Hola a todos mis fieles lectores, espero que tuvieran un estupendo inicio de semana (yo con mucha tarea), aquí esta el capítulo para que no me maten o me frían a crucius.

Gracias a mi editora bella Fanfiker_Fanfinal por echarme una mano aunque este enferma, le deseo se recupere pronto.

Capitulo 24: Verdades incómodas.

Se encontraban en la habitación, los envolvía el calor de la chimenea que había encendido cuando entraron. La suavidad de las mantas sobre ellos eran como una capa protectora. Pasó su mano por el cabello del chico acurrucado junto a él, estaba dormitando y se aferraba con cierta fuerza a su persona.

"No puedo creer semejante cosa". Después de escucharlo casi se desvaneció del impacto que las palabras le causaron, pero recobrando la compostura básicamente arrastró a un muy emocionalmente exhausto Harry a su habitación.

—Me niego a aceptar que sea cierto –murmuró mientras acunaba más entre sus brazos al chico que vivió.

Escuchar que no estaban enlazados lo había puesto a pensar, tenía que hablar con Granger tan pronto como pudiera y enterarse de qué fuente poco confiable sacó semejante idea para poner en tal estado a su novio.

Observó a Harry y llenó de besos suaves su rostro: no era una persona especialmente cariñosa, desde pequeño lo habían enseñado a reprimir emociones, pero ahora estaba libre y dispuesto a mostrar que no era su herencia solamente lo que sacaba su lado más tierno.

Harry se removió un poco antes de abrir sus ojos, encontrándose con los de Draco, que lo observaba con adoración profunda.

—Vaya, en verdad debí verme fatal –murmuró desviando la mirada al darse cuenta de los sentimientos reflejados en el rostro del Slytherin.

—Olvida lo que Granger te dijo –Estaba molesto con ella, se entretuvo colocándose sobre Harry y paseando sus manos por el apetecible cuerpo.

—Draco… no deberías, no soy…—Pero unos labios acallaron su comentario.

—No puedo equivocarme, eres tú quien esta renuente a creerme –Se separó de Potter solo lo suficiente para poder mencionar estas palabras—. Así que deja las incoherencias –Harry asintió, de algún modo le aliviaba saber que Malfoy no se alejaría tan solo por ese comentario.

—Tu amiga me debe algunas explicaciones así que hablaremos con ella en la mañana –Se levantaron para cambiar su ropa por una pijama, y se acomodaron juntos en la cama.

—¿Qué haremos con la cena de Navidad? – Si aquella información resultaba ser cierta y ellos aún no estaban enlazados, ¿qué le dirían a sus padres? Harry sonrió: como si la perspectiva de no ir a cenar con Lucius Malfoy le causara tristeza alguna.

—Vamos a ir porque eres mi pareja, no quiero más comentarios tintados con esas afirmaciones absurdas.

Harry asintió para después irse a dormir todavía sumamente preocupado.

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La mañana del domingo se prometía tranquila, pero estando en Hogwarts no se podía asegurar paz suprema.

—¡Granger! –El grito del Slytherin rubio resonó por varios lugares, esa chica le debía una explicación, pero no lograba encontrarla.

—No creo que tengas derecho a llamarme con ese tono –Hermione caminó tranquilamente hacia él, tenía unas ojeras muy marcadas—. ¿Y Harry? –Le desconcertaba encontrarse a solas con Malfoy sin Harry al lado.

—Lo dejé dormir, estaba muy alterado ayer, cortesía tuya –No quería mostrarse grosero, incluso se estaba conteniendo.

—No me vengas con eso, sabes bien que si vino a preguntarme algo es porque temía justamente lo que confirmamos y no quería agobiarte a ti –Esta revelación le llegó a Malfoy como si lo hubieran golpeado; no obstante, reconocía parte de verdad en las palabras de la chica.

Odiaba que Harry no hubiera recurrido a él para algo tan importante, pero eso era un tema que debía tratar con su novio cuando todo este asunto se aclarara.

—Bien, por ahora solo quiero que me des las supuestas pruebas que le mostraste a Harry ayer –Trataba de controlar su temperamento.

—¿Crees que para mí fue fácil? En verdad Malfoy, qué inmaduro –murmuró tranquilamente sacando un pergamino lleno de caligrafía garabateada y tachada—. Léelo, lo saqué de los libros de la biblioteca.

El mitad veela tomó entre sus manos el papel que le ofrecía, leyendo con rapidez y desdén lo que pensaba como una ridiculez.

Pero sus ojos se abrieron con desmesura al entender que las bases en las que se asentaban esas afirmaciones no estaban equivocadas.

—No… —Se pasó una mano por el rostro queriendo borrar de alguna forma la información que su cerebro procesaba a velocidad vertiginosa— ¿Cómo puede ser posible…? –Su mirada se dirigió a la Gryffindor, quien se encogió de hombros como única respuesta.

—Tú eres el veela aquí, deberías entenderlo mejor que yo, parece ser que son necesarios algunos elementos para que el enlace se produzca, no cuenta solo el… tener sexo –Sus mejillas se sonrojaron ligeramente ante esta última parte.

—Maldita sea –No sabía nada eso, ¿qué se supone que tenían que hacer? — ¿En alguna parte explica a qué se refieren esos elementos? –Rogaba que fuera así.

—No, son tradiciones antiguas de magos de larga ascendencia, debo dar gracias de que al menos permitan la información en la biblioteca –Sonrió de manera irónica ante el rubio.

"Padre no me explicó nada semejante, ¿en qué estaría pensando?". Razonó que tal vez esperaba saber que estaban juntos para explicar el proceso, después de todo, tanto Harry como Draco habían decidido llevar las cosas despacio por lo que probablemente, Lucius había esperado noticias suyas respecto al tema antes de dar más información.

—Gracias –mencionó antes de encaminarse de regreso al cuarto, vería si Harry se había levantado ya.

—Más te vale que lo arregles, Malfoy –Hermione se encontraba preocupada por esos dos, le constaba que se llevaban bien, que estaban realmente comprometidos con el otro. "No quisiera tener que hechizarte en venganza".

Se dirigió de regreso a su sala común, seguro que Ron estaría esperándola para desayunar.

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Harry despertó de su sueño sintiéndose fatal, y no solo hablando de ánimos, su cuerpo le dolía horrores.

"Agh, mi cabeza". Al tratar de levantarse su visión se desdibujó y después su frente comenzó a doler. "¿Qué me pasa?"

Trató de levantarse una vez más, pero su reacción fue la misma. Pensó con calma qué podría ocurrirle, hasta que se dio cuenta de otro síntoma, su nariz estaba congestionada, dificultándole respirar.

Probablemente su ahora obvio resfriado tendría que ver con el rato que paso el día anterior expuesto al aire frío de la torre.

"Genial, no podía faltar". Normalmente las desgracias no venían solas, en este caso en forma de resfriado común, tendría que pedirle a madame Pomfrey una poción curativa.

Justo en ese instante llegaba al cuarto tras saludar a Severus, un preocupado Draco Malfoy, que al ver a su pareja con la nariz rojiza, los ojos lagrimosos y escuchando varios estornudos seguidos llegó a la misma conclusión.

—Hola –La voz de Harry sonó de forma ahogada.

—Le pediré a madame Pomfrey que te ayude.

—Gracias –Se recostó de nuevo, esperaba que Draco tuviera buenas noticias.

—Granger tenía razón –Suspiró y se sentó en la cama al lado del chico que vivió.

—Entiendo –Pareció ponerse incluso peor al ver esa expresión abatida.

—Lo cual significa que debo averiguar el procedimiento adecuado —¿Acaso Potter creía que iban a separarse?—. Que sepas que mi decisión fue correcta todo el tiempo, solo nos ha faltado más información –Alzó su barbilla de modo altanero mostrando indignación fingida pero bien justificada.

El Gryffindor lo observó con ojos muy abiertos, para sonreír después asintiendo.

—Bien, lo entendiste –Se levantó con gesto petulante—. Volveré en un momento –Se dirigió a la enfermería, se encontró con Blaise en el camino, quien estaba bastante preocupado, aparentemente Granger le había contado a Weasley su precaria situación, al parecer a él se le ocurrió contárselo a su hermana y a Zabini.

—Lo siento, no pensé que fuera algo tan complejo –Draco lo observó molesto, apreciaba su preocupación, pero no discutiría su vida sexual con él.

—Yo también lo siento, pero no es asunto de nadie sino de Potter y mío –Con esto dio el tema por zanjado y avanzó hasta llegar a la enfermería, pero se encontró con que estaba cerrada.

"¿A dónde habrá ido?". La enfermera no solía ausentarse, decidió regresar al lado del chico que vivió para atenderlo, podía regresar después a buscar la medicina.

Habló con su padrino y le pidió consejo sobre lo que debería hacer con el resfriado, le recomendó algunas pociones y se retiró para dejarle pasar.

—Volví –Entró al cuarto, donde la chimenea aun ardía, caldeando la habitación, Harry estaba rodeado de pañuelos usados.

—Qué bien, ¿qué me han recetado? –Trataba de sonar optimista, pero se sentía fatal, trató de ponerse en pie, pues se sentía sudado y quería tomar un baño.

—¡Cuidado! –Pero se había mareado al levantarse rápidamente y ahora era sostenido por el par de brazos de su amado rubio.

—Creo que me confié –Sonrió y se apoyó en la cama para recostarse de nuevo.

—Sí –Draco probó un hechizo para ver si tenía fiebre y marcó 38 grados—. Demonios, tienes que bajar esa fiebre, tomarás una ducha de agua tibia mientras preparo una poción para eso –Harry asintió sintiéndose agradablemente sorprendido, Malfoy le había demostrado que en verdad quería ser su pareja; no se había puesto a pensar en que si alguna vez enfermaba, él lo cuidaría.

—Nunca pensé que tuviéramos que pasar por una situación así –Puso un pie en el suelo, Draco lo sujetó y lo guió al baño, donde acercó una silla para que el Gryffindor se sentara y así esperar que la tina se llenara de agua.

—¿Qué situación?

—Que me enfermara y fueras tú quien me cuidara –en ocasiones así, los Dursley le proveían de medicamentos, pero no de atenciones—. Tu amabilidad es extremadamente considerada.

—¿Por qué lo dices? –Puso sus dedos dentro de la tina, el agua estaba bastante fresca, aunque no helada.— Vamos, está listo.

—Pensaba que te causaría desagrado–Con cuidado se quitó la pijama, aún sentado. Draco disfrutó de la imagen del chico que se desvestía frente a él, pero recordó que estaba ahí para cuidarlo; le ayudaría a entrar en la tina.

Se acercó al chico que vivió y deslizó sus dedos por toda la espalda, empezando por arriba y bajando con delicadeza hasta donde la misma acababa, causando un escalofrío placentero en el afectado.

—¿Esto responde a tu inquietud? –murmuró en su oído mientras lo ayudaba a entrar, el contacto con el agua causó un estremecimiento en el Gryffindor.

—Está muy fría –Su rostro estaba totalmente rojo y su cuerpo comenzó a temblar casi de inmediato.

—Relájate, quédate aquí mientras consigo la poción –Salió del cuarto de baño y notó que de la chimenea, donde el fuego se había extinto recientemente, hasta el suelo, había un rastro de ceniza. Recordó el fuego, encendido desde ayer en la noche: desde entonces no se había preocupado por apagarlo.

"Seguro que es un Ashwinder(1)". Comenzó a buscar entonces a la escurridiza serpiente por todo el cuarto. "Qué suerte, si logro obtener los huevos curarán a Harry de su fiebre". Logró encontrarla bajo la cama, en la esquina, justo cuando la serpiente se desintegraba en motas de polvo; los huevos iluminaban el espacio alrededor con una tenue luz rojiza e irradiaban bastante calor.

Draco logró congelarlos fácilmente y los sacó de allí depositándolos en una mesita. Después fue a su propio cuarto, que hace mucho no usaba ya, era más bien como un armario gigante donde dejaba sus cosas, ya que siempre dormía en el cuarto de Potter y hacían la mayor parte de las tareas juntos. Entre sus cosas había un frasco que contenía poción para aliviar la gripe lo cual le ayudaría al chico hasta que madame Pomfrey le entregara una dosis definitiva.

Regresó al baño para ver cómo Harry torpemente trataba de enjabonarse la espalda con una esponja.

—Deja que te ayude –El aludido volteó y sonrió, se sentía ligeramente mejor una vez limpio, aunque los síntomas seguían siendo molestos y la fiebre no parecía haber cedido tras un baño—. Toma esto mientras –Harry aceptó gustoso la poción y la ingirió rápidamente deseando mitigar las molestias.

—Gracias –Le entregó la esponja y el rubio comenzó a frotar, su novio aun tenía algo de fiebre pero se sentía mejor.

Sus manos de deslizaron masajeando la zona con la esponja y se movieron acariciando también su cuello y hombros—. Draco …—murmuró sorprendido.

—Solo relájate –mencionó con un tono de voz quedo, mientras sus manos obraban maravillas acariciando cada zona que podía, realmente no quería parar. Rodeó ambos pezones del chico acariciando en círculos, disfrutando de los pequeños sonidos que comenzaban a salir de la boca del Gryffindor.

—Piedad… estoy enfermo –Aunque su tono de voz revelaba cierto humor.

Las manos se detuvieron un segundo y Harry lo lamentó hasta que sintió que se movían en dirección al sur de su anatomía.

—¿Quién diría que Harry Potter pide piedad? –Una de las manos se sumergió en el agua y comenzó a acariciar la longitud de su miembro, haciendo que Potter se estremeciera suspirando fuertemente.

Iba a replicar ese comentario, pero decidió dejar que las cosas siguieran su curso, Draco se encargó de que su erección comenzara a formarse, cambiando de posición y encarando al héroe, besándolo con bastante energía.

—Vas a enfermarte –Logró decir en una pequeña pausa, cuando la boca del rubio descendió besando su clavícula, delineando cada curva con su lengua y encargándose con su mano libre de sujetarse apropiadamente.

—No –La seca respuesta fue acompañada de una ligera sucesión de mordidas desde su yugular terminando en su hombro.

—Agh… —Los sonidos que Harry producía hacían feliz a Malfoy, y, decidiendo que Harry había permanecido suficiente tiempo en el agua se encargó de sacarlo chorreando, manchando el suelo y su propia ropa, haciendo caso omiso de sus protestas lo depositó a salvo en la cama—. ¿¡Draco, estás loco! ¡Voy a coger una pulmonía!

Con un movimiento de su varita logró dejarlo totalmente seco, cubriéndolo con una sábana y deshaciéndose de su propia ropa se apresuró a unirse también.

—Tranquilo –Una vez que ambos estaban en igualdad de condiciones se encargó de seguir saboreando la piel de Potter, quien se dejaba hacer, se sentía muy vulnerable, a pesar de las afirmaciones del rubio acerca de su relación, le atormentaba no ser capaz de llevar su parte del enlace correctamente.

Le fue muy difícil mantener esos pensamientos cuando Draco se acomodó entre sus piernas, comenzando a acariciar la zona con su lengua y dejar que sus dedos húmedos con saliva comenzaran a prepararlo.

Después todo fue una confusión de cuerpos, un amasijo de brazos y piernas que se aferraban como buscando fundirse con el otro de manera agresiva pero llena de pasión, como si buscaran en ese acto la respuesta a su incógnita.

Finalmente, cuando culminaron, se abrazaron cansados bajo las mantas.

Tras respirar algo agitados por un rato Draco logró reponerse y le entregó a Harry el huevo de Ashwinder descongelado y listo para que lo ingiriera.

—¿Qué es esto? –Nunca había visto algo así.

—Es para curar la fiebre –Aunque la cara de Harry mostraba gran mejoría—. Pareces estar mejor.

—Me siento mejor –Se tomó el huevo con cara de desagrado, pero agradeciendo a Draco por conseguirlo—. ¿Sabes ?Alguna vez escuché que el sexo ayuda a bajar a fiebre(2).

—Bien, es más divertido que cuidar un fuego mágico –Ambos sonrieron.

—Creo que ya no necesito ir a ver a madame Pomfrey –Malfoy hizo una mueca.

—Iré a verla, no quiero enfermarme –Harry se rió pues él le había advertido. Se besaron largamente, Draco quería transmitirle de alguna manera cierta paz hasta que averiguaran lo necesario.

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—¡Harry! –El lunes, muy temprano, Hermione y Ron se acercaron a hablar con él, en el ambiente flotaba una sensación de contento, todos estaban emocionados porque saldrían de vacaciones en una semana.

—Hola a todos –Al parecer la mayoría de sus amigos estaban enterados de su pequeño problema, pero dando un par de explicaciones logró calmarlos.

—¿Entonces irás a la cena? –Ron sonó un poco decepcionado, pensando que tal vez Harry sí pasaría las fiestas en su casa.

—¡Ron! ¿Es qué no entiendes que deben averiguar que sucede?—

Sus amigos se enzarzaron en una discusión mientras Neville y Luna, que estaban de la mano, comentaban con él que Luna pasaría las vacaciones en casa de Neville para que su abuela la conociera mejor.

—Mucha suerte, espero que la pasen bien –No se imaginaba que Luna tuviera dificultad al tratar con la señora, pero notaba a Neville muy nervioso, probablemente queriendo que su abuela aprobara a la peculiar chica.

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Los días pasaron volando, pronto estaban escuchando los planes de cada persona para las vacaciones que venían y también los comentarios acerca de la posibilidad de que les dieran tal o cual regalo en Navidad.

Mientras tanto, Draco se negó a preguntar nada por carta a su padre, sugerencia de Blaise, quien quería hacerles prometer que le contaran todo lo que pasara en la fiesta.

—Vamos, no puedo ir, Ginny quiere que conozca a su madre el día después de navidad –Harry rió al imaginarse al chico tratando de ganarse con su indiscutible encanto a Molly Weasley, pues su esposa era demasiado amigable y bien intencionada con todos.

—Pues lo siento, no soy reportero –Después de esto Zabini decidió no insistir, preocupándose más por su situación.

Finalmente llegó el día tan esperado por algunos y temido por otros, en que se ausentarían para visitar a sus familias.

Todos se reunieron en la entrada del castillo.

—Le dije a Kreacher que fuera a tu casa para ayudar con los preparativos, espero que lo esté haciendo bien –Una semana atrás había recordado que si no avisaba, el pobre elfo cocinaría en vano, pues lo esperaba para navidad.

—Si no fuera así, madre ya me habría escrito, enviándolo de regreso.

Harry tomó la mano de Draco fuertemente, en unos segundos se activaría el traslador y estarían en Malfoy Manor, al parecer su invitación incluía quedarse tres días antes de navidad.

Sintiendo el tirón que les avisaba de estar siendo transportados, cerró los ojos y deseó que todo saliera bien.

Cuando los abrió se encontraban en medio del jardín, que a pesar de estar cubierto de nieve era una visión de cuento de hadas.

Una elfina se acercó a ellos haciendo una reverencia.

—Los amos los esperan en la sala, síganme por favor.

Harry aspiró profundamente y pidió a Merlín no arruinarlo.

Se estaban quitando los abrigos cuando de pronto una voz conocida se escuchó detrás de ellos.

—Bienvenidos.

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¿Ya lo ven? Las cosas no están tan mal jojo, pobre Harry… saludos.

(1)Ashwinder nace cuando se deja arder un fuego mágico demasiado tiempo sin controlarlo. Son serpientes delgadas, de color verde pálido y con ojos de un rojo resplandeciente; surgen de las brasas y se alejan deslizándose hacia las sobras de la morada en la que se encuentran; dejan tras de sí un rastro de cenizas.
Vive solamente una hora. Durante ese plazo busca un lugar oscuro y cerrado donde poner sus huevos, y después de desintegra en forma de polvo. Los huevos son de color rojo brillante e irradian un calor intenso. Prende fuego a la casa en cuestión de minutos a menos que se los encuentre y congele con un encantamiento adecuado. Una vez congelados, los huevos tienen propiedades muy valiosas como ingredientes de pociones amorosas y pueden ingerirse como remedio para accesos de fiebre.

(2) No se si estará apoyado por algún estudio, pero la actividad sexual satisfactoria, vigoriza el sistema de inmunidad y este puede competir en mejores condiciones con el virus causante del problema, es exactamente lo que ocurre cuando hacemos actividad física constante; nuestro sistema de inmunidad nos protege contra múltiples enfermedades.