Mis muy apreciados lectores, aquí les dejo el nuevo capítulo, se que me retrasé un día más de lo que prometí. Una disculpa, mi editora FanFiker_FanFinal fue un ángel como pocos, corrigió en poco tiempo y por eso para mi, ya se ganó el cielo.
Sin más que decir disfrútenlo.
Capítulo 31: San Valentín.
El primer día de clases después de las vacaciones de Navidad, Harry y Draco tuvieron una incómoda plática con la Directora McGonagall en su despacho nada más poner un pie en la escuela.
—Debido a los recientes acontecimientos –Les mostró una edición de El Profeta, donde aparecía el artículo acerca de la boda y su enlace-, creo conveniente que cada uno regrese a su horario normal y a su habitación en su casa original, no fomentaré el coito dentro de la escuela dejándoles juntos.
Un poderoso sonrojo se apoderó del rostro de Harry y escuchó cómo Draco murmuraba algo que sonaba como si fuera una maldición
—Está bien, Directora –Harry básicamente arrastró a su novio fuera del lugar para evitar algún conflicto.
—Vieja arpía…—murmuró ni bien salieron — ¿Cómo se atreve a decir semejante cosa? –Pero Harry estaba de acuerdo, era esencial para que pudieran concentrarse mejor en las materias, después de todo era el momento en que decidirían su carrera.
Los demás alumnos parecían haberse calmado leyendo los artículos que recién les había mostrado la directora, murmuraban a su paso y hasta sonreían, parecía como si quisieran mostrarles apoyo. Otros más bien parecían ignorarlos, pues como en realidad era, no tenían nada que ver en sus asuntos.
Finalmente, entraron a sus respectivas habitaciones, saber que pasarían la noche separados causaba algo de ansiedad en Draco, que se mantuvo callado, así mismo, Harry sintió cierto vacío cuando contempló de nuevo su cama con dosel en la torre de Gryffindor, percatándose de la cercanía que habían ganado en tan poco tiempo.
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Cuando el rubio entró a su cuarto fue recibido con una sonrisa socarrona por parte de Blaise, quien estaba al tanto de la situación de su amigo cuando notó que los elfos domésticos movían las pertenencias de Draco de regreso a su cuarto en las mazmorras.
—Parece que estás de vuelta –Una malhumorada mirada fue lo que le envió su amigo como respuesta—. No seas gruñón, te arrugarás.
—¿Ves esto, Zabini? –Le mostró las runas de su brazo—. Significa que Harry y yo estamos juntos, ya no importa nada más –Sonaba muy orgulloso.
—Me alegro –Notaba el cambio en la actitud del rubio desde que estaba con Potter, y eso le agradaba, lo había influenciado de manera favorable—. Leí el artículo, perdona que no fuera a la conferencia.
Draco le restó importancia con un movimiento de su mano.
—Ahora solo debemos planear la boda –Parecía muy entusiasmado.— Espero que estés allí con tus mejores galas –Después de eso pasaron a hablar de otros temas menos serios y más relajados, como la cercanía de una fecha muy importante.
Ambos tenían que preparar algo especial, acordaron darse consejos cuando alguna idea surgiera.
Cuando Draco entró a su cuarto, recordó el cuadro de su padrino, deseó contarle todo lo que había ocurrido, aunque la directora probablemente lo tendría al día.
Pero se sorprendió cuando en una pared de su habitación, encontró el cuadro perfectamente colocado, una nota estaba justo encima de su escritorio.
Si necesitas hablar con él, toca el lienzo con tu varita.
Estaba firmada por la caligrafía de la directora.
"Al menos tuvo algo de consideración". Pensó y probando lo que estaba escrito, tocó el cuadro con su varita. No pasaron más de unos minutos cuando la imagen de su padrino, Severus Snape, entró en el lienzo y lo miró expectante.
—¿Llamabas? –Preguntó con su seriedad usual.
—Quería informarte de que todo ha salido bien –Alzó su brazo por segunda vez ese día, para mostrar la marca que lo ligaba a su amado Harry—. Oficialmente, estamos enlazados.
—Oh, interesante –Era bastante extraño para Severus que el hijo del hombre que más detestó mientras vivía se terminara casando con su ahijado, lo más cercano a un hijo que tuvo alguna vez—. Pero espero que sepas manejar su comportamiento, es igual a su padre –Para Draco sonó como la típica madre que dice "no te cases con ese hombre".
Pero era bastante tarde para que lo aconsejara y ya había anochecido, así que el rubio se preparó para las clases al día siguiente, daba gracias de regresar a su horario, una cosa que no extrañaría serían las clases de Herbología y Adivinación.
"Espero que descanses". Su último pensamiento fue para su futuro esposo, sin darse cuenta de cuánto lo había llenado de sueños y esperanzas que creía posibles.
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Harry comenzó su estadía de buen humor cuando descubrió que todos sus compañeros de habitación organizaron un pequeño festejo para celebrar su regreso y su compromiso. Era algo que lo hacía sentir feliz, que todos sus amigos aceptaran su decisión con tranquilidad.
—Sinceramente, creímos que Ron se casaría primero –confesó Seamus mientras se comía una rebanada de pastel, cortesía de los elfos de las cocinas.
Todos soltaron una carcajada mientras Ron se sonrojaba.
—Ha sido toda una sorpresa –reconoció Neville comiendo una galleta, Harry sentía que todos allí lo apoyaban aunque les causara algo de asombro de quién había terminado enamorándose.
—Aún no sé que le ves al hurón –Harry miró mal a su amigo, este tragó saliva y murmuró una disculpa.
—Una vez que lo conocí mejor, me di cuenta de que tenemos muchas cosas en común –No explicó más y ninguno de los presentes consideró indagar más allá.
—Bien, pero no estamos aquí para cuestionarte, sino para celebrar –Thomas alzó su vaso llenó—. Un brindis porque perdemos al primer soltero –De nuevo las carcajadas llevaron el ambiente antes de que chocaran sus vasos y bebieran el jugo de calabaza frío.
De pronto una botella de whisky de fuego salió de entre el baúl de Seamus, quien lo puso frente a los demás, todos lo miraron llenos de cierta sorpresa y curiosidad.
—¿De dónde lo sacaste? –Neville parecía un poco asustado con la idea que sugería esa brillante botella.
—La gané –La voz del chico rezumaba orgullo—. Se la gané a uno de mis tíos en las vacaciones, mientras jugábamos a las cartas –La abrieron entre murmullos y sirvieron en los vasos, todos comenzaron a beber despacio y con precaución, el sabor era bastante fuerte y les produjo desagrado casi de inmediato.
Pasados menos de cinco minutos, todos sintieron el ardor característico del alcohol en su garganta y esófago.
—¿Quién…? –Comenzó a decir Thomas—. ¿Quién disfruta…tomando esto?
Los demás estaban igual, mostrando cara de sufrimiento.
—Vamos, chicos…hay que beberlo rápido –En un intento por ser varonil, que de fondo era más bien estupidez, Ron deslizó el resto del líquido en su boca y tragó de inmediato ante la cara de incredulidad de sus amigos, que prefirieron ver su reacción antes de seguir su ejemplo.
Pero parecía que Weasley estaba bien, lo cual los animó para terminar su vaso.
El resultado después de un rato fue que estaban totalmente alcoholizados.
—Creo que hicimos mal…—balbució Harry vocalizando apenas, quien se sentía mareado y algo asqueado después de semejante bebida.
Los demás se habían acostado y sentían que el mundo se movía, incluso intentaron en una posición utilizada en quidditch hacer frenar el mundo.
"Esto fue una muy mala idea…" Probablemente tendrían resaca mañana.
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Draco estaba dormido cuando pronto sintió que una sensación de nauseas invadía su cuerpo, su mano se elevó en un acto reflejo por evitar expulsar cualquier fluido de su estómago. Salió rápidamente de su cama y corrió al baño para expulsar de su estómago lo que había conformado su cena horas atrás.
—Maldición…—Escupió en el retrete— ¿Por qué…?
La respuesta llegó poco después cuando por un segundo visualizó la sala Gryffindor, donde parecía que sus habitantes tenían una especie de fiesta que ya había terminado. Reconoció los efectos de la bebida en ellos, Finnigan tenía una botella vacía de Whisky de Fuego abrazada.
"Conque eso era…" Si Harry pensaba que no se iba a enterar de su pequeña borrachera, estaba equivocado. Mañana tendrían una interesante conversación, al menos si lograba retener su estómago esa noche.
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La mañana siguiente fue el peor primer día de clases en la vida de Harry y sus amigos.
Hermione pareció enterarse con solo verlos, especialmente a su novio que parecía tener una coloración ligeramente verdosa, y, mostrando una sonrisa que revelaba un "se lo merecen", prosiguió con sus asuntos.
Harry sentía que cada sonido era producido para hacerle sufrir, tenía ojeras marcadas por haber pasado la noche sintiéndose descompuesto.
Draco entró al comedor fresco como una lechuga, después de saber de dónde provenía la sensación de arcadas había logrado dominarse para evitar que la unión de sus mentes siguiera reflejando el malestar en su cuerpo.
—Hola, Potter –El tono con que el apellido salió de la boca de su novio bastó para que supiera que tenía problemas.
—Draco…—mencionó su nombre con cautela—. ¿Qué tal dormiste…? –Trataba de sonar inocente cuando su rostro mostraba lo contrario.
—Perfectamente…al menos hasta que me despertaron arcadas a las dos de la madrugada –Harry abrió los ojos, sorprendido.
—¿De qué hablas?¿Estás enfermo? –Draco había estado enfermo en la madrugada y él de parranda…se comenzaba a formar un sentimiento de culpa en él.
—Una de mis habilidades es saber lo que mi pareja siente cuando está enferma o en peligro… asumo que algo pasó anoche para que te sintieras mal –omitió su visión de la sala común de los leones.
El chico que vivió parecía algo apenado cuando escuchó esto, Thomas ahogó una risita y Seamus le dio un codazo que hizo que se pusiera pálido.
—Anoche…tomamos whisky de fuego…—murmuró Harry finalmente—. Bebimos más de lo que podíamos aguantar, lo lamento –Draco asintió y dio un beso rápido a su novio, al ver esto Ron finalmente salió del comedor para ver a madame Pomfrey, Harry no esperaba que su novio dejara las cosas tan fácilmente, aunque sí actuó bastante indignado el resto del día.
Los demás veían aquello como algo cómico, la relación entre ellos era peculiar y se había vuelto bastante cómoda para todos a su alrededor, tomaban al rubio como alguien cambiado, digno de su confianza.
Solo había una persona que seguía infeliz con esto.
Pansy estaba retorciendo cada parte de su uniforme cada vez que se lo topaba, pero tenía que disimular.
"Sigue así, Potter…disfruta de tu suerte mientras dure". Su plan se ejecutaría pronto, aunque quería darle inicio ya, debía ser paciente.
No podía contar con nadie, excepto Daphne, que aun quería hacer sufrir a Potter por arrebatarle el prometido a su hermana.
Cho, por su parte, estaba contenta al saber que sus padres ya no caerían en bancarrota, además había osado decir que una vez enlazados ya no había vuelta atrás.
Claro que la había, siempre y cuando se deshicieran del chico que vivió.
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Ese fin de semana había comenzado febrero, todos estaban animados pensando que dentro de poco llegaría esa fecha especial y empalagosa para la que los enamorados significaba demostrarse a besos lo mucho que se querían, entre otras cosas. El castillo se llenó de decoraciones, pequeños corazones que flotaban, cosa que a la gata de Filch, le llenaba de curiosidad y perseguía con gran afán.
—Diablos, no sé qué le regalaré a Hermione –Ron estaba comenzando a desesperarse, llevaba un par de días pensando cómo festejar la fecha, sin éxito.
—Al menos a ti no te colgará por no complacer sus expectativas –También Harry tenía problemas pensando en qué regalarle a Draco, además estaba seguro de que no sería todo lo que el rubio esperaba. Además de eso, Molly le había enviado una carta preguntando acerca de los gastos para la boda, pues esperaban poner su parte como familia no consanguínea que eran—. Tu mamá es una persona extraordinaria –Una vez que le había comentado a Ron, se rió un rato antes de revelar lo que le hacía tanta gracia.
—Seguramente mi madre va a hacer sufrir a sus padres.
Harry le había respondido expresando su gratitud y asegurando que no era necesaria su aportación monetaria, que la familia Malfoy y él mismo, pagarían lo que hiciera falta.
—Solo espero que para mi boda haga un revuelo igual –Pero ciertamente no era algo que se tomara muy en serio.
Caminaron hacia su clase de Adivinación, el centauro los esperaba, para estas fechas les había dejado cartas del tarot, que no servían de nada en el caso de Harry, ya que siempre fallaba en interpretarlas.
—Cómo me alegra que no necesite esta materia para ser Auror –Verdaderamente se le daba fatal.
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Para manejar y planear debidamente un evento, eran necesarias muchas cosas, si no se comenzaba a considerarlas a tiempo sería un desastre.
Primero de todo, la cantidad de invitados.
—Creo que no serán tantas personas como esperábamos, pero indudablemente tendremos que utilizar un espacio amplio –Narcissa estaba tachando las opciones que no parecían ajustarse a su visión.
El menú y fotografía del inmortal momento.
—Los fotógrafos están preparando todo –Lucius ya había designado a las personas—. Sobre la comida, hay que escribirle a Draco, seguramente querrá cosas que gusten a Potter –Aunque preferiría no incluirlas.
Fecha y horario.
—También comentó que querían casarse en agosto -Narcissa revisaba un calendario, querían tener todo listo para que fuera una ceremonia de ensueño.
Finalmente, algo muy importante, los trajes que usaría la pareja.
Estaban por comenzar a decidir sobre las túnicas de gala o trajes, cuando una elfina los interrumpió.
—Amos, la Señora Weasley está en la puerta, exige verlos –No habían contestado, cuando la matriarca ya estaba situándose a su lado.
—Buenos días, Narcissa —Parecía algo agitada, seguramente había escapado al control de los demás elfos.
—Oh, qué agradable sorpresa –Lucius no estaba de acuerdo con el comentario de su esposa, seguramente tener a esa mujer en su casa sería algo malo.
—He venido para hablar sobre la boda –Parecía algo enfadada—. No vamos a dejar que Harry pague si podemos evitarlo.
Justo como Lucius había pensado, iba a ser una pesadilla.
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Las clases transcurrían con normalidad ese viernes y la ahora directora estaba en su despacho cuando una lechuza entró tranquilamente a dejar una carta.
Se apresuró a leerla cuando notó el nombre del remitente, era raro que le escribiera, pero cuando se enteró del motivo por el que pedía ese favor no pudo más que aceptar.
—Así que quiere visitarnos –Sonrió y redactó la respuesta pensando en lo entretenido que sería ese fin de semana.
El ave partió para regresar a su hogar, mientras que la profesora McGonagall seguía con su trabajo.
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Esa semana estuvo llena de emoción, todos tenían puesta su energía para el fin de semana en que se llevaría a cabo la salida de San Valentín.
Aunque algunos estaban más nerviosos que entusiasmados.
Harry era uno de ellos, recordaba esa fecha como una en que le salía todo mal y quedaba en ridículo ante su cita.
Claro que, esta vez era muy distinto, no estaba para impresionar a una persona que apenas estaba conociendo, sino para encantar a su prometido.
Había salido el fin de semana anterior a buscar un regalo que demostrara correctamente el sentimiento que traía consigo esta fecha.
—Compañero, tú y yo somos malos en esto –Ron había improvisado un poco, pero había logrado encontrar un buen regalo para Hermione, un libro con consejos para usar en su cabello rizado y demás complejidades femeninas.
—Sí, lo sé –Harry después de mucho batallar, logró finalmente comprar lo que pensaba era un regalo que satisficiera los exigentes gustos de su novio. No había recogido el regalo, habían dicho que se verían en Las Tres Escobas mientras iba por el paquete al correo, para después comenzar con su cita.
Así que se encaminó a la Oficina Postal mientras que Draco esperaba en Las Tres Escobas, allí estaban todos comprando algo de beber para combatir el frío.
Blaise y Ginny estaban en una mesa al fondo, compartiendo una cerveza de mantequilla y habían mencionado ir a Zonko para que Blaise conociera las bromas que habían inspirado la tienda de sus hermanos.
Vaya pareja, esperaba que Potter no planeara pasar así ese día.
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Harry había conseguido con éxito y rapidez hacerse con el regalo para Draco y caminando hacia Las Tres Escobas, una chica se acercó a él sin que él la reconociera, estando más preocupado por llegar a tiempo junto a su novio.
—Potter –Volteó para toparse con el rostro un tanto maníaco de Pansy Parkinson, quien, aprovechando que la oficina estaba alejada del ajetreo de la escuela, lanzó un Imperio sobre el chico que vivió.
La familiar sensación de flotar alegremente lo invadió e inmediatamente intentó resistirse al hechizo como muchas veces había hecho en anteriores entrenamientos, pero un comentario de Pansy lo hizo recapacitar.
—Atrévete a desobedecerme y tus amigos pagarán las consecuencias –Harry no podía estar seguro de que fuera una amenaza sin fundamento, pero no iba a arriesgarse, podría liberarse en cuanto supiera qué hacer. La Slytherin lo guió hasta La casa de los Gritos haciendo que Harry tomara una ruta escondido entre los árboles. Así , nadie los vería juntos como para sospechar de los planes de la chica.
La casa seguía igual de descuidada, aunque los gritos de los supuestos fantasmas ya no estaban, nadie se arriesgaba a comprobar el porqué.
Los muebles destartalados y descoloridos, las cortinas con agujeros y las tablas que rechinaban, daban una atmósfera escalofriante. Ni bien pusieron un pie dentro, Pansy sentó y amarró a su prisionero en una silla ligeramente distinta a las demás, era nueva y se veía más gruesa.
—Ahora, Potter…eres mío –La mirada que la chica tenía en su rostro fue de las más escalofriantes que Harry había visto, la locura se reflejaba en ellos, lo sabía bien, eran como los ojos de Voldemort.-. No volverás a entrometerte…
-Parkinson… ¿Qué diablos te sucede…? –Nunca imaginó que sus acciones llegarían hasta este punto.
Sin previo aviso, una descarga de dolor como un látigo atravesó su cuerpo cuando Pansy pronunció sectum(1), un hechizo que provocaba cortes allá donde lo dirigían, pero que hacía una menor cantidad de daño—. Cállate…vamos a divertirnos un rato.
La ropa estaba llena de cortes rápidamente y de la piel descubierta comenzaron a aparecer alarmantes hilos de sangre.
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Pansy no tiene limites, tendríamos que haberla encerrado desde su primer plan.
(1) No, no me lo inventé, viene aquí, me imagino que es una versión más suave.
./wiki/Lista_de_hechizos
