivamente y se ocupó de entrar a asearse.

Cuando estuvieron listos salieron camino al comedor, era viernes, tocaba Adivinación a las nueve y media. Draco, a pesar de odiar esa clase, había ayudado a Harry a entender la materia, lo cual frustraba un poco al Gryffindor, pero al final agradecía el apoyo.

Ambos entraron al comedor, pero Harry se apresuró a dar un saludo rápido a sus amigos desde donde estaban parados y robar algo de comida de la mesa de Gryffindor, ante la mirada incrédula de Draco que no entendía lo que pasaba. Potter tenía prisa, pues el profesor Slughorn necesitaba que visitara a Hagrid para conseguir pelo de cola de unicornio y quería ir antes de que las clases comenzaran.

—¿Y por qué no va él? –Era bastante fastidioso tener que separarse de Harry ahora que había razonado y que pensaba en confesarle sus sentimientos. Aunque por otro lado, eso podría darle tiempo para pensar la manera en que lo haría.

Harry sonrió ante la reacción reticente de Draco por separarse unos minutos.

—Porque a Hagrid le cuesta menos colaborar si se lo pido yo –Tampoco era que a él le hiciera gracia, sabía que en parte, el artero profesor se aprovechaba de la bondad del guardabosques.

—Bien, te veré en clase –Malfoy se resignó, Harry asintió, dando un beso rápido en su oreja, haciendo que se le subieran al Slytherin los colores, mientras los demás murmuraban, reían o negaban con la cabeza.

Draco se sentó a desayunar junto a Blaise, que lo saludó para burlarse poco después de sus muestras de afecto en público, sin imaginar que recordaría ese día durante mucho tiempo.

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Harry anduvo a paso lento hasta la cabaña de Hagrid, el clima parecía bastante tranquilo. Sentía que todo estaba bien en el mundo después de despertar al lado de Draco. La paz que le embargó y la tranquilidad, cosas que conseguía con dificultad aun en esa época sin guerras.

Cuando tocó la puerta de la casa del guardabosques, este lo recibió con una sonrisa en el rostro.

—Hola Harry, te estaba esperando –Al parecer el profesor Slughorn le había avisado que iría de visita.

—¿Cómo estás, Hagrid? –Sentía que llevaba demasiado tiempo sin verlo, aunque hubiesen sido solo un par de semanas.

—Muy tranquilo, los chicos que están en mi clase este año parecen tenerme bastante respeto –Era de conocimiento público los participantes en la ahora legendaria batalla de Hogwarts, el nombre del semi-gigante se encontraba entre los más destacados.

—Es genial –Sonrió sintiéndose feliz por su amigo, aun con todo el peligro que pudiera haber entre las criaturas mágicas que él consideraba inofensivas, sus conocimientos abarcaban más de lo que un profesor ordinario podía ostentar.

Pasaron un rato más charlando y entonces salieron hacia el castillo para terminar de conversar, Harry tenía clase y Hagrid había resuelto entregar el pedido del profesor en persona.

Claro que no contaban con la intromisión tan abrupta y poco usual de la Directora McGonagall en su plática.

—Harry, debes venir un momento, Hagrid tú también –Ambos se miraron extrañados. Pocas veces la profesora tenía ese tono de urgencia en su voz. Estaban pensando lo peor.

¿Una revuelta de mortífagos quizás? Le heló a Harry la sangre pensar en un nuevo ataque al castillo en su desesperación por escaparse de una vida en Azkaban.

Pero sobre todo sintió miedo de que buscaran a los desertores de sus filas, a los mortífagos perdonados por el Ministerio de Magia… a Draco.

—Profesora… ¿qué sucede? ¿Cuál es la urgencia? –Hagrid también temía algo.

La animaga se detuvo a mitad del pasillo, los miró y suspiró.

—Acaba de llegar una carta del Ministerio –Harry contuvo la respiración, su corazón latía apresurado, Hagrid comenzó a sudar—. Sé que no era una persona muy agradable, pero lo lamento Harry, Vernon Dursley falleció ayer en la tarde –La animaga colocó su mano en el hombro de Potter en señal de pésame.

Él no entendía muy bien lo que acababa de escuchar, hacía tanto que no dedicaba un pensamiento al paradero de los Dursleys, que la noticia le tomó desprevenido.

—¿Cómo…? –No pudo terminar la pregunta.

—Al parecer, su corazón dejó de latir –Harry entendió, desde que recordaba su tío nunca llevó una dieta saludable.

—Lo siento Harry, a pesar de todo no era tan mala persona –El guardabosques colocó su manaza en el otro hombro del Gryffindor, su peso casi hace al aludido doblar las rodillas.

—Su funeral parece estar programado para hoy, tienes permiso de ausentarte para ello, sé que esto te llega de sorpresa y en el último momento pero, ¿deseas asistir? –Harry se sentía extraño, el ver de nuevo a una familia de la cual tenía solo malos recuerdos, pero sabiendo lo que habían hecho por él en nombre de su madre, cuidándolo de mala manera, pero arriesgándose de todos modos, pesaba en la balanza de su decisión.

—Creo que…debería ir –Sentía la necesidad de saber cómo vivían desde que se separaron ese día en que alcanzó la mayoría de edad, en que la protección que su madre había dejado para él se perdió para siempre. Nunca podría sacar de su memoria el momento en que Dudley, con toda su ignorancia y prejuicios, optó por reconocer las cosas que comenzaban a caer por su propio peso, aquello que sus padres quisieron ignorar. En ese momento nada era claro para él, pero en su primo había habido un cambio desde que lo salvó de aquel dementor.

—Bien, partiremos de inmediato, Hagrid, puedes venir también, pero sin causar problemas –El guardabosques asintió.

—Debo avisar a los demás –Pensando en Draco y sus amigos dio un paso hacia atrás, pero la directora lo detuvo.

—No tenemos tiempo, fue enviado un traslador por parte del Ministro con destino a la ubicación, se activa en 2 minutos, cuando regrese les informaré –En su mano había un reloj de cuerda que tenía el vidrio estrellado, una las manecillas estaba torcida, probablemente debido a algún impacto.

—De acuerdo –aceptó, aunque para nada convencido.

Desaparecieron exactamente a las nueve menos veinte minutos. Nadie estaba a esa hora en los pasillos, excepto Daphne, quien los había seguido pensando en obtener alguna información útil. Vaya que tuvo razón al quedarse a escuchar.

Alegremente corrió para enviar una lechuza a su hermana en cuanto notó que desaparecieron y esperó que la idea que acababa de tener, fuera exitosa. Si Pansy pensaba que sus planes eran los únicos en marcha, bueno, estaba muy equivocada.

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Astoria se encontraba en la escuela Beauxbatons, sus padres habían decidido mandarla al extranjero en cuanto Daphne había escrito en su segundo año en Hogwarts, mencionando los incidentes con los que comenzó el curso. También habían querido cambiar a su hija, pero esta se había negado, protagonizando un terrible berrinche sobre no dejar a sus amigos.

Astoria estaba dividida en opiniones, pues se alegraba de que Daphne estuviera cerca de su amado rubio, aunque la extrañara. Eso no impedía, claro, que su hermana le enviara cartas regularmente para contarle acerca de su querido Draco.

Afortunadamente ese día se encontraba en casa con sus padres pues en su colegio se hubo extendido una epidemia de gripe, lo que había llevado a la directora a darles el viernes libre, así que recibió la carta de su hermana en una media hora, dejándole apenas tiempo para arreglarse e ir rápidamente al colegio.

Estaba tan feliz desde que su madre había escuchado a Narcissa Malfoy mencionarla como candidata para ser la esposa de Draco. La carta de su hermana le contaba la decisión de la Señora Malfoy de comprometerla con su único hijo. La vida era tan dulce.

Cuando llegó le pareció que él estaba confundido, pero al parecer era solo cierto nerviosismo.

—Quiero que me muestres la escuela –"Su futuro esposo", le emocionaba pensar eso, la llevó felizmente a conocer el lugar, aunque parecía ansioso por contarle a sus amigos la noticia, pues no paraba de buscar con la mirada entre los estudiantes que estaban allí en ese momento.

"Maldita sea Zabini, justo cuando necesito hablarte estás ocupado. Seguramente con la hermana de la comadreja". Ella le había venido a buscar a la mesa de Slytherin para pasar un rato juntos antes de clase.

—¿Pasa algo, Draco querido? Pareces nervioso –Por el bien de Potter, recordó que tenía que actuar complaciendo los deseos de Astoria, hasta dar con su paradero.

—Solo pensaba en los lugares a los que debo llevarte sin falta —Sonrió y ella pareció calmarse, se sonrojó y desvió la mirada.

Cuando encontrara a Blaise iba a matarlo por no estar cerca, claro, después, que le ayudara.

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Cuando aterrizaron se encontraban a las afueras del norte de Londres casi en la entrada a Hampstead, donde se respiraba un aire de pequeña ciudad. Esta era considerada una zona de colinas, muchas de las cuales permitían excelentes vistas panorámicas, notó Harry. En esta parte de la capital se encontraban grandes parques como Hamstead Heath, y la posibilidad de bañarse en alguno de sus lagos cercanos. También estaba Alexandra Park, donde se encuentra el Alexandra Palace.

Cambiaron sus ropas por unas más adecuadas, de color negro(1). Caminaron y tomaron un taxi, Harry fue quien llamó su atención, aunque Hagrid, quien había estado allí antes, se fue en metro. El taxi los llevó a la dirección correspondiente que la profesora parecía saber de memoria, en la carta venían solo las señas del lugar donde se llevaría a cabo el funeral.

—No me imaginé que los Dursley se quedaran en Londres –Harry estaba algo desconcertado por esta revelación.

—En realidad era mejor así, para vigilarlos hasta que todo se calmara y que pudieran vivir a salvo –La animaga parecía bastante preocupada por la reacción de Potter. No hablaron más en el trayecto.

Después de unos veinte minutos en el taxi, pararon en una colonia bastante agradable, las casas extendidas eran casi todas del mismo color, con tonos claros, puertas de madera, etc.

A Harry se le aceleró ligeramente el pulso al pensar en ver a su tía y a su primo, ¿Qué pensarían de él ahora? ¿Entenderían todo lo que había pasado?

—Esperemos un momento –La Directora observó la calle esperando ver al semigigante aparecer en la entrada. Los vecinos estaban asomados a las ventanas, no era común que la familia recibiera visitas, solo esa mujer que había muerto hacia un año, Marjorie, quien siempre traía a su perro Ripper con ella. No les sorprendía, ambos hermanos llevaban una dieta terrible y ambos habían muerto de un ataque al corazón.

Hagrid no tardó en aparecer, la mayoría de los vecinos se encogieron en su sitio y algunos cerraron sus cortinas. Harry lamentó que no fueran más discretos.

—Bien, entremos –McGonagall tocó la puerta.

Esperaron, Harry sentía cada segundo como una piedra sobre su cuerpo.

¿De qué tenía tanto miedo…? Deseó que Draco estuviera a su lado.

Cuando abrió la puerta, su tía Petunia no pareció verlos bien, porque murmuró un "adelante" sin mostrar emoción alguna y no se horrorizó al ver a Hagrid. Harry y Minerva cruzaron el umbral, pero el guardabosques al parecer prefirió esperar fuera.

El ambiente de la casa era como el de Privet Drive, aunque en este caso la atmósfera era pesada, bastante deprimente y cargada de tristeza. Los espejos que alcanzaron a ver estaban cubiertos con tela negra y un gran reloj de péndulo estaba detenido a las cinco y treinta y dos minutos(2).

Pasaron a la sala, donde un tanto más delgado Dudley estaba sentado mirando el suelo como si contuviera algún importante mensaje grabado.

Había crecido bastante desde la última vez que se habían visto. Seguía llevando el pelo bastante corto, al estilo militar, pero ahora ya no parecía un cerdo con peluca.

Alzó la vista cuando caminaron dentro de la habitación, al notar a Harry sus ojos parecieron reconocerlo dentro de su nebulosa de tristeza.

—Hola Dudley –Potter se sorprendió con el tono algo depresivo que surgió de su garganta. A pesar de todo, sus tíos y primo eran una verdadera familia que se amaba, su tristeza era entendible.

—Harry —Se levantó como si estuviera contemplando una ilusión y caminó un par de pasos hasta quedar cerca de él, alzó su mano y tocó apenas con la punta de los dedos su hombro, para cerciorarse de que era real—… Estás vivo…

El chico que vivió se sintió un tanto incómodo ante aquella reacción, que no supo cómo tomarse.

La Directora carraspeó para llamar la atención de los presentes y se acomodó en uno de los sillones instando a Harry con la mirada a hacer lo mismo.

Cuando estuvieron sentados, Petunia pareció reaccionar.

—¿A qué has venido? –El tono de su voz quería sonar despectivo, pero una lágrima traicionera se deslizó por su mejilla, se apresuró a enjugarla con un pañuelo.

—Yo… lamento lo que le pasó a tío Vernon… —Esto era difícil, a pesar de todos los abusos, entendía lo que Dudley sentía al perder a su padre.

—Potter, quiero hablar con la señora Dursley a solas por un momento –No estaba seguro de qué hacer, podía salir a ver a Hagrid, sí, eso haría.

Se levantó y salió en silencio, aunque sin notar que Dudley hizo lo mismo y lo siguió. Cuando estaban en el patio de la casa sintió su presencia.

—Harry, espera –Una de las frases que no pensaba escuchar en su vida ser pronunciada por su primo.

—¿Qué pasa? –No quería sonar grosero, pero si él pensaba usarlo como saco de boxeo para descargar su dolor, esta vez se defendería correctamente.

—Bien…tú eres.. ya sabes… —Parecía costarle bastante trabajo hablar, cosa rara en él que era casi todo palabrería—. ¿Mágico…?

Harry se quedó perplejo por un segundo antes de soltar una carcajada que no pudo reprimir, eso había sonado tan gay.

Su primo pareció captar lo mismo que él y esbozó una sonrisa.

—Bien, ¿qué sucede? –Se sintió un tanto apenado por su reacción, pero al parecer sirvió para relajar un poco el ambiente.

—¿Podrías…? ¿Querrías…? –Has cierto punto trató de imaginar lo que le iba a pedir ¿Dinero? ¿Un artefacto mágico? Pero cuando lo escuchó se dio cuenta de cuán equivocado estaba.

—¿Podría hacer qué?

—Revivir a mi padre.

En verdad, no lo hubiera adivinado jamás.

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Blaise estaba bastante feliz, su relación con Ginny era excelente, se encontraban paseando un rato antes de entrar a clase, la escoltaría hasta su salón y le daría un beso antes de irse.

Eso habría pasado, de no ser porque se les atravesaron Draco y una chica que le pareció familiar, aferrada a su brazo como si fuera un salvavidas.

—¿Malfoy no es novio de Harry….? –Ginny no parecía nada feliz al contemplar la escena.

—Lo mismo que dijiste lo pienso yo –Se acercaron a ellos, a Draco se le iluminaron los ojos al verlos.

—Blaise, Ginny –La pelirroja se desconcertó al escucharlo llamarla por su nombre—. quiero presentarles a Astoria, hermana de Daphne, mi… prometida –Algo hizo clic en la cabeza de ambos al escuchar semejante confesión.

Zabini sonrió con entusiasmo fingido.

—Ah, felicidades, tu hermana es amiga de Pansy, ¿verdad…? —la chica sonrió y asintió con la cabeza.

—¿Has visto de casualidad a Harry, Draco? –Porque algo le decía a Ginny que esa era una pieza fundamental en ese momento.

—No tengo la menor idea de donde está, pero Daphne parece ser la indicada para decirte su paradero.

—¿Harry es amigo tuyo? –Preguntó Astoria con inocencia.

—Nuestro, querida, es amigo nuestro –Se apresuró a corregir Blaise.

—Sigan con su recorrido, ya lo buscamos nosotros, también pediremos a otros amigos que nos ayuden –Con esto aclarado, el rubio suspiró aliviado y continuó con el paseo de su ahora "prometida".

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Bien, siento la demora, espero que el capítulo les guste, para mi fue genial escribirlo.

(1) En mi país, la gente se viste de negro para visitar a la familia del fallecido.

(2) En la tradición inglesa se cubren los espejos para evitar que el espíritu del difunto quede atrapado en ellos, también evita a los familiares ver su rostro acongojado. Los relojes se detienen para dar a entender la eternidad del espíritu, donde no existe el tiempo.