Bien chicos aquí esta el siguiente capítulo, espero que les guste tanto como los demás, agradezco todos y cada uno de sus comentarios pues me dan animos, especialmente para las personas a las que no puedo contestar.
Como siempre le agradezco a mi adorable editora Fanfiker_Fanfinal por ayudarme a corregir mis atrocidades de ortografía jejeje.
Capítulo 26: Orfandad y soledad.
Draco se apareció en los jardines de la mansión y rápidamente entró para no sentir el frío del clima.
Su madre estaba en el balcón de su habitación disfrutando de una taza de té cuando su hijo entró con total decoro para saludarla.
—Madre, ¿cómo está tu té? –Ella le sonrió y le invitó a tomar asiento a su lado.
—Tibio, lo dejé demasiado tiempo expuesto al frío –hacía tiempo que no compartían un momento a solas.
—¿Quieres que llame a un elfo? –Narcissa negó y tomo una mano de su hijo entre las suyas.
—Prefiero que me cuentes lo que ha pasado con Potter –A pesar de las cartas escritas prefería escuchar de su hijo directamente lo que estaba sucediendo.
Así que Draco pasó la tarde contándole con detalle cómo las cosas habían pasado de parecer un completo e irreversible desastre cuando se enteró a través de su magia que Potter era su pareja, a un inusitado desenlace cuando ambos acordaron salir y después enlazarse más adelante.
—¿De manera que ese tema de tan vital importancia casi ha concluido? –Aun cuando Narcissa no era una mujer que expresara demasiado sus sentimientos, su hijo merecía toda su atención y su cariño.
—Sí, es verdad –Quería contarle el único problema que se interponía entre ellos, pero era mejor esperar a Harry y hablar los dos con sus padres.
—Bien, creo que es tiempo de ver a tu padre para calmarlo, a pesar de que está de acuerdo con su relación ya que tu magia escogió a Potter, pero tiene ciertas reservas sobre su manera de manejar el asunto.
—Si no te importa madre, quisiera esperar a Harry para hablar con ustedes –Draco comprendió que sus padres tenían cierto nerviosismo.
—Por supuesto, ¿hace cuánto tiempo que no jugamos al ajedrez? –Ambos sonrieron recordando sus estrategias favoritas mientras ordenaban a un elfo preparar el tablero en la habitación de Narcissa.
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"Bueno, creo que ya terminé". El chico que vivió cargaba varios paquetes felicitándose internamente por la facilidad con que logró ocultar el regalo que tenía para Draco. Simplemente había pagado para que lo enviaran a Grimmauld Place la mañana de Navidad.
Había comprado un regalo para cada uno de los miembros de la familia Weasley, ahora que podía usar su dinero de forma más libre, porque a pesar de haberse vuelto mayor de edad hace un año, era la primera vez que tenía pleno uso de él.
Para Ron había adquirido una radio mágica con la cual podría practicar discursos deportivos, probablemente todos en casa sufrirían escuchando a su amigo día y noche pero sabía que le haría muy feliz.
No había querido darle a Hermione un libro, la chica ya tenía demasiados, por lo que se hizo con una bufanda cuyo material engrosaba o adelgazaba según la temperatura que hubiera.
Estaba un poco inseguro sobre regalar o no algo a Ginny, pero desechó ese pensamiento recordando que ahora ella salía con Blaise, le había conseguido un libro que hablaba de equipos de quidditch al enterarse de que parecía interesada en jugar de manera profesional.
Lo que más le preocupaba era lo que había comprado para los padres de Draco, hubiera querido preguntarle, pero le pareció mejor hacerlo solo y sorprenderlos aun a riesgo de fallar miserablemente.
"No puedo tener tan mal gusto, ¿verdad?". Sacó el anillo y lo colocó en su dedo sintiendo la familiar sensación de ser succionado.
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—¿Tu madre quiere que vaya a cenar a tu casa? –Blaise estaba algo nervioso con la proposición que estaba escuchando a través de la chimenea de su casa.
—Sí, al parecer quiere ver si serías capaz de pasar la comida de Navidad en casa –Sonaba un rato divertida con este hecho.
—Claro, ríete, pero no te quejes cuando tu madre me lance una maldición encima nada más verme –No quería ser hechizado solo porque era un Slytherin.
—Tranquilo, les dije lo mucho que nos has estado ayudando con Harry –Su novia parecía muy segura.
—¿Así que todos en tu casa saben que su héroe se enlazará con una serpiente? –Zabini se divertía pensando qué cara habrían puesto al enterarse.
—Mi madre se desmayó cuando se lo dijimos –Omitió la parte en que volvió a hacerlo cuando le comentó quién era su novio. Pero su madre había accedido una vez que le contó cómo, en efecto, había ayudado a Harry y Draco—. Pero parece estar asimilándolo.
"Eso espero". Normalmente las madres lo adoraban, ya vería cómo ganarse a Molly Weasley.
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Aterrizó de nuevo en los terrenos de la mansión, era ya de noche y había luz escasa que se filtraba a través de la luna, supuso Harry, entre las nubes que llenaban el cielo.
Una elfina salió a recibirlo pero Harry rechazó la oferta de llevar su abrigo, los regalos estaban ya acomodados en algún lugar de la oficina postal para ser entregados la mañana de Navidad en casa de los Weasley.
Se quedó en el vestíbulo por un momento sin saber qué hacer, pues no quería interrumpir la rutina de Malfoy Manor.
—¿Al amo Harry le gustaría un chocolate caliente? –Kreacher se aproximo a él con cara fascinada, el chico que vivió se planteó el hecho de dejarle quedarse allí si los Malfoy lo aceptaban de por vida.
—Sí, gracias Kreacher –El elfo hizo una reverencia y se apresuró hacia la cocina para preparar el chocolate.
—¿Cómo te fue? –Draco estaba bajando la escalera, Harry se apresuró a encontrarlo al pie de esta para darle un beso de bienvenida que el rubio correspondió queriendo pasar a algo más apasionado, pero Harry lo contuvo.
—Recuerda lo que dijo tu padre –Sonrió cuando su novio frunció el entrecejo en señal de molestia y se separó con aire ofendido.
—Bien, cuando vengas rogando por mi afecto no te lo daré –Harry rió y después de que el elfo le entregó una taza con el liuido caliente siguió a su novio hasta una de las habitaciones, donde ambos, Narcissa y Lucius estaban hablando, cortaron la conversación en cuanto ellos entraron, aparentemente el lugar era la biblioteca de la familia Malfoy. Las estanterías con libros cubrían todas las paredes hasta el techo, seguramente Hermione estaría encantada de pasar algunos días escogiendo libros en ese lugar con los más diversos temas.
—Padre, madre, Harry ya esta aquí.
Ambos Malfoy tomaron asiento en uno de los cómodos sillones que estaban en la habitación, Narcissa hizo un ademán con la mano para que hicieran lo mismo.
—Siéntense por favor.
Harry y Draco ocuparon el sillón frente a ellos, en el centro se erigía una mesa de madera con base de vidrio; sobre ella había varios libros apilados que probablemente habían sido consultados hace poco.
—¿Hay algo de lo que quieren hablarnos? –Lucius estaba seguro de que anunciarían su decisión de enlazarse.
—Así es, padre –Harry observó a su novio, quien con una sola mirada le dio a entender exactamente el tema de conversación que tratarían.
"Espero que Draco tenga razón y Lucius no me eche de aquí cuando nos escuche". Pero confiaba en su novio.
—¿Qué sucede, Draco? –Narcissa intuía que su hijo estaba nervioso por algo desde que fue a hablar con ella, y estaba deseosa por conocer la preocupación del joven.
—Mientras estábamos en Hogwarts, tuvimos sexo –Harry básicamente se atragantó con la escasa saliva que intentaba pasar ante el modo tan directo en que Draco se hubo expresado.
Lucius levantó una ceja como su hijo solía hacer a todas horas, mostrando así de quién lo había heredado.
—Gracias por el aviso, pero no entiendo por qué deben contarnos sus asuntos privados –Lucius estaba desechando de su pensamiento cualquier escena que tratara de mostrarle una representación de lo que podrían haber hecho.
—Draco cariño, ¿qué tiene que ver el sexo? –No era precisamente algo que una madre quisiera saber acerca de hijo, al cual consideraba inocente en todo sentido.
—Porque se suponía que nos enlazaríamos una vez que esto sucediera –El padre de Draco levantó la mirada entendiendo el camino que la conversación tomaba.
—Es uno de los primeros pasos a seguir para enlazarse –Sonaba bastante animado.
—El problema es que no notamos nada raro y supuestamente tiene que haber algo más –Harry se sentía nervioso, ansioso, el rostro de ambos, Narcissa y Lucius mostraba sorpresa y confusión.
—¿Cómo saben que no ha habido avance? –Draco se levantó y de su bolsillo sacó una nota arrugada, la cual contenía la investigación que Hermione y Harry habían llevado a cabo. La dejó sobre la mesa acomodándola de tal forma que sus padres pudieran leerla.
Después de un par de minutos habían recorrido las líneas varias veces asegurándose de haber leído todo correctamente.
Entre la escasa información que se conoce sobre los veelas, lo más común a la hora de haberse cumplido un enlace es la facilidad del mago que se unió a la mitad veela para hacer magia sintiendo una súbita sensación de gran energía, llegando incluso a demostrar cierta inestabilidad pasajera.
Otro de los indicios suele ser en algunos casos, ciertas marcas que aparecen en el brazo derecho de la pareja formando al juntarse cierto carácter que parece demostrar su unión.
De manera más inusual presenta ciertas conexiones mentales que trabajan en ambos sentidos, dejando a uno de los dos sentir cosas como el dolor del otro aun estando separados (de hecho se cree que cuanto más lejos se encuentren físicamente, su conexión avisa con más fuerza que su pareja les necesita).
Harry suspiró esperando la reacción de los Malfoy. Pero pasaron varios minutos en los que nadie pronunció palabra y Potter estaba empezando a sentir impaciencia.
—Draco, ¿leíste el libro que te entregué? –Lucius estaba molesto, parecía irritado por aquellas noticias.
Narcissa escuchaba, ajena a todo esto, pues no sabía mucho del tema.
Su novio dudó un momento antes de responder.
—No, padre –Realmente no había necesitado ayuda de ningún libro cuando lidió con los efectos de su herencia. Lucius guardó silencio de nuevo, después de un rato pareció regresar de sus pensamientos, al parecer tenía alguna idea de lo que pasaba.
—¿Tuviste la brillante idea de traerlo contigo? –El tono que usó fue un tanto burlón pero Draco asintió sin sentirse ofendido—. Bien, necesitamos consultarlo ahora.
Draco mandó a un elfo a su habitación por el libro.
—¿El libro habla de los enlaces veelas? –Se atrevió a preguntar Harry que hasta ahora había querido mantenerse fuera del tema hasta que le explicaran más.
—Solo quien posee herencia veela y su pareja pueden leer la información del libro –Pronunció el padre de Draco con actitud altanera.
—Lucius –Narcissa dudaba que la actitud de su esposo fuera de ayuda en esos momentos—. Prefiero que nos expliques que está pasando –Ella también tenía ciertas dudas, apenas contaba con el mismo conocimiento que ellos.
El elfo apareció con el libro y haciendo una reverencia se marchó cuando Lucius lo despidió con un gesto de su mano.
—Bien, Draco –Aparentemente era verdad lo que su padre había dicho antes, pues cuando trató de abrirlo parecía que las hojas estuvieran pegadas unas con otras, impidiendo así su lectura—. Debes consultarlo.
El aludido tomó el libro en sus manos y lo abrió fácilmente buscando entre sus paginas algún índice o título en las hojas.
—Mantén en tu mente de manera clara lo que deseas saber –dijo Harry de pronto al comprender que la primera vez que ojeó el libro sin entender nada al respecto, deseaba conocer más detalles, y el libro le mostró la información.
Draco asintió y en su mente surgió la duda que tenían, de inmediato las páginas pasaron como si el libro pudiera escucharlos, hasta detener sus movimientos, permitiendo a Draco leer el contenido.
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George Weasley no era el tipo de persona que se contenía cuando veía algo gracioso, así que cuando entró por la puerta de la que solía ser su casa no pudo reprimir una carcajada al toparse con semejante escena.
Su madre parecía estar persiguiendo a su pequeña hermana, la cual vestía una blusa de manga larga y una falda que aparentemente su progenitora la consideraba demasiado corta. Sin mencionar que su hermano Ron demandaba su cena desde la mesa donde los cubiertos, platos y demás ya estaban en su lugar.
Aparentemente esa cena era para presentarles al reciente novio de su hermana, quien pasaría la comida de Navidad con ellos.
—¡Por todos los cielos, Ginevra! –Vociferaba con enojo Molly—. El chico estará aquí en segundos y tú te ves como… como …—No pudo terminar la oración.
—¿Una chica de la vida galante? –Se atrevió a pronunciar George para dar a conocer su presencia en la casa. Todos voltearon a verlo y Ginny corrió para abrazarlo.
—Eres un tonto –La chica le propinó un golpe en el hombro a modo de cariño fraternal, aunque le dolió un poco.
—George, qué bien que llegaras ya, dile a tu hermana que debe cambiarse esa atrocidad –La menor de los Weasley rodó sus ojos en señal de exasperación.
—Vamos mamá, así se parece mucho a las chicas Slytherin de la escuela –Sonriendo observó como su hermana se iba furiosa probablemente para cambiarse farfullando algo que sonó a un "¿Yo? ¿Verme como una de esas…?"
—Gracias hijo –La cena estaba casi lista—. Siéntate mientras esperamos al nuevo novio de Ginny.
—De acuerdo mamá, hola Ron –Esperó a que su madre se alejara un poco antes de seguir hablando—. ¿Así que tiene nuevo novio?
—Tengo que contarte algunas cosas, hermano –Ron parecía indeciso.
Un vez que escuchó todo sobre la relación entre Harry y Malfoy, George pensó que llevaba mucho tiempo sin visitar su casa, y que debería hacerlo más a menudo.
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—Al parecer la información que obtuvieron en la escuela es correcta –Lo que habían leído en el pergamino estaba en las hojas del libro, Lucius parecía pensativo de nuevo.
—Pero no explica nada sobre el proceso del enlace –Ahora Draco estaba preocupado de verdad, si sus padres no sabían nada al respecto su única opción había sido que el libro revelara lo que ocurría, pero tras consultarlo, no describía nada que les fuera de utilidad.
Harry estaba particularmente nervioso, estaba dudando de nuevo, ¿su unión no era posible porque ambos eran varones?
—¿No hay otra pareja a la que podamos preguntar? –Tal vez si hablaban con ellos podrían responder sus dudas.
—No es tan sencillo –Lucius mostraba un aspecto frustrado—. No puedes escribir una carta y esperar que vengan, es un secreto bien guardado entre familias.
—Creo que tendremos que buscar mas allá de los libros que tenemos aquí –Narcissa parecía querer animar un poco a su hijo, se había levantado y acariciaba los mechones rubios con calma.
—Gracias, madre –Con suavidad se deshizo de su caricia, Harry observándolos sintió cierta envidia de Draco y deseó tener cerca a sus padres para hablarles del tema, deseó que Sirius estuviera aún entre los vivos, incluso deseó hablar con Remus, para que de algún modo, siendo él uno de los merodeadores, le diera ánimos.
Pero ninguno de ellos podría ayudarle, sintió una oleada de desesperanza crecer dentro de su cuerpo, necesitaba salir de ese cuarto, no quería ser observado por la familia que estaba enfrente suyo y que él nunca tendría.
—¿Harry? –La voz de Draco estaba muy lejos de ser escuchada por su cerebro, ahora mismo ocupado en recuerdos dolorosos; se levantó y sin decir una palabra dejó el cuarto y se encaminó en busca de una salida, regresaría a Grimmauld Place, regresaría para estar solo y sentirse miserable. Era normal, ¿o no? Querer una familia que lo apoyara en momentos como ese. Aun cuando pensaba en los Weasley, ellos eran una gran familia, pero no la suya.
La voz de Draco lo persiguió hasta que se perdió en eco cuando alcanzó el vestíbulo y la puerta de la casa.
Salió a la fría noche, el viento helado golpeó su rostro y tibió las primeras lágrimas que fluían de sus ojos al sentirse en semejante estado.
—¡Harry! –Draco había corrido tras él en cuanto dejó la habitación, sus padres no lo detuvieron.
Ahora contemplaba a su novio, que estaba inmóvil en medio del jardín delantero, hundido hasta las rodillas en la nieve mientras los copos que traía el viento se arremolinaban y se enredaban en su cabello y ropas.
—Harry... vas a enfermarte otra vez… entra –Pero no pareció escucharlo, al menos no dio muestra de ello y siguió sin moverse.
Decidió llamarlo un par de veces antes de acercarse a él sin ningún resultado.
Trató entonces de tomarlo por el brazo para hacerlo entrar, pero Potter suavemente se deshizo de su agarre.
—No –murmuró mientras se alejaba un par de pasos, al parecer no planeaba desaparecerse, sino algo mucho más suicida, caminar entre la nieve hasta salir de los terrenos de su familia, hasta que no pudiera dar un paso más.
—Debemos entrar, está nevando –Ya no podía esperar a que Harry razonara, simplemente se hizo con su brazo y lo jaló, el chico opuso resistencia primero, después comenzaron a forcejear cada vez más.
—¡Suéltame, Malfoy! –Esa frase dolió más que el puñetazo propinado a su pecho justo después de esas palabras.
—¡Pues muérete, Potter! –No podía pensar en qué sucedía con él, ¿qué rayos le provocaba semejantes reacciones?
Comenzaron a rodar por el suelo dejando huecos en la capa de nieve y sintiendo cómo sus heridas dolían aún más por el frío intenso.
Finalmente ambos dejaron de pelear y se separaron con las ropas y el cabello revuelto cubiertos en nieve y jadeando por el esfuerzo.
—Entremos, no me hagas inmovilizarte porque lo haré… —Harry se levantó y se alejó de nuevo, Draco cumplió su palabra y le lanzó el mismo hechizo que meses atrás lo dejó fuera de combate al ser descubierto por Granger mientras trataba de besuquearse con Harry.
Escuchó los gruñidos de su novio mientras lo hacía levitar a su lado para entrar a la mansión dirigiéndose a su cuarto directamente e ignorando a sus padres.
Narcissa pareció un tanto horrorizada al contemplar la situación del chico que vivió, Lucius solo suspiró y se alejó para irse a meditar a su despacho.
Depositó a Harry en la amplia cama cerrando la puerta y bloqueándola.
—¿Vas decirme qué rayos te pasa? –Aún seguía molesto por la pelea que acaban de tener afuera.
—Tú no lo entiendes –Fue lo único que farfulló después de un rato en el cual estuvieron sumidos en el silencio.
—Explícame.
Ignorando su respuesta Harry se dedicó a contemplar cualquier cosa delatando su frustración.
—¡Demonios, Harry! –Se levantó de la cama y se paseó por el cuarto en un intento por calmarse—. ¿Después de todo lo que hemos pasado piensas rendirte ahora? —Porque obviamente era una repetición de la situación en la torre de astronomía—. Mis padres nos apoyarán en lo que haga falta.
—Claro –Ese era el punto, aún cuando vivía con los Dursley o escuchaba a otros convivir con su familia le había afectado ese concepto, esa era la primera vez que se sentía huérfano. Siempre tuvo a su lado a las personas que le hacían sentir que no estaba solo. Lo cual ya no era así—. Tus padres.
—Sé que padre no es amable –Pero una risita salió de los labios de Harry interrumpiéndolo.
—Pero está aquí, ¿verdad? –No era que le deseara algo malo a Draco, no. Jamás desearía para alguien el perder a sus padres.
—¿Harry, de qué hablas? –Esto parecía ser mucho más importante que su problema actual.
—De que yo no tengo familia alguna –La tristeza en esas palabras hicieron a Draco sentirse miserable.
—Para eso estoy yo –Deshizo el hechizo y las ataduras cayeron, Harry se frotó la zona de las muñecas para aliviar la sensación de opresión.
—Lo sé –Draco se apoderó del cuerpo de Harry en un momento apretándolo fuerte con sus brazos, remarcando sus palabras.
—No se nota –murmuró al oído del chico quien simplemente derramó un par de lagrimas en silencio, las cuales fueron a parar en las ropas de Draco donde la tela absorbió la humedad—. Debiste decirme lo que sentías.
—Mi propia familia no esta aquí …en otras familias soy un intruso –El rubio negó.
—Ahora yo soy tu familia, no lo olvides nunca más.
Harry asintió, se acurrucaron bajo las cobijas sin siquiera cambiarse de ropa, el mundo era un lugar mejor entre los brazos de Draco.
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Y tras aquel contratiempo, el desayuno fue un tanto difícil, los Malfoy no estaban seguros de cómo estaba la situación con Potter, así que habían preferido desayunar solos. Un elfo se encargó de avisar a Draco, quien estuvo de acuerdo, necesitaba pasar un poco más de tiempo a solas con su novio.
Ordenó preparar el desayuno en la terraza, donde habían aplicado un encantamiento para crear una atmósfera protegida del frío y disfrutar así del paisaje invernal.
—¿En serio podemos desayunar aquí? –Harry no estaba muy convencido, pero Draco no le dio opción y lo llevó a la fuerza.
—Vamos, quiero que te relajes –Comenzaron a comer con calma, pero Draco se esforzó en juguetear con su novio pasando sus dedos por el cuello y rostro del mismo haciendo que se sonrojara, a veces temiendo ser notados por los padres de Draco. Narcissa y Lucius observaban estos juegos suspirando aliviados, la situación emocional de Potter no era exactamente de vital importancia, pero sí el efecto que tenía en su primogénito.
El resto del día se desarrolló de manera similar, cada vez que se acercaban a donde la pareja retozaba, los encontraban en una situación tan acaramelada que les era imposible interrumpir. De cualquier modo, los últimos preparativos estaban siendo revisados para la fiesta del día siguiente.
Harry no se había sentido tan querido desde hacía mucho tiempo, normalmente le habían cuidado a la fuerza por su propio bien, vigilado, pero con la carga de ser quien acabara con un mago tenebroso.
En ese momento simplemente se dejaba mimar por Draco, quien a pesar de haber sido malcriado toda su vida, sabía cómo dar el mismo tratamiento, acunado en uno de los múltiples asientos de Malfoy Manor sin pensar en nada y concentrado en las caricias que su novio propinaba a su cuerpo sin intenciones lascivas.
Finalmente, por la noche, quedó todo arreglado, incluso Harry se había puesto su túnica de gala para determinar que fuera adecuada para el evento de mañana.
Todos se fueron a la cama con las expectativas de convertir en un éxito la próxima fiesta.
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El inicio del día fue de lo más ajetreado, muchos elfos y personas se movían por toda la casa mientras el cuidadoso plan de Narcissa era llevado a cabo.
Todos parecían tener los nervios de punta por el evento.
—Casi todos los invitados han confirmado su asistencia desde hace más de una semana –Lucius sonaba un tanto orgulloso de saber que tanta gente importante los visitaría.
—Incluso el Ministro vendrá –Narcissa estaba ocupada decidiendo qué túnica usaría de entre las muchas que poseía, algunas parecían muy suntuosas.
La tarde pasó entre arreglos de última hora y una ligera crisis nerviosa por parte de Draco cuando perdió de vista su túnica por un momento.
Finalmente, todos estuvieron listos, los invitados comenzarían a llegar en diez minutos.
El salón de la mansión se veía extraordinario, con tela pavorosa y brillante envolviendo con delicadeza las columnas y pequeñas luces de varias hadas que sobrevolaban el lugar, sin mencionar las mesas y demás adornos.
—¿Estás listo? –Draco apretó fuertemente la mano de Harry, este lo volteó a ver con los nervios reflejados en su rostro pero sonriendo.
—Ahora o nunca –Juntos podrían resolverlo todo.
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El título prometía desastre, pero no estuvo tan mal ¿verdad? Nos leemos en el siguiente.
