Buenos días, esta vez si esta la actualización puntual gracias a Merlín (en parte), y mi adorable editora Fanfiker_Fanfinal que como siempre me ayuda a que esta historia vaya escrita correctamente.

Debo agregar un Feliz Día de San Valentín (aunque aun no sea el día), lo celebren o no yo quiero desearlo a todos ustedes, ¿vale?

¡Disfruten!

Capitulo 22: El regreso del hijo prodigo.

—¿Me escuchaste? –Daphne no tenía la suficiente paciencia para el shock emocional que parecía estar pasando Malfoy.

—Te escuché –Tomó el pergamino y la pluma que la Slytherin le ofrecía y se sentó tratando de redactar una gran mentira.

—Ahora bien, tienes que decir cuán feliz estás, especialmente debes resaltar la parte en lo mucho que deseas proponerle matrimonio. El resto lo dejo a tu imaginación y creatividad –Sonrió Daphne tranquilamente.

—Claro… —No estaba seguro de qué podía hacer, si se negaba, Harry pagaría las consecuencias, pero si enviaban esa lechuza, después sería difícil desmentirla. Sería un escándalo total en la alta sociedad aristocrática, el apellido de su familia ya tenía suficientes manchas encima, restaría mucha credibilidad al ansiado anuncio que él mismo quería hacer ahora sobre su relación con Harry. No quería que nada la opacara.

—Apresúrate, escribir una carta a una chica es fácil si estás enamorado –detestó cada palabra que salía de su boca, pero de algún modo, reconoció que cierto nerviosismo se asomaba en su voz, ¿por qué? Se supone que tenía todo el control de la situación.

—Estoy escribiendo –Pero la pluma se movía despacio por su indecisión.

—No lo suficientemente rápido –De nuevo ese nerviosismo, ¿tal vez por su tardanza?

Daphne deseó que Draco se apresurara, Potter iba a regresar ya de ese dichoso funeral, entonces todo su plan caería en pedazos, lo importante era que se publicara, si Potter la leía tal vez dejaría a Malfoy y aceptaría casarse con su hermana, quien además había acudido a visitarlo, pues insistía en pasar más tiempo con su prometido para ponerse de acuerdo en detalles varios, como la fecha de la boda.

—No me presiones, la tengo que redactar de modo convincente ¿no? –Escribiría lo más despacio posible, parecía que a Greengrass le preocupaba la tardanza. Si era algo que le resultaría beneficioso o no a Potter para evitar que esa locura se realizara, bien valía la pena arriesgarse.

La chica maldijo en voz baja y deseó poder amenazarlo con más eficacia.

"Seguramente Astoria no tardará en llegar". Para entonces la carta ya debía de haber sido enviada.

Blaise se encontraba observándolos, también frustrado al ver a su amigo en esa situación.

—Es increíble que no podamos hacer nada.

—Tranquilo, estamos en ello –Ginny estaba junto a él creyendo que se les habían agotado las ideas.

Hermione, sentada en la mesa de Gryffindor, también se sentía mal por el rubio, Harry parecía quererlo de verdad.

—Tal vez no estaban destinados a estar juntos como el hurón creía –murmuró Ron tratando de relajar las cosas.

—No seas tonto Ron, Harry en verdad quiere a Malfoy, además, él esta sufriendo, ¿es que no te das cuenta? –Granger sonaba deprimida pensando cómo su futuro se iba a arruinar si la carta llegara a ser publicada.

Weasley se sintió un poco mal por el comentario, pero, en verdad no había nada más que hacer, pronto esa carta saldría en algún artículo de El Profeta.

—Solo espero que Malfoy pueda retractarse de esa carta después.

—Sí… por cierto, ¿por qué escribirá tan despacio…? –Notó Granger extrañada.

—Bueno… básicamente está firmando una sentencia… —mencionó Ron suspirando, Ginny no pudo estar más de acuerdo. Pero Blaise pensó que había algo que se les escapaba…

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El responsable de semejante angustia para el rubio se encontraba a unos kilómetros de distancia pidiendo un taxi para regresar a las afueras y tomar un traslador de regreso al castillo, pero era tal la mala suerte de Malfoy, que el taxi chocó con un coche que había querido cruzar en rojo, así que tendrían que fungir como testigos del choque, dar una declaración y dejar que los paramédicos los revisaran, antes de poder tomar otro transporte.

—Ya le he dicho que fue culpa de ese hombre que cruzó sin más–Explicaba la animaga con impaciencia. Tenían que regresar ya a Hogwarts, la Directora no estaba cómoda dejando su cargo en el colegio y más sin avisar a nadie, en caso de una emergencia ni siquiera había un encargado provisional que tomara las decisiones pertinentes.

—Exacto, el taxi arrancó para seguir la marcha y el otro conductor aceleró queriendo esquivarlo pero no lo logró –El chico que vivió estaba también algo fastidiado por esta demora, quería ver a sus amigos y contarles lo acontecido. Pero sobre todo quería ver a su Draco. Necesitaba abrazarlo y decirle que a pesar de lo arrogante y mimado que era, le quería de verdad.

Los paramédicos llegaron un poco después para comprobar que no hubiera heridas, contusiones, hemorragias internas ni nada parecido.

Hagrid se puso muy nervioso cuando sacaron un instrumento para medir la presión, tuvo suerte de que no fuera lo suficientemente grande para rodear su antebrazo.

Casi media hora después se les permitió retirarse y apresuradamente llegaron en otro taxi cerca del lugar donde se activaría el traslador (una botella de vino vacía), sintieron el tirón en su estómago y un momento después estaban en los jardines del colegio, cercanos al lago.

—Bien, regresemos a nuestras labores, Potter, tienes que retomar tus clases, Hagrid, consulta tu agenda de hoy –Una vez de regreso la profesora McGonagall estaba lista para volver a sus responsabilidades.

"Creo que iré a mi cuarto". Probablemente Draco estaría allí esperando una explicación por irse todo un día sin avisarle.

También hablaría con sus amigos, aunque probablemente la directora había mandado algún mensaje.

Llegó a la puerta de su cuarto, Snape lo miró como si fuera una aparición de Sirius deseándole feliz día de San Valentín.

—¿Dónde rayos estabas metido, Potter? –Le soltó con enojo.

—Ah…yo…. –No estaba seguro de entender a qué se debía el aparente enfado de Severus por desconocer su paradero.

—No importa, Draco debe seguir todavía en el Gran Comedor, alcánzalo –Pareció restar importancia al asunto y se esfumó del cuadro.

"Al menos ya sé dónde está Draco". Se encaminó hacia el lugar, en su cabeza aún proyectándose los recuerdos vividos, pensando en la sorpresa que se iban a llevar.

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Blaise se adelantó a la mesa de los Slytherin, Daphne lo miró con recelo, pero él se acercó a Draco de todos modos.

—¿Qué sucede, Draco? Tu caligrafía es bastante buena, no tienes que esmerarte tanto –Sonrió de forma burlona a Greengrass, que mostró una expresión de profundo fastidio cruzando sus brazos y mirando a otro lado momentáneamente.

—Lo sé, pero si esta carta es para conmemorar tal evento no importa lo mucho que me demore en terminarla –remarcó con su voz especialmente en la última parte.

—Oh, bien, entonces una vez que finalices puedo echarle un vistazo y cerciorarme de que no tiene ningún error –Algo desconcertado por la aparente necesidad de su rubio amigo por tardarse, decidió que le ayudaría aun si no parecía claro el propósito.

Pero Daphne no estaba en Slytherin por nada, se percató de la situación en un momento y arrebató a Draco el pergamino cuando se proponía prestárselo a Zabini.

—Creo que eso es trabajo de los editores, no te preocupes Malfoy, seguro que ha quedado magnífica –Ante la mirada atónita de ambos dio la vuelta y comenzó a caminar en dirección a la puerta del comedor, iría a la torre de las lechuzas, esa carta sería enviada apresuradamente.

El horror se marcó en el rostro de los cinco, pensando en cómo arrebatarle esa carta sin que Harry pagara por sus acciones, cuando las puertas del comedor se abrieron dejando a un conocido joven contemplar una escena de lo más extraña.

Sí, allí se encontraban sus amigos, también Draco, delante de ellos había una chica que no conocía, quien sostenía una carta en sus manos.

Todos parecían haberse congelado en cuanto entró al lugar, pero la situación se entendía con claridad, todos sus amigos se dirigían contra ella.

—¿Qué sucede…? –Como si sus palabras fueran el contrahechizo para lo que los tuviera paralizados, todos retomaron sus movimientos, especialmente la joven que el chico que vivió ubicó en Slytherin.

—¡Quítale la carta, Harry! –gritó Hermione con aparente desesperación. En algún momento podría haber dudado, pero su amiga parecía rebosar seguridad dando la orden, así que, como pudo, se la arrebató con un ágil movimiento.

—Eso no te pertenece, entrégamelo –dijo con una voz cargada de ira y tratando de sonar intimidante.

—Por la reacción de mi amiga, a ti tampoco –Se defendió sin sentirse amenazado.

Draco se quedó parado a solo unos pasos de donde unos segundos atrás estaba sentado, sintió que los ojos le escocían mientras pensaba:

"Mierda, Harry…Tenías que actuar como es tu costumbre, ser un jodido héroe y llegar a salvar el día en el último momento". Pero su alegría era inmensa.

—La carta la escribió Malfoy, solo iba a enviarla –comentó Greengrass con descaro.

—Es verdad, esa carta la escribió Draco, pero está llena de mentiras –Comenzó a decir Ginny.

Harry sintió curiosidad por leer su contenido, ¿qué mentira podía ser tan terrible para querer evitar a toda costa el que fuera enviada?

Daphne estaba esperando la oportunidad para tomar la carta de regreso, o escabullirse del lugar antes de que todo su plan fuera revelado. Había suficiente distancia entre ella y Potter para salir antes de que se concentraran en atraparla; estaba contando hasta tres en su cabeza para salir corriendo, cuando inesperadamente una voz conocida la interrumpió.

—Daphne, ya estoy aquí –Astoria estaba encantada de estar de regreso, tenía tantas cosas de qué hablar con Draco, notando al chico que estaba parado junto a su hermana—. ¿Acaso tú eres Harry Potter? –dijo con asombro al estudiarlo un segundo con la mirada y descubrir la delatora cicatriz.

Harry observó a la recién llegada y notó por el parecido, que la chica que aparentemente se llamaba Daphne y ella, posiblemente eran familiares.

—Bien Daphne, ¿por qué no le explicas a tu hermana la relación entre Harry y Draco? –comentó Blaise con cierto tono de humor en su voz.

Astoria observó a su hermana esperando una respuesta, esta parecía haber perdido color en el rostro.

—¿De qué hablan, Daph? –Le parecía extraña toda esa reunión.

—Hablamos de que mi cónyuge no serás tú, Astoria –habló Draco finalmente, con un tono de voz enérgico, mientras se acercaba a ellos. La aludida lo miró sin entender, pero no fue la única. Harry se preguntó qué rayos estaba pasando—. Con quien voy a casarme, es con Potter –concluyó Malfoy colocándose al lado del chico que vivió y apretando fuertemente una de sus manos con la suya.

Harry notó que la mano de Draco temblaba ligeramente y que lo apretaba con más fuerza de la necesaria.

Astoria se quedó desconcertada y abochornada con esa revelación, su mirada recorría la aparente unión de quien se suponía era su prometido, con ese chico, por el que, recordó, ayer estaban preguntando los amigos de Draco.

—Daphne, ¿qué está pasando? –Sintió un leve rubor aparecer en su rostro. Si lo que decían era verdad, ¿por qué su hermana le había dicho otra cosa?— ¿Lo que dicen es cierto? –Deseó que fuera una broma pesada, pero algo en su fuero interno le decía que era algo demasiado remoto.

—Tu hermana te mintió, lo sentimos –explicó Hermione desde su lugar, Ron parecía mas relajado. Todos tenían una expresión de pena en el rostro que se dirigía a ella.

—Daphne, háblame –Con la voz un poco quebrada por la vergüenza de saberse en medio de una situación embarazosa sin entenderla por completo, esperó que su hermana le confirmara las cosas.

—No tendría que haber tardado tanto –murmuró por fin Greengrass. Astoria se sintió peor, su hermana continuó hablando—. Potter se fue y nadie sabía nada, me aproveché de eso para forzar a Malfoy a casarse contigo –confesó finalmente a sabiendas de que las cosas podían ponerse peor.

Astoria se quedó sin expresión un segundo, su postura pasó de estar relajada a verse rígida en un momento. Finalmente, explotó.

—¡¿Cómo te atreves a dejarme en semejante ridículo? –Su voz parecía proyectarse como si ella fuera cinco veces mas grande de lo que en realidad era—. ¿¡Te das cuenta de lo que hiciste! ¡Te odio! ¡Jamás vuelvas a hablarme! –Astoria salió corriendo antes de dejar que reaccionaran.

Daphne había salido tras su hermana cuando los demás pensaron en detenerla, pero debían regresar a sus clases, ya se ocuparían de ella más tarde.

—Nos alegra saber que estás bien –Ron se acercó a su amigo y le dio una palmada en la espalda. Harry sonrió pensando que ahora sí, era momento de pedir explicaciones.

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Una vez que las cosas se calmaron, todos se sentaron a conversar, sin poder ponerse de acuerdo. Harry quería una explicación de las cosas que acababa de presenciar. Mientras que los demás querían saber el motivo por el cual se había ausentado casi día y medio sin avisar a nadie, especialmente Draco, que aún sujetaba su mano sin despegarse un momento y parecía que había estado a punto de tener una crisis nerviosa.

—De acuerdo, ustedes ganan –El chico que vivió tomo aire y comenzó así a narrar los sucesos del día anterior.

—Oh Harry, lo sentimos mucho –Una vez revelada la muerte de su tío, cada uno le dio un abrazo para reconfortarlo.

—Sí, compañero, no era muy agradable, pero lo sentimos –Harry asintió y continuó con la parte más sorprendente, en la que Dudley parecía haber cambiado un tanto, madurado y progresado.

—Podría comenzar a escribirlo –puntualizó con voz animada. Los demás rieron y asintieron.

Después le explicaron cómo Greengrass, que de algún modo se enteró de la partida de Harry, aprovechó haciendo a Malfoy escribir la carta anunciando su falso compromiso.

Harry se sintió furioso al escuchar semejante treta.

—Estábamos muy preocupados, especialmente Draco –Blaise notó que el rubio no había dicho nada, continuaba algo serio, pero Potter entendía que probablemente estaría aun enfadado por no haberle avisado de ninguna manera.

En ese momento se excusó alegando cansancio, tenía a un rubio que consolar.

Una vez zanjado el tema y más tranquilos, tomaron caminos diferentes.

Harry se encaminó a su cuarto con Draco de la mano, quien lo miraba ceñudo.

No dijeron nada hasta que Severus los dejó pasar a la estancia dedicándole una mirada de enojo al chico que vivió.

—Lo siento, Draco –Comenzó Harry, pero en vez de la sarta de insultos y reclamos que esperaba recibir se topó con un chico que se abrazó a él con toda la fuerza que pudo reunir, sentía la punta de sus dedos clavarse en su ropa y su piel, dolía, pero no dijo nada, esperando de manera paciente que su amado Malfoy se dignara a soltarlo.

—Eres un imbécil…—reprochó por fin Draco escondiendo aun su rostro en el pecho de Harry, quien sonrió.

—Sí –concedió sin sentirse atacado.

—Un rematado imbécil, distraído y retrasado –Siguió murmurando el mitad veela mientras el aludido simplemente aceptaba con buen ánimo las palabras que iba pronunciando—. Como si no hubieran maneras de notificar tu partida –Después de descargarse un poco, Harry consiguió jalar a Malfoy a un sofá y así abrazados se quedaron callados un rato más.

Potter acariciaba el cabello de Draco.

Poco a poco este fue soltándolo, mostrando un rostro rojizo por contener ligeros lagrimeos.

—Vuelve a hacerme algo así y El-que-no-debe-ser-nombrado te parecerá una pelusa –amenazó sintiéndose mejor.

—Sé lo preciado que soy para ti –Concedió el chico que vivió tomando una de sus manos.

Malfoy entrecerró sus ojos, enojado.

—Y si quieres seguir siendo preciado, atente a lo que te digo –Simplemente se alegraba de que estuviera allí sin un solo rasguño, y que la arpía de Greengrass le tendría encima para una muy agradable venganza. Nadie se metía con lo que era suyo y salía impune.

—Como digas –Se sentía sorprendido por la manera en que el rubio estaba reaccionando, le pareció que verlo así de vulnerable por las emociones que dejaba pasar -no las negativas, como ira o frustración-, sino esa fragilidad ante el peligro de un ser amado, le derritieron. Harry observó esos ojos como mercurio líquido que trataban de evadirle con una mueca, y se apoderó de los labios suaves que extrañó ese día, le parecían décadas desde la última vez que se habían besado.

—Potter… —Draco tuvo la imperdonable decisión de tratar de evitar el contacto, pero Harry con fiereza apartó toda represión y se hizo con la boca semiabierta de su Slytherin. Oh, gloriosa sensación interminable de entender que justo allí estaba su otra mitad. Podía ser todo lo cursi del universo pensando aquello, no importaba, pero ese cuerpo que se moldeaba con el suyo que parecía vivir por y para él, lo completaba.

Qué hermosa adicción parecía crearse entre ambos.

—Harry … —Jadeó Draco cuando sus manos se pasearon por debajo de la ropa, afiebrando la piel que tocaba, la sangre tiñó las zonas donde dio pequeños pellizcos, consciente de sus avances, pero en realidad, solo deseando confortarlo por todos los malos ratos que seguramente había vivido esas últimas veinticuatro horas.

—Déjame a mí… –murmuró cerca de su yugular, degustando todo, sus dedos frotaron los pezones rosa pálido, los cuales se endurecieron ante su toque.

Draco se dejó hacer, pero en cierto punto pareció quedarse bloqueado, no podía soportar tantas sensaciones.

En un arrebato, se colocó sobre Harry, siendo ahora él quien diera comienzo a mordidas un poco agresivas, caricias fuertes que desconcertaron al Gryffindor, no quería detenerlo, ya no le importaba enlazarse, porque para Harry estaba claro que su lugar era con ese rubio dolor de cabeza, después encontrarían el momento adecuado para que si tuviera que enviar alguna carta, comenzara a escribirla.

-Potter… eres mío… -Draco se había vuelto tan dominante que el chico que vivió decidió no llevarle la contraria, disfrutando de las corrientes eléctricas que pasaban por su piel como verdaderas serpientes del placer que se enroscaban en su cuerpo.

Se sintió un tanto alarmado cuando una de las manos de Malfoy se deshizo de su ropa, bajando su ropa interior sin detenerse hasta que dos dedos húmedos se colaron en su recto.

-¡Dr-draco…! –murmuró con un tono asustado.

-No te haré daño –Malfoy se tomó su tiempo preparando a su pareja, quien después de la reticencia inicial, se removía inquieto, gimiendo y perlándose de sudor, todas las sensaciones que le inundaban eran demasiadas para soportarlas en silencio.

Cuando Draco notó que Harry parecía estar listo, deslizó sus dedos fuera, introduciendo despacio su miembro, el calor que le envolvía era algo que no imaginaba que fuera tan abrumador.

Ambos se estremecieron cuando toda la longitud del rubio estuvo dentro del Gryffindor, quedándose muy quietos y abrazados hasta que estuvieron listos para continuar.

Después de lo que pareció un fugaz destello, ambos se encontraban disfrutando de cada estocada, cada movimiento, era algo que podía decirse superaba cualquier cosa en el mundo.

Finalmente, cuando sintieron estar cerca del orgasmo, aceleraron el ritmo hasta alcanzar ese punto nublado en la mente, donde el tiempo se detiene y nada parece ser más que un conjunto de etéreos momentos, pensando que toda su vida se iba en ese segundo.

"Ahora sí que estamos juntos". Razonó Harry antes de acomodarse mejor junto a Draco, abrazándose a él y sintiéndose amado.

Malfoy, por su parte, se sentía exhausto, pero muy satisfecho, le había encantado ser así de posesivo durante todo el acto, olvidándose por completo de cualquier cosa que no fuera la plena conciencia de que el chico era suyo.

A la hora de la cena, se les ocurrió aparecer por el comedor, donde sus amigos los miraron con rostro pícaro, como si tuvieran un letrero colgado que dijera "Hemos hecho cosas malas".

Les contaron cómo la directora se había enterado de todo en su ausencia y había castigado también a Daphne, si se acercaba a ellos, o trataba de hacer alguna otra cosa, sería expulsada.

—Yo creo que debió expulsarla de una vez –Resopló Ron, Ginny estuvo de acuerdo.

—Al menos ahora será mucho mas fácil enfrentarla si se le ocurre alguna otra brillante idea –Con ese argumento Hermione finalizó la conversación, todos parecían muy felices de que ese problema hubiera terminado.

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—No puedo creer que por culpa de Malfoy mi hermana me odie …—murmuraba Greengrass desde de su cuarto. Tocaron la puerta, pero no hizo ni caso.

—Soy Pansy, ábreme –Cuando escuchó ese nombre se levantó con desgana.

—¿Qué pasa? –No estaba de humor para hablar.

—Veo que ahora entiendes mi odio por Potter, si no hubiera regresado, tu hermana y tú estarían felices –Mientras decía esto, Pansy se paseaba por el cuarto, pero su mente expresaba sentimientos bien distintos.

"Traidora, ibas a entregar a mi Draco a tu hermana, pero no te funcionó y ahora verás lo que te espera". Planeaba vengarse de ambos.

— Tengo un plan que quisiera que escucharas.

Daphne sonrió en respuesta y se acomodó en su cama esperando los detalles.

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El domingo, Harry lo pasó encerrado con Draco, pero no precisamente disfrutando de actividades placenteras, pues tenía encima deberes que terminar y apuntes que pasar a limpio, Malfoy le ayudó, y este menester les llevó casi todo el día.

Después de cenar y cerciorarse de que habían terminado todo, se fueron a dormir exhaustos por la maratónica tarea.

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—Merlín, odio los lunes –comentó Ron, Harry sonrió. Malfoy discutía con Zabini en la mesa de Slytherin.

—Y yo, pero al menos no estoy atrasado con los deberes –Presumió con orgullo, Hermione le dedicó una mirada brillante y pícara.

—Así que hacen tiempo en su ocupada agenda para estudiar –La piel de Ron tomó un tono verdoso.

—Mione, no sigas… estoy desayunando –Seguían disertando cuando las lechuzas llegaron entregando el correo. Una en especial se adelantó con gran entusiasmo para depositar en las manos de Draco una carta.

—Viene de mi casa —¿Ahora qué?, se preguntó el rubio con desgana. Abrió el sobre y leyó rápidamente, su rostro mostró una secuencia de emociones, indiferencia, orgullo, emoción, felicidad y miedo.

—¿Qué? ¿Vienen tus padres de visita? –Se burló Blaise.

Malfoy negó y le extendió la carta, Zabini se rió cuando termino de leerla.

—Esto esta mal –pronunció el mitad veela.

—Bueno, Potter es un buen chico –Concedió con cierto sarcasmo su amigo de tez oscura. Draco se levantó y se plantó al lado de Harry.

—Potter, ¿cuál es el tenedor para el pescado? –Todos se volvieron hacia ambos, curiosos.

—¿Existe un tenedor exclusivamente para el pescado…? –Se aventuró a preguntar Harry con cierto recelo.

"Estamos jodidos", resumió Draco en su mente.

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Jooooo ya verán lo que les espera a nuestra amada parejita, ciertas dificultades.